¡4 exposiciones para este verano!

 

¡Y llegó el verano! Una estación para aprovecharse del tiempo libre, de la playa, el buen comer y la naturaleza… ¡pero también de la cultura! Es por ello que en la entrada de hoy me gustaría presentaros 4 exposiciones imperdibles para visitar estos días de verano en Barcelona.

4 exposiciones que nos aproximan al arte, pero también a la historia, la pintura y la fotografía; 4 exposiciones variadas, de disciplinas muy dispares entre ellas, que nos permiten conocer la actualidad expositiva barcelonesa de este verano, pero también las distintas aproximaciones que sus correspondientes instituciones hacen a la cultura. Así pues, en la entrada de hoy, no sólo me gustaría recomendaros 4 visitas para estos meses de julio y agosto, sino también intentar ver a través de ellas cómo cada una de estas opciones supone también una tipología distinta de exposición.

Dicho esto… ¡vamos a ello!  😉

 

1) Pintura… ¡Antoni Fabrés en el MNAC!

Antoni Fabrés, de la glòria a l’oblit, hasta el 29 de septiembre 

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El Museu Nacional d’Art de Catalunya, tal y como podemos conocer en su misión y estrategia (podéis encontrarla aquí), proyecta sus esfuerzos al conocimiento de esos artistas catalanes que, a pesar de ser en muchas ocasiones de segunda fila, se merecen un reconocimiento público y, no sólo eso, sino que a través de ellos se puede dar también visibilidad a las piezas conservadas en sus reservas.

Desde el año 2014, pues, además de las distintas temporales que la institución organiza, el MNAC está llevando a cabo un conjunto de pequeñas exposiciones que recuperan estos artistas, cuya obra pertenece al Museo. Se ha hecho ya con Lluïsa Vidal, Xavier Gosé, Ramon Pichot… Sus catálogos se han editado dentro de la serie Monografies.

Antoni Fabrés forma parte de estas exposiciones (se trata de la octava de ellas). La diferencia respecto a estas muestras, no obstante, recae en el hecho de que, por primera vez, esta exposición se ha llevado a cabo dentro de la permanente, es decir, no en la planta baja como es habitual, sino en la primera planta. Además, en cierta manera, podemos decir que se ha hecho justicia, puesto que la obra que se ha expuesto es la misma que el propio artista donó en el año 1926 al Museo y que se encontraba desde entonces en las reservas.

Este aspecto sitúa esta muestra como la primera retrospectiva que se realiza a Antoni Fabrés en su propia tierra, en Catalunya, algo que ha llegado bastante tarde, no sólo teniendo en cuenta esta donación que mencionábamos, sino también si consideramos que la primera retrospectiva como tal se le realizó en México en 1994. Por otro lado, la exposición ha supuesto también la restauración de la mayor parte de las piezas expuestas, lo que ha permitido una mayor conservación, pero también conocer cómo trabajaba el artista, la importancia que tiene el dibujo, como buen académico que era, en su manera de trabajar, así como también darnos alguna sorpresa… Y es que en una de las piezas, por ejemplo, la reflectografía infrarroja nos ha mostrado elementos que creíamos inexistentes, como sería este soldado francoprusiano, oculto bajo la nieve de uno de los paisajes de los cuales podemos disfrutar en la exposición.

     

 

La muestra, además, nos ha permitido conocer otras facetas de este personaje, etiquetado como un artista academicista, pompierista y orientalista, seguidor de Marià Fortuny. Así, si bien es cierto que siempre se movió en el ámbito de la técnica académica, también es verdad que cultivó otros géneros como el paisaje, la temática de los mosqueteros y el retrato, tanto de la alta aristocracia romana como del de tipo más social y realista.

 

Por otro lado, Antoni Fabrés, de la glòria a l’oblit, comisariada por Aitor Quiney, doctor en Historia del Arte, se ha dividido siguiendo los cuatro ámbitos que componían la primera biografía que se le dedicó, realizada por su gran amigo Francesc Casanovas i Gorchs, es decir, a partir de las distintas ciudades en las cuales habitó:

– Roma: ciudad en la cual iniciaría su actividad pictórica tras su fracasado adentramiento a la escultura a partir del pensionado que ganó en la Llotja de Barcelona con su escultura Abel mort, pieza que sería incluso loada por Narcís Oller. Es en esta etapa en la cual se dedicaría al comercial tema del orientalismo, aquel que le haría reconocido a nivel internacional y merecedor de todo tipo de premios y la categoría de mejor acuarelista de Europa. Tal fue la producción de obras de este género que con su marchante acordaron hacer una acuarela de dicha temática por día.

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– París: donde destacaría por sus mosqueteros, consecuencia del éxito que supondría la reedición, ilustrada por Maurice Leloir, de Les trois mousquetaires de Alejandro Dumas.

– México DF: a raíz del conocimiento de Fernando Cuesta en la Exposición de París de 1902, un mexicano al servicio del presidente en la búsqueda de pintores capaces de inaugurar y dinamizar la Academia de Bellas Artes de San Carlos de México, Fabrés se trasladó con su familia a México, donde sería una pieza importantísima en el llamado periodo de la renovación pictórica, el mismo que daría nacimiento a artistas como Diego Rivera, el que sería marido de Frida Kahlo. No es de extrañar, pues, que Fabrés tuviese antes su primera retrospectiva en México que en Barcelona.

Roma: ciudad en la cual moriría completamente arruinado, a pesar del alto reconocimiento que tendría en un primer momento, el mismo que le llevaría a retratar, incluso, a la familia de los Saboya o al Papa Benedicto XV (este retrato tuvo tanta fortuna que el Museo del Prado conserva una copia). Su pincelada académica y un estilo que apenas evolucionaba, con temas que rápidamente fueron pasando de moda ante un panorama pictórico muy cambiante, supuso su ruina, así como también su olvido en su tierra natal, a pesar de la donación de su legado a la Ciudad Condal, una acción que le supondría muchos problemas dentro de la comunidad artística barcelonesa, muy crítica con este hecho y la pensión vitalicia que recibiría a cambio.

 

¡Podéis aprovechar vuestra visita al MNAC para subiros y disfrutar del castillo hinchable que el Festival Grec ha instalado en la gran sala oval! Se trata de una instalación del artista norteamericano William Forsythe titulada White Bouncy Castle. Permanecerá en el interior del MNAC hasta el 28 de julio y su entrada tiene un coste de 2eurs.

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2) Microhistoria y mujeres… ¡Las modistas que dinamizaron el sector textil catalán en el Museu d’Història de Catalunya!

Moda i Modistes, hasta el 13 de octubre

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Son muchas las pequeñas historias, esos personajes primordiales que han pasado desapercibidos y casi olvidados, que conforman la gran historia de nuestra ciudad. Uno de estos personajes son las modistas, esas mujeres que, de manera silenciosa, supusieron una pieza fundamental en el proceso de emancipación de la mujer, del mismo modo que también lo fueron las maestras, las bibliotecarias o las secretarias, así como también un testimonio de un sector económico realmente importante de nuestra sociedad.

A pesar de todas las críticas que recibieron, pues hay que tener en cuenta que se trataba de mujeres que conseguían un sueldo con su propio esfuerzo en una época en la cual no estaba bien visto que las mujeres trabajasen (se las trataba, incluso, de prostitutas), fueron primordiales para entender una manera de vestir, la ropa a medida, que desaparecería con la llegada del prêt-à-porter, esa fabricación industrializada y en serie que culminaría con la actual concepción de la moda, completamente uniformalizada, aunque también más accesible.

Conocemos los modelos y nombres de muchas de estas mujeres, de estas modistas que incluso tendrían sus propios negocios en el Passeig de Gràcia o la Rambla de Catalunya, pero que también trabajarían para casas como Pedro Rodríguez o Balenciaga. La exposición nos permite conocer algunos de sus nombres (Maria de Mataró, las hermanas Nuez, Ana López o Joana Valls, entre tantas otras; todas ellas mujeres que consiguieron un lugar en un mundo originalmente masculino), vestidos, manera de trabajar y fuentes de inspiración y de hacer funcionar el sector que controlaría el mundo de la moda hasta bien entrados los años 50. En definitiva, la muestra nos permite entender el papel tan importante que tuvieron en muchos aspectos, a la par que ver cómo esa manera de hacer vestidos moderna, propia de Europa, se adentraba también en Catalunya.

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Fueron ellas también las que consiguieron cambios sociales, uniendo la modistería con el feminismo en este importante proceso de cambio en los derechos de la mujer. Personajes como Dolors Monserdà, por ejemplo, crearían entidades como el Patronat de les Obreres de l’Agulla, que implicarían más derechos en su sector, pues cabe tener en cuenta que, no sólo cobraban míseramente (en 1905, estas mujeres suponían un total de 6679, dato que incrementó en 1917 a 10.000 obreras de la confección, las cuales recibían una remuneración arbitraria, un 60% de lo que una obrera de fábrica recibía, es decir, un jornal diario por una jornada de 13 a 15 horas diarias de 1,10 pesetas, cuando se consideraba que el coste diario de la vida de una familia obrera corriente era de 5,75 pesetas), sino que también tenían jornadas laborales eternas, siendo casi el único día festivo del cual disfrutaban el Día de Santa Llúcia, el día de su santa patrona, celebrado con todo tipo de honores y actividades.

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Moda i modistes incluye 120 vestidos de la colección Antoni de Montpalau, una colección de Sabadell, creada en 2004 y que actualmente conserva más de 6000 piezas (podéis visualizar algunas de ellas en su página web); una importante colección que, incluso, ha cedido actualmente algunos de sus vestidos al Museo Thyssen-Bornemisza, en motivo de la exposición sobre Balenciaga que se está llevando a cabo en él.

Se trata de la última exposición de una trilogía que nos ha hablado sobre la alta costura y el prêt-à-porter en Barcelona a partir de dos exposiciones anteriores que se llevaron a cabo en el Palau Robert.

 

3) Fotografía… ¡Richard Learoyd y su cámara oscura en la Fundación Mapfre!

Richard Learoyd. El silenci de la cambra obscura, hasta el 8 de septiembre

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En esta ocasión, la exposición nos habla de un tipo de fotografía que se encuentra en contacto directo con el arte tradicional a partir de su técnica, la cámara oscura; se trata de una muestra que nos vincula con artistas como Vermeer, pero que también lo hace con esa fotografía originaria propia del pictorialismo. Y es que la fotografía de Richard Learoyd, expuesta por primera vez en nuestro país, se relaciona, ante todo, con la tradición, con la historia de la pintura, pero también con esa fotografía de los inicios, esa fotografía del siglo XIX de personajes como Talbot o Nadar, precisamente por la técnica, realmente compleja, costosa y lenta, que el fotógrafo desarrolla.

La muestra se divide en dos partes:

– La primera se vincula con sus últimos trabajos, una fotografía de gran formato resultado de su cambio de técnica hacia el psycopy (el papel Ilfochrome inicial se dejó de fabricar, aunque él guardará un rollo en sus reservas) y de su salida al exterior tras 10 años de trabajo en estudio. Una fotografía que, inicialmente, realiza a partir de una gran cámara portátil que, progresivamente, va disminuyendo su tamaño. Algunas de estas fotografías nos vinculan a artistas como Constable, mientras que otros son claras referencias a esa fotografía del siglo XIX que mencionábamos, como la de Ansel Adams, cuyo ejemplo más directo es este paisaje de Yosemite.

Fotografía de Richard Learoyd, realizada con su gran cámara oscura portátil, en comparación con la de Ansel Adams en la misma ubicación

 

– La segunda planta nos lleva a ese tipo de fotografía que lo hizo famoso y lo ubicó en el panorama artístico, especialmente a raíz de la exposición que le dedicó el Victoria and Albert Museum en 2015. Se trata de un tipo de fotografía que nos da piezas únicas (de la anterior se podían obtener 4 ó 5 copias), precisamente por ese uso de la cámara oscura que usará en retratos, pero también en piezas cuya temática representa un regreso al bodegón y al desnudo masculino, así como también al dibujo; a esos temas y elementos tan propios de la pintura.

En ella, observamos miradas vacías, personajes en reflexión (al parecer, para conseguirlo, el fotógrafo obliga a sus modelos a pensar durante largo rato en cosas tristes) que, para conseguir los fantásticos e inquietantes resultados, tienen que mantenerse un mínimo de 2 minutos quietos. A su vez, la imagen tarda unos 18-20 minutos en imprimirse sobre el soporte fotosensible, sin olvidar los estudios previos de tratamiento de la luz necesarios para obtener los efectos resultantes. En definitiva, se trata de una fotografía muy compleja, que lejos queda de la aparente sencillez que la composición de la cámara oscura supone, a la par que nos habla de elementos ya usados en el barroco, tanto en el trato de la luz de artistas como Caravaggio como en los bodegones flamencos del siglo XVII.

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¿Su leit motiv? El proceso de violencia que supone que el espectador se sienta angustiado, pero a la vez maravillado ante la belleza que, a pesar del tema, Richard Learoyd es capaz de crear; pero también el vacío, la quietud y la gloria de un pasado que ya no existe. Piezas muy delicadas, llenas de detalles y, sobre todo, con un significado muy poético tras ellas.

Richard Learoyd. El silenci de la cambra obscura nos permite también conocer un espacio modernista fascinante, con un escenario que aporta un valor añadido a la muestra, la Casa Garriga i Nogués, obra de Enric Sagnier con vidrieras de Lluís Rigalt en su interior, un verdadero jardín de cristal (lamentablemente, en esta exposición no se pueden ver) y esculturas de Eusebi Arnau en su exterior, alegoría de las distintas etapas de la vida de una mujer.

 

4) Historia… ¡Conociendo el pasado portuario de Barcelona en el MUHBA!

Barcelona capital mediterrània, hasta el 29 de septiembre

 

Barcelona fue una gran ciudad comercial a finales de la Edad Media; un verdadero hervidero, centro del Mediterráneo, en el cual hacían parada las grandes embarcaciones que iban desde Flandes a Oriente y viceversa.

Este crecimiento se dio, especialmente, entre los siglos XIII y XV, momento de gran crecimiento en el que no sólo la ciudad cambió sus distintos grupos sociales, creando incluso nuevos, como serían los prohoms o ciutadans honrats y el nuevo y más especializado artesanado, o sus principales instituciones (es el momento de nacimiento del Consell de Cent y Diputació del General, así como también, a nivel más comercial, del Consolat de Mar, la Llotja o la Taula de Canvi), sino que también se dio en ella un gran impulso artístico, siendo éste el periodo más relevante de las artes en Catalunya, aquel que adentró el reino en el Gótico (hasta entonces, a pesar de que el Gótico ya estaba más que extendido por la Península, nosotros seguíamos en Románico) y que dio luz a las grandes construcciones y retablos que tenemos en mente actualmente cuando pensamos en este estilo, como serían la Catedral de Barcelona (la última entrada del blog, precisamente, hablaba de ella), Santa María del Mar o el Monestir de Pedralbes, y la Mare de Déu dels Consellers o las obras de los talleres de Ferrer BassaJaume Huguet, entre tantas otras. Una exposición, pues, que nos permite conocer ese momento, pero también su sociedad; entender cómo vivían sus gentes, haciendo en cierta manera también una aproximación más de tipo social.

 

Todo ello, sin embargo, a raíz de la Guerra Civil Catalana y del enlace entre Isabel de Castilla y Fernando II de Aragón, fue en decadencia, hasta el punto que el puerto de mayor relevancia de la Corona pasaría a Valencia. Es por este motivo que una segunda parte de la exposición pretende quitarnos este mal sabor de boca y mostrarnos su recuperación, ya en el siglo XIX, con la Revolución Industrial y la llegada del ferrocarril. Finalmente, se plantea un último apartado más actual, que pasa por la reconquista del mar, aquel mar que durante tanto tiempo fue lugar de desperdicios, de fábricas y barracas, y que a partir de los Juegos Olímpicos y el Fòrum, pero también de los nuevos retos que el siglo XXI supone, como la búsqueda de equilibrio entre el turismo y la defensa del ecosistema y de la vida de los 11 barrios que dan a él, se dirige hacia la mejora.

La exposición se ha creado en motivo del 150º aniversario de la Junta d’Obres del Port de Barcelona, de ahí también su temática, y se compone de tres exposiciones (la primera estuvo vinculada al puerto franco y zona franca; la segunda es la que podemos visitar actualmente y la tercera será a finales de año y nos hablará sobre el puerto moderno de Barcelona), muy vinculadas a lo que se ha llamado la teoría marítima de Barcelona, un estudio sobre los vínculos entre el mar y Barcelona iniciado en el siglo XVIII con la figura de Antoni de Capmany.

 

Una vez más, el espacio que acoge la exposición toma relevancia pero, en esta ocasión, aún tiene más valor que en el ejemplo anterior, puesto que éste se encuentra por completo acorde con el hilo de la muestra. Y es que la exposición se ubica en el Saló del Tinell, el gran salón del Palau Reial Major, cuya arquitectura de arcos diafragmáticos, decorada con pinturas de la conquista de Mallorca, es fruto del periodo del cual se habla, precisamente, en Barcelona ciutat mediterrània. Paralelamente, la muestra nos permite también conocer la Capella de Santa Àgueda, la capilla palatina, esa misma que, una vez más, se relaciona también con su contenido, dado que se trata de una de las obras que Jaume II promocionó dentro de su política de uso del arte para crear una imagen real y de la cual también se habla en la exposición.

El retablo de Jaume Huguet, encargo de Pere el Conestable, es uno de los elementos que más destacan del conjunto.

 

Otras exposiciones

Estas cuatro exposiciones son las que os propongo para este verano, pero tenéis otras opciones que también prometen y que aún no he podido visitar… ¡aunque las tengo en mi propia lista de imperdibles!  😉

Éstas son las siguientes:

  • Oriol Maspons en el MNAC, hasta el 12 de enero
  • La belleza de las líneas, una manera de acercarnos a lo que supone una colección privada, en la Fundació Foto Colectania, hasta el 29 de septiembre
  • La ciutat dels passatges, para conocer esa Barcelona desaparecida con la reforma de Via Laietana, en el Arxiu Fotogràfic, hasta el 31 de octubre

 

En definitiva… ¡este verano lo tenemos repleto de arte y cultura por descubrir! Así que… ¡A por él!  🙂

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