¡7 visitas para pasar un fin de semana completo en Sant Cugat!

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¡Nueva entrada en el apartado Salidas desde Barcelona de La Bcn Que Me Gusta!

En esta ocasión, nos vamos cerquita, muy cerquita de Barcelona, a tan sólo 20min en Ferrocarril y con la T-Usual, para descubrir aquellos aspectos que muchas veces nos pasan desapercibidos de la localidad que visitaremos, Sant Cugat del Vallès, a pesar de que ya hallamos estado en más de una ocasión en ella.

La entrada de hoy, pues, nos permitirá conocer un sinfín de espacios sin apenas alejarnos de casa y entrar en una experiencia plena gracias al hecho de que, incluso, nos quedemos a dormir (en mi caso, tanto desconecté que no me di cuenta de que estaba a tan sólo 20min de casa hasta que empecé a encontrarme gente que conocía por sus calles).

La noche la pasamos en el Holiday Inn Express de Sant Cugat, un hotel de 3 estrellas, realmente práctico y con todo tipo de comodidades. Importante… hay que tener también en cuenta su ubicación, el barrio de Sant Joan, especialmente si no se dispone de coche. No obstante, la estación de Ferrocarriles Sant Joan se encuentra también justo al lado. ¡Sus habitaciones eran muy confortables y amplias!

 

Y es que, a pesar de que habitualmente vinculamos Sant Cugat a Collserola y las excursiones de montaña (de hecho, en La Bcn Que Me Gusta ya hemos hablado en alguna ocasión de ello), así como al Monestir y al Mercantic, son muchos más los atractivos que esta localidad del Vallès Occidental nos ofrece y que, poco a poco, iremos desgranando en la entrada de hoy. Así, aunque obviamente tendremos que hablar de sus tres iconos por excelencia, también trataremos muchas otras cosas de lo más interesantes que nos permiten descubrir un Sant Cugat distinto, un Sant Cugat que aúna cultura, gastronomía y ocio en cada una de sus calles, y que tuvimos oportunidad de conocer en un fin de semana.

Los espacios que pudimos visitar son los siguientes:

Monestir de Sant Cugat

Celler Cooperatiu

Mercat Vell

Museu del Còmic

Museu Cal Gerrer – Museu Marilyn

Ildas Town Beer

Mercantic, el Café Belgrado y la Taverna Catalana

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Sant Cugat del Vallès, con sus cerca de 91.000 habitantes, es una de las poblaciones de Catalunya con mayor calidad de vida. De hecho, su salto de la agricultura a la vida actual, saltándose la etapa industrial, supuso que se conservasen muchos espacios verdes y que, actualmente, no sólo acoja el parque natural metropolitano más grande de Catalunya, sino también muchos otros parques. Ello ha supuesto, a modo orientativo, que haya un árbol por habitante, por ejemplo.

Por otro lado, este salto también ha conllevado que en Sant Cugat se hayan instalado las sedes de grandes empresas como HP, Banc Sabadell o Mapfre, entre tantas otras, así como que se haya convertido en un espacio adecuado para la creación de start ups en lo que se conoce como la Rambla de la Innovació con ESADE y Esade Creapolis como máximos exponentes. No hay que olvidar tampoco centros como el CAR (Centre d’Alt Rendiment), que posicionan Sant Cugat dentro del mundo del deporte, en el cual tienen también un papel destacado el hockey, el atletismo o el rugby. Otro elemento primordial con una presencia importante es el Arxiu Nacional de Catalunya y Teatre-Auditori, inaugurado en 1993.

No obstante, también cabe tener en cuenta cómo, poco a poco, las nuevas generaciones también están apostando por un retorno a la tradición y los orígenes y, prueba de ello es la recuperación del denominado Tomàquet Mandó de Collserola, un tomate de producción muy limitada (cada planta sólo produce unos 8 tomates), pero que progresivamente está llegando a implementarse con fuerza, lo que ha conllevado que sus productores ya disfruten de la marca de garantía Producte de Collserola.

Podéis saber más sobre Sant Cugat en su página oficial de turismo. En ella podréis encontrar otros lugares de interés que no nos dio tiempo a visitar y que, por tanto, no he incluido en esta entrada, así como museos y espacios de arte de lo más interesantes, como el Centre d’Art Maristany, especializado en arte contemporáneo,  o el Centre Grau-Garriga d’Art Tèxtil Contemporani – Cal Quitèria.

 

Finalmente, antes de proseguir, sólo mencionar que esta entrada ha sido posible, en parte, al blogtrip que el Ajuntament de Sant Cugat, con la ayuda de Silvia Arau, tour consultant, organizó la semana pasada y que me permitió conocer un Sant Cugat diferente al que ya conocía. Así que antes de nada me gustaría agradecerles la buena acogida que tuvimos por su parte puesto que, sin ellos, muchos elementos que visitamos quizá no los hubiese conocido.

En el blogtrip participaron también los blogs Muero por Viajar, Viajando Existo, La Vida No Es Sólo Viajar y 365 sábados viajando.

 

Dicho esto… ¡vayamos a ello!  😉

1) Monestir de Sant Cugat

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A pesar de que se trata del gran icono de Sant Cugat, símbolo por excelencia de la ciudad, y que quizá ya hemos ido a él en varias ocasiones, precisamente porque es un lugar del que cada vez que lo visitamos descubrimos cosas nuevas (la última vez que lo visité, por ejemplo, no se podía acceder aún a su campanario), no podía faltar en nuestro recorrido.

Documentada desde el siglo IX y construida sobre una antigua fortificación romana para albergar el cuerpo de Sant Cugat, uno de los primeros mártires de la historia cristiana catalana, esta abadía benedictina tiene el honor de ser el gran monasterio del condado de Barcelona, así como albergar en su interior, por un lado, uno de los claustros historiados románicos más importantes de la Historia del Arte catalán y, por el otro, el tercer rosetón más grande de Catalunya, tras Santa Maria del Pi y la Catedral de Tarragona, a pesar de haber sido el primero en construirse.

Entre los años 1968 y 1972, el Monestir fue también la primera sede de la Universitat Autònoma de Barcelona.

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El Monestir de Sant Cugat nos ofrece distintos tipos de visita cuya información podéis encontrar aquí y que, principalmente, serían los siguientes:

El Monestir de Sant Cugat. El més poderós del comtat de Barcelona: los sábados a las 10h

Claustre del Monestir, Coneix les històries que amaguen els capitells: Una visita sin guiones previos que se va improvisando en función de las necesidades del público y sus dudas. Todos los domingos a las 12h

Una audioguía nos permite también tener una experiencia distinta dentro del Monestir.

 

En Joan y la Marieta, los gigantes de la ciudad, aquellos que salen cada 29 de junio para la Festa Major para realizar el tradicional Paga-li Joan, el Ball del Vano i el Ram, nos dan la bienvenida.

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Dado que el Monestir se encontraba completamente fortificado y que parte de esta muralla del siglo XIV y reforzada en el siglo XVI aún se mantiene en pie, antes de entrar a su interior debemos fijarnos con la torre, la misma que nos muestra dónde empezaban los límites de la propiedad monástica y, por tanto, esa separación con el mundo secular. Se trata de la torre mayor, la más importante de ellas, y aún conserva un matacán, esa caja desde la cual se podía divisar el enemigo bajo protección.

Justo al lado, el Palacio del Abad, identificado por la pequeña carita de la esquina de la construcción, hace su acto de presencia. Como curiosidad, mencionar que dicha representación escultórica, en cierta manera, funcionaba como una cámara de vigilancia actual, pues no dejaba de ser un aviso al resto de monjes sobre quién tenía el control del espacio y velaba por que la regla de San Benito se cumpliese como era debido.

 

Dentro de los límites del monasterio, se hallaba la iglesia monástica, aquella usada por la comunidad (de unos 35 monjes, aproximadamente) y sólo accesible al pueblo en los días de grandes festividades. A pesar de haber sufrido durante la desamortización de 1835, momento en el cual el Monestir quedó en desuso, o que sus vidrieras sean del siglo XX a causa de los estragos de la Guerra Civil, su interior se conserva a la perfección y nos muestra una iglesia solemne y monumental, ostentosa de su poder, y a caballo entre el Románico y el Gótico.

Con la Renaixença, Elies Rogent fue el encargado de recuperar el Monestir, todo un símbolo de la Catalunya condal.

 

En un rincón, la tumba gótica del Abat Odó (s.X), el gran abad que consiguió recuperar la comunidad monástica tras el ataque de al-Mansur, construida 400 años después de su muerte, nos muestra quién fue uno de los personajes con más importancia del monasterio.

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Pero un elemento que, sin lugar a dudas, no deja indiferente a nadie es su cimborrio, en cuyo centro observamos un Dios en Maiestas, ese mismo Dios que, como la llave de bóveda del conjunto, sostiene el peso y el equilibrio de todo. En sus ménsulas, observamos 8 ángeles, los mismos que nos permiten crear la frontera entre el mundo terrenal y el celestial, y que aparecen en las distintas religiones monoteístas, como sería también la musulmana en su Corán.

Por otro lado, en una de las capillas laterales, encontramos un retablo de Pere Serra (s.XIV), una pieza de interesante valor artístico en la cual observamos, entre sus distintas escenas, el comitente. Podría tratarse de un monje, o más bien de la familia de dicho monje, la misma que no sólo ofrece su hijo a la Iglesia, sino también sus propiedades y el retablo.

Originariamente, el retablo se encontraba en la Capilla de Todos los Santos, de ahí que se conociese por dicho nombre y que, incluso, se creyese que éste era su tema principal. No obstante, actualmente se le considera un primitivo retablo dedicado al Rosario, en el cual todos los personajes laterales convergen en la Virgen María.

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¡Pasemos al exterior! Lo primero que observamos es el tímpano de su puerta, en el cual aún se conservan restos de policromía de lo que antaño fue una Epifanía.

 

Desde el exterior, en sus ventanas laterales, también podemos divisar un cambio constructivo que tuvo lugar en su interior gótico, la creación de unas capillas barrocas. Ello, si bien es cierto que ha cambiado la visión original del conjunto, también ha permitido crear una pasarela y transitar por encima de dichas capillas, de tal modo que podamos conocer las llaves de bóveda góticas desde muy corta distancia.

Por su parte, el campanario, símbolo inconfundible de Sant Cugat con su perfil escalonado, presenta distintas ampliaciones, siendo su base románica, pero su parte superior del siglo XVI y el coronamiento del XVIII. Las vistas desde él son magníficas y nos permiten conocer su posición estratégica en el triángulo benedictino por excelencia de Catalunya. ¡Y es que desde él podemos divisar el santuario de Montserrat y el de Sant Llorenç del Munt en La Mola! ⠀

 

Subiendo al campanario, pasamos por un espacio en el cual observamos un elemento ya perdido, un arco que unía el campanario con el cimborrio, pero que conocemos gracias a su reproducción, de manera muy historicista, en el famoso cuadro de Aine Bru sobre el martirio de Sant Cugat, conservado en el MNAC. Se trata de una pieza caudal del arte catalán durante el periodo del renacimiento en la cual el martirio del santo tiene lugar casi sin percatarnos (ninguno de los asistentes presta atención), de tal manera que lo que parece una simple muerte toma valor sacro sólo a partir de esos pequeños ángeles que ascienden el alma del Santo al mundo celestial.

 

La joya de la corona, como mencionábamos, es el emblemático claustro historiado con sus 144 capiteles, un claustro románico (s.XIII), aunque su ala superior sea una ampliación renacentista (las bóvedas de cañón del claustro bajo corresponden realmente a este momento, es decir, que no son medievales), con un estilo muy marcado e identificable, reconocido también en el claustro de la Catedral de Girona, puesto que se podría tratar de una obra del mismo escultor (lo tenemos también documentado en Toulouse).

 

Dicho escultor sería Arnau Gatell o Cadell, el cual conocemos gracias a una inscripción localizada justo al lado de un capitel donde aparece, de una manera genérica, un personaje trabajando y creando un capitel, como si de un capitel dentro de un capitel se tratase. Éste podría ser uno de los primeros reconocimientos de autoría en Catalunya y, por tanto, de intento de prestigio social de su trabajo por parte de un escultor.

El propio escultor podría ser también el promotor de la obra puesto que, según documentación encontrada, éste podría haber prestado dinero al Monestir y a Girona para poder llevar a cabo su trabajo.

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Por otro lado, otros elementos, en esta ocasión más de tipo estilístico, nos permiten también identificar el escultor. El primero de ellos serían las torretas de sus capiteles, elementos que permiten vehicular la escena y que también se encuentran presentes en Girona; otros serían sus escenas como tal. De este modo, por ejemplo, en la Embriaguez de Noé, observamos una manera muy particular, realista, humanizada e, incluso, de cierta influencia clásica a la hora de representarla. La tipología de rostros y ojos la encontramos también de manera idéntica en Girona.

 

En definitiva, dicho tipo de escultura lo podemos vincular por completo a la influencia tolosana, concretamente a la procedente de la Dorada de Tolouse (s.XIII), y lo hace, en este caso, con dos ciclos narrativos, el del Antiguo y Nuevo Testamento y el de los vicios, aquellos que pueden llevar a incumplir la Regla de San Benito. En este sentido, cabe mencionar la fantástica psicomaquia (tema extraído de Prudencio), la lucha del alma, esa lucha entre los 7 vicios o pecados capitales y las 7 virtudes, 7 figuras femeninas (el alma es siempre femenina), que encontramos en uno de sus capiteles.

En el fondo, lo que nos muestra este capitel es el modelo de monje que la comunidad debe seguir, es decir, aquel que sigue los pasos de la Virgen María.

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Finalmente, sólo mencionar que la antigua planta paleocristiana se conserva en uno de los costados del claustro.

 

 

2) Y pasamos al Modernismo… ¡el Celler Cooperatiu y el Mercat Vell!

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Sant Cugat, como hemos mencionado, pasó de la tradición agricultora, basada sobre todo en la vid, al sector servicios sin pasar por la industrialización. Ello conllevó la creación de una ciudad con un alta calidad de vida, pero también que muchas antiguas tradiciones dejasen paso a las nuevas empresas. Ello es lo que supuso que, por ejemplo, su Celler Cooperatiu, esa pieza clave dentro del sistema creado por la Mancomunitat de Catalunya para dinamizar el territorio a partir de la creación de bodegas y cooperativas, quedase inacabado en el caso de Sant Cugat, a diferencia de, por ejemplo, Pinell del Brai, Gandesa o la vecina Rubí, entre otros. De este modo, en vez del proyecto original, finalmente sólo se llegó a construir una nave, aquella en la cual se realizaba el tratamiento inicial de la uva, el que engloba desde la descarga del fruto a la recogida del mosto.

 

Es decir, que con el Celler Cooperatiu, nos adentramos a otro Sant Cugat, al modernista, especialmente teniendo en cuenta que el Celler Cooperatiu, como otras bodegas del mismo arquitecto y proyecto, se caracteriza por sus arcos parabólicos, los mismos que su creador aprendió de su maestro. Sí, el Celler Cooperatiu es una obra de Cèsar Martinell, uno de los arquitectos de Antoni Gaudí, que trabajó muy activamente en lo que se denominaron las Catedrales del Vino, bodegas monumentales que parecían grandes templos y, en cierta manera, también dignificaban, así, el trabajo del campesinado.

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Cogemos la calle Mayor, antiguo lugar de mercado, como nos muestran sus arcadas, y nos dirigimos al siguiente punto de este Sant Cugat modernista, el Mercat Vell, un espacio que aúna arquitectura con gastronomía.

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El Mercat Vell se localiza en la misma ubicación que la antigua iglesia parroquial de Sant Cugat, Sant Pere d’Octavià, aquella a la cual tenía acceso el pueblo y que fue derribada para satisfacer las nuevas demandas, especialmente de veraneantes, que supusieron que en su lugar se crease un mercado de abastos. De esa antigua iglesia sólo conservamos el ara de altar, localizada justo delante del actual mercado, en la base de una de las puertas de la plaza.

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Con sus ladrillos a la vista, el uso del hierro y su cerámica vidriada, nos vincula por completo al Modernismo. La obra fue realizada en 1911, pero fue ampliado de manera muy respetuosa en 1927.

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El Mercat Vell se caracteriza por otro factor, por acoger en su interior un nuevo proyecto que, no sólo consiguió dinamizar el mercado como tal, cada vez más decaído, y por tanto, la actividad de sus paradistas, sino también el barrio en el que se ubicaba. De este modo, los flujos comerciales ya no sólo pasaban por la calle de Santiago Rusiñol / de Santa Maria, sino que también se desplazaron a la calle Major. Tal era la magnitud de este nuevo proyecto que, en pleno, todos los partidos políticos estuvieron de acuerdo, siendo sólo la CUP quien votó en contra, pero con un proyecto de mejora. Es decir, que se trataba de un proyecto realmente consensuado y considerado beneficioso para la vida comercial y tradicional de Sant Cugat.

¿En qué consistía este proyecto? Partiendo del Mercado de Sant Miguel de Madrid como idea, pero adaptándose a nuestra propia tradición gastronómica, es decir, añadiendo en su perímetro una zona amplia en la cual poder sentarse y comer relajadamente, se combinó la actividad del paradista con la degustación. Así, las paradas continuaban con su actividad tradicional pero, a su vez, tenían una pequeña zona de cocina, situada a la vista del cliente, donde elaborar distintas creaciones gastronómicas a partir de un producto fresco y de mercado.

Se trata del primer mercado municipal de Catalunya que acoge este tipo de actividad combinada y la verdad es que se convierte también en algo divertido y diferente. El cliente dispone de un número con el cual se identifica en cada una de las paradas en las cuales compra. Posteriormente, un camarero le hace llegar su pedido.

 

Las cartas donde encontrar la oferta y productos que cada uno de los paradistas trabaja las encontramos en la puerta.

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Dado que era la hora de comer, tuvimos la oportunidad de quedarnos en el Mercat Vell y probar algunos de los productos de cada una de sus paradas. ¡Estaba todo buenísimo! ¡Y los productos realmente frescos! La carne de Boket, por ejemplo, se deshacía en la boca. ¡Y qué decir del sushi de Japó Asian Street Food!

Uno de los platos que más triunfó fueron los spaghetti de Pasta Bar… ¡todo un espectáculo! ¡Y es que se cocinaban dentro de un queso, lo que suponía que la salsa quedase realmente integrada dentro de la pasta!

Podéis encontrar todas las paradas del Mercat Vell, así como las distintas actividades que también organiza, en su página web. El precio por persona de una comida estándar oscila entre los 15 y 20eurs.

 

Si queréis conocer la casas modernistas de Sant Cugat por excelencia, podéis incluso realizar una pequeña ruta alrededor de esos caserones que, mayormente, sirvieron como residencias de veraneo de la burguesía barcelonesa. Algunos ejemplos son la Casa Armet, la Casa Aymat (dado que acogió la Escola Catalana del Tapís, en su interior se tejieron tapices de Picasso, Miró o Tàpies), la Casa Mónaco o El Generalife, entre tantos otros. El Ajuntament de Sant Cugat organiza distintas rutas y, entre ellas, se incluye la Modernista, pero por vuestra cuenta también podéis realizarlas. Concretamente, aquí encontraréis la del Modernisme de Sant Cugat.

 

3) Tarde de museos

 

Con el estómago ya lleno, una ya puede proseguir su descubrimiento de Sant Cugat de mejor manera, así que el siguiente punto de nuestra ruta fue descubrir dos museos muy especializados e interesantes, cuya existencia desconocíamos por completo.

El primero de ellos es el Museu del Còmic, abierto hace apenas 6 meses, a pesar de que se trate del primero del Estado en su género. Su colección es impresionante, muy completa y con números que se remontan a 1845 y que pueden considerarse verdaderas obras de arte. Ejemplos de ello son los ejemplares ilustrados por Apel.les Mestres o el primer cómic para niñas del Estado (1920), cuya cabecera es de Ricard Opisso.

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Se trata de una fundación privada y sin ánimo de lucro, lo que le da aún más valor. Acoge nombres como José Luis Villanueva, Paco Baena, especialista en cultura popular, y Josep Mª Delhom, autor del primer catálogo del tebeo en España. Alrededor de ellos existe también un equipo de historiadores gráficos, ensayistas y divulgadores de la historieta autóctona, profesionales del medio y coleccionistas, así como un comité asesor compuesto por editores, dibujantes, libreros, analistas y teóricos de la narrativa gráfica.

Su colección alcanza las más de 1000 piezas, repartidas entre tres plantas, empezando por el periodo de mediados del siglo XIX, momento en el cual aparecen las primeras historietas en España, y llegando al siglo XXI, pasando antes por distintas etapas, editoriales y momentos, todos ellos correctamente explicados en el museo mediante cartelas y diferenciados a través de los siguientes apartados:

1865/1900. La Prehistoria

1898/1920. El lento despertar

Años 20. El auge del semanario de historietas

Años 30. La década prodigiosa

Años 40. El renacer de una industria

Años 50. La edad de oro

Años 60. Fin de la aventura y nuevos horizontes

1070 en adelante

 

Tuvimos la oportunidad de ser atendidos por sus comisarios, quienes nos realizaron una visita guiada personalizada con la cual aprendimos un sinfín de curiosidades sobre este fascinante mundo que, a pesar de conllevar una clara actividad artística, no es hasta recientemente que ha sido valorada como tal.

 

Con ellos, pues, conocimos cómo lo que se inició en el siglo XIX como algo satírico y adulto, poco a poco se iba diversificando y dirigiendo hacia otros públicos, como el infantil (En Patufet sería el gran ejemplo en nuestra casa).

Fue en Alemania donde aparecieron los primeros movimientos de esta disciplina pero, rápidamente, Barcelona, como primera en todo el Estado, se puso en la vanguardia en este ámbito (el 70% de la producción en España se localizaba en Barcelona). Así, no sólo en 1845 apareció la primera historieta, entendida como un monodibujo, sino que en 1865 ya tenemos el primer tebeo como tal, es decir, una revista entera repleta de estas pequeñas historietas.

A propósito de la palabra tebeo… inicialmente fue el nombre de una revista, TBO, cuyo 100o aniversario, precisamente, celebramos recientemente. Se trataba de una revista que tuvo la genialidad de convertirse en una palabra genérica para definir toda una disciplina.

El primer bocadillo con texto en su interior apareció en la Esquella de la Torratxa y también lo podemos encontrar expuesto en el museo. Otras curiosidades son los cómics impresos sobre tela, como sería el caso de Tela Cortada o una publicación editada en Sant Cugat, Grandes Historias para la Juventud, creada en 1945.

Dominguín, una verdadera joya artística, puesto que en ella participaron los mejores artistas del momento, es otro de los grandes nombres, así como Florita (personaje de un cómic que conseguirá una revista sólo para ella y que tendrá un gran éxito, especialmente a la hora de conocer sus modelitos, ya que vestía a la última moda gracias al hecho de que la esposa de su dibujante fuese diseñadora; sería la gran iniciadora de las revistas femeninas), Pulgarcito o los grandes héroes de los niños… todos tienen su espacio en el Museu del Còmic.

Ya en los años 60, tebeos como Tintín o el televisor harían daño a la industria, pero también supondrían que hubiese una reinvención en el sector. Es así cómo, por ejemplo, aparece la novela gráfica para adultos y títulos como el Cavall Fort.

 

Entre las piezas podemos encontrar también hay algunas de las planchas que se usaron en su momento para editar los distintos tebeos.

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El Museu del Còmic nos ofrece actualmente una completísima exposición temporal sobre la gran figura del tebeo español, Francisco Ibáñez, quien pudo incluso asistir a su inauguración.

La siguiente temporal nos hablará sobre mujeres autoras dentro del mundo del cómic. Lola Anglada fue una de las primeras mujeres dentro de este mundo y de tal importancia que la podemos encontrar en la exposición permanente, pero esta temporal pretende llegar mucho más allá y hablarnos de estas figuras más desconocidas en un mundo muy masculinizado.

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Disponen también de una librería especializada, así como distintas actividades y visitas guiadas.

 

La siguiente gran sorpresa fue el Museu Cal Gerrer, la antigua casa de cerámica Arpí (su fachada, de 1851, es tan colorida porque ésta era un verdadero muestrario de piezas, muy útil para los posibles clientes), en cuyo interior se halla el Museu Marilyn, el único del mundo dedicado a ella (Norma Jeane), y la colección de los hermanos Cabanas Alibau (Joan, Francesc y Miquel), hombres ilustres de Sant Cugat, dedicados a las artes, la poesía y la dramaturgia, entre otros. Sant Cugat incluso luce alguna estatua dedicada a ellos al lado del Monestir y en otras plazas de renombre de la localidad. De hecho, su papel fue tan remarcable en la localidad que los Bastoners de Sant Cugat, entre otras tantas cosas, fueron una creación de ellos.

En su interior se han alojado personas bien variopintas, desde obreros de los ferrocarriles hasta altos dignatarios como el cónsul del Cairo.

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¿Y por qué un museo dedicado a Marilyn Monroe, único en el mundo, en Sant Cugat? Pues la respuesta es sencilla, porque responde a las inquietudes de Frederic Cabanas, su fundador, hijo de uno de esos tres hermanos ilustres que mencionábamos y creador de una interesante y única colección particular dedicada a la actriz estadounidense.

La colección creció poco a poco, fruto de esta inquietud, especialmente a partir de la correspondencia que su coleccionista mantenía con distintas personas de todo el mundo. De este modo, consiguió piezas realmente únicas y curiosas, que nos vinculan por completo con Marilyn Monroe. ¡Incluso, a nivel más fetichista, podemos encontrar unos cabellos o los moldes de sus manos!

 

Otras piezas quizá no son de Marilyn como tal, pero sí son las únicas que nos vinculan con ella. Un ejemplo son los zapatos de metacrilato que siempre llevaba y cuyas cintas se cambiaba en función del color de su traje de baño. Los zapatos expuestos no son los originales, puesto que éstos se perdieron y su paradero es desconocido actualmente, pero si son los únicos que tenemos en el mundo que los imitan, dado que se hicieron expresamente en Alicante para esta exposición.

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La pieza que en nada dará mucho de qué hablar, sin embargo, es el bolígrafo que se expone en el museo. Se trata de un Montblanc dentro de un estuche, en cuyo interior, por esas cosas de la vida, sin que nadie lo supiese, Frederic encontró una carta escondida, una carta sin enviar en la cual Marilyn explicaba a Truman Capote, su gran amigo y confidente y en aquellos momentos en Catalunya, sus miedos a morir… ¡justo una semana antes de morir! Frederic, quien estuvo con nosotros durante toda la visita, nos reconoció que, si esta carta hubiese llegado a su receptor, quizá muchas cosas hubiesen cambiado.

Obviamente, esta historia desconocida puede llevar a muchos cambios de visión sobre la muerte de Marilyn. Frederic no iba a publicarla, su intención era mantenerla en silencio pero, finalmente, el libro, La carta secreta, será presentado el próximo 21 de marzo, fecha en la cual todo saldrá a la luz. ¡Estaremos a la espera!   😉

Entre muchas de las actividades que llevan a cabo, así como visitas guiadas, la Fundació Cabanas ofrece también una beca en fotografía

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Dado que son muchísimas las piezas de la colección, os añado esta fotografía en la cual se inventarian las piezas de la muestra para que veáis hasta qué punto se trata de objetos únicos y concretos.

 

Su biblioteca, con más de 2000 volúmenes, es también la más grande dedicada a Marilyn Monroe y se compone de libros procedentes de países bien diversos como los que podemos ver en la fotografía que también os añado a continuación. Y, hablando de libros, una de las vitrinas nos muestra también qué leía Marilyn Monroe.

 

¡La tarde la finalizamos con unas vistas increíbles sobre el mirador del museo!

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4) Ildas Town Beer

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La última hora de la tarde, tras todo un día de arte y cultura, nos acercó a otro tipo de cultura, también necesaria, la gastronómica. En este caso, visitamos Ildas Town Beer, una fábrica de cerveza artesana, fresca y de proximidad donde debemos entender estos términos de manera literal puesto que, a pesar de que también produzcan cerveza para embotellar, aquella que nos tomamos se extrae directamente de la máquina que la produce. En ella, además de poder conocer de primera mano la producción, de la mano de su propietario, pudimos también realizar una cata de sus cervezas más destacadas, cada una con un grado de amargor distinto y unas cualidades diferentes que, gracias a las explicaciones recibidas, pudimos conocer. Algunas de ellas son ideales para tomar algo refrescante, mientras que otras, quizá con más cuerpo, maridan a la perfección con carnes y pescados, comidas más copiosas o, incluso, chocolate.

 

La maquinaria que se usa para ello, Kaspar Schulz, considerada una de las mejores, está construida a medida para el local.

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Podéis encontrar más información sobre sus catas y visitas guiadas en su página web.  Además, también ofrecen packs de regalo con sus distintos productos.

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Si lo preferís, tenéis la oportunidad de finalizar la cata con una cena en el restaurante que hay en el mismo local, el Restaurant Xarlot. Podéis encontrar su carta completa aquí. Disponen también de distintos menús, entre los cuales nosotros escogimos el de 25,95eurs, que incluye primer plato, segundo, postre y bebida.

 

 

5) Mercantic

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Los domingos siempre hay algo en Mercantic, así que, tras un paseo por Collserola para quemar un poco los excesos del sábado (podéis encontrar rutas autoguiadas por Collserola en NaturaLocal, tanto en su aplicación de móvil como en su página web), siempre es una buena idea acercarse a Mercantic y hacer, incluso, un vermut o comida informal en esta antigua fábrica de cerámica reconvertida en un gran centro de antigüedades, brocante y arte. Ta es así que el antiguo horno de la fábrica, por ejemplo, se encuentra completamente integrado en la zona comercial.

 

Se trata de un espacio lleno de música, color y objetos de lo más variopintos en la que fue la fábrica de cerámica creada por Josep Barnils en 1956 tras volver de Guinea Ecuatorial. En 1992, sin embargo, gracias a Octavi Barnils, la fábrica tomó otro aire y se reconvirtió en un centro permanente de antigüedades, brocante y talleres (son 100 los comerciantes permanentes que se encuentran divididos entre la Nave Central, las casetas y los patios que abren de martes a domingo) que, con el tiempo, ya en el siglo XXI, incluyó otro tipo de actividades como mercadillos tematizados los domingos y otras actividades más culturales, musicales y gastronómicas que nos permiten tener una experiencia de 360 grados alrededor de un mismo espacio.

El domingo que fuimos nosotros, por ejemplo, al ser 1o de mes, tocaba el Vintage Fest, pero el resto de domingos tenemos…

Vintage Fest, 1er domingo de mes en el cual todo el mundo tiene cabida, los de dentro y los de fuera, es decir, que se abre el recinto y los patios de Mercantic y sus calles adyacentes se llenan con hasta 150 paradas de lo más variadas.

Arts&Crafts, 2o domingo de mes en el cual se da prioridad a las artesanías y los pequeños diseñadores

Antiques, 3er domingo de mes y día del espíritu de Mercantic como tal, puesto que se dedica sólo al brocante

Design, 4o domingo de mes en el cual se trabaja con el diseño

Mercado de la Tierra, evento que ocupa todo el 5o fin de semana de mes

 

En su página web podéis encontrar su amplia agenda, puesto que va mucho más allá de las actividades fijas que se llevan a cabo cada domingo.

 

Como mencionábamos, Mercantic pretende ser también un espacio cultural de referencia, de ahí que La Puntual acoja jóvenes artistas para exposiciones y residencias. En este sentido, no debemos olvidar mencionar El Siglo, un gran espacio con teatro, zona de conciertos, vermuts musicales y, sobre todo, libros. Y es que, de hecho, se trata de la librería de viejo más grande del Estado (8oom2) con su fondo de más de 150.000 volúmenes, creado a partir de la desaparecida librería Canuda de Barcelona (desafortunadamente, un incendio en 2014 calcinó parte de este fondo). Sin lugar a dudas, se trata de uno de los espacios más carismáticos del conjunto… ¡Un espacio lleno de encanto donde encontrar verdaderas joyas!

De la antigua librería, localizada en Ciutat Vella al lado del Ateneu Barcelonès, de la mano de dos antiguos empleados, nacieron también Kepos-Canuda en Gràcia y Canuda-Aquitània, que finalmente acabó también cerrando.

 

Los libros se encuentran clasificados, no catalogados, lo que conlleva que tengamos que buscar y rebuscar para encontrar esos ejemplares tan fantásticos que se adecuen más a nuestras necesidades y, por tanto, tengamos en El Siglo una verdadera experiencia.

En este caso, los horarios de apertura sólo son de viernes a domingo.

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El espacio se encuentra repleto de pequeños rincones donde sentarse y reposar con una buena lectura. Incluye un pequeño teatro, la Sala de Tertulia y la Sala de Lectura.

 

El nombre les llegó a partir del antiguo cartel, actualmente en su puerta, de los antiguos y famosos almacenes de Barcelona.

 

Otros espacios de Mercantic son la Nave Central, mismo espacio donde se localizaban los hornos antes mencionados, y Casa Amparito, un antiguo restaurante que se encontraba dentro del conjunto. En su interior, se llevan también a cabo talleres de artesanía.

 

Por su singularidad, también se pueden hacer rodajes en el interior de Mercantic, así como alquilarlo para eventos.

 

Por otro lado, Mercantic también incluye una importante oferta gastronómica con restauradores tanto permanentes (podéis encontrarlos aquí), como de Street Food. Nosotros comimos en La Taverna Catalana, en su terraza y al solecito, disfrutando de un fantástico día primaveral acompañados de distintas tapas y platos de tradición catalana. Podéis encontrar su carta completa aquí. ¡La espuma de yogur estaba buenísima y la carne muy muy tierna!  😛

El precio aproximado por comensal es de unos 20eurs.

 

El Café Belgrado, abierto tanto de día como de noche y quien precisamente celebraba su 30o aniversario el día que fuimos, cierra esta oferta tan amplia que convierte Mercantic en un espacio interdisciplinar y abierto a todos los intereses y edades.

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Con esta última visita y esta última imagen que os añado, el Pi d’en Xandri, cerramos este fin de semana.

El Pi d’en Xandri, como muchos y muchas ya sabéis, es otro de esos símbolos por excelencia de Sant Cugat, un clásico de la ciudad y del Vallès (seguro que ya no podéis ni contar las veces que habéis ido a él, ¿no? ¡Pero es que siempre apetece volver a verlo! ) desde el cual podemos realizar tantas rutas y excursiones, como hemos mencionado en unas líneas más arriba. La más carismática de ellas es la de Sant Medir (hablamos de ella en La Bcn Que Me Gusta en motivo de la Festividad de Sant Medir), pero podéis ir también a la iglesia de planta circular de Sant Adjutori, a distintos miradores resiguiendo la cresta de la montaña o, incluso, llegar a BarcelonaCerdanyola o a Montcada i Reixac mediante una agradable caminata, entre otros.

Se trata de un pino de más de 250 años de antigüedad, que observa cada uno de los pasos que realizan los santcugatencs y santcugatenques desde entonces, a pesar de que en 1995, a causa de un acto vandálico, casi desaparece. Dada su importancia, disfruta de la catalogación de interés histórico y cultural, precisamente porque es ya un símbolo identitario de Sant Cugat.

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Y así finalizamos esta entrada, esta salida que nos ha permitido sentirnos como esos veraneantes de principios del siglo XX que antes comentábamos, a la par que descubrir un sinfín de lugares que desconocíamos por completo y que se encuentran llenos de interés y encanto.

¡Ahora es vuestro turno!  😉

 

Para más información:

Visit Sant Cugat  visitSantCugat.cat

Viu el Vallès  visitvalles.com

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