¡El Berguedà industrial y modernista!

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¡Seguimos conociendo nuestra Catalunya con este pequeño ciclo de tres entradas englobado dentro del apartado Salidas desde Barcelona de La Bcn Que Me Gusta!

La semana pasada, hablamos de la Seu d’Urgell, de su pasado medieval y entorno. Hoy… ¡nos desplazamos tanto en el tiempo como en el espacio para conocer el pasado industrial del Berguedà (algo que no nos es nuevo pues en varias ocasiones hemos estado ya en esta comarca llena de secretos por descubrir, con entradas tales como la Subida al Pedraforca o a la Gallina Pelada y Bagà)!

De este modo, dirección al destino de nuestra tercera entrada, el Ripollès (recordad que los planes culturales y gastronómicos de las tres entradas se pueden realizar tanto por separado cada uno de ellos como ligándolos en un solo fin de semana o escapada de varios días), hacemos una parada en uno de los secretos más bien guardados de Antoni Gaudí.

Se trata de los Jardins Artigas, en La Pobla de Lillet (viniendo desde la Seu d’Urgell, podéis hacer un alto en el camino para conocer las minas de petróleo de Riutort, cerca de Guardiola de Berguedà), una visita englobada dentro de lo que se conoce como la ruta del Tren del Ciment, un antiguo tren de carga reconvertido en un agradable paseo turístico que os permitirá conocer parte del pasado industrial de la zona.

De esta manera, desde La Pobla de Lillet, podréis seguir su recorrido hasta la gran fábrica de cemento Asland (una aplicación de dicho cemento la podemos encontrar en una entrada pasada de La Bcn Que Me Gusta, en la Torre Bellesguard, tal y como podéis apreciar aquí), obra del reconocido arquitecto Guastavino y propiedad del gran mecenas de Antoni Gaudí, Eusebi Güell.

Si los horarios del Tren del Ciment no os son muy favorables, teniendo en cuenta que sale cada hora, podéis hacer como hice yo, llegar a los Jardins Artigas andando desde La Pobla de Lillet, un pueblecito también de lo más bonito con el curso del río Llobregat y sus puentes medievales y, posteriormente, coger el coche hasta la fábrica Asland.

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¿Cómo llegó Antoni Gaudí a La Pobla de Lillet?

Como muchos ya sabéis, Eusebi Güell fue el gran mecenas de Antoni Gaudí. Dado que las minas desde las cuales se extraía el carbón para alimentar la fábrica no se encontraban cerca de la misma sino en la zona del Catllaràs, Eusebi Güell encargó a Antoni Gaudí un pequeño chalet, el Xalet de Catllaràs, para los trabajadores, mineros e ingenieros y, así, evitar su continuo desplazamiento.

Durante su construcción, Antoni Gaudí se alojó en casa de los Señores Artigas, propietarios de una de las fábricas más prósperas de la época y zona. Así que, en agradecimiento a su trato y hospitalidad, Antoni Gaudí decidió regalarles el diseño de un gran jardín en un terreno que la familia tenía justo delante de su casa y fábrica.

Este jardín es precisamente el que os invito a visitar con esta entrada, los Jardins Artigas, esos jardines que, aprovechando el curso del río Llobregat, se convierten en una maravilla que, no sólo se vincula por completo con la naturaleza, algo muy habitual en Antoni Gaudí, sino que también nos la permite disfrutar en primera persona. De este modo, por primera vez en la obra del arquitecto, naturaleza y arquitectura se fusionan por completo, no de manera idílica como suele ocurrir en el resto de su obra, creando una armonía única y perfecta.

Pero no sólo eso, pues se tratan también de los únicos jardines húmedos diseñados por el famoso arquitecto.

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Los Jardins Artigas se convierten en un paseo lleno de belleza y,  sobre todo, de rincones por descubrir. Gaudí dejó volar la imaginación en ellos pero, no sólo eso, sino que también provocó que nosotros pudiésemos también hacerla volar durante nuestro paseo. Y es que estos jardines se encuentran llenos de rincones que no dejarán de sorprendernos, de formas que van más allá de las que estamos acostumbrados habitualmente y, especialmente, de escenarios más propios de un cuento de hadas y fantasía que de nuestra realidad.

 

¿Qué podemos encontrar?

Un recorrido circular muy bien señalizado nos permite pasar por todos los puntos más remarcados de estos maravillosos jardines. De esta manera, en primer lugar, bajaremos hasta el Pont dels Arcs, ese fantástico puente de piedra que nos permitirá cruzar el río Llobregat.

Se trata de uno de las grandes iconos de los jardines, así como también de uno de esos elementos que rápidamente nos vinculan con otras obras de Antoni Gaudí, como sería el Park Güell.

 

Dos grandes cariátides, un hombre y una mujer, nos darán la bienvenida a su otro extremo, al Merendador, el lugar en el cual la familia Artigas iba a pasar la tarde. Veréis que los jardines, no sólo en este caso, están en todo momento llenos de pequeños rincones sombríos y, con el murmullo del río tras nuestro, de completa alienación de la realidad.

 

¡Seguimos nuestro paseo!

Tras unos pocos pasos, llegamos a la que fue la entrada primitiva que proyectó Antoni Gaudí para la casa. Unas grandes cornucopias entrecruzadas y realizadas a partir de conglomerados de piedras flanquean el camino.

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Pero el gran símbolo de los jardines lo encontraréis a continuación. Se trata de la gran glorieta que preside el jardín, aprovechando la elevación de la roca en la cual se encuentra, y desde la cual podréis observar las magnitudes y belleza de todo el conjunto.

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El Pont de l’Arc Coix, con su imponente águila, os saludará desde las alturas. Se trata de la primera reminiscencia religiosa del conjunto, representando a San Juan. Más adelante… ¡encontraremos más evangelistas! Un buen ejemplo de ellos es el león ubicado bajo la pérgola que encontramos más adelante: se trata de la representación de San Marcos. Asimismo, en una fuente, la Font del Bou, encontramos el buey propio de la representación de San Lucas.

Según parece, existía en los jardines también un ángel, el Àngel de la Font de la Cascada, acompañada de un banco de “trencadís”, en representación de San Mateo.

 

La Fuente de la Magnèsia

Dentro de una gruta, encontramos una pequeña fuente cuyo nombre nos remite a la denominación popular de los Jardins Artigas. Pero, no sólo eso, sino que en su interior podemos encontrar también otro de los elementos característicos del arquitecto, el arco catenario.

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Los Jardins Artigas, pues, veréis cómo se convierten en una pequeña joya a descubrir, en un tesoro que pasa desapercibido y que, a pesar de su importancia, en mi opinión, quizá por su distancia respecto a Barcelona, no lo suficientemente visitado como merecería.

 

El Clot del Moro (Castellar de n’Hug)

Se trata del lugar en el cual Eusebi Güell fundó la primera fábrica de cemento Pòrtland de Catalunya, conocida como Asland. Tal y como hemos indicado, se trata de una obra del famoso arquitecto Guastavino y, precisamente por sus dimensiones e importancia, actualmente acoge el Museu del Ciment, miembro del MNACTEC (Museu de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya, cuya principal sede la encontramos en Terrassa, en el Vapor Aymerich Amat i Jover) y del XATIC (Xarxa de Turisme Industrial de Catalunya).

No tuve tiempo de entrar en su interior pero me quedé con las ganas, sobre todo al ver sus descomunales dimensiones (las vistas desde la carretera del conjunto son realmente impactantes), propias de una fábrica tan sólida e importante como fue esta en su época.

 

Seguimos nuestro camino pues, muy cerquita, encontramos un pequeño pueblo medieval que, a pesar de ser conocido por todos debido a las masas de “domingueros” que van a ver sus chorros de agua, el nacimiento del río Llobregat (no es broma, tuve que hacer una larga cola de personas que en rara ocasión han ido a la montaña, para poder disfrutar del paraje), pasa bastante desapercibido.

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Sí, se trata de Castellar de n’Hug, una población muy visitada pero a su vez desconocida, al encontrarse precisamente tapada por esa gran afluencia de gente que tienen las fuentes del río Llobregat. Depende cuándo vayáis, os será complicado aparcar el coche. Si es así, podéis hacer lo que hice yo, turnos rápidos en el coche para no dejarlo solo pero poder disfrutar, o al menos conocer, sus calles empedradas y las vistas del Pedraforca que se pueden observar desde la localidad.

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¿La comida?

Hacerlo en Castellar de n’Hug, depende cuándo vayáis, puede ser una locura. Así que os recomiendo algo mejor… ¡pasarnos a la comarca vecina, al Ripollès!

Por el camino, pasaréis por una de las joyas románicas más importantes del país, Sant Jaume de Frontanyà, la localidad menos poblada de Catalunya y quizá también una de las que gozan de mayor encanto. En su centro, encontramos la que fue iglesia de un antiguo monasterio agustiniano del siglo XI. ¡Una maravilla que, si tenéis ocasión, no podéis perderos!

Resiguiendo la carretera, con postales del Pedraforca en todo momento, llegaréis al punto que me gustaría presentaros, Gombrèn, una localidad muy vinculada al comte Arnau y al Abat Oliba (las rutas de l’Abat Oliba y de Terra de Comtes i Abats pasan también por aquí), donde encontraréis una interesante oferta gastronómica.

Se trata de la Fonda Xesc, galardonada con una estrella Michelin y antiguo negocio familiar (gestionado por la actual familia propietaria desde 1975 pero consta como fonda del pueblo ya en el año 1730) llevado actualmente con toques de comida catalana moderna y unas vistas desde su comedor muy especiales.

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Un servicio exquisito será lo primero que os llamará la atención, además de un aperitivo de lo más original, con ingredientes en ocasiones bastante sorprendentes y combinaciones de sabores bastante transgresoras.

Un aperitivo conformado, por ejemplo, por Buñuelos de zanahoria, naranja y anís, Brocheta de col con butifarra negra y mayonesa ahumada, Flan de trufa con foie y pipas, Crema de apio, queso de cabra y aceite de vainilla o Bombones, gominolas y carquinyolis de pistacho.

Suena de lo más sugerente, ¿no os parece?   ;)

 

¿Nuestra elección de la carta?

¡Cordero a l’Aranyonet con miel, col y sésamo y Pasta fresca integral con huevo, pistachos y albahaca!

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¿Y de postre?

¡Dado de chocolate con mousse de regaliz y helado de eucalipto, Manzana confitada con “aranyons” y Pera al vino con canela!

 

¿El precio? Unos 40eurs por persona, siendo 4 comensales y contando el vino a copa y los cafés. En mi opinión, quizá un poco elevado teniendo en cuenta, a primera vista, la cantidad de los platos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el aperitivo del inicio de la comida, así como también las pastas servidas para acompañar el café, en ningún momento se nos cobraron. De este modo, si tenemos en cuenta estos detalles, la calidad de los alimentos, así como también el exquisito y atento servicio de sus camareros y la elaboración de los platos, el precio se encuentra del todo justificado.

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Una experiencia gastronómica, pues, de lo más gratificante y que nos preparó para continuar con nuestra aventura por el Ripollès.

Y es que, muy cerca…¡se encuentra una de las mejores estampas de nuestra salida y del Ripollès en su conjunto!

 

El Santuari de Montgrony

Cuenta la leyenda que fue el mismo comte Arnau el que construyó, como castigo por sus fechorías, las escaleras que nos llevan a uno de los lugares más carismáticos y mágicos de Catalunya

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Se trata del Santuario de Montgrony, la capilla en la cual se encuentra una de las Verges Trobades (recordemos que Nostra Senyora de Meritxell, patrona de Andorra y una de las visitas que realizamos en la entrada anterior de este ciclo de entradas, también lo es) de Catalunya.

 

A medio camino de nuestro ascenso, podemos realizar una pequeña parada en una capilla donde, según la leyenda, es donde realmente se encontró la Virgen en el siglo IX. Al parecer, quienes la encontraron fueron un pastor con un buey y, en el punto que tuvo lugar dicho encuentro, una inscripción con una imagen grabada que saca agua por los pechos nos lo indica. Precisamente por esta imagen, esta inscripción recibe el nombre de la Mare de Déu de la Llet y es por ello también que durante mucho tiempo ha sido la protectora de las mujeres que amamantaban todavía a sus hijos.

Sin embargo, el verdadero santuario, en el cual se encuentra la talla de la Verge Trobada y desde el cual podemos sentir esa magia tan especial, lo encontramos un poco más adelante.

¡Consejo! Podéis acceder a él en coche hasta el aparcamiento que se ha habilitado para ello. Sin embargo, una vez aparcado, tendréis que proseguir el ascenso (unos 15min según el ritmo que llevéis) a pie.

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Una vez arriba… ¡Las vistas son realmente impresionantes! ¡El Pedraforca y el Taga son visibles desde el mismo santuario, así como también gran parte de la comarca!

 

Una vez hecho esto, nuestro siguiente punto se encuentra muy cerca. Se trata de Ribes de Freser, lugar en el cual pasaremos la noche y desde donde conoceremos otra Verge Trobada y un paraje muy especial, siendo ambos dos ejemplos muy importantes y destacados tanto para la comarca como para el conjunto de Catalunya, historia y política.

Pero eso ya será otra entrada… ¡la última de este ciclo de paseos por la cuna de la Catalunya actual!   ;)

 

Para más información:

Turisme El Berguedà   www.elbergueda.cat

Turisme El Ripollès   www.elripolles.com

2 comments

  • Amaia  

    Estuve hace muchos años por esta zona y hace poco pensé que tenía que volver a dar unas vueltillas por allí

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