Llamber, entre el Cantábrico y el Mediterráneo

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¡Volvemos con nuestras salidas gastronómicas!

En esta ocasión, algo más selecto e innovador pero, sobre todo, más cultural ya que nos permite conocer la gastronomía típica de dos zonas geográficas españolas sin movernos de Barcelona. Por un lado, la asturiana con sus pescados y postres y, por el otro, la mediterránea, concretamente la catalana, con su all-i-oli y pan con tomate.

Todo ello en un lugar que, a pesar de encontrarse en pleno centro turístico de Barcelona, no tiene nada que ver con el típico concepto gastronómico turístico que acostumbramos a tener (he de reconocer que si no había probado antes el Llamber era por mis reticencias a que su servicio estuviese demasiado enfocado al turismo). De este modo, sin movernos del Born, justo delante de su icono más emblemático, el Mercat del Born, nos encontramos con un rincón en el que disfrutar de la comida, sus sabores y distintas combinaciones de una manera de lo más placentera.

De hecho, el mismo chef del Llamber, Francisco Heras, nos lo comentó durante nuestra visita pues él, al fundar el Llamber (y aún ahora), no quería dirigirse en ningún momento hacia un público turístico propiamente dicho (que también), sino hacia ese alguien que disfruta del placer de la comida, del hecho de probar sabores nuevos sin sentirse usado por lo que pueda representar en un contexto concreto, de ahí que sea un lugar realmente agradable, tanto para comer o cenar, se sea turista o local. De hecho, disponen de un menú diario, de unos 15eurs, para los trabajadores de la zona.

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¿Su principal característica?

Como hemos indicado en unas líneas anteriores, Llamber se caracteriza por tratarse de un restaurante de cocina de fusión entre la tradición cántabra y la mediterránea. Pero no sólo eso sino que, además de entremezclar sabores de ambas gastronomías, nos permite también probar nuevas combinaciones elaboradas a partir de la tradición, es decir, saborear platos de toda la vida, como podría ser el típico arroz con leche asturiano, pero con esos toques de innovación que hacen que se convierta también en algo distinto. Innovar a partir de la tradición, sin perder todos esos elementos que caracterizan ambas cocinas, sería una de las grandes proezas de este restaurante y cuyo resultado me dejó realmente encantada.

Todo ello, unido al hecho de que progresivamente Francisco Heras, de tradición asturiana pero actual barcelonés formado gastronómicamente hablando en la cocina catalana, evolucione cada vez más hacia una cocina más saludable, de manera que podamos probar sabores nuevos sin olvidar que también es importante cuidarse, así como también apostar por proveedores de kilómetro 0 y con productos ecológicos o artesanales, sería otra de sus características.

De este modo, además del pescado y las delicias propias tanto del Mar Cantábrico como del Mediterráneo, encontramos también platos elaborados con productos como la quinoa, el miso o el sésamo, como ocurre en la ensalada de algas que elegimos durante nuestra comida.

Podéis encontrar la carta  en su totalidad, dividida entre pica-pica, platinos y llambiotaes (postres a la asturiana), clickando aquí.

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¿Sus fundadores?

Eva y Francisco, una leridana y un asturiano procedente de Avilés, son los responsables de este tipo de comida que tanto nos fascinó.

Una combinación realmente perfecta pues, mientras que Eva ha aportado ese toque cálido pero con elementos originales al diseño del restaurante (Eva, además de en pastelería, habiendo trabajado incluso para el restaurante Saüc, se encuentra especializada en diseño y, concretamente, en diseño rústico gracias a su trabajo en el Hotel Rural Cal Paller en el Pirineo leridano, recibiendo incluso el premio al Mejor Proyecto de Turismo Rural de Catalunya otorgado por las CEE), Francisco ha sabido unir a la perfección todos esos elementos propios de la tradición culinaria de la cual proviene con los que la ha acogido y prueba de ello es que tanto en Avilés como en Barcelona encontremos una taberna gastronómica con todos esos platos y combinaciones que hacen tan especial su cocina.

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Foto extraída de la página web de Llamber

 

¿Su nombre?

Ni Eva ni Francisco conocen cuál es la raíz de la palabra “llamber”, pero sí su significado. Antes hemos hablado de los llambiotaes… ¿no os parece muy sugerente para designar al postre?

Y es que “llamber”, en asturiano, significa “lamer”, es decir, “pasar la lengua por alguien o algo”, así como también “picotear algo entre horas”. En definitiva, un concepto que en el fondo es lo que podemos hacer en el restaurante / taberna gastronómica que hoy os presento y que nos indica un poco de dónde venimos y hacia dónde vamos.

 

¿Nuestra elección?

El concepto primordial de Llamber a la hora de pedir es el de compartir, es decir, disfrutar de distintos platos a partir de ese valor tan social que la comida lleva siempre en sí misma y que, una vez más, nos relaciona con el significado de su nombre.

De todas formas, cabe destacar que en depende qué platos, si se prefiere no compartir, también cabe la posibilidad de pedir media ración y no entera.

Siendo 4 personas y teniendo en cuenta que era comida y no cena, nos decidimos por los siguientes platos:

Anchoas con pan dulce de escanda y queso La Peral (¡creo que fue mi favorito de entre todos los platos que probamos!)

Tataki de atún sobre ajo blanco

Ensalada de algas con quinoa negra, cebolla, miso y caviar de sésamo

Patatinas al Cabrales con praliné de avellanas

Arroz Venere con minivegetales y emulsión de aguacate y cilantro

Pulpo gratinado con queso “Gamonéu D’onao” y espuma de patata (¡éste no se quedaba atrás tampoco!)

Morcilla de Burgos con chipirones (sin lugar a dudas… ¡la combinación más osada de nuestra elección!)

 

¿Y de postre?

Arroz con leche asturiano 

Casadielles (postre típico asturiano reinventado por Francisco Heras al hacerlo más pequeño y menos pesado que la receta tradicional de su abuela) con helado de romero (¡la primera vez que lo probaba y la verdad es que me encantó!)

Mousse de chocolate blanco con frambuesas y sorbete de grosellas

 

¿El precio? Dividido el total entre 4 personas, el cual incluía pan con tomate para acompañar, vino a copa (Vega de la Reina, verdejo D.O Rueda) y cafés, nos salió por unos 30eurs aprox. por persona, un precio que no encontré para nada caro teniendo en cuenta los productos usados, la elaboración y presentación de los platos y el trato recibido en ese ambiente informal y cómodo que supone el hecho de compartir o “llamber”.

Par concluir, pues, sólo decir que Llamber, del mismo modo que afirmé en su momento con el peruano Ceviche 103, se ha convertido en otro de esos restaurantes que podría englobar dentro de mi lista top 10 de entre todos los publicados en La Bcn Que Me Gusta! ¡Y al que tengo que volver sí o sí para continuar probando los platos de su extensa carta!

¿Qué me decís vosotros? ¿Os animáis a probarlo?   ;)

 

Para más información:

c/ de la Fusina, 5

llamberbarcelona.com

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