Nut Gastrobar… ¡toda una sorpresa en La Sagrera!

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¡Iniciamos la segunda semana de La Bcn Que Me Gusta tras las vacaciones con más entradas! Y lo hacemos de la mejor manera posible, sobre todo para los que nos gusta el buen comer… ¡con una nueva propuesta gastronómica!   ;)

Y es que hoy me gustaría presentaros un restaurante diferente a los habituales, ya no por el tipo de cocina sino por la zona en la cual se encuentra, en Nou Barris, en el corazón de La Sagrera.

Se trata de Nut Gastrobar, un restaurante con apenas un año de vida y que pasa desapercibido en un barrio en el que no acostumbra a ser habitual encontrar este tipo de oferta gastronómica y restaurante, más común de barrios como Gràcia o el Born pero que, aún así, veréis cómo la carta intenta también vincularse un poco al barrio en el cual se encuentra con platos como el bacalao con migas, el salmorejo cordobés o fritura gaditana.

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Un lugar elegante pero moderno, con ese toque de buen gusto en su decoración que, rápidamente, no sólo nos invita a entrar, sino también a acomodarnos. Baldosas blancas, detalles en cada uno de sus rincones, bombillas estratégicamente colocadas, cuadros que nos ubican donde estamos… ¡Todo ello convenientemente localizado!

 

¿Su nombre?

Nut, no en referencia a la diosa egipcia del cielo, creadora del universo y los astros, como algunos de nosotros podríamos pensar, sino a la palabra inglesa para designar a las almendras. Una palabra corta pero que, en mi opinión, precisamente por ello se llena de atractivo.

De hecho, muy cerca, encontraréis el Collonut, ideal para hacer unos vinos, vermuts y latas a la hora del picoteo.

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¿Su carta de vinos?

Aparte de su gastronomía, Nut se caracteriza también por su interesante carta de vinos, muy bien maridados todos ellos con la carta pero, además, con un aire muy fresco con nombres, entre los blancos por ejemplo, como Somiatruites, Gesamí, Paco y Lola, Palomo Cojo o Caperucita Verde. Tenéis la carta completa clickando aquí.

¡El que elegimos era una preciosidad! La Sastrería, un vino blanco afrutado de Aragón (Bodegas Añadas) con un etiquetaje muy bien cuidado y que, además, acompañó muy bien nuestra elección gastronómica.

 

¿Qué podemos encontrar en Nut?

Comida elaborada e innovadora pero a partir de alimentos muy habituales; una cocina de fusión que engloba tanto elementos mediterráneos como asiáticos y que, además, se convierte en algo ideal para ser compartido.

Nuestra elección, pues, siendo la hora de comer y dos comensales, se basó en un picoteo que incluía tanto pescado como carne.

De este modo, nos decantamos por las croquetas de chombarro, las piruletas de pollo crujiente con salsa curry tailandés, el tartar de salmón ahumado con mango y frutos secos y el tataki de atún en tempura, mayonesa de wasabi y salsa tarayaki. ¡Todo delicioso!

Podéis encontrar la carta para saber el resto de suculencias de Nut (¡nos quedamos con las ganas de probar el huevo poché y el pulpo a la brasa sobre hummus y aceite de pimienta verde!) clickando aquí.

 

¿Y de postre?

¡Mousse see yuzu con pera caramelizada y chocolate y Tarta Tatin! En este caso, si bien es cierto que también los encontramos exquisitos, quizá, fueron algo escasos en cuanto a cantidad. Aún así… ¡fue una manera perfecta de finalizar nuestra comida!

 

¿Precio? Unos 30eurs por persona, un precio más o menos razonable, teniendo en cuenta de que éramos dos comensales y que la mayor parte de los platos, además del vino, tenían como base el pescado.

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Pero Nut, además de un buen plan gastronómico, ideal para disfrutar comiendo y de una buena conversación, se convirtió también en una excelente manera de conocer un barrio por el que normalmente no transitamos, de disfrutar de otros rincones de nuestra ciudad que desconocemos por completo pero que, sin embargo, no sólo forman parte de Barcelona, sino que también hacen que sea como es, tan viva y llena de encanto.

En una ocasión ya nos desplazamos a Nou Barris, siguiendo el libro Barcelona Metro a Metro, así que esta vez preferimos continuar nuestro camino en dirección opuesta, hacia el Clot y Sant Martí.

 

¿Nuestra primera parada?

Un lugar en el cual no se nos permitió realizar fotografías, por tal de preservar su privacidad, pero que es realmente un pequeño icono del barrio paralizado en el tiempo.

Se trata de la Sociedad Pajaril del Bar La Primitiva (Av. Meridiana, 157), con más de 140 años de historia y a la que, a pesar de que a primera vista pueda parecer un bar sólo para hombres, os sentiréis muy bien recibidos y acogidos por su encargado quien, al menos en nuestro caso, nos dio todo tipo de información sobre los concursos de canto de aves que se llevan a cabo cada sábado en la época de reproducción.

El añadido que tiene el Bar La Primitiva en comparación con muchos otros bares de la zona que se dedican también a este tipo de concursos es que los propietarios de estos pajaritos pueden dejar sus aves en el gran patio que tienen en la parte posterior del local.

Se puede estar a favor o en contra de esta actividad pero, sea como sea, la verdad es que es uno de esos ejemplos más emblemáticos del barrio que, sólo por lo que representa, se convierte en algo realmente interesante de ser visitado.

 

El Clot

Cruzamos la Meridiana y proseguimos nuestro paseo por este pequeño pueblo que, como tantos otros, se unió a Barcelona, a esa gran ciudad que crecía sin cesar, conservando, sin embargo, todavía ahora su encanto. Un paseo por él es una maravilla, especialmente si pasamos por su parte más céntrica, con su antiguo ayuntamiento, el Parc del Clot y algunas de sus pequeñas calles.

 

Sant Martí de Provençals

Pero el lugar que más nos marcó durante este paseo fue Sant Martí de Provençals. No sólo por su entorno, con su ambiente todavía de pueblo y vecinos que os acogerán como en casa, sino también por su historia

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¿Por qué el antiguo pueblo de Sant Martí de Provençals recibe este nombre?

Pues todo proviene, en parte, de una historia triste y macabra que tuvo lugar en la Torre del Fang, residencia de Dolça de Provença, esposa de Ramon Berenguer III.

Según parece, para que no extrañase su tierra, el rey trasladó y ubicó en esta zona del actual Clot a distintos soldados y paisanos suyos. La reina pasaba largas estancias en lo que se acabó denominando “de Provençals” precisamente en referencia a sus nuevos habitantes.
Con el tiempo, sin embargo, el rey empezó a sospechar del amor de su reina con un trovador. Cuando lo confirmó, lo mandó matar y hacer comer a la reina, sin que ella lo supiese, el corazón de su amado.
Cuando la reina supo la verdadera procedencia de esa exquisitez, prometió no volver a comer, muriendo de hambre en el interior de la Torre del Fang.

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Muy cerca, el mítico puente de Santiago Calatrava, el Pont de Bac de Roda, construido para salvar las vías del tren y conectar, así, los distritos de Sant Andreu y Sant Martí.

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Cogemos la Rambla de Guipúscoa… ¡una obra de Jorge Rodríguez Gerada nos estará esperando! Al parecer… ¡el autor se inspiró en las facciones y ojos de distintas mujeres del barrio para poder conseguir un mural lo más similar posible a ellas! Una manera bastante interesante de acercarse y vincularse con el barrio que le da cobijo, ¿no os parece?

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Pero lo que realmente nos hace viajar en el tiempo es la antigua iglesia de Sant Martí de Provençals, un lugar que aún conserva su antiguo encanto a pesar de ubicarse entre grandes edificios iguales y homogéneos, como si de nichos se tratasen, fruto de la gran ola de inmigración que llegó durante los años 60 y 70.

¡Menudos nidos podemos encontrar!

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Pero, tal y como os comentaba, aquello que caracteriza la zona de la cual os hablo, es su iglesia. Rodeada de campos, huertos y zonas destinadas al uso público (guarderías, servicios sociales y otras entidades públicas del barrio tienen aquí también su sede), se convierte en un oasis respecto a la ciudad y el ajetreo de las calles colindantes.

Podéis encontrar su historia, muy vinculada con Santa Maria del Mar, en este artículo del Periódico.

 

Finalmente, decir que podéis encontrar otro icono, aunque ya en Sant Adrià el Besòs, igual de interesante que el resto antes mencionado pero que tiene el añadido de hacernos regresar a estos orígenes de gran parte del barrio más relacionados con la inmigración de los años 60 y 70.

Se trata del Museu d’Història de la Immigració de Catalunya, un rincón en el cual comprender un poco más, ya no sólo la inmigración de la etapa antes citada, sino también la que actualmente estamos recibiendo con los mismos parámetros y comportamientos que en la de su momento.

En este caso, no tuve oportunidad de visitarlo… ¡pero os lo cito por si tuvieseis tiempo!  ;)

 

En definitiva, ya para finalizar, sólo decir que Nut Gastrobar se convierte en una interesante manera, comenzando por el restaurante en sí mismo, de seguir conociendo nuestra ciudad y esos rinconcitos que tan desapercibidos nos pasan simplemente por encontrarse en barrios por los cuales no acostumbramos a movernos.

Han quedado muchas cositas aún por ver y conocer tanto en La Sagrera como en Sant Martí… así que… en otra ocasión… ¡Seguiremos investigando!   ;)

 

Para más información:

c/ Olesa, 4

www.nutgastrobar.com

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