¡”Zoòtrop”, la nueva exposición de La Pedrera!

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¡Nueva exposición temporal en La Pedrera!

En esta ocasión… ¡todo un privilegio! Pues nos permite conocer la visión del propio autor, al tratarse de una exposición de un artista todavía vivo y muy dinámico en nuestra ciudad, Frederic Amat.

Una exposición también muy distinta a las que nos ofrece habitualmente esta institución ya que permite acercarnos a ese arte contemporáneo, conceptual y poético pero a su vez también muy matérico y visual, propio de los últimos artistas del siglo XX y XXI.

 

“Zoòtrop”

Así es cómo se denomina esta muestra que podréis encontrar hasta el 16 de julio en La Pedrera.

¿El motivo de su nombre? Los vínculos constantes que encontramos en su interior con el mundo del cine y, en especial, del teatro, dividiendo la exposición, incluso, en tres partes que, en realidad, no dejarían de ser esos tres actos de una obra de teatro.

Un título escogido por su comisario, Miquel Adrià, pero que también hacía tiempo que rondaba por la cabeza del artista (cabe tener en cuenta la importante implicación de Frederic Amat en la exposición en todo momento). De hecho, el mismo Frederic Amat hace tiempo que baraja la posibilidad de, incluso, hacer un libro con el mismo nombre y relacionado con la experiencia del espectador en el cine.

Del mismo modo que hace un zoótropo, esta muestra, pues, permite experimentar en primer persona todo ello, pues no se trata de algo concebido como estático y simplemente visual, sino que en su interior podemos también vivir. Eso se debe a que, además de obras, encontremos en distintos puntos de la exposición también intervenciones en el espacio, algo muy habitual en de Frederic Amat.

Por otro lado, destacar que, dado que se trata de un artista polifacético, que se inició con la pintura pero que continuó con otras muchas disciplinas bien dispares, como veremos un poco más adelante, también se quiere vincular la exposición con este aparato que, mediante las entradas de luz (en este caso serían las mismas ventanas de la casa), crea ilusiones ópticas, experiencias distintas. Además, siguiendo con esta misma línea, cabe tener en cuenta la forma circular de la misma planta, del mismo modo que lo es el tambor del zoótropo, así como también las continuas pantallas que en determinados momentos nos vamos encontrando y que, en el fondo, no sólo marcan los tempos de nuestro recorrido, sino que también nos permiten finalizar en el mismo punto que empezamos.

“Quina separació hi ha entre el dibuix i l’escriptura, entre traçar i crear, entre la pintura i l’animació, entre el collage i la invenció, entre la música i la imatge, entre la geometria i el caos, entre la biologia i la cosmologia, entre l’energia i la intel·ligència?

Hi ha una poesia visual que expressi una forma de pensar semblant a la poesia que sorgeix d’una composició verbal?”

Formulando estas preguntas, Frederic Amat no sólo nos hace reflexionar sobre el papel del arte y su interdisciplinariedad, sino también ver necesario que todos los vehículos de expresión son óptimos para llegar donde queremos llegar. Frederic Amat trabajó en todo momento sobre los límites del arte y disolviendo las distintas fronteras disciplinarias. Así pues, en esta exposición, se ha intentado mostrar también las diversas facetas que el artista y su obra tenían y tienen, del mismo modo que lo hace un zoótropo, con el espacio, la arquitectura, la ciudad y el paisaje.

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Frederic Amat y La Pedrera

Como muchos y muchas ya sabéis, se trata de uno de los personajes más destacados del panorama artístico catalán contemporáneo, especialmente gracias a su concepción múltiple del arte, llegando tanto a la pintura como al dibujo, la escultura, la instalación, la performance, la ilustración de libros, el audiovisual, la escenografía teatral o las intervenciones en espacios arquitectónicos.

No es la primera vez que el artista participa en La Pedrera, pues ya en el 2011 realizó una obra, que también podemos observar en esta exposición temporal que hoy os presento. Se trata de la videocreación “Forja”, un travelling por las barandillas que realizaron Josep Maria Jujol y Antoni Gaudí a partir de un trazo continuo y descontextualizado que provoca que acabemos pensando más en la misma caligrafía gestual del artista, gruesa, que no en las barandillas como tal.

En una segunda ocasión, Frederic Amat se implicó en la exposición que se dedicó en La Pedrera a Josep Llorens Artigas, gran ceramista, colaborador y amigo suyo, como podremos ir viendo a lo largo de esta entrada y de la exposición “Zoòtrop”. La exposición recibió el nombre de “Artigas. L’home de foc”, precisamente por los vínculos del barro con el fuego, y Frederic Amat fue el encargado de diseñar la escenografía en la cual las columnas de la edificación modernista se deshacían, regresando a su materia primera, a la arena y la tierra.

Podéis encontrar más información sobre el artista y sus proyectos en su página web.

 

Una obra, tres actos

Hemos dicho que la exposición se divide en tres momentos, en esos tres actos tan propios de la ópera o de una obra de teatro y, a su vez, también tan vinculados con la trayectoria profesional del artista.

¿Cuáles son estos tres actos? Tras un primer prólogo, con obras como “Acció Pedra” (2012), acompañada del recital de un poema por Arnaldo Antúnez y muy vinculada, teniendo en cuenta el título, con la Pedrera, o esa pantalla agujereada que permite, mediante una proyección, liberar la luz…

Las emociones… ese primero de los tres actos que seguirá un ritmo vivace.

Recogimiento… esas experiencias que el artista tiene desde la materia y su obra y que, a partir de “Zoòtrop”, nos quiere también mostrar a nosotros. Las piezas, pues, del mismo modo que en una ópera llevarían a cabo esta función los personajes, se explayan en forma de arias puntuales, subjetivas y cargadas de contenido emocional.

El arte aplicado… una panorámica que nos recoge cada una de las obras del autor que se han vinculado con nuestra ciudad y país. De este modo, como en una ópera y en un ritmo nuevamente vivace, todo se expone, en forma de un interesante compendio, y se resuelve.

 

¡Desgranemos un poco lo que acabamos de presentar!

Acto 1

El artista dialoga con la casa, algo que Frederic Amat, dado que se trata de una obra de Antoni Gaudí, consideró muy osado decir, prefiriendo hablar más de un acompañamiento que de un diálogo. De hecho, es por este mismo motivo que las columnas de La Pedrera se encuentran iluminadas dentro de este recorrido artístico por la obra de Frederic Amat.

De este modo, con esta intervención artística en la casa, que nos permite observar en todo momento aspectos que en otras exposiciones se encontraban cubiertos, como podrían ser las ventanas o la distribución del espacio, se interviene sin intervenir propiamente dicho. Así, podríamos decir que se trata más de una recuperación de la memoria histórica que de una intervención como tal; de un paseo por el interior de la planta noble.

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La distribución del espacio que nos crea Frederic Amat, a partir de la poética transparencia de unas paredes tejidas como si de una especie de red se tratase, que nos muestran pero no enseñan los verdaderos recuerdos de la casa, de este modo, se encuentra basada en la que podría ser la verdadera planta del piso noble. Así, si bien es cierto que se desconoce cómo realmente era, sí se obtuvo una aproximación a partir de los planos de los pisos superiores.

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Todo ello, no como un estudio antropológico sino, como hemos dicho, como una recuperación histórica de la casa de lo más interesante, como si, en cierta manera, la casa volviese a ser un lugar en el cual vivir y no la actual sala de exposiciones que, si bien cierto que es realmente un privilegio que se localice en el lugar en el cual se encuentra, no deja de ser algo más frío e irreal.

 

En su interior, encontramos unas esculturas onduladas de cerámica que, una vez más, nos vinculan con la casa. Una esculturas onduladas como la fachada de La Pedrera y con una especie de corteza que podría remitirnos a esas barandillas de Jujol y Gaudí, a esa carcasa que protege la ola.

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En algún momento, sin embargo, al menos a mí, me recuerdan también a los distintos muebles que podemos encontrar en una casa y que, esparcidos por sus estancias, vuelven a dar vida a la planta noble.

Las grandes esculturas, por otro lado, podrían también ser interpretadas como 8 grandes cápsulas de la memoria, como crisálidas de cerámica que nos rememoran ese trabajo ancestral al cual, en más de una ocasión, nos remite con su obra el artista.

Cada una de ellas, pues, es un gran continente o baúl de emociones y memoria; un gran capullo que, no sólo nos permite rescatar los espacios domésticos de la casa, de una manera sutil e incluso fantasmagórica, sino también mostrar esa espera hacia la metamorfosis.

Y es que, del mismo modo que La Pedrera fue concebida por Antoni Gaudí como un retorno a esa piedra anterior al hombre, como ese paso en el que la roca sedimentaria vuelve a ser sedimento o fósil, Frederic Amat se vincula con la casa creando una continua metamorfosis de la piedra en piedra, contraria a toda idea de evolución.

Así, se imagina La Pedrera vacía como jarrón de cerámica y realiza en ella lo que haría en éste a gran escala, es decir, descubrir lo que en realidad circula en su interior.

¿Su objetivo? Volver a la cueva anterior que La Pedrera era, repleta de fósiles y estalactitas, de aquí que ponga membranas como modo de separación entre estancias para crear las distintas cavidades y vacíos de la cueva.

El vídeo sobre las barandillas de Jujol que antes os he mencionado, en el fondo, según esta idea, podría representar el agua que circula por el interior de esta cueva, el agua que se encuentra prisionera en ella desde los inicios del planeta.

 

Este travelling, antes mecionado, por las barandillas de Jujol que, sin quererlo, de manera infinita, nos muestra ese lenguaje propio de Frederic Amat, nos pasa al segundo acto.

Antes, sin embargo, me gustaría destacar las palabras que José Luis Guerín, cineasta, tuvo con Frederic Amat respecto a este travelling y a la existencia de este rasgo del artista en su interior:

“Sense desnaturalitzar Jujol, hi trobem Amat”

 

 

Acto 2

Pasamos a una nueva zona llena de poesía e intimidad pero, en esta ocasión, no vinculada con la casa que la acoge sino con el mismo artista.

Y es que en su interior encontramos piezas íntimas, seleccionadas por el mismo Frederic Amat y que tienen importantes vínculos personales con él. En el fondo, podríamos hablar de pequeños objets trouvés que, gracias a las manos del artista, acaban transformándose en algo distinto y lleno de valor.

Un pelo se convierte, así, en una gran estela; una porción de hilos en una máscara; un conjunto de muebles lanzado sobre la red de una prisión obsoleta en una proyección cenital…

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Como consecuencia de esta concepción, encontramos una primera pieza, “Tres llunes”, realizada a partir de distintos materiales, entre los cuales encontraríamos la cera, y las diferentes capas y tonalidades que ésta crea en las lunas. Una obra muy matérica pero, sobre todo, muy delicada.

 

Una segunda obra, “Estela”, es la que se podría considerar un “antifilm” por el simple hecho de que se realizó, contrariamente a otros filmes del artista, con su única intervención, sin ayudantes. Un proceso, pues, realmente personal al que se le aúna el hecho de que se trate de una obra para su pareja y a partir de su pareja, es decir, a partir de sus cabellos, que acaban haciendo un efecto realmente mágico e hipnótico en la filmación.

Una vez más, del mismo modo que ocurría con la pantalla anterior, surge la caligrafía del autor en un fondo que cada vez toma más potencia y que se llega a confundir con la imagen principal.

 

“Posada en escena”, por su lado, es una pieza que nos remite a esa parte más dedicada al teatro de Frederic Amat. Con musgo y, una vez más, una obra muy táctil, nos crea un telón escénico de lo más sugerente que, además, no es estático sino que, por su condición matérica, evoluciona, cambia, envejece.

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“Nuit noire”, el cojín del padre, nuevamente, vuelve a ser una obra muy particular y personal de Frederic Amat.

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Siguiendo con esas piezas que evolucionan, a partir de unas algas, Frederic Amat nos crea también una nueva obra cambiante, “Algues, or i escates”. Con ella, una especie de máscara de animal nos recuerda sus vínculos tribales, especialmente ese viaje que el artista realizó a México.

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“Ocell”… Muchas de las obras de Frederit Amat se vinculan con el alquimia y ésta sería, precisamente, una de ellas. Un pájaro en el cual las plumas se convierten en pelo o, al revés, cuyo pelo se convierte en pluma. Sea como sea, lo que se trata de un simple pico procedente de una pieza de bazar chino adquiere, gracias a la intervención del artista, un carácter noble y, sobre todo, un valor muy distinto al anterior.

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A continuación, unas manos nos muestran, por primera vez, la figura del artista como tal y es que, a través de ellas, no sólo vemos Frederic Amat en sí mismo, sino también su ya avanzada edad.

Se trata de “Una rosa…”, la representación de ese poema que su amigo y poeta J. V. Foix nos recita…

UNA ROSA AMB UN GANIVET AL PIT SALTA, SAGNANT, PER LA FINESTRA
Acoltellada per una mà càlida, realista i experta, una autèntica rosa, gràcies a la seva remarcable valor física, va resistir l’hemorràgia. Pètals batent, va salvar plans, selves, rius, munts, illes i ports, i per tot va deixar caure la molsa vermella de la nafra. Es va aturar a contemplar, dels dalts estant, pàl·lidament ombrosos, els antàrtics deserts glacials, el bosc petrificat i els peixos fòssils d’ara fa tres milions d’anys. Va aterrar a Nova Zelanda on va morir sota les rodes d’un vergonyós tricicle. La magistratura n’ha disposat l’autòpsia per a establir la causa de tan irreparable esfullament”.

 

 

“Flor de llet”… una vez más, un homenaje a un familiar del artista y, por tanto, una obra completamente personal e íntima. En este caso, dicha pieza iría dirigida a su hijo a partir de un efecto muy cercano a todos pues, al fin y al cabo, no deja de ser la marca, sobre un plato o taza, de esa leche que muchos y muchas tomamos cada mañana.

Se trata de un regalo que realizó a su hijo quien, al parecer, tardó bastante en dejar el pecho de la madre.

 

Finalmente, antes de pasar al siguiente acto y observando antes muchas otras obras, que no os especifico en la entrada pero que son también de lo más interesantes, un nuevo travelling nos acompaña a la hora de hacer el paso. En este caso, cambiando nuestra perspectiva y obligándonos a fijar nuestra mirada en el techo trabajado de La Pedrera.

Se trata de “Carabanchel”, como indica su nombre, un travelling que nos muestra la prisión de mismo nombre (ya cerrada) reconvertido en un proyecto vinculado con el mundo de la ópera. Paralelamente, sin embargo, su importancia recae también en otro aspecto, en el hecho de que se trate del único resto (en el caso de que no se realizase lo mismo en la Modelo) de prisión panóptica.

¿Su significado? Haciendo un paralelismo con la dictadura franquista y utilizada en la ópera para la cua la pieza iba dirigida en el momento de mayor crisis y destrucción, este vídeo, con su ritmo hipnótico, haría referencia a esa calma consecuencia de la gran tormenta anterior.

L’espera és un ofici. Viure de l’espera, i no del que s’espera, és el destí. El contrari és la de-speratio. La desesperació que penja en un fresc de Giotto a Pàdua. Deslliurar-se, alliberar-se. Un poeta antic, de quan els dies feien olor de cuiro assecat al sol, havia escrit:
En dos prisiones estoy,
que me atormentan aquí;
la una me tiene a mí,
la otra la tengo yo.

 

Acto 3

Este último acto nos vincula con la ciudad (y Catalunya en general), a partir de la exposición de algunos de esos proyectos, así como también de sus esbozos y vídeos del proceso creativo realizado, más vinculados con la escenografía, la ciudad, el ornamento y la arquitectura.

Una parte menos poética y vivencial pero que, a su vez, se llena de significado al mostrarnos esa vertiente más conocida y popular de Frederic Amat; aquella por la cual acostumbramos a conocer a este artista.

Para seguir un poco la línea de los dos actos anteriores, destacar que las piezas no se encuentran en vitrinas, sino expuestas de una manera completamente cercana al espectador y, por tanto, de un modo más experiencial y visto en primera persona.

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El primero de estos proyectos expuestos es el que Frederic Amat presentó para el concurso del Liceu tras el incendio de 1994; un concurso restringido, con tal sólo cuatro participantes y cuyo ganador acabó siendo Pere Jaume. Sin embargo, el artista la exposición del cual mostramos hoy en La Bcn Que Me Gusta llevó a cabo una iniciativa de lo más interesante a partir de la visión tradicional de la figura de las musas vinculadas con el teatro.

Del mismo modo que ocurrió con La Fenice de Venecia, había dos posibilidades: hacer un nuevo teatro, completamente contemporáneo, o una réplica del anterior desaparecido. Se optó por la segunda y, en los florones que rodeaban la luz central del techo y del proscenio recuperado, Frederic Amat presentó su proyecto vinculado con esas musas, esas protectoras de las artes que, como él mismo nos explica, con el incendio parecían haberse encontrado, de repente, sin hogar.

Calíope, Talía, Melpómene, Érato, Clío, Tersícore, Polimnia, Euterpe… todas tienen su peculiar representación en este proyecto que hizo entrar en una nueva dimensión al artista. Dado que fue un proyecto que no llegó a llevarse a cabo, Frederic Amat dedicó unas palabras y reflexiones a él, las mismas que podemos encontrar en su página web.

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El Mural de les Olles es quizá una de las obras que más reconocemos de Frederic Amat. Localizado en el Mercat de les Flors tiene la peculiaridad de tratarse, en realidad, de un proyecto para el Institut del Teatre. De este modo, a través de los cristales de esta última institución, podemos disfrutar de las nuevas vistas hacia lo que antes era un muro ciego y sin ningún tipo de atractivo. Actualmente, es en este muro donde podemos encontrar esta intervención realizada manualmente, con una realización individual de cada una de las ollas que la componen.

Un fondo monocolor, algo muy propio del artista, hace que estas ollas resalten y se individualicen en su conjunto. Así, encontramos un nuevo aspecto muy característico de Frederic Amat: realizar murales a partir de un conjunto de elementos que, por sí mismos, tienen también un valor y trabajo individualizado; algo parecido a un gran sistema de pequeñas células, cada una de ellas distinta, pero imposibles de existir por separado pues, si fuese así, no tendrían ningún tipo de sentido. La repetición sistemática, de este modo, es lo que provoca que todo tome sentido.

En este caso, estamos hablando de unas 2000 ollas, realizadas en el Taller de la Fundació Artigas y colocadas una a una, cada una distinta a las otras (antes de secarse, el autor les daba golpes o mordiscos para conseguir formas distintas), fruto de un viaje que el Frederic Amat realizó a la India y de la imagen que obtuvo en el mercado de Jodhpur al ver montones de ollas en sus calles.

Sin embargo, para el artista, además de esa vida de mercado o, incluso, las distintas caras y rostros que podemos encontrar en las artes escénicas y en las puertas de los teatros, también supone una vanitas, una gran congregación de calaveras.

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A partir del Mural de les Olles, nacieron los Pits de Gallifa, un nuevo mural creado también a partir de este conjunto de elementos personificados.

Se trata de un proyecto para la Fundació Josep Llorens Artigas, la institución encargada de dar a conocer el patrimonio y obra del ceramista que también fue gran amigo de Frederic Amat. Como en el caso anterior, pues, la cerámica también surgió de dicho taller.

El hijo del ceramista, Joan Gardy Artigas, fue quien encargó el proyecto, especialmente al ver el espacio vacío que resultaba tras tanto tiempo de haber sido ocupado por las ollas del Institut del Teatre, y animó a Frederic Amat a hacer eso que siempre había querido y que nunca se había atrevido a proponer a ningún cliente, un mural de pechos.

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Algo parecido es lo que realizó el artista, nuevamente, en el Escorxador de Lleida, un centro de artes escénicas que no quería olvidar su pasado. En este caso, el elemento individualizado pero tratado dentro de un conjunto grupal fue el cuerno, como signo de recuperación de ese pasado histórico del espacio en el cual se aloja actualmente la nueva institución. Así, los cuernos (centenares de ellos) caen como si de una cascada se tratase, sin olvidar ese simbolismo que hay tras cada uno de ellos, esa recuperación histórica que hay tras el edificio de estilo modernista, tras el antiguo matadero de Lleida.

Al parecer, la primera imagen que obtuvo Frederic Amat nada más llegar al conjunto en el cual trabajaría fue una pared vacía con unas puertas que se dejaron olvidadas. Tal fue la imagen que quedó impregnada en sus pupilas, que estas mismas puertas son también las que encontramos en el actual muro.

Este efecto escenográfico que nos permite marchar de la cotidianidad para entrar en un mundo casi onírico fue tal que el artista lo reprodujo en su casa de Vallvidrera, creando con él el Mur de banyes.

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Otro proyecto que podemos encontrar en esta última parte de la exposición y que, de la misma manera que ocurría con el caso del Liceu, tampoco fue llevado a cabo, es su propuesta para la cúpula de la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra, para ese espacio que, finalmente, fue decorado con la obra de Miquel Barceló.

Dado que se trata de un punto de encuentro entre distintas personas que deben dialogar y llegar a un acuerdo justo para todos y todas, el artista buscó un color neutro que ayudase a crear esa reflexión necesaria, además de unos grandes círculos, cuya distancia entre ellos es cada vez más pequeña a medida que nos aproximamos al centro, a semejanza de las ondas creadas al lanzar una piedra a un lago.

Todo se encuentra minuciosamente estudiado, así como también tiene su propio significado. Los círculos concéntricos, la perfección de la forma circular, el sol como fuente de iluminación, el color… Del mismo modo que ocurre con el proyecto de las musas del Liceu, os invito a leer el texto completo, escrito por Frederic Amat, sobre dicho proyecto aquí para acabar de entender las reflexiones que el artista realizó entorno a los significados de sus formas.

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Para la Biblioteca del Ateneu Barcelonès, en motivo de su restauración para su centenario, Frederic Amat diseñó un proyecto que podemos encontrar expuesto también en La Pedrera. Se trata de la “Porta dels Lectors” para un espacio con el cual el artista tenía vínculos personales, al ser su familia, la Editorial Espasa, una de las fundadoras de dicha biblioteca, además de ser un gran amante de los libros. Es por este motivo que se tomó con gran ilusión el encargo.

Los guerreros que encontramos en este mural podrían ser comparados con libros pero también ser considerados pequeños lectores que se dirigen hacia el conocimiento, hacia ese camino de la iluminación de Ramsés VI en el Valle de Los Reyes (el artista confirma que éste se trató de una gran fuente de inspiración, en especial la bóveda de su cámara funeraria, en la cual una hilera de figuras sobre fondo azul se vincula al viaje de Ra a través de los cielos y la noche), o los libros en sí mismos. Todos ellos, iguales pero a la vez distintos.

Su fondo, del mismo modo que hemos ido observando en obras anteriores, es de un color sobre el cual las figuras consiguen resaltar fácilmente. En este caso, sin embargo, el mismo color del fondo tiene su propio significado, al tratarse de un azul indi, sobre el cual el blanco de las figuras adquiere un movimiento especial y ascendente, a la vez que, nuevamente, las individualiza y da personalidad propia.

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Las lágrimas de fuego del proyecto “Pluja de Sang”, sin embargo, son mis favoritas. Encargo del Teatre Lliure para su sede en el barrio de Gràcia, no sólo nos acompaña en nuestro acceso a la zona de butacas, sino que también consigue asimilarse a un telón que se deshace.

Paralelamente, el granate de dichas lágrimas se trata del color corporativo del Teatre Lliure.

 

El proyecto más conocido y cuyos bocetos podemos encontrar también en la exposición, no obstante, son los famosos ojos del Hotel Ohla.

Como si de pequeñas cámaras se tratase y siguiendo esa línea de murales, mencionada en varias ocasiones a lo largo de la entrada, se trata de un proyecto que nos hace revivir también el pasado. Y es que, en la misma localización donde actualmente encontramos este hotel de lujo (hablamos de él en motivo de La Setmana de les Terrasses d’Hotel en La Bcn Que Me Gusta), hasta hace relativamente poco, se ubicaba una de las comisarías más destacadas de la época franquista.

Da la casualidad que uno de los colaboradores, Dani Isern, del estudio de arquitectura Alonso i Balaguer, que estaba llevando a cabo el proyecto del Hotel, vivió de cerca el Mur de les Olles, dada la proximidad de su casa, y que precisamente por ello propuso la figura de Frederic Amat para completar y dar un nuevo carácter a la fachada.

Frederic Amat imaginó la fachada neoclásica (precisamente por su valor, los anclajes de dichos ojos son completamente reversibles) como una gran epidermis a la cual se le debía practicar acupuntura. En este caso, el taller de cerámica que realizaría estos ojos de porcelana esmaltada, para ver pero también para verse en su reflejo, sería el de Antoni Cumella.

Sea como sea, Frederic Amat, con estos ojos, consiguió crear un edificio que no solamente se puede observar sino que también nos observa, dándole vida y haciéndolo ser uno más de nuestra ciudad.

Una palabras de Eduardo Mendoza a los ojos de Frederic Amat nos muestran una vertiente de lo más interesante sobre estos ojos:

“A vegades els artistes romànics tractaven els ulls com si fossin elements independents de la fesomia humana. Els col·locaven, sempre vigilants, a les sanefetes, també com a element decoratiu, o fistonejant les ales dels àngels. Els donaven un sentit clarament al·legòric.

A l’escultura els ulls concentraven tota la força expressiva de l’ésser humà. Als capitells dels claustres hi ha sants i reis, personatges hieràtics per naturalesa. Però tenen els ulls grans, vius, sovint terribles. No tenen res a veure amb les figures a les quals pertanyen.

Aquests mateixos ulls els trobem a l’obra de Frederic Amat. Però, en aquest cas, estan desposseïts de tota interpretació iconogràfica. No són una referència culta, sinó un element que ha salvat la distància de vuit segles”

 

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Como curiosidad, añadir que el ojo que encontramos expuesto en “Zoòtrop” es en realidad un caso único y obra del azar. Y es que, al parecer, las transparencias que se obtuvieron por error en él son algo realmente complicadas de conseguir voluntariamente.

Frederic Amat, a diferencia de lo que quizá hubiese hecho su compañero Josep Llorens Artigas, lo consideró una pieza única, no un error, y es por ello que se la quedó y que se encuentra, actualmente, entre una de las piezas más queridas del artista y en esta exposición.

 

Finalmente, destacar otro proyecto archiconocido por todos y todas precisamente por la gran popularidad y controversia que causó en los medios de comunicación. Se trata de la nueva idea de fachada que Frederic Amat tuvo, un día que paseaba por la Ramblas y se dio cuenta de que el Liceu no destacaba dentro del conjunto de una de las calles más visitas de nuestra ciudad.

Ante tal hecho, decidió idear unas C, siguiendo la forma de la platea del Gran Teatre del Liceu (misma estructura que las edificaciones teatrales ideales de Vitruvio y Andrea Palladio) y haciendo, así, también un pequeño homenaje a sus espectadores, de 1m de diámetro y ancladas en su fachada, combinando, de este modo, ese pasado con el presente.

Frederic Amat quería dignificar el Liceu y, por ello, del mismo modo que hizo con el Hotel Ohla, pensó en este sistema de anclaje reversible que personalizase a la vez que creaba una sensación grupal y sistémica.

Actualmente, sin embargo, tal fue la sensación que causó, que el proyecto se encuentra estancado y a la espera de valorarse nuevamente dentro de la iniciativa de remodelación de las Rambles y, a su vez, ésta dentro de la actuación arquitectónica sobre el mismo Liceu, que prevé la restauración de las cuatro vidrieras de Oleguer Junyent, tapiadas en la calle de Sant Pau, de los arquitectos Lluís Dilmé y Xavier Fabré.

El nombre del proyecto, precisamente por todo lo mencionado, es Cercle obert.

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En esta última parte de “Zoòtrop”, encontramos muchos otros proyectos hasta llegar a la cantidad de 14 obras que componen el espacio expositivo. De este modo, podemos también destacar…

La Villa Nurbs en Castelló d’Empúries, una gran edificación, proyectada por el arquitecto Enric Ruiz-Geli / Cloud 9 y en el cual Frederic Amat fue también invitado a participar, creando este gran caparazón (canaliza el agua y protege de la radiación solar) cuya cerámica es también del taller de Antoni Cumella. En el fondo, una actuación muy parecida a las que hemos podido encontrar en el primer acto de la “Zoòtrop” pero aplicada a una vivienda unifamiliar que, a su vez, se caracteriza por aunar un trabajo artesanal con una compleja aplicación de la tecnología en ella. De hecho, la palabra Nurbs ya nos lo indica con su significado, Non-Uniform Rational Basis Spline, haciendo referencia al modelo matemático que permite proyectar mediante ordenador formas muy complicadas. En definitiva, todo un reto para Frederic Amat.

Las Fosas de Bilbao, un paisaje de tierra de 120 m2 con una sucesión de fosas, a modo de cementerio, en cuyo interior encontramos unas láminas de color rojo. Con ello, no sólo realizó un memento mori, sino también convocó una poesía de José Ángel Valente que dice así.

“No estabas tú, estaban tus despojos.

Luego y después de tanto

morir no estaba el cuerpo

de la muerte.

Morir no tiene cuerpo.

Estaba

traslúcido el lugar

donde tu cuerpo estuvo.

La piedra había sido removida.

No estabas tú, tu cuerpo, estva sobrevivida al fin la transparencia”.

Las Banderes de Esplugues de Llobregat, un proyecto urbano, emplazado en una plaza, que a diferencia de otras piezas del artista, no llegó muy lejos.

El Solc, un homenaje a Salvador Espriu que refleja su vida y contextos histórico y político a partir de lo que sería la sombra de un monumento muy cercano, el obelisco que encontramos en la confluencia entre Passeig de Gràcia y Avenida Diagonal, homenaje a Francesc Pi i Margall y la Primera República (Lluís Companys fue quien la inauguró en 1936) que la dictadura arrebató con la famosa estatua de Frederic Marès y que, posteriormente, la monarquía también se la hizo suya dedicándola al rey Juan Carlos I. Una historia similar a la de Salvador Espriu, motivo por el cual su sombra, el agujero que dicho obelisco creó en els Jardinets de Gràcia, sea un buen recurso para homenajear al poeta. Una herida, como lo son también los tantos obeliscos caídos en Karnac o aquellos arrebatados a Egipto y localizados en Europa, en definitiva, que establece un diálogo con la columna que comentábamos pero también con las transformaciones de nuestra historia y el poeta, quien no tuvo tanto una voluntad de revuelta como sí de diálogo. A los pies, leemos unas palabras de Salvador Espriu:

“Brilla, dins l’únic coneixement del negre, l’or del meu somni”

Como curiosidad, destacar que Salvador Espriu fue también un gran egiptólogo.

El Esclat en el Celler Mas Blanc i Jové de la Pobla de Cèrvoles, una producción, nuevamente, del taller Llorens Artigas que, en este caso, iba dirigida a la Vinya dels Artistes, un evento anual en el cual cada año distintos artistas son invitados. Una vez más, vínculos personales se crean entre la localidad y el artista y es que su bisabuelo, antes de emigrar a Barcelona, era nativo de esta población. Las raíces con el territorio, árido, las podemos apreciar perfectamente en esta obra que juega con la piedra y el color. Paralelamente, se trata de un homenaje a su madre, quien murió a los cinco meses de darle a luz.

 

 

Con esta tercera parte, no despedimos de este recorrido circular, de este zoótropo creado por Frederic Amat y para Frederic Amat.

Sin embargo, antes y una vez ya en el patio de La Pedrera, no nos podemos olvidar de mirar hacia arriba, hacia el gran “Penjoll” que nos despide y que, del mismo modo que esta exposición circular, también nos saludó nada más entrar.

Se trata de una obra que Frederic Amat realizó para un comitente privado, concretamente, para el patio interior de un edificio cercano a la Casa Batlló. Tras la venta del edificio, el promotor lo trasladó y llevó a otro lugar, dejando, sin embargo, la obra de manera temporal en esta exposición de Frederic Amat, esta muestra que nos ha hecho, no sólo conocer mejor su obra, sino también sus reflexiones y vida más íntima.

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Visitas guiadas y catálogo

Finalmente, antes de concluir, sólo decir que, dada la complejidad de la exposición, especialmente para aquellos y aquellas que no estén vinculados con el arte contemporáneo, os recomiendo las visitas guiadas que se llevan a cabo cada sábado y domingo en La Pedrera, así como también la lectura de su catálogo, de este libro que, gracias a su diseño cuidado, nos da esta misma visión de película de cine que la misma exposición nos pretende transmitir.

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Para más información:

www.lapedrera.com/ca/exposicions/frederic-amat-zootrop

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