¡Lluïsa Vidal, la Pintora del Modernismo!

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Hoy… ¡Volvemos al MNAC, a ese lugar que cada dos por tres hay que volver sí o sí!  ;)

En esta ocasión, lo hacemos para visitar una nueva exposición temporal (hasta el 15 de enero) que, no sólo nos abre hacia al mundo de una artista no siempre conocida por todos y todas como debería, sino que también nos acerca a una de esas figuras femeninas que más se han escondido a lo largo de la Historia del Arte catalán, a pesar de su importancia, técnica y reconocimiento durante el Modernismo.

De hecho, sólo para poner un ejemplo, tal fue la acción en contra de ella que se llevó a cabo que, incluso, aprovechando su virtuosismo y técnica, muchas de sus obras se firmaron, ante el auge de Ramon Casas, como Casas en vez de suyas para poder extraer el máximo beneficio monetario de ellas.

El MNAC ya hace tiempo que trabaja por la recuperación de artistas que, a pesar de su importante trabajo, han pasado desapercibidos (lo vimos ya en el caso de Xavier Gosé), pero en esta ocasión ha ido mucho más allá acercándonos a la obra de una figura femenina como es Lluïsa Vidal; con una exposición que tiene lugar, precisamente, a la vez que el Museo del Prado realiza su primera exposición monográfica dedicada a una mujer (¡a buena hora!), a Clara Peeters.

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La Pintora del Modernismo, así la describe la comisaria de esta delicada exposición, Consol Oltra. Y es que, realmente, Lluïsa Vidal fue en su momento la figura femenina más destacada de dicho periodo, no sólo codeándose con las más altas figuras del momento sino, incluso, realizando importantes exposiciones en la Sala Parés y en otras galerías de renombre, asistiendo a las Festes Modernistas de Sitges con las más importantes eminencias contemporáneas a ella e, incluso, viviendo del arte a partir de sus retratos, dibujos y academia, fundada en el taller de Isidre Nonell tras su repentina muerte en 1911, entre otros.

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Academia de Lluïsa Vidal

 

Siendo mujer en ese contexto… ¿Cómo lo consiguió?

Gracias al hecho de tener un padre adinerado que apostó en todo momento por el talento de sus hijas.

Lluïsa Vidal, como nos indica su apellido, era hija del gran ebanista Francesc Vidal, un hombre cultivado de procedencia burguesa pero que, en todo momento, inculcó a sus hijas las importancia de saberse ganar uno mismo la vida, de ahí que fuesen educadas todas en el obrador de su padre.

La protagonista de nuestra entrada (una mujer tan moderna en su momento como su contexto le permitió), segunda de los 11 hijos de Francesc Vidal (eran 9 chicas y 2 chicos), quería ganarse la vida siendo una profesional del arte en un contexto masculino y su padre, en todo momento, a diferencia desgraciadamente de muchas otras mujeres de su época, fue el principal encargado de conseguir que lo fuera, no sólo educando a todos sus hijos bajo una sensibilidad especial por las artes (todos ellos fueron unos grandes melómanos y artistas), sino también llevando a Lluiïsa a Madrid, al Museo del Prado para que se empapase de los grandes maestros (se fijaría en especial del retrato del príncipe Baltasar Carlos de Velázquez) e, incluso, financiándole su formación en París y Londres (las cartas que envía a uno de sus hermanos, mostrando su fascinación por la vida en dichas ciudades, son realmente interesantes de leer).

De esta manera, Lluïsa Vidal, además de ser una figura cultivada y capaz de hablar hasta 6 idiomas, se convirtió en una verdadera artista, en una pintora y dibujante del mismo nivel de otras grandes y luchadoras mujeres de su época y que, poco a poco, también vamos recuperando dentro de la Historia del Arte. Mujeres tales como Berthe Morisot, Mary Cassatt o Eva Gonsalès fuera de casa (dentro encontraríamos a artistas como Pepita Teixidor, Elvira Malagarriga, Emilia Coranty o Laura Albéniz), siendo además gran amiga de tantas otras como Caterina Albert (Víctor Català), Dolors Monserdà, Carme Karr (Joana Romeu), Francesca Bonnemaison o Marguerite Durand.

Respecto a mujeres artistas, podéis encontrar más información, obra y motivos de su desconocimiento, aunque sean un poco posteriores (digamos que Lluïsa Vidal y su generación marcaron el inicio de todas las que les proseguirían), en este artículo que realicé en el blog Cultura Conectada y que podéis encontrar dividido en dos partes (Parte 1 y Parte 2).

Pero no sólo eso pues, como hemos indicado en unas líneas anteriores, también se codeó con los hombres de más renombre del Modernismo, siendo gran amiga de Miguel Utrillo o Antoni Almirall, aprendiendo de ellos y de la Escuela Luminista de Sitges.

En su época, decían que pintaba como un hombre, tanto como crítica como elogio (en función de la opinión de quien lo decía, obviamente), por su talento y obra, a pesar de que en ningún momento observemos en ella una mirada masculina, bien al contrario, pues siempre se trata de una obra íntima y elegante no propia de un hombre.

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Fotografía de la artista realizada por Francesc Serra

 

Su obra

Si os animáis a ir, conforme vayáis observando las obras expuestas en esta exposición que hoy os presento, la mayor parte de ellas de gran formato, iréis observando distintos rasgos que se van repitiendo en todas ellas.

En primer lugar, observaréis que se trata de una obra centrada, especialmente, en la mirada cotidiana, en aquella que una mujer de principios de siglo XX encuentra en su entorno. Pero, no sólo eso, pues también percibiréis cómo sus protagonistas siempre son mujeres.

Y es que Lluïsa Vidal, ante todo, evitó los estereotipos propios de la época en cuanto a género sexual se refiere. Tenía muy claro que las mujeres no debían pintar flores y bodegones como siempre se las encasillaba. Lluïsa nunca se dejó llevar por lo que le decían, tanto para bien como para mal, y esto lo podemos observar claramente en sus obras, llenas de fuerza y pasta pictórica, colorido y un trabajo realmente profesional y fresco, propio en gran parte de la pintura à plein air que practicaba y de esa atmosera de sus vacaciones en Blanes, en la residencia de veraneo familiar, y Sitges.

Su pintura estaba viva, era delicada y estaba repleta de matices y sensaciones vaporosas, pero estaba viva. Un buen ejemplo de ello es el de “Les mestresses de casa” (1906), una obra que bien podría pasar por un anuncio de detergente por la frescura que es capaz de desprender.

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Además, tal y como hemos indicado, muchas otras piezas se destacarían por mostrar esos momentos de intimidad de la mujer en el interior de su casa, como bien podemos observar en “Marcelet malalt” (1904), en “La nena del gatet negre” (1903) o en “La puntaire de Blanes” (1902).

 

Los retratos

Lluïsa Vidal fue, además, una retratista reconocida en Barcelona. Los grandes miembros de la burguesía, en especial las mujeres, querían ser retratadas por ella, al ser capaz de transmitir en ellos la naturalidad y expresión de sus protagonistas. Gracias a estos retratos, en gran parte, conseguía vivir al caer el negocio de su padre, aunque también es verdad que en muchas otras ocasiones era también ella la que escogía el retratado, como podrían ser las obras expuestas, en la Sala Parés también, con mujeres catalanas importantes de su contemporaneidad.

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Fotografía de Josep Brangulí de una exposición de Lluïsa Vidal en la Sala Parés

 

Pero los retratos que, al menos a mí, más me fascinaron fueron aquellos que realizó a dos de sus hermanas, Marta y Frasquita, pues mientras que en uno se respira vitalidad mostrando una mujer decidida a comerse el mundo, en el otro reinan la calma y la serenidad, ese momento de reflexión de una violoncelista tras su concierto.

En definitiva, Lluïsa Vidal sabía encontrar y plasmar en sus obras esos rasgos más destacados de cada momento y persona.

“Retrat de Marta Vidal” (1911) y “Violoncel·lista descansant” (1909)

 

Sus dibujos

Pero fueron sus dibujos los que le permitieron hacerse también un lugar en el mundo cultural y social catalán de principios del siglo XX.

En este caso, su gran maestro fue Arcadi Mas i Fondevila y sus lugares de trabajo, básicamente, la Feminal, una revista creada por mujeres y destinada a mujeres de la editorial Il.lustració Catalana, e Ilustración Artística, aunque también lo haría en otras de tan importantes y destacadas, normalmente destinadas más a hombres, como la revista Pèl i Ploma, donde en una ocasión, especialmente, se publicaron con gran relevancia 8 de las obras que expondría también en la Sala Parés, en una exposición del Cercle Artístic patrocinada por la Casa Real.

Será en estas publicaciones, la mayor parte de ellas complemento de distintos escritos y relatos, donde realmente mostrará todo aquello con lo que experimentaba en el taller y que no expondría en las galerías.

Dentro de este ámbito, realizaría también la portada de la novela “Montserrat” de Dolors Monserdà o la de la lujosa publicación que el clero de Vic regalaría al Bisbe Torras i Bages, titulada “Dios y el César”.

“Lo noy del gos” (1907), ”De com en Pierrot esdevingué home de bé” (1921) y ”La mismísima energía” (1912)

 

¿Mi obra favorita de la exposición?

Son muchas las obras que destacaría, en especial esas de mayor formato ambientadas en su intimidad más cercana, así como también sus dibujos, realmente fascinantes. Pero, si tuviese que elegir una de ellas, sin lugar a dudas, me decidiría por “Maternitat” (1897), una escena llena de sentimiento, realizada en Sitges, donde los personajes, sin mirarnos en ningún momento, consiguen llegar a nuestro interior.

Una obra llena de paralelismos donde, a diferencia de las maternidades habituales, en este caso podríamos afirmar que nos encontramos ante una doble maternidad, la de la madre con su recién nacido y la de la hija con su muñeca. Un juego de dobles que bien podría tratarse desde dos perspectivas distintas: tanto aquella que muestra a las mujeres de su momento lo que tienen que acabar haciendo, seguir los pasos de su madre, como una más abierta y liberal que pretende hacerlas reaccionar ante algo estipulado que se puede llegar a cambiar.

Teniendo en cuenta el carácter y fuerza de Lluïsa Vidal, casi me inclinaría más por el segundo caso, aunque quizá soy más de la opinión de que la artista tan sólo quiere mostrarnos ese escenario íntimo que tiene lugar en su casa y, sobre todo, hacernos sentir como espectadores de todo ello, llegando a nuestro interior y haciéndonos emocionar.

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Finalmente, concluir esta entrada recomendando su catálogo, no sólo por toda la información que podemos encontrar en su interior, realmente completa e interesante, sino también por el hecho de llegar a representar una pequeña porción de todo lo que representa Lluïsa Vidal en nuestra estantería.

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¡Ah! Y decir que podéis también aprovechar vuestra visita para, además de ver los imperdibles del MNAC que siempre hay que ver una y otra vez en cada una de nuestras visitas (en la entrada que llevamos a cabo en La Bcn Que Me Gusta sobre el nuevo MNAC, podéis encontrarlos todos), acercaros a alguna que otra novedad… ¡las sombras chinas de Ramon Casas para Els Quatre Gats!

Además, actualmente podéis encontrar otra exposición temporal que también promete, aquella dedicada a otra mujer artista, la fotógrafa Marianne Breslauer.

 

En definitiva, sólo finalizar diciendo que este paso que ha llevado el MNAC y que ya antes había realizado, aunque a menor escala, el Museu del Modernisme, se convierte en una gran oportunidad para recuperar todas esas figuras femeninas que la Historia del Arte se ha encargado de ir tapando, pero no sólo eso, sino también de conocer una de las artistas más delicadas e interesantes del Modernismo; una mujer que, a pesar de su temprana muerte (murió poco después de los 40 años a causa de una gripe y sin poder especificar su profesión, dado que en la documentación legal española no figuraba la profesión para las mujeres. Dejó todo su legado a sus hermanas solteras), fue capaz de emocionarnos a todos y a todas por igual.

 

Para más información:

www.museunacional.cat/ca/lluisa-vidal-pintora-del-modernisme

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