Mala Vida by La Donzella de la Costa

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¡Iniciamos la temporada de veranito y paella!

Así que, primero de todo… ¿Qué tal si cogemos las bicicletas y nos dirigimos hacia Badalona por la vía verde de la costa?

¡Iconos tan emblemáticos como el famoso mono del Anís del Mono se cruzarán por nuestro camino!

 

Una vez hecho nuestro camino, lleno de buenas vibraciones, con el mar en todo momento a nuestro lado derecho… ¡tenemos dos opciones!

1) Continuar por la misma vía del Front Marítim hasta Vilassar de Mar

2) ¡Lo que os propongo hoy! ¡Pararnos en uno de los mejores sitios posibles para inaugurar el verano (incluso despedirlo, dado que no cierran hasta el mes de octubre. De hecho, las fotografías que os añado en esta entrada las realicé, precisamente, el año pasado, en esos últimos resquicios de verano de los que podemos disfrutar durante el mes de septiembre) en un chiringuito como Dios manda!

Hoy me gustaría hablaros de la Mala Vida, el proyecto diurno de la Donzella Beach Club e iniciativa de La Donzella de la Costa, ese mítico restaurante localizado en el Passeig Marítim de Badalona.

Nada más entrar al complejo, lo encontraréis a vuestra mano derecha.

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¡Normativa!

1) ¡Descalzarse! Se trata de la norma primordial para poder disfrutar de la experiencia, pues nos encontramos sobre la arena de la misma playa.

2) ¡Disfrutar de la brisa y el olor a mar, localizado a pocos metros!

 

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Pero, primero de todo… ¿dónde nos encontramos?

En La Donzella de la Costa, lo primero que os llamará la atención y que precisamente es lo que le aporta un encanto especial al conjunto son sus casetas blancas y azules. Y es que nos encontramos en unos antiguos baños, inaugurados en el año 1928, que gracias a la iniciativa del señor Ramon Durich, la tercera generación de una familia de pescaderos de Badalona con parada en el Mercat de Santa Caterina de Barcelona desde hace más de 100 años, se recuperaron en lo que conocemos, todavía hoy en día, con el nombre de La Donzella de la Costa.

De esta manera, gracias a él y a un grupo de jóvenes cocineros (de ahí también ese aire fresco del local), se recuperó este espacio que, poco a poco, iba decayendo, a la par que, con su tradición pescadera, se consiguió inaugurar en él un espacio gastronómico de buen pescado, paellas y fideuás.

Los propietarios, sin embargo, aún continúan siendo los fundadores de este emblemático espacio de Badalona, encargándose el Sr. Durich sólo de la gestión del restaurante.

 

¿Por qué en Badalona?

A pesar de la presencia de la vía del tren en la misma playa (Badalona fue uno de los primeros pueblos en estar conectados con esa vía ferroviaria creada entre Barcelona y Mataró en 1848), esos terrenos que pertenecían al Marqués de Barberà, en los cuales los pescadores tejían sus redes (el centro del pueblo se encontraba mucho más al interior), fueron cedidos al ayuntamiento para crear el Passeig de la Rambla, paralelo a la vía y actualmente lleno de pequeñas torres modernistas, y urbanizar la zona tras la llegada de los primeros veraneantes gracias, precisamente, a esta conexión ferroviaria que comentábamos.

En 1868, ya se empezaron a colocar las primeras palmeras y, durante los últimos años de s.XIX, la costa de Badalona ya estaba de moda por completo entre la burguesía barcelonesa para pasar sus vacaciones. La Rambla se convirtió en el lugar simbólico por excelencia de todo este proceso, de ahí que en ella no sólo hubiesen distintos servicios de ocio y restauración, sino también jardines, un estanque con cascada (en el 1928, por miedo al paludismo, se cerró) y diferentes zonas para bailes y ferias.

Paralelamente, se popularizaron los baños de mar y es por este mismo motivo que aparecieron también las primeras casetas en las cuales los veraneantes podían cambiarse y dejar sus ropas. Algunos ejemplos de este tipo de negocios serían El Tiburón o La Sirena.

En el 1928, El Tiburón cambió sus casetas de madera por una edificación de obra y, justo al lado, se abrió un pequeño local, La Donzella de la Costa. ¿Os suena ya por dónde va la historia?   ;)

¿Su nombre? En honor a las canciones que, cada sábado por la tarde, los habitantes de Badalona, incluidos el maestro de la escuela y muchos pescadores, cantaban, guitarra en mano, en la zona. La más famosa de ellas era esa canción que dice “A la voreta de la mar hi ha una donzella”. Tal era su popularidad que los asiduos empezaron a decir “quedamos en la donzella” cada vez que concretaban sus encuentros. Uno de ellos, Quimarru, sería quien decidiría abrir un local destinado a los baños de mar con este nombre.

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Los Baños Titus en Badalona, también símbolo de esta época, nos muestran la proximidad de esa vía del tren que comentábamos. De hecho, se dice que los días de mala mar, las barcas llegaban a la vía y el servicio se interrumpía. 

 

En estos tiempos, La Donzella era una construcción de madera sobre unos pilares para protegerla de las tormentas.

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¿Una curiosidad? En esta época, se empieza a jugar también, justo delante de La Donzella, al ta-ka-tá, un deporte de playa que se acostumbraba a practicar en la Barceloneta y Badalona. Tanto el Titus como La Donzella patrocinaron sus propios equipos y organizaban distintos campeonatos 

 

La Mala Vida

Desayunos a tenedor, brunch, vermuts… ¡y comidas! Así es como La Donzella ha conseguido, a diferencia del Titus, que acabó cerrando e incluso demolido, continuar en el lugar en el cual se encuentra y, en cierta manera, conservar ese primer objetivo con el cual se construyó.

Como hemos dicho, Mala Vida se trata de la versión diurna de la Donzella Beach Club y la versión más informal y playera del restaurante La Donzella de la Costa.

Así que, no nos lo pensamos dos veces y lo fuimos a probar… ¡especialmente teniendo en cuenta la fama de sus paellas y pescado!

 

¿Nuestra elección?

Para empezar a hacer un poco de hambre… ¡unos crudités, a modo de dip, de picoteo, a partir de distintas salsas!

Y después, dado que veníamos con ganas de continuar haciendo un poco de veranito y de coger fuerzas para volver con nuestras bicicletas… ¡una fideuà que realmente nos dejó encantadísimas!   :P

Y, para acompañar, ¡un vinito blanco!

 

¡Todo ello justo delante de la playa!

 

E, incluyendo cafés (no pedimos postres), por unos 20eurs por persona teniendo en cuenta que éramos 3 comensales.

Mala Vida, además, organiza distintas actividades que complementan esas buenas vibraciones de comer junto a la playa, descalzos y con unos productos realmente exquisitos, tales como conciertos o mercadillos.

 

En definitiva, La Donzella se convierte en un buen plan de verano (¡y de fin del verano!) para disfrutar de nuestro tiempo libre mientras saboreamos una buena gastronomía. Pero, sobre todo, se trata de una manera de conservar el que podría tratarse casi del último reducto de una época, del único ejemplo de ese momento tan importante para Badalona y que, además, nos muestra lo que supuso el siglo XIX – inicios del XX para nuestro país.

 

Para más información:

Passeig Marítim de Badalona

www.ladonzelladelacosta.com

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