Can Culleretes… ¡el restaurante más antiguo de Catalunya!

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Sí, se dice rápido… 230 años… ¡y 230 invitados!

El emblemático Can Culleretes, el restaurante más antiguo de Catalunya (el más antiguo de España, por muy poca diferencia con Can Culleretes, es la archiconocida Casa Botín, fundada el año 1723), cumple años y lo hace a lo grande, con una gran fiesta en la que tanto clientes de toda la vida como políticos y personajes de la historia de Barcelona, entre los cuales nos encontraríamos los blogueros y, concretamente, una servidora junto al resto de miembros de Los Cazadores de Hermes (asociación cultural de la cual La Bcn Que Me Gusta también es miembro), fuimos partícipes de esta importante conmemoración.

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Una fiesta marcada por un número, el 230, de ahí que se intentase aproximar a éste la cantidad de invitados al máximo pero, no sólo eso, y es que en ella pudimos respirar también el motivo por el cual Can Culleretes ha llegado donde ha llegado, el calor humano, todos esos clientes que durante toda su vida, e incluso durante varias generaciones, han frecuentado el restaurante, fieles a su cocina, y que también han querido aportar su pequeño grano de arena con algunos de los ramos que pudimos encontrar en el local nada más entrar.

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Una celebración, pues, que se convirtió en un claro homenaje a todas esas personas que han sido importantes en el trascurso de su historia y en la que, además, pudimos disfrutar de algunos de los platos más emblemáticos de la casa, todos ellos de cocina catalana, la especialidad de Can Culleretes desde sus inicios, si bien es cierto que en un principio se trataba de una chocolatería especializada en distintos postres de elaboración artesana.

 

Pero… ¡Un poco de historia!

La historia de Can Culleretes, lógicamente, si tenemos en cuenta la fecha de su fundación, 1786 por la familia Regàs (actualmente, desde 1958, se encuentra regentado por la familia Agut Manubens, propietarios también de un segundo restaurante con mucha historia, el Restaurante Agut fundado en 1924 y localizado también en el Barri Gòtic) se remonta mucho más atrás, a esas antiguas chocolaterías que, además de cremas y chocolates, servían también todo tipo de dulces tradicionales, como podría ser un típico manjar blanco de base de leche de almendras, almidón y azúcar, elaborado cerca de la calle Bergara en un convento de monjas. Al parecer, dada su forma de seno de mujer, el pueblo rápidamente le buscó un mote a dicho dulce, “metó de monja” que, tras la visita de un italiano que elaboraba algo parecido llamado “petti di monaca”, rápidamente fue convertido en los conocidos “pets de monja”.

En el año 1796, una cremería a la moda, localizada en la calle Jaume I y en la cual también se servía esta exquisitez (la abuela de su propietaria, la Sra. Regàs, era la encargada de elaborarlo) decidió trasladarse a la calle Quintana, convirtiéndose en el local que actualmente conocemos.

¿Su nombre? El establecimiento conllevaba una novedad, una cucharilla de metal para cada servicio, de tal modo que, en ocasiones, incluso había clientes que llegaban a usar tres o cuatro por comida. Se dice, pues, que las cucharillas rápidamente escaseaban y que los camareros tenían que gritar constantemente a las mujeres de la cocina “Noies! Culleretes!”. Los clientes, de este modo, empezaron a decir que iban a Can Culleretes a comer y, poco a poco, el local acabó tomando dicho nombre hasta nuestros días.

Tal fue la importancia del local en su momento y posteriormente que libros no tan actuales, como “El Hostal, la Fonda, la Taberna y el Café en la vida barcelonesa” de Luis Almerich de 1945, nos narra eufóricamente la historia, a pesar de que también haya que destacar que, aún y la alta calidad de sus platos, durante el franquismo decayó (fueron, precisamente, Sisco Agut y Sussi Manubens quienes lo hicieron remontar).

 

Personajes políticos, famosos, artistas… ¡hasta movimientos obreros! ¡Todos han pasado por Can Culleretes! Podemos afirmar, pues, que se respira historia en todo momento, en cada una de sus paredes y rincones.

Pero… yo me quedo con uno de ellos… con ese cliente que, provocadoramente, a pesar de ser Viernes Santo y estar prohibido por decisión expresa de la Iglesia comer carne, decidió ir a Can Culletes a degustar un bocadillo de butifarra y sardinas de lata.

Ante tal elección, la “mestressa” le comunicó que no era posible, puesto que se trataba de Viernes Santo, a lo que él continuó diciendo que, precisamente por ello, lo quería. Puesto que la “mestressa” tenía mucho carácter, el cliente provocador tuvo que marchar sin su bocadillo de butifarra…

¿El nombre del personaje? Obviamente, no podía ser otro más que Francesc Ferrer i Guardia, anarquista y pedagogo, fundador de la Escola Moderna y una de las víctimas de la Setmana Tràgica, al ser fusilado a raíz de ella y de manera no justa, motivo por el cual hubo grandes críticas incluso internacionales, en Montjuïc.

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¿Dos anécdotas?

1) Teresa Goday, personaje de la novela de Mercè Rodoreda “Mirall Trencat”, acostumbraba a ir a Can Culleretes a comer nata y ensaimada, cuando el restaurante era aún una chocolatería, “el día abans de marxar, quan ja tenia la maleta a punt. Era la seva manera de dir adéu a Barcelona”.

2) Al parecer, es precisamente de Can Culleretes que salió una de las expresiones catalanas más conocidas, “sopars de duro”. ¿El motivo? Se trataba de cenas a 5 pesetas… ¡una verdadera estrategia de márketing en su momento!

 

Can Culleretes hoy

Actualmente, el restaurante, si bien es cierto que cambió de familia, se encuentra regentado ya por la tercera generación de la familia Agut Manubens, conservando ese carácter de restaurante con historia y familiar, con clientes habituales de toda la vida y, sobre todo, a pesar del turismo de los alrededores, sin perder la calidez que siempre lo ha caracterizado.

Pero, no sólo eso, y es que Can Culleretes ha salido también del Barri Gòtic, para abrirse a nuevos públicos y barrios, con lo que se conoce como El Rebost de Can Culleretes, localizado en el Centro Comercial de Les Glòries. Un lugar con menús diarios, desayunos de tenedor, tapas y platillos, cerveza artesanal, vinos y vermut que aún no he podido visitar pero que promete.

Can Culleretes, pues, sigue siendo un lugar vivo, un lugar que conserva el sentimiento de la familia Regàs en cada una de sus paredes y platos y que, junto al nuevo bagaje que le ha aportado la familia Agut, se convierte en uno de esos rincones de la ciudad a conservar y proteger, llenos de historia y anécdotas que no sólo nos explican una época, aquella tan marcada por las fondas, los hostales y chocolaterías, sino también el presente que conforma lo que somos, que crea la Barcelona en la cual vivimos.

Dicho esto… sólo decir una cosa…

¡FELICIDADES Y A CUMPLIR MUCHOS MÁS!   :)

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Fotografía extraída de Can Culleretes

 

Para más información:

c/Quintana, 5

www.culleretes.com

 

Entradas en los blogs de los compañeros de Los Cazadores de Hermes sobre Can Culleretes:

Apu VeoDigital

Bcn Last Call

Cosas de Absenta

Instants Barna

La Meva Barcelona

One comment

  • Instants Barna  

    Un lloc molt entranyable i molt acollidor.

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