¡El Palauet Casades con Cases Singulars!

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Tras este mesecito de inactividad, volvemos de las vacaciones con una nueva entrada cultural

¡La de rincones que nos quedan por descubrir en nuestra propia ciudad! Sin embargo, afortunadamente vamos poco a poco accediendo a ellos y este verano es una buena excusa para poder continuar haciéndolo, ya sea mediante la campaña de verano con descuentos que cada año lleva a cabo la Ruta del Modernisme como a partir de otras organizaciones.

Hoy, pues, me gustaría hablaros de una de estas entidades que nos permiten conocer dichos rincones y, concretamente, me gustaría hacerlo con una que nos acerca a distintos edificios más desconocidos que, incluso, en muchas ocasiones se encuentran en manos privadas. Se trata de Cases Singulars, organización que, mediante visitas comentadas, nos muestra iconos tan destacables como la Biblioteca Arús, la Casa Rocamora, la Casa Felip, el Palau Baró de Quadras o la Casa Amatller, a la par que da cobertura cultural a las instituciones que se alojan en sus interiores y que, en muchas ocasiones, no pueden organizar ellas mismas las visitas por el simple hecho de dedicarse a otras actividades. Casas que, al estar, como hemos indicado, en manos privadas, tienen y han tenido unas vidas en sus interiores y es precisamente a partir de las historias de los que las habitan o han habitado que Cases Singulars nos explica, no sólo estas residencias, algunas de ellas realmente interesantes artísticamente hablando, sino también la historia de nuestra ciudad y país.

Este verano… ¡nos las acerca con distintos descuentos!

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Éste es el caso del protagonista de la entrada de hoy, del Palauet Casades, actualmente sede del Il·lustre Col·legi de l’Advocacia de Barcelona pero en otros tiempos la residencia, como indica su nombre, de la familia Casades. Un rincón por el cual en miles de ocasiones hemos pasado, especialmente teniendo en cuenta de que se encuentra justo delante de la Delegación del Gobierno, pero al que ahora podemos acceder y conocer gracias a las visitas guiadas en castellano, catalán e inglés que se llevan a cabo cada lunes por la mañana en su interior de la mano de Cases Singulars.

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En la entrada de hoy, de este modo, tenemos que hablar en todo momento a partir de un doble discurso ya que, no sólo encontramos dos residentes en el Palauet Casades, la familia Casades y el Col·legi d’Advocats, sino también dos edificios y dos arquitectos, dado que fue a partir de la llegada de su actual propietario que el conjunto se amplió con un segundo edificio (posteriormente serían tres).

 

¿Quiénes son sus dos propietarios y cuáles sus correspondientes edificios y arquitectos?

1) Carles Casades de Còdols, industrial textil descendiente de Pau Casades, un habitante de Agramunt que, a partir de la Revolución Industrial, decide venir a Barcelona a probar suerte, lugar donde trabajará para la Banca de Manuel Girona. Posteriormente, ya fundaría su propia fábrica de indianas en el Raval.

En 1881, la familia decidirá trasladarse a ese nuevo Eixample que, aún con terreno suficiente para construir palacetes y sin necesidad de realizar bloques de pisos todavía (prueba de ello es también el cercano palacete del Palau Vedruna, actual Hotel Claris), se convertía en el barrio de moda de la ciudad. Concretamente, Carles Casades se trasladaría a la zona de los antiguos Campos Elíseos, el lugar de ocio por excelencia de la Barcelona fuera murallas, y lo haría en un terreno de unos 3000m2 aprox. que le permitía, además de la torreta, tener sus propios jardines enrejados respecto a la calle y establos.

Todo ello, en un estilo neoclásico, del mismo modo que lo son también muchos de los primeros edificios del Eixample, con sus correspondientes pilastras, casetones y balcones.

El palacete se ubicaba en la calle Mallorca, en un lateral de lo que actualmente conocemos como cuerpo principal del conjunto del Col·legi d’Advocats, y los encargados de su construcción fueron el arquitecto Antoni Serra i Pujals y el decorador Eduard Llorens Masdeu.

 

Nada más entrar en su interior, lo primero que nos sorprende es el gran patio porticado que encontramos como eje central de distribución de todo el conjunto de la construcción. Se trata de un gran atrio de dos pisos, al cual van a dar los tres niveles del inmueble (el piso superior daba acceso a posibles viviendas de alquiler o a las estancias del servicio. Cabe también destacar la bodega que se encontraba en el subterráneo del edificio como un cuarto nivel del palacete), que rápidamente nos remite a esos antiguos peristilos del Mediterráneo clásico, con capiteles de alabastro en sus columnas de distintos mármoles y medallones de yeso imitando el mármol en sus paredes, de ahí que también reciba el nombre de patio pompeyano.

 

Los medallones serían obra del escultor danés Bertel Thorvaldsen y, sin saber con exactitud aún su significado, se baraja la posibilidad de que se tratase de una representación de las distintas etapas de la vida de una mujer.

 

Justo en uno de sus extremos, una capilla neogótica nos recuerda las costumbres diarias de la familia.

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Subimos al primer piso

 

Nuevamente, la mediterraneidad toma el espacio. Esta vez, con jarrones cerámicos y la representación de los 12 meses del año, cada uno con su motivo correspondiente que lo identifica, por parte del decorador Eduard Llorens Masdeu. Unas alegorías delicadas que nos trasladan a esas villas romanas del Tirreno.

 

Observamos también cómo una gran balaustrada permitía a los señores salir de sus estancias y saludar desde el primer piso a los invitados que entraban al patio por la planta baja.

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2) El Il·lustre Col·legi de l’Advocacia de Barcelona se trata de no sólo el segundo y actual propietario de la finca, sino también del que la amplió con los cuerpos que complementaron el inicial.

Todo empezó cuando la tercera generación de los Casades en el año 1921 decidió vender el inmueble al Col·legi d’Advocats, institución que cada vez tomaba unas dimensiones mayores, motivo por el cual se vio obligada, bajo el mandato del decano Amadeu Hurtado, a cambiar su sede respecto a la Casa de l’Ardiaca (no olvidad el buzón de Lluís Domènech i Montaner con su alegoría de la Justicia con esas fantásticas golondrinas y tortuga que encontramos en su puerta).

¿Sus orígenes? Los encontramos ya en el Medievo, cuando se trataba de uno de los gremios más grandes de la sociedad barcelonesa. En 1832 Fernando VII crea un Real Decreto que obliga a dejar de ser gremios a esos oficios que requieren de cierta “profesionalidad”. Es en este momento que aparecen los Colegios de Profesionales, entre los cuales lo hace también el de Abogados, cuya creación oficial será en 1933.

El interior del palacete, pues, fue adaptado a las nuevas necesidades del recién llegado propietario y también a la nueva estética que requería un colegio de tales características en su interior. Es en este momento que se realizaría, por ejemplo, el gran mosaico del peristilo con la imagen de Sant Raimon de Penyafort, el patrón de los abogados, o la claraboya de su cubierta, antes de colores y ahora lisa y blanca, tras ser destruida durante la Guerra Civil.

Mario Marallano sería el encargado de llevar a cabo el trabajo de dicho mosaico veneciano.

 

¿Pero quién era Sant Raimon de Penyafort?

Se trata de un personaje histórico real, monje dominico de Santa Margarida dels Monjos, cerca de Vilafranca del Penedès, que tuvo una gran importancia en su momento, siendo, incluso, confesor del rey Jaume I. Se le considera uno de los primeros expertos en derecho canónico medieval.

Sin embargo, a pesar de su papel histórico, si es santo es también por algún motivo y es que se le atribuyen varios milagros, de entre los cuales, en mi opinión, el más divertido es el que se dio, precisamente, durante su labor como confesor del rey. Se dice que, tras la conquista de Mallorca, Jaume I acudió a la isla dentro de su programa de repoblación y, ya aprovechando, lo hizo también para visitar a una “amistençada” que se diría en sus momentos, una pequeña “amiga”, residente de Mallorca. Ante ello, su confesor fue muy duro advirtiendo al rey lo que suponía ver a la chica. Es por este motivo que Jaume I acaba obligando a Sant Raimon de Penyafort a quedarse en la isla a modo de castigo. Es en este momento que aparece el milagro, cuando Sant Raimon de Penyafort, con su propio hábito, idea una especie de barca que lo lleve de vuelta a Barcelona.

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Tras hacer este pequeño inciso, podemos proseguir con un pequeño recorrido por las distintas salas del palacete adaptadas a los nuevos usos del Col·legi d’Advocats. Ya en el primer piso, encontramos la Sala de Juntas, localizada en los antiguos dormitorios de la familia, concretamente en el salón intermedio que separaba las estancias del señor de las de la señora, y que nos muestra una vez más el uso funcional actual del palacete. Y es que, actualmente, los dormitorios tienen todos ellos un uso práctico, siendo algunos de ellos las oficinas del decano, por ejemplo. Sin embargo, las estancias del señor Casades sí se pueden visitar, observando en su interior con claridad el vestidor y el alcoba.

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La Sala dels Decans, antiguo comedor público de la familia Casades, expone en la actualidad los retratos de los distintos decanos del Colegio de Abogados. Como curiosidad, decir que en el año 2003-09 por primera vez una mujer fue decana de la institución.

Como podéis apreciar en la fotografía que os añado, sus techos, de plena influencia japonista, son una maravilla.

 

Justo al lado, encontramos la Sala de Confiança de la familia Casades, aquella en la que el señor de la casa atendía a sus clientes y negocios. Actualmente, acoge la Sala Manuel Duran i Bas, gran impulsor de la biblioteca del Colegio, además de rector de la Universitat de Barcelona y Ministro de Justicia y Gracia.

Años más tarde, ya en 1950, se haría necesaria la creación de un nuevo cuerpo que albergase esa gran biblioteca que ya desde su fundación se especificaba que se iría ampliando y constituyendo con libros para sus colegiados a partir de un porcentaje de los beneficios anuales de la institución y que ya no tenía lugar suficiente en el antiguo palacete.

Localizado en la esquina de la manzana y constituyendo la que sería su entrada principal, el nuevo edificio se construiría de la mano del arquitecto Agustí Borrell i Sensat, arquitecto de construcciones tan destacadas en nuestra ciudad como el Banc Rural i Mediterrani de Passeig de Gràcia con Gran Via de les Corts Catalanes.

Su fachada, tratada con una gran sensibilidad siguiendo las líneas neoclásicas del edificio primigenio del Palauet Casades, nos muestra con un solo primer vistazo qué encontraremos en su interior. Y es que las cuatro esculturas localizadas en el coronamiento de su fachada corresponden todas ellas a personajes medievales vinculados con la Abogacía.

Se tratan de…

Ramon Berenguer IV

Sant Raimon de Penyafort

Sant Iu, patrón de los notarios

Alfonso X el Sabio, impulsor del Derecho castellano con las denominadas Siete Partidas

 

Los dos edificios se encontrarían unidos adecuadamente, del mismo modo que también ocurre con los dos nuevos cuerpos que se construirían posteriormente en las calles de Mallorca (años 70) y Roger de Llúria (año 2000), para tareas y menos representativas del Colegio.

 

Una gran Atenea Minerva nos da la bienvenida nada más entrar en su interior.

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Por otro lado, comentar que en todo momento, durante nuestra visita, podemos observar también hechos históricos vinculados con el Colegio, como podría ser la placa que conmemora todos aquellos abogados que durante les dictaduras, tanto la franquista como la de Primo de Rivera, lucharon por los derechos de la ciudadanía y, en el caso de Catalunya, el uso de la lengua catalana en el ámbito jurídico. En el colegio, además, se llevaron a cabo también reuniones clandestinas, recordadas también mediante placas, para crear estrategias de defensa de penados a muerte, entre otras condenas.

 

La Biblioteca

A pesar de toda la historia y belleza de sus interiores, sin lugar a dudas, lo que más impresionó a los visitantes es esa gran biblioteca, una de las más grandes del sur de Europa en materia de Derecho, que requirió la creación del nuevo cuerpo en el edificio por parte del arquitecto Agustí Borrell i Sensat.

Una biblioteca que, como hemos indicado en unas líneas anteriores, ya constaba la necesidad de hacerla crecer en sus escrituras fundacionales y que también sufrió la Guerra Civil y la dictadura franquista, al ser sus más de 60.000 ejemplares, entre ellos los Usatges del rey Ramon Berenguer I (s.XI), salvados por voluntarios de la CNT, quienes los bajaron al sótano para protegerlos de los bombardeos. El bibliotecario del momento, Àngel Gill, también es recordado mediante una de esas placas que comentábamos que podíamos encontrar por todo el edificio y que nos hablan de la historia de la institución, pues tras ese rescate del fondo de la Biblioteca, finalmente, fue fusilado en Montjuïc.

Por tal de aportar una buena calidad a la lectura, hace poco la Biblioteca recibió un proceso de restauración y de habilitación de las instalaciones ante posibles incendios.

Finalmente, destacar que una escultura de Eusebi Arnau, procedente de la época en la cual el Colegio se ubicada en la Generalitat de Catalunya, una vez más, nos recuerda quién es el santo patrón de los abogados.

 

En definitiva, ya para finalizar, sólo decir que Cases Singulars nos brinda una oportunidad única de conocer nuestro entorno y patrimonio y que, con las visitas al Palauet Casades, nos acerca de una manera amena e interesante a un espacio que quizá de otro modo no podríamos nunca visitar.

 

Para más información:

c/ Mallorca, 283

www.icab.cat

www.casessingulars.com

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