Terrassa y su Fira del Modernisme

 

Terrassa, fin de semana del 10 y 11 de mayo… ¡Fira del Modernisme!

Un viaje en el tiempo que nos recuerda esa Terrassa, primera potencia en la industria de la lana, de finales del s. XIX – inicios del XX.
Una Terrassa llena de vida y color gracias a estas jornadas declaradas fiesta de interés turístico, con distintos premios dentro del sector, creada por el Ayuntamiento de Terrassa en el 2003, con colaboración de las distintas entidades y asociaciones de la zona.
Tenéis más información en su página web:

www.terrassa.cat/firamodernista

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¡Todo el mundo, con sus mejores galas, salió a la calle!
Actividades, talleres, música, ferias de artesanía y… ¡puertas abiertas en los distintos iconos de la ciudad!
La Bcn Que Me Gusta, con un grupo de 9 personas y gracias a la colaboración de Plan B Viajes, organizó una visita cultural por la antigua Terrassa, esa ciudad que se creó a partir de dos núcleos, el actual y el ubicado en la confluencia de las rieras de Vallparadís y Monner.
La primera parada, pues, no podía ser otra que la antigua Ègara, ese primer pueblo que, como peculiaridad, encontramos en él un patrimonio prerománico increíble, estudiado por Josep Puig i Cadafalch y Enric Prat de la Riba, y de tal importancia que, incluso, está en camino de ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
En él, se instaló la antigua sede episcopal de Ègara, el arzobispado de Terrassa que no se recuperó hasta el s. XXI, tras su pérdida en época musulmana.
Restos de todo ello los encontramos en las iglesias visigóticas de St. Pere (s. VI), un conjunto de tres iglesias prerrománicas entre las cuales encontramos Sta. Maria (la antigua sede episcopal), St. Pere (iglesia parroquial) y St. Miquel (baptisterio del conjunto).
Justo al lado, el Pont de St. Pere, puente del s. XVI que unía el antiguo núcleo con el nuevo que se estaba forjando alrededor del Castillo de Terrassa, y el carrer Major de St. Pere que nos muestra todavía ese sabor aún presente en el antiguo núcleo, conservado como pueblo independiente hasta el 1901 que se unió a Terrassa.

 

Todo ello, dentro del Parc de Vallparadís, una zona ajardinada alrededor de las dos rieras ya citadas, que funciona como pulmón y zona de recreo de Terrassa. De hecho, el Picnic Jazz, un festival englobado por el famoso Festival de Jazz de Terrassa, uno de los más reconocidos del país con ya 30 años de tradición y más de 250 artistas reconocidos por edición, se celebra cada año en este parque.

Para más información del festival:
www.jazzterrassa.org

En él, encontramos también el Castillo Cartuja de Vallparadís, cartuja dado que, a pesar de que perteneciese a los condes de Centelles y a los de Sentmenat durante mucho tiempo, en el s. XIV vivió en él una orden de cartujos de Escaladei, quienes modificaron su interior, añadieron un claustro e hicieron vida en él durante varias décadas.
Nos dirigimos hacia la Escola Industrial, obra de Lluís Muncunill, uno de los mayores arquitectos modernistas de la ciudad, para conocer el pasado industrial de Terrassa.
Terrassa, gracias especialmente a la llegada de la máquina de vapor y del ferrocarril en el 1856, transformó su producción de trapos en una gran industria textil de lana. Concretamente, en la mayor del país. De ahí que la presidencia del XATIC (red de 22 municipios que fomenta el turismo industrial) se encuentre en Terrassa.
Es por ello que, ante la necesidad de formar a los que serían los obreros de dicha industria, se edificó la Escola Industrial, actual sede de la UPC, para profesionalizar a los trabajadores en las distintas disciplinas relacionadas con el sector.

Con este ejemplo, pues, nos adentramos plenamente en la Terrassa modernista.
¡Puertas abiertas en una de sus edificaciones más destacadas, la Casa Alegre!

Así, pues, aprovechamos para visitar el interior de esta casa cuyas barandillas, a pesar de que no se haya encontrado documentación que lo haga constar, podrían ser atribuidas a Josep Puig i Cadafalch.
Se trata de una casa señorial, con patio en la parte trasera, que funcionó como residencia de Joaquim de Sagrera, un destacado luchador en la Guerra del Francés, de ahí que, no sólo encontramos elementos por toda la casa que hacen referencia a esta experiencia, sino que, además, haya distintos homenajes a su persona en distintos lugares de la ciudad.
Llegamos a la Plaça Vella, el centro de esa segunda Terrassa que se fue forjando alrededor de ese Castillo de Terrassa. En ella, aparta de una ajetreada vida y ambiente, se ubica la Catedral del St. Esperit, de estilo neogótico (tuvo que ser rehabilitada tras los destrozos de la Guerra Civil) sobre una base de gótico tardío (se trata de una edificación del s. XVI pero que sigue los estándares del Gótico).
En su interior, aparte de una capilla llena de arcos parabólicos obra de Lluís Muncunill, encontramos una de las esculturas renacentistas más destacadas de Catalunya.
Podremos observar que está agrietada. Se trata también de esos destrozos consecuencia del incendio que tuvo lugar durante la Guerra Civil Española.
Justo detrás, el único vestigio de ese Castell de Terrassa que comentábamos, la Torre Palau:
Y, muy cerca, el ayuntamiento, obra neogótica también de Lluís Muncunill, en plena plaza castellera, a pesar de que Terrassa no se ubique en zona castellera, dado que es en esta plaza que tienen lugar las actuaciones más destacadas de las dos “colles castelleras” de la ciudad, la de los Minyons de Terrassa (los más antiguos de la ciudad) y la de los Castellers de Terrassa.
 
En esta plaza, pues, por ejemplo, tuvo lugar el primer “castell” de 10 pisos de Catalunya.
Justo al lado, el Mercat de la Independència, el mercado principal de Terrassa cuyo nombre proviene de la conmemoración del primer centenario de la Guerra del Francés.
Una placa en la puerta principal, en la que se rinde homenaje a todos su combatientes, entre los cuales encontramos a Joaquim de Sagrera, lo indica.
Como peculiaridad, veremos que se trata de una edificación en forma de abanico en la que pasearse por su interior es también toda una experiencia.
Y, si lo bordeáis… ¡Un encuentro bastante curioso!
¡Un monumento al creador de la empresa de congelados La Sirena, personaje ilustre de la ciudad!
Al salir… en plena Rambla de Ègara… ¡nos sorprende un desfile de coches de época!
Pero lo que más nos sorprende es uno de los ejemplos más destacables de modernismo en Terrassa, la Masia Freixa.
Obra también de Lluís Muncunill, pero de un estilo completamente gaudiniano, con sus arcos parabólicos, “voltes catalanes”, cerámicas y ondulaciones, y para nada parecido a las obras anteriores que hemos podido ver de él en nuestra ruta, nos deja completamente fascinados.
Se trata de una antigua fábrica de hiladuras, convertida en casa pairal, ubicada en el Parc de St. Jordi.
Finalmente, en la misma Rambla de Ègara, el Vapor Aymerich, Amat i Jover.
Vapor, dado que funcionaba con máquinas de vapor, que actualmente alberga el Museu Nacional de la Ciència i la Tècnica de Catalunya, perteneciente al Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya.
Se trata, pues, de una antigua fábrica textil, una de las más importantes de Catalunya, en la que,no sólo se llevaban a cabo todos los procesos de producción de lana, sino que, además, trabajaban, en turnos de día y de noche de 11h, centenares de hombres, mujeres y niños.
 
¡Sus bóvedas, arcos parabólicos con tragaluces para iluminar el interior, son realmente impresionantes!
¡Subid al mirador y lo podréis comprobar por vosotros mismos!
El restaurante de la terraza del Museo:
Las bóvedas desde el mirador:
Añadido del Museo al edificio original con fachada de placas solares:
Y, finalmente, por último lugar, decir que, dirección de vuelta a la estación de tren, podemos encontrar uno de los vestigios de esa Terrassa creada a partir de dos pueblos, la Creu Gran.
Se trata de una cruz de protección, la típica que encontramos en los caminos medievales, ubicada precisamente en el camino que unía Terrassa con el pequeño pueblo de St. Pere.
En definitiva, esta salida no sólo nos permitió disfrutar de una feria llena de animación y vida, sino que, además, nos ayudó a darnos cuenta de que Terrassa es una gran desconocida para los barceloneses y barcelonesas, a pesar de la corta distancia que tenemos con ella.

Así, pues, os animo a visitarla ya que, precisamente por todo su patrimonio prerrománico y modernista, no os dejará indiferentes.

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