El Museu Maricel de Sitges

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Hoy nos trasladamos a un lugar bien cerquita y comunicado de Barcelona, a Sitges, a uno de esos iconos de nuestro patrimonio que, a pesar de ubicarse en la comarca del Garraf, tiene una influencia enorme en la Historia del Arte catalán, al tratarse de uno de los núcleos más destacados de un movimiento artístico e intelectual vital para entender nuestro país actual, el Modernismo.

Con la entrada de hoy, pues, nos acercamos al Racó de la Calma de Sitges, a ese rincón lleno de encanto que nos traslada de lleno a ese ambiente bohemio, trasladado directamente desde el Montmartre parisino a Catalunya. Y es que podríamos afirmar que parte del pensamiento y arte del momento a nivel catalán se desarrolló y creció, precisamente, en este punto geográfico.

 

¿Por qué Sitges?

El primer hombre modernista por excelencia que llegó a esta pequeña localidad pesquera fue Santiago Rusiñol, un industrial que, tras su viaje a París para conocer la bohemia de la que tanto se hablaba, un día que visitó a su amigo Víctor Balaguer en Vilanova i la Geltrú, quedó tan fascinado por la luz (siempre diría que dicha luz era la mejor del mundo) y la gente de Sitges, lugar al cual paró para tomar café en su viaje de regreso a Barcelona, que decidió quedarse en ella.

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Así fue cómo, mediante la unión de dos casas de pescadores y el levantamiento de un segundo piso, gracias al trabajo del arquitecto Francesc Rogent, hijo de Elies Rogent, y de la ayuda de su amigo Miguel Utrillo, se instalaría en esta localidad del actual Garraf.

El Cau Ferrat sería el nombre de esta casa taller, también refugio de su gran colección de objetos variopintos y de arte, que instalaría en Sitges, lugar donde llevaría a cabo también las famosas Festes Modernistes, esos encuentros a los cuales los grandes intelectuales de la época serían invitados. De ahí que afirmemos que las grandes ideas y pensamientos del momento surgiesen en Sitges y se explayasen por el resto del país desde este importante núcleo artístico y bohemio catalán.

 

Cau Ferrat… ¿La procedencia de su nombre?

Precisamente, el nombre de Cau Ferrat procede de una de las colecciones, junto al vidrio, la cerámica y el arte, que hallamos en su interior, el hierro forjado, convirtiendo la casa en un gran rincón del hierro.

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La colección también incluiría elementos góticos del antiguo Castillo de Sitges, ubicado antaño en la misma localización que el Cau Ferrat.

Todo ello pasaría a manos del Ajuntament de Sitges con la condición de que nada fuese modificado ni extraído de su interior. Sólo una pieza, además de las que se han ido prestando para distintas exposiciones temporales, saldría del conjunto. Se trata de una cruz que actualmente podemos encontrar en el cementerio de Sant Sebastià de Sitges y que Santiago Rusiñol regaló a su amigo Ramon Canudas, fallecido tras enfermar en París, en esa bohemia que no fue tan dorada para todos, como sí fue para Santiago Rusiñol. Y es que muchos fueron los que vivieron una bohemia negra, rodeados de miseria y precariedad.

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Un recorrido por el Cau Ferrat

Lo primero que nos encontramos nada más entrar a este pequeño rincón lleno de carisma, aparte de un sinfín de objetos, especialmente cerámicos, es un color azul muy característico. Se trata del Azul de Sitges, un azul que bien podría pasar por un azul Yves Klein o un azul lapislázuli. Sin embargo, se trata del azul de Sitges…

Y es que, a pesar de que Sitges fuese conocida como la Blanca Subur por el color blanco de sus casas, existe en ella también un azul muy típico y tradicional que también impregna el interior del Cau Ferrat, el azul de Sitges, que podemos encontrar, no sólo en los patios y algunas casas de la localidad, sino también en la línea que recorre todo su barrio antiguo.

 

Seguidamente, ya nos podemos fijar en el primer espacio en el cual nos encontramos, en la Sala del Brollador, la cual recibe este nombre, precisamente, por la fuente que encontramos en ella, un surtidor actualmente descontextualizado al proceder de la Ermita del Vinyet de Sitges.

 

En las paredes de su entorno, encontramos cuatro pinturas correspondientes a los cuatro lugares en los cuales Santiago Rusiñol fue más feliz:

El Cementerio de Montmartre, una obra con tonos muy neutros y el centro realmente vacío, que representa esa bohemia dorada que vivió en París entre los años 1889 y 1892.

El Pati Blau de Sitges, donde los personajes pasan a ser una excusa para crear una representación paisajista. En 1897, Santiago Rusiñol escribiría un cuento con este mismo título.

El Palau abandonat / Interior del Palau de Víznar (1898), un palacio de Granada que se convierte en una pieza  destacable en esa etapa más simbolista.

Procesión en Pollença (Mallorca) (1902), donde encontramos un gran interés por el paisaje, siendo la procesión algo realmente anecdótico en su conjunto, y un estilo plenamente impresionista.

 

En esta sala, encontramos también algo que nos vincula plenamente con Santiago Rusiñol, las aucas catalanas. Y es que cuando pensamos en el autor, inmediatamente, nos viene a la mente su famosa “Auca del Sr. Esteve”. El diseño del ejemplar que podemos encontrar en la Sala del Brollador del Cau Ferrat es de Ramon Casas y el argumento, ese Ramonet que no quería continuar el negocio familiar en La Puntual de “vetes i fils”, contiene un alto carácter autobiográfico si tenemos en cuenta la vida de Santiago Rusiñol.

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En el mismo espacio, podemos encontrar también objetos arqueológicos encontrados por el propio Santiago Rusiñol en sus trabajos en Eivissa, algo que nos muestra, una vez más, el carácter polifacético del que fue propietario del Cau Ferrat.

 

El Ram de Tot l’Any

En el Cau Ferrat tiene lugar también un récord Guiness, lo que se conoce como El Ram de Tot l’Any, la ofrenda floral que ha perdurado más en la historia. Se trata de la acción de un grupo de mujeres de Sitges que encontramos en el despacho de Santiago Rusiñol del Cau Ferrat, justo delante del retrato que su gran amigo Ramon Casas le realizó, el cual da la casualidad que se trata a su vez de su último retrato.

Este grupo de mujeres que continúan con esta acción de agradecimiento al que fue uno de los personajes más destacados de Sitges se encuentra organizado bajo la Associació del Ram de Tot l’Any, una entidad constituida en el año 1932, un año después al fallecimiento de Santiago Rusiñol, con el fin de rendirle homenaje.

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Actualmente, cuenta con 347 socias, todas ellas acreditadas mediante carnet, las cuales tres veces por semana (los nombres de las mujeres a las cuales les toca cada semana llevar la ofrenda aparecen en “L’Eco de Sitges”) realizan su ofrenda floral.

 

Las baldosas barrocas que encontramos por todo el conjunto proceden de algunos de los palacios de Via Laietana que fueron demolidos en motivo del nuevo plan urbanístico que se llevaría a cabo.

 

El dormitorio

Pasamos a su dormitorio, un espacio que casi no utilizó puesto que, como buen burgués amante de los pequeños placeres de la vida, dado que le gustaba desayunar en la cama, prefería pernoctar en un hotel de Sitges en vez de en este espacio.

En una de las paredes, encontramos un certificado de agradecimiento a su colaboración en la Primera Guerra Mundial a partir de la organización de fiestas que darían soporte económico a los países aliados.

 

Algunas piezas artísticas

Una de las piezas que más me fascinaron durante la visita, pues tenía ya ganas de poder verla en directo, es “La nena de la clavellina” (1893), una obra que nos muestra esa obsesión por la luz que tenía el autor a la hora de realizar sus trabajos.

Justo al lado, nuevamente, encontramos ese palacio de Granada, el Palacio de Viznar, que destacábamos en unas líneas anteriores. En esta ocasión, abandonado, muestra de ese simbolismo que también trabajó el artista junto a la representación del paso del tiempo.

“La casa d’empenyorament”, localizada en la misma pared de la planta baja, nos vuelve a trasladar a su etapa en París y a esa sociedad marginada que tanto querían mostrar los artistas de la época.

 

¡Subimos al primer piso!

Se trata de esa sala que da nombre al Cau Ferrat, a ese gran espacio que entre ejemplos de hierro forjado y vidrio acogió la tercera Festa Modernista.

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Entre todos estos elementos considerados unicums ante la serielización de la época, se hallan las famosas “Magdalena penitente” y “Las lágrimas de San Pedro” de El Greco, un autor muy desvalorizado a finales del siglo XIX, motivo por el cual muchos coleccionistas, como sería el caso de Santiago Rusiñol, aprovecharon para adquirir sus obras. De este modo, de la misma manera que Zuloaga se encargó de recuperar el arte barroco, Santiago Rusiñol y otros personajes del momento lo hicieron con El Greco.

Una gran procesión desde la estación de Sitges al Cau Ferrat no sólo inauguraba esta tercera Festa Modernista que comentábamos, sino que también daba la bienvenida a estas obras adquiridas por Santiago Rusiñol en París.

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Otra obra destacada que encontramos en esta planta es, precisamente, la que se trata de la creación de mayores magnitudes de Santiago Rusiñol; un estudio lumínico de lo más interesante que el artista realizó en la Abadía de Montserrat. Se trata de un oficio de maitines en la ermita de Santa Cecília, recién restaurada, información que conocemos por el comportamiento de algunos monjes en ella, más interesados por las paredes de la ermita que por el oficio como tal.

El Ball del Moulin de la Gallette de Ramon Casas, aquel en el cual observamos una mujer bailando sola, algo impensable en la época, también es una de las piezas que podemos apreciar en este primer piso del Cau Ferrat.

No obstante, la obra más insólita, vinculada también con Ramon Casas, que podemos encontrar en la colección es la que Santiago Rusiñol realizó de manera conjunta con su gran amigo, el mencionado artista. Un retrato doble en el que participaron los dos de tal manera que Rusiñol retrató a Casas y Casas a Rusiñol en la misma obra.

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Por otro lado, encontramos también una serie de piezas que, además de conocidas por todos y todas, reflejan parte de este trabajo por plasmar la psicología de los personajes en la pintura. Éste es el caso de la Gitana del Sacromonte, por ejemplo, melancólica y bien lejos de los típicos retratos folklóricos que se estilaban en este tipo de temáticas.

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Otras serían “La medalla” y “La morfinómana”, dos creaciones que bien podría ser una la continuación de la otra y que, una vez más, nos muestran una introspección que en otras obras no veíamos. El amarillo de las telas nos recuerda claramente a ese Greco que Rusiñol tanto reivindicaba y, una vez más, las obras nos remiten a hechos de carácter autobiográfico, como sería su adicción a la morfina tras la enfermedad del riñón que el propio Rusiñol sufrió.

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Muy cerca, unas lunetas, concebidas tras su viaje a Italia para conocer los clásicos y que, a pesar de parecer realizadas al fresco se tratan de lienzos sobre tela, nos remiten al concepto de obra total de Wagner.

Se trata de una serie de alegorías que dan un sentido al Gran Salón del Cau Ferrat:

La poesía se vincularía con la fuente de la Ermita del Vinyet.

La música se ubicaría en una especie de Arcadia idílica.

La pintura con una especie de procesión de distintos personajes bellos y retratables.

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El Museu Maricel

La visita al Cau Ferrat se combina con una visita al Museu Maricel, ubicado en el Palau Maricel de Mar (diferenciado, aunque también comunicados mediante un pequeño puente del Palau Maricel de Terra, del cual hablaremos un poco más adelante en esta misma entrada).

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La colección, realmente variada e interesante, que podemos encontrar actualmente en el museo forma parte del legado del Dr. Jesús Pérez Rosales. Sin embargo, antaño el palacio acogía la colección de Charles Deering, un gran admirador de Ramon Casas que, desde América y gracias a su relación con Miguel Utrillo, decidió unirse a la vida bohemia de Sitges adquiriendo este palacio (hay que entender el Palau Maricel de Mar y el de Terra como un mismo conjunto) y llenándolo de una interesante colección de la cual actualmente no podemos disfrutar, a causa de distintas desavenencias, como veremos un poco más adelante, con Miguel Utrillo.

Actualmente, pues, la colección de Charles Deering con piezas como el famoso retablo de Sant Jordi de Bernat Martorell o distintos Velázquez se encuentra en los Estados Unidos de América.

La actual colección, donada al Ajuntament de Sitges por el Dr. Pérez Rosales a cambio de que se expusiese en el Palau Maricel, se ubica en las antiguas celas de las monjas del que fue el antiguo Hospital de Sant Joan, reconvertido en palacio por Charles Deering, y dada la gran variedad de épocas y estilos, incluye todo un conjunto de obras de lo más interesantes.

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Bóvedas del antiguo Hospital de Sant Joan

 

El museo, tras una reciente remodelación, dispone de una disposición de las salas fácil y cómoda, con obras tanto medievales como barrocas, novecentistas y actuales. Podéis encontrar el  Top 100 de las obras del Museo aquí.

Sin embargo, lo que la hace distinta y única, al incluir piezas que no podemos encontrar en otros lugares, es su colección de obras de la denominada Escola Luminista de Sitges, con artistas como Arcadi Mas i Fondevila y sus retratos de la sociedad del momento o Joan Roig i Soler, entre otros.

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Por otro lado, destacar la existencia de unas pinturas que marcharon con la partida de Charles Deering a América pero que, gracias a la compra del Dr. Pérez Rosales, volvieron a su contexto original. Se trata del “Milagro de Santa Genoveva” de Josep M. Sert, el mismo artista que se encargó de la pintura mural de la Catedral de Vic.

En el Museu Maricel, además, podemos encontrar un conjunto de piezas que nos vinculan nuevamente con Sitges. Se trata de toda esa decoración que Santiago Rusiñol realizó para el Casino Capitol de Sitges, localizado en el Passeig de la Ribera. La decoración del local remitiría a un Sitges medieval e idealizada, encontrando escenarios tales como el Castell de Sitges, plasmado como si de un cuento de hadas se tratase.

Joaquim Sunyer, como “noucentista sitgetà” pero también una de las figuras del Noucentisme catalán más destacadas, también tiene un rincón destacado dentro de la exposición.

No obstante, la joya de la corona en cuanto a escenografía se refiere es el esperado mirador con vistas al mar, el mismo desde el cual Charles Deering, Santiago Rusiñol y todos sus invitados presenciaban espectaculares obras de teatro marítimas. Es precisamente por este fantástico balcón que el logo del actual Museu Maricel consta de un sol y las olas del mar.

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El Palau Maricel y Charles Deering

En unas líneas anteriores, hemos hablado de la existencia de un Palau Maricel de Terra y otro de Mar unidos mediante un pequeño puente. Así, mientras que el Palau Maricel de Mar acoge el Museu Maricel, el de Terra sí se conserva tal y como era en el pasado, pudiéndose visitar de manera separada a la visita que os he propuesto hoy en esta entrada, entre semana (aunque alguna fecha en fin de semana sí que se puede encontrar) y siempre mediante previa reserva. Podéis encontrar más información aquí.

¿Pero cómo surgió el Palau Maricel y por qué? Tal y como hemos comentado, fue Charles Deering el que, impresionado por el Cau Ferrat, decidió instalarse en Sitges y vivir su bohemia modernista.

Pero… ¿Cómo llegó un americano a Sitges? Charles Deering conoció la obra de Ramon Casas en París. Quedó tan impresionado por una de las piezas de Casas, “La carga”, que en su vuelta a España no dudó en buscar al artista.

A Ramon Casas, en un inicio no le gustó mucho la visita del americano, al tacharlo de ser uno más, como él mismo diría, de “aquellos extranjeros que tenían por costumbre violar la casi religiosa intimidad de los talleres artísticos”. Sin embargo, su opinión cambiaría al darse cuenta de la afición del americano por el arte más allá del mero interés por reunir obras. Miguel Utrillo haría de intérprete en el encuentro. Así, Deering conocería a la vez a Casas y a Utrillo.

Deering adquiriría unas 10 obras de Casas, entre ellas el retrato de Erik Satie, músico del Chat Noir y amigo de Utrillo, Rusiñol y Casas, y tal sería la relación que establecerían, más allá de la meramente profesional y artística que, incluso, Ramon Casas se alojaría en la residencia de Charles Deering en su viaje a América.

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Un día de 1909, Deering y Casas fueron a Sitges. Pasearon en coche por el Vinyet, fueron al Cau Ferrat y cenaron en el pueblo. Tanto fascinó al americano la pequeña localidad pesquera que pidió al ayuntamiento comprar el Hospital de Sant Joan Baptista, emplazado en el baluarte de Santa Caterina. La noticia fue bien recibida ya que el hospital no reunía las condiciones sanitarias e higiénicas para continuar siendo un hospital moderno. Con el dinero de la venta, 40.000 pesetas de entonces, se construyó el nuevo hospital de Sitges. El intermediario, una vez más, sería Miguel Utrillo.

Pocos días después, mediante carta, Deering pedía a Utrillo más ayuda y le daba 10.000 pesetas más para conseguir avanzar el plazo de entrega del edificio y disfrutarlo cuanto antes mejor. Utrillo también lo ayudaría en la compra de obras de arte, especialmente con los Grecos, en esos momentos no muy valorados, tal y como hemos indicado anteriormente.

El Palau Maricel fue realizado a partir de distintos elementos de edificios saqueados del patrimonio catalán y español. Miguel Utrillo fue también el encargado de escogerlos. De este modo, en su fachada, además de capiteles de lo más fantasiosos elaborados por el escultor Pere Jou, encontramos una puerta de acceso de estilo gótico isabelino del Palacio Villena de Cadalso de los Vidrios (Madrid), la puerta del Palau de Raixa (Mallorca), la figura de San Miguel del pont de Balaguer y la balconada de Santa Coloma de Queralt, entre otros muchos elementos.

 

No obstante, Utrillo aprovechó las múltiples ayudas y acciones realizadas para hinchar de tal modo los presupuestos que él mismo obtuviese un beneficio de todo ello. Al descubrirse toda la trama, Charles Deering se enfadó tanto que no sólo abandonó Sitges, sino que también volvió a los Estados Unidos con toda su colección, motivo por el cual un patrimonio tan importante de arte catalán y español se encuentra actualmente cruzado el Atlántico y no en nuestra tierra.

 

La visita

Tal y como hemos destacado en esta entrada, la visita consiste en un combinado Cau Ferrat y Museo Maricel que se puede realizar por libre o mediante visitas guiadas por historiadores del arte. Tenéis distintos horarios, estando todos ellos incluidos dentro del precio de la visita.

Por su lado, el Palau Maricel de Terra, dado que también se utiliza como espacio para eventos, sólo se puede visitar mediante previa reserva y, la mayor parte de las veces, entre semana, a pesar de que en algunas fechas sí hay visita comentada en fin de semana. Podéis encontrar más información aquí.

 

¡Ah! Y si os apetece llevaros algún recuerdo de la visita, así como también profundizar con algún libro en la historia y arte de Sitges, Museus de Sitges dispone de dos tiendasLa Puntual, denominada como la fábrica de l’Auca del Senyor Esteve, y Can Falç, una antigua masía, la casa particular más antigua de Sitges, reconvertida en espacio expositivo y tienda. Podéis encontrar un poco de historia, así como también todo el proceso de rehabilitación aquí.

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Y… ¿Un restaurante?

Y, si queréis completar vuestra visita a Sitges con una buena comida, os recomiendo sin lugar a dudas El Rincón de Pepe, un lugar familiar en el que, además de bien atendido, se puede disfrutar de cocina tradicional y casera. ¡Sus paellas están buenísimas!

Podéis encontrar su carta completa aquí.

¿Precio? Unos 35eurs por persona.

 

Así nos despedimos del Museu Maricel de Sitges, de un rincón que respira arte en cada una de sus paredes, ya sea a partir de todas esas obras expuestas procedentes de la colección del Dr. Pérez Rosales como de la historia que hay tras ellas.

Un lugar que nos traslada al pasado, a ese modernismo y vida bohemia de Santiago Rusiñol, pero que también nos permite conocer, a partir de su nueva disposición museística, nuestro presente, todo ese arte que enriquece lo que actualmente somos.

 

Para más información:

Libro “Charles Deering y Ramon Casas. Una amistad en el arte” de Isabel Coll Mirabent

Museus de Sitges   museusdesitges.cat

Entrada en el blog Criticartt   criticartt.blogspot.com.es/2011/07/que-haria-passat-si-charles-deering.html

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