¡La Barcelona desestimada!

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A menudo hablamos de la Barcelona del pasado, de la que era y ya no es, de la que hemos perdido…

Sin embargo… ¿qué tal si imaginamos la Barcelona que hubiese podido ser? ¿Esa Barcelona repleta de proyectos que, finalmente, no se llevaron a cabo y se dejaron archivados en un cajón, a pesar de su carácter ambicioso e innovador?

¡Esto es precisamente lo que ha hecho Carme Grandas, doctora en Historia del Arte y gran conocedora de nuestra ciudad! Un personaje destacado dentro de la recuperación de la historia de Barcelona que hemos citado en más de una ocasión en La Bcn Que Me Gusta, especialmente en motivo de la entrevista que yo misma le realicé para mi capítulo de “La Barcelona d’Hermes”, por sus altos conocimientos en iconografía fúnebre y, en especial, en arte indiano y del siglo XIX.

En esta ocasión, la recordamos por la reciente publicación de su último libro“La Barcelona desestimada”, una obra que ya va por su segunda edición (¡se agotó a las pocas semanas de salir!), académica, seria y muy bien documentada, lejos del sinfín de libros superficiales sobre Barcelona que últimamente encontramos en las librerías de la ciudad. Si queréis conocer un poco más al respecto, os recomiendo visualizar la entrevista que recientemente se le realizó en el programa Terrícoles de Betevé.

De este modo, mediante constantes visitas a archivos y centros de documentación, Carme nos explica, a todo lujo de detalle, algunos de esos proyectos que no se llegaron a llevar a cabo y que abarcan tanto aquellos que, dentro del contexto de la Desamortización de 1835 y su consecuente ganancia de terrenos públicos, en solares como los de los antiguos conventos de los Capuchinos o los Franciscanos, tuvieron un uso embellecedor y funcional en una Barcelona moderna y con aspiraciones de crecer y hacerse un lugar en Europa, como los más actuales.

Así, encontramos proyectos de lo más monumentales, como podrían ser…

Aquellos que, siguiendo la nueva tipología de escultura sobre columna que la Francia napoleónica recuperó de la Antigüedad, pretendían homenajear a Isabel II, el General PrimJacint VerdaguerPi i Margall o Colón, entre otros.

Los distintos planes urbanísticos que hubiesen podido haber creado una Barcelona completamente distinta a la actual, como eran las propuestas competidoras con el Pla Cerdà, el Pla d’Enllaços de Léon Jaussely o el Pla Macià del GATCPAC.

Las ciudades jardín como la Lake Valley Park d’Heribert Alemany en Vallvidrera (la citamos ya hace un tiempo en La Bcn Que Me Gusta) o la propuesta residencial en los actuales Jardines de Pedralbes de Jean Claude Nicolas Forestier

Las diferentes ideas para la Plaça de Catalunya

O el ya más moderno, conocido por todos, utópico proyecto de zoológico marino, que tenía que crearse en la zona del Fòrum.

 

Con la entrada de hoy, pues, me gustaría hacer un recorrido distinto a los habituales; un paseo, ya no por la historia de nuestra ciudad a nivel monumental, arquitectónico y urbanístico, sino por esa Barcelona que no llegó a ser.

Para ello, “La Barcelona desestimada” de Carme Grandas fue un perfecto compañero de viaje para conocer toda esa información que muchas veces cuesta encontrar publicada, precisamente por tratarse de proyectos abortados y sin futuro alguno. Es por ello que muchos de los proyectos e información publicados en la entrada de hoy proceden precisamente de este libro.

Por tal de no extenderme mucho, pues realmente son muchas las propuestas desestimadas que podemos encontrar en el libro y, a su vez, animaros también a tenerlo en vuestras manos, he elaborado una humilde lista “Top 10“ a partir de aquellas que más me han impactado o gustado.

¡Aquí os la dejo! ¡Espero que la disfrutéis y que os despierte un poco el gusanillo por continuar aprendiendo más!   ;)

 

1) El Temple de la Llibertat

Con el fin de ser un monumento homenaje al General Luis de Lazy, militar contrario al absolutismo de Fernando VII y a su abolición de la Constitución de Cádiz de 1812, este primer proyecto que me gustaría presentaros en la entrada de hoy se trata del que podría haber sido el primer monumento contra el absolutismo de la ciudad, cambiando, también así, la tradición de erigir monumentos a monarcas. De hecho, precisamente por su significado, el personaje no fue recuperado hasta el llamado Trienio Liberal, momento en el que, no sólo se ideó este monumento, sino también celebró una despedida al general con un el llamado Elogio fúnebre, un discurso conmemorativo, en Santa Maria del Mar en 1820. En esa misma época, el general fue también trasladado a la iglesia de la Ciutadella.

El templete para conmemorar el general y los ideales liberales, completamente neoclásico e ideado bajo los principios de la Ilustración propia de la época, fue financiado a partir de una suscripción pública en la cual podía participar todo aquel que lo deseara, como podría ser el caso de los monjes escolapios, grandes promulgadores del mismo.

El primer homenaje se levantó en el interior de Santa Maria del Mar para acoger las exequias el día de las mencionadas ceremonia y lectura del Elogio fúnebre. La idea era trasladarlo a una nueva localización, al lugar que ocupaba el convento de los capuchinos en la Rambla, es decir, a la que sería la primera plaza de formato y composición regulares de Barcelona con finalidad de saneamiento en una ciudad saturada. Es en este momento que aparecería el mencionado templete diseñado por Josep Massanès.

Con el tiempo, sin embargo, llegó la monarquía nuevamente y el proyecto quedó en el olvido, pasando a erigirse en su lugar un monumento a Fernando VII y, posteriormente, a su hija Isabel II.

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2) Plazas públicas

A partir de la Desamortización de 1835, como hemos indicado, los terrenos recuperados de la Iglesia pasaron a manos de ayuntamientos e instituciones públicas, los cuales iniciaron un proceso de saneamiento y remodelación de las ciudades.

Es el momento, pues, de las grandes plazas en lugares como el antiguo convento de los Capuchinos o de los Franciscanos. Algunas de ellas se convirtieron en mercados, como sería el caso del resultante Mercado de la Boqueria o de Santa Caterina, mientras que otros llegaron a ser plazas propiamente dichas, como ejemplificarían las plazas del Duc de Medinaceli o la Plaça Reial.

La Plaça Reial se ubicaría en los terrenos del citado Convento de los Capuchinos (hablamos de ella en la ruta que llevamos a cabo en La Bcn Que Me Gusta en motivo del marqet 2013), siendo uno de los primeros concursos públicos que se convocaron en una Barcelona que precisaba ser saneada y modernizada bajo los principios de la Ilustración. Es precisamente de ella que me gustaría hablaros en este segundo proyecto desestimado de la lista que os añado en la entrada de hoy.

La idea inicial del espacio público que conocemos actualmente consistía en la construcción de un teatro, una instalación que complementara el ya existente Teatre de la Santa Creu, cuyos beneficios iban destinados al hospital de mismo nombre. El concurso convocado en 1841, cuya aprobación final dependía de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, contemplaba la construcción de un teatro con capacidad para 3500 personas y una sala para conciertos y bailes. Los dos proyectos seleccionados procedían de los arquitectos Josep Oriol Mestres i Esplugas y Francesc Daniel Molina i Casamajó, aunque se conoce también la participación de Miquel Garriga i Roca y Josep Arrau i Barba.

¿Posibles nombres para el teatro? Desde El Genio o Alí Bei (proyecto que incluía esa arquitectura orientalizante propia del gusto de la época, aunque su interior fuese una copia de la sala del Teatro Carlo Felice de Génova y sus palcos como los del Teatro de Gante) de Arrau a Coliseo de Molina y Mestres.

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Proyecto de Josep Oriol Mestres

 

El concurso incluía también todo un diseño urbanístico de lo más impactante y, a nuestros ojos, también agresivo para el barrio, siguiendo modelos como París o Londres, pues suponía la demolición de casas del Barri Gòtic, no sólo para crear una gran plaza, sino también equipamientos y avenidas a su alrededor, tal y como podéis observar en este plano:

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Proyecto de Francesc Daniel Molina

 

Sin embargo, ninguno de los proyectos llegó a cuajar, motivo por el cual se tuvo que realizar un segundo concurso, el ganador del cual resultó un Molina ya arquitecto municipal de Barcelona. La actual Plaça Reial de Barcelona, pues, es un proyecto bastante racional y académico de este arquitecto. Aún así, no se llevarían a cabo las galerías de hierro y vidrio (a excepción del Passatge Bacardí, del cual tenéis más información en esta reciente entrada del blog Bcn Last Call), así como tampoco los jardines y esculturas (una de ellas es el monumento ecuestre de Fernando II de Aragón de Josep Piquer, la única obra que el escultor realizaría en un espacio público de Barcelona, que dada la inminencia de la visita de Isabel II y la falta de presupuesto, finalmente fue de yeso pero pintada imitando el bronce), que incluía el diseño ganador.

 

Tal y como observamos, el pedestal de la escultura de Josep Piquer, al estar dedicada a Fernando II, incluía relieves con las hazañas de los Reyes Católicos:

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Sin embargo, hubo otros proyectos que, especialmente teniendo en cuenta que nos encontramos también en plena Renaixença, apostaban por otros homenajeados para tan importante plaza. Éste es precisamente el caso de Josep Oriol Mestres, quien escogió, en vez de realizar un homenaje a los Reyes Católicos, conmemorar a Pere III el Gran. En este caso, el proyecto incluía una gran columna que, del mismo modo que la Trajana de Roma, explicase los distintos episodios del rey. Como curiosidad, decir que, al no llevarse a cabo, la primera aplicación en nuestra ciudad de este tipo de monumento sobre columna fue la que encontramos en la actual plaça del Duc de Medinaceli.

Finalmente, la decoración, para evitar controversias, se limitó en unos discretos medallones, que finalmente tampoco se llevaron a cabo, entre los arcos de la plaza.

 

3) Monumento en recuerdo a la Guerra del Norte de África dedicado a la reina Isabel II

La victoria de la Guerra de África, iniciada en 1859 en reinado de Isabel II, fue celebrada por todo lo alto en España y, concretamente, en Barcelona. El retorno de las tropas fue muy esperado, organizando distintos actos e, incluso, construyendo una gran pirámide en el centro de la plaça de Sant Jaume y un gran banquete en los desaparecidos Campos Elíseos.

Tal fue la importancia de dicha guerra que Marià Fortuny nos dejó un interesante y reconocido por todos cuadro sobre la misma, conservado actualmente en el MNAC:

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Medallas en honor a la reina y a la victoria fueron emitidas, así como también muebles secretaires, realizados por Josep Antoni Cabanyeres, actualmente en la colección del Museu d’Història de Barcelona, con temática referente a la guerra de África y del Francés.

Paralelamente, un gran monumento fue también proyectado en honor a la guerra y a la reina, cuya construcción, sin embargo, a causa de distintos acontecimientos políticos, como la llegada de la Primera República Española, entre otros, fue abortada.

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4) Fachada de la Catedral de Barcelona y remodelación del Barri Gòtic

Dentro de todo este proceso de ennoblecimiento de la ciudad, Manuel Girona, banquero y empresario, financió la nueva fachada de la Catedral de Barcelona para, así, acabar con esa imagen pobre que arrastraba desde época medieval.

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Antigua y austera fachada de la Catedral de Barcelona

 

Dada la falta de financiación por parte del Estado y de la propia Catedral, fue él mismo quien sufragó el coste. Para ello, se decidió recuperar un proyecto de 1408 de Carles Galtés de Rouen, conocido como el maestro Carlí.

Por su lado, Josep Oriol Mestres, arquitecto de la catedral desde 1855, presentaría también su propuesta intentando romper la horizontalidad de la fachada con dos grandes torres. Del cimborrio, nacería una gran aguja que permitiese visualizar la catedral desde cualquier lugar de la ciudad.

Ninguno de los dos proyectos se llevaría a cabo, motivo por el cual Manuel Girona no retomaría su idea hasta el reinado de Alfonso XII.

Finalmente, el proyecto fue llevado a cabo por un grupo de arquitectos, August Font y Josep Oriol Mestres, ayudados por Elies Rogent, Joan Torras y Josep Artigas. Sin embargo, un Joan Martorell derrotado (él también se había presentado al concurso, ayudado por sus discípulos Antoni Gaudí y Lluís Domènech i Montaner) consiguió desacreditar el proyecto ganador, a partir de una carta de soporte realizada muchos distintos arquitectos reconocidos del momento.

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Proyecto de August Font y Josep Oriol Mestres

 

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Proyecto de Joan Martorell, ayudado por Antoni Gaudí y Lluís Domènech i Montaner

 

Dentro de esta renovación del Barri Gòtic, destacar dos proyectos que, afortunadamente, no se llevaron a cabo, pues suponían la destrucción de gran parte del trazado y edificaciones medievales.

El primero de ellos se trata del Taber Mons Barcinonensis, el plan de remodelación de Joan Rubió i Bellver, realizado en 1927 y consistente en aplicar todos esos elementos y tópicos que se creían propios de la Edad Media, al más puro estilo Viollet-le-Duc, en Barcelona, convirtiéndola, así, en un gran parque temático.

 

Tal eran sus consecuencias y grado de locura que, incluso, fue criticado en la propia época, como podemos apreciar en esta sátira publicada en L’Esquella de la Torratxa:

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El más espantoso en mi opinión, sin embargo, fue el que concibió Francesc de Paula Nebot i Torrens, convirtiendo el Barri Gòtic en una gran plaza neoclásica monumental, al más puro estilo de capital francesa y arrasando, incluso, edificios como la Casa dels Canonges.

Como podemos apreciar en este dibujo, para monumentalizar la zona, se destruía toda la parte posterior de la Catedral hasta la Plaça de Sant Jaume.

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5) La creación del primer parque público de la ciudad, la Ciutadella

Dentro de todo este proceso higienización, no podía faltar un parque público, un parque lleno de simbolismo, pues se construiría en el mismo lugar que se ubicaba la Ciutadella, esa fortaleza militar y represora de la ciudad.

Para ello, se convocó un nuevo concurso, en este caso a nivel internacional, publicando anuncios en París, Londres, Bruselas, Berlín y Florencia e indicando que el proyecto podía tener como modelo los parques y jardines de las mismas, algo significativo pues nos muestra esos anhelos de la ciudad por equipararse con Europa. Sin embargo, los proyectos que llegaron no acababan de cumplir los objetivos propuestos, motivo por el cual se declaró desierto.

Josep Fontseré, no obstante, ya tenía un proyecto, finalmente no realizado pero que ya especificaba un principio necesario para la propuesta definitiva que llevaría a la práctica años más tarde:

“No derribar para destruir sino derribar para embellecer”

 

6) Urinarios de la Plaça Universitat

Como muchos ya sabéis, del mismo modo que aún ocurre en grandes capitales europeas, como Viena o París, la existencia de urinarios públicos era bastante habitual también en nuestra ciudad, encontrando, por ejemplo, unos bastante importantes en Plaça d’Urquinaona o en Plaça de Catalunya.

Dentro de este plan de higienización que comentábamos, pues, no podían faltar los urinarios. Así, concretamente a partir de la canalización del agua en el recién creado Eixample y de la gran afluencia de personas por la ciudad, se creyó oportuno diseñar unos en la Plaça de la Universitat.

En este caso, el arquitecto que se encargó de ello fue Juli M. Fossas, arquitecto municipal de Malgrat de Mar, el Masnou y Arenys de Mar, así como también miembro de instituciones como la Associació d’Arquitectes de Catalunya o la Junta del Conservatori del Liceu. Desde el año 1900, fue también ayudante en el Ajuntament de Barcelona, institución en la cual acabó entrando como jefe de las Oficinas de Urbanización y Obras.

Él fue, pues, el encargado de diseñar un ejemplo de mobiliario urbano a partir de los parámetros modernistas del momento pero que, sin embargo, consiguió adaptar a su lenguaje propio mediante los vínculos de su proyecto con el mundo de la música, una de sus grandes aficiones.

Es por este motivo que la propuesta incluye unas proporciones, un ritmo y una belleza realmente anómalos para una construcción que tiene que acoger un acto tan básico y corriente como es el orinar. Así, en él encontramos hierro y cristal para sus marquesinas y farolas, así como también piedra para el resto de la construcción, suavizada con un trabajo delicado en el escudo de Barcelona que tenía que ornamentarla.

El proyecto, sin embargo, no llegaría a llevarse a cabo pero sí supondría que su creador fuese ascendido a la posición de jefe de la División de Higiene municipal.

 

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7) Plaça de les Glòries

La Plaça de les Glòries es el gran agujero negro de Barcelona, el gran despropósito por el cual se invierte dinero pero del que, sin embargo, no se obtienen resultados. No estoy diciendo nada nuevo, puesto que recientemente, precisamente, se publicó en la prensa la necesidad de volver a llevar a cabo el concurso de finalización de las actuales obras. Algo, pues, que acontece desde hace años, impidiendo que ese lugar que tenía que ser el centro de la ciudad, no obstante, nunca haya podido ver realizados sus sueños.

Ja Ildefons Cerdà la concibió así en su Pla y, más tarde, dentro del Pla d’Enllaços, también lo hizo Léon Jaussely, el primer extranjero en ganar un concurso público en Barcelona y figura que fue muy bien acogida entre los miembros de la Lliga Regionalista, entre ellos Joan Maragall, Francesc Cambó o Josep Puig i Cadafalch, precisamente porque su propuesta, además de moderna y adaptada al gusto de la Europa del momento, rompía con ese Pla Cerdà impuesto desde Madrid.

Son muchas las propuestas que han pasado por esta gran plaza, nudo de comunicaciones de nuestra ciudad. Sin embargo, la de Léon Jaussely es realmente impactante y un buen ejemplo de esa admiración que Barcelona tenía hacia ciudades como París o Londres, capitales que la ciudad condal tenía como modelo a seguir.

¡Os dejo la fotografía para que podáis opinar vosotros mismos sobre este proyecto monumental e inmenso para la Plaça de les Glòries del año 1911!   ;)

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8) Funicular de Sant Pere Màrtir

Otra de las finalidades de esta Barcelona que crecía fue, además de hacerlo mediante el mar con distintos proyectos alrededor del Frente Marítimo y, concretamente, a raíz de la Exposición Universal del 1888, reencontrarse con la montaña, con esa Sierra de Collserola en la cual siempre se habían celebrado encuentros populares y “aplecs”.

Así pues, la reurbanización de Collserola sería también un anhelo para la ciudad, no sólo con proyectos como el del Dr. Andreu o Vallvidrera, sino también con la creación de infraestructuras que permitiesen acceder a ella.

Concretamente, encontramos el caso de Sant Pere Màrtir (hablamos en alguna ocasión de esta colina de Collserola en motivo de distintas rutas de La Bcn Que Me Gusta, como podría ser la Barcelona Magic Line o la salida nocturna en bici eléctrica, así como también de las romerías que se realizaban en su pequeña ermita) y el funicular que tenía que dar acceso desde Barcelona a su monumental estación y restaurante, localizados en la colina y dentro de una edificación ecléctica que mezclaba los elementos propios del castillo con los del palacio, así como también los renacentistas con los románicos y góticos.

Un proyecto del arquitecto Fèlix Cardellach y del ingeniero Tomàs Brull que fue, incluso, loado por la revista D’ací i d’allà, especialmente teniendo en cuenta que nos equipararía a tantas otras capitales de Europa que ya disfrutaban de su propio funicular y punto elevado con vistas sobre la ciudad que aportaba una zona de recreo en plena naturaleza, como sería el caso de París o Grenoble, entre otros.

La estación inferior del funicular tendría ubicación cerca de la Font del Lleó, una zona que también empezaba a urbanizarse y a tener su importancia en la ciudad, tal y como veremos en uno de los siguientes proyectos de esta entrada.

De este modo, de haberse realizado, esta gran estación de funicular hubiese supuesto ser un importante conjunto de ingeniería que hubiese acercado la ciudad a Collserola. Sin embargo, la falta de presupuesto, tanto para su construcción como mantenimiento, imposibilitaron su llevada a cabo.

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9) Zona residencial de los Jardins de Pedralbes

En 1915, Francesc Cambó invitó a Barcelona a uno de los paisajistas más representativos del panorama europeo del momento. Se trataba de Jean Claude Nicolas Forestier quien, tras haber trabajado en París, así como también en otras zonas ajardinadas de las distintas capitales europeas, desarrolló el paisajismo de Barcelona, no sólo encargándose de Montjuïc, sino también de otros jardines privados de la ciudad.

El mismo Cambó le encargó este noveno proyecto desestimado que destacamos en la entrada de hoy, el que sería el tercer gran parque de la ciudad tras la Ciudatella y el citado parque de Montjuïc.

Así, su propuesta para los Jardins de Pedralbes, localizados en una zona completamente bajo la influencia del Pla d’Enllaços de Léon Jaussely, destacaba dos zonas bien diferencias. De este modo, mientras que la parte superior de la zona se dejaba casi en estado virgen, conservando su carácter más boscoso, la parte inferior implicaba una mayor actuación, convirtiéndola en unos jardines claramente afrancesados.

Tales eran sus grandes dimensiones que el epicentro del parque lo encontraríamos en el actual cruce entre Avinguda Diagonal con la Avinguda d’Esplugues. De todo ello, sólo restó el núcleo de lo que más tarde sería el barrio de Pedralbes y, más concretamente, la zona de la Font del Lleó y la Avenida Pearson, y es que el proyecto nunca se llevaría a cabo como el paisajista lo había ideado.

¿Los motivos? Aparte de las ambiciosas dimensiones, el hecho de que los terrenos fuesen del conde Güell, cuyos hijos, tras su muerte, tenían otros intereses: repartir los terrenos de tal manera que, con su urbanización, el valor fuese mucho más elevado que el dinero que les ofrecía Cambó. Dicha urbanización conllevaría la prolongación de la Avenida Diagonal y la reconversión de la zona en Palacio Real, así como también la creación del barrio de Pedralbes, tal y como hemos dicho en unas líneas anteriores.

De este modo, la idea de Cambó de crear una gran zona residencial ajardinada perdía fuerza, a la par que un ayudante de Forestier diseñaba los jardines de ese palacio real que finalmente se construiría.

Por su parte, Forestier retomaría todo ese proyecto que no pudo finalmente llevar a cabo en Lisboa, con el plan de extensión de la Avenida da Liberdade.

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10) La Sagrada Família

¡Qué distinta hubiese sido la Sagrada Familia si se hubiese llevado a cabo el proyecto inicial!

En el año 1877, la Associació de Devots de Sant Josep encargó una iglesia parroquial, dedicada a Sant Josep Obrer y en unos terrenos limítrofes con el Eixample pero que pertenecían a Sant Martí de Provençals, al arquitecto Francesc de Paula Villar i Lozano. No obstante, la construcción no se iniciaría hasta 1882, momento en que se iniciaron también las discrepancias con Joan Martorell, asesor del presidente de la cofradía, Josep M. Bocadella, y arquitecto definitivo del proyecto, dejando sólo la supervisión de la cripta al arquitecto inicial.

Por esas cosas de la vida, sin embargo, éste dejó el proyecto de la cripta a Antoni Gaudí, colaborador de Joan Martorell en la construcción de las Saleses del Passeig de Sant Joan.

Un proyecto, como podéis observar en este grabado, muy distinto al que finalmente realizó Antoni Gaudí, con un estilo más medievalizante e, incluso, claras influencias del Monestir de Ripoll, lugar en el que Francesc Villar había colaborado con Elies Rogent en su reconstrucción.

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Ya para concluir, sólo reiterar que “La Barcelona desestimada” nos muestra cómo, por simples anécdotas o hechos azarosos de la vida, Barcelona podría haber sido muy distinta a como es ahora; una ciudad más monumental pero también quizá con menos carácter, por el mero hecho de que muchos de estos proyectos eran quizá demasiado ambiciosos para el momento.

Sea como sea, de haberse aplicado, hubiésemos obtenido una Barcelona distinta a la actual, ni mejor ni peor, pero sí una Barcelona diferente a la nuestra. Sólo por eso, sólo para conocer nuestra propia identidad, merece la pena conocer cuáles fueron los proyectos desestimados y, lo que es más importante, por qué se desestimaron.

En definitiva, esta última obra de Carme Grandas se convierte en un libro necesario en nuestra estantería, no sólo por el interés que pueda despertar entre aquellos que disfrutamos conociendo nuestra ciudad, sino también por toda la información que conlleva, de una manera quizá no tan explícita, conocer el porqué de determinados hechos para la Barcelona de hoy en día.

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