Dirección al piso… ¡-12!

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Como sabéis los que me vais ya conociendo, mi gran afición es poder viajar, sin salir de Barcelona, ya sea físicamente a otros países distintos al nuestro como en el tiempo… ¡Así que hoy os propongo una nueva manera de hacerlo! ¡Pero que va mucho, mucho más allá de lo que os podéis quizá imaginar¡ Porque… ¿qué tal si viajamos a la Barcino romana? ¿Al año 12aC?

Para ello… ¡sólo hay que coger un ascensor! Sencillo, ¿no os parece?   ;)

Y, además, necesitar un poco de imaginación y orientación pues, al final y al cabo, lo que haremos es andar por las entrañas del Barri Gòtic, resiguiendo cada una de sus calles pero… ¡desde sus profundidades!

 

¿Dónde os propongo ir hoy?

En primer lugar, a la Plaça del Rei, a esa plaza ideada durante el s.XV, en el reinado del rey Martí l’Humà, como lugar para justas y espectáculos.

Una plaza que, posteriormente, se convertiría en prisión y que durante el s.XX, especialmente a partir de la actuación urbanística de creación de Via Laietana, cambiaría un poco su fisonomía.

Es en este contexto donde encontramos la importancia del protagonista de la entrada de hoy. Y es que, con ese derribo de palacios, consecuencia de la construcción de Via Laietana, uno de ellos, la Casa Padellàs, fue trasladado piedra a piedra desde cerca de Correos hasta su ubicación actual en la Plaça del Rei. Es ahí cuando, a partir de las consecuentes excavaciones, apareció la gran joya que conservamos bajo una parte de sus cimientos, algo que se paralizó durante la Guerra Civil Española y que no se retomó hasta nuestros tiempos en forma del Museu d’Història de la Ciutat (MUHBA), el lugar que hoy me gustaría mostraros.

 

Así pues… ¿Qué podemos encontrar bajo la Plaça del Rei?

Metros y metros de lo que fue la antigua ciudad romana, de esa Barcino que da origen a la ciudad actual y que se encuentra localizada en un estrado mucho más profundo del que estamos actualmente pero que, precisamente por ello, se conserva en tan buen estado, por ese proceso de construcción, capa sobre capa, que se ha dado a lo largo de la historia y en función de las necesidades que la ciudad ha ido teniendo.

Es por este motivo que, al inicio de la entrada, os proponía perderos en la historia pero también por las calles de Barcelona porque, gracias a este descubrimiento que se conserva dentro del Museu d’Història de la Ciutat (MUHBA), podemos recorrer cada una de las antiguas vías de la ciudad romana, desde la muralla (actual Via Laietana) hasta los cimientos de la Catedral, de ahí que sea tan interesante también llevar a cabo, a partir de todo este conjunto, ese trabajo de orientación que os comentaba.

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¿La bienvenida a este viaje?

Ni más ni menos que la famosa lápida en la que podemos encontrar el nombre original de la ciudad de Barcelona, Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino.

¿Iulia Augusta? Hace referencia a la dinastía bajo la cual se fundó la ciudad, es decir, bajo el reinado de Augusto.

¿Faventia? Dado que Barcino era una colonia romana, podría tratarse de la población italiana, actual Faenza (región Emilia-Romagna), desde la cual llegaron sus pobladores.

¿Paterna? En honor a esa paternidad que ejercía Augusto sobre sus población.

Resumiendo, la gran bienvenida a nuestra visita es la lápida que da nombre a esa Barcino para todos y todas conocida, que tiene sus inicios en un pequeño asentamiento laietano (íbero), localizado a los pies de Montjuïc, pero que poco a poco fue tomando lugar en la ciudad que hoy conocemos, cuyo centro lo encontrábamos en el Fórum (sus restos se ubican en el famoso Templo de Augusto), ese punto de intersección entre el Cardus y el Decumanus, dos calles alrededor de las cuales se trazaba la ciudad a partir de un sistema ortogonal de calles bien ordenadas y lineadas.

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Una ciudad que, si bien es cierto que la capital de la provincia Hispania Tarraconensis era Tarragona (hace ya un tiempo, hablamos de la Tarraco romana también en La Bcn Que Me Gusta, tal y como podéis encontrar aquí), poco a poco fue tomando más relevancia a causa, especialmente, de las constantes entradas de los francos a partir del año 260 y su pérdida de liderazgo por el simple hecho de que Barcino era más pequeña y manejable.

Dicho esto… ¡Cojamos ese ascensor que nos lleva a las profundidades, al piso -12 y, junto a ello, a los orígenes de nuestra ciudad!

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¿Lo primero con lo que nos encontramos?

Aparte de un espacio realmente impactante, dadas sus magnitudes y que al menos yo no me esperaba en ningún momento encontrar… ¡la muralla!

Esa muralla de 78 torres rectangulares, que recorreremos a partir de su intervalum, es decir, de ese espacio intermedio entre la ciudad y la muralla, y que, del mismo modo que pudimos ver en Tarraco, tenía más una función de prestigio que de defensa, a pesar de que, conforme la entrada de los bárbaros fue siendo más evidente, también empezó a funcionar como herramienta de persuasión.

Una verdadera obra de ingeniería que, además, nos permite conocer algo muy común en la época y que, posteriormente, también se iría repitiendo, la expolia, ese trabajo de aprovechamiento de materiales de otras épocas y construcciones para realizar de nuevas.

Es por ello que, especialmente en la torre, podemos observar un sinfín de inscripciones y piezas que, teóricamente, no deberían encontrarse en ella.

 

¿Lo que le sigue? La verdadera maravilla del conjunto encontrado y excavado… ¡la verdadera ciudad de Barcelona!

Calles, antiguos comercios… ¡hasta los orígenes de lo que podría considerarse la Catedral de Barcelona! Esa antigua basílica paleocristiana que, progresivamente, se convertiría en nuestra catedral y que, de hecho, por lógicas de la historia, se encontraba en la misma localización que la actual.

Pero vayamos a pasos…

Dado que aún nos encontramos cerca de las murallas, en los límites de la ciudad, empezamos recorriendo la zona industrial de Barcino, esa zona marginal donde podemos encontrar, entre otros talleres, la tintorería o fulónica, un conjunto perfectamente conservado en el que se halla, desde la recepción donde atender a los clientes, las distintas canalizaciones de agua (las canalizaciones del alcantarillado de la ciudad veréis como también se encuentran perfectamente conservadas en todo el complejo) o la pileta donde se hacía girar la ropa mediante grandes palos para lavarla adecuadamente.

Un lugar en el que, además, podemos encontrar el uso de opus spicatum, un tipo de mosaico completamente impermeable e ideal para la construcción de estas grandes piscinas donde lavar la ropa.

 

¿Qué nos hace pensar que se trata de una lavandería?

A parte de algunos de los elementos encontrados y citados en unas líneas anteriores, restos de ceniza (se usaba para blanquear la ropa) y orín (se usaba a modo de amoniaco para lavarla. Precisamente por el uso de esta sustancia, podemos entender que la fulónica se encontrase casi en las afueras de la ciudad y no en su centro).

En definitiva, podemos decir que tener una fulónica en Barcelona es algo realmente importante e interesante dado que en muy pocos lugares se ha conservado este tipo de negocio. Entre los que se conservan, encontramos el caso de Pompeya, la más espectacular de todas y donde, incluso, se ha conservado el recipiente en el cual los habitantes podían depositar su orín.

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Continuamos avanzando… ¿el siguiente punto destacable?

El Cardus Minor, una de esas vías paralelas al Cardus principal. Una calle porticada que, con el tiempo, fue reaprovechada y cerrada, convirtiéndose en un espacio muy distinto al anterior y siendo símbolo una vez más de esta estratigrafía que comentábamos, del hecho de que podamos observar como un mismo espacio, a lo largo de la historia, se ha ido reconvirtiendo en otro en función de las necesidades de la ciudad.

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Dicho esto… ¿Sabíais que Barcelona era típica por la elaboración de una salsa de pescado, muy preciada en su momento, cuya producción sólo tenía lugar en nuestra ciudad?

¡Yo lo descubrí en el MUHBA! Y es que, en su interior, encontramos también restos de la fábrica donde se elaboraba este condimento para la comida, realmente intenso, de tal modo que quizá actualmente no nos gustaría. Un producto que se encontraba almacenado en unos grandes contenedores de cerámica llamados dolia, una parte de los cuales se encontraban bajo el nivel del suelo por tal de poder mantener su temperatura y conservar su interior en un buen estado.

¿En el interior de esta especie de grandes piscinas con marquesina para proteger su contenido? El garum, esa salsa de pescado que comentábamos y de la que, gracias a distintas fuentes documentales encontradas, hemos podido conocer todo el proceso de elaboración, algo bastante largo (precisaba de al menos unos 3 meses de reposo, removiéndose cada día hasta que la sal, usada como método de eliminación de gérmenes, se diluía) pero que se comerciaba por toda la Mediterránea y que, tal y como os he comentado, era muy preciado en su momento.

¿Justo al lado? Restos de una necrópolis con 21 cuerpos, algo también significativo pues, si tenemos en cuenta de que los lugares de enterramiento normalmente se encontraban fuera murallas, nos indica que quizá se trataba de una necrópolis selecta.

 

Pasa el tiempo y, junto a él, los restos que podemos encontrar en este fantástico tesoro de nuestra ciudad… s.IV, Batalla del Pont Milvi y Edicto de Milán… el cristianismo es legalizado y, por tanto, aparece también la posición del Obispo en Barcelona, ese encargado de la gestión de todo lo que refiere al mundo espiritual pero también, en ese entonces, civil.

¿El primer obispo de Barcelona?

Pretextat (mencionado ya en el año 343), alguien que, como debía ser teniendo en cuenta el cargo que ocupaba, vivía en una gran residencia que, al fin y al cabo, no dejaba de ser una antigua Domus romana.

Por tanto, podemos decir que el siguiente punto de nuestra visita se trata del primer conjunto episcopal de Barcelona. De este modo, los cimientos de la Catedral, perfectamente identificables durante nuestra visita, se hallan justo al lado, dado que la primera basílica cristiana, ubicada al lado de la residencia del obispo, se encontraba, lógica y precisamente, ahí. Un espacio que, antes de la legalización del cristianismo, se trataba de un lugar ilegal de reunión o, lo que es lo mismo, una Tituli o Domus Eclesiae, en el caso de Barcelona.

Seguimos avanzando en el tiempo… año 410, Ataülf, primer rey visigodo de Barcelona y esposo de Gal.la Placídia (sí, la esa princesa bizantina, hija de Teodorico, a la que la plaza barcelonesa del mismo nombre rinde homenaje), llega a la ciudad.

¿Su palacio? Como es lógico, en el mismo lugar que se encuentra actualmente. Por tanto, un signo más de que la cosas no se encuentran donde están porque sí, sino porque, detrás de ellas, hay una tradición e historia que hace que así sea.

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Año 507… tras la Batalla de Vouillé, los visigodos se instalan en Barcelona definitivamente convirtiéndola, tras Toledo, en su capital.

En este contexto es cuando se llevan a cabo grandes reestructuraciones en la ciudad, hay que convertir Barcelona en una gran capital y, una de ellas, por ejemplo, es la iglesia de planta de cruz griega que podemos encontrar en el MUHBA. Un interesante vídeo os permitirá conocer cómo se encontraba estructurada dicha iglesia, así como también su interior, con sus tres naves de bóveda de cañón, los brazos donde se ubicaban los fieles o su altar con una gran cruz en el centro (su pie, en el interior del cual se resguardaban las reliquias, se conserva).

 

Una vez más, podemos encontrar en este conjunto ese concepto de expolia que comentábamos. En este caso, a partir de un gran capitel romano que, desprendiéndolo de esa función que en épocas más antiguas tenía, se pone boca abajo y se usa a modo de una piedra más.

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El obispo gestionaba el sistema de medidas de la ciudad, así como también algunas de las industrias que se llevaban a cabo en ella. Es por ello que no sea extraño encontrar en los alrededores de su residencia más dolia, en este caso, vinculadas con la producción de vino, algo no tan preciada como la salsa de pescado del garum, pero no por ello menos importante de ser citada.

Dolia que se movían a partir del desnivel que creaba el terreno y que permitía trasladar el producto hasta fuera murallas. Podemos observar que, entre todas ellas, dos son más pequeñas dado que se trataba de las que contenían sal y miel, dos productos usados en la condimentación del vino.

Algo realmente curioso y que nos muestra, no sólo cómo era nuestra ciudad, sino también cómo se vivía en ella… ¡Hasta las piscinas donde pisar la uva se han podido encontrar!

¿El pavimento? Opus signinum, cuya mezcla se conseguía a partir de la piedra machacada de tal manera que permitía que fuese impermeable y más higiénico.

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Por otro lado, destacar cómo, durante nuestra visita, también podemos conocer algunas de las antiguas rutinas de nuestra ciudad. De este modo, por ejemplo, podemos ver que el obispo tenía su propio acceso a la basílica en la cual tenían lugar las reuniones necesarias para el buen funcionamiento de la ciudad. Una antigua basílica pagana que adquirió la función de aula de reunión y a la cual, sin necesidad de salir a la calle, a partir de un pasadizo que sólo él usaba para ello, accedía. Los invitados, sin embargo, lo hacían a partir de una segunda puerta que también podemos observar en el museo.

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Un espacio reservado para la cátedra del obispo nos indica dónde éste se localizaba durante las ceremonias o recibía a los invitados durante las audiencias, del mismo modo que podemos también identificar que esta no se encontraba, como es habitual, en el centro, sino en un lateral de la basílica.

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En línea con la residencia del obispo, además, encontramos los cimientos de la Catedral de Barcelona y, junto a ellos, el que fue el primer baptisterio de la ciudad. De este modo, el obispo, el único que podía bautizar, tan sólo andando unos cuantos metros (¡quién tuviera hoy en día tan cerca el trabajo!), tenía justo al lado de su residencia el baptisterio, esa gran pileta (hay que tener en cuenta que antes se llevaba a cabo el bautismo por inmersión) localizada fuera de la Catedral (dado que la persona que recibía el sacramento del bautismo aún no estaba libre de pecado, no podía ser en el interior de la iglesia).

¿Justo al lado? Los restos de esa catedral románica, la anterior a la gótica que tenemos actualmente y posterior a la paleocristiana que comentábamos en unas líneas anteriores.

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En este contexto, hay otro dato que me pareció también curioso y que me permitió, además, conocer un aspecto más de la ciudad que desconocía o que, al menos, no acababa de entender. Dado que los visigodos eran arrianos, el complejo episcopal de Barcelona, esa primera basílica paleocristiana ubicada en los cimientos de la actual Catedral que comentábamos en unas líneas anteriores, pasó a ser seguidora de este movimiento. Es por ello que fue necesaria la construcción de un segundo complejo en el cual los católicos se pudieran reunir.

Es ahí donde adquiere importancia la Basílica de Sant Just i Pastor (hablamos de ella también en La Bcn Que Me Gusta) y las recientes excavaciones realizadas que han permitido encontrar esos restos paleocristianos que son, ni más ni menos, que los mismos que los de ese templo de reunión que los cristianos tuvieron que construir al convertirse la ciudad al arrianismo (tras este encuentro… ¡creo que se va a hacer necesaria una nueva visita a Sant Just i Pastor! ¡Más teniendo en cuenta que ahora podemos también subir a su campanario!).

En el año 579, Barcelona, del mismo modo que también lo hizo el resto de la Península, volvió a ser completamente católica.

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Finalmente, ya acabando nuestro recorrido, encontramos la residencia del rey visigodo que, una vez más, fue evolucionando y teniendo la misma función a lo largo de la historia y de los distintos gobernantes que pasaron por él, ya fuese el camil musulmán, el conde o el rey.

Por último, sólo decir que el conjunto, además, se encuentra complementado con algunas piezas que se encontraron en él, tales como los distintos retratos del s.II que bien podrían tratarse de la época de los Antoninos, algo que podemos identificar por los rasgos que encontramos representados en ellos, como podrían ser los ojos con las pupilas perforadas, la barba propia de Adriano o el peinado de las figuras femeninas, siempre entre el recato de Livia y el desaliño y rizos de los Flavios.

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En definitiva, visitar el interior del MUHBA, además de algo de lo más enriquecedor que pone a juego nuestras capacidades en orientación bajo la ciudad conociendo las calles, comercios y elementos que la vieron nacer, se convierte en toda una experiencia, en un viaje en el tiempo realmente fascinante e increíble.

Para más información:

Plaça del Rei, s/n

museuhistoria.bcn.cat

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