Visita nocturna al Cementiri de Montjuïc

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¡Hemos visitado en más de una ocasión el Cementiri de Monjuïc! Primero, con nuestra visita al Fossar de la Pedrera y, después, con el Museu de les Carrosses Fúnebres.

Pero, sin embargo, nunca nos habíamos adentrado a él de una manera tan diferente, especial y sobre todo mágica, como en la que os propongo hoy. Y es que, aprovechando la jornada de tres días que llevó a cabo Cementiris de Barcelona, me decidí repetir en el Cementiri de Montjuïc la misma experiencia que ya vivimos en el Cementiri de Poblenou… ¡un ruta nocturna!

Violines en directo, pequeñas teatralizaciones, caminos de velas, panteones convenientemente iluminados… todo ello para acercarnos, no sólo a la historia de este cementerio repleto de arte en todos sus rincones, sino también a las familias, la mayor parte de ellas burguesas, que encontramos en él.

Y es que, en esta ocasión, no fueron pocos los personajes de la alta burguesía catalana que fueron apareciendo a lo largo de nuestra visita. La mayor parte de ellos, conocidos por todos nosotros y otros que no tanto pero que, sin embargo, escondían historias de lo más interesantes.

¿Su punto en común? Su participación en la industrialización de Catalunya, aunque muchos de ellos también eran indianos que hicieron fortuna con la industria del tabaco, y su afán por tener también ellos su lugar en el mundo de los muertos y, más concretamente, en ese nuevo cementerio que tenía que reemplazar el ya pequeño y alejado de la ciudad Cementiri de Poblenou. Inaugurado en el año 1883 y obra del arquitecto Leandre Albareda, el Cementiri de Montjuïc o del Sud-Oest suponía, pues, una representación más de ese gran crecimiento demográfico y económico que estaba llevando a cabo la ciudad de Barcelona.

¿Los primeros burgueses en aparecer en nuestro ruta? Los señores Bonaplata y Batlló, ambos enterrados en el Cementiri de Montjuïc en dos grandes y ornamentados panteones. Pero, ante todo, dos personajes clave para la Revolución Industrial en Catalunya.

De esta manera, mientras que el primero, creador de la Maquinista Terrestre y Marítima y buen ejemplo para explicarnos la práctica del ludismo en Barcelona (su fábrica, localizada en la calle Tallers, fue destruida por sus trabajadores, viéndose obligado a abrir una de nueva, en el barrio de la Barceloneta, con un nuevo y moderno sistema de protección), se encargó de hacer llegar la máquina de vapor al país; el segundo, procedente de Olot y propietario de la reconocida Casa Batlló de Antoni Gaudí, se dedicó a la industria textil, creando fábricas tan reconocidas como Can Batlló en el barrio de La Bordeta.

El primer panteón en conocer, pues, fue el de la familia Batlló, caracterizado, especialmente, por sus influencias egipcias y por ser obra del mismo arquitecto del Arco de Triunfo de Barcelona, Josep Vilaseca.

 

¿El segundo panteón? El de Mariano Regordosa, dedicado a la industria del algodón y creador de una gran colonia industrial localizada en la comarca del Bages, en la localidad del Pont de Vilomara, cerca del río Llobregat para usar su energía hidráulica como fuerza motriz en todo su proceso de fabricación.

¿Su arquitecto?  Miquel Pasqual, arquitecto municipal de la villa de Gràcia y, por lo tanto, mismo diseñador de edificios tan emblemáticos como el Ayuntamiento de Gràcia o el Mercat de la Llibertat.

Sin lugar a dudas, a parte del trabajo escultórico de la tumba, lo que más llamó nuestra atención fue el candelabro de hierro forjado  que la acompañaba.

 

Y así con un sinfín de burgueses más, cada cuál más interesante, con tumbas ornamentadas con elementos propios de la decoración fúnebre, tales como el búho, las flores de opio o la decoración neogótica y ecléctica de los panteones. Y, en referencia al estilo usado en la arquitectura fúnebre, cabe destacar como, conforme el modernismo se va consolidando como estilo primordial en la ciudad, también lo iremos apreciando en nuestro recorrido a través de los panteones del Cementiri de Montjuïc, construidos, la mayoría de veces, por los mismos arquitectos que se encargaban del diseño de sus primeras residencias en la ciudad.

Así, pues, pudimos visitar obras de arquitectos tan reconocidos como Lluís Domènech i Montaner en la tumba de la familia Mas Riera; Antoni Maria Gallissà, arquitecto responsable de los talleres artesanales del Palau dels Tres Dragons del Parc de la Ciutadella; o Enric Clarassó, gran amigo de Santiago Rusiñol (también enterrado en el Cementiri de Montjuïc) y de Ramon Casas.

¿Como recurso usual? La calavera o muerte en contraposición a la vida, ambas a lado y lado de las puertas de entrada de los panteones. 

¿Un momento curioso? La aparición de Santiago Salvador, el anarquista que puso dos bombas Orsini en el Liceu, símbolo por excelencia de la burguesía barcelonesa, el 7 de noviembre de 1873. Dicha actuación anarquista, junto con muchas otras que llegaron años más tarde y que giraron, especialmente, alrededor de la Setmana Tràgica, supuso que la ciudad de Barcelona se conociese con el nombre de la Rosa de Foc. Que Santiago Salvador apareciese justo delante del panteón de la familia Olano no es un hecho casual puesto que el más conocido como Comte de Fígols e industrial siderúrgico de Bilbao fue una de las víctimas que fallecieron en dicho ataque al Liceu. Prueba de ello es la bomba que encontramos en el lado derecho de la puerta que da acceso al panteón.

¿Otros panteones destacados? El de la Familia Simon, socios de Ramon Montaner, propietario de la Editorial Montaner Simon, localizada en la calle Aragón de Barcelona, o el de Manuel Malagrida Fontanet, personaje muy vinculado con América y la fabricación de tabacos que, tanto en su residencia del Passeig de Gràcia como en su panteón, quiso unir las dos culturas que le dieron cobijo, la catalana y la americana. De esta manera, en sus construcciones, podemos observar en repetidas ocasiones el águila pirenaica pero también el cóndor americano, Cristóbal Colon pero también el General Mitre.

 

Pero, sin lugar a dudas, la parada que nos dejó a todos impresionados fue el Panteón de la Riva, el primero en usar un ascensor para bajar a su cripta.

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Y, en mi opinión… ¿El panteón más delicado y elegante? El más alto de todos ellos, el de Josep Gener i Batet, miembro de una adinerada familia, gracias a sus negocios relacionados con el tabaco en Cuba, procedente de la localidad de Arboç. En este caso, nos encontramos con el personaje de su viuda, una criolla de Luisiana que nos explicó con pelos y señales los negocios de su marido, las inversiones que llevó a cabo en Arboç, financiando construcciones como el acueducto, la escuela o el altar mayor de St. Julià, y su papel de viuda de una manera de lo más divertida.

 

¿El punto final de nuestro paseo nocturno? La escultura que supuso uno de los mejores premios en la Exposición Universal de París del 1900, obra del ya citado escultor Enric Clarassó. Se trata del Memento Homo quien nos recuerda la frase “home que pols ets i en pols et convertiràs“, mientras cava su propia fosa, convirtiéndose, así, en la primera escultura del cementerio de carácter naturalista o realista dentro del mundo funerario.

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Detrás de él, dos ángeles, uno masculino (obra de Josep Llimona) y uno femenino (esculpido por Damià Campeny), siguiendo todavía el estilo anterior propio de la escultura funeraria, se despiden de nosotros en esta visita tan especial por el Cementiri de Montjuïc.

 

Para más información:

Cementiris de Barcelona  www.cbsa.cat

Rutas culturales por el Cementiri de Montjuïc  www.cbsa.cat/rutes.asp?id=124

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