Jardines Julio Muñoz Ramonet

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Hoy cambiamos de barrio para dar un paseo por uno de esos jardines históricos, propios de la burguesía barcelonesa de inicios del s.XX,  que no sólo los desconocemos muchos de nosotros por encontrarse realmente escondidos fuera de nuestros flujos de paso habituales, sino también por permanecer durante años cerrados al público.

En esta ocasión, nos desplazaremos hacia St. Gervasi, pero también haremos un viaje en el tiempo para llegar a ese enclave que tanto revuelo ha tenido últimamente en prensa y medios.

Se trata del Palacio del Marqués d’Alella, quizá más conocido como Jardines de Julio Muñoz Ramonet, una casa que su propietario, al fallecer, dejó en herencia a la ciudad de Barcelona y que, actualmente, durante tres meses y finalizando a finales de este mes de marzo, puede ser visitada por los habitantes de la ciudad.

Un oasis ubicado en pleno ajetreo de la calle Muntaner que nos permite estar durante nuestra visita aislados completamente de la ciudad, a la par que nos imaginamos cómo antaño la burguesía vivía en nuestra ciudad, gracias a los esfuerzos de la Fundación Muñoz Ramonet para abrirlos al público.

 

¿Su peculiaridad?

No sólo se trata de un lugar privado que ha pasado ahora a manos públicas sino que, además, se caracteriza por ser una obra de Jean Claude Nicolàs Forestier, gran conservador de parques en París y uno de los paisajistas más reconocidos de sus tiempos, creador de jardines tan destacados como la montaña de Montjuïc para la Exposición Universal del 1929, la zona del “Desconsol” de Josep Llimona en el Parc de la Ciutadella, los Jardines del Palau de Pedralbes y del Parc de Cervantes o el Parc del Guinardó (fuera de Barcelona, encontramos ejemplos como el Bosc de Vincennes o el Campo de Marte en París o los Jardines de María Luisa de Sevilla).

En el año 1916, el marqués de Alella, el reconocido empresario Ferran de Fabra i Puig, propietario de la compañía textil Fabra i Coats de Sant Andreu, le encargó un jardín de más de 2.300 metros cuadrados en los que ubicar su residencia y vivir tranquilamente (motivo de ello es que podamos encontrar el escudo de la familia en la puerta principal).

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Como curiosidad, si queréis buscar un poco más, podéis encontrar todo el proyecto en “Jardins pour l’Hôtel particulier de Mr. le Marquis d’Alella a Barcelone”, aunque cabe destacar también que, finalmente, se realizaron un conjunto de modificaciones que no constan en el mismo.

De esta manera, finalmente encontramos un espacio con tres terrazas, con un estanque rectangular, surtidor de agua y macetas de barro que van marcando el perímetro de todo ello. En definitiva… ¡Un lugar en el que, al menos a mí, no me disgustaría para nada vivir!

De todas formas, cabe también tener en cuenta que lo que podemos observar actualmente no tiene para nada que ver con lo que había en sus inicios y es que, en primer lugar, decir que en el 1933 el propietario vendió parte de la finca para construir un bloque de viviendas de alquiler en la esquina con la calle Muntaner y Avenir, perdiendo, así, 500 metros de cuadrados de jardín de la zona verde. Por otro lado, añadir que, tras la compra por parte de su segundo propietario, Julio Muñoz Ramonet, se llevó a cabo también una segunda reforma que supuso un nuevo orden y estructura, por parte de Joan Mirambell, diseñador de jardines y dibujante.

 

¡Pero estos jardines guardan una segunda peculiaridad! Y es que, en el 1912, se encargó la construcción del palacio, por parte una vez más de su primer propietario, a Enric Sagnier i Villavecchia, ese gran arquitecto que nos ha dejado construcciones tan destacadas como el Sagrado Corazón del Tibidabo o la Caixa de Pensions de Barcelona de Via Laietana. Un palacio con aires de castillo medieval, tal y como era habitual en su arquitecto.

 

Actualmente, no es posible visitar su interior (podrá serlo tras su rehabilitación) pero, si sois curiosos y os acercáis a una de sus puertas, podréis observar uno de sus majestuosos salones. Un interior tétrico y misterioso que no os dejará indiferentes. El mismo interior que albergó grandes obras de artistas como El Greco, Goya, Rembrandt, Velázquez, Sorolla y Fortuny, pero que también fue escenario de la reconocida película “Blancanieves” de Pablo Berger.

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Pero… ¿Quién era Julio Muñoz Ramonet y de dónde viene esa problemática que gira alrededor de su figura?

Se trata de un empresario barcelonés que, aprovechando sus buenas relaciones con las autoridades franquistas, creó una gran fortuna alrededor de la especulación y el estraperlo, especialmente durante la Guerra Civil Española. Propietario, además, de fábricas como Can Batlló o los almacenes El Siglo, de todo un conjunto de empresas que eran gestionadas desde su central, localizada en el actual Palau Robert. Todo ello, además, gracias a su boda con Carmen, hija del director del Banc Central, y por lo tanto, al importante crédito bancario que recibió de éste.

Se dice que fue un gran amante de la ostentación y de los asuntos de faldas, así que se le podría definir como una figura de lo que consideramos un “nuevo rico” de la España franquista.

Tal y como hemos comentado en unas líneas anteriores, su gran fortuna consistía, además de los jardines que hoy visitamos, en un gran fondo artístico que donó al Ajuntament de Barcelona para el disfrute de la población barcelonesa.

El litigio de 17 años de duración entre sus cuatro hijas e institución pública, precisamente, es consecuencia de encontrar a faltar algunas de estas grandes obras en el momento en que el Ajuntament recibió las llaves del palacio. Al parecer, las hijas escondieron dicho testamentos y, a pesar de que el propietario muriese en el 1991, no llegó a manos del Ajuntament hasta el 1994.

Según el testamento depositado en una notaría de Suiza, lugar en el que murió Julio Muñoz Ramonet, sus obras debían encontrarse en dos grandes fundaciones que se crearían con ellas: una en Bad Ragaz y la otra en Barcelona, en el palacio que hoy presentamos. En dicho testamento, se especificó que las obras debían estar en el interior de dicho palacio para que los barceloneses pudiesen disfrutar de ellas pero, sin embargo, sus hijas no estaban de acuerdo con ello, de ahí que, incluso, se produjese el expolio de muchas de ellas. Cuenta el servicio de la casa que, una noche del 1992, vinieron la hijas y, tras ordenarles que no saliesen, al día siguiente ya no se encontraban las obras en el interior de la casa.

Para añadir más leña a este gran culebrón, decir que fue un pintor, el artista Bernd Walter, a quién Julio Muñoz Ramonet debía dinero, el encargado de dar a conocer al Ajuntament lo sucedido, mediante un artículo titulado “Después de Dios, Muñoz”. Según parece, tras su publicación, recibió amenazas por ello.

Así, finalmente, a partir de la creación de la Fundació Muñoz Ramonet por parte del Ajuntament de Barcelona, las obras podrán tener el cometido que se les pretendía dar en un inicio. No obstante, cabe destacar que algunas de ellas todavía no se han podido recuperar.

 

¿Y después?

Tras la jornada de puertas abiertas, acabado este mes de marzo, se iniciará un proceso de restauración cuya intención es reconvertir la actual apariencia de la finca en la que Forestier proyectó en su momento, es decir, sin las ya citadas modificaciones que Joan Mirambell llevó a cabo más tarde. De esta manera, se creará un recorrido accesible para la visita, con cartelas e iluminado, se arrancarán algunos árboles y se plantarán nuevos que seguirán el criterio del jardín original. Todo ello se prolongará hasta el verano del 2015.

Mientras, seguirá el mediático litigio con las hijas, concretamente, con una de ellas, a la cual se la inculpa de la posesión de obras de Goya y El Greco.

 

En definitiva, esta visita nos permite, no sólo conocer esa vida burguesa propia del s. XX en medio de un oasis en plena ciudad, sino todo un conjunto de problemáticas y litigios que han convertido este palacio en un icono mediático de la Barcelona actual, en una historieta más de las muchas que ya cuenta nuestra querida ciudad, a la par que descubrimos el aspecto de ese jardín reformado por Joan Mirambell, previo a la rehabilitación que se lleve a cabo tras su cierre a finales de mes.

¿Qué me decís? ¿Os animáis? ¡Sólo tenéis este mes de marzo para ello!   ;)

Para más información:

c/ Muntaner, 282

 

 

Y… al acabar de nuestra visita… ¿qué tal una merienda en el acogedor Muy Mío?

¡No os podéis olvidar de probar sus pasteles caseros! Y… en especial… ¡el Carrot Cake! ¡Hacía tiempo que no probaba uno de tan bueno!    :P

Para más información:

c/ Santaló, 11

www.muy-mio.com

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