Xavier Miserachs en La Pedrera

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En la entrada de hoy, me gustaría presentaros una exposición temporal que, además de ser de gran calidad, algo muy propio de la mayor parte de exposiciones que organiza la institución que la acoge, nos acerca a una Barcelona que, si bien es verdad que temporalmente nos puede parecer lejana, se encuentra muy presente dentro del imaginario colectivo de la ciudad.

Hoy me gustaría hablaros de la nueva exposición temporal de La Pedrera, dedicada a uno de los fotógrafos que mejor han sabido captar la esencia de nuestra ciudad, Xavier Miserachs. De este modo, Miserachs. Epíleg imprevist, abierta al público hasta el 15 de julio, nos permite recorrer esa Barcelona en blanco y negro que ya acostumbrábamos a vincular con el fotógrafo, pero también esa otra más próxima que quizá desconocíamos o no teníamos tan presente en la obra del autor, la Barcelona en color de los años 80 y 90. De esta manera, la muestra no sólo nos reconstruye el relato del fotógrafo (la primera y última retrospectiva del autor se realizó en el año 1992 en la Fundació La Caixa), algo que ya pudimos ver desde otro punto de vista recientemente en el MACBA, dipositario del Fons Xavier Miserachs, sino también la de esa Barcelona preolímpica que no se acostumbra a tener en cuenta normalmente en las exposiciones que se le han dedicado. Todo ello, incluyendo, además, obras inéditas no expuestas hasta el momento, lo que añade un valor añadido a la exposición.

¿Su comisaria? Laura Terré, historiadora de la Fotografía (especialmente de aquella comprendida entre los años 1950 y 1980), profesora y escritora de algunos libros sobre la Historia de la Fotografía en Catalunya. Como curiosidad, mencionar que sus vínculos con la Fotografía vienen de lejos, pues se trata de la hija del fotógrafo Ricard Terré. La comisaria, además, conoció a Xavier Miserachs en persona, lo que aún la aproxima más a la muestra que ha gestionado.

Fue ella misma la que realizó la visita guiada a la que tuve oportunidad de asistir, lo que conllevó que mi acercamiento a la figura de Xavier Miserachs fuese también bastante vivencial y, sobre todo, de lo más interesante.

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¿Por qué Epíleg imprevist?

El título de la exposición hace referencia a la misma vida del autor pues, además de tratarse del nombre del último capítulo de su último libro, es también una manera de referenciar esa muerte imprevista del fotógrafo (falleció a los 61 años, en unos años 90 en los cuales la fotografía útil de autor empezaba a decaer, entrando en una profundad crisis), sin olvidar que el contenido de la exposición también pretende ser imprevisto con ese relato que va más allá de los libros de fotografías por los cuales acostumbramos a conocer a Xavier Miserachs.

La muestra, de hecho, seguiría esta línea de trabajo que el fotógrafo acostumbraba a aplicar en sus libros mediante una fotografía muy narrativa y cercana, motivo por el cual encontramos las fotografías colocadas en las paredes como si de un relato se tratase, sin cristales ni passepartout. Todas ellas, además, no son meras copias del original con el fin de evitar la pérdida de esa antigüedad que las caracteriza, sino fotografías producidas para la misma exposición, ampliaciones analógicas sobre papel. La exposición incluye un total de más de 100 fotografías seleccionadas de toda su obra, algo que ha sido complejo, dada la gran cantidad de piezas conservadas en el fondo de Xavier Miserachs; la exposición, pues, ha supuesto un laborioso trabajo de investigación ya que, no sólo incluye material hasta ahora no visto, sino que también ha supuesto seleccionarlo entre más de 80.000 negativos procedentes tanto del MACBA como del archivo particular del autor.

La selección ha supuesto la creación de un recorrido de manera global por el autor, dado que, además de incluir distintos géneros fotográficos, también ha tenido en cuenta todas las vertientes de su material, pasando por su material como amateur y profesional, en blanco y negro y color o por experimentación o encargo.

En definitiva, en Miserachs. Epíleg imprevist se han aplicado esos criterios que el propio Xavier Miserachs dejó por escrito (algunas de sus citas las encontramos en las paredes de la muestra, complementándola en todo momento) y que, por tanto, no sólo ello supone que ésta nos acerque las palabras del autor, sino también se cree una exposición adecuada a su pensamiento y manera de hacer.

Por otro lado, destacar que todo ello tiene una interesante relación con la manera de trabajar de un fotógrafo al que, precisamente, se ha dedicado actualmente una exposición en la Fundación Mapfre, Brassaï (os recomiendo muy gratamente su visita, cuya fecha de finalización es este domingo 13 de mayo). Y es que, al fin y al cabo, los procesos son similares en los dos fotógrafos, a pesar del lapso de tiempo entre ambos, especialmente teniendo en cuenta que Miserachs se engloba dentro de ese periodo y trabajo que recuperó todo aquello que quedó truncado a causa de la Guerra Civil española, usando la obra de todos esos grandes maestros anteriores como clara influencia (algo similar dentro de este concepto de ruptura de la actividad cultural debido a la Guerra pudimos conocerlo en el caso de Joan Ponç, artista que también recupera el surrealismo anterior a la Guerra en una época que quizá nos puede sorprender, tal y como expusimos en La Bcn Que Me Gusta, en motivo de la exposición que se realizó en La Pedrera).

No obstante, como diferencia, cabe tener en cuenta que Brassaï sí realizaba un tipo de fotografía artística (él mismo organizaba exposiciones), a diferencia de Xavier Miserachs, como veremos un poco más adelante en esta misma entrada.

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Actividades paralelas

Paralelamente a la exposición, tiene lugar un conjunto de actividades que, además de permitirnos participar en la exposición, haciéndola más dinámica y colectiva, ayudan a conocer un poco más el autor.

La primera de ellas es la mesa redonda que tendrá lugar el próximo 14 de mayo a las 19h y en la que, además de encontrar a la comisaria Laura Terré como moderadora, participarán distintos profesionales de la fotografía como Carlos Pérez Siquier, Txema Salvans y Pepe Baeza.

Pero la iniciativa quizá más participativa es la que se está realizando a través de Instagram con el hashtag #miserachsalapedrera, que pretende dar a conocer la obra de barceloneses y barcelonesas que, en blanco y negro, también nos ilustran sus propias visiones de Barcelona, del mismo modo que hacía Miserachs, creando, así, una gran exposición colectiva. Las mejores fotografías, además de ser publicadas en la cuenta de Instagram creada para ello (@miserachsalapedrera), se colgarán en la exposición física en un último panel que podemos encontrar al finalizar nuestro recorrido. La selección se realiza cada 15 días e incluye tres categorías distintas: retrato, composición (creación de un relato) y creatividad. Podéis encontrar más información sobre ello aquí.

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Autoretrat a l’estudi del carrer Aribau, 1962

 

Xavier Miserachs, uno de los fotógrafos de referencia de nuestro país

Como muchos otros artistas (cabe tener en cuenta que él, del mismo modo que también lo hizo Colita, a pesar de ser una fotógrafa artista consagrada, nunca se sintió artista, más bien documentalista, pues siempre había considerado que la fotografía tenía que comunicar, no ser una mera obra, aunque en realidad el autor fuese más allá de las connotaciones de este término mostrando una actitud muy propia delante de la realidad), Xavier Miserachs se inició en el mundo de la fotografía profesional a los 25 años dejando esa carrera “útil” de Medicina que le tenía que dar la estabilidad económica. Con su obra, renovó la fotografía documental en la España de los años 50 y 60, una fotografía que había quedado apagada por la Guerra Civil y el franquismo pero que, poco a poco, iría retomando de nuevo fuerza y, con el tiempo, también color.

 

Narrar, comunicar, explicar, augmentar el coneixement d’altres persones a través de l’experiència pròpia, explorar amb la càmera el que l’ull no aconsegueix “veure”, documentar el que es perdrà irremediablement… aquesta és la tasca del fotògraf. I l’únic límit temàtic, el propi de l’univers. La geografia, la societat, l’home, la historia, la ciència… Així, carregat d’ideals i d’ecumenisme comunicatiu, vaig prendre la decisió de ser fotògraf.

Xavier Miserachs, Profesiones con futuro, Fotógrafo (1995)

 

Pero todo ello no lo hizo solo, pues su obra se engloba dentro de la labor de un colectivo más amplio con un mismo objetivo. De hecho, Xavier Miserachs era el miembro más joven de esta amplia comunidad que conformaría la época dorada de la fotografía en España; esa generación de renovadores que pretendía romper con la fotografía tradicional, a la par que esquivar la censura del franquismo, recuperando la tradición profesional anterior a la Guerra y todos aquellos movimientos internacionales tanto anteriores como del momento. De este modo, Miserachs entró en el Grupo Afal, un grupo de fotógrafos (Ramon Masats, Ricard Terré, Oriol Maspons, Leopoldo Pomès, Paco Ontañón…) que trabajaría por la libertad a la hora de afrontar los temas, el trabajo en la calle, el provecho del azar, la técnica precaria y urgente, la poesía de lo cotidiano y la dedicación profesional; una manera de entender la fotografía que iría muy ligada a la misma manera de entender la vida en su totalidad.

Su pasión por la fotografía, ese paso que provocó que dejase la Medicina y se dedicase por completo a su afición, como hemos mencionado, tuvo lugar en París, lugar al cual viajó con Oriol Maspons. Allí tuvieron la oportunidad de entrevistar a Guy Bourdin y conocer la fotografía de William Klein, alguien a quien admiraría e intentaría imitar, especialmente a raíz de su libro sobre Nueva York. De este modo, progresivamente, fue aplicando esa fotografía de la gran ciudad, ese lenguaje neoyorkino e internacional, esa nueva manera de entender la fotografía de la realidad, a la ciudad mediterránea.

Roma (1959) se englobaría dentro de la serie de ciudades que Miserachs realizaría aplicando esta nueva manera de entender el mundo y la fotografía. En él, podemos apreciar el mismo sabor a posguerra que la ciudad de Barcelona y que tanto retrató el artista durante su trayectoria fotográfica, así como también la presencia de otros personajes reconocidos del momento, puesto que se trataba de un libro colectivo, entre los cuales encontramos Fellini, Pasolini, Cocteau o Moravia, entre otros.

Fruto del desarrollo de esta nueva concepción de hacer fotografía, a los 26 años creó ese libro por el cual acostumbramos a conocer a Xavier Miserachs, Barcelona. Blanc i negre (1964), un libro de autor o fotolibro en el cual la narración se crea mediante la fotografía; de hecho, se trata de un libro cuya narración, realizada a priori, es un elemento básico para su composición. En él, encontramos una fotografía que, a su vez, nos habla de la gente, de la ciudad y todos esos entes que la componen, puesto que esta narración a través de las imágenes supone una manera de trabajar muy cercana al lenguaje cinematográfico.

Este libro supuso un cambio en la visión de la ciudad respecto al libro de Francesc Català-Roca, publicado años antes, pero también un cambio radical en la fotografía de Miserachs, una entrada a su propio estilo y a esa obra de William Klein que destacábamos en unas líneas anteriores (anteriormente, cabe tener en cuenta que Miserachs ya había publicado Els Encants, 1955, su primer reportaje de manera sistemática y organizada).

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En todo momento, podemos encontrar en Barcelona. Blanc i Negre la idea sobre el concepto de documentalismo del autor, explicada por él mismo con las siguientes palabras:

 

No és falsa modèstia opinar que el fotògraf no “crea” absolutament res, en el sentit amb el qual la tradició artística empra aquesta paraula respecte a una melodia, una pintura o un projecte arquitectònic. És simplement l’observació, desproveïda, això, sí, de prejudicis pretensiosos, que el fotògraf condiciona, modula, administra i matisa, si n’és capaç, alguna cosa que es produeix amb independència de la seva voluntat, d’una manera automàtica i tecnològicament asèptica: la imatge de la realitat que l’òptica i l’energia lluminosa formen al pla de la pel·lícula. Una fotografia és una nova realitat, però la seva “creació” no és totalment ex novo, sinó que hi han participat una realitat preexistent, la tecnologia fotogràfica i les bones relacions entre l’una i l’altra que ha proporcionat el fotògraf.

Xavier Miserachs, Criterio fotográfico. Notas para un curso de fotografía, 1998

 

Hemos hablado de las influencias de William Klein en la obra de Miserachs pero… ¿Una diferencia respecto a Klein en Barcelona. Blanc i Negre? Ésta sería simple: mientras que Klein era el responsable de todo el proceso de su libro sobre Nueva York (idea, diseño, montaje, textos, fotografía…), Miserachs sólo pudo encargarse de la fotografía, dejando el resto del proyecto a manos de colaboradores (los textos son de Josep Maria Espinàs y Joan Oliver y el diseño de Albert Ràfols-Casamada).

Como anécdota, destacar que el resultado no gustó a los políticos municipales, obviamente por su contenido demasiado real, pero, precisamente por esta transgresión en una España franquista, supuso ser uno de los libros más interesantes, potentes y originales que se publicaron en España, tal y como se nos afirma el catálogo de la exposición.

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Mary Mistral, 1964 

 

Tot i l’evidència que hi ha gèneres tan precisos com el reportatge, la fotografia de moda o el retrata, la classificació de “documentalisme” s’atribueix a un gran calaix de sastre temàtic i tècnic, amb un únic caràcter comú: la voluntat del fotògraf de donar a les seves imatges la màxima riquesa i intensitat descriptiva. En altre paraules, un gran respecte pel tema.

El documentalista té molts punts en comú amb el reporter, i l’única diferencia fonamental és el concepte d’actualitat. Per a un fotoperiodista, el temps corre sempre en contra seva: qualsevol noticia periodística té més valor com més curt és el temps que transcorre entre l’esdeveniment i l’arribada de la informació al públic. El documentalista, en canvi, sol jugar a favor del temps. El seu discurs és “això era així a tal data”, i el curs del calendari i els canvis constants de la realitat no fan res més que afegir valor al seu document.

Xavier Miserachs, Profesiones con futuro. Fotógrafo (1995)

 

Miserachs. Epíleg imprevist… ¡recorramos la exposición!

A Xavier Miserachs lo conocemos también por sus trabajos como fotógrafo en la revista Triunfo, revista con la cual firmaría un contrato de exclusividad en el año 1968 y donde ilustraba los artículos de Manuel Vázquez Montalbán o Miguel Delibes, entre otros. Es con esta revista que también viajaría para reportar hechos históricos de remarcable importancia como podrían ser los hechos de Praga o el Mayo del 68, tal y como podemos conocer en el inicio de la muestra.

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París, maig de 1968

 

Poques vegades he tingut com en aquell temps la sensació d’estar documentant alguna cosa important, un fet que podía incidir en el curs de la historia.

Xavier Miserachs, Criterio fotográfico. Notas para un curso de fotografía (1998)

 

Pero, sobre todo, Miserachs ha pasado a formar parte de nuestra historia como ciudad a raíz de sus trabajos sobre la vida cuotidiana, tal y como ya hemos destacado, motivo por el cual gran parte de la exposición gira también en torno a ello. Miserachs nos permite entrar en la realidad de sus retratados de una manera fascinante y eso se debe, precisamente, a su manera de trabajar: Miserachs conseguía ser uno más entre el grupo que quería fotografiar y es por este motivo que, además de obtener como resultado un material fotográfico muy íntimo y espontáneo, conseguía también unos retratos psicológicos fantásticos, que realmente nos hablan del interior de cada una de sus personas.

Cadaqués, 1962  -  El fill dels Guerín, 1968

 

De este modo, a través de sus fotografías, como podemos apreciar en esta exposición, podemos percibir la realidad desde su punto de vista, distinto seguro al del ojo de otro fotógrafo, y, por tanto, hacerlo también de una manera rica e interesante, a partir de puntos de vista quizá imposibles para nosotros, gracias a ese zoom hacia realidades diferentes. La realidad la lleva a la ficción y, tal y como nos indicó la comisaria durante la visita, también a algo distinto a lo que nos hace el cine traspasando la realidad a ficción.

 

Una feina que ens agradés molt, segur que ens acabaría avorrint si no ens proporcionés la possibilitat d’enriquir-nos culturalment i d’enriquir el procés en el qual s’integra la nostra feina.

Diálegs a Barcelona. Colita i Miserachs, 1988

 

 

Venint de l’estació de França, 1962  -  Can Tunis, 1967  -  Rambla de Catalunya, 1962  -  Via Laietana, 1962  -  Plaça Reial, 1962

 

¿Un denominador común en mucha de su obra y que podemos encontrar también en Miserachs. Epíleg imprevist? La mujer, esa mujer que representa el ideal de mujer europea que descubrió mientras era adolescente en las estudiantes de la Costa Brava. Una mujer que pasa desde su posición revolucionaria en el Mayo del 68 o libre en el Carnaby Street de Londres a la mujer africana que vive desde la sonrisa o la rusa que aún los hace sometida al gris de su entorno.

No obstante, lo que quizá nos pueda parecer más curioso y simpático son los reportajes vinculados a la moda, la discoteca Bocaccio y personalidades del momento como Teresa Gimpera; fotografías que nos llevan a esa Gauche Divine catalana, a la modernidad del Tusset Street y de las juventudes bohemias de la Barcelona del momento. De hecho, Bocaccio fue una creación en 1967 de Miserachs y Gimpera junto al empresario Oriol Regàs.

Miserachs se encargaría de la imagen de empresa, de ese logo con el cual se fotografiaría Teresa Gimpera.

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Teresa Gimpera, 1967

 

Em diverteix la moda al carrer, malgrat el mal gust que hi domina, i espio descaradament les indumentàries d’amics i coneguts en el actes socials als quals acudeixo, a la recerca de senyals i dades que subministrin pistes sobre la personalitat dels qui les llueixen. Excepte per a la gent obligada a portar un uniforme profesional, vestir-se cada matí de cap a peus és un dels actes més lliures i voluntaris que la jornada ens ofereix.

Xavier Miserachs, Profesiones con futuro. Fotógrafo, 1995

 

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Sessió de moda per a Enka, 1967

 

En este apartado, podemos apreciar también un pequeño homenaje a otros fotógrafos del momento, como serían Oriol Maspons, Joan Colom o Colita. De hecho, como curiosidad, dado que se trataba de un grupo de fotógrafos procedentes del mismo círculo, algunos temas los podemos encontrar en todos ellos al mismo tiempo, aunque realizados desde perspectivas distintas, algo que nos confirmaría esa visión de la realidad tan propia de cada fotógrafo que comentábamos.

La serie sobre fotografías de esa Barcelona gris de la zona metropolitana, un encargo de la Corporació Metropolitana de Barcelona, se encuentra también presente en la exposición. Se trata de un retrato de la ciudad y de esos cambios sociales que se daban en ella.

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Estació Universitat Autònoma, Bellaterra, 1984

 

No obstante, siguiendo esta línea, personalmente, quizá me quedaría con las fotografías realizadas en esa Costa Brava que empezaba a llenarse de turistas, ese contraste entre el paraíso que él conocía y el turismo, que realizó para la editorial Kairós con Costa Brava Show (1966).

¡Algunas de las fotografías están repletas de un sentido del humor magistral! Y es que en este reportaje, Miserachs es capaz de unir el arte pop con su propia plástica, todo aquello aprendido de Klein y el show que supuso el turismo para la sociedad de la época.

Tossa del Mar, 1965  -  Roses, 1960

 

La primera propuesta en color de Miserachs, una técnica a la cual el autor no dudó en pasarse puesto que, para él, dado que la realidad era en color y esta era, precisamente, la que quería retratar, así debía ser, tuvo ciertos recelos entre algunos estudiosos que indicaban que su fotografía en color perdía fuerza. Este apartado lo encontramos a media exposición y se trata de esa Barcelona heredera del pop art, esa Barcelona repleta de anuncios y nuevas influencias. En definitiva, se trata de un trabajo, del mismo modo que el anterior, realmente interesante, dado que nos muestra esa Barcelona preolímpica de los años 80 y 90 de la cual ya casi nos quedan recuerdos. Una publicación interesante del autor en este momento es Els barcelonins (1988).

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Paral·lel, 1971

 

Su última etapa nos aproxima a la ilustración de libros, pero también a un proyecto de lo más enriquecedor para los barceloneses y barcelonesas del momento, Metrópolis (1991), esa iniciativa de la era Maragall que pretendía posicionar la ciudad de Barcelona en el mundo creando paralelismos con otras ciudades y mostrando cómo eran estas a sus ciudadanos.

Los reportajes de sus viajes, entre los cuales encontramos desde niños con distintas realidades a fiestas de tipo nacional de lo más curiosas y que nos vincularían con esa imaginería ibérica, están también presentes en esta exposición.

València, 1981  -  Platja d’Aro, 1987  -  L’Ametlla de Mar, 1987

 

Nazaré, Portugal, 1977  -  Leningrad, 1980  -  Estadi de Conakri, Guinea, 1979  -  Bangkok, 1977

 

En definitiva, Miserachs. Epíleg imprevist se trata de una exposición de lo más interesante, no sólo porque nos acerca a una Barcelona desconocida para muchos y muchas por el simple hecho de que no es la Barcelona que nos ha tocado vivir, sino también porque permite conocer un artista fascinante que fue capaz de retratar la ciudad, pero también sus gentes, sentimientos, olores y texturas.

Durante la visita, uno de los asistentes realizó una pregunta… ¿Por qué toda la obra de Miserachs realizada en color no ha salido hasta ahora, quedándonos sólo con esa Barcelona en blanco y negro? La comisaria le respondió algo que nos vincula con lo que acabamos de decir: por el simple hecho de que la Barcelona en color, en su momento, no era historia, mientras que ahora, con el paso de los años, ya hemos aprendido a valorarla y a verla con los mismos ojos con los cuales mirábamos la de los años 50 y 60. Y es que, en realidad, nos encontramos en una sociedad que tiene nostalgia de la Barcelona del 92, de esa Barcelona de la cual Miserachs nos da un testimonio tanto en espacio como tiempo.

En su momento, Miserachs no tuvo la oportunidad (que sí tiene ya en esta exposición) de mostrar esa Barcelona en color bajo un criterio artístico. Esta muestra de La Pedrera, pues, también supone un redescubrimiento del autor, del mismo modo que, junto a él, redescubrimos nuestra ciudad y quiénes somos dentro de ella.

 

Para más información:

www.lapedrera.com/ca/agenda-activitats-barcelona

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