Visita a las entrañas del TNC

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Remodelación de la Plaça de les Glòries, creación del Disseny Hub Barcelona, la Torre Agbar, los Encants… todo ello ubicado en un barrio que cambia, que apuesta por la modernidad y por llevar a cabo la idea que ya en su momento pretendía aplicar Ildefons Cerdà: la reconversión de la zona en un segundo centro de Barcelona.

Pero quién inició todo este proceso ya hace casi dos décadas fue el Teatre Nacional de Catalunya, ese “mastodonte” que nos remite a la Antigua Grecia, obra de Ricardo Bofill, al cual se le dio vida gracias a las iniciativas de la Generalitat de Catalunya y de Josep Maria Flotats, fundador de la institución, con el objetivo de revitalizar un barrio cada vez más decaído y aumentar, así, los equipamientos culturales de la ciudad de Barcelona. Todo ello en la llamada Plaça de les Arts, en la cual también se ubica el Auditori de Barcelona.

El Teatre Nacional, pues, se trata de un templo, entendido como tal tanto de manera literal como metafórica, donde fomentar las artes escénicas en su máximo esplendor, con obras de grandes dimensiones y una inversión realmente impresionante, que se inauguró en el 1997 con la reconocida Auca del Senyor Esteve de Santiago Rusiñol.

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Un edificio realmente impresionante en cuanto a cultura se refiere, consolidado como uno de los iconos más destacados del país con obras y espectáculos teatrales de lo más interesantes, así como también si tenemos en consideración sus instalaciones, equipamientos y características técnicas. Y es que el Teatre Nacional de Catalunya es también uno de esos lugares de Barcelona que se tienen que visitar, especialmente teniendo en cuenta que se trata de un edificio con un funcionamiento y organización internos realmente interesantes y unas dimensiones que asombran y engañan… porque… ¿sabíais que bajo la zona ajardinada que lo rodea encontramos salas y salas de almacenes y pasillos y que la zona que podemos observar desde su exterior sólo representa unos 25.000m2 de todo ello?

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La visita

La semana pasada, tuve la oportunidad de asistir a una visita guiada por las entrañas del TNC, un paseo por su interior que no sólo nos permitió conocer sus características técnicas y equipamientos, así como también todo el funcionamiento que gira alrededor de una obra de teatro representada en él, sino también aquellos lugares a los cuales normalmente no podemos acceder, tales como los camerinos o el escenario desde su interior.

Todo ello… ¡de la mano del mismísimo director técnico, o lo que se conoce como Tramoya, del TNC!

 

¿Lo más asombroso?

Aparte de poder subir al escenario y visualizar la perspectiva de las gradas de la Sala Gran desde él o la impresionante altura de 47 metros de su pinta (lugar desde el cual se cuelga todo el sistema técnico, focos o elementos decorativos necesarios para el desarrollo de la obra), los metros y metros de pasillos y almacenes, con objetos y útiles de obras anteriores guardados en él, máquinas de viento o sistemas de lluvia, materiales o decenas de focos de distintos tipos…, que se esconden bajo su suelo.

 

La Sala Gran

Nuestra visita comenzó por la Sala Gran, escenario actual de “Somni d’una nit d’estiu” de William Shakespeare, con un total de 870 localidades y todo un conjunto de instalaciones que la convierten en una de las salas más interesantes e importantes de Europa, con un escenario de unas dimensiones sólo semejantes a las del Auditori de St. Cugat o el Liceu de Barcelona en nuestro país.

Pintas con un sistema técnico de focos y de montaje de decorados increíble, una de las carras (sistema para mover grandes decorados de un espacio a otro del escenario) más grandes del país, foso para la orquesta con una capacidad de hasta 50 músicos, tabla de control de música y luz con 45 ordenadores, uno de los cicloramas (tul de grandes dimensiones que, a modo de pantalla, permite que la luz traspase a través de él creando efectos decorativos de lo más interesantes) más grandes de Catalunya… Todo ello son sólo algunos de los datos a destacar que aprendimos durante nuestra visita y que convierten este gran templo del teatro en un edificio único en Barcelona.

 

¿Una anécdota?

Los resonadores de las paredes fueron cambiados a negro, a pesar de que Ricardo Bofill no los diseñase de este modo. Y es que muchas veces los arquitectos no acaban de pensar en la utilidad de su obra y eso es, precisamente, lo que ocurrió con algunos elementos del TNC.

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Este hecho nos lleva a comentar la importancia del negro en el mundo teatral, como sería, por ejemplo, en el caso de la cámara negra, tintada precisamente de este color para evitar que la luz rebote y permitir, así, que el público centre su atención en el lugar exacto de la escenografía que pretende el director (remarcado muchas veces también con los focos de luz).

Destacar también que la cámara negra, el lugar en el cual se ubica la acción teatral y se sitúan también las bambalinas, está construida principalmente usando el terciopelo como material principal para, a partir de sus pequeños vellos, evitar que la luz rebote nuevamente.

 

Tras sentirnos como actores sobre el escenario e, incluso, hablar sobre los nervios de todo el equipo técnico y teatral el día de una estrena, así como también de la importancia de la figura del regidor en todo el proceso… ¡pasamos a su interior!

Camerinos móviles para el cambio de vestuario rápido en escena, mesas preparadas con los objetos que cada actor utilizará mientras ejerce su función… ¡todo ello es lo que podemos encontrar en él!

 

La Sala Tallers

Seguidamente, pasamos a la Sala Tallers. Con sus 400 localidades, se trata de un lugar pensado, inicialmente, como plató de televisión pero que, finalmente, se destinó a todo tipo de espectáculos, incluidos los conciertos o la danza, de ahí el linólium o suelo especial para poder deslizarse que podemos encontrar en su escenario.

Como anécdota, destacar las dificultades de la primera obra que se llevó a cabo en ella, vinculada con el tema del VIH, mucho antes de la inauguración del teatro, dadas las circunstancias de calor, a raíz de unas turbinas que se colocaron para combatir el frío extremo que hacía en el espacio, al no estar completamente acabado aún, y sus consecuentes desmayos.

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La Sala Petita

Finalmente, el último punto de nuestra visita fue la Sala Petita, ubicada justo debajo del vestíbulo de la Sala Gran y con 450 localidades. Se trata de una sala destinada a obras de pequeñas dimensiones y, especialmente, a un público familiar e infantil.

¿Su peculiaridad? Se encuentra inspirada en el Globe de Londres, en las típicas corralas de teatro del siglo XVI y XVII.

Además, dispone de cuatro espacios o tarimas en cada una de sus esquinas para poder continuar la función desde ellas y, así, involucrar de una manera más interesante el público en el espectáculo.

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Durante la visita, otros temas fueron saliendo constantemente, tales como las diferencias entre el primer teatro o el actual (actualmente, por ejemplo, los actores no pueden fumar tabaco en el escenario, motivo por el cual usan tabaco de pastor), las dificultades que ha supuesto trabajar con menos presupuesto a raíz de la crisis económica o datos tan curiosos como la potencia eléctrica del teatro una noche de espectáculo (1.000.000 Watts).

En definitiva, la visita al Teatre Nacional de Catalunya se convirtió en una experiencia realmente interesante que nos acercó a un mundo fascinante del cual sabemos bien poco de lo que se cuece en su interior.

Si estáis interesados y tenéis un conformado un pequeño grupo… ¡vosotros también podéis visitar su interior! Sólo tenéis que coordinar una visita mediante su página web.

 

Para más información:

www.tnc.cat

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