Santa Eulàlia

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Hace dos semanas… ¡Barcelona se vio rodeada de luz, fiesta y celebraciones de todo tipo! ¡Santa Eulàlia, la copatrona de Barcelona, celebraba su día!

Pero… ¿todos y todas sabemos quién es y qué relación tiene con nuestra ciudad?

Cuenta la historia que, en el siglo III dC y con una Barcelona bajo dominio romano, en aquel tiempo en que los cristianos aún estaban perseguidos por éstos, una joven de 13 años que vivía en los alrededores de Barcino (Barcelona), en lo que actualmente se conoce como el barrio de Sarrià, se negó a dejar de afirmar que era seguidora de Jesucristo.

Por ese motivo, fue perseguida, arrestada y condenada a 13 castigos, cada cual más cruel y sangriento, de los cuales fue sobreviviendo uno tras uno y sin negar su situación como cristiana en ninguno de ellos.

Uno de ellos, por ejemplo, es el que tuvo lugar en la Baixada de Santa Eulàlia (¡seguro que en alguna ocasión habéis pasado por ella!), por la cual se la hizo bajar dentro de una bota de vino repleta de cristales, clavos y objetos punzantes.

Pero encontramos muchos más, todos ellos representados en la cripta de la Catedral de Barcelona, como podrían ser los azotes que recibió, el hecho que sus carnes fuesen abiertas con garfios, que la pusieran en pie sobre un brasero ardiendo y luego quemaran sus pechos, que le fregaran sus heridas con piedra o le arrojaran aceite hirviendo y plomo fundido. Además, la introdujeron en un corral con pulgas, la pasearon desnuda por las calles de Barcelona y, finalmente, la crucificaron en una cruz en forma de aspa.

Según la leyenda, es precisamente en la cruz que se produjo el milagro cuando, de golpe, se dio una gran nevada que tapó el cuerpo desnudo de la joven, evitando así las miradas del pueblo. Una vez fallecida, se dice que una paloma blanca salió de la boca de Santa Eulàlia y voló hacia el cielo, representando esa alma pura que murió defendiendo el Cristianismo.

La cripta de Santa Eulàlia se localiza bajo el altar de la Catedral de Barcelona, dedicada precisamente a Santa Eulàlia, y sólo se abre el día de la patrona, el 12 de febrero, momento en el que se hacen colas para poder acceder a ella.

 

La entrada de hoy, pues, pretende mostraros precisamente esto, mi visita a la cripta de Santa Eulàlia, aprovechando la festividad de la patrona.

Un lugar decorado para la ocasión pero, sobre todo, una cripta realmente bella que esconde también toda esta iconografía relacionada con el martirio de la Santa.

 

De esta manera, en la tumba principal, encontramos el momento en el que la mártir es, por ejemplo, mutilada de sus pechos o su crucifixión en una cruz griega, pero también se relata el encuentro de su tumba en la zona que actualmente ocupa la Basílica de Santa Maria del Mar, en la antigua Parroquia de las Arenas, cuyo nombre proviene precisamente del hecho que en su lugar se localizase el antiguo anfiteatro romano, allí dónde, finalmente, Santa Eulàlia fue sacrificada y enterrada.

La tumba romana que se encontró en la Parroquia de las Arenas, en cuyo interior se haya los restos de la Santa, no es la que podemos encontrar en primer lugar al entrar en la cripta sino que se ubica en su parte posterior. Tendréis que bordear la tumba, pues, para poder encontrar el verdadero lugar dónde se encuentran los restos de Santa Eulàlia.

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Por otro lado, comentar que dicha tumba fue trasladada desde el Born o Barrio de la Ribera en su momento, ese barrio de pescadores que durante el Medievo tuvo tanta relevancia, hasta la Catedral de Barcelona, dónde la podemos encontrar actualmente, en una multitudinaria procesión, también representada entre la iconografía del sarcófago principal de la cripta. Cuenta la leyenda que, justo en el preciso momento en el cual pasó por la actual Plaça de l’Àngel (plaza a la que la parada de metro Jaume I da salida y cuyo nombre proviene del ángel que se encuentra en uno de los edificios de la plaza), la tumba empezó a pesar tanto que fue imposible continuar su traslado.  Este hecho fue el 10 de julio del año 1339. Según parece, cuando todos los asistentes se arrodillaron para rezar y conseguir proseguir con la procesión, el ángel San Miguel apareció en la plaza y señaló a uno de los canónigos que oficiaban la celebración. Éste, avergonzado, confesó que se había quedado con un dedo del pie de la Santa para guardarlo como reliquia. Cuando lo colocó de nuevo en su sitio, de repente, la urna volvió a ser tan ligera como al principio y se pudo proseguir con el traslado.

A partir de ese momento, la plaza fue conocida con su actual nombre y, como recuerdo de este hecho se decoró una de las casas con una imagen de bronce de un ángel.

Pero… si Santa Eulàlia  sufrió tanto por el Cristianismo y la ciudad de Barcelona… ¿por qué acabó siendo la Mare de Déu de la Mercè la patrona de más relevancia quedando Santa Eulàlia como copatrona o patrona de invierno de la ciudad de Barcelona?

La decisión proviene del 1637, cuando, tras la plaga de langostas anterior a la Guerra dels Segadors (1640), el Consell de Cent pidió ayuda a la Virgen de la Mercè prometiéndole ser patrona de la ciudad si los libraba de dicho mal. En el 1868, el Papa Pío ratificó la decisión. La respuesta a ello fue el lanzamiento de piedras a las autoridades por parte de la población que estaba en contra de la decisión. Es por este motivo que, a pesar de que se acabase fomentando la Mercè a la hora de celebrar las fiestas, por el buen tiempo del mes de septiembre, y por parte especialmente de Francesc Cambó, se decidió conceder a Santa Eulàlia el título de copatrona de Barcelona.

De todas formas, hay que tener también en cuenta el fuerte poder que tenía la orden de los Mercenarios en la Barcelona de la época, causa paralela, pues, de esta decisión.

Es por este mismo motivo que Santa Eulàlia llora cada 24 de septiembre, ni que sean pequeñas lágrimas, y que, por lo tanto, cada día de la Mercè llovizna o llueve un poco.

 

Pero la vida de Santa Eulàlia no es sólo visible en la Baixada de Santa Eulàlia o en la cripta a la que una vez al año podemos acceder, sino que hay otro elemento en la Catedral de Barcelona que nos recuerda su importancia. Se trata de las 13 ocas que encontramos en su claustro de tal manera que, cuando una de ellas muere, es relevada por otra para, así, conseguir que su número nunca varíe. 13 ocas en conmemoración a los 13 años de la mártir al morir. ¡Un hecho curioso que muchas veces nos pasa desapercibido!

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Además, añadir que, sólo entrar a la Catedral de Barcelona, podemos también fijarnos en el gran coro decorado con más imágenes del martirio de Santa Eulàlia, también destacadas de tener en cuenta durante nuestra visita a la Catedral.

Finalmente, invitaros a visualizar un vídeo de lo más interesante en el que encontraréis todo lo que os acabo de contar explicado de una manera más detallada y también amena.

La Catedral de Barcelona, pues, además de albergar curiosidades históricas como el hecho de encontrar en ella la tumba de la reina Peronella o los hijos representados en forma de ángel del que fue mecenas en el s. XIX de su fachada, Manuel Girona, explica elementos muy propios de la cultura barcelonesa y de nuestro pasado. Así, pues, a pesar de que ya hayáis estado en ella un sinfín de veces, os invito a volver a entrar, a volver a descubrir algunos de sus secretos y, sobre todo, a volver a sentir el transcurso de nuestra historia.

¿Os animáis?    ;)

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