Visita a la Capella dels Dolors de Mataró

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Hoy, en esta entrada dentro del apartado Salidas desde Barcelona de La Bcn Que Me Gusta, nos trasladamos a Mataró para visitar un icono que, a pesar de su relevancia histórica y artística, nos pasa completamente desapercibido y es, incluso, en ocasiones bastante desconocido.

Concretamente, estamos hablando de uno de los conjuntos barrocos más destacados de Catalunya, de una obra de Antoni Viladomat que, recién restaurada, nos vincula de lleno con esa Mataró próspera de principios del siglo XVIII, en la cual se dio un importante crecimiento demográfico gracias al negocio del vino.

Así, hablaremos de la Capella dels Dolors de la Basílica de Santa Maria de Mataró, un joya del arte barroco catalán que, además, se trata del único conjunto barroco localizado en su lugar original. Tal es su belleza e importancia que ya en su época fue alabada por personajes como Antonio Ponz en su Viajes a España, el artista Antonio Mengs o Ceán Bermúdez.

Viajes a España, Antonio Ponz (1788), fragmento dedicado a Antonio Viladomat:

 

Carta de Leandro Fernández de Moratín a Juan Ceán Bermúdez (1787):

“Vi las pinturas de Viladomat, en el claustro de San Francisco; y en verdad que Mengs tenía sobradísima razón de decir que, en su tiempo, era el mejor pintor de Europa; y cuando este elogio recae sobre un artífice que no tuvo un maestro que le enseñase, ni vio las galerías de Italia, ni salió en su vida de Cataluña, ni allí encontró quien le hiciese competencia, es menester confesar que en tales casos la naturaleza lo hace todo, y el que nació con disposiciones favorables para sobresalir, si no halla quien le enseñe los preceptos del arte, él los encuentra.”

 

Actualmente, gracias a una minuciosa restauración y a las visitas guiadas llevadas a cabo cada sábado en dos horarios distintos, a las 11,30h y a las 19h por 8eurs (podéis consultar toda la información llamando a 659 13 26 49 o consultando su página web), podemos visitarla y disfrutarla desde, a mi parecer, una interesante explicación, muy enfocada desde la visión de la Historia del Arte, como no podía ser menos ante un obra de tales características, pero también realizada de un modo ameno y distendido.

 

La restauración

No es la primera vez que se restaura el conjunto, pues ya se han llevado a cabo hasta cuatro intervenciones, aunque, como en todo, siempre algunas más acertadas que otras.

La primera de ellas tuvo lugar en el año 1888 de la mano del artista Josep Vinardell; una limpieza exhaustiva de las telas de Viladomat, con capas de cera y polvo acumuladas desde hacía más de 150 años, que permitió también consolidar y restituir los fragmentos deteriorados.

En la década de los años 40, tras la Guerra Civil Española, momento en el cual se consiguió proteger el conjunto, a diferencia del resto de la Basílica, que fue gravemente incendiada, gracias al hecho de tapiar su única entrada, Manuel Grau y Marià Ribas restauraron los dos lienzos ovalados de la Pasión de Cristo. Por su lado, Josep Puig i Cadafalch, muy vinculado con Mataró, al tratarse de su ciudad natal, instaló lámparas para cada una de las imágenes del Vía Crucis.

Entre 1962 y 1978, gracias a las aportaciones de Caixa Laietana, se logró una restauración de los grandes lienzos de la capilla, los cuadros de los retablos y las telas de la Sala de Juntas, además de la decoración mural, la carpintería y la celosía del coro.

Finalmente, entre 1987 y 1990, tuvo lugar la intervención más significante de todas ellas, al ceder uno de los soportes de la cubierta. Así, el arquitecto Jordi Estrany lo rehízo, a la par que se desinfectó y limpió el conjunto. Por su lado, Gener Alcántara se ocupó de la restauración de los elementos decorativos, mientras que un grupo consolidó la pintura de las bóvedas.

A pesar de todo ello, a causa de los años y de restauraciones no muy acordes con la filosofía actual, fue necesario volver a llevar a cabo una importante labor en el conjunto recientemente. De este modo, aparte de quitar elementos añadidos de épocas posteriores, dado que en los años 60 se aplicó un barniz cuyo objetivo teóricamente era el de proteger las pinturas pero que, sin embargo, con el tiempo se ha demostrado que las deterioraba y ennegrecía, dada la alta concentración de adhesivo del producto que conllevaba que no se pudiese retirar, se tuvo que aplicar otras complejas técnicas.

Por otro lado, debido a que en restauraciones anteriores no se retiró la capa de polvo y hollín, la restauración se complicó, motivo por el cual se recurrió a un alga que, tras ser hervida y preparada con moldes, permite realizar el trabajo de los disolventes.

En el vídeo que os añado podéis observar dicho proceso:

 

La Basílica de Santa Maria de Mataró

La Capella dels Dolors es una joya escondida dentro de la Basílica de Santa Maria de Mataró, la iglesia parroquial de la capital del Maresme que, además de tener el órgano más grande de Catalunya, se caracteriza por su carácter de centro vertebrador de la ciudad, tanto a nivel urbanístico como eclesiástico.

Y es que, a pesar de que los orígenes de Mataró se remonten ya a épocas de los íberos y romanos con la antigua Iluro o que la iglesia actual no sea ya esa prerrománica sino una de raíz barroca y neoclásica, la Basílica de Santa Maria de Mataró fue indispensable a la hora de crear la ciudad. De hecho, se cree que el Foro romano de la antigua Iluro se localizaba, precisamente, en las cercanías de la Basílica de Santa Maria.

Tenéis más información sobre la Mataró romana en el número 52 de la revista Fulls, en el artículo de Joaquim García i Roselló.

De este modo, además de congregar a su alrededor su vida y mercados, dada esa prosperidad que comentábamos alrededor del negocio del vino durante el siglo XVIII y su correspondiente crecimiento demográfico, distintas congregaciones religiosas, como podrían ser las Carmelitas o los Capuchinos, entre otros, instalaron sus sedes en Mataró.

Es en este contexto de alta espiritualidad que, además de importantes conventos por toda la ciudad, se crea la Capella dels Dolors pues, además de velar por el fiel, estas congregaciones también fueron importantes promotores del arte.

La Venerable Congregación de la Mare de Déu dels Dolors, como indica su nombre, una orden que veneraba a la Virgen y que procedía de los servitas de Florencia, se instaló precisamente en una capilla anexa a la Basílica, es decir, cerca de la nave central pero de tal modo que, con sus propios accesos, pudiesen llevar a cabo su labor de manera separada del culto principal. Es por ello que hablamos de conjunto barroco y no simplemente de capilla, pues incluye una nave y distintas estancias segregadas de la Basílica y unas magnitudes excepcionales para tratarse de un anexo a la nave central.

 

Y, de paso que os acercáis a la Basílica, ¿qué tal si nos fijamos en otros detalles?

Mosaico de la Capella del Sagrament: modernista y obra del mosaista Mario Maragliano y diseño de Enric Monserdà i Vidal, artista que también trabajó en la Casa de les Punxes y familiar de Dolors Monserdà, hija a su vez de Francesc Vidal. Su programa iconográfico es realmente interesante. Podéis encontrar toda la información en el número 68 de la revista Fulls, en este artículo de Rafael Soler i Fonrodona.

Capelles de Sant Josep: con piezas de Antoni Viladomat, Agapit Vallmitjana y Andreu Aleu. Podéis encontrar toda la información en el número 63 de la revista Fulls, en este artículo de Rafael Soler i Fonrodona.

 

Los promotores financieros

Además de la Venerable Congregación de la Mare de Déu dels Dolors, cabe tener en cuenta unos segundos comitentes pues, no sólo éstos determinarán el programa iconográfico del conjunto y la disposición de cada una de las obras y espacios, adaptándose a su culto, sino también la elección del artista que plasmará la imagen que quieren conseguir a partir de todo ello.

Se trata de los franciscanos, motivo por el cual, no sólo podremos observar escenas vinculadas con dicha orden, sino también la presencia de Antoni Viladomat como artista (recordar que el artista trabajó para el convento de los franciscanos de Barcelona también, aunque en unas fechas algo posteriores a las de la Capella dels Dolors).

Serie de Sant Francesc d’Asís, 20 obras actualmente conservadas en el MNAC tras la desamortización del Convento Franciscano o de Framenors de Barcelona, actual Plaça del Duc de Medinaceli, a causa de una rebelión popular después de una mala corrida de toros en el Torí de la cercana Barceloneta:

 

Los artistas

El proyecto se inició en el año 1702 con Joan Gallart, maestro barroco más emblemático del momento, especialmente de la Barcelona de principios del siglo XVIII, y fallecido durante el Sitio de Barcelona de 1714. Él sería quien realizaría las pinturas de la cubierta de la capilla.

Sin embargo, precisamente debido a esta muerte prematura, se hizo necesaria la búsqueda de un artista de su misma calidad que continuase el proyecto. Es en este momento que aparece la figura de Antoni Viladomat, discípulo del taller de Joan Gallart que rápidamente se convertiría en el artista más destacado del momento.

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Cubierta de Joan Gallart 

 

El conjunto

Como hemos indicado, a pesar de su denominación, se trata más de un conjunto que de una capilla como tal. De este modo, podemos decir que encontramos en realidad cuatro importantes espacios:

La Capilla

La Sala de Juntas

La Cripta (actualmente cerrada, pues aún se encuentra bajo las obras de restauración)

La Sacristía

 

El programa iconográfico

Precisamente por la existencia de dos comitentes, los franciscanos y la congregación de la Mare de Déu dels Dolors, la temática, propia de la Contrarreforma, se caracterizará por plasmar dos iconografías distintas en un mismo espacio unidas por un punto en común entre ambas que es el que hace de conexión; algo innovador y original llevado de una manera magistral.

De este modo, mientras que la pintura mural nos representa el Vía Crucis con un Jesucristo con el hábito propio de los franciscanos, en el retablo del altar, también realmente original al no tratarse de un retablo como tal sino de un conjunto de distintas piezas separadas entre ellas, observamos los siete Dolores de la Virgen.

Dado que dos escenas están repetidas en ambas temáticas, es precisamente por este motivo que las dos congregaciones encuentran su punto en común en la iconografía y, por tanto, en las obras pictóricas del conjunto. La Corona Dolorosa y una última escena del Vía Crucis son los dos momentos que podemos encontrar en el retablo y que, en principio, tendrían que haberse repetido también en los laterales de la capilla si siguiésemos con la lógica de realizar dos iconografías, una para cada comitente.

Por otro lado, destacar que, en vez de 14 escenas en el Vía Crucis, encontramos sólo 12, dado que hasta el s.XVIII no se consideraron como tal el momento de Poncio Pilato y la sepultura de Jesucristo.

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El ciclo franciscano se iniciaría en la puerta. A lado y lado, observamos un cambio de formato, dos piezas ovaladas, la Verónica y la Segunda caída de Jesucristo, en vez de rectangulares como el resto. Esto se debe al hecho de que fuesen recortadas para realizar el coro posterior con su estructura en filigrana.

 

El conjunto se caracteriza, sobre todo, por sus celajes variantes en función del momento del día, al tratarse de escenas temporales, así como también por tener un estilo muy dibujístico (los esbozos conservados en el MNAC nos lo ratifican). Los escorzos, el interés anatómico en las figuras y el trabajo de las ropas corresponderían al maestro mientras que el resto sería labor de su taller.

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Pasamos al retablo, como hemos dicho, muy distinto al concepto de retablo al que estamos acostumbrados ya que se conforma de distintos pequeños cuadros, separados entre ellos, pero con un mismo mensaje iconográfico.

Tal y como hemos indicado, dicho mensaje gira entorno de los siete Dolores de la Virgen, dos escenas de los cuales se solapaban con ese Vía Crucis que mostrábamos.

¿Cuáles son estos siete dolores de la Virgen?

La profecía de Simeón en la representación del Niño Jesús

La Huida a Egipto

Jesús y los Doctores

El Calvario

La Crucifixión

El Descendimiento de la Cruz

La Virgen de los Dolores (la soledad de María)

 

Sin embargo, si contamos, observamos que nos falta uno y es que el séptimo no se trata de una obra pictórica sino escultórica. La Virgen del centro del retablo, pues, vestida de negro, el color de los servitas, sería el séptimo dolor; la Virgen con ese corazón repleto de espadas que caracteriza también la orden. No obstante, una última licencia se puede observar nuevamente y es que, en vez de siete espadas, observamos sólo seis. La séptima se encuentra en el frontal de altar ubicado bajo el retablo.

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Dado que nos encontramos en pleno Barroco, la teatralidad, el efecto escenográfico, no podía faltar. Así pues, observamos cómo en realidad la Virgen se encontraba cubierta de una última obra pictórica, la que podemos encontrar actualmente en el exterior de la capilla, que cubría o descubría la escultura de la Virgen en función de las necesidades y del momento litúrgico. Esta pieza pictórica representa también la misma Virgen de los Dolores, de negro y con su corazón con espadas como símbolo del dolor del alma.

Dicha escenografía la podemos encontrar también en la predela del retablo y es que también se levanta y nos muestra su interior en función de la liturgia. En este caso, en su interior encontraríamos la Eucaristía.

Por otro lado, volviendo a la talla de la Virgen, mencionar que, mientras que la Virgen como tal es posterior, el Cristo sí que es de la época. Un Cristo que, además, está esculpido a tamaño real y con una torsión en forma de M de lo más singular. Los santos que acompañan a la Virgen son dos de los patrones de las dos órdenes religiosas propietarias de la capilla: San Francisco de Asís y San Felipe Neri.

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Una vez más, como conjunto barroco que es, todo gira alrededor de este efecto escenográfico que destacábamos. De este modo, dado que el artista también fue formado con el escenógrafo Francesco Galli da Bibbiena (Antonio Ponz nos lo mencionaba también en su biografía), la capilla se encuentra repleta de efectos ópticos, combinaciones de pilastras reales con columnas ficticias, arquitecturas fingidas, deambulatorios irreales en forma de balaustradas que en realidad no existen, cortinajes bidimensionales… todo ello representado pictóricamente en óleo sobre yeso, de ahí que su conservación también fuese tan compleja.

Los zócalos son también ficticios, representando mármol y madera, y las puertas y celosías también participan en este juego constante. Así, para conservar la simetría, observamos cómo dos son reales y dos no.

 

La Sala de Juntas

¡Pasemos al que, al menos a mí, se trata del espacio más impactante del conjunto, la Sala de Juntas! Para ello, subiremos por una escalera decorada con unas pinturas murales que no nos dejan para nada indiferentes tampoco.

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Se trata del espacio reservado para aquellos principales miembros de la congregación, de ahí que también tenga un acceso directo al camerino de la Virgen que, más allá de tratarse de algo práctico para los días de procesión (os recomiendo la lectura de este artículo del número 79 de la revista Fulls de Rafael Soler i Fonrodona con información e imágenes de esta procesión), tiene también una función espiritual para estos únicos miembros que podían acercarse a ella. Desde la Sacristía, se accede también a esa celosía que podíamos observar desde la capilla, así como también a un pequeño altar en el cual contraían matrimonio, de manera discreta, los viudos.

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Sin embargo, son sus pinturas el elemento más remarcable e importante de la sala, así como también el que tanto valor da a la Sacristía. Así, como si de una pequeña bombonera se tratase, en su interior, además de una primera Asunción de Joan Gallart, aunque recientes estudios (os recomiendo la lectura de los artículos de Antoni Martí i Coll en el número 67 y de Francesc Miralpeix i Vilamala en el número 72 de la revista Fulls) indican que su autoría estaría más vinculada con los Juncosa, familia de pintores, o Pau Priu, respectivamente, conservada por Antoni Viladomat a la hora de continuar el conjunto, también encontramos distintos personajes de la Biblia, todos ellos obra de Viladomat y su taller.

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Entre ellos, encontramos los apóstoles y los cuatro evangelistas en sus esquinas, todos ellos dispuestos espacialmente en función de su grado de espiritualidad, es decir, de más a menos terrenal, encontrando los ángeles, cantando o tocando instrumentos musicales propios del Barroco (arpa, laúd, viola da gamba… con cierto realismo, otro aspecto característico de la pintura de la época para conseguir apelar al espectador), en el nivel más alto y a nosotros en el más bajo. Este elemento se encontraría íntimamente ligado a iglesias como Sant’Agnese in Agone de Roma, del mismo modo que la capilla inferior nos recordaba, en cierta manera por sus ilusiones visuales, a Il Gesú o Sant’Ignazio de la misma ciudad. Las fuentes de inspiración, pues, una vez más, son por completo italianas.

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Uno de estos apóstoles evangelistas, San Juan, nos mira. Es quizá una de las piezas que más impacta al espectador por su anhelo de diálogo. Si nos fijamos, nos señala el camerino de la Virgen pero, no sólo eso, y es que si agudizamos un poco más la mirada, observamos que en la misma obra, justo hacia donde señala el personaje, hay también una mujer, posiblemente la mujer apocalíptica de las Escrituras.

Este personaje de San Juan Evangelista podría ser un autorretrato del artista.

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Ya para finalizar, sólo decir que la visita a la Capella dels Dolors de Mataró, además de permitirnos disfrutar de unas explicaciones histórico-artísticas excelentes por parte de su guía, nos acercó a una joya bastante desconocida pero que, sin embargo, supone ser uno de los iconos más destacados de nuestra Historia del Arte y, más concretamente, del Barroco catalán.

En definitiva, se trató de una experiencia única, interesante y enriquecedora pero, sobre todo, imprescindible para conocer, una vez más, nuestro patrimonio e historia.

 

Para más información:

Santa Maria de Mataró   www.santamariamataro.org

Revista Fulls del Museu Arxiu de Santa Maria  www.masmm.org/publicacions/fulls/index.html

 

Algunos artículos:

La Capella dels Dolors. Notes per a una cronología documentada de la seva construcción i decoració de Lluís Adan i Ferrer y Rafael Soler i Fonrodona en la revista número 72 de Fulls.

La llàntia de la Capella dels Dolors de Rafael Soler i Fonrodona en la revista número 82 de Fulls

2 comments

  • remorada  

    Mi marido es de Mataró así que hemos estado en Santa María, es impresionante. Me sorprendió mucho que fuera tan desconocida para la gente de fuera de la ciudad o.o

  • La Bcn Que Me Gusta  

    Lamentablemente hay tantas cosas que desconocemos cuando, por su importancia, no tendría que ser así… aixxx… pero, bueno, ¡poquito a poco a ver si podemos irlas conociendo! ¡La curiosidad es una de las mejores virtudes que considero que puede una persona tener! ¡Qué bien que te gustase! ¡Es una verdadera preciosidad! :)

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