¡Fira de Santa Llúcia!

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¡La Navidad ya está aquí! Luces, villancicos, belenes, compras… pero, sin lugar a dudas… ¡la tradición que más me fascina de esta temporada que iniciamos es la Fira de Sta. Llúcia!

¡Desde niña que nunca me pierdo la que es una de las ferias navideñas más antiguas de Europa, de la cual se tiene constancia desde el año 1786!

¿Sus primeras referencias? En los escritos de Rafael Amat, escritor catalán del s. XVIII, conocido también como el Baró de Maldà

Dia 13 de desembre, Santa Llúcia Verge i Màrtir. Hi hagué festa dins de la Catedral, en la capella i altar a on s´hi venera la imatge de Sta. Llúcia, amb alguna relíquia; i fora els claustres, amb fira al davant en son carrer, moltes casetes de pessebre (…), figures de barro i cartó primoroses, imatges de Sants i pastors, bous i mules i altres bèsties…, que porten prou empentes de gent en tal carrer, (…). I dintre de la Seu per oir missa de gent i encomanar-se a la gloriosa Santa per a que los conservi la vista i la claredat”.

Así pues, una feria que desde ya hace unos cuantos siglos se instala cada año en la Plaça Nova, frente a la Catedral de Barcelona, en honor a Santa Llúcia, patrona de las costureras (antiguamente, las costureras celebraban su día en el Parc de la Ciutadella) y de la vista, a pesar de que últimamente ya no se siga exactamente la fecha indicada de antaño, el 13 de diciembre, y ya esté todo preparado mucho antes.

Por otro lado, decir que la Fira de Santa Llúcia también fue conocida durante mucho tiempo como la “feria de las chicas“, dado que se creía que era un lugar ideal para concertar bodas. De ahí que las chicas de la ciudad vistiesen sus mejores galas para salir a pasear por la Fira de Santa Llúcia.

En otros pueblos de Catalunya, según la tradición, además, las niñas que estudiaban costura hacían fiesta y corrían por las calles cantando canciones y recogiendo alguna propina por ello. Una de ellas representaba Santa Llúcia llevando una corona de flores. El resto de niñas o “llucietes” recibían también el nombre de “cardenales”.

Otra diferencia respecto a sus inicios es su duración ya que, mientras que actualmente la Fira de Santa Llúcia permanece abierta hasta Nochebuena incluida, antiguamente, en el s.XIX, sólo duraba tres días: el día de la Purísima, de Santa Llúcia y de Santo Tomás.

 

En ambos casos, sin embargo, podemos disfrutar de un mismo objetivo, de un gran despliegue de artesanos de pesebres, del corcho, cerámica y madera, ubicados en función de su especialidad.

Actualmente… ¡son un total de más de 280 paradas!

Figuritas de todos los estilos y materiales para completar nuestros pesebres… ¡Aún recuerdo cuando de niña comprábamos cada año una figurita distinta para hacer crecer nuestro belén!

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Otra de las estrellas de la feria es, sin lugar a dudas… ¡el Tió! Ese personaje de la mitología catalana que se encuentra entre los más antiguos de nuestra cultura. Un trozo de madera que, inicialmente, se relacionaba con el solsticio de invierno y la fertilidad en toda la zona de Catalunya, Aragón y Occitania (aún encontramos en muchos lugares del Pirineo hogueras o fallas para Nochbuena con su mismo significado, de la misma manera que en Francia se conserva todavía el conocido dulce “Tronco de Navidad” o en Centelles la fiesta de la Coloma con el famoso pino colocado boca abajo en su parroquia principal) y que, desde ya hace también un tiempo largo, se alimenta a partir del día de la Purísima para que, cuando llegue el Día de Nochebuena, cague los dulces y golosinas del Día de Navidad. Algo realmente increíble pero que se encuentra muy dentro de nuestras tradiciones, yendo mucho más allá de la inocencia propia de los más pequeños.

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Sin embargo… ¡La posición número uno del Top-Ten de la feria se la lleva el Caganer! (¡Parece ser que los catalanes somos la comunidad que más hablamos de defecaciones en nuestra cultura!)

Esa figurita, símbolo de buena suerte (se dice que no ponerlo en el belén trae desventura), que no puede falta en nuestros pesebres y que apareció por primera vez en el s. XVII. Tradicionalmente, se trata de un pastor vestido con faja, barretina y una pipa en la boca pero, progresivamente, se ha convertido en una nueva pieza de colección gracias al sinfín de modelos distintos que cada año van apareciendo a partir de los hechos y la actualidad del momento.

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En la Fira de Santa Llúcia, además, también tienen cabida otros productos típicos de las Fiestas como el ramito de muérdago o acebo para desear buena suerte a nuestros familiares y amigos o la típica planta roja de Navidad. Todo ello entremezclado con las nuevas tradiciones que también vamos adquiriendo, como sería la decoración típica americana con Papa Noel como protagonista o las luces de colores, entre otros.

Finalmente, decir que la Fira de Santa Llúcia es también una feria llena de actividades, tanto para niños como adultos, con conferencias, mercado de artesanía o determinados momentos para hacer cagar el gran Tió localizado justo delante de la puerta principal de la Catedral.

Podéis consultar su programación en su página web: www.firadesantallucia.cat

 

En definitiva, la Fira de Santa Llúcia forma parte de esa Bcn Que Nos Gusta, de esa parte de la ciudad que, rodeada de cambios constantes, se conserva y sigue ahí con sus tradiciones y encanto.

Dicho esto… ¡A disfrutar del ambiente navideño de Barcelona!   :)

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