Joan Ponç a La Pedrera

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Usted, Joan Ponç, se ha dado cuenta de que el hallazgo de lo maravilloso desollado libera la mente, aviva los sentidos y demuestra nuestra inocencia - J.V. Foix

 

Magia y fantasía… esto es precisamente lo que podemos encontrar en la actual exposición de La Pedrera, una muestra antológica de la obra del artista Joan Ponç, comisariada por Pilar Parcerisas y realizada gracias a la colaboración entre la viuda del artista, Mar Corominas, y su nieta, Sarah Sabine Pons, que podemos encontrar hasta el 4 de febrero y que, siguiendo la dinámica de la institución, nos reivindica dentro de la Historia del Arte y recupera un personaje silenciado que, si bien es cierto que en su momento tuvo una relevancia destacada dentro de la vanguardia artística del momento, ya hacía tiempo al que no se le dedicaba ninguna exposición. De hecho, la exposición de La Pedrera se podría considerar la más importante dedicada al artista, por el número de obras recopiladas y sus dimensiones.

Su última retrospectiva se realizó ya hace 15 años, en 2002 en el Centre Cultural de la Fundació “La Caixa” (podéis encontrar más información aquí).

 

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¿Por qué Diábolo?

Joan Ponç. Diábolo bajo este nombre, conocemos la exposición de Joan Ponç de La Pedrera y, como en todo, éste se debe a un motivo muy concreto.

En primer lugar, la palabra Diábolo hace referencia al carácter lúdico del artista, a ese juego de origen chino que, a su vez, también tiene tantos paralelismos con el diablo, ese ser maligno, como tal. Y es que, a la par que la obra de Joan Ponç, como artista onírico que es, nos adentra a un mundo que a veces, incluso, nos puede parecer satánico, da la coincidencia de que un texto de Joan Brossa, ese artista al cual actualmente el MACBA dedica también una exposición y que tan vinculado estuvo con la revista del Dau al Set, en la cual también participaba Joan Ponç, junto a Modest Cuixart, Antoni Tàpies, Joan-Josep Tharrats y Arnau Puig, se titula del mismo modo.

Se trata de un artículo ilustrado por Joan Ponç publicado en el mes de octubre de 1948 en la revista número 42 del Dau al Set y en el cual abundan las palabras con connotaciones negativas asociadas al demonio y la acumulación de términos que contienen el sonido vibrante, tales como, en catalán, ombres, diable, sangs, tenebres, carcasses, destrals, sepulcre, violent o ruïnes.

(…) Al caire de les ombres, el lloc propi del diable
I què faran les sangs? purament ideals
sorgint de les tenebres seria inacabable
Carcasses de propina confuses per destrals

No canvien el cor que, l’error aclarida,
capgirarà el sepulcre l’esforç més violent
un pas de coneixença per mitjà de la vida

 

Por otro lado, destacar que, precisamente, la primera revista que creó Joan Ponç, Algol (la tenéis digitalizada en la Biblioteca de Catalunya), significa también diablo.

Todo, de manera misteriosa, vuelve en la obra de Joan Ponç, tal y como iremos viendo a lo lardo de la entrada; hasta el más mínimo detalle regresa lleno de significado. Es por este mismo motivo que también volveremos a la palabra Diábolo, pues en la obra del artista tiene un significado que va mucho más allá.

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La visita

Si os animáis a conocer la figura de este interesante artista, a partir de todas las etapas de su vida, desde los años 40 a los 80, presentes en la exposición de La Pedrera, os recomiendo hacerlo en alguna de las visitas guiadas que se llevan a cabo cada sábado a las 18h y domingo a las 12h.

La obra de Joan Ponç es compleja y desconocida por el público general, motivo por el cual mediante visita comentada se hace más ameno y cercano.

Además, destacar los distintos recursos y servicios de accesibilidad de los cuales dispone la muestra y que, a su vez, tan vinculados se encuentran con la obra del artista, tal y como veremos en unas líneas más delante de esta entrada.

 

Finalmente, antes de proseguir con un poco de información sobre el artista y su obra, sólo decir que la exposición viajará al Musée d’Art Moderne de Céret, uno de los coproductores de la misma y lugar en el cual el artista pasó la última etapa de su vida, motivo por el cual aún adquiere más protagonismo, donde se podrá encontrar del 3 de marzo al 27 de mayo.

Galerías como Joan Prats, Eude o Dolors Junyent también están preparando pequeñas muestras sobre ello.

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Joan Ponç

Como hemos indicado, la muestra gira entorno a este creador onírico tan destacado durante las segundas vanguardias de nuestro país, durante ese periodo postguerra civil española que tan complejo fue a nivel de libertades políticas pero también creativas y artísticas.

Joan Ponç es un personaje, como tantos otros del momento, que tuvo que luchar contra esta falta de democracia, pero también alguien que, mediante la pintura, consiguió realizar un proceso de catarsis, una depuración de toda esa situación interior que lo atormentaba (tanto política como familiar), de una manera magistral a la hora de plasmarlo en el lienzo, obteniendo de todo ello unos resultados artísticos realmente fascinantes.

A pesar de todo este contexto familiar que crea un artista realmente atormentado, gracias a la suerte de tener en el grupo de la visita guiada de la cual disfrutamos a dos amigos de la segunda mujer del artista, Mar Corominas, pudimos conocer que, en realidad, era un hombre afable, sonriente y con cierto sentido del humor, algo muy contrario a ese sentimiento de angustia que reflejan sus obras. Esto, pues, nos lleva a entender que, realmente, su proceso de catarsis mediante el arte era efectivo, una verdadera vía de escape de su situación personal.

La pintura de Joan Ponç, pues, retomando el hilo de lo demoníaco que destacábamos en unas líneas anteriores, nos lleva a los rincones más oscuros del ser humano, pero también a una renovación plástica tras la Guerra Civil que, al fin y al cabo, se caracteriza por retomar aquello que la propia Guerra truncó, ese lenguaje de las primeras vanguardias que, anteriormente, ya se había llevado a cabo.

La pintura de Juan Ponç significa que protesta contra las condiciones del mundo en el que vive que siente la necesidad de hablar en un lenguaje profundo que ha sido conocido por todos los hombres pero también hipócritamente olvidado – Juan Eduardo Cirlot, La pintura de Joan Ponç, Dau al Set, 1951

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Piezas de su primera etapa – Tovalló paisatge, 1940

 

Su obra

La obra de Joan Ponç, tal y como podemos también apreciar en este exposición de La Pedrera, es distinta a todo lo que se daba en su momento, motivo por el cual siempre ha costado etiquetarla y encasillarla dentro de un grupo concreto, a pesar de sus claros vínculos con el surrealismo.

Aún así, según la comisaria de la exposición, su desarrollo tomó un camino tal que siempre se ha hecho muy difícil, incluso, describir calificando de algún modo su estilo, de ahí que se hayan siempre usado las denominaciones mágica o realismo mágico a la hora de definirla, pasando antes, en los años 40, por otras como grotesco, torturado, diabólico, premonitorio, alucinante, carnavalesco o infernal.

Yo, sin embargo, además de mágica, algo que considero muy apropiado, también añadiría dolorosa, pues no deja de ser un tipo de obra que denota aislamiento, esa soledad del pintor ante su propia existencia.

Todo ello, veréis también que lo trabaja mediante series y suites, tales como los Dibujos podridos (1947), los Presagios, los Delirios, Insólitos (1948) o las Alucinaciones (1947), entre muchas otras, y de algunas de las cuales os hablaré un poco más adelante.

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En su obra, no obstante, hay que tener en cuenta también una figura que le marcó en todo momento, especialmente en sus inicios: Paul Cézanne, el artista precursor de la modernidad, pero aquel que también fue fiel a la tradición. Joan Ponç siempre seguirá este ideal. De hecho, el mismo artista dirá en 1978:

Leo la biografía de Cézanne, escrita por Eugeni d’Ors, que me causa un impacto profundísimo. Me identifico milímetro a milímetro con el personaje, pues yo también lucho con todo lo que está a mi alrededor. Será mi estrella polar.

 

Otros referentes para el artista serán el mencionado Joan Brossa, Joan Miró o Albert Einstein, tal y como destacaremos un poco más adeltante.

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Homenaje a Cézanne, 1981

 

La primera etapa

A lo largo de la exposición, se han intentado tocar las distintas etapas y referentes que han formado parte de su formación y trayectoria. De este modo, en primer lugar, encontramos las piezas que, a la edad de 12 años, empezó a realizar. En todas ellas, observamos ya esos elementos que, conforme vaya perfeccionando su técnica y estilo, continuarán repitiéndose, como podrían ser las lunas, el juego, lo naíf, Méliès o el magicismo. Un mundo fantástico que siempre estará ahí y que vehiculará todos esos problemas de los cuales necesitará huir, como podrían ser la poca estima de sus padres (se crió con su abuela), los castigos en el subterráneo oscuro de la casa o la huida de su padre, teniendo que ser él no sólo el que se cuidase de la familia, sino también de una de las hermanas con problemas de autismo.

Taza-abuela (1964), en la cual observamos la taza de su abuela, la única persona que lo comprendía y escuchaba, es una pieza muy representativa de esta época.

Por otro lado, destacar cómo en un texto de Joan Brossa se hará referencia, precisamente, a esta malformación de la hermana con una frase tan descriptiva y horrible como udols esfereïdors del monstre.

Es en este momento en el cual también podemos encontrar la primera vía de experimentación del artista, tan vinculada con su formación con el fauvista Ramon Rogent y ese expresionismo abstracto, tan propio de Alemania, que impregnará sus primeras obras.

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El Primitivismo

Del mismo modo que también hicieron muchos artistas de las primeras vanguardias, entre los cuales encontramos Pablo Picasso, por ejemplo, Joan Ponç también recuperará la idea del Primitivismo para empezar a experimentar en su segunda vía y encontrar su propia identidad y estilo. Y es que, en el fondo, la obra de Joan Ponç, a pesar de ser muy propia y única de él, no deja de seguir en sus inicios los pasos que ya llevaron a cabo los surrealistas de la primera generación.

Años más tarde, a los 18 años, participaría en las ilustraciones de la revista Ariel dentro del contexto de la exposición del Centre Excursionista de Sarrià, en la cual participaron personajes de renombre en la época como Modest Cuixart, Antoni Tàpies o Joan-Josep Tharrats.

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Algol y el Dau al Set

En este periodo, a raíz de estos contactos, nacería Algol, revista antes mencionada que, con una clara intención rupturista, a pesar de que por motivos económicos sólo tendría un número, aunó esos grandes artistas que hacían renacer el panorama artístico catalán y español tras la desastrosa Guerra Civil Española, del mismo modo que lo hicieron otros también como el grupo CoBrA o los de los movimientos del tachismo, el art brut o el arte povera.

Para conocer la situación en la cual se hallaban los artistas del momento, en una España de posguerra, os recomiendo leer este fragmento de una poesía de Juan Eduardo Cirlot, Ciudad de ceniza (1949):

Hay días sollozantes, días lentos,

Días llenos de muerte descendida.

Yo me asomo al balcón; desde allí veo

la ciudad cenicienta que respira,

el gris conmocionado de los aires,

la atmósfera agrietada que soporta.

¿A qué desolación, a qué destino,

pertenecen sus lívidos inmuebles,

sus agotados turnos de trabajo,

sus transeúntes fieles?

El rostro transparente de la nada

contempla, como yo, tanta tristeza.

 

Algol, la semilla del Dau al Set, fue fundada por Joan Brossa, Joan Ponç, Arnau Puig y Enric Tormo (se encargó él de la edición). La portada fue diseñada por Joan Ponç; un texto y tres poesías fueron obra de Joan Brossa; un escrito de Arnau Puig; un cul-de-llàntia de Jordi Mercadé, al final de los tres poemas de Brossa, y otro de Francesc Boadella, al final del de Arnau Puig; y un colofón de Ponç.

Según explicó Joan Brossa en una entrevista realizada en el marco de un estudio, cuya lectura os recomiendo si queréis profundizar en él (Ainize González García, Nota sobre la revista Algol, Els Marges, Barcelona: Universitat Autònoma de Barcelona, Hivern 2010, p.68-79), la idea de publicarla surgió de Tormo durante una excursión al Montseny junto a Puig. La edición fue publicada con muchas esperanzas y lujos para un  público que, lamentablemente, no respondió como creían, lo que conllevó un fracaso económico que cayó sobre las espaldas de Tormo.

La revista estaba escrita en catalán, algo que complicó la situación a la hora de encontrar posibles compradores en un momento asolado por la represión franquista. Para facilitarlo, Joan Brossa y Joan Ponç realizaron una lista con los nombres de posibles interesados en el arte moderno, contextualizándolos dentro de un estilo artístico concreto y determinado, entre los cuales se encontraban personas vinculadas con la ADLAN (Amics de l’Art Nou, agrupación creada en 1932, entre cuyos fundadores encontramos al Josep Maria Sert del GATCPAC), Antoni Tàpies o Modest Cuixart, a los cuales Ponç visitó personalmente para que comprasen la revista.

Como curiosidad, destacar que Algol no indica una fecha de impresión concreta, aunque se cree que podría tratarse del año 1946 o 1947 (las divergencias las encontramos, inclusive, entre los creadores de la misma revista, ubicándose Arnau Puig y Joan Brossa en la primera fecha y Joan Ponç en la segunda), encontrando en ella únicamente un simple imprès a Barcelona a mitjans del segle vintè.

Asimismo, retomando el porqué de ese Diábolo, decir también que la forma alegórica del Algol, nombre dado por los astrólogos árabes al diablo, recuerda también a Txung Kuei, personaje que, flanqueado por dos acompañantes, tiene la misión de recorrer las tierras chinas en busca de los demonios que tiene que destruir. Se trataría, pues, de una figura mitológica popular china, cuyas aventuras se recogen en un libro que fascinaba a Joan Brossa, Chung-Kuei, domador de demonios.

Dado que Joan Brossa fue uno de los amigos más influyentes de Joan Ponç… ¿el destino habría decidido que así fuese, precisamente, porque sólo Brossa era capaz de domar el carácter endemoniado de Ponç?

Sólo se imprimieron 110 ejemplares: 100 normales y 10 de colaborador. Años más tarde, en 1984, se publicaría un facsímil de la revista, de la edición de la cual, nuevamente, se encargaría Enric Tormo.

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El Arlequín

La tercera vía de experimentación de Joan Ponç sería el automatismo, ese proceso con el cual sus ilustraciones adquieren un simbolismo y significación aún más claro. De este modo, mientras que con su suite Dibujos podridos (1947) (algo que me recuerda, claramente, a la etapa putrefacta de Salvador Dalí y Federico García Lorca) creará autorretratos monstruosos, en los cuales en muchas ocasiones se representará vomitando toda esa porquería de su interior que le duele y que, como hemos dicho, siempre lo perseguirá, otra vía lo vinculará con ese surrealismo de Joan Miró, con ese juego de hacerlo salir todo mediante la imaginación y el inconsciente.

La serie de las Alucinaciones (1947) le servirá de paso de transición entre estos Dibujos podridos a la pintura:

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Es en esta época que en sus pinturas mágicas, las cuales le servirán, una vez más, de catarsis, aparecerán los sombreros de copa, los faunos, las ruinas fantásticas, los cuerpos geométricos, los zoomorfismos o los paisajes metafísicos.

Todo ello, siempre vinculándose con los símbolos de Miró y Foix, esas figuras de esperanza para la generación artística de posguerra que les permitían también no dejar atrás la tradición, mostrándonos ese cordón umbilical entre las dos generaciones surrealistas, la de las primeras vanguardias y la suya.

Dentro de este contexto, también aparece la figura del Arlequín, el cual, además de ser un claro homenaje a Joan Miró, esa figura que para él será siempre una figura sagrada y que, incluso, hará lo posible para poder visitar y conocer, nos vincula con ese mundo mágico que todo el rato mencionamos en esta entrada, como si de un alter ego del artista se tratase. Para Joan Ponç, el Arlequín será tratado más como una identidad de él mismo que como una forma de attrezzo.

Regresando al mundo del diablo, destacar otra casualidad de esas mágicas que siempre tienen lugar en la vida de Ponç dentro de esos simbolismos que, como un leit motiv, aparecen siempre en la obra del artista. La palabra Harlequin, entre una de sus acepciones, es también una manera popular para designar al Diablo.

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Era un beau ténébreux, un príncep de les tenebres vestit d’arlequí i vivint en l’estretor i la precarietat. Però el seu món interior era ric en signes, larves, detritus, abominacions; tot el que està més enllà de la mort. La seva mirada era la mirada del visionari. – Joan Perucho, 1964

 

El viaje nocturno a Portlligat que esta generación de jóvenes perdidos pero con ganas de comerse el mundo realizó desde Port de la Selva a Cadaqués para conocer a Salvador Dalí nos traslada a una obra muy particular de esta etapa, en la cual se mostrará una idea muy poética de ir hacia esos orígenes de los cuales se consideran herederos.

Se trata de Nocturn (1950), un homenaje también a Foix (quien a partir de esta obra se inspirará para su poema Balada dels cinc mariners exclusius i del timoner que era jo), además de mostrarnos cómo sólo en esa nocturnidad estos jóvenes encuentran la poesía y el arte, teniendo en cuenta, especialmente, que la claridad del día les muestra una realidad en la cual no se sienten a gusto.

 

En este sentido, observamos una importante influencia también del astrólogo imaginativo y masón Salvador Aulèstia quien, a partir de la Alquimia y de la obra de Tomás de Aquino Aurora consurgens (s.XV), tomará la aurora, la llamada final de la noche y el principio del día, como momento básico de la existencia humana.

Y la noche sería tan brillante como el día (Salmo 139: 12)

 

La obra, además de un ambiente por completo onírico, entremezclado con la atomósfera marinera de Cadaqués, nos muestra también el pasado clásico (si os fijáis, un templo romano se divisa al fondo) que intentan modificar pero no por ello olvidar. Para todos ellos, no sólo las primeras vanguardias serán una clara referencia, sino también la tradición artística como tal y prueba de ello es que Joan Ponç anhelase también ser un gran pintor digno de encontrarse en museos de reputación como el Museo del Prado. Sobre el cuadro de El GrecoEl entierro del conde de Orgaz, conocido en el internado de los Salesianos de Mataró en el cual cursó sus primeros años de Bachillerato, dirá:

Me causa una profunda impresión, y voy a ver al director del colegio para pedirle mi ingreso en la Orden de los Pintores, ya que no sé por qué razón se me figura que estos pertenecían a una Orden. No estaba demasiado lejos de la verdad (Autobiografía, 1978)

 

Joan Ponç también se impresionará siempre por los grandes, por Goya y Velázquez, pero sobre todo por el mencionado Cézanne y Leonardo.

Para mí, en grandes líneas, la pintura, en cuanto al pensamiento, va de Altamira a Leonardo, de Leonardo a Velázquez, de Velázquez a Cézanne, de Cézanne a Marcel Duchamp, siendo este último pensamiento puro (Cuaderno de Notas, Cotlliure, 1972)

 

Regresando a Nocturn, tanto significó esa noche para este grupo de amigos que Joan Brossa también escribiría sobre ello en su Caldera d’abelles.

Dentro de este simbolismo, también encontramos la creación de distintos personajes, tales como Fanafafa (figura femenina) y Veribú (figura masculina), presentes en una obra de mismo nombre de 1950.

Fanafafa Veribú

 

Parafaragamanus, libro de 1948 con texto de Joan Brossa e ilustraciones de Joan Ponç, será también una clara influencia del cineasta Georges Méliès dentro de esta ambiente surrealista que señalábamos.

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Finalmente, destacar el retrato que realizará a su primera mujer, Roser Ferrer, en el cual observamos de nuevo esa nocturnidad propia del artista en su falda, así como también el Arlequín, el ajedrez como idea de juego o, incluso, sus referentes clásicos ya mencionados, como podría ser la mano de El Greco, tan necesaria de reivindicar en un contexto ya informalista donde la idea de pintor clásico estaba cada vez más desvirtuándose.

 

Brasil

Tras el final del Dau al Set, a causa de las distintas personalidades de sus integrantes, todos jóvenes y con caminos distintos (Tàpies, por ejemplo, se inclinó por el informalismo y se fue a París internacionalizando su obra gracias a una beca que, según se dice, fue el motivo real de la ruptura del grupo, mientras que quizá Ponç fue el más fiel a ese espíritu que fundó la revista, siguiendo en la línea pero también entrando cada vez más en su propio interior, realizando una pintura muy introspectiva), en 1953 y a partir de una recomendación de Joan Miró, quien también le facilitó los contactos para ello, se trasladó a Brasil, país en el cual viviría durante unos 10 años.

Viejo amigo de fatigas (…). Respondo a tu pregunta: Sí, recuerdo el pacto firmado de dividir la beca entre los tres, en caso de que tan solo nos concedieran una. Así sucedió y fue necesario ponerla a nombre de uno de nosotros y tras haber elegido a Antoni Tàpies te dije: Desconfío. Me voy a quedar. Te doy mi parte. Era la hora del crepúsculo de nuestra amistad, aunque nos mirábamos a la cara, pero los ojos ya no estaban. - Carta de Joan Ponç a Modest Cuixart, Navidad de 1965

 

Para poder subsistir, Ponç crearía una escuela de arte en Brasil, L’Esplai, tal y como podemos leer en esta carta dirigida a Arnau Puig desde Sao Paulo (1957):

Querido amigo, Brasil es el único lugar del mundo donde encuentro lo más importante de mi arte: la magia. Ya sabes que hace tiempo he perdido la fe en las galerías y los marchantes. ¡Dicen que estoy loco! He quemado toda mi obra y ahora me dedico a enseñar pintura en una escuela que he fundado.

 

Sobre Brasil, el artista también diría:

Brasil es una tierra fascinante, el único lugar donde podía superar las destructivas autocríticas que me asaltaron, el único lugar donde mi amor a lo mágico, esencia de mi arte, podría encontrar un ambiente apropiado, que mantendría y amplificaría mi capacidad de penetración en los momentos más oscuros (1978)

 

Aún así, será también una época dura para el artista, especialmente teniendo en cuenta su diagnóstico de Diabetes y la situación familiar que tenía que sostener, además de la constante autocrítica que siempre tendrá sobre él y su obra.

Es en este momento que aparecen las suites Cabezas (1958-1959), implorando sin interlocutor, composiciones angustiosas y sin aire que respirar.

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También hay que destacar la serie Instrumentos de Tortura (1956), esos elementos punzantes colocados como si se tratasen de bodegones. De este modo, con las agujas, por ejemplo, nos remite, además de al dolor, a esas prácticas de vudú que también descubrió en Brasil.

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Naturaleza muerta con agujas, 1956

 

La serie Pájaros (1961), esos animales que relacionamos con la libertad pero que aquí, sin embargo, se encuentran heridos son también una representación de la situación en la cual se encontraba el artista. Con esta última serie ganará la VIII Bienal de Sao Paulo en 1965.

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Ante esta situación, en 1962 volverá a Barcelona (Joan Perucho lo introducirá de nuevo en el ambiente artístico barcelonés) y, concretamente, lo hará a El Bruc, a casa de su tía, donde  recuperará la nocturnidad con piezas como las Iridiscencias.

 

La Noche y la Luz

Joan Ponç acostumbraba a trabajar de noche, en una habitación en la cual sólo se iluminaba por una bombilla. Es en la nocturnidad donde encuentra la luz que se esconde en el fondo de su ser, del mismo modo que ya hacía con sus compañeros de juventud.

Dicha nocturnidad, además, representaría la situación completamente oscura en la cual se encontraba, tanto a nivel personal como familiar.

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Es en este momento también que se hará evidente el retroceso de su visión a causa de su Diabetes y empezará a trabajar con lupa.

A causa de un problema tan grave como es la pérdida de la visión, Joan Ponç, sin embargo, es cuando empieza a realizar la que, en mi opinión, es la obra más enigmática e interesante de su trayectoria artística.

Sus creaciones van transformándose en algo único, muy propio e inherente en el propio artista; en verdaderas piezas de lectura en Braille, en el sentido que, con su minuciosidad y trabajo por capas, adquieren relieve y colores realmente impactantes, tomando todavía más importancia los recursos de accesibilidad que destacábamos al inicio de esta entrada.

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A partir de este momento, parecerán también que adquieran luz, una luz incandescente que nos trasladará a esas Iridiscencias que destacábamos en unas líneas anteriores.

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La Magia

Asimismo, tras su regreso de Brasil, ese magicismo que ya observábamos en el comienzo de su vida y consecuente exposición tomaría también en determinados periodos más fuerza.

En primer lugar, lo haría el tema de los insectos, uno de esos leit motives que, de una manera mágica, se encuentran siempre presentes en su obra. Y digo mágica porque, precisamente, algo que de manera pictórica estaba siempre ahí desde su periodo de formación, como si de una obsesión se tratase, da la casualidad de que apareció en su vida real. Concretamente, en Brasil, cuando a causa de un ataque de hormigas gigantes, su hijo tuvo heridas realmente graves.

¿Su obsesión por los insectos era algo premonitorio? Quién sabe…

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Detalle de La mosca, 1948

 

Pero no sólo eso, sino que también la observamos cuando, por esas cosas de la vida, un día de 1966, en una excursión a Cadaqués, en la cual decidió quedarse durante 8 años en ella, escogió para instalarse la misma pensión en la que, bastantes años antes, aquellos artistas que fueron su referencia a la hora de adentrarse en esta nueva generación surrealista, Picasso, Chagall y Eugeni d’Ors, se alojaron unas décadas antes.

Joan Ponç es un alquimista disfrazado de químico: bata blanca, guantes de caucho, instrumentos de precisión, todo bien limpio y desinfectado, pero, en el fondo, él sigue debatiéndose con la piedra filosofal, bebiéndose la sangre espesa de los condenados, colaborando con el murciélago, convirtiéndose en el confidente del diablo. -  Josep Palau i Fabre, 1965

 

La Geometría

Paralelamente, Joan Ponç iniciará un gran interés por la Geometría, por esta nueva manera de ver la pintura que aparecerá, especialmente, a partir de la lectura de Descartes de El método, el cual le daría una respuesta más objetiva a su vida, cuya visión empezaba a despegarse un poco del suelo.

Joan Ponç necesitaba un método que diese una explicación filosófica y científica a su crisis; una racionalización de sus impulsos para encontrar una realidad de existencia a partir de un cálculo objetivo.

La Geometría analítica de Descartes sería, así, la mejor manera para conseguir todo ello, del mismo modo que también lo haría la teoría de la relatividad y el sentido del tiempo de Albert Einstein, con obras como Geometría y experiencia o El éter y la teoría de la relatividad, ambas estudiadas por Joan Ponç.

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Es como si, progresivamente, el autor fuese objetivando la situación que vivía y racionalizándose con el paso del tiempo. Usaría la ciencia como explicación de la vida, siendo, de este modo, una obra mucho menos expresionista a la de periodos anteriores.

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El periodo de madurez

En esta última etapa, podemos observar mediante la exposición de La Pedrera cómo su lenguaje se vuelve más reposado, encontrando una conjunción perfecta entre la Geometría que pretendía racionalizar sus sentimientos y el lenguaje anterior, más surrealista y mágico.

Es también el momento en el que su obra se decantará por buscar la esencia del ser humano en el universo, es decir, en posicionar la figura humana en un contexto amplio.

La pintura és la meva existencia, sense ella no viuria.

 

Los problemas que siempre giran alrededor del artista, sin embargo, no menguaban y, a raíz de la Diabetes, Joan Ponç empezó a sentir calambres y un hormigueo constante en sus extremidades. Una vez más, esta sensación quedaría plasmada en su obra, de ahí que empecemos a encontrar series en las cuales la disección de partes del cuerpo es un hecho común en todas ellas. El artista era consciente de las partes de su cuerpo, precisamente, porque las notaba, porque le dolían.

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Sordo homenaje a Dios, 1971

 

Algo similar le ocurrirá con el ojo, cada vez con una pérdida de visión más desarrollada. Así, además de algo más técnico, como sería la disolución de los contornos de sus figuras o el uso de la lupa para pintar, lo que conlleva que nosotros también tengamos que acercarnos a ellas para conocerlas bien y percibir sus texturas y detalles, el artista creará un diálogo entre él y su ojo, como si de un ente independiente se tratara.

Al principio era el ojo, tenemos la tentación de decir ante la obra de Joan Ponç. Pronto este ojo empieza a vivir una vida propia e independiente, separada de todo cuerpo, y explora el universo con una mirada implacable, fría y penetrante, que desciende a las profundidades del ser. -  Jacques Lassaigne, 1978

 

La Muerte

Conforme la exposición va avanzando, percibimos con mayor intensidad, no sólo su progresiva ceguera o la angustia que desprenden sus obras, sino también su cercana muerte. Es en este momento que el artista se trasladará a los Pirineos, a Ceret.

La última sala de la exposición, precisamente por ello, recibe el nombre de La última carrera y es que, volviendo a esas mágicas premoniciones que en todo momento se dieron en la vida del artista, también podemos percatarnos a través de sus obras cómo Joan Ponç, a pesar de que su muerte fue prematura e imprevista (murió en 1984, a los 56 años, a causa de un paro cardíaco tras un trasplante de riñón), percibía que el final lo tenía cerca.

De este modo, sus autorretratos nos transmiten, nuevamente, la ansiedad de los inicios, no sólo por las formas que observamos en ellos (algunos, incluso, muy vinculados con Hyeronimus Bosch, El Bosco, o Pieter Brueghel a la hora de reflejar ese mundo hostil que lo rodeaba, las miserias del ser humano – si estáis interesados en ello, existe una tesis doctoral sobre el tema, así como también un artículo en la revista Matèria, titulada De Bosch a Joan Ponç: imaginari i genialitat, de Manel Garcia Clavero – , aunque en cierta manera gran parte de su obra me recuerda también al surrealismo de Remedios Varo), sino también por la desaparición progresiva de sus miembros, como si se estuviese diluyendo poco a poco.

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Otras piezas nos muestran, claramente, su ojo vacío por completo.

Suite Fondo del ser, 1975-1979

 

La obra que, no obstante, nos muestra con seguridad este sentimiento de muerte, este abandono del autor del final de sus días, es la última que realizó, un autorretrato en el que, además de esos cuerpos diluidos que comentábamos, observamos también cipreses, el árbol de la muerte por excelencia, y unas líneas que, si las contemplamos desde la distancia, bien nos podrían recordar a un electrocardiograma.

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Su serie Cajas secretas, 424 miniaturas realizadas en las salas de espera de los hospitales, durante los 5 años que pasó de consulta a consulta intentando encontrar una solución a su ceguera, llegando incluso a Lyon, son también una clara muestra de esta desesperación del artista. Como anécdota, decir que Joan Ponç fue unos de los primeros pacientes en ser operados de glaucoma con láser en Europa.

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Barcas, sombreros de copa, planetas, insectos… Como si de un compendio de su obra anterior se tratase, en su última etapa vuelven a surgir todos estos elementos que ya encontramos al inicio de la muestra y, como si de algo mágico, nuevamente, se tratase, tras la muerte de Joan Miró, esa figura tan sagrada para el protagonista de esta exposición, en 1983, un año después, lo hizo Joan Ponç.

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En definitiva, ya para concluir, sólo decir que La Pedrera, además de recuperarnos la figura de un personaje realmente importante dentro de la Historia del Arte catalán, nos has permitido conocer de cerca el sufrimiento de un artista que consiguió ser un genio de una manera magistral, canalizando no sólo su sufrimiento a partir del Arte, sino también innovando con técnicas de lo más variopintas en él pero siempre sin olvidar la tradición que le precedía.

Una exposición que, si bien es cierto que consigue transmitir esta angustia del artista, dejándonos con el corazón encogido por completo al salir de ella, nos muestra también de una manera didáctica y completa toda la trayectoria de uno de los artistas del siglo XX más remarcables de nuestra historia artística.

 

Para más información:

La Pedrera   www.lapedrera.com/ca/exposicions/joan-ponc

Associació Joan Ponts   www.joanponc.cat

Musée d’Art Moderne de Céret  www.musee-ceret.com

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