Els Tres Reis de l’Orient… que porten regals a tota la gent!

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Els tres reis de l’Orient
porten coses, porten coses;
els tres reis de l’Orient
porten coses a la gent.

 

Con la estrofa de esta popular canción catalana.. ¡volvemos de este pequeño receso navideño!

Y es que la semana pasada vivimos una de las noches más mágicas del año, la Noche de Reyes, ese día en el que tanto niños como adultos nos rodeamos de un mundo lleno de magia, de sueños que se hacen realidad y, sobre todo, de momentos en familia distintos a los que llevamos a cabo a lo largo del año.

Pero… ¿de dónde procede esta tradición? ¿Por qué son tres Sus Majestades los Reyes Magos? ¿Por qué son reyes? ¿Y magos?

Estas eran algunas de las preguntas que venían a mí durante la cabalgata de este año, la de Montcada i Reixac (las fotos que os añado en esta entrada pertenecen todas a dicha cabalgata), así que no me lo pensé dos veces e investigué un poco, sobre todo a partir de la lectura de “Nit de Reis: Les cavalcades de Barcelona” de Judit Pujadó i Puigdomènech, un libro que respondió de una manera bastante documental todas mis dudas y a partir del cual he redactado la entrada de hoy.

¿Sabíais que Barcelona fue pionera en todo el estado en la celebración de las Cabalgatas de Reyes y de la festividad como actualmente la conocemos?   ;)

 

Para ponernos en contexto…

“Nit de Reis: Les cavalcades de Barcelona” nos inicia en esta tradición a partir de algo que, si bien es cierto que todos y todas somos conscientes de ello, al menos yo nunca me había parado a pensarlo… ¿Por qué la mayor parte de las fiestas de nuestra tradición cultural se concentran en un mismo periodo?

Ya los romanos con las famosas Saturnalias (celebradas el 17 de diciembre, un día en el que eran los señores los que servían a sus esclavos, sufriendo, así, lo que el pueblo sufría, del mismo modo que Saturno sufrió con su padre Urano. Los compañeros del blog Cultius Culturals publicaron recientemente una entrada sobre ello que podéis encontrar aquí), las Brumalias (celebración del día más corto de año, el 25 de diciembre), las Calendas y las fiestas a la diosa Selene (la luna) se concentraban en estas épocas. Todas ellas eran festividades en las que los grandes banquetes, los encuentros entre familiares y amigos y las antorchas encendidas por las calles, así como también el ruido generado durante una procesión en señal de buenas cosechas, eran los protagonistas.

La más celebrada, sin embargo, era aquella que nos daba acceso a la luz, el solsticio de invierno, como señal de renovación y de cambio de año, el inicio de un nuevo ciclo vital. Se trata del Natalis Invictus, una festividad en honor al emperador, la figura del sol por excelencia. Así que no es de extrañar que la tradición cristiana adaptase estas festividades también a su calendario en forma de Navidad, Fin de Año o Epifanía, entre otros, y que en el fondo el nacimiento de Cristo no fuese más que ese Natalis Invictus adaptado a nuestra cultura, celebrado el 21 de diciembre, tal y como también lo hacían los romanos, hasta que la reforma del calendario gregoriano lo moviese al día 25 de diciembre.

Con la Revolución Industrial, una época en la que la mayor productividad en la agricultura y la disminución de las enfermedades permitían descansar en invierno y festejar tras el trabajo del verano, aún tomaron más relevancia todas estas festividades.

En la parte oriental de la Mediterránea, el solsticio de invierno era festejado el 6 de enero por influencia de Oriente. Junto a la cristianización del territorio, el ciclo festivo se empezó a enmarcar hasta esta fecha, considerando Epifanía y la llegada de los Reyes como el renacimiento espiritual de Cristo (aún ahora en Rusia celebran por estas fechas la Navidad), su presentación frente al mundo pagano y, así, su reconocimiento por parte de los sabios de la comunidad, quienes se arrodillan ante él y le entregan sus ofrendas como alternativa al poder de Herodes.

Un momento, en definitiva, que se identificará con dos hechos posteriores, ya en la vida adulta de Cristo, con el bautizo de Cristo en el río Jordán y con el milagro de las Bodas de Caná, y que sería narrado sólo por dos de los cuatro evangelistas, por Mateo (hablaría de 22 sabios, no de 3 como hoy en día, y aún menos reyes de distintos reinos que viniesen en camello) y Lucas (escribiría sobre la adoración de los pastores, algo que derivaría a nuestros actuales pesebres y que reflejaría el papel del pueblo en la historia de Jesús).

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San Mateo realizando las Escrituras según un manuscrito elaborado en Aquisgrán, en la corte de Carlomagno (s.IX)

 

En el siglo IV, Epifanía como festividad ya se había introducido también en Occidente y, en el siglo VI, esos sabios de Oriente ya pasan de ser simples magos a reyes.

¿El motivo? En este momento, la Iglesia condena todo lo que tiene algún vínculo con la magia y la observación de estrellas pero hace una excepción con los Magos de Oriente, seguidores de Zoroastro y vinculados con la astrología como base de su sabiduría (los Reyes llegan a Jesús por sus propios medios, siguiendo los astros, mientras que los pastores lo hacen porque un ángel se les aparece y les da las premisas de lo que tienen que hacer), los cuales pasarían a ser los Reyes Magos de Oriente para no vincularlos con ello. La estrella que seguían, de este modo, dejaría de ser un astro natural para convertirse en un hecho milagroso.

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Adoración de los Magos, mosaico del s.VI en San Apolinar Nuevo (Rávena), una de las primera representaciones cristianas de los Reyes Magos donde aparecen con ropajes asiáticos y todavía sin corona, con el gorro frigio.

 

A pesar de que en ocasiones anteriores, como la que os acabo de adjuntar en esta entrada, el número de sabios ya se había reducido, no es hasta el siglo VII cuando se consolida definitivamente el número de reyes en 3 en lugar de los 22 sabios que eran según las Escrituras. Es en esta época también que se establecen los nombres por los cuales actualmente los conocemos, siendo el monje Beda el Venerable el encargado de llevar a cabo esta acción y escogiendo los siguientes nombres:

Latín: Melcior, Gaspar y Baltasar

Griego: Apel·li, Ameri y Damasc

Hebreo: Galgalath, Malgalath y Sarací

 

A partir de este momento, se especifican también las ofrendas, cada una en representación de las distintas naturalezas de Cristo, que llevaría cada uno de ellos:

Melchor: oro como rey que es

Gaspar: incienso por su naturaleza divina

Baltasar: mirra por su condición humana

 

¿Por qué los Reyes Magos nos traen regalos?

Según se cuenta, estos 22 sabios se separaron de regreso a su tierra para despistar a Herodes y, tal era su alegría al haber conocido el hijo de Dios, que empezaron a repartir sus riquezas por ahí por donde pasaron.

Este hecho, junto a la idea de infancia como periodo de la vida humana que empieza a generarse a partir del siglo XIX, hace que los valores religiosos se dirijan a favor de la magia y la fantasía. Es aquí también, pues, cuando los dos grandes terrores del hombre, el hambre y el abandono, se unen con el fin de que los niños tomen confianza y seguridad en sí mismos. Es por este motivo que encontramos en tantos países tradiciones similares a la de nuestros Reyes Magos (el Olentzero, San Nicolás, la Bruja Befana, Papá Noel…) pues, al fin y al cabo, no deja de ser una manera de proteger a nuestros pequeños y de darles aquello que tanto temen y tememos perder.

La Navidad, junto al día de su cumpleaños, pues, pasará a ser una de las dos fechas más destacadas dentro del calendario de los más pequeños. Dos fechas con una repetición anual que provocan que los sentimientos positivos vayan teniendo una continuidad año tras año, según teorías de Bruno Bettelheim, psicoanalista austriaco.

 

Y es que, gracias a esta magia en la que el niño cree, a partir de nuestra necesidad también de protegerlo de la cruda realidad, se renueva la esperanza de que siempre pueden venir cosas buenas y, junto a ella, el aprendizaje de dominar el resto de su realidad.

Algo positivo que también contempla valores respecto a los comportamientos negativos ya que todo ello ocurre siempre y cuando el niño se porte bien. De lo contrario, los Reyes no vendrán o no dejarán aquello que tanto anhelan.

 

Què li darem en el Noi de la Mare?
Què li darem que li sàpiga bo?
Panses i figues i nous i olives,
panses i figues i mel i mató.

 

Los regalos que los niños recibían durante la Noche de Reyes a partir de los siglos XVIII y XIX no dejaban de ser un recuerdo de aquello que se ofrendó al niño Jesús cuando nació. La canción popular catalana bien lo dice y es que, precisamente, este tipo de dulces que durante el año no se podían permitir las familias dado su precio son los que los niños recibían como regalo de los Reyes Magos.

Ya en el siglo XIX, las clases acomodadas empezaron a regalar a sus hijos dulces más elaborados. Aquí, pues, aparecen los típicos mazapanes de distintas formas en las pastelerías, así como también los típicos dulces de Reyes.

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Dulces de Reyes de la Pastisseria Saint Honoré, lugar al que ya por tradición voy cada año 

 

¿De dónde procede el típico Tortell de Reis?

Relacionado con los dulces acabados de mencionar, encontramos el típico Roscón de Reyes o Tortell de Reis. Si bien es cierto que se trata de una tradición que ha llegado a nosotros a través de Francia, del famoso Gateau de Roi, también hay que tener en cuenta que ya los romanos ofrecían un dulce similar durante las Calendas de enero. De este modo, según la tradición, se partía el roscón según los miembros de una familia, contando entre ellos el trozo que pertocaría a Dios y a los familiares ausentes.

El Gateau de Roi nació en Francia en el año 1744 en la época de Luis XV cuando se intentó alegrar con él al cardenal monseñor Fleury, quien se sentía mayor a sus 90 años. El rey durante la Noche de Reyes le preparó este roscón. El más joven de la mesa tendría que cortarlo y dio la casualidad que fue precisamente el cardenal el encargado de ello, yéndose de golpe su tristeza.

Años más tarde, el Gateau de Roi se popularizó e incorporó la famosa haba, actualmente de connotaciones negativas, pues quien se la encuentra, según la tradición, es quien tiene que pagar el roscón, pero que en sus inicios tenía un significado bien distinto.

En sus inicios, quien se encontraba el haba pasaba a ser el Rey del Haba. Éste debía ser un chico joven, el más pobre de la ciudad, el cual pasaba a ser habillado con suntuosas ropas y alimentado con abundante comida a partir de una recolecta en la que participaba todo el pueblo. Es en momento, pues, que la fiesta de Reyes comienza a adquirir una significado más caritativo, tal y como iremos viendo a lo largo de esta entrada.

En nuestra casa, en Catalunya, el haba también era símbolo de buena suerte al estar vinculada con la fecundidad (el haba era entendido simbólicamente como esa semilla que da vida y, por tanto, equivaldría al glande masculino) en una sociedad mayormente agrícola. Si el haba aparecía en el trozo destinado a Dios, la suerte aún era mayor en la familia.

Tortell de Reis de la Pastisseria Garde, lugar al que cada año acostumbramos a ir a por él   ;)

 

¿Cómo se inició la Noche de Reyes en Barcelona?

Ya en época de Pere el Cerimoniós encontramos datos documentales sobre la celebración de la Epifanía. Concretamente, a partir de una gran comida que el rey ofreció a su corte.

A partir del siglo XVI, sin embargo, es cuando empieza a adquirir una mayor representación dentro del calendario, incluyéndose dentro de las fiestas de Navidad. Se trataba de la Fiesta de las Luces, pues en el interior de las iglesias se llevaba a cabo, de una manera bastante ritual y teatral, mediante una pequeña procesión con candiles, una ofrenda al niño Jesús. Consta documentalmente que la Església del Pi era una de estas iglesias que llevaba a cabo la festividad más solemnemente, incorporando, incluso, una gran estrella que se colgaba del techo con más de 500 luces. Según los textos, se dice que iluminaba el interior como si fuese de día.

En el año 1845, según el Diario de Barcelona, se llevó a cabo el que podría considerarse el primer hecho camino la creación de cabalgatas en Barcelona documentado. Según la crónica, se trataba de una procesión de niños, els Joanets d’Horta, que con antorchas y cuerdas de esparto guiaban a los Reyes Magos a su llegada a Barcelona. Según se creía, los Reyes llegaban a la ciudad desde la ermita de Betlem, localizada en Collserola (tenéis un poco de información sobre esta desaparecida ermita aquí). Cuando se suponía que los Reyes tenían que llegar, los niños desaparecían para no ser vistos.

betlem

 

Relacionado con esta festividad están también los famosos Balls de Màscares del Liceu, así como también los que se llevaban a cabo por una peseta en La Patacada. En esta época es cuando aparecen también los primeros anuncios de juguetes, los espectáculos de fantasmagoría y las felicitaciones de Navidad (como curiosidad para conocer sus magnitudes, decir que el 31 de diciembre de 1888 se contabilizaron 150.000 tarjetas de Navidad en Correos).

Dar regalos como tal, sin embargo, se inició, especialmente a partir de la Revolución Industrial, como una acción caritativa de los más ricos de la ciudad hacia los más necesitados. Éste, de hecho, sería uno de los principales motivos a partir de los cuales se crearía la actual fiesta de Reyes. De este modo, en 1872 en la Casa de la Caritat los niños recibieron regalos de los Reyes; posteriormente, en 1880, un particular donó dinero para comprar 1400 juguetes para los niños cuyas familias no podían costearse dichos regalos; y en 1885 un obispo repartió el Día de Reyes 2000 barras de pan entre los más pobres de la ciudad.

Se trataba, pues, de actos altruistas que una parte de la población barcelonesa realizaba hacia otra más necesitada. De esta manera, la primera implicación del Ajuntament en la festividad no fue hasta 1893, cuando la institución organizó una fiesta para las distintas escuelas de la ciudad.

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¿Cuándo fueron las primeras Cabalgatas de Reyes? 

Las primeras cabalgatas seguían un poco también esta tónica caritativa acabada de destacar en la celebración del Día de Reyes, siendo las clases más adineradas las que llevaban la batuta y daban regalos a las más desfavorecidas durante bastantes años.

De este modo, según el Diario de Barcelona del 5 de enero de 1855, “jóvenes distinguidos” salían a desfilar por las calles del Barri Gòtic. Esta fecha sería la que daría, oficialmente, nacimiento a las cabalgatas de Reyes en Barcelona y en todo el estado (la segunda sería la de Granada y la tercera la de Alcoi).

Tal fue su éxito que, un año más tarde, no sólo se repitió el evento sino que también se incluyó ya a Sus Majestades montadas a caballo y con ropajes de lujo. Según dicen las crónicas del momento, hubo una gran afluencia de personas para verlos, a pesar de la intensa lluvia. Aún y su éxito, sin embargo, esta cabalgata todavía no sustituye las festividades, más vinculadas con el ritual y el teatro, antes mencionadas.

1936 centre aragonés

Repartición de regalos en el Centro Aragonés

 

En 1879, sin embargo, las cosas comienzan a cambiar y ya empezamos a divisar algo más parecido a lo que realizamos actualmente. Se trata de una acción comercial que llevó a cabo Miguel Escuder para promocionar sus máquinas de coser. Para ello, realizó un desfile por la Barceloneta con cada uno de los modelos y artículos que su tienda ofrecía. En cada carreta, además, se incluían juguetes que irían destinados a la Casa de la Beneficiència.

miguel escuder

 

Tras la Guerra Civil, las Cabalgatas de Reyes empezaron ya a ser organizadas por el mismo Ajuntament y por una familia muy especial, la Familia Bartolí, dedicada a los montajes teatrales y encargada durante más de 50 años, contando con la ayuda de 3 generaciones, de diseñar, montar y organizar las carrozas de Reyes de la ciudad de Barcelona.

 

Baltasar… ¡un rey muy especial para Barcelona!

Baltasar es el rey más querido por los barceloneses y barcelonesas y no precisamente sólo por su papel como tal, sino porque lleva más de 40 años siendo nuestro Baltasar, siendo el único rey que año tras año ha repetido y ha conocido a más Gaspares y Melchores.

Se trata de Severino Baita, miembro de la etnia Fang (Guinea), un médico que llegó a Barcelona en 1960 y que vive desde entonces en el barrio de Gràcia. Desde su llegada a nuestra ciudad, se ha convertido en nuestro querido Baltasar y, a pesar de que este año ya se le veía un poco mayor, continúa haciendo sonreír a miles de niños y niñas cada año, de igual manera que lo hizo también con sus padres y abuelos.

1986

Baltasar en 1986

 

¿Cuándo se inicia la Carta a los Reyes?

La carta, algo que nos parece muy lógico pero que cabe tener también en cuenta pues, del mismo modo que sucedió con las cabalgatas, tal y como os he comentado en unas líneas anteriores, fue Barcelona también la pionera en todo el estado en crear la Carta a los Reyes Magos. En este caso, concretamente, llegó por influencia europea, pues ya en otros países del continente los niños escribían sus deseos a Papá Noel.

En unos inicios, la carta con todo lo que los niños pedían a Sus Majestades (fue posible gracias a la progresiva alfabetización infantil, la aparición del juguete industrial con sus correspondientes catálogos de juguetes y al desarrollo del comercio de juguetes) se dejaba en los balcones de manera que, cuando los Reyes llegasen, tuviesen toda la información necesaria para dejar los regalos.

Pero con el tiempo, en 1877, apareció el primer Buzón Real de Barcelona, localizado en una casa de juguetes del Passeig del Rellotge. En 1890 ya lo encontramos en los famosos Almacenes El Siglo (los días 4 y 5 de enero todas las plantas se destinaban a juguetes con interesantes descuentos) y, poco a poco, se va extendiendo a distintos puntos de la ciudad, mayormente almacenes comerciales, hasta que Galerías Preciados y, posteriormente El Corte Inglés (a partir de 1962), se convierte en uno de los puntos oficiales para ello.

1929 carta

Entrega de cartas en 1929

 

En definitiva, esta entrada, algo diferente al resto de publicaciones de La Bcn Que Me Gusta, ha pretendido dar a conocer el pasado de una tradición que la tenemos más que interiorizada pero que, como muchos otros elementos de nuestra cultura, incorpora todo un bagaje tras ella de lo más interesante y rico.

Una fiesta que tiene como lugar de nacimiento de toda España la ciudad de Barcelona y que, si bien es cierto que actualmente se trata de una tradición extendida por toda la sociedad, seamos o no creyentes, se inició como algo caritativo y religioso. Una manera de proteger a los más pequeños de la casa pero también de disfrutar como niños, gracias a su magia, para los más mayores.

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Cada ciudad la hemos adaptado a nuestra manera. Barcelona, concretamente, por ejemplo, cuenta con la ayuda de Voluntaris 2000 y tiene un séquito 1200 personas, así como también carrozas, montadas en los palacios de Montjuïc, que miden unos 12m de largo, 2,5m de amplitud y 4,5m de altura.

En el caso de Montcada i Reixac, la localidad de la cual os he comentado que he extraído las fotografías de esta entrada, ha incorporado este año un paje especial cuya función se ha destinado a la recogida de chupetes.

 

Una tradición, pues, única y capaz de crear sentimientos e historias, ya sea de pequeños o de adultos, en la cabalgata en sí misma o durante la mañana de Reyes, que todos y cada uno de nosotros conservamos ya para siempre.

 

Para más información, os recomiendo un segundo libro también de lo más interesante: 

“Estimats Reis. Història de la Cavalcada dels Reis a Barcelona” de La Vanguardia. Año tras año, con documentación fotográfica y texto, nos muestra cómo se ha ido celebrando la Cabalgata de Reyes en nuestra ciudad.

One comment

  • Amaia  

    Vaya estudio completo!!
    Juraría que uno de la foto es el Olentzero, el carbonero vasco que trae regalos en Euskal Herria la noche del 24

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