El Pabellón Mies van der Rohe… ¡cautivándonos todavía!

labcnquemegusta-miesvanderrohe07

 

Modernidad y diseño aún vigentes y cautivadores a nuestros ojos… quizá es eso, precisamente, lo que hace que todavía ahora nos fascine tanto el protagonista de esta entrada, el Pabellón de Barcelona o Pabellón Alemán de Mies van der Rohe, uno de los ejemplos arquitectónicos más innovadores de la Europa de los años veinte y treinta que, no sólo impactó a una generación con su simplicidad, basada en grandes placas de cristal, acero y distintos tipos de piedra bien representativos del continente, cultura  y evento que lo acogieron (travertino romano, mármol verde de los Alpes, mármol verde de la antigua Grecia y ónice dorado del Atlas), sino también a las posteriores, marcando el inicio del Movimiento Moderno.

Como curiosidad, decir que el uso del mármol no es aleatorio en la obra del arquitecto, pues se trata de un material muy vinculado con él y su familia (su padre era comerciante de mármoles).

Una obra que, rápidamente, se convirtió en un modelo a seguir, que contrastó claramente con los edificios coetáneos de su localización efímera y que despertó un gran interés en todos los sentidos.

Y, sí, efímera… y es que, como muchos ya sabéis, el Pabellón Mies van der Rohe fue uno de los pabellones de la Exposición Internacional de 1929, concretamente, el de Alemania, el lugar en el cual se realizaría la recepción oficial, presidida por el rey Alfonso XIII, con las autoridades alemanas. Es por este motivo que, al finalizar el evento, fue desmontado y llevado nuevamente a su país de origen.

Así pues, cabe tener en cuenta que la edificación que podemos encontrar actualmente en Barcelona es una recreación del 1986, no la original, realizada en su emplazamiento histórico a partir de la iniciativa, en 1980 y capitaneada por Oriol Bohigas, del Departament d’Urbanisme del Ajuntament de Barcelona.

El resultado obtenido fue obra de tres grandes arquitectos de nuestro país, Ignasi de Solà-Morales, Cristian Cirici y Fernando Ramos, que se encargaron de la búsqueda documental y de su construcción propiamente dicha.

labcnquemegusta-miesvanderrohe22

 

Su arquitecto… ¡Ludwig Mies van der Rohe!

Nacido en Aquisgrán, siempre estuvo vinculado con las clases bien posicionadas de Alemania, cosa que cambió a partir de la Primera Guerra Mundial. Es en este momento, pues, que empieza a surgir el Ludwig Mies van der Rohe que conocemos actualmente, aquel que comienza a vincularse con las últimas vanguardias del momento y con personajes como Van Doesburg, Man Ray, Hilberseimer, Walter Benjamin y Raoul Hausmann.

Por otro lado, cabe destacar también sus proyectos con un nuevo personaje que aparecería en su vida profesional, la interiorista y diseñadora Lilly Reich, con la cual participaría en la exposición de viviendas de Weissenhof (Stuttgart) o realizaría el Glasraum (habitación de vidrio) de la Exposición de Stuttgart del 27, el Pabellón de Barcelona en 1929, la casa Tugendhat de Brno entre 1928 y 1930 y la casa que presentaron para la Exposición de Berlín del 31, entre otros.

 

El gran paso del arquitecto, sin embargo, vendría a partir de 1930, momento en el cual empezaría su trayectoria en la Bauhaus, como tercer director de la institución desde su fundación, tras Walter Gropius y Hannes Mayer. Como muchos ya sabéis, no obstante, todo este proyecto arquitectónico que tenía que llevar Europa hacia la modernidad finalizó a partir de la subida al gobierno del poder nazi en Dessau con las elecciones de 1931. La Bauhaus fue cerrada y, junto a ello, muchos arquitectos y profesores exiliados.

Mies van der Rohe, sin embargo, pudo trasladarse a Berlín, donde crearía su propia escuela. La suerte no sería tan generosa con él y, finalmente, también cerró, al no poder soportar las presiones ideológicas que le imponían y la falta de recursos para continuar adelante. De este modo, el arquitecto marcharía a los Estados Unidos de América en 1938, concretamente a Chicago, donde sería director del Armour Institute of Technology.

Serán de su vida en Chicago construcciones como la casa Farnsworth de Illinois, localizada sobre un prado y justo al lado del río Fox; las torres del Lake Shore Drive Apartments; un rascacielos de cristal, el Commonwealth Promenade Apartments; el Seagam Building de Nueva York o las oficinas Bacardí en México. En gran parte de ellas, seguirá usando todos aquellos elementos que podemos apreciar en el Pabellón Mies van der Rohe, tales como el vidrio, el travertino y el acero o los espacios simples y vacíos.

Ya en los años 60, se reconciliaría con el país que lo vio nacer y crecer, creando la Galería Nacional de Berlín.

 

Hecha esta presentación… ¡Volvamos a Barcelona!

¡El Pabellón de Barcelona o Pabellón Alemán!

En una Exposición Internacional creada bajo el conservadurismo de la dictadura de Primo de Rivera y obras en ella como la “mona de pascua” (disculpad la expresión) que aún conservamos bajo el nombre de Palau Nacional, no es de extrañar que el Pabellón se convirtiese en un ejemplo de modernidad absoluta y avance hacia el futuro.

Para conocer mejor la esencia del proyecto, ya sea el inicial como su reconstrucción, os recomiendo la lectura “Mies van der Rohe. El Pabellón de Barcelona” de los arquitectos Ignasi de Solà-MoralesCristian Cirici y Fernando Ramos, pues permite conocer las conjeturas previas del proyecto de reconstrucción, así como también los problemas con los cuales se encontraron y las soluciones finalmente aplicadas.

De este modo, en primer lugar, se nos presenta, por parte de los mismos autores, el proyecto de reconstrucción como una experiencia inigualable y excepcional, no sólo por todo lo que supuso para la ciudad y la historia de la arquitectura la pieza original, sino también por lo que conllevó su recuperación, especialmente debido a la falta de documentación (cambios de última hora, como os explicaré más adelante, provocaron que el proyecto definitivo no quedase plasmado sobre papel) que supuso llevar a cabo un proyecto arquitectónico completamente distinto a los habituales, al incluir una importante tarea de investigación tras él.

Gracias al Mies van der Rohe Archive de Nueva York y a los documentos, especialmente orales, del que fue ayudante del arquitecto, Sergius Ruegenberg, se consiguió conocer mejor el Pabellón, la opinión que despertó en su momento, sus materiales, técnicas… y, a partir de todo ello, iniciar la reconstrucción.

¿Su impacto? Se ha dicho en muchas ocasiones que se debió a la modernidad de sus materiales. Sin embargo, esta afirmación debería ser algo a valorar, pues estos no eran tan novedosos como se hizo creer, siendo, incluso, algunos de ellos tradicionales y habituales en muchos otros proyectos anteriores y del momento.

Según los periodistas de la época, lo que más se exaltó fueron los brillos, los reflejos de sus paredes y estanques, la perfección y alta tecnología de los materiales… más que estos propiamente dichos. La modernidad, pues, no recaía en los materiales como tal sino en lograr que estos expresaran un ideal de modernidad a través de su geometría, la exactitud de sus piezas y la claridad del montaje.

Por todo ello, tal y como os he mencionado al inicio de esta entrada, el Pabellón se convirtió en un símbolo de modernidad, en el ejemplo que marcaría el inicio del Movimiento Moderno en arquitectura y en un referente para un sinfín de arquitectos contemporáneos y posteriores.

 

Su interior… ¡y exterior a la vez!

Un espacio completamente abierto pero, a su vez, cerrado… Es realmente complicado, en este aspecto, describir el Pabellón pues se caracteriza, en todo momento, por esta creación de espacios abiertos y cerrados a partir de las placas usadas que provocan que el espectador no acabe de saber bien bien dónde se encuentra. La libre circulación es un aspecto remarcable en esta construcción, así como también la fluidez del espacio interior como tal.

De este modo, a pesar de que haya espacios cerrados, la sensación es que nos encontramos en el exterior, en un espacio en plena sintonía con su entorno y con esa zona verde que lo rodea. El juego con los estanques que podemos encontrar tanto en el exterior como en el interior del complejo aún motivarían más esta confusión constante entre espacios.

Una confusión que no es nueva, pues arquitectos mucho anteriores, como podría ser el caso de Bernini durante el Barroco, ya habían jugado con ella creando espacios con función arquitectónica, pero fácilmente comparables con una escultura, por su carácter casi transparente y belleza. El baldaquino del mencionado arquitecto y escultor barroco que encontramos en el interior de la Basílica de San Pedro del Vaticano, un elemento que crea un espacio arquitectónico pero también teatral y escultórico, pudiendo ver a través de él lo que hay justo detrás, podría ser, en mi opinión, un lejano y remoto antecedente, salvando las distancias, obviamente.

Es por este motivo que se dijo en algún momento que las puertas en realidad se montaban y desmontaban cada día al llegar la noche, algo que, según el libro que os he citado antes, no podría ser más que una leyenda dado que, a pesar de que es cierto que las puertas son desmontables, la no existencia de un lugar donde almacenarlas, así como también su destacable peso, imposibilitaría dicha hipótesis. Sea como sea, el mismo Mies van der Rohe no estaba a gusto con esas puertas que no acababan de ligar con la esencia de su proyecto, motivo por el cual fueron tan problemáticas, pero también tan necesarias al final del día.

El interior propiamente dicho se caracterizaría por las líneas sencillas que las distintas planchas usadas en la construcción componen.

Planos extraídos de la Fundació Mies van der Rohe

 

Todo ello creando una maravilla visual que no es de extrañar que haya sido también tan admirada por los amantes de la fotografía y la moda y no sólo por los arquitectos.

 

El exterior, siguiendo la misma dinámica del interior, nos vincula nuevamente con el entorno. El estanque que encontrábamos en el interior, pues, como si de un leit motiv se tratase, vuelve a aparecer vinculando ambos espacios. Pero, no sólo eso, y es que el pequeño jardín que encontramos en él también colabora en crear esta sensación antes mencionada.

 

La construcción… ¡Simbolismo y materiales!

Tal y como hemos indicado, el Pabellón de Barcelona se encuentra, especialmente, conformado de cinco materiales:

1) Travertino del Lazio en sus muros verticales, los cuales miden el doble que las losas cuadradas del pavimento.

2) Mármol verde del Valle de Aosta y griego de Tinos

3) Onix doré, el que ha dado más popularidad al conjunto (especialmente por su brillo y grandes dimensiones, que lo convierten en una verdadera joya y elemento principal de máximo interés entre los visitantes), que se localiza en el muro libre central del espacio cubierto. Fue traído desde el norte de África (podría ser tanto de Marruecos como de Argelia) y trabajado por un marmolista de Hamburgo.

4) Cristal, de distintos colores (verde botella, transparente, gris ratón y blanco lechoso), como pieza central de cierre del espacio

5) Aceros en todo lo que constituyen las carpinterías y las columnas cruciformes

 

A pesar de su notable riqueza, sin embargo, cambios de última hora (hubo un cambio de ubicación final), prisas y presiones (la construcción se realizó en 3 meses, en cuyo último periodo se trabajó las 24h del día con más de 50 operarios, a un ritmo vertiginoso y con una tecnología no adecuada para las magnitudes del proyecto. Por todo ello, el mismo rey Alfonso XIII hizo alusión en su discurso inaugural al ritmo de construcción de los alemanes) no sólo provocaron que los últimos retoques no se llegasen a llevar a cabo, dejando bastantes elementos inacabados, sino que también faltasen materiales y recursos económicos. De este modo, por ejemplo, mientras que de ónice y cristal sí se conservaron piezas almacenadas de cara a posibles roturas, los muros exteriores, de mármol verde y travertino, tuvieron que ser finalizados con ladrillo estucado y pintados a imitación de las tonalidades del mármol original.

Por otro lado, la cubierta tampoco estuvo bien resuelta, pues tenía problemas de drenaje (algo que no se dio por el hecho de que fuese efímero, pues se trata de un aspecto que, poco a poco, el arquitecto iría mejorando y puliendo durante su etapa en los Estados Unidos); la falta de recursos supuso que acabasen de construir el podio del basamento, con bastante urgencia, constructores catalanes, motivo por el cual encontramos una típica bóveda catalana en él; y hubo problemas de iluminación y señalización de cristales, así como también un mal funcionamiento del raíl de la cortina interior y dudas en la posición de los muebles.

Todo ello, con el añadido de que Mies van der Rohe y Lilly Reich no volvieron a ver más su edificio pues, tras su construcción y merecidas vacaciones en Biarritz, volvieron a Berlín, ciudad desde donde continuaron los contactos con el Pabellón mediante correo postal.

Dado que la idea de permanencia fue la que guiaba el nuevo proyecto de reconstrucción, todos estos problemas fueron resueltos en el edificio que podemos encontrar actualmente.

 

Alba

Así es cómo se denomina la escultura de Georg Kolbe, escultor alemán de estilo clasicista, que podemos encontrar en el estanque interior del edificio. Del mismo modo que ocurre con el conjunto del Pabellón, se trata de una reproducción en bronce, pues la original, como sucedió con el resto de elementos, al no poder ser la construcción vendida (al parecer, un barcelonés estuvo dispuesto en alquilarla y montar en ella un restaurante), fue desmontada y reutilizada en Alemania. Sólo nos quedó en Barcelona el acero, que también fue reutilizado como chatarra.

Al parecer, la escultura también fue llamada “Mañana” o “Bailarina” y, precisamente por su localización dentro del estanque, fue comparada con una Afrodita saliendo de las aguas. Sin embargo, en este caso, dichas aguas serían mansas como prueba de ese racionalismo que impera en el conjunto y que provoca que los impulsos naturales sean moderados por la reflexión.

¿Lo que más me sorprendió? El juego visual que, una vez más, crea en el conjunto la escultura, no sólo por su reflejo en el estanque, sino también por el hecho de que se encuentre localizada en un lateral y no en la parte central como supondríamos y estamos acostumbrados a encontrar en otros conjuntos.

El contraste entre sus líneas curvas con la pureza geométrica del edificio es también realmente interesante. La relación entre la escultura y el continente arquitectónico, pues, se observa en todo momento. De hecho, es la escultura la que, con su movimiento, consigue dar vida al conjunto arquitectónico, recto y horizontal, mientras que la bailarina, con sus brazos levantados, aporta ritmo, danza y verticalidad.

Según Federico Revilla, escritor de un pequeño opúsculo titulado “Mies van der Rohe: simbolismos, también”, donde reflexiona sobre lo que dicha construcción supuso para España, este elemento se trataría del “centro de armonía del Pabellón, el vínculo entre el orden y la abstracción, la matemática y el orden de la emoción, el sentimiento y la reciprocidad”.

 

La silla Barcelona

Una de las sillas, junto a las emblemáticas Thonet, más repetidas y comercializadas de la historia.

¿Su función? Se trataba del trono del rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia.

¿El motivo? Todos los muebles del interior del Pabellón, además de tratarse de diseños del mismo arquitecto, a partir de sus aprendizajes con Peter Behrens y Bruno Paul, así como también de su exposición en Weissenhof de Stuttgart, lugar en el cual se consolidó la tendencia de que el arquitecto también diseñara el mobiliario de los proyectos arquitectónicos, se trata también de un elemento más del carácter ritual del edificio como tal.

Nada estuvo realizado en serie sino que todo conllevó un proceso de creación ritual acorde con el objetivo principal de la construcción. Era necesario exaltar, con el Pabellón de Alemania y en un ambiente tan internacional como fue la Exposición de 1929, la República de Weimar, de ahí que la visita de los Reyes de España fuese también tan destacada.

De este modo, los dos únicos sillones Barcelona, enmarcados por un muro de ónice, protegidos por una cortina roja y aislados del resto de asientos visualmente con una alfombra negra fueron los pertenecientes a los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

Por otro lado, además, el rojo, negro y oro, los colores de la bandera alemana, estuvieron presentes de algún modo a partir de la descomposición de los elementos del interior del edificio en tres planos.

Dicho ritual continuó con el momento en el cual los Reyes firmaron en el Libro Oro del Pabellón de Barcelona y finalizó con una copa de champagne.

inauguracion

 

Con piel y un perfil metálico, la silla Barcelona, de la misma manera que ocurrió con el edificio, se convirtió también en un símbolo de la nueva modernidad dentro de la arquitectura y el diseño.

 

Entre el mobiliario del Pabellón, además, cabe destacar los altos mástiles del exterior en los cuales, donde actualmente encontramos la bandera de la ciudad, en su momento ondeaban las banderas de Alemania y España.

En cuanto al mobiliario de las oficinas, lugar en el cual encontramos actualmente la pequeña tienda especializada en arquitectura, dado que no se conservaron fotografías, no se ha podido recuperar en la reconstrucción. Se conoce que fue diseñado también por el arquitecto y que el espacio incluía una sala de recepción, oficinas como tal y un pequeño lavabo, pero no mucho más.

Finalmente, en el proyecto de reconstrucción del Pabellón, se cita su decoración floral, especialmente los nenúfares del estanque mayor, pues también supusieron importantes problemas de mantenimiento al crecer e invadir notablemente el espacio.

 

La reconstrucción

Ya hemos ido hablando un poco a lo largo de la entrada sobre todo lo que supuso la reconstrucción del Pabellón de Barcelona para Ignasi de Solà-Morales, Cristian Cirici y Fernando Ramos, sin embargo, antes de finalizar, me gustaría realizar unos últimos apuntes.

En el libro que he usado para documentarme para la redacción de esta entrada, se destaca un último punto realmente interesante. Se trata del concepto de réplica, algo sobre lo cual se ha reflexionado ampliamente en muchas ocasiones y por parte de muchos artistas, intelectuales e historiadores del arte.

¿Es realmente lícito realizar una réplica de algo ya inexistente? ¿Y si tiene un valor histórico y didáctico? En ningún momento se nos engaña ni supone una nueva reinterpretación del original y en todo momento se nos especifica que no se trata del original, así que, en principio, no debería suponer ningún problema.

Por otro lado… si tenemos en cuenta todo el proceso de documentación previo, así como también las mejoras que se realizaron para poder darle un carácter duradero, tal y como hemos comentado en unos puntos anteriores, ¿se podría considerar un nuevo proyecto / reinterpretación?

¡Un tema, como veis, que da para reflexionar! ¿Qué opináis vosotros?  ;)

Finalmente, destacar que durante la reconstrucción se intentó conseguir todos esos materiales usados en la construcción del original de un modo lo más semejante posible. De esta manera, el travertino fue traído de la cantera del Bagni di Tivoli en el Lazio (el material incluía unas cavernas que, finalmente, fueron dejadas a expreso y no depuradas), el mármol verde del mismo lugar que en el caso de la edificación original y el ónice… ¡eso ya fue más complicado! Al parecer, se precisaban 8 losas y se inició su búsqueda por Israel, Egipto, Brasil y Pakistán. Finalmente, la cantera fue la llamada Bou-Hanifia en Argelia.

Por otro lado, el marmolista fue de Granollers en vez de Hamburgo pero realizó la mar de cuidadosamente su trabajo. La silla Barcelona sí que tuvo que ser traída de Europa pues, tal era su comercialización y fabricación en serie que, por tal de conservar la máxima calidad y refinamiento de la original y evitar una desvirtuación, se acudió a la casa Knoll.

MIES VAN DER ROHE     FOTO FRANCESC CATALA ROCA

 

Actualmente… ¡La Fundación!

Actualmente, todo este conjunto se encuentra gestionado por la Fundació Mies van der Rohe, una institución, creada en el año 1983 por el mismo Ajuntament de Barcelona, que reconstruyó el edificio para, no sólo gestionar su construcción, sino también atender su conservación posterior.

Además, la Fundación también se encarga de la difusión y estudios del autor y del Movimiento Moderno, así como también de la realización de actividades vinculadas con la arquitectura y el urbanismo de nuestro días. A partir de todo ello, pues, se organizan distintas exposiciones, conferencias, otorgación de premios en arquitectura (los Premios Mies van der Rohe son unos de los más prestigiosos del panorama actual europeo), talleres, instalaciones y eventos de distintos calibres en el Pabellón.

Podéis encontrar algunos de los proyectos que llevan a cabo aquí, así como también su agenda por si estáis interesados en asistir a alguno de ellos.

labcnquemegusta-miesvanderrohe25

 

La tienda

Junto a toda esta labor de difusión y promoción de la arquitectura moderna, encontramos su emblemática tienda, una verdadera maravilla de la que, si os gusta la arquitectura, no podréis salir si entráis.

Libros, productos de diseño, libretas… un sinfín de posibilidades la mar de cautivadoras que podréis también consultar y encontrar en su página web.

 

¡La visita!

La Fundación es también la encargada de gestionar la visita al Pabellón. Su precio es de 5eurs, una cantidad que, en un principio, para alguien quizá pueda suponer algo excesivo pues, al fin y al cabo, sólo encontramos un edificio vacío que, además, no deja de ser una reconstrucción. No obstante, si tenemos en cuenta su importancia a nivel arquitectónico y en la historia de nuestra ciudad, así como también su magnífica belleza estética, bien merecen la pena.   ;)

 

En definitiva, el Pabellón Mies van der Rohe se convierte en una visita obligada, no sólo por todo lo que conlleva su reconstrucción, sino también por lo cautivador que puede llegar a ser para nuestros sentidos su goce y disfrute en un entorno para nada parecido a lo que era.

Etéreo y con una gran sensación de ligereza, la visita al que se trata de uno de los primeros ejemplos de la arquitectura de cristal se convierte en una entrañable experiencia que seguro que no os deja indiferentes.

Barcelona, en un ambiente represor y conservador como fue el de la dictadura de Primo de Rivera, pudo disfrutar de una maravilla exquisita, capaz de mirar hacia el futuro como si de una gota de esperanza se tratara para nuestro país, y sólo por eso merece la pena una visita.

 

Para más información:

miesbcn.com

Escribe tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados.