¡Conociendo la Barcelona judía!

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Hoy… ¡una entrada diferente! Y es que, con la entrada de hoy, no hablaremos de un lugar como siempre hacemos en La Bcn Que Me Gusta, sino de una comunidad, de una parte también importante de nuestra ciudad de la cual, sin embargo, muchas veces no percibimos su existencia o, simplemente, desconocemos por el mero hecho de no tener a alguien cerca nuestro que pertenezca a ella.

Algo parecido a lo que hicimos en su momento, salvando las distancias, con la comunidad masona que conocimos gracias a nuestra visita al Ateneu Minerva y que encontramos también en nuestra ciudad, a pesar de que, yo la primera, desconozcamos todos su importancia e influencia en Barcelona.

En definitiva, hoy hablaremos de uno de esos colectivos que, al fin y al cabo, a pesar de que representen minorías en comparación a lo que más habitual es en Barcelona, conforman también nuestra ciudad, haciendo que sea mucho más rica, diversa e interesante.

La comunidad de la cual hoy me gustaría hablar tiene, aproximadamente pues es difícil de calcular, dado que muchos de sus integrantes practican ese punto que les une en sus casas y no en comunidad, un total de unas 10.000 personas en Barcelona. Como podéis apreciar… ¡no es cualquier cosa! Así que no dudé en pensármelo dos veces cuando me invitaron a conocerla a partir de un evento muy especial que permitía entrar a ella a personas no practicantes ni vinculadas con la misma.

 

Pero, dejémonos de enigmas… ¿De qué me gustaría hablaros hoy?

De una “religión” (más adelante podréis entender el motivo por el cual lo he puesto entre comillas) que, desgraciadamente, siempre vinculamos con el dolor y el sufrimiento pero que, sin embargo, esconde un sinfín de cualidades y motivos por los cuales alegrarnos.

Una comunidad muy presente en nuestra ciudad y que pude conocer, precisamente, hace apenas un par de semanas, en un evento especial realizado a nivel internacional, The Shabbos Proyect, que permitía a personas no judías acercarse a una de las ceremonias más destacadas de la comunidad, el Kabalat Shabbat o, lo que es lo mismo, la celebración de la llegada del Shabbat (otro momentos en el cual la comunidad también está abierta a personas no judías es en la Noche de las Religiones).

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Sí, hoy me gustaría hablaros del Judaísmo pero, no sólo como religión, sino también como colectivo que también podemos encontrar en nuestra ciudad, como una más de las comunidades que conforman Barcelona, explicando mi experiencia en una de las ramas más progresistas de la misma, la comunidad reformista ATID (“futuro” en hebreo pues, fundada en 1992, se trata de una comunidad, como ellos mismos describen en su página web, que construye “hoy el presente y el futuro judío de nuestros hijos y de nuestra comunidad”), perteneciente a la Unión Mundial del Judaísmo Progresista y al Consejo Europeo de Comunidades Judías.

Poder asistir a este evento, pues, se convirtió en una experiencia increíble, no sólo por todo lo que pude aprender en él sobre un mundo que desconocía por completo, al ser educada bajo la religión católica que abunda en nuestro país, sino también por el modo en el cual me recibieron y me acogieron sus integrantes.

¡Hacía tiempo que no me sentía tan bien acogida por personas que, al fin y al cabo, no conocía ni me conocían ellas a mí! El único nexo entre ellas y yo era un amigo perteneciente a dicha comunidad, Gabriel, la misma persona que me invitó al evento y que, a su vez, se encargó de que en ningún momento me faltase de nada. Gracias a él, incluso, pude hablar en persona con la presidenta de la comunidad, Silvia, quien se mostró abierta a darme todo tipo de explicaciones, así como también conocer a distintos integrantes de diferentes edades, cada uno con un bagaje personal distinto (algunos judíos de tradición, otros conversos e, incluso, muchos otros descendientes de todos aquellos que tuvieron que huir en 1492 de nuestro país), que me permitieron conocer mejor cómo se vive el Judaísmo en nuestra ciudad (todos estos testimonios más personales los podéis encontrar un poco más adelante, en esta misma entrada, explicados con mayor detalle) y percibir todos esos valores que giran entorno a este pensamiento, rompiendo, así, muchos otros, la mayoría tópicos que no siempre son reales, que nos creamos o nos hacen crear alrededor del Judaísmo (Gabriel bromeó con ello pero es verdad que, al menos en mi caso, esperaba encontrarme con esa típica figura judía, con su cabello rizado, que tenemos todos en la mente cuando nos hablan del Judaísmo. Cabe destacar, una vez más, que la comunidad que visité es reformista e igualitaria, es decir, que no sigue los preceptos ortodoxos y donde la mujer tiene la misma importancia que el hombre, siguiendo en realidad algo que las escrituras ya dicen y que veremos también un poco más adelante, y encontrando, incluso, rabinas en la comunidad).

Por otro lado, desgraciadamente, cabe también tener en cuenta que aún se trata de una comunidad muy amenazada, a pesar de que nos encontremos en un país donde, por suerte, no son tan perseguidos como en otros, motivo por el cual entrar a ella requiere también un alto grado de seguridad. Algo que en un principio puede cohibir pero que, rápidamente, gracias a esa cálida acogida que nos dieron en ella, se transforma en una sensación de paz y comodidad. Es por este mismo motivo que, a diferencia de en otras entradas, no os especifico la localización al final del post de hoy.

Finalmente, antes de proseguir con mi experiencia en una de las cuatro comunidades judías de Barcelona, sólo decir que podéis informaros también a nivel más histórico de su influencia en nuestra sociedad, sobre todo en la catalana, cuyas tradiciones y cultura son unas de las más vinculadas con el Judaísmo (¿Sabíais que el “Himne dels Segadors” era una plegaria del s.XV de origen judío llamada Ein K’Eloheinu – “No hay nadie como nuestro Dios”, cantada al final del Shaharit o plegaria matinal y, en la tradición asquenazí, al final del Shabbat? ¿O que la costumbre de que nos regalen perejil en el mercado proviene, precisamente, de este menosprecio hacia ellos regalando algo que era muy significativo e importante para su religión? ¿O que somos la única cultura que decimos “cap de setmana” o “cap d’any”, en vez de “fin de semana” o “fin de año”, precisamente por esos vínculos?) con esta lectura que os recomiendo, “Els jueus catalans” de Manuel Forcano, donde podéis encontrar tanto anécdotas como la historia del Judaísmo desde el s.I hasta nuestros días en nuestro país.

Y, si queréis conocer su influencia más concretamente en nuestra ciudad como tal, podéis también consultar el paseo que realicé para el blog Cultura Conectada y que podéis encontrar clickando aquí.

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Este artículo, publicado en La Vanguardia precisamente la semana pasada, también aporta información complementaria de lo más interesante:

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Dicho esto… ¿Cómo celebramos el Kabalat Shabbat en Atid?

¡De una manera muy alegre! El Shabbat es el día de la semana más importante para los judíos y, de hecho, también el más largo puesto que se inicia con el Kabalat Shabbat el viernes por la noche y finaliza el sábado por la noche. Un día, pues, que dura más de 24h y que supone ese  momento familiar, de unión con los amigos, con uno mismo… lejos del ajetreado día a día y de todos esos problemas tan superfluos en los cuales acostumbramos a estar. Aparte, dado que se trata del día en el cual Dios descansó tras la creación del mundo para contemplar la labor realizada, según nos explica el Génesis, se considera una jornada en la que, según la Torá, no se puede trabajar ni hacer trabajar a nadie, asimismo, no se puede crear ni hacer crear.

Por otro lado, cabe también destacar que el Kabalat Shabat al cual asistí fue distinto a los habituales dado que, en esta ocasión, fue llevado a cabo por los jóvenes de Netzer, un movimiento juvenil judío al cual también pertenecen los jóvenes de la comunidad Atid. Muchos de estos jóvenes han pasado o están a punto de hacerlo por el Bar/Bat Mitzvá, un momento primordial en la vida de un niño, pues es el paso o ritual necesario para convertirlo en adolescente y, de ahí, a adulto.

Una ceremonia marcada, pues, por momentos alegres, salmos cantados y determinadas partes que siempre conforman dicha celebración, como sería el himno “Lejá Dodí” (“Ven, mi amado”), una composición poética dispuesta de tal manera que las letras iniciales de cada atmosfera forman el acróstico del nombre del autor (Shlomo Halevy), la encendida de las velas o el momento de darse la paz entre los asistentes, entre otros.

Dado que se trata de una ceremonia religiosa, el momento de reflexión personal también estuvo presente, así como también la aportación o estudio que alguien de los integrantes de la comunidad realiza a partir de un texto de las escrituras. Y es que algo que diferencia los judíos de los cristianos es también este aspecto, el hecho de que todos podamos interpretar las escrituras y tengamos nuestro momento de palabra en las ceremonias para opinar sobre ellas. Es por este motivo que la civilización judía es de las únicas que, ya desde sus inicios, nunca ha tenido analfabetismo entre la población masculina, precisamente porque todos tenemos ese derecho a poder leer por nosotros mismos la Torá o Ley Judía e interpretarla como mejor consideremos. Es también por todo este bagaje cultural que desde niños tienes los judíos, este ímpetu por conocer y ser capaces por uno mismo de entender, en gran medida, que muchos de los grandes científicos y premios Nobel son también judíos.

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Fotografía del evento cedida por Gabriel

 

¿Un aspecto que me pareció curioso? A parte del dominio del hebreo entre sus asistentes, al menos en lo respecta a palabras puntuales, diciendo conceptos que en ocasiones se me hacía incluso imposible de anotar en un papel, el hecho de que, como lengua semítica que es, los cancioneros-libros de plegarias diarias o Sidur se leyesen de derecha a izquierda.

Otro aspecto destacado que pude conocer precisamente a partir de estas canciones es la palabra “Adonai”. Uno de los 10 mandamientos es “no usarás el nombre de Dios en vano” y es precisamente esto lo que supone usar la palabra “Adonai”. A diferencia de los musulmanes o los cristianos, los judíos no pueden nombrar a Dios por su nombre, al considerarse una falta de respeto hacerlo. Tal es el poder e importancia de Dios que es imposible nombrarle y es por este motivo que se acostumbran a usar eufemismos para citarlo. “Adonai” sería uno de ellos.

Por otro lado, mencionar que muchos de los asistentes también emplearon la Kipá, esa especie de “gorrito” con el cual acostumbramos a relacionar la comunidad judía. ¿Su función? Un elemento de separación entre nosotros, el mundo terrenal, y Dios, el mundo celestial, a la hora de realizar nuestras plegarias.

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Tras la ceremonia y ese gran “Shalom Shabbat!”, la felicitación que da la bienvenida de manera definitiva al Shabbat, vino el momento de relación entre los asistentes a partir de una cena basada en distintos platos Kosher, es decir, alimentos certificados, del mismo modo que los musulmanes disponen del Certificado Halal, de que han estado producidos o elaborados según la tradición judía. Alimentos, pues, que no llevan cerdo y que han sido producidos sin estar en contacto con la tierra, entre otros requisitos. Además, todos ellos tenían la peculiaridad de representar platos típicos de los lugares de procedencia de los asistentes, tales como Marruecos, Polonia, Grecia, Rusia, Italia, “xuetes” de Mallorca, entre otros.

¡Incluso pudimos probar un vino Kosher, producido en Catalunya por el Celler Capçanes, localizado en la comarca del Priorat!

Antes, sin embargo, siempre tiene lugar otro momento importante para la ceremonia judía, el Kidush, la consagración del pan y del vino, aquello que en la tradición católica Jesús de Nazaret hizo con sus discípulos y que nos muestra, una entre tantas veces, los vínculos constantes que encontramos entre judíos y cristianos. En más de una ocasión, este vínculo también lo encontramos, obviamente, con la tradición musulmana.

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Pero… ¿de qué se conforma el Judaísmo?

Antes y tras la celebración, tuve la oportunidad de charlar de una manera de lo más enriquecedora con algunos de sus integrantes. De este modo, pudimos conocer que existen, principalmente, tres ramas dentro del Judaísmo (ortodoxos y ultraortodoxos, conservadores y reformistas), así como también que, en función de la procedencia, podemos encontrar también sefarditas (Mediterráneo), asquenazís (Este de Europa: Alemania, Polonia, Rusia, Ucrania, Rumanía…) y los sabras y árabes (judíos del Yemen y países islámicos como Túnez, Algeria, Irak, Afganistán, Jordania, Egipto, Líbano…).

Las mujeres de muchos de ellos llevan también velo o se cubren el cabello, aspecto que demuestra que su uso no es sólo propio de los musulmanes sino que se trata de un aspecto cultural e identitario de la zona. El cubrimiento del cabello, pues, dependerá del país al cual pertenezcan. De este modo, por ejemplo, las mujeres asquenazís se tapan los cabellos con sombreros, las mujeres árabes con el pañuelo y las sefarditas con peluca.

Para conocer sus orígenes, ¡los apellidos son una pista! Newman, por ejemplo, es un apellido asquenazí.

Por otro lado, conocimos también todo un conjunto de valores vinculados con las distintas celebraciones del Judaísmo. En Atid, por ejemplo, se celebran cada una de ellas, organizadas según el calendario lunar, de ahí que sea necesario una tabla de conversión con nuestro calendario gregoriano, según la liturgia y tradición judías.

Como en todas las religiones, algunas son alegres y otras más tristes que nos llaman a la reflexión, en función de todo lo que la Torá nos narra y de los momentos por los cuales ha pasado el Pueblo de Israel. De este modo, por ejemplo, encontramos Jánuca o Fiesta de las Luces, quizá la más famosa de ellas y uno de los momentos más alegres, además del Shabbat, pues conmemora la derrota de los helenos y la recuperación de la independencia judía a manos de los macabeos sobre los griegos seléucidas y la posterior purificación del Segundo Templo de Jerusalén de los iconos paganos en el siglo IIaC; o el Pésaj o Pascua, una festividad que recuerda la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto.

Por otro lado, sin embargo, encontramos también momentos tristes, como podrían ser el Sucot o Fiesta de las Cabañas, recuerdo de esa diáspora del pueblo judío que lo obligó a deambular por el desierto en precarias condiciones, o el Yom Kippur, la celebración más importante del calendario judío y una época de arrepentimiento y expicación del pecado.

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Conversiones de las festividades al calendario gregoriano

 

En Atid también pudimos ver, orientado hacia Jerusalén, el receptáculo en el cual se conserva la Torá, el Arón Hakodesh o Cofre Sagrado, llamado así por lo que contiene, no por lo que representa en sí mismo, y el cual sólo se puede abrir en presencia de un mínimo de 10 personas, antes todas hombres pero en la rama reformista también pueden ser mujeres.

La Torá, las escrituras judías, se conservan en su interior en forma de grandes rollos, cuyo contenido se divide entre Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio (corresponde a nuestro Pentateuco, escrito según la creencia judía por Moisés a partir de la revelación en el Monte Sinaí), aunque la Torá también recoge la Mishná, la ley oral desarrollada durante siglos y compilada en el siglo II por Yehudah Hanasí.

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El Judaísmo en Barcelona

Tanto en Barcelona como en Catalunya en general, el Judaísmo siempre ha estado muy presente. De este modo, si bien es cierto que, especialmente durante el franquismo, se crearon ciertos tópicos tachando a los catalanes de judíos apelando que Catalunya fue el lugar donde menos judíos huyeron y, por tanto, más conversiones se dieron, es verdad que el carácter catalán, especialmente en cuanto a esa reivindicación de una identidad y cultura propias se refiere, se encuentra muy vinculado con el Judaísmo. Expresiones como “fer dissabte” o la gran porcofilia de nuestra sociedad (somos una de las culturas de las cuales más aprovechamos cada una de las partes del cerdo), además del esfuerzo ante el negocio propio, son también rasgos que nos han llegado de esa herencia judía que os comentaba, especialmente de todos esos judíos conversos que tenían que demostrar que ya no eran judíos en una sociedad que no los quería.

De todas formas, cabe tener en cuenta que también es cierto que Barcelona fue el gran punto de llegada de personas judías a partir del s.XX y que, de hecho, la primera sinagoga de todo el estado, tras la expulsión de 1492, nació en Barcelona, así como también la primera comunidad judía de Espanya que, por cierto, siempre ha sido también la más diversa y cosmopolita, englobando un sinfín de nacionalidades y ramas distintas.

La mayoría de ellos son sefarditas, un nombre muy vinculado con la Península Ibérica, con esa Sefarad que tanto añoran al tratarse de una época en la cual vivieron en paz  dentro del Al Andalus, pero también porque gran parte proceden, especialmente los llegados tras la desaparición de la Inquisición en 1834 y de la neutralidad de nuestro país durante la I Guerra Mundial, de Marruecos, Alemania, Bulgaria, Turquía y Salónica. El retorno sería lento y progresivo y sus dos grandes polos Perpiñán y Barcelona. Éste, sin embargo, quedaría trucando por la Guerra Civil y la represión judía del franquismo (los judíos barceloneses se posicionarían con la República y, de hecho, entre los 32000 voluntarios que llegaron de todo el mundo con las Brigadas Internacionales, 8000 eran judíos), a pesar de que, tras la muerte de Hitler, Francisco Franco, en mi opinión quizá de un modo un poco hipócrita pues no dejaba de ser una manera de continuar con ese falso filosefardismo que ya inició en su momento Primo de Rivera (¿cuántas veces hemos escuchado la expresión “judeomasónico” en este periodo?), se acabase interesando por esa comunidad judía que fue expulsada en su momento por los Reyes Católicos dándoles la nacionalidad. Sea como sea, dejando juicios de valor aparte, por suerte, poco a poco los judíos fueron recuperando su posición en nuestra sociedad.

Catalunya, sin embargo, siempre continuaría vinculada con el Judaísmo, interesándose por el sionismo y la creación del nuevo Estado de Israel, especialmente por esos vínculos identitarios que compartimos con la comunidad judía y en esa lucha por el reconocimiento de una cultura e idioma propios (Jordi Pujol fue el primer político español en viajar a Israel, especialmente debido a su interés por el funcionamiento de los kibbuts). Salvador Espriu, Josep Pla y Josep Carner serían los grandes escritores cómplices en esta gesta, identificándose, mediante su obra, tanto con los judíos modernos como con los medievales. Por otro lado, Pau Casals, por ejemplo, sería nombrado Ciudadano de Honor del Estado de Israel. No obstante a ello, también hay que destacar que muchos catalanes de renombre también han sido antisemitas, como sería el caso de Jacint Verdaguer o Josep Maria de Segarra, quienes también lo evidenciaron en sus obras.

La segunda gran ola de llegada de judíos sería ya en democracia y procedería, especialmente, de Argentina.

Los judíos en nuestra ciudad empezaron reuniéndose en casas privadas, donde llevaban a cabo sus ceremonias y tenían su propio lugar de encuentro. En 1918, sin embargo, es cuando se hace el gran paso y se elaboran los estatutos que conformarán la Comunidad Israelita de Barcelona (CIB). En 1919, ya disponían de su propia sede en la calle Provença con Balmes, lugar en el cual permanecieron durante más de 20 años. Su comunidad era, mayormente, asquenazí (procedentes del centro y norte de Europa).

En 1931, ya se dispuso del primer cementerio judío tras la pérdida del de Montjuïc. Sería en Les Corts y su primer difunto enterrado una joven bailarina muy querida por todos y todas en su momento y, en 1969, se derogó el Decreto de los Reyes Católicos de expulsión de los judíos (sí, desde 1492 no tuvieron tiempo de hacerlo antes…) y todo, oficialmente, por suerte, cambió.

Todo ello lo podéis encontrar en el último capítulo del libro que antes os he comentado, dedicado a la comunidad judía barcelonesa en el s.XX.

 

Comunidades judías en Barcelona   

La comunidad que visité, Atid, se trata de una escisión de la antes mencionada CIB, más ortodoxa. De este modo, tal y como hemos dicho también, se trata de una comunidad democrática e igualitaria, donde hombres y mujeres desempeñan la misma actividad y, sobre todo, una comunidad muy vinculada con el concepto de civilización que también gira entorno al Judaísmo. Y es que una persona puede ser también judía y agnóstica, es decir, vinculada a esa comunidad milenaria que comparte unos elementos identitarios claros y que han ido pasando generación tras generación hasta nuestros días.

De este modo, en Atid podemos encontrar un sinfín de actividades culturales, presentaciones de libros, salidas… y hasta actividades más sociales que pretenden, además, que a ningún miembro de la comunidad le falte de nada, aplicando, así, esta visión igualitaria que comentábamos.

Por otro lado, encontramos los ultraortodoxos y no democráticos, pertenecientes al Grupo Lubavitch, una gran minoría en nuestra ciudad. Y, finalmente, Betshalom, una comunidad escisión de Atid que aún serían más abiertos y reformistas optando todavía más por el laicismo judío. Dentro de esta rama, encontraríamos comunidades como la Fundació Baruch Spinoza o la Associació Bené Brit, además del famoso Festival de Cinema Jueu de Barcelona.

Así, pues, queda evidenciado que los judíos, a pesar de que pasen desapercibidos, en nuestra ciudad suponen una amplia comunidad que, además, es de lo más diversa y pluralista.

Fotografías cedidas por Gabriel

 

El carácter judío

Tal y como hemos destacado en unas líneas anteriores, la civilización judía es la única que no ha tenido analfabetismo en su población masculina desde sus inicios por el simple hecho de que todos y cada uno de ellos tiene derecho a poder acceder por él mismo a las escrituras. De este modo, es por ello también que no es de extrañar que la cábala se haya desarrollado en esta comunidad, pues es precisamente el derecho a poder interpretar las escrituras el que ha provocado que nos encontremos ante una comunidad culta y capaz de elegir por sí misma.

Esta fama que tienen los judíos de ser creativos, pragmáticos, de saberse organizar o hacer dinero proviene, en cierta manera, de esta capacidad por saber interpretar, por este alto nivel de alfabetismo y de algo aún más interesante, de la virtud de poder ser capaces de escoger. El Judaísmo te inculca que, si bien es cierto que ciertas normas hay que cumplirlas, es uno mismo quién escoge cómo hacerlo. Permite pensar por uno mismo, haciendo a sus creyentes más autónomos.

Por otro lado, algo que también cabe destacar es el hecho de que se trate de una comunidad que, desgraciadamente, ha tenido que aprender a existir e integrarse cada dos por tres en esas sociedades a las cuales llegaban tras huir de otras que no los querían. Todo ello hace que se conviertan en un pueblo fuerte y con una gran capacidad de adaptabilidad, incorporando nuevos elementos a la creencia base, pero siempre sin olvidar las raíces, algo que pude apreciar en el encuentro que hoy os presento.

Y, hablando del país de residencia, como curiosidad, decir que el derecho de retorno a Israel lo tienen todos los judíos. Un buen ejemplo es el de las tribus aisladas descendientes de antiguas comunidades judías. En el caso que lo soliciten, Israel las va a buscar y, a través de lo que se conoce como derecho de Aliá o Ley del Retorno, pueden regresar a Israel. Éste es, precisamente, el caso de los judíos etíopes (también se han encontrado tribus judías en la India o la China) que llegaron a Israel no hace mucho, tal y como podéis encontrar en este vídeo.

 

El papel de la mujer en el Judaísmo

La mujer siempre ha tenido un papel destacado en el Judaísmo, a pesar de que en las líneas más ortodoxas no siempre se perciba del mismo modo que, por ejemplo, en la comunidad que visité. Es la encargada, por ejemplo, de encender las velas en la celebración del Shabbat, como luz que ella misma representa en la familia pero, sobre todo, lo que las hace más importantes, es que son las transmisoras de ese sentimiento de pertenencia a una comunidad, de los valores del Judaísmo en sí mismos.

De este modo, una persona no puede ser judía de manera natural, sin conversión (un proceso bastante largo), si no es a través de su madre. Son ellas las que transmiten los valores judíos y, por tanto, esos hombres que quieren que sus hijos continúen con la tradición precisan de una mujer judía para hacerlo, a no ser que se trate de un matrimonio homosexual, de ahí que muchas de ellas sean en ocasiones también mujeres judías por conversión.

Las grandes figuras del Judaísmo fueron mujeres, la mayor parte de ellas salvadoras del Pueblo de Israel (algunos nombres son Míriam, Ester, Débora, Yael o Yehudit y podéis encontrar un breve comentario de todas ellas clickando aquí), pero no sólo eso pues ya en la creación de Adam y Eva se contempla esta pureza e importancia de la figura femenina. El hombre se considera impuro, de ahí, por ejemplo, que durante la apertura de la Torá se tenga que cubrir la cabeza con la kipá o se realice su circuncisión.

Según la Torá, Dios creó el hombre y la mujer pero los métodos fueron distintos en cada uno de ellos. De esta manera, mientras que el hombre se creó a partir del barro, la mujer nació de la costilla de él, motivo por el cual se considera que, como el hombre fue creado a partir de la tierra y la mujer se desprende de una creación anterior, la mujer es un ser más puro y, por tanto, más cercano a Dios. La mujer nace de una creación directa de Dios y, en cambio, el hombre lo hace a partir del barro, se considera un ser más terrenal. La circuncisión demuestra, así, un pacto con Dios que la mujer tiene por el simple hecho de ser mujer.

La importancia de la mujer, pues, está siempre presente en la tradición judía. De hecho, hay una frase de lo más ejemplar y también divertida que aprendimos hablando con una de las integrantes de la comunidad, Daniela, que lo explica la mar de bien. La mujer representa el cuello y el hombre la cabeza. ¿Quién controla la cabeza? El cuello y, por tanto, la mujer.

Por todo ello, a diferencia de en otras culturas y religiones, además de grandes médicos ya desde época medieval (algo lógico ya que, como hemos indicado en líneas anteriores, los judíos siempre fueron una población muy culta y cultivada), hubo también grandes mujeres médico. En París, por ejemplo, en el siglo XIII, encontramos el caso de Sarah La Migresse; en Alemania, Sarah de Würzburg en el siglo XV; y en Frankfurt, en el mismo siglo XV, la oftalmóloga Rebekah Zerlin. En nuestro país, tenemos constancia en Valencia de la doctoras Ceti y Bonanada en el siglo XIV (esta última estuvo trabajando para Violant de Bar, esposa del rey Joan I) y de Floreta Sanoga de Santa Coloma de Queralt, la que fue más prestigiosa de todas ellas y al servicio de la reina Sibila de Fortià, esposa del rey Pere III el Cerimoniós, en el siglo XIV. Otras mujeres médico fueron también Bellaire, Perla o una de la cual no conservamos el nombre pero que llegó a servir a la reina María de Castilla, mujer de Alfons IV el Magnànim.

Tal y como hemos comentado, dado que la rama reformista es también un movimiento dentro del Judaísmo que se ha ido adaptando a los nuevos tiempos y al país que la acoge (algo natural, dado que se trata de una religión milenaria que, sin perder su esencia, ha tenido que irse adaptando a las circunstancias), es quizá la que más ha adecuado todas estas explicaciones más sagradas a su día a día. De este modo, no sólo encontramos rabinas o acciones normalmente llevadas por hombres en la rama ortodoxa realizadas en este caso también por mujeres, sino que, incluso, en la comunidad que tuve oportunidad de visitar, la mujeres pueden tener ese doble nombre que también tienen los hombres, un nombre propio del lugar de nacimiento y un nombre de procedencia judía. A los hombres, este segundo nombre se les aportaba en la ceremonia de la circuncisión. A las mujeres, dado que dicha ceremonia, lógicamente, no la pasan, se les hace otro tipo de rito que les aporta también ese valor.

Finalmente, decir que el divorcio, del mismo modo que ocurre en el Islam, está contemplado por el Judaísmo a partir de un contrato de matrimonio. Si el hombre no cumple alguno de los conceptos estipulados, la separación se puede llevar a cabo, dado que, en el caso por ejemplo de los sefarditas, es la mujer quien tiene ese derecho.

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Historias de Atid

Durante la velada, pude conocer distintas personas pertenecientes a la comunidad de Atid, especialmente en ese momento de relación entre los asistentes que se dio durante la cena. Entre ellos, personas de lo más variopintas e interesantes pero que, sobre todo, nos ayudaron a entender mejor la religión judía y a romper esos estereotipos que sin querer nos van calando.

De este modo, por ejemplo, pude conocer una pareja de homosexuales conversos desde el Cristianismo, al no hallar en esta religión lo que realmente necesitaban, que, incluso, además de poderse casar por el rito judío, tenían dos hijos.

Otra de las personas que pudimos conocer se convirtió al Judaísmo precisamente por lo antes mencionado en cuanto a la vía de pertenencia a una comunidad para un hijo, dado que su marido, al ser hombre, no lo podía transmitir.

Otra, sin embargo, ella era la judía y su marido el cristiano, lo que nos demuestra que también pueden darse matrimonios mixtos en nuestra ciudad.

Pero la historia que me gustaría mostraros y que engloba un poco todo ello es la de mi amigo, Gabriel, hijo de madre judía y nieto de abuela conversa (era demostrable que en su línea materna los orígenes eran de judíos convertidos al Cristianismo, de modo que fue sencillo, a diferencia de en otros casos donde el estudio es más acurado dado que el Judaísmo no permite el proselitismo) y abuelo judío.

Dado que nadie mejor que él puede contarnos su testimonio, os dejo aquí el fragmento que me escribió expresamente para esta entrada:

Era l’any 1952 quan un jove jueu, supervivent de l’Holocaust, arribava a Barcelona decidit, amb un amic, a introduir en el mercat espanyol un nou i revolucionari producte: les mitges de Nylon. Era en Charles, Carlos, Shalom, Karolos… nascut a Salònica, Grècia. El seu pare, Gabriel, havia nascut també a Salònica, però quan aquesta encara formava part de l’Imperi Otomà, l’avi patern, Shalom, nascut a Esmirna, un humil violinista, va tenir 11 fills amb la Maria Petit. El fill gran era ferroviari a l ‘Orient Exprès, una filla es va casar i va anar a viure a Milà, una altra a Londres i una altra a París… cosa que va permetre que el seu germà petit, Gabriel, pogués anar a estudiar a París a l’École Dentaire Française a principis del segle XX.

La família materna d’en Charles procedia d’industrials afincats a Salònica, originaris de Livorno i de nacionalitat italiana, tal i com es pot llegir en aquest document.

En Carlos va viure a Salònica fins el 1943 quan, per evitar ser deportat, va fugir. Durant mesos, amagat a les muntanyes amb la resistència, caminant i amb pasteres, va arribar a Turquia, des d’on en un tren britànic arribà a Alepo i, finalment, a Haifa. No podent tornar a Grècia, immersa en una sagnant guerra civil des de 1945 a 1947, marxà a Milà (a casa de la seva tia Rebecca) on va decidir fer cap a Barcelona.

En una Barcelona massa grisa i encara massa adolorida, els dos joves amics freqüentaven les tertúlies dels professors i estudiants de llengües semítiques de la Universitat de Barcelona, que es feien a l’Ateneu Barcelonès.

Allà va coneixer la Núria. La seva família paterna era de la Garrotxa. L’avi i el pare, tots dos notaris, eren nascuts a Besalú i la seva besàvia era una polonesa de cognom Arovitz, arribada a Catalunya fugint dels pogroms. Per la branca materna, eren industrials benestants a Reus i originaris de Riudoms.

La Núria va néixer al Lluçanès, va viure uns anys al Baix Empordà i a Vic i, quan va morir el seu pare a 1948, es va instal·lar a Barcelona. La Núria va anar a la Universitat amb la intenció de matricular-se a la Facultat de Farmàcia (l’oncle Lluís era farmacèutic a l’Eixample i no tenia fills) i ella, orfa de pare i mare, pensava que era el més assenyat fer. No ho va fer ja que va conèixer estudiants de Semítiques i va pensar que allò li semblava molt més interessant.  Amb els professors i els alguns estudiants de la seva facultat, participava a les tertúlies que es feien a l’Ateneu Barcelonès .

Uns mesos més tard, amb anades i tornades, en Charles va decidir quedar-se aquí.

Així, doncs, es van casar al 1956. Ell tenia 36 anys i ella 32. No va ser fàcil. El matrimoni civil no era legal ni a Espanya ni a Grècia. La llei grega establia que el matrimoni havia de ser religiós i per la confessió del marit. La llei espanyola, per la seva part, només preveia el matrimoni catòlic però sí existia el “matrimoni mixte”. És a dir. que ella es va casar legalment el 25 de març davant un tribunal de l’esglèsia catòlica. Per tal de que ell pogués legalitzar la seva situació, calia la conversió de la Núria (la qual hi estava totalment d’acord i tenia accés a tota la informació pel fet d’haver estudiat hebreu). No va ser fàcil trobar un rabí que hi accedís i van haver d’anar a Marsella. D’allà van anar a Milà, on es van tornar a casar al juliol.

A la Núria, pel fet d’estar casada amb un estranger, les autoritats espanyoles li van retirar la nacionalitat i va esdevenir grega fins el 1983.  La seva família va acceptar el seu marit, malgrat alguns episodis antisemites. Acostumats a “matar jueus” per Setmana Santa, en Carlos era el primer jueu de carn i ossos que coneixien.

Van tenir dues filles, una al 1957 i, la segona, al 1958.

La Núria va morir al 2004 i va voler un funeral laic, ser incinerada i reposar al Lluçanès amb aquella mare que va perdre quan tenia 5 anys.

En Carlos va morir al 2011, mai no va tornar al seu país i mai no va dir el que volia. La seva germana, abans de morir, va demanar a les dues filles que fos enterrat seguint el ritus jueu i reposés a la mateixa tomba que en Gabriel, pare de tots dos, al Cementiri de Les Corts.

 

 

Con esta bonita historia, pues, finalizamos esta entrada tan diferente al resto pero que espero que os haya podido ser tan enriquecedora como me fue a mí. Barcelona esconde un sinfín de historias, de personas, de comunidades, de anécdotas… y gracias a ello es la ciudad que tenemos hoy en día, diversa y rica.

Ante esto, sólo puedo decir una cosa… ¡Gracias! ¡Mil gracias a Atid, a Gabriel y a todos los miembros que me acogieron en la comunidad, por esta experiencia!

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