Visita al monasterio de la reina… ¡el Monestir de Pedralbes!

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Hay rincones en Barcelona que bien podrían parecer haber salido de otro lugar, lejos de la gran ciudad de las prisas y el ajetreo que en realidad los acoge.

Éste sería el caso del Monestir de Pedralbes. Localizado en un entorno procedente de cualquier pequeño pueblo medieval, para nada una gran ciudad como Barcelona, se convierte en una visita que, no sólo nos rememora otra época, sino también otra etapa de nuestra vida pues, al fin y al cabo, también se convierte en esa visita que todos y todas hemos realizado de pequeños, ya fuese con el colegio o en familia.

 

¡Más de 15 años creo que hacía que no visitaba el que fue uno de los monasterios más destacados de Barcelona y quizá también de Catalunya! Así pues, los recuerdos rápidamente afloraron en mi cabeza, recuerdos de una infancia pero también de una historia muy femenina. Y es que el Monestir de Pedralbes, aún en funcionamiento, se trata de un convento de clarisas fundado por una reina y en el que, además, habitaron también esas mujeres poderosas de la Barcelona de los siglos XIV y XV.

Esta reina fue Elisenda de Montcada, esposa de Jaume II el Just, una mujer inteligente que, sabiendo el futuro que le esperaba en la corte tras la muerte de su marido enfermo, al ser la tercera mujer del rey y madrastra de los legítimos herederos (hijos de Blanca de Anjou), es decir, al seguir siendo reina habiendo ya una reina, la esposa de Pere el Cerimoniós, decidió planear su jubilación.

Es por este motivo que, tras su matrimonio con Jaume II (un enlace celebrado bastante rápidamente después de la muerte de su segunda mujer, María de Chipre, con la cual apenas mantenía una relación matrimonial), dado que ya se conocían (digamos que el enlace matrimonial no tuvo lugar por motivos de estado) a raíz de las constantes estancias del rey en Lleida, lugar de residencia de Elisenda, la reina pidió a su esposo un monasterio donde ser ella la señora. Y así fue pues, en todo momento, se la reconoció como fundadora del monasterio, siendo, incluso, enterrada en un lugar de privilegio, al lado del altar mayor, y con el hábito de monja clarisa. Ella misma fue la que diseñó su tumba al mismo taller que realizó las llaves de bóveda del monasterio, llegándola a verla finalizada antes de su muerte.

Se trata de una tumba con dos vertientes, es decir, que puede observarse tanto desde el claustro (Elisenda con el hábito de monja) como desde el interior de la iglesia (Elisenda como reina) y realizado según el modelo francés, con un sarcófago de alabastro y una escultura de aplique, es decir, a partir de la técnica de Joan de Tournai (seguida por Aloi de Montbrai, de aquí que se desconozca exactamente cuál de los dos escultores fue el creador de la tumba de la reina), realizando la figura por separado de la tapa. La tumba se trata, pues, de una magnífica obra del gótico catalán. 

Justo al lado, encontramos enterrada la primera abadesa del monasterio, Francesca ça Portella, familiar de la reina.

 

Entre  los reyes siempre hubo una gran complicidad y prueba de ello es que el rey accedió a ayudarla en esta empresa. Es por este motivo que, en todo momento, podemos encontrar los escudos de ambos en los distintos lugares del monasterio.

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La reina, tras la muerte del rey, fue siempre muy respetada por los herederos, por el rey e hijastro, Pere el Cerimoniós, y esto lo podemos ver en el hecho que, por ejemplo, a pesar de vivir en Pedralbes, la reina Elisenda siempre fuese invitada a los más importantes eventos que se daban en la ciudad. Uno de ellos fue en motivo del traslado de la tumba de Santa Eulàlia, tal y como nos explica la documentación encontrada, en la que se especifica que la “Regina de Pedralbes” también asistió.

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Un lugar muy especial

El Monestir de Pedralbes, pues, no se trata de un monasterio normal. De este modo, promocionado por la monarquía, se trata de un lugar único que, además de ser construido en un tiempo récord y bajo un mismo estilo, dada la ausencia de cortes en su construcción, incluyó algunos elementos únicos en la Barcelona del siglo XIV. Un ejemplo de ello sería su campanario, el primero de este estilo en Barcelona, tras el cual vendrían el de Santa Maria del Pi (hablamos de él en La Bcn Que Me Gusta) o el de la Catedral.

El campanario de la capilla de Santa Àgueda sería un antecedente directo del de Pedralbes, a pesar de que el que gozaría de mayor prestigio fuese el de Pedralbes, con ningún ejemplo igualable en la época.

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Un monasterio de monjas clarisas

De este modo, bajo todas estas premisas, se creó un convento de monjas clarisas (hay que tener en cuenta que los reyes se encontraban, al proceder Jaume II de Sicilia y gracias, en especial, a Blanca d’Anjou, vinculados con este ideario) en Pedralbes, no en Barcelona, dado que en la ciudad ya existía uno en el actual Parc de la Ciutadella.

Sin embargo, dado que, como mujeres que eran, las clarisas no tenían autonomía en el tema litúrgico, una comunidad de franciscanos se instalaría justo al lado (podemos encontrar su convento en la Baixada del Monestir) para poder administrar los distintos sacramentos.

Actualmente, se trata de una casa particular perteneciente a la familia Godia (también hablamos de la Fundació Godia, ya hace algún tiempo, en La Bcn Que Me Gusta).

 

La iglesia, pues, estaba compartida entre las dos comunidades, motivo por el cual en su interior encontramos dos coros, a pesar de ser la iglesia del Monestir de Pedralbes: uno central, perteneciente a la comunidad franciscana, y uno en el primer piso, tras la celosía, en el cual se instalaban las clarisas.

Y, ya que citamos la iglesia, destacar que ésta, a pesar de encontrarse construida bajo el ideal de austeridad del movimiento mendicante franciscano, tiene una cubierta completamente realizada en piedra, es decir, compuesta de bóvedas de piedra en vez de madera, tanto en la nave central como en las distintas capillas que encontramos entre los contrafuertes. Esto se debe, precisamente, al hecho de que, dejando de lado que en el siglo XIV los ideales del XIII ya no eran tan fuertes, se trate de un monasterio real.

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Un monasterio para mujeres de la realeza

Elisenda de Montcada, tal y como hemos comentado, conoció al rey a raíz de esas largas estancias que éste realizaba en los nuevos territorios conseguidos a partir de la conquista de Ramon Berenguer IV y Jaume I.

Lleida era una ciudad que se ubicaba en un lugar bastante estratégico y equidistante de todos los terrenos de la Corona de Aragón, cerca de Zaragoza, Barcelona y Valencia. Es por ello que, teniendo en cuenta, además, la riqueza de su huerta y las pocas comodidades y lujos que Jaume II encontraba en la ciudad condal, pobre y dejada, en comparación a los de la Palermo que lo acogió durante tanto tiempo (Jaume II era rey del Reino de Sicilia, dado que era su hermano quien heredó el trono de la Corona de Aragón. Tras su muerte sin descendientes, pasaría a serlo Jaume II), no es de extrañar que decidiese trasladarse al sur.

Elisenda de Montcada, a pesar de no tener sangre noble, procedía de una familia muy cercana a la corona, a una familia que tenía sus orígenes en la Plana de Vic pero que, tras la expulsión de los musulmanes, se trasladó a la zona de Lleida. Los Montcada fueron, pues, grandes consejeros y acompañantes de los reyes de Catalunya.

En el año 1322, se casaron y, de este modo, Elisenda pasó de ser una de las hijas pequeñas del señor de los Montcada, de ser simplemente la hermana del primogénito, a ser reina. Todo ello a una edad bastante tardana para contraer matrimonio en una mujer, de ahí que se crea, siguiendo con lo dicho en unas líneas anteriores, que en realidad la relación se hubiese iniciado con anterioridad a la muerte de la segunda reina, la María de Chipre.

La boda tuvo lugar en Tarragona, ciudad con un clima bastante benigno, dado que el rey ya estaba enfermo. Además, cabe tener también en cuenta distintos hechos que obligaban a Jaume II a residir en dicha ciudad:

La conquista de Cerdeña tuvo lugar por esas fechas por parte de su hijo, quien zarpó hacia la isla precisamente desde Tarragona.

Una gran fiesta religiosa tuvo lugar en la ciudad en ese momento también, la llegada de las reliquias de Santa Tecla desde Armenia, la santa patrona de la ciudad.

 

Justo al día siguiente de la boda, el rey regaló unos terrenos, primeramente en el  Vallès, a la reina para que pudiese construir su monasterio.

En él, la reina viviría en su propio palacio, con las comodidades de una reina pero beneficiándose de las tareas, tanto espirituales como laborales, de las monjas, a pesar de no seguir ella las leyes de la comunidad, y rodeada de otras monjas clarisas que, como ella, también procedían de grandes familias catalanas.

De este modo, entre las monjas encontramos mujeres también de los Montcada pero también pertenecientes al clan más amplio de la familia, es decir, a aquellas otras familias, como la Pinós o la Cardona, que conformaban la red noble de Catalunya. Sus emblemas heráldicos se encuentran también en el Monestir de Pedralbes, ya sea tanto en sus tumbas como en algunas obras de mecenazgo que realizaron.

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El Claustro

El claustro es quizá lo que más sorprende e impresiona nada más entrar en el Monestir de Pedralbes, dado que se trata de un espacio realmente mágico, de grandes dimensiones, que nos lleva de golpe a esa vida noble y tranquila, a ese rincón de libertad que tenían estas mujeres que en sus casas no dejaban de ser mujeres en una época en la que su poder era secundario.

En el monasterio gozaban de poder y eso es precisamente lo que nos viene a la cabeza nada más entrar en su hogar, en su rincón de felicidad, si bien es cierto que parte del claustro, dos de sus cuatro galerías, aún no se encontraba acabado en los orígenes del monasterio, es decir, que la Reina Elisenda y todas estas mujeres no llegaron a hacer vida exactamente en el mismo espacio que actualmente podemos encontrar durante la visita al Monestir del Pedralbes.

En el claustro, además de sus magnitudes, tenemos que fijarnos en sus columnas. Todas ellas se encuentran realizadas por una de las industrias catalanas más potentes e importantes del momento, por una empresa de picapedreros gerundense del barrio de Pedret de Girona que consiguió estandarizar el sistema de construcción de columnas, capiteles, ventanas, morteros… De este modo, con un tiempo de construcción récord y mediante mar desde Sant Feliu de Guíxols, conseguían hacer llegar a Barcelona, Tortosa, Peñíscola, Valencia, Daroca, Zaragoza… sus productos. Es por este motivo que podemos encontrar el mismo tipo de capitel y columna en claustros de iglesias como las de Santa Anna, la Concepció o el presente claustro.

A pesar de ser un trabajo estandarizado, el repertorio entre el cual escoger era bastante amplio. Concretamente, las columnas del Monestir de Pedralbes son gajonadas y de capiteles de hoja de palmera con escudos heráldicos (poner los escudos en el capitel suponía un plus en el precio final).

Precisamente por lo que acabamos de decir, la piedra de las columnas y capiteles, a pesar de haber una cantera justo al lado del monasterio y a diferencia de la construcción como tal, realizada con la piedra blanca de Pedralbes, procede de Girona, siendo una piedra local, calcaria nummulítica, utilizada ya desde el tiempo de los romanos.

 

El Dormitorio

A pesar de que todas las estancias del monasterio siguen el modelo típico de este tipo de construcciones, es decir, el modelo cisterciense, el dormitorio no se encuentra en la posición habitual precisamente por la existencia de este doble coro que hace que las monjas tengan que acceder a la iglesia desde el lado opuesto al que manda la tradición monástica.

De este modo, podemos observar en el dormitorio cómo unas escaleras lo comunicaban con la iglesia, así como también una cubierta a dos vertientes, actualmente modificada para construir un nuevo piso, de arcos apuntados de piedra.

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Es aquí donde dormían las monjas clarisas, no la abadesa ni la reina, que tenían su propio dormitorio.

Actualmente, el espacio acoge un museo con algunas piezas realmente destacables, muchas de ellas propiedad o donación de estas mujeres poderosas que vivían en el monasterio:

Una Anunciación de alabastro de importante valor artístico

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El pesebre más antiguo conservado de la Corona de Aragón. Una pieza del s.XIV que se vincularía con ese ideario franciscano que comentábamos, pues cabe tener en cuenta que fue San Francisco, precisamente, quien inició la tradición de los pesebres vivientes, por tal de implicar al devoto en la historia sagrada.

Se trata de una obra de Bernat Roca, realizada a partir del alabastro de Beuda, muy puro y sin vetas ni imperfecciones.

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Distintas piezas flamencas o de estilo flamenco pues, por motivos comerciales, Catalunya se encontraba muy vinculada con el antiguo Flandes, de ahí que entrasen también importantes influencias artísticas. Sin embargo, cabe destacar también la existencia en la colección de una pieza de clara procedencia italiana con ese trabajo cerámico propio de artistas como Luca della Robbia.

Cristo sentado sobre la piedra fría, esperando la crucifixión. Un motivo que no sale en los Evangelios pero que se difundió mucho a partir de los predicadores para conseguir una aproximación empática hacia Cristo por parte de los fieles. En el Monestir de Pedralbes podemos encontrar este tema en una escultura de grandes dimensiones.

Los retablos facticios, una tipología de obra muy propia de un monasterio femenino puesto que se trata de uno de esos tesoros que las mujeres del monasterio tenían en sus celdas y que ellas mismas montaban a partir de la compra por separado de pequeñas obras, de ahí la falta de unificación iconográfica y estilística entre los distintos retablitos. Una pieza muy femenina y, en mi opinión, una también de las más interesantes, al mostrarnos a través de ella el gusto y hábitos de estas mujeres.

 

El Palacio de la Reina

Espacio privativo de la reina y de sus damas de compañía que disponía también de un oratorio propio por concesión papal. La reina dejó dicho que se destruyera tras su muerte, sin embargo, parte de él aún se conserva, encontrando actualmente en su interior una interesante exposición sobre Sor Eulària d’Arzizu, archivera del siglo XIX y autora de la primera monografía sobre el monasterio, una interesante documentación aún de referencia a la hora de realizar cualquier estudio sobre el Monestir de Pedralbes.

 

El Refrectorio y la cocina

Lugar en el que las monjas, en estricto silencio, tal y como se lee en las paredes del mismo, comían mientras escuchaban la lectura desde el púlpito de los Evangelios. Justo al lado, comunicada mediante una pequeña puerta, se encuentra la cocina, de grandes dimensiones.

 

La Sala de la Abadía

Destaca por las pinturas góticas que encontramos en su interior. Por un lado, unos cortinajes que ayudaban a dar más calidez al húmedo espacio y, por el otro, las pinturas de tradición mendicante, cuyo objetivo de crear empatía en el espectador se observa muy claramente en temas como, por ejemplo, la Virgen de los Siete Dolores, esa Virgen con una espada clavada en el corazón, y los distintos santos queridos por la orden. Uno de ellos es San Luis de Tolosa,un santo familiar, pues se trataba del hermano de Blanca de Anjou.

 

La Sala Capitular

En su interior, a pesar de que en la tradición cistercense no se dé, encontramos un altar, algo muy propio de las órdenes mendicantes. En ella, encontramos también las laudes sepulcrales de las distintas abadesas, tratadas como si de una gran genealogía se tratase.

 

Las Celdas

Durante vuestra visita, observaréis también que todo el claustro se encuentra repleto de pequeñas celdas en las cuales las monjas llevaban a cabo sus quehaceres diarios. ¡Una verdadera preciosidad que, una vez más, nos traslada a esa vida femenina que tenía lugar en el Monestir de Pedralbes!

 

La Capilla de Sant Miquel

Finalmente, encontramos la Capilla de Sant Miquel. Encargada por la antes mencionada abadesa Francesca ça Portella, se trata de uno de los grandes tesoros que podemos encontrar en el Monestir de Pedralbes, además de una obra que ha traído bastante controversia pues, a pesar de que siempre se haya creído que se trataba de un trabajo de Ferrer Bassa, unos documentos encontrados en la Biblioteca Marciana de Venecia por el historiador del arte Joaquín Yarza, un Libro de Horas realizado por el mismo artista, propiedad de la reina María de Navarra, demuestran que el estilo de la capilla es muy distinto al de las miniaturas de dicho libro.

Esto, junto al estilo completamente italiano de los frescos de la capilla, más propio de autores como Giotto, los Lorenzetti o Simone Martini, nos llevaría decir que Ferrer Bassa en realidad era un personaje muy poderoso en la época, que creó escuela y que, incluso, delegaba trabajos a otros artistas, como podría ser el que, en realidad, podría haber realizado la Capilla de Sant Miquel.

Sea como sea, se trata de una obra magnífica del siglo XIV a la que bien merece prestar atención durante nuestra visita.

 

Por último, destacar también que, gracias a una campaña de micromecenazgo y, posteriormente, de los beneficios obtenidos de la tasa turística cobrada en Barcelona, la capilla está pudiendo ser restauranda.

Os dejo un vídeo sobre los trabajos realizados:

https://vimeo.com/130533055

 

La visita

Actualmente, además de visitas guiadas o por libre, el monasterio incluye tambié distintas actividades de lo más interesantes (podéis encontrarlas aquí).

¡Ah! Y si seguís sus redes sociales… ¡podréis también participar en distintos concursos con premio!  ;)

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En definitiva, el Monestir de Pedralbes no sólo es trata de una maravilla gótica de nuestra ciudad, sino que también es un claro testigo de una época y, sobre todo, de una vía de escapatoria y de libertad de unas mujeres que, tras sus muros, encontraron su felicidad.

 

Para más información:

monestirpedralbes.bcn.cat

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