¡La Vall de Camprodon!

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Naturaleza, románico y gastronomía… ¡estos son los tres conceptos que podrían describir la entrada de hoy!

Hoy, en esta Salida desde Barcelona, os propongo un recorrido por la Vall de Camprodon y, de hecho, lo hacemos siguiendo el ciclo de entradas que publiqué hace ya un tiempo, ese paseo por l’Alt Urgell, el Berguedà y el Ripollès que conformó mi Semana Santa pasada (podéis encontrar las distintas entradas aquí - Un paseo por la cuna de Catalunya y el románico, aquí – El Berguedà industrial y modernista y aquí – La Catalunya d’Àngel Guimerà).

De este modo, a partir también de un segundo ciclo de tres entradas que iré publicando poco a poco, os propongo continuar la ruta del año pasado siguiendo este recorrido hacia el Este, es decir, por la Vall de Camprodon (primera y presente entrada del ciclo), el Alta Garrotxa (segunda entrada) y, finalmente, ya para volver a Barcelona, Banyoles (tercera entrada).

Todo ello lo visitamos en una Semana Santa de cuatro días que nos permitió conocer rincones de Catalunya realmente interesantes, tanto a nivel cultural como natural, y que bien se podría adaptar también a distintas salidas de un solo día, de ahí que, del mismo modo que hice el año pasado, la publique fragmentada, en vez de mediante una sola entrada, en La Bcn Que Me Gusta.

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La Vall de Camprodon

Como indica su nombre, se trata de un valle con nombre propio y una identidad muy marcada, no sólo por su proximidad a Francia, sino también por los Pirineos y el río Ter, uno de los ríos más caudalosos y largos de Catalunya tras el Ebro. Una zona que, además, se encuentra plasmada en el mapa a partir de un Y que marca, a su vez, un paisaje que ha cautivado tanto a los primeros excursionistas el siglo XIX como hasta nuestros días.

Josep Pla así nos lo indicó en su “Guia de Catalunya”:

“queda estructurada per un sistema de corrents d’aigua que dibuixa una Y gairebé perfecta. El vèrtex d’aquesta Y és a Camprodon, en el punt d’intersecció del Ter i del Ritort. Les dues banyes de la lletra estan representades, cap al nord, pel Ter pròpiament dit que, per la Roca i Setcases, neix en el cercle d’Ulldeter; l’altra banya és el Ritort, que continua cap al nord-oest devers Molló i s’alimenta inicialment, en el sistema muntanyós comprès entre Montfalgars i Costabona. El conjunt forma un ventall grandiós de muntanyes que separen la comarca del Conflent i del Vallespir, terres de la Catalunya francesa”.

Josep Pla, Guia de Catalunya; Ed. Destino, 1971 (pàgines 104-106)

Un lugar, además, cuyo punto de entrada y salida en este ciclo que os propongo será Camprodon (en su página web oficial encontraréis más información), localidad en la cual hacíamos noche y desde donde realizábamos todas las salidas.

Y es que Camprodon no sólo da nombre al valle, sino que también funciona de centro en la zona y esto lo podemos percibir dando simplemente un paseo por sus calles, llenas de vida y ambiente, a la par que observamos cómo se trató, además, de un importante centro de veraneo durante finales del s.XIX – inicios del XX, gracias, en parte, a la destacada labor del Dr. Robert, quien recomendaba a sus pacientes barceloneses el aire fresco de la Vall de Camprodon para mejorarse.

Así pues, en Camprodon no sólo encontraremos símbolos emblemáticos y reconocibles de la zona, como podrían ser su puente románico, las galletas Birba (desde 1893) o los embutidos, sino también un ambiente muy propio de ese veraneo de montaña, con caserones modernistas, actividades los fines de semana y una interesante oferta gastronómica y de ocio, de ahí que también nos decidiésemos por localizar nuestro alojamiento en dicha localidad.

 

Los grandes caserones modernistas los encontraremos, especialmente, en los paseos de la Font Nova (pasear bajo su arboleda es una delicia) o de Maristany, en los cuales, incluso, han tenido residencia personalidades del país, como podrían ser el presidente Juan Negrín, Joan Maragall, Joan PonçIsaac Albéniz (destacar que, dado que el músico era nativo de Camprodon, incluso podemos encontrar un pequeño museo a su memoria), entre otros.

 

¡Pero en Camprodon también podemos encontrar muchos otros encantos! Por descontado, el Pont Nou es de los más importantes y una estampa imperdible de la población, esa postal que todos los visitantes buscan nada más llegar.

Os recomiendo subir a él y observar desde su punto más alto, no sólo su torre del reloj, sino también la unión de los dos ríos que atraviesan la localidad, el Ritort y el Ter.

 

Con su solo arco y construido en el siglo XII, su nombre nos recuerda que ya antes había habido un antiguo puente que unía la villa con la Cerdanya. De hecho, en el mismo puente se encontraba la Porta de la Cerdanya, que daba acceso a la población.

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El siguiente paso que os recomiendo hacer es recorrer la calle principal de Camprodon, la calle València, aquella en la cual se localiza toda la animación y que nos lleva desde la Plaça del Dr. Robert, lugar en el que un antiguo hotel, L’Hotel de Camprodon, de principios del siglo XX nos recuerda de nuevo este pasado de veraneo, a la plaza de la iglesia.

Santa Maria de Camprodon, restaurada bajo esos criterios propios del modernismo catalán de principios del siglo XX por Jeroni Martorell, quien también se encargó de otros monumentos de la zona como podría ser el mismo Pont Nou, se trata de un lugar también destacado en ese Camprodon medieval que crecía y precisaba también de una parroquia que suministrase los distintos sacramentos cristianos a la población.

En su interior, podemos encontrar las reliquias del santo patrón de Camprodon, Sant Patllari.

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Muy cerca, encontramos el Monestir de St. Pere, un antiguo monasterio del siglo XII (documentado desde el siglo X hasta la Desamortización de Mendizábal en 1835), creado bajo el ideal austero de la orden del Císter, siendo uno de los más activos del Pirineo gerundense, del cual sólo se conserva su iglesia románica pero la cual tampoco deja indiferente, especialmente teniendo en cuenta su interior de piedra y sus bóvedas de cañón apuntadas.

Podéis hacer una visita virtual aquí.

 

El embutido

Si algo caracteriza a Camprodon a nivel gastronómico, además de la vedella del Pirineu, la trufa o el trinxat, entre otros, es el embutido, especialmente el bull, tanto negro (Bisbe) como blanco, elaborado artesanalmente y de altísima calidad.

Una de las tiendas más emblemáticas y a la cual recomiendo una visita, especialmente teniendo en cuenta su interior, con mostrador de mármol incluido, es la Casa Pairó. Sin embargo, justo en la esquina de la calle València con la Plaça de Santa Maria, encontramos un segundo comercio familiar que, con precios algo más económicos y también una alta calidad, nos ofrece un trato cercano y embutidos exquisitos. Se trata de Can Xan.

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El Hotel

Finalmente, antes de proseguir con el resto de pequeños pueblos del valle, recomendaros el alojamiento en el cual hicimos noche.

Se trata del Hotel Edelweiss, un hotelito sencillo, familiar que, si bien es cierto que su categoría quizá es justa para las prestaciones que ofrece, quedando sus cuatro estrellas algo limitas (los precios también son más económicos que cualquier hotel de su misma categoría), encontramos un ambiente casero y cercano.

¡Su desayuno, con un trato amabilísimo de sus trabajadores y unos productos locales exquisitos, es una delicia!

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¿Un restaurante?

Para comer, El Pont 9, justo delante del emblemático puente de mismo nombre, se convierte en una elección fantástica, especialmente teniendo en cuenta su trato realmente exquisito pero cercano y su cocina tradicional catalana (destacar que la carta se encuentra, precisamente, dedicada a l’àvia Conxita, quien dejó el legado culinario a los actuales propietarios) con esos toques más innovadores y suculentos que lo convierten en algo especial.

¿Nuestra elección? Crema de bacalao con huevo poché y sus albóndigas, una tabla de embutidos, surtido de croquetas, calamares a la romana y un menú bastante completo que sirven los mediodías y noches (tenéis el de primavera aquí).

¿De postre? Món de xixona y Canelón de piña con biscuit de regaliz y gelatina de hinojos

¿El precio? Unos 29eurs por persona, teniendo en cuenta que éramos 4 comensales e incluyendo una botella de vino (Gregal de Juvé i Camps), pan con tomate y cafés.

 

Para cenar algo informal, os recomiendo también dos bares con unas tapas y bocadillos exquisitos. Uno de ellos es El Caliu, localizado en la misma plaça Major, y el segundo, Els Castanyers, llevado por una familia y en el que encontrar también una gran variedad de platos informales.

 

Los pueblecitos de la Vall de Camprodon

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Dado que Camprodon se encuentra justo en el medio de la valle y que nuestra intención era comer en Beget, iniciamos nuestra ruta por Vallter 2000 (ya hablamos de ello en una excursión que realizamos por el nacimiento del río Ter y el Bastiments y que podéis encontrar en esta entrada de La Bcn Que Me Gusta), un lugar que, dependiendo de la época del año, os permite disfrutar de la nieve y que incluye unas vistas fantásticas sobre el circo que crean las montañas en la zona.

 

Vilallonga de Ter

Pasando antes por el reconocido Setcases, encontramos La Roca, junto a Tregurà y otros pequeños pueblitos, agrupado dentro del término municipal de Vilallonga de Ter.

La Roca, como su nombre indica, se ubica sobre un curioso montículo, lo que la hace aún más carismática y tener unas calles empedradas y en subida realmente encantadoras. Concretamente, se ubica en el antiguo Castillo de Palancà del siglo XIII, del cual sólo se conserva la capilla, excavada en la misma piedra y visitable, de la Mare de Déu de la Pietat de la Roca.

 

Durante vuestro paseo por sus calles empedradas, no podéis obviar finalizar el recorrido en su parte más elevada (no tiene mucho desnivel y la subida es bastante rápida y fácil). ¡Las vistas son también preciosas!

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Llanars

Antes de llegar de nuevo a Camprodon para seguir hacia el lado derecho del valle, os recomiendo una parada rápida en Llanars para conocer su iglesia románica, Sant Esteve de Llanars. De nuevo, una de esas pequeñas iglesias en las cuales el tiempo parece haberse detenido y que aún conserva su encanto medieval.

En su interior, podéis encontrar el frontón de altar de Sant Esteve, uno de los pocos que se conservan in situ y que no han sido trasladados a museos como el MNAC (visita en La Bcn Que Me Gusta) o el Museu Episcopal de Vic (hablamos de él también en La Bcn Que Me Gusta).

Nuevamente, podéis realizar una visita virtual a su interior clickando aquí.

 

Beget

Prepararos porque una mala carretera, estrecha y llena de curvas, os espera… ¡pero el final es realmente encantador y bien merece el sufrimiento anterior!  ;)

Y es que Beget es un verdadero pesebre, un pueblecito que, encastado entre las montañas, pues observaréis cómo en pocos metros descendéis bastante, pasando de 1000m a 600m sobre el nivel del mar rápidamente (si tenéis que hacer alguna llamada importante, realizarla antes, pues no hay cobertura en todo el pueblo), conserva ese encanto medieval con el cual fue creado.

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¡Un paseo por sus calles, nuevamente empedradas, como es habitual en la zona, se convierte en una maravilla!

 

Pero, sin lugar a dudas, su gran atractivo es su iglesia, la iglesia de Sant Cristòfol de Beget, románica y del siglo XII, con ese campanario lombardo y sus ábsides perfectamente conservados. ¡La cerecita, sin embargo, la encontramos en su interior!

Yo no tuve oportunidad de poder entrar, pues desconocía que, en caso de estar cerrado, se puede pedir la llave a alguno de los dos restaurantes del pueblo, pero si podéis, merece una visita. Y es que en su interior encontramos uno de los grandes cristos en majestad (con su túnica de emperador bizantino y despierto) que se conservan en Catalunya.

Se trata de la Majestat de Beget, restaurado y completado con pinturas de Joaquim Vayreda.

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¿Para comer? Si vuestra intención es como la nuestra, es decir, comer en Beget, intentad llevar la reserva hecha con bastante anterioridad pues, dado que sólo hay dos restaurantes en Beget, se hace bastante complicado encontrar mesa.

Nosotros fuimos al emblemático El Forn de Beget, un restaurante – fonda – hostal que se engloba dentro de los restaurantes más antiguos del país, pues se encuentra documentado desde 1586 con el nombre de Hostal de Dalt.

Comimos realmente bien, con comida típica de la zona y muy casera y un precio de unos 20eurs aprox por persona (elegimos patatas de Olot, canelones de verdura y queso de cabra, un menú diario, pastel de la casa, mató, flan y músico, además de bebida y cafés).

Sin embargo, también cabe destacar que nos quedamos con las ganas de probar Can Jeroni, un restaurante con toques más modernos y que, incluso, se mereció el Premi d’Arquitectura de les Comarques de Girona en la categoría de interiorismo en 2005. ¡Lo que sí pudimos hacer en él es el vermut con vistas a la iglesia románica!

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Rocabruna

De regreso dirección Camprodon y dejando esa carretera tan horrorosa que nos llevó a Beget, encontramos el término municipal de Rocabruna, un municipio muy pequeño pero localizado en un paraje precioso entre las montañas de Montfalgars

 

Si cogéis el camino, podréis llegar también al Castell de Rocabruna, un conjunto que, si bien es cierto que sólo se encuentra parcialmente conservado, tiene unas vistas sobre el Pirineo y el Alta Garrotxa muy interesantes (para acceder a él, hay que dejar el coche cerca de la iglesia y hacerlo andando a través de un sendero).

Este castillo del siglo X es el que dio nombre a la localidad, precisamente, por el color de las piedras de su entorno y usadas para su construcción, realmente oscuras.

Entre muchas de las leyendas que giran alrededor de él, se encuentra aquella que dice que en su interior hay un tesoro enterrado. Es tan firme dicha creencia que, incluso, una vez cayó un rayo y los vecinos fueron corriendo al castillo con la esperanza de que el derribo de una parte de éste a causa del rayo hubiese expuesto el famoso tesoro.

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Una vez más, una iglesia románica, Sant Feliu de Rocabruna, preside el conjunto.

 

Molló

Finalmente, antes de volver a Camprodon, en el caso de que hagáis noche ahí, o a Barcelona, si habéis planteado esta entrada como una salida de un día, encontramos la localidad de Molló.

Conocida por sus vínculos con algunos episodios de la Guerra Civil, como la huida hacia Francia del Gobierno de la República, o incluso anteriores como los conocidos Fets de Prats de Molló, protagonizados por Francesc Macià desde la cercana ya francesa localidad de Prats de Molló, incluye también una interesante iglesia románica, de campanario también lombardo y una portalada en cuyas ménsulas encontramos una curiosa iconografía con los pecados capitales. Dedicada a Santa Cecília, pues, se trata de otra visita dentro del románico de la zona de lo más interesante.

Podéis también realizar una visita virtual clickando aquí.

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Con esta última visita, finalizamos este recorrido de un día por la Vall de Camprodon, un paraje de Catalunya que, si bien es cierto que tiene lugares muy turísticos, no deja de ser un gran desconocido para muchos de nosotros. En definitiva… ¡un lugar lleno de encanto que bien seguro no os defrauda!

Dicho esto… ¡dejamos aquí la que sería la primera entrada de este ciclo!

Pronto… ¡el Alta Garrotxa!

 

Para más información:

Turisme de la Vall de Camprodon   www.valldecamprodon.org

Turisme del Ripollès   www.elripolles.com

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