Pasado y presente en el Cotton House Hotel

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Hoy os propongo visitar un lugar que, acompañado de un café en un entorno distinto, os permitirá viajar al pasado desde el presente, conocer el antes y el después de un mismo lugar que, además, desde lejos no parece para nada tener todo lo que podemos hallar en su interior.

Se trata del hotel Cotton House, un hotel de lujo, perteneciente a la cadena Marriott dentro de su línea Autograph Collection, de relativa recién apertura y localizado en el interior de un edificio que esconde dos elementos de lo más interesantes.

Por un lado, sus arquitectos, ambos reconocidos pero, sin embargo, desconocidos en esta obra en concreto, Elies Rogent i Amat (arquitecto de la Universitat de Barcelona) y Nicolau M. Rubió i Tudurí, encargado de su ampliación a mediados del s.XX (personaje muy vinculado al diseño de grandes jardines, la mayor parte reconocidos por todos, como podrían ser los del Parlament de Catalunya o el Turó Park); y por el otro, sus propietarios.

Todo ello, visitando su cafetería donde, si bien es cierto que por la tardanza del servicio y algún que otro problema que tuve consideré que no se adecuaba mucho a un hotel de su categoría, sí os permitirá revivir un lujo muy burgués en el sentido más estricto de la palabra, pues se encuentra en el interior de la antigua sede de la Fundación Textil  Cotonera.

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El logo del mismo hotel ya nos indica su pasado.

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De este modo, hoy os propongo revivir una experiencia entre algodones dentro de un emblemático edificio neoclásico del s.XIX y con una historia desconocida por muchos de nosotros y nosotras, a pesar de que en más de una ocasión hayamos pasado por delante de él.

 

¿Su pasado?

Sus inicios los encontramos en una familia burguesa que, en pleno auge del barrio del Eixample y de la industrialización en Catalunya, en 1879 decidió localizar su residencia en la recién abierta Gran Via de les Corts Catalanes. Se trata de Miquel Boada quien, a pesar de encontrarnos en pleno modernismo, promovió una edificación muy racional y neoclásica, para nada parecida a los edificios de su entorno, en uno de los primeros terrenos fruto de la parcelación del Eixample.

Elies Rogent, el considerado mejor arquitecto del momento, fue el encargado de edificar su residencia, una edificación capaz de reflejar el estatus social de la familia e incluyendo todas las comodidades y lujos que su situación y la nueva ciudad de Barcelona requerían.

La edificación tan sólo disponía de dos plantas pero contaba con un interior de lo más lujoso con vestíbulo, escalera de mármol decorada con esculturas de bronce, chimeneas y salas señoriales.

 

Años más tarde, ya a mediados del s.XX, en 1958, sin embargo, la casa fue vendida al Gremio de Fabricantes de Algodón de Barcelona, actual Associació Industrial Tèxtil del Procés Cotoner (AITPA), creando así la conocida Casa del Cotó, con una sede social el objetivo de la cual era albergar en su interior el mayor número posible de organismos y servicios algodoneros, y ampliando parte del edificio con tres plantas de estilo clasicista, bien diferenciadas de la construcción original con unas pilastras de capitel corintio, pero considerándose uno de los ejemplos de edificación en el Eixample que mejor regidos se encuentran al edificio original en su ampliación, especialmente teniendo en cuenta que se trata de los años 60, según el Catálogo de Protección del Patrimonio Arquitectónico elaborado por el Ajuntament de Barcelona.

En realidad, la idea inicial era demoler el edificio y construir uno de nuevo pero, al proponer el encargo al arquitecto Nicolau M. Rubió i Tudurí, éste se negó a tocar nada que hubiese hecho con anterioridad Elies Rogent y propuso una ampliación a partir del edificio original.

De este modo, bajo esta premisa, Rubió i Tudurí amplió la Casa Boada a cuatro plantas más, propuso una nueva fachada que siguiese el estilo anterior (de hecho, lo consiguió pues actualmente a penas podemos apreciar la diferencia entre ambas secciones), arregló la fachada interior y añadió una gran escalera de caracol suspendida desde el techo, algo realmente impactante a la hora de visitarlo.

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El resto de plantas se concibieron para despachos y oficinas y el ático, con una cubierta de dientes de sierra, imitaba el modelo industrial de las fábricas textiles. El patio interior se completaría con fuentes y pequeñas cuevas decorativas.

 

¿Su presente?

Tal y como os he comentado, actualmente podemos encontrar en él un hotel de lujo que, con muy buen gusto, ha sabido conservar la esencia de su pasado. De esta manera, como si de una casa particular se tratase, con su biblioteca, comedor, distintos rincones y chimenea, podréis revivir su pasado recorriendo cada una de sus estancias. Todo ello, entremezclado con distintos objetos procedentes de esa tradición algodonera, como podrían ser las telas que encontramos en sus estantes, los muestrarios procedentes de catálogos de la emblemática casa Santa Eulàlia o los distintos instrumentos propios del antiguo gremio, localizados a modo decorativo en cada uno de los rincones de sus diferentes habitaciones.

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Aún así, cabe también destacar que los objetos de mayor valor se encuentran actualmente en el Museo Sauleda de Berga, donados en el momento del traslado por la misma asociación textil.

 

En definitiva, un lugar que nos puede recordar a esos ateneos o clubes sociales que tanto se estilaron entre la burguesía de finales del s.XIX, un lugar en el que tomar algo, relajarse con una buena lectura o, incluso, llevar a cabo algún negocio o buena conversación. Algo, pues, que nos remite claramente a su pasado, de ahí que la visita a la Cotton House sea un permanente ir y venir del pasado al presente y viceversa casi sin darnos ni cuenta.

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¿Su decorador? Lázaro Rosa Violán, diseñador del conocido El Nacional, a pesar de que, contrariamente a lo que acostumbramos a encontrar en otros de sus trabajos, en la Cotton House impere el blanco en todas sus tonalidades como indiscutible homenaje al algodón, el gran protagonista del proyecto. El logo del hotel antes comentado también fue diseñado por él.

Y es que en el Cotton House todo hace referencia a esta sensación de encontrarnos “entre algodones”. De este modo, en ocasiones, como sería en el caso de sus sillones y sofás, encontramos un blanco bastante crudo que contrasta con el calor de las maderas y tejidos de estilo colonial y, en cambio, en otras el decorador se decanta más por un blanco marfileño, casi amarillento, u otro que transmite frescor y pureza, pero al mismo tiempo confort, como ocurre en las habitaciones.

En el hotel, encontramos un total de siete tipologías distintas de habitaciones, caracterizadas todas ellas por esta sensación tan algodonera, la cual va unida al tejido de sus sábanas y toallas, todas ellas de la más alta calidad, sólo comparables con aquella con la que se trabajaba en el pasado gremio .

 

¿Los rincones más destacados?

Elementos que ya os he ido citando a lo largo de la entrada, como serían su escalinata de mármol, perfectamente conservada, o la escalera de caracol, construida en esa ampliación del 1957 y cuya característica principal es que no se apoya en el suelo inferior, sino que está completamente suspendida del entramado metálico del piso más alto del edificio, lo que le da un aspecto ligero y aéreo. Esta segunda escalera nos llevaría a la terraza y a la piscina, mientras que la de estilo imperial llegaría hasta la zona de cafetería y a los salones de descanso, todo ello localizado en la planta principal del edificio.

 

Aparte de estos elementos arquitectónicos, tal y como hemos dicho, encontramos la zona de la primera planta, la planta noble de la Casa Boada, donde, además del restaurante Baluart (sí, se trata del famoso restaurante donde Piqué se reunió con Zuckerberg durante el Mobile Congress) y de una terraza que realmente podría ser un oasis en pleno Eixample, encontramos el famoso Gossypium, llamado así al hacer referencia al nombre latino de la flor del algodón, pero también jugando con el concepto británico de gossip o cotilleo. Esto, pues, nos lleva claramente a su función, es decir, a ese lugar que nos evoca a la época dorada del edificio y de una Barcelona que se estaba convirtiendo durante la primera mitad del siglo XX en una gran metrópolis, repleta de burguesía, industrias, negocios, modernismo y exposiciones universales.

 

La visita a la actual Cotton House y pasada Casa del Cotó nos permite, pues, ver que en Barcelona cualquier viaje al pasado y regreso al presente es posible, sólo hay que dedicar un poco de tiempo a todos esos elementos por delante de los cuales pasamos cada día y que, sin embargo, nos pasan siempre desapercibidos.

Concretamente, la entrada de hoy sería un ejemplo de ello, un icono de nuestra ciudad al que se le une el hecho de haberse convertido en algo conocido rápidamente a partir de los medios pero que, a pesar de ello, continuamos desconociendo por el simple hecho de habernos quedado única y exclusivamente con su información más superficial y relativa a hechos tan populares como la antes comentada cena entre Piqué y Zuckerberg, obviando que sus arquitectos fueron dos de los grandes de la ciudad de Barcelona o que su decoración va mucho más allá de simple gusto por la estética, dado que se basa en un pasado lejano pero muy vinculado a nuestra tradición y presente.

En definitiva… ¡uno más de esos tantos secretos que esconde nuestra ciudad pero que, poco a poco, parece que vamos desenmascarando! ¡O al menos se intenta!   ;)

 

Para más información:

Gran Via de les Corts Catalanes, 670

www.hotelcottonhouse.com

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