La Universitat de Barcelona… ¡La gran obra del Sexenio Democrático!

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Arquitectura… en la entrada de hoy me gustaría hablaros de la arquitectura de un lugar muy especial para nuestra ciudad, cultura e historia; de una edificación icono de Barcelona que, además, ha sido observadora de grandes hechos históricos, guerras, manifestaciones y actos pero que, sin embargo, pasa desapercibida por el simple hecho de que siempre ha estado ahí, a pesar de que también se trate de un punto de encuentro para muchos de nosotros, al ubicarse en pleno centro de Barcelona.

Se trata de la Universitat de Barcelona, de ese gran edificio, obra de Elies Rogent, que marcó un antes y un después para la ciudad, al trasladarse con él la universidad como tal, el punto máximo de saber de la sociedad del momento, desde Cervera a Barcelona nuevamente.

Precisamente por ello, el arquitecto fue consciente de que tenía que diseñar un edificio que representase el país pero también el conocimiento, del mismo modo que también fuese práctico para los estudiantes y profesores (el edificio tenía que tener unas magnitudes adecuadas para una población de 120.000 habitantes en Barcelona en 1835, en su momento escasa pero que, rápidamente, crecería) y encarnase la ideología, el nuevo estilo y modernidad de la fase histórica y urbana que Barcelona iniciaba tras el derribo de las murallas.

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Año 1865, inicio de su construcción

 

Una Barcelona universitaria

Elies Rogent (hablamos de él en la entrada sobre la Casa del Cotó, anterior Casa Boada y actual hotel Cotton House, tal y como podéis ver aquí), gracias en parte al pensamiento teórico de Pau Milà i Fontanals, representante del romanticismo plástico catalán, sería el responsable de recuperar esa vieja idea de Universidad que no se pudo llevar a cabo en su momento a causa de los distintos hechos históricos consecuentes a la derrota de 1714.

En un inicio, la idea de su construcción pasaba por demoler el antiguo convento del Carme, una acción bastante económica, pero que conllevaba no confiar en el Pla Cerdà (de hecho, Elies Rogent tenía ciertas reticencias hacia ese plan impuesto por el gobierno central), justo recién implantado, y considerar el Barri Gòtic como el único legítimo para tener construcciones institucionales.

Así, pues, se decidió crear un espacio urbano digno para un edificio de tales características a partir de la creación de una parte en la ciudad adaptada a él, regulando, incluso, los distintos viales al mismo.

El lugar ideal para ello sería una localización cercana al Passeig de Gràcia (antiguos Campos Elíseos) pero, a su vez, cerca de la antigua ciudad amurallada.

Con esta premisa, aparte de la de Elies Rogent, aparecieron distintas soluciones:

Ildefons Cerdà: su opción de localización de la nueva universidad se plasmaba en el cruce de Gran Via de les Corts Catalanes con Passeig de Sant Joan, dado que el nuevo centro de la ciudad dentro de su plan urbanístico tenía que localizarse en la Plaça de les Glòries Catalanes.

Daniel Molina: su opción, del mismo modo que ocurrió con la de Ildefons Cerdà, también se consideró demasiado alejada del centro antiguo, puesto que su intención era localizar la Universidad en el Passeig de l’Esplanada, en la zona de la antigua Ciutadella.

 

Finalmente, pues, ante tal discrepancia, se reunió a los tres arquitectos para llegar a un acuerdo. De este modo, el 1 de agosto de 1861, se decidió que la Universitat de Barcelona se localizara en una arteria principal del nuevo Eixample pero en la zona de contacto con Ciutat Vella (se construiría en el área resultante de la demolición de las murallas) y que ocupase varias manzanas del Pla Cerdà. Así, a pesar de que parezca que el ganador fuese finalmente el Pla Cerdà, la solución fue bastante salomónica e, incluso, en el fondo, Elies Rogent fue quien acabó aplicando su criterio, al construir la Universidad con la fachada hacia el Barri Gòtic, dando la espalda al nuevo y moderno Eixample.

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Mirando hacia el Eixample encontramos los jardines de la Universitat de Barcelona. Abiertos al público, se convierte también en una delicia pasear por ellos. 

 

El estilo

La Universitat de Barcelona, del mismo modo que ha ocurrido con muchos otros edificios de la época o del arquitecto, fue y es considerada una edificación neorrománica y ecléctica, procedente de ese estilo que todavía estaba buscándose tras una época bastante perdida artísticamente hablando, a partir de esa labor de recuperación del esplendor de la cultura catalana que estaba llevando a cabo la Renaixença.

Sin embargo, la obra de Elies Rogent en realidad va mucho más allá y afirmar lo antes mencionado es simplificarla, tal y como se menciona en el libro “Elies Rogent i la Universitat de Barcelona”, escrito en conmemoración al 150º aniversario de su construcción en 1987 y usado como medio de documentación para redactar esta entrada (podéis encontrarlo completamente digitalizado aquí).

En realidad, pues, tras la construcción encontramos también influencias de vanguardia de la época, como podría ser el pensamiento de Francesco Milizia, cuyo libro, “Principii d’Architectura Civile”, era el favorito de Elies Rogent, significando, así, que detrás de la Universitat de Barcelona encontramos también el pensamiento más avanzado del s.XVIII, así como también un pensamiento científico aplicado a la arquitectura y el arte.

Elies Rogent, además, viajó a Italia y Alemania, donde aprendió también el clasicismo romántico alemán, el neoclasicismo de Schinkel y Vonklenze y el Rundbogenstil (el estilo de arcos redondos). Todo ello fue aplicado de manera literal en la Universitat de Barcelona, a pesar de que no se especifique en sus memorias.

Por otro lado, se precisaba también que la arquitectura fuese expresiva, que diese la información que se pretendía que diese, creando, así, un monumento al saber. De esta manera, se formalizó la idea principal del conjunto y se enfatizó subordinando el resto de partes de la arquitectura a ella, siendo esta el elemento que presidiría la composición y que se encontraría en la parte central del edificio. Se trataría, pues, de un lugar que no sólo representaría todas las disciplinas, sino donde también se otorgarían los grados, el Salón de Grados o Paranimf, símbolo de la Universidad en sí misma.

Según esto, el estilo neorrománico sólo lo encontraríamos en determinados elementos, especialmente tras el trabajo de Elies Rogent en el Monestir de Ripoll, y no en la concepción total de la obra.

 

La composición

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La Universitat de Barcelona, bajo una concepción racional, se caracterizaría por tener tres cuerpos y un eje de simetría central, localizado en el primer cuerpo, a partir del cual se ordenaría toda la composición. En el centro encontraríamos el mencionado Salón de Grados o Paranimf, precisamente el punto de unión entre las dos alas simétricas de los costados, esos dos cuerpos completamente iguales, cada uno con su patio interior, que se desarrollarían a partir de él. El acceso al vestíbulo también se ubicaría en este cuerpo central.

Todos los elementos de la construcción, además, corresponderían a una organización jerárquica, siempre vinculándose con esa idea de Universidad que encontraríamos en el cuerpo central.

El cuerpo principal tendría, pues, la obertura más grande, la puerta principal, mientras que en los dos cuerpos laterales se hallarían los pequeños accesos al jardín. Dentro de cada uno de estos cuerpos, encontraríamos un segundo eje de simetría que marcaría la perspectiva de las arcadas de los patios.

Como se puede apreciar, pues, la Universitat de Barcelona se convierte en un elemento completamente racional y equilibrado, donde cada elemento tiene un porqué y se encuentra organizado reflexivamente.

 

Esta simetría estaría aún más reforzada con las dos torres de cada uno de los extremos de la construcción.

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La iconografía

Toda ella también giraría entorno de esta concepción de creación de un símbolo, de mostrar esa idea de Universidad, a la par de renovación y modernidad, siempre ligado todo ello a la catalanidad (aunque también hay que tener en cuenta que, precisamente porque finalmente el Estado retocó el proyecto, arquitectos como Lluís Domènech i Montaner o Antoni Gaudí realizaron proyectos paralelos con la misma función que aún destacaban más este aspecto), que se pretendía obtener con esta construcción.

Las esculturas del vestíbulo, el primer elemento que encontramos nada más entrar, serían de Venanci y Agapit Vallmitjana, una elección hecha a dedo por el arquitecto, dado que Elies Rogent no creía en el concurso que se pretendía llevar a cabo.

Por otro lado, encontraríamos las obras pictóricas, dispersas por todos sus salones, 40 de las cuales, gracias a que su director era de Girona, Francesc Sans i Cabot, y tenía una importante ideología descentralizadora, fueron cedidas por el Museo del Prado de Madrid. El Museu de Balaguer y el MNAC también hicieron importantes donaciones.

 

El programa iconográfico, sin embargo, tendría su máximo esplendor en ese cuerpo central que hemos comentado, en el Salón de Grados o Paranimf.

En él, de este modo, de la mano de Josep Mirabent, encontramos distintos momentos destacados de la historia cultural española, tales como la España goda, la musulmana, la Reconquista de Castilla, la Corona de Aragón, la España renacentista o la moderna, entre otros.

La idea inicial de su creación consistía en invitar a distintos artistas catalanes. Sin embargo, dicha propuesta fue vetada por la Real Academia de San Fernando, quien, además, prohibió algunos temas. De este modo, se abrió un concurso a nivel nacional.

¿El coste de la construcción final? Unas 166.709,80 pesetas

¿Su lectura? Primeramente, el conjunto con los ideales de la Renaixença, la Ilustración plasmada especialmente en el Paranimf y, finalmente, la Revolución de Septiembre con las esculturas del vestíbulo. La lectura, pues, se iniciaría en el vestíbulo y finalizaría en el Paranimf.

 

El Paranimf

El salón más importante de la Universitat de Barcelona por razones obvias, por ser el lugar en el cual se llevarían a cabo, no sólo los actos más destacados, sino también la otorgación de los grados, de ahí que también fuese el que mejor representaba el ideal de Universidad y modernidad que se pretendía obtener.

Un lugar realmente sorprendente que no deja indiferente a nadie, especialmente por ese aire ecléctico, pero también solemne, que acoge el conjunto, a la par de todos esos elementos más propios del estilo neomudéjar que del clasicismo del cual disfrutábamos en la arquitectura exterior. Pero, no sólo por eso, y es que en su interior encontramos también 6 importantes obras de pintura histórica de lo más interesantes.

 

¿Sus temas?

Todos ellos, como hemos comentado, vinculados a la historia cultural de España:

1) El Concilio IV de Toledo, presidido por San Isidoro de Sevilla. En él, observamos también el rey visigodo Sisenand, quien aparece en el concilio inesperadamente con el objetivo de que las distintas autoridades eclesiásticas le perdonen el hecho de haber destronado a Suíntila y usurpado la corona. Su autor fue Dionís Baixeras, quien, tal y como el mismo artista indica en sus memorias, siguió el texto “Historia General de España” de Modesto Lafuente para realizarlo.

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2) La civilización del Califato de Córdoba en tiempos de Abd-al-Rahman III. El mismo artista que el del tema anterior fue quien ganó el concurso para la segunda obra del Paranimf donde, por un lado, adquiere una especial importancia la arquitectura mudéjar (en perfecta relación con la neomudéjar de la sala), mientras que, por el otro, observamos la música y la poesía, así como también las artes y ciencias cultivadas por los musulmanes, como serían la Química y las Ciencias Naturales.

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3) Alfonso X el Sabio, también obra de Dionís Baixeras, rodeado por sus colaboradores, nos muestra la cultura castellana y le da también su papel destacado en el conjunto del Paranimf. En esta tercera escena, vemos cómo el rey sujeta un manuscrito para dictar, con él, a los frailes la “Crónica General de España”. A uno de los lados, observamos los geógrafos, mientras que al otro encontramos un grupo que representaría los sabios que intervinieron en la redacción del Fuero Real y Las Siete Partidas. Detrás, un caballero da el fuero al pueblo. Todo ello hace que se convierta en una escena completamente historicista, motivo por el cual la Real Academia de San Fernando no tuvo que corregir ningún elemento al artista.

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4) Los consejeros de Barcelona solicitan a Alfonso V el Magnánimo la creación de una universidad en la ciudad en 1450. En este tema de Ricard Anckermann, el rey ya no centraliza la composición sino que lo encontramos a la izquierda de la misma, siendo Joan de Marimon y Bernat Capila quienes ocupan el centro. La escena tiene lugar en la Torre Octavia, en el Reino de Nápoles.

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5) El Cardenal Cisneros recibe un ejemplar de la Biblia Políglota imprimida en Alcalá de Henares. Se trata de una obra de Joan Bauzà i Mas.

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6) Los estudios impulsados por la Junta de Comercio de Barcelona se trata de un tema estrictamente barcelonés realizado por Antoni Reynes. A pesar de que su esbozo fue premiado, se trata del autor que más críticas recibió de la Academia, tildándolo de tener mal gusto en la distribución de los grupos y ser una obra monótona. El artista lo mejoró haciendo que, finalmente, nos recuerde a la Escuela de Atenas de Rafael de las Estancias Vaticanas.

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Ya para finalizar, simplemente destacar que el conjunto del Paranimf fue considerado moderno y abierto de culturas y mentalidades. Sin embargo, con el tiempo, en cuanto a distribución especialmente se refiere, fue cambiando, encontrando en época de la restauración monárquica, por ejemplo, modificaciones que añadían figuras alegóricas del nuevo poder, así como también posicionando los reyes en una situación central en un espacio que tenía que haber sido más cultural que un lugar de representación del poder.

Con el tiempo, la imagen central, incluso, fue substituida por Alfonso XIII y, posteriormente, por Francisco Franco.

Actualmente, encontramos a la Purísima Concepción, sin sentido alguno en el conjunto, motivo por el cual son muchas las personas que, por razones históricas, están pidiendo que se coloque el retrato de Alfonso XII.

 

Si queréis profundizar con el sentido artístico e iconográfico del Paranimf, os recomiendo la lectura de un texto de Mireia Freixa, historiadora del arte de la Universitat de Barceona, titulado “Elies Rogent i la construcció del Paranimf de la Universitat de Barcelona”, resumen de la ponencia que tuvo lugar dentro del 9è Congrés d’Història de Barcelona (2005), titulado “Cerdà i els altres. La modernitat”. Tenéis el texto digitalizado aquí.

 

Elena Maseras, Dolors Aleu i Riera y Martina Castells Ballespí, las primeras mujeres universitarias de Barcelona

Elena Maseras fue la primera mujer matriculada en la Facultad de Medicina de la Universitat de Barcelona y también de toda España (1872), algo que consiguió gracias a una Real Orden del rey Amadeo I que permitía a las mujeres estudiar dicha disciplina. Su entrada al aula fue recibida con aplausos pero no por ello le fue sencillo pues, tras finalizar los estudios, el hecho que fuera mujer supuso que se tardara más de tres años en otorgarle el permiso para realizar el examen que la convertiría en licenciada. Finalmente, lo obtuvo en 1882, examinándose y consiguiendo un excelente. Sin embargo, no se doctoró y, desanimada por las dificultades burocráticas por ser mujer, se dedicó a la enseñanza, siendo las primeras licenciadas y doctoras en Medicina de España Dolors Aleu y Martina Castells.

Para conocer más sobre estas tres grandes mujeres, os recomiendo la lectura de esta entrada, documentada, además, con links de lo más interesantes.

 

Visitas guiadas

Si queréis conocer un poco mejor el interior de la Universitat de Barcelona, así como también sus interiores, la institución dispone de tres tipologías distintas de visita guiada de lo más interesantes. Podéis encontrar más información aquí.

Además, si preferís algo más cómodo, también podéis visitar los distintos salones de la Universidad a partir de su visita virtual y las distintas vistas de 360º que podéis encontrar en ella.

 

Una manera de conocer una construcción que realmente se convirtió en un símbolo, no sólo por lo que supuso su regreso a la ciudad tras el Decreto de Nueva Planta, sino también por todos los elementos que encontramos en su interior, así como también por la posición privilegiada de la que disfruta, siendo un personaje más de nuestra ciudad y de todos los hechos históricos que han acontecido en ella.

Una obra de Elies Rogent que, además, no sólo recuperó la esencia de la universidad como tal, sino también el pasado cultural de nuestra ciudad y país, a partir de su iconografía y, a la vez, adaptándose a la modernidad creando un nuevo estilo que, progresivamente, iría cogiendo forma, pasando de ecléctico con elementos clásicos y medievalizantes al conocido por todos Modernismo.

En definitiva, un icono que quería mostrar en La Bcn Que Me Gusta para, en cierta manera, reivindicarlo.

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