¡5 paseos (des)confinados POR Barcelona!

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El lunes, si todo va bien, entraremos en la Fase 2… Esa fase que aún no nos quitará, al menos en lo que es mi caso, una de las cotillas más estrechas del confinamiento, las franjas horarias, cuya existencia no nos permite hacer deporte o paseos más intensos de una manera relajada… es por ello que estos días he ido descubriendo algunos lugares que me han permitido, en tan sólo 2-3h, hacer deporte y, a su vez, conocer mejor mi propia ciudad (¡y también oxigenarme un poco y quitarme, aunque sea mínimamente, las ganas de naturaleza!).

¡Me gustaría compartiros 5 de estos recorridos que para mí han sido también toda una sorpresa, así que es de ello de lo que irá la entrada de hoy!  😉

Estas cinco rutas se pueden realizar andando/corriendo en forma de excursión o en bicicleta, son de nivel medio (unos 20kms aprox. con desnivel en algunos tramos) y van más allá de subir a Montjuïc (¡algo que también me encanta y que podéis encontrar en las redes de La Bcn Que Me Gusta en distintas ocasiones!) o ir a la Barceloneta, completamente masificada.

Siempre hay posibilidad de coger transporte público si en algún momento os sentís demasiado cansados y cansadas, aunque la idea es evitarlo si queremos también hacer deporte, claro.  😉

Por otro lado, comentaros que tenéis posibilidad de irlas entremezclando entre ellas, cosa que, conforme va avanzando la entrada os iré recomendando.

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¡Todas ellas nos permiten tener también unas vistas impresionantes sobre Barcelona! Y es que, como bien sabéis los que ya me vais conociendo un poco, una de las cosas que más me gustan es poder observar Barcelona casi desde el aire.

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Entre estas cinco ruta no os añado el Turó de la Peira ni los paseos por el Barri Gòtic (aquí y aquí), realmente una delicia estos días, ambos presentes en las publicaciones de Instagram y Facebook, pero también serían dos opciones fantásticas a añadir a nuestras nuevas rutinas confinadas.

 

¿Dónde iremos, pues, en la entrada de hoy?

  • Pantà de Vallvidrera y Font de la Budellera
  • Parc de Can Sentmenat, Vil.la Cecília y Vil.la Amèlia
  • Els Tres Turons y el Putxet
  • El Tibidabo
  • Castell de la Torre del Baró

 

¡Vamos allá!  😉

 

1.Pantà de Vallvidrera y la Font de la Budellera

A pesar de pertenecer a Barcelona, el Pantà de Vallvidrera es uno de los rincones que nos hacen desconectar más de la ciudad. Y es que el barrio de Vallvidrera, aunque pertenezca al distrito de Sarrià-Sant Gervasi, dado que se encuentra en pleno Collserola, nos recuerda más a un pequeño pueblecito que a Barcelona como tal.

Su nombre podría proceder de la palabra vallevitraria, la cual haría referencia a la abundancia en la zona de vitriaria, una planta de la familia de las ortigas.

Vallvidrera era un pequeño pueblecito que en 1890 pasaría a formar parte de Sant Vicenç de Sarrià, integrado en Barcelona en 1921. Sus casitas modernistas, la mayor parte de ellas de veraneo, son una preciosidad.

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En este primer caso, la excursión sería andando (desde el Eixample son unos 20kms) ya que, a pesar de que algunos tramos sean ciclables, la presencia de pequeños rinconcitos en plena montaña, al menos personalmente, me parecieron más adecuados de recorrer caminando con el fin de disfrutarlos más relajadamente.

 

La entrada a la excursión sería por Sarrià (las escaleras de ascenso a Collserola se encuentran justo detrás de la parada de Ferrocarrils de Peu del Funicular) y la salida por Avinguda del Tibidabo, como podéis apreciar en el mapa que se fue creando a partir de mi recorrido. Recorreríamos casi todo el rato la zona sombría de Collserola, es decir, L’Obaga.

 

El Pantà de Vallvidrera es una construcción de 1850 de Elies Rogent, una verdadera obra de ingeniería por sus características constructivas. Su finalidad era recoger el agua de la riera de Vallvidrera para proveerla a la antigua villa de Sarrià. Es por ello que, además de la presa (se puede ver si bajáis el pequeño camino que va hacia Santa Maria de Vallvidrera desde el pantano), el complejo se completaba con un túnel de más de 1km de profundidad que unía el pantano con la parte baja de Vallvidrera. Se trata de la Mina Grott, justo al lado de la presa.

 

La Mina Grott nos habla de una anécdota de lo más interesante… Y es que alrededor de ella, ya a principios del siglo XX, se presentó un proyecto que pretendía construir en su interior una vía de tren, destinada a los barceloneses y barcelonesas que iban a Collserola a disfrutar de la naturaleza.

El 13 de junio de 1908 se inauguró con un primer vagón eléctrico con capacidad para 36 personas. Tal fue su éxito (hasta 40.000 personas durante el corto periodo en el cual funcionó, hasta 1909) que rápidamente hizo competencia al Tibidabo.

Tras su cierre, funcionó para transportar obreros y materiales de los Ferrocarrils de Catalunya.

 

Actualmente la vía se encuentra cerrada, aunque en alguna ocasión se han planteado reabrirla, pero se puede observar su exterior desde el mismo camino de nuestra ruta.

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El siguiente punto en el cual cabe pararse es en Santa Maria de Vallvidrera, una iglesia del siglo XVII, aunque con constancia documental ya en el siglo X, momento en el cual dependía de Valldoreix, dado que se trata del primer núcleo poblacional de Vallvidrera.

Actualmente se encuentra muy abandonada… de hecho, a pesar de que justo al lado hay una zona de recreo y un pequeño bar, a la iglesia me costó acceder, teniéndola que intentar divisar desde fuera de la verja y entre los árboles.

Lo que sí es más fácil de ver, ya desde abajo, es Vil.la Joana, una antigua masía convertida en torre de veraneo en el siglo XIX y, ya en el XX, en escuela. No obstante, su importancia recae en otro hecho, en ser la última residencia de Jacint Verdaguer (de hecho, fue donde murió), de ahí que se convirtiese en el primer museo de Catalunya dedicado al poeta. ⠀

 

Actualmente, como tantos otros museos, se encuentra cerrado pero, en situación normal, dado que está gestionado por el MUHBA, se puede visitar.

 

Nuestro camino prosigue hacia la Font de la Budellera, siempre recorriendo los caminos del Parc Natural de Collserola por la parte posterior del Tibidabo y la Torre de Telecomunicaciones.

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Antes de llegar a ella, sin embargo, pasamos por el Revolt de les Monges, donde una cruz de piedra nos recuerda uno de los episodios más crueles de la Guerra Civil, el asesinato de cinco monjas en una curva de la carretera de Vallvidrera por parte de algunos milicianos de la FAI cuando éstas se negaron a abandonar su orden. Formaban parte de un convento de la calle de Trafalgar.

Tenéis la historia completa (la conocemos gracias a que una de ellas sobrevivió) en este programa de Va passar aquí de Betevé.

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La Font de la Budellera (1918) es obra de Jean Claude Nicolas Forestier y nos vincula a esos populares encuentros o “aplecs” dominicales de principios de siglo, convirtiéndose en un lugar donde pasar el día, comer, bailar y, como se solía decir, también “festejar”.⠀

Su nombre puede tener dos procedencias:

  • La creencia de que sus aguas eran beneficiosas para los problemas estomacales. ⠀
  • La proximidad de una casa de fabricación de cuerdas de guitarra, elaboradas con los intestinos de animal, durante mediados del siglo XIX.

 

 

¡Se pueden hacer muchas cosas por la zona! De hecho, me quedó pendiente, ya para volver otro día, el Mirador del Turó d’en Corts y la Mare de Déu de Collserola (Santa Maria de Collserola). Ahora está cerrado pero, en situación normal, en el Centre d’Interpretació del Parc Natural de Collserola os pueden aconsejar sobre más rutas. Tenéis también mucha información en su página web, la cual es realmente útil para, incluso, otras rutas que nos llevan a Cerdanyola o Sant Cugat, entre otros.

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Desde la Font de la Budellera unas escaleras no llevan de regreso a Vallvidrera. Dado que prefería hacer una ruta circular y regresar por un lugar distinto al por el cual había entrado, me dirigí hacia el antiguo Ideal Pavilion para, desde ahí, tomar la Carretera de les Aigües y las pequeñas escaleras que nos llevan hacia la Plaça del Dr. Andreu.

El Ideal Pavilion (1908) es uno de esos antiguos hoteles modernistas, creados para hacer salud, que mencionamos en la segunda entrada del ciclo que estamos dedicando a la historia y arte de los hoteles de Barcelona (recordemos que también hablamos del Hotel Buenos Aires de Vallvidrera). Se trata de una construcción de Antoni Coll Fort, arquitecto muy presente especialmente en las casas de veraneo de la zona de Camprodon.

Cuando estamos en Barcelona ciudad, el Ideal Pavilion es ese edificio beige que se divisa siempre a los pies de la Torre de Telecomunicaciones.

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Siguiendo la Carretera de Vallvidrera a Barcelona y pasado el Parc de Bombers  de Vallvidrera, antes de llegar a la Escuela Judicial, encontramos un camino que nos llevará a la Carretera de les Aigües (desde él se puede subir también al Observatori Fabra), al punto justo desde el cual unas escaleras, muy bien señalizadas, nos muestran el descenso hacia Avinguda del Tibidabo.

En la Plaça del Dr. Andreu, dedicada al famoso doctor que inventó las Pastillas del Dr. Andreu y urbanizó la zona de Avenida del Tibidabo, además de encontrar el Funicular, actualmente en obras, y la Casa Arnús de Enric Sagnier (propiedad del sobrino de Evarist Arnús, el banquero promotor de la Exposición Universal), encontramos un buen lugar para hacer un alto en el camino con unas vistas únicas… ¡la terraza del Mirablau!

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Justo al lado, con el fin de no bajar por la carretera, podemos atravesar el Parc de la Font del Racó, zona de recreo de verano durante el siglo XIX. Tras la compra por parte del Ajuntament a principios del siglo XX de los solares que la acogen, Nicolau Rubió i Tudurí (hablamos de él en la remonta de la Casa del Cotó) diseñó unos jardines conservando su aire rústico. Éstos formarían parte de la primera red de zonas verdes de Barcelona.⠀

Dado que era uno de los lugares favoritos de Apel.les Mestres para dibujar, en su interior encontramos un pequeño monumento dedicado a él.

Y siguiendo nuestra bajada, pasado la Avenida del Tibidabo, encontramos los Jardins de Tamarita, uno de los pocos catalogados como históricos en Catalunya (tenéis el listado completo aquí), donde sólo disfrutamos de 25 nombres, y obra del ya mencionado Nicolau M. Rubió i Tudurí.

Estos jardines, unos también de los más tranquilos de la ciudad, pertenecen a la que fue durante el siglo XVIII la finca de la familia belga y aristocrática de los De Craywinckel. A principios del siglo XX, sin embargo, Llorenç Mata, industrial del algodón, la compró. Sería su sobrino, Alfred Mata, quien realizaría el encargo de los jardines a Nicolau M. Rubió i Tudurí. De hecho, sería uno de sus primeros trabajos como diseñador de jardines.

Aprovechando el curso del Torrent del Frare Blanc (de aquí vendría el nombre de la casa vecina, situada en Avinguda del Tibidabo, del Frare Blanc o Casa Roviralta, obra de Joan Rubió i Bellver, arquitecto de la Casa Golferichs, por ejemplo, discípulo de Gaudí y tío de Nicolau M. Rubió), el diseñador creó interesantes juegos de rampas y escaleras.

 

Si aún os quedan fuerzas, cerca, siguiendo nuestro descenso hacia el Eixample, tenemos la iglesia de la Mare de Déu de la Bonanova o de Sant Gervasi i Protasi de Josep Danés (arquitecto del Santuari de Núria), el Edifici Alhambra (hecho construir en 1875 por un berlinés, que daría nombre también a la calle en la cual se ubica, y siguiendo el Alhambra como influencia, es una obra de Domènec Balet i Nadal, autor de la Casa Pere Llibre de Passeig de Gràcia, también neoárabe) y el Turó de Monterols o d’en Gil, nombre de la familia propietaria hasta la compra del Ajuntament en 1940 (de no muy buenas vistas, pero otra de las colinas de Barcelona).

En la zona de la Bonanova tenéis también el viaducto de Antoni Gaudí (Bellesguard), distintas casitas llenas de encanto y antiguos conventos, trasladados a la zona en especial tras la Setmana Tràgica.

 

2.Jardins de Can Sentmenat, Vil.la Amèlia y Vil.la Cecília

Nuestra segunda ruta no sale de la zona urbanizada, como la anterior, pero nos permite conocer tres parques de interés en los cuales desconectar.

El primero de ellos, igual que los ya mencionados Jardins de Tamarita, también se engloba dentro de los jardines históricos de Catalunya. Se trata de los jardines del antiguo palacio de los Marqueses de Sentmenat, construido en 1779 en estilo afrancesado con sus parterres y fuente.

En 1960 los Sentmenat alquilaron el palacio al cónsul de Francia hasta que en 1974 lo vendieron a una inmobiliaria. Finalmente, en 1992 el Ajuntament lo adquirió y, dos años más tarde, lo alquiló a EINA, la escuela de diseño, los cuales ocupan el palacio aún ahora.

Además de sus jardines, un elemento que también destaca del conjunto es el paseo de estatuas con los escudos heráldicos de las siete familias emparentadas con los Sentmenat. Así, encontramos los Jordán de Urríes, los Sarriera, los Osorio, los Despujol, los Patiño y los Ciutadilla. Cada una de las esculturas lleva también atributos vinculados a dichos escudos. Podría ser que estas esculturas las hubiese creado Joaquim de Sentmenat i Sarriera, el octavo Marqués de Sentmenat.

 

Los jardines de Vil.la Amèlia y Vil.la Cecília se encuentran contiguos uno del otro. De hecho, se trata de dos jardines distintos, completamente separados, pero que formaban parte antiguamente de la misma finca, la finca de la familia Girona, que sería dividida en dos una vez expropiados los terrenos por parte del Ajuntament en 1969.

La finca recibía popularmente el nombre de Cal Noyu y en 1909 fue adquirida por Eduardo Conde, indiano fundador de los almacenes El Siglo, los primeros en Barcelona con criterios de gran superficie.

Inicialmente, sólo una parte tenía que haber sido destinada a jardines, siendo la otra recalificada para ser urbanizada. No obstante, gracias a la lucha vecinal, se consiguió destinar la zona a la comunidad y, de hecho, el palacio de la familia es ahora un Centro Cívico.

Los nombres de los jardines, sin embargo, nos remiten a la historia de las dos familias y es que, mientras Cecilia hace referencia a Cecilia Gómez del Olmo, esposa de Eduardo Conde, Amelia es Amelia de Vilanova, esposa de Ignasi Girona, padre de Manuel Girona, el alcalde y fundador del Banc de Barcelona que también financiaría, entre otras cosas, la fachada de la Catedral de Barcelona (hablamos de ello en una entrada de La Bcn Que Me Gusta).

Cuando se decidió transformar la finca en dos parques, se implantaron dos proyectos de diseño distintos, uno de los cuales, el de Vil.la Cecília, fue incluso galardonado con un premio FAD. Se trata de un proyecto de 1986 de José Antonio Martínez Lapeña y Elías Torres que incluye, entre distintas instalaciones, como un campo de baloncesto o columpios para los más pequeños, una especie de laberinto.

¡Os animo a buscar en su interior la “Ofelia ahogada“ (1964) del escultor madrileño Francisco López Hernández!

 

Por su parte, el proyecto de Vil.la Amèlia es de Joaquim Casamor. Los jardines incluyen distintas esculturas, pero las más destacadas son la Dríade, la ninfa protectora de los bosques, que se encuentra en el pequeño estanque del centro, y el Encantador de serpientes, una escultura del belga Jules Anthone de 1887, hecha en Roma y comprada por el Ajuntament en la Feria de Bellas Artes de 1898.

 

Entre los Jardins de Can Sentmenat y las dos villas, podéis pasar por el Parc de Joan Raventós, antiguos terrenos del Convent del Sagrat Cor de Sarrià, ahora colegio, y antigua Riera de les Monges, un torrente que recoge el agua de la lluvia, motivo por el cual se instaló en el parque un complejo sistema de drenaje con colectores que conducen el agua al centro de la ciudad. En el caso de que las lluvias sean muy abundantes, dispone de una zona inundable para evitar, así, los desbordamientos.

 

En función de dónde vengáis, pasaréis de subida o de bajada por Sarrià, tanto por su núcleo antiguo, como por construcciones más modernas, como la iglesia de Sant Gregori Taumaturg o la puerta de la Finca Miralles.

A primera vista, Sant Gregori Taumaturg nos puede recordar ligeramente al Pantheon de Roma, tanto por su fachada como por el interior de su cubierta. No obstante, es una iglesia completamente barcelonesa que, de hecho, no tiene muchos años de vida y que tampoco conserva el aspecto contemplado en su proyecto original, que incluía cuatro campanarios y una cúpula central de gran altura, que finalmente no se construyeron por distintos problemas con el Ajuntament.

Se conoce como el único templo redondo de Barcelona (aunque su planta en realidad es elíptica), algo que se debe al hecho de que se ubique en el centro de una plaza, y está consagrada a San Gregorio, uno de los padres de la Iglesia. De hecho, su impulsor en 1945 fue el arzobispo Gregorio Modrego, un personaje muy vinculado al régimen franquista y que fue presidente del Concilio Eucarístico Internacional de 1952, celebrado en Barcelona (el mismo que dio nacimiento al barrio del Congrés y a las reformas de Francesc Macià o la instalación de la fuente de Passeig de Gràcia con Gran Via, entre otros).

Su arquitecto fue Bartomeu Llongueras Galí pero, ante una construcción paralizada durante unos 40 años (aunque su culto sí se podía llevar a cabo), fue Jordi Bonet Armengol, continuador de la Sagrada Família, quien la finalizaría en 1995. Por su lado, las vidrieras son de Joan Vila Grau, también vidriero de la Sagrada Família. Su lucernario, en función de cómo da el sol, nos proyecta unos colores distintos. Ej. ocres para el inicio del día, rojos al mediodía y azules por la tarde.

 

Por lo que respecta a la Finca Miralles, lo único que nos ha quedado es su puerta, pero ésta es de gran interés pues se trata, nada más y nada menos, que de una obra de Antoni Gaudí para Hermenegild Miralles, uno de los principales renovadores de la técnica de la encuadernación en Catalunya. Fundador de la revista Hispania, también fue creador de una técnica decorativa, basada en el cartón, que se aplicaría en espacios como el Café Torino o el Hotel Términus. De hecho, ya hemos hablado de él en la ya mencionada segunda entrada del ciclo sobre hoteles que estamos llevando a cabo en La Bcn Que Me Gusta.⠀

La ondulación y el hierro forjado de la verja nos vinculan por completo a la obra de Gaudí, así como su inconfundible cruz de cuatro aspas. Su marquesina nos recuerda a un reptil, como en tantas otras obras suyas. Ésta es de fibrocemento pero, inicialmente, era de cartón, del mismo que fabricaba Hermenegild Miralles.

 

Por lo que respecta a la casa, ésta se inspiraba en las barracas valencianas y era un proyecto de Domènec Sugrañes, discípulo de Gaudí, del cual ya hablamos en una entrada del blog.⠀

Lamentablemente, en los años 60 la casa se perdió y la valla estuvo a punto… Y es que la finca había quedado emparedada entre grandes edificios, uno de ellos las cocheras de los tranvías de la ciudad, las Cotxeres de Sarrià, motivo por el cual se decidió destruir todo el conjunto y crear, en su lugar, una urbanización de 500 pisos que nos traslada a la estética de los años 50, 60 y 70, tan propia de la zona de Pedralbes y del nuevo Sarrià, obra de José Antonio Coderch de Sentmenat, autor también del Institut Francès, del Centre Tècnic de Seat a Martorell o de la Casa Ugalde a Caldetes. ⠀

La idea que se implementó no nos es tan desconocida: se creaba una supermanzana limitadora de tráfico y con uso constante de zonas verdes en su interior.

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Justo debajo de la puerta, una escultura de Antoni Gaudí nos da la bienvenida. Se trata de una pieza de mismo escultor que la escultura dedicada a Antoni Rovira i Trias de Gràcia, una obra de Joaquim Camps.

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Muy cerca tenéis la iglesia de Sant Ot y el Santuario de Santa Gema, iglesias muy propias de los años 50 y, por tanto, también muy adecuadas a la estética que mencionábamos que habitual en Pedralbes. Su imponencia y grandes dimensiones no dejan nunca de sorprender.

Finalmente, en la antigua villa de Sarrià, no podéis olvidar pasar por sus pequeñas plazas y calles llenas de vida y encanto, así como por el Passatge Mallofré (abierto en 1866, lleva el nombre del bolsista Josep Mallofré, propietario de los terrenos) o Sant Vicenç de Sarrià.

 

Podéis hacer una parada técnica en el Foix de Sarrià para degustar alguna de sus delicias dulces, aunque en estos tiempos, en mi opinión… ¡su horchata artesana es la mejor opción!  😛

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3.Els Tres Turons

El Tres Turons, como nos indica su nombre, es todo un conjunto conformado por tres pequeñas colinas (la Creueta del Coll, el Turó del Carmel y el Turó de la Rovira); tres montículos cuya ascensión nos aporta interesantes vistas sobre la ciudad pero, sobre todo, la facilidad de movernos por un barrio lleno de carisma y que aún conserva parte de su encanto, si bien es cierto que el Turó de la Rovira hace ya un tiempo que se ha convertido en una zona bastante masificada, incluso en tiempos de Coronavirus…

Nuevamente, la ascensión es caminando y, en función de por cuál de las tres colinas empecéis, la ruta puede tener tres finales distintos, es decir, que esta ruta en realidad puede convertirse en tres distintas o, contrariamente, en una sola, uniendo todo ello en forma de una gran ruta, dependiendo del tiempo del cual dispongáis y de las ganas de caminar.

Así, os doy tres posibles bajadas o subidas en función de la colina por la cual empecéis:

  • El Farró y el Putxet
  • El Carmelo (con posibilidad de entrar en el Park Güell)
  • Font d’en Fargues y Parc del Guinardó

¡Vayamos a pasos!

 

El Turó de la Creueta del Coll pertenece, como indica su nombre, a El Coll, un barrio que, como Vallcarca y Penitents, La Salut y el Camp d’en Grassot, forma parte del distrito de Gràcia. Su nombre procede de su ubicación geográfica, justo en el valle entre las tres mencionadas colinas, aunque también se la conocía popularmente como la Font-rúbia por su fuente de agua rojiza. Antaño fue también la zona de caza de los señores feudales de Barcelona.

En mi opinión, con sus callejuelas, vida de barrio y pequeñas casas… ¡es uno de los barrios más bonitos de Barcelona! Ejemplo de este encanto son el Passatge d’Isabel, cuyo nombre honora a la reina Isabel II, y el de Ministral (nombre de su propietario).

El primero sigue el mismo modelo del carrer d’Aiguafreda de Horta, del cual hablaremos en unas líneas más adelante, es decir, que sigue el modelo de casas y jardines a lado y lado del pasaje.

Cerca hay una iglesia ortodoxa que depende directamente del patriarcado de Moscú.⠀

 

Este barrio, no obstante, estuvo a punto de perder su encanto, en especial cuando la cantera ubicada en la colina de El Coll, Piedras y Derivados (PYDSA), cerró sus puertas en 1987 y se barajó la posibilidad de construir en ella edificios y más edificios… Por suerte, la presión vecinal hizo que se convirtiese en zona verde (del mismo modo que también lo han hecho otras canteras, como la del Fossar de la Pedrera, por ejemplo), motivo por el cual actualmente los vecinos y vecinas pueden disfrutar de un gran parque que entremezcla la concepción de parque como tal con la de montaña algo más virgen.

 

El parque, además, se lo conoce por dos hechos: por acoger una pequeña “playa” en verano y por la gran escultura de Chillida, localizada en el circo creado por la antigua cantera. Dicha escultura recibe el nombre de Elogio del agua y, siendo de hormigón, pesa 54 toneladas. Es por ello que fue necesaria también la intervención del ingeniero José Antonio Fernández Ordóñez para sujetarla a partir de cuatro grandes cables tensores.

El nuevo parque fue diseño de los arquitectos Josep Martorell y David Machay.

El parque, siendo aún cantera, fue muy conocido en los años setenta por el belén que acogía, una creación de Agustí Pinyol, encargado de la pedrera. En sus ratos libres trabajaba en él… ¡incluso tenía efectos especiales, tales como tormentas! Es por ello que la gente lo iba a visitar expresamente. Desgraciadamente, sólo nos ha quedado su sala de control.

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El barrio tiene su propia Virgen, la Mare de Déu del Coll, una talla del siglo XIII localizada en una antigua ermita románica (s.XI), en medio de la montaña pero ahora completamente engullida por la ciudad, que dependía del Monestir de Sant Cugat del Vallès y, ya en el siglo XIX, de Sant Pau del Camp. Incendiada durante la Guerra Civil, necesitó en 1948 una importante reforma.

Dos lugares más que cabe mencionar son la Finca Sansalvador de Josep Maria Jujol (inacabada) y el Alberg Montserrat (neomorisco, de la familia Marsans).

 

La bajada o subida la podéis realizar a través del barrio de Vallcarca – Penitents, ubicado justo en el valle por el cual pasaba la riera de Vallcarca y que crean los Turons del Putxet, del Coll y del Carmel. ⠀

El Putxet y el Carmel se encuentran unidos por el Pont de Vallcarca, un importante viaducto de hormigón armado con hierro (primera vez que se aplicaba esta técnica en el Estado), construido en 1925 por Miquel Pasqual Tintorer (arquitecto del Mercat de la Llibertat y el mismo que firmó los planos de la Casa Burés de Francesc Berenguer, sin título de arquitecto) y que también es interesante de visitar. Fue una gran obra de ingeniería y, sobre todo, una mayor conexión de estos barrios con la ciudad.

 

El nombre de Penitents viene dado por la pequeña comunidad de ermitaños que, a partir de 1860, habitó la zona. Lo hacían en cuevas alrededor de la ermita de Santa Creu de Vallcarca (detrás del antiguo Hospital Militar, actual Pere Virgili) y del proyecto del Pare Palau (lo mencionamos en la entrada al blog de Aitona), considerado el último anacoreta de Barcelona y un exorcista que recibía visitas masivas de gente de todas las condiciones económicas y sociales (en la Barcelona del siglo XIX el exorcismo estaba muy de moda).

Jacint Verdaguer, como exorcista que también era, fue una de estas visitas. De hecho, tal era su admiración hacia el Pare Palau que, tras su abandono, compraría la ermita y sus terrenos por 25.000 pesetas y se instalaría en ella con la familia Duran, a pesar de que no tuviese medios para pagarlo y que le supusiese endeudarse peligrosamente.

Poco nos queda de este pasado, pero en la Clínica Solarium se conserva parte de esta ermita, así como una piedra de su Vía Crucis. Así que si tenéis tiempo, podéis alargar la ruta de ascenso a la Creueta del Coll por este lado. ⠀

Ya al otro lado del valle, encontramos el Putxet, colina desde cuya cima podemos observar los Tres Turons a la perfección.

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El Turó del Putxet pertenece a otro municipio anexionado a Barcelona, a Sant Gervasi de Cassoles, y nos da acceso a otro barrio con encanto, maravilloso para finalizar esta primera ruta, el Barri del Farró o El Farró, el cual sobrevive medio encerrado por la Via Augusta, Balmes, Ronda del General Mitre y la Avinguda de Riera de Cassoles y cuyos inicios fueron las residencias de veraneo.⠀

En él aún podemos encontrar espacios con sabor a pueblo, como la Plaça de Mañé i Flaquer o de Sant Joaquim o los pasajes de Sant Felip y de Mulet, creados en 1879 y que conservan sus casas unifamiliares con pequeños jardines. ⠀

El segundo pasaje acoge el Centre Excursionista de Gràcia (1922) y su nombre hace referencia a Antoni Mulet, antiguo propietario de los terrenos. De hecho, esto ocurre en muchas calles y plazas de Sant Gervasi y Les Corts. El nombre del Farró también proviene de la persona que construyó las primeras casas a principios del siglo XIX, Silvestre Farró.⠀

El barrio vio nacer, entre otros personajes, a Mercè Rodoreda y Antoni Tàpies.⠀

 

Vil.la Urània, actualmente un centro cívico (lamentablemente, estuvo también a punto de perderse) pero construcción que acoge tras él mucha historia, se encuentra también en el barrio. Fue propiedad del astrónomo Josep Comas, quien la cedió con su testamento al Ajuntament, de ahí que, tras un interesante proyecto de rehabilitación, actualmente sea un Centro Cívico. El primer propietario, sin embargo, fue Bienvenido Comas, padre de Josep, quien la haría construir en 1868. ⠀

El nombre de la casa homenajea la novela del astrónomo Camille Flammarion, Urania (1890), cuyo título hace referencia a la musa de la Astronomía. Y es que Vil.la Urània tenía en su terrado un gran telescopio, con cámara fotográfica adosada, desde el cual su propietario realizaba sus observaciones.

Una placa en Via Augusta nos recuerda sus trabajos. El observatorio se desmontó en 1963.

 

Otro lugar interesante a los pies del Putxet que, de hecho, encontré un poco por casualidad mientras callejeaba, es la casa de la pintora Olga Sacharoff, una de las figuras clave de las vanguardias catalanas.

 

Las otras dos colinas restantes, como mencionábamos, son el Turó del Carmel y el Turó de la Rovira. Se pueden visitar de manera seguida, puesto que se encuentran justo una al lado de la otra. La segunda es quizá la colina más conocida, incluso para personas no barcelonesas, motivo por el cual acostumbra a estar siempre llena de gente… pero el Turó del Carmel, con el Turó de les Tres Creus en él, es quizá algo más tranquilo, sobre todo su cima, también con unas vistas impresionantes. Y es que, a pesar de que su base sea también muy visitada, puesto que en ella se ubica el Park Güell, la cima, más montañosa que la del Turó de la Rovira, nos permite disfrutar aún más de la naturaleza que, un poco por milagro, ha perdurado hasta nuestros días.

 

En el caso de que vengáis del Turó de la Creueta del Coll, puesto que hayáis optado por unir la subida a estas dos colinas con la colina anterior, podéis aprovechar para hacer una visita al barrio del Carmel, con sus subidas y bajadas, donde destaca el famoso Bar Delicias, presente en Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé o la iglesia de Nuestra Señora del Carmelo.

En el Carmel encontramos el Boca Nord, un espacio joven en cuyos exteriores encontramos distintos murales de arte urbano de lo más interesantes.

 

¡Dado que el Park Güell se encuentra abierto al público de manera gratuita estos días, podéis aprovechar y visitarlo!

 

Otra opción, en cambio, es bajar hacia el Pla de Barcelona (Eixample) por el Cottolengo, donde las ideas de Gaudí se encuentran sintetizadas en distintos idiomas.

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Desde el Turó de la Rovira, podéis enlazar también con el Parc del Guinardó, en mi opinión, uno de los parques más interesantes de Barcelona, para desde ahí visitar el barrio de la Font d’en Fargues, completamente parado en el tiempo con sus pequeñas calles y torres con jardín.

Si en vez de hacer tres rutas, hacéis solo una, recordad que podéis acceder a la Font d’en Fargues desde el Carmel, justo al lado, y de ahí, ascender al Parc del Guinardó o al Turó de la Rovira.

El nombre del barrio procede de la fuente, la Font de Can Fargues, propiedad de la masía de mismo nombre que también fue propiedad de los Pujol, personajes de poder en la Barcelona del siglo XVIII vinculados al negocio de las especias y la droguería, pero enriquecidos sobre todo a partir del momento en el cual arrendaron los derechos de las puertas de la ciudad.

La fuente y gruta, sin embargo, son del siglo XIX, momento en el cual comenzaron a comercializar su agua con garrafas que distribuían en Barcelona.

 

El barrio está lleno de pequeñas torres, algunas de veraneo de principios de siglo XX, pero otras de familias bienestantes que formaban parte de la Cooperativa de Periodistes per a la Construcció de les Cases Barates, que construía chalets para sus asociados en un momento en el cual la zona se puso muy de moda para hacer salud en tiempos de tuberculosis.

 

Desde la Font d’en Fargues, podéis ir al carrer d’Aiguafreda o de las Bugaderes d’Horta, una calle también con mucho encanto, que nos traslada por completo a otra época. Como nos muestran los pozos y lavaderos ubicados delante de cada una de sus casas, las mujeres de la zona, con el fin de sacarse un sueldo, hacían la colada aliena, la colada de esas personas de Barcelona que, ante la falta de espacio en una ciudad amurallada y masificada, contrataban a mujeres de otras localidades. Así, tenemos bien documentado cómo la ropa de las familias pudientes de Barcelona se lavaba en Horta desde el siglo XVII a principios del siglo XX. La industria que se creó en Horta alrededor de este negocio fue bastante importante.

La ropa sucia se entregaba los lunes y se devolvía limpia los sábados.

El recorrido que estas lavanderas hacían siempre era el mismo: cogían la carretera d’Horta a Barcelona y entraban por el Portal Nou.

 

El Parc del Guinardó nos permite, una vez más, tener vistas sobre Barcelona. En él, además de caminitos y caminitos en plena naturaleza, se encuentra la Font del Cuento, una fuente muy popular y emblemática del barrio (la fecha que ostenta la propia fuente nos habla del año 1739, aunque podría ser anterior), cuya agua era muy apreciada, de ahí que incluso la viniese a buscar gente que no era de la zona.

Tan popular era que había un merendero donde se vendían jarabes y anises y se amenizaba la estancia con música de gramófono y los cuentos que se explicaban mientras se llenaban los cántaros. De aquí vendría su nombre, aunque otra versión nos habla de que quizá la palabra cuento haría referencia al juego amoroso de las parejas en la zona.

 

El Parc del Guinardó es uno de esos reductos de montaña que, sin saber bien bien cómo, se han conservado en nuestra ciudad. La zona estaba dedicada al cultivo de la vid, pero como en tantos otros lugares, la plaga de filoxera de 1881 causó sus estragos y los terrenos quedaron abandonados.

La poca vida que quedó fue talada durante la Guerra Civil, momento en el cual muchas familias usaban los robles y garroferos de la zona para poder calentarse. Por suerte, en los años 60 se inició una repoblación a base de pinos, cedros y eucaliptus y, desde entonces, es uno de los pulmones de nuestra ciudad y también lugar de parada de distintas especies de pájaros.

Su nombre, como en tantos otros lugares, hace referencia a la masía que había en la zona, el Mas Guinardó, comprada en 1894 por Salvador Riera, quien se presentaría al concurso convocado por el ayuntamiento en 1910 para crear parques y jardines en la ciudad con el fin de ofrecer sus terrenos, con los cuales en cierta manera se lucraría, puesto que cobraría del Ajuntament mucho más que lo que él había pagado por ellos.

A raíz de ello, otros propietarios también se presentaron y la zona verde se dobló tanto que, incluso, en 1921 se analizó la posibilidad de instalar un zoológico y un parque botánico en ellos, algo que finalmente se desestimó dada la densidad de población de la zona.

A la entrada del parque nos encontramos al Nen de la Rutlla, un niño jugando al juego de la Rutlla, es decir, con un gran aro. Es todo un símbolo del Guinardó y se trata de una escultura de Joaquim Ros i Bofarull, autor de algunas esculturas de la Porta de Caritat de la Sagrada Família.

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Muy cerca tenemos la Casa Museu Mas Ravetllat-Pla, un palacete de Adolf Florensa con jardines abiertos al público, antigua residencia de la doctora y farmacéutica Núria Pla, que alberga actualmente un museo con su colección de antigüedades (más de 850 piezas de mobliario).

Las visitas se llevan a cabo mediante reserva previa a partir de la fundación que la gestiona.

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4.Subida al Tibidabo y la Font del Bacallà

La cima más emblemática de nuestra ciudad, sin embargo, es el Tibidabo, así que no podíamos olvidar mencionarla. En este caso, el ascenso puede ser tanto en bicicleta como caminando (unos 20kms) pero, dado que hay un sinfín de rinconcitos, os recomiendo también la posibilidad de hacerlo en forma de excursión.

Para los que tengáis ganas y tiempo, podéis unir esta ruta con la primera salida que os he recomendado, la del Pantà de Vallvidrera.

Actualmente, la cima más alta de Collserola, aquella que acoge el gran templo, con carácter expiatorio, de Enric Sagnier, el arquitecto que más construcciones nos ha dejado en Barcelona, construido inicialmente ante la visita de San Juan Bosco, se conoce con el nombre de Tibidabo, pero los romanos la bautizaron como Podium Aquliae (Puigserola o Puig de l’Àguila), por las vistas que ofrecía. Su actual nombre procedería de la Biblia, como también lo fueron otros como la Vall d’Hebron o el Mont Carmel.

 

En este caso, la subida la hice desde Vallcarca – Penitents para dirigirme, en primer lugar, a la Font del Bacallà.

 

Localizada justo al lado de una pequeña riera de mismo nombre, la Font del Bacallà es una fuente que brota todo el año. Se decía que tenía poderes medicinales y que era muy corrosiva, de ahí que si ponías un bacalao bajo su chorro, al cabo de una hora, no quedase nada, sólo su espina. Esta historia le daría el nombre por el cual la conocemos.

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De ella, por el Camí de Can Borni (el Viver de Can Borni fue construido durante la Exposición de 1929 como jardín de climatización de plantas según diseño inspirado en el Alhambra, como los Jardines de Laribal, de Nicolau M. Rubió i Tudurí), se llega al Tibidabo, lugar que estos días, también cabe decirlo, se encuentra bastante masificado… así que os recomiendo simplemente alcanzarla, hacer cuatro fotos y dar la vuelta rápido…

 

La bajada la hice por el lado opuesto, es decir, por Avinguda del Tibidabo, así que podéis añadir a esta ruta el último tramo de la primera que hemos comentado, la del Pantà de Vallvidrera. De este modo, tras pasar por la Biblioteca de Valentí Almirall, un templo de sabiduría, como nos indica la Atenea, acompañada de su inconfundible búho, del frontón de la entrada, podéis dirigiros hacia el Ideal Pavilion y proseguir con todo lo que hemos comentado ya al inicio de esta entrada.

La Biblioteca de Valentí Almirall fue construida por su viuda en 1924 para conservar en su interior todo su legado. Durante el franquismo, dadas sus ideas de izquierdas y catalanistas, los libros fueron quemados.

Actualmente, su interior es usado como espacio de alquiler.

 

5.Castell de la Torre del Baró

Finalmente, nos dirigimos justo al lado opuesto de la ciudad, aunque aún en el Parc Natural de Collserola, para seguir con otra cima, la del Castell de la Torre del Baró. En este caso, os recomiendo usar la bicicleta, puesto que la Meridiana, andando, puede convertirse en un auténtico suplicio.

Veréis que Google Maps os recomendará ascender al castillo desde Roquetes… personalmente, os recomiendo mejor hacerlo desde la Plaça de Karl Marx (Canyelles), puesto que el desnivel no es tan pronunciado. De todos modos, requiere de cierta preparación física para hacerlo.

 

El Castell de la Torre del Baró es un castillo neomedieval de 1905 que recibe el nombre de quien habitaba la zona con anterioridad, el Baró de Pinós, familia emparentada con los Montcada y una de las más importantes de Catalunya ya desde época medieval (hablamos de ellos en la entrada dedicada al Monestir de Pedralbes y en la de Conca de Barberà).

La finca se habría construido en el siglo XVI y destruido en 1714. Una segunda torre se levantaría nuevamente en 1797, pero la prolongación de la Avenida Meridiana en 1967 acabaría con ella. Al parecer, algunas piedras de esta segunda torre se conservan aún. Como indicábamos, la torre actual es ya del siglo XX y, si bien toma el nombre de sus antiguos propietarios, se encuentra en otra localización de la misma zona.⠀

Hay quien dice, sin embargo, que podría haber sido una construcción para el hijo del Barón, enfermo de tuberculosis. Dado que éste habría muerto antes de su finalización, la casa quedaría inacabada. Otra versión sobre la construcción de la torre actual nos habla de la familia Siwate, quien compraría la finca en 1878 y tomaría el nombre del Barón para identificar su casa de veraneo. Quizá esta segunda versión seguiría la primera… aún queda mucho por indagar.

El Castell de la Torre del Baró se tendría que haber convertido en un hotel dentro de un proyecto de ciudad-jardín diseñado para la Serralada de Roquetes, pero su mala comunicación hizo que, finalmente, se paralizase la idea.

Se localiza en el Puig de les Roquetes, cuya cima se puede tomar desde el castillo con facilidad, así como otras colinas como el Turó d’en Segarra o el Turó Blau.

Las vistas, en este caso, también alcanzan el Vallès e, incluso, la Mola, Montserrat, los Cingles de Bertí y la Serra de Marina.

 

Si continuáis el camino, llegaréis al Passeig de les Aigües, el cual os llevará hasta el Mirador del Forat del Vent, donde podréis disfrutar de unas buenas vistas sobre la ciudad pero también sobre el barrio de Horta, y hasta la Carretera de les Agües, el Turó de la Magarola, la Torre de Valldaura y Sant Genís dels Agudells.

Os recomiendo visitar la página web de Ronda Verda para poder conocer mejor la ruta.

En la zona también se conserva una antigua mina de hierro y distintos canales que formaban parte del acueducto del Vallès, en funcionamiento durante todo el siglo XIX.

 

Y con esta última ruta finalizamos la entrada de hoy, una entrada que espero que os haya servido de ayuda a la hora de recorrer y conocer mejor nuestra ciudad, así como distraernos y hacer deporte en un momento en el cual las ofertas son más bien escasas…

¡Barcelona acoge muchas otros lugares e ideas a recorrer! Este fin de semana, por ejemplo, quiero probar de ir a Sant Medir, a modo de peregrinaje, como cada 3 de marzo se acostumbra a hacer. Así que las posibilidades son infinitas y quizá este Coronavirus, en cierta manera, nos puede ser útil para conocer mejor dónde vivimos… ¡de todo hay que intentar extraer algo positivo! ¿No os parece? ¡Ahora a seguir indagando!  😉

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