Bartolomé Bermejo y la Pietat Desplà en el MNAC

 

¡Se aproxima una nueva exposición a Barcelona que promete y mucho!

Así que, en La Bcn Que Me Gusta, aparte de estar entusiasmados con su llegada, no podíamos estarnos de dar cuatro pinceladas, ya no sobre la misma, puesto que aún, lógicamente, no he tenido oportunidad de visitarla, sino sobre su protagonista y, más concretamente, sobre su obra magna, expuesta de manera habitual y permanente en la Sala Capitular de la Catedral de Barcelona desde que Pau Piferrer la descubrió en el año 1839 arraconada, desconeguda per tots,.

Su localización original, de hecho, no está muy lejos de su actual ubicación, puesto que se trata de la capilla privada de Lluís Desplà en la Casa de l’Ardiaca.

Interior de la Sala Capitular del Museu Diocesà de la Catedral de Barcelona en la cual dialogan, casi de manera mágica, el sepulcro de Lluís Desplà, su comitente, con la obra que éste comisionó

 

En la entrada de hoy, pues, hablaremos de un maestro de gran magnitud dentro de la Historia del Arte de nuestro país, del representante por excelencia del arte hispanoflamenco, ese estilo que asimilaba los elementos propios del arte flamenco adaptándolos a los propios de la Península Ibérica, y de su creación más vinculada con nuestra ciudad, es decir, hoy trataremos la figura de Bartolomé Bermejo (ca 1440 – ca 1501) y su gran obra, la Pietat Desplà (1490).

La Pietat Desplà, expuesta en esta gran exposición que llegará a Barcelona en breve, se trata de una de las piezas conservadas en la Ciudad Condal que mejor nos muestra ese gusto de la sociedad del siglo XV por el arte flamenco (a pesar de que en Italia ya tenía lugar el Renacimiento, en Catalunya nunca caló, como vimos en la entrada que dedicamos al Mausoleo de Bellpuig d’Urgell, y en Castilla llegó de manera tardía), así como también la entrada y culminación de una corriente artística procedente del Norte que encontró una perfecta sinergia con elementos propios del arte hispánico.

Por otro lado, la Pietat de la Catedral es también la obra maestra de Bartolomé Bermejo en Barcelona, pero no sólo eso, sino también del artista en el conjunto de su carrera, el punto más álgido de su trayectoria artística, iniciada en Valencia y continuada en Aragón y con encargos poderosos e importantes, como podrían ser algunos de los mercaderes para los cuales trabajó en Valencia, la Iglesia o, incluso, la reina Isabel de Castilla, comitente de una pieza conservada actualmente en Granada.

Por todo ello, a pesar de que la exposición englobe un sinfín de piezas del artista de remarcable importancia, siendo la primera vez que tenemos toda su obra en un mismo espacio (aunque en el año 2003 ya se llevó a cabo una exposición en el MNAC) y con ejemplos llegados desde todo el mundo, me gustaría centrarme sólo en una de ellas, en la más destacada de las que conservamos en nuestra ciudad, la Pietat Desplà, por su lado también recientemente restaurada.

El Institut Amatller y el MNAC también conservan piezas de Bartolomé Bermejo, un total de cuatro obras, actualmente expuestas de manera permanente en el MNAC y que también podemos disfrutar en esta exposición temporal.

Crist al Paradís (ca 1475), colección del Institut Amatller, Barcelona

 

La exposición

Como hemos indicado, el motivo de tratar Bartolomé Bermejo y la Pietat Desplà en la entrada de hoy, aparte de que ya hace un tiempo de que tengo ganas de ello, se debe a que actualmente sean protagonistas de una de las producciones del Museo del Prado, de una de las exposiciones organizadas en motivo de su 200º aniversario. Por tanto, podríamos decir que la nueva exposición que acogerá el MNAC disfrutará de las cualidades y calidades de una gran producción del Prado, algo que, lamentablemente, por falta de presupuesto, no siempre podemos permitirnos en Barcelona. Es por ello que también se ha podido exponer en ella obra llegada de todo el mundo, desde Italia, Alemania e Inglaterra hasta Chicago, siendo una de las grandes exposiciones sobre el artista nunca antes realizada.

Por otro lado, dado que Bartolomé Bermejo, dentro de su incansable itinerancia por la Península, pasó por nuestra ciudad dejando en ella algunas obras remarcables, la exposición en realidad se trata también de una coproducción entre el Museo del Prado y el MNAC, motivo por el cual, tras su éxito en Madrid, también tendrá su momento en Barcelona a partir del 15 de febrero y hasta el 19 de mayo.

¿El comisario? Joan Molina, historiador del arte medieval y profesor de la Universitat de Girona

El Museo del Prado dispone de un interesante material multimedia, dentro del cual hay también distintas conferencias impartidas en la propia institución en el marco de la exposición, como podéis encontrar aquí.

 

Bartolomé Bermejo, un artista hispanoflamenco

Bartolomé Bermejo es el artista alrededor del cual gira la nueva exposición temporal del MNAC… ¿Su procedencia? ¿Su nombre? ¿Por qué llega a Barcelona? ¿Dónde aprendió sobre arte flamenco? Son aún muchas, muchísimas, las incógnitas que giran en torno de este artista, para algunos teóricos, cordobés, así como también las hipótesis realizadas alrededor de su vida y obra.

¿El motivo? Su constante itinerancia y su extravagancia a la hora de trabajar, las cuales, incluso, suponían que muchas de sus obras quedasen inacabadas y que algunos comitentes, ya sabiéndolo, incorporasen una cláusula en sus contratos que, bajo excomunión, obligase al artista a finalizar aquello empezado. No obstante, como se vio en Daroca, Bartolomé Bermejo, a pesar de la amenaza, no siempre la cumplía.

En el contrato del Santo Domingo de Silos de Daroca, se deja muy claro, por un lado, que se quiere que sea él, exclusivamente, el que realice la tabla central, algo inusual, ya que eran tablas normalmente realizadas por muchas manos, y que nos muestra cómo, profesionalmente, ya era un artista reconocido. Por otro lado, vinculado con esta falta de seriedad por parte del artista que mencionábamos, se especifica que Juan de Bonilla, maestro participante también en el retablo, tiene el deber de vigilar las jornadas de trabajo de Bermejo, con el fin de que el retablo quede finalizado en un año. Los días no trabajados serán descontados y Bermejo será castigado con la excomunión.

Aun así, Bermejo hará y deshará a su antojo: tardará tres años en acabar, dado que marchará a Zaragoza durante su realización. Martín Bernat, “con él o sin él”, se comprometía a finalizar el trabajo inacabado; Bartolomé Bermejo enviaría la predela desde Zaragoza el mes de mayo de 1478.

Santo Domingo de Silos entronizado como obispo (1474-1477), Madrid

 

Por otro lado, cabe tener en cuenta también cómo esta gran movilidad por parte del artista provocó que su técnica crease escuela, se implantase por todos los territorios por los cuales pasaba, especialmente en Aragón. Es por ello que, si bien es cierto que, por ejemplo, la técnica del óleo ya había sido utilizada por Lluís Dalmau en la Verge dels Consellers (1445), Bartolomé Bermejo, gracias a sus viajes y constantes idas y venidas entre Valencia, Daroca, Zaragoza y Barcelona, fue quien realmente dejó marca en cada una de sus ciudades de residencia, siendo el máximo difusor de esta técnica.

Un mapa interactivo, creado también por el Museo del Prado, nos permite conocer sus periplos por la Península.

Finalmente, mencionar que, mientras que algunos teóricos han vinculado su constante peregrinar con una cierta extravagancia por parte del artista y otros a una búsqueda constante de un ambiente culto y rico que entendiese su obra, un tercer grupo lo ha hecho con un supuesto origen judío, como os argumento en las líneas siguientes.

 

Y si se llamaba Bartolomé de Cárdenas, ¿por qué le llamamos Bermejo? Bermejo o Vermeio, en realidad, podría ser un pseudónimo para designar su cabello pelirrojo. Así pues, Cárdenas podría tratarse de su nombre real, un apellido procedente de la zona de Córdoba que, de hecho, coincide con el nombre de un pueblo de esta misma área de la Península. Algunos autores, de hecho, van más allá e indican que Cárdenas podría ser, realmente, el apellido de su esposa y que él lo habría cogido con el fin de obtener más reconocimiento. Esta teoría se apoyaría en la inscripción hallada en el Pietat Desplà, cuya veracidad aún no se ha podido demostrar, pues en ella se indica que el artista procede de Córdoba.

La Pietat Desplà conserva su marco original, el cual, dado que en realidad no se trata de un retablo sino de una pieza unitaria, una tabla, forma parte de la propia obra. Es en él donde se halla esa inscripción que, a falta de contrato y documentación conservados, nos ha permitido conocer su autoría. Ésta se crea a partir de letras de raíz humanista, es decir, que se trata de la misma tipología de letras romanas que podemos encontrar, por ejemplo, en los sarcófagos de la Casa de l’Ardiaca, de los cuales hablaremos un poco más adelante; nos indican el nombre de Bartolomé Bermejo y lo ubican en Córdoba; también nos especifican el comitente, Lluís Desplà, y la fecha de realización de la tabla.

   

Comparación entre la letra de uno de los sepulcros de la colección Desplà y la letra del marco de la Pietat Desplà

 

La inscripción, pues, está realizada all’antica y nos dice lo siguiente:

“OPVS.BARTHOLOMEI.VERMEIO.CORDVBENSIS.IMPENSA.LODOVICI.DE.SPLA.BARCINONENSIS.ARCHIDIACONI.ABSOLUTUM.XXIII.APRILIS.ANNO.SALVTIS.CHRISTIANA (E).MCCCC.LXXXX”

Otros autores, teniendo en cuenta también la tipología semítica de las letras de la inscripción, consideran que Bermejo es un apellido en sí mismo, un apellido propio de alguien que se ha convertido al Cristianismo aprovechando su fisonomía pelirroja. De este modo, dan por sentado de que el maestro era de Córdoba y vinculan su constante peregrinar, como indicábamos en unas líneas anteriores, con la expulsión de judíos que hubo en dicha ciudad, a la par que explican con ello su llegada a Aragón, reino con un alto número de judíos conversos. No obstante, cabe tener en cuenta que esta teoría cae también por su propio peso si valoramos que la primera expulsión de judíos en Córdoba fue en el año 1391, época en la cual Bermejo aún no habría nacido, y la segunda en 1473, momento en que el artista ya estaba documentado en Daroca.

Reverso de la Pietat Desplà

 

¿Algunos datos confirmados? Su llegada a Valencia, alrededor de 1462, y su primera referencia documental, fechada el 5 de febrero de 1468, con el avance de 50 libras para la realización del retablo mayor de la iglesia de Sant Miquel de Tous.

Por otro lado, también tenemos constancia cierta de que Bartolomé Bermejo estaba en Barcelona el 7 de octubre de 1486 mediante un documento que atestigua su participación en una competición contra Jaume Huguet para conseguir la realización de las puertas del órgano, hoy desaparecidas, de la Basílica de Santa Maria del Mar.

Podéis encontrar toda su cronología y más datos biográficos en la página dedicada a ello del Museo del Prado.

 

¿Su formación? Alrededor de su formación, aún queda mucho por saber también… Siguiendo la línea anterior, nos encontramos ante un posible cordobés que, tras distintos recorridos por la Península, llega a Barcelona con un bagaje artístico propio de los Países Bajos.

Desconocemos por completo cómo la técnica del óleo llegó a Bartolomé Bermejo, consiguiendo no sólo aprenderla, sino también perfeccionarla hasta al nivel al cual llegó con ella. Algunos teóricos se han aventurado en afirmar la existencia de más de un viaje a Flandes, encontrando semejanzas con autores como Rogier van der Weyden, Robert Campin o Pietrus Christus, substituto de Jan van Eyck en el taller y discípulo de Robert Campin y Rogier van der Weyden, mientras que otros (según estudios recopilados en el catálogo de la nueva exposición, ésta sería la hipótesis más aceptada) apuestan por un aprendizaje en el ambiente culto y refinado de Valencia, ciudad repleta de mercaderes e influencias procedentes de Europa. Sea como sea, la única certeza es que en el año 1468 lo tenemos documentado en Valencia con un estilo flamenco ya consolidado, motivo por el cual pensaríamos que su primer viaje a Flandes ya se habría realizado.

Por otro lado, si tenemos en cuenta su nacimiento y primera formación en Córdoba, autores como José Camón Aznar han afirmado que la técnica del óleo podría haber sido aprendida en la ciudad andaluza, donde un importante grupo artístico, derivado de Jan van Eyck, la conocía a partir de los talleres de Lisboa (Jan van Eyck viajó a Portugal, pasando antes por España, con el objetivo de realizar un retrato de la futura esposa de Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, en 1428-1429).

No obstante, la cosa se complica si tenemos en cuenta de que en la obra de Bermejo, especialmente en retablos como la Madonna de Montserrat d’Acqui Terme o la Pietat Desplà, también hallamos elementos de tipo italianizante, los cuales, si bien es cierto que también podrían haber sido aprendidos en Valencia o Córdoba, han hecho pensar también en al menos un viaje a Italia, gracias al dinero de un familiar suyo, Francisco de Cárdenas, cosa que también explicaría sus semejanzas con autores como Antonello de Messina.

 

¿Algunos rasgos característicos de Bartolomé Bermejo, aplicados a la Pietat Desplà, para reconocer sus obras?

En primer lugar, en Bartolomé Bermejo podemos encontrar esos elementos propios del arte hispanoflamenco, esa asimilación en la Península Ibérica del arte flamenco adaptándolo a nuestras propias particularidades, transformando el tipo de personajes, expresiones y modelos, lo que conllevaría la creación de un estilo con personalidad y no una mera copia del Norte. De este modo, en Bermejo observamos el mismo alto realismo que en el arte flamenco, gracias a la técnica del óleo, la cual permitía reproducir los efectos de la luz sobre los volúmenes, así como también las transparencias, las texturas o los distintos efectos de los objetos en la vista del espectador en función de su lejanía. A su vez, bajo este realismo, encontramos también un alto grado de un simbolismo enigmático, una representación exacta de la realidad que esconde un significado oculto, tal y como los primitivos flamencos también acostumbraban a aplicar en sus obras.

Entre los elementos propios del arte hispánico que podemos reconocer en las obras de Bermejo, se hallan, por ejemplo, sus figuras, escultóricas y monumentales con ropas suntuosas, y, sobre todo, llenas de dramatismo o patetismo. No obstante, Bartolomé Bermejo irá más allá, encontrando también en estas figuras una representación psicológica de los personajes, algo que se evidencia, especialmente, en la Pietat Desplà.

El historiador del arte Elías Tormo clasificaría en el año 1929 esos estilemas propios de Bartolomé Bermejo que podemos encontrar también en la Pietat Desplà y que a continuación os resumo:

  • Vello realizado a pluma o punta fina de pincel, dejando espacios, de tal manera que el cuerpo se transparente. En el caso de las barbas, los vellos son tan cortos que parece que los personajes estén acabados de afeitar.

Detalle de la barba de Lluís Desplà

  • Uso de letras hebreas, romanas o góticas (nunca árabes), teniendo un sentido cristiano la primera y encontrando la segunda siempre en vestidos y libros y la tercera en formas y pavimentos. Las acostumbra a incluir en cualquier rincón de la obra. De este modo, por ejemplo, en el caso de la Pietat Desplà las hallamos en el manto de la Virgen.

Detalle de las letras del manto de la Virgen

  • Transparencias lisas en tocados y pañuelos

Detalle de la transparencia del velo de la Virgen

  • Atributos de santidad, como coronas y nimbos, de oro para Jesús y la Virgen y con flor crucífera y coronas más marcadas para santos y santas. Los ángeles tendrían una pequeña cruz sobre la diadema. Esta diferencia también es muy notable en la Pietat Desplà, donde observamos cómo los nimbos de María y Jesús son distintos al de San Jerónimo.

Detalle del nimbo de San Jerónimo

  • Exageración del detalle en las orfebrerías. El nimbo del Cristo de la Pietat Desplà podría ser un ejemplo de ello, a pesar de que en este caso no lo encontramos tan profusamente decorado como en otras obras del maestro, entre las cuales destaca el Santo Domingo de Silos del Museo del Prado.

Detalle de Cristo

  • Largas cabelleras con la oreja como detalle.

Detalle de Lluís Desplà

 

Bartolomé Bermejo en Barcelona

En este constante viajar de Bartolomé Bermejo por la Península Ibérica y, según algunos autores, quizá también por Flandes e Italia, no podemos olvidar su estancia en Barcelona, no sólo porque sea nuestra ciudad y, por tanto, uno de nuestros motivos de interés a la hora de realizar esta entrada, sino porque es en ella donde Bermejo llevó a cabo su gran obra bajo la comitencia de uno de los personajes más destacados de la Ciudad Condal.

Como hemos indicado, tenemos constancia de su paso por Barcelona en el año 1486 con su implicación en la Basílica de Santa Maria del Mar. Sin embargo, el autor Chandler Post identifica también tres grandes tablas en el Convento de Santa Anna, desaparecidas durante la Guerra Civil, como obra de Bartolomé Bermejo (hablamos de ello en la entrada que dedicamos a la iglesia de Santa Anna).

Dado que los retablos se perdieron, sólo disponemos de ellos algunas fotografías anteriores a la Guerra (1933), actualmente conservadas en el Arxiu Mas del Institut Amatller

 

Podría tratarse de un trabajo anterior a las puertas de Santa María del Mar, lo que nos llevaría a pensar, si fuese así, que su llegada desde Valencia (la Virgen de Acqui Terme, realizada en Valencia, fecha de 1484) sería entre estos dos hechos. Una hipótesis nos habla sobre la relación del artista con Guillem de Cabanyelles, un caballero que formó parte de un linaje muy vinculado a Valencia y que financió, junto a Bartomeu Cristòfor de Gualbes, los retablos de Santa Anna y Santa Eulàlia del convento de Santa Anna. La llegada de Bartolomé Bermejo a Barcelona se podría explicar con este hecho.

Para conocer más sobre estas tablas, así como también las últimas investigaciones e hipótesis realizadas alrededor de ellas, os recomiendo leer el artículo Novetats sobre l’activitat barcelonina de Bartolomé Bermejo: dues pintures catalanes del Johnson Museum of Art d’Ithaca (NY) i una taula del Museu de Reus de Marco Antonio Scanu. Según el investigador, una de las tablas podría haberse conservado en el Museu de Reus.

 

Con posterioridad al encargo de Lluís Desplà en el año 1490, encontramos otras obras documentadas de Bartolomé Bermejo en Barcelona, como serían las vidrieras de la Capilla Bautismal de la Catedral de Barcelona (1495), de las cuales se conserva un documento donde se indica que el vidriero Gil Fontanet ha recibido una suma de dinero por el diseño de Bermejo en una ventana con el tema Noli me tangere, o los cartones de las vidrieras de la Casa de la Llotja (1500-1501).

La estatua de Sant Jaume para las monjas de Santa Maria de Jonqueres, donde se indica que se realizó bajo la dirección del platero Berenguer Palau y el pintor Mestre Bartholomeu Vermeijo, aunque no se pueda demostrar documentalmente que el protagonista de esta entrada se hallaba bajo los esbozos de la obra, sería otro ejemplo.

En el año 1498, se le supone trabajando en Vic, localidad con una gran actividad alrededor de la Catedral en aquel momento. En dicha población, crearía vínculos con, por ejemplo, Joan Gascó, cuya Santa Faz se consideró durante mucho tiempo una obra de Bartolomé Bermejo dadas sus semejanzas con la Santa Faz de Granada, obra de Bartolomé Bermejo.

Santa Faç (ca 1513), Joan Gascó, Vic

 

Santa Faz (ca 1490), Bartolomé Bermejo, Granada

 

A pesar de ser un extranjero rodeado de grandes nombres, como Jaume Huguet, Jaume y Pere Serra, Lluís Borrassà, Bernat Martorell o la Familia Vergós, y un contexto no muy favorable a la promoción de las artes, dado que hay que tener en cuenta que el centro cultural había pasado de Barcelona a Valencia y Nápoles, Bartolomé Bermejo fue un artista realmente activo y considerado innovador en su contexto (a pesar de que su arte no tuviese continuidad en Catalunya). Lluís Dalmau, del mismo modo, puesto que era valenciano, sería también una excepción.

Actualmente, como hemos indicado al inicio de esta entrada, se conservan en Catalunya cinco obras de Bermejo: la Pietat Desplà, dos piezas en el MNAC y dos más en el Institut Amatller de Barcelona (expuestas también en el MNAC). Se habla de una sexta en el Museu de Perelada, a pesar de que se tenga que confirmar aún su atribución, y una última, la antes mencionada y aún en hipótesis, en Reus.

Sant Pau apòstol (1485-1486), Reus

 

El comitente, Lluís Desplà

¿Por qué llamamos Pietat Desplà a esta gran obra de Bartolomé Bermejo? Pues, muy sencillo… el nombre de la obra hace referencia a su comitente, quien no sólo la pagó, sino que también sale en ella a los pies de la Virgen como donante y creyente que es.

Se trata de una de las personas más cultivadas y poderosas de la Barcelona del siglo XV pero, no sólo eso, y es que la Pietat Desplà también respira humanismo, nos vincula con una Barcelona con anhelos de cambio, con una Barcelona donde, a pesar de haber perdido su calidad de centro cultural al pasar éste a Valencia, ciertos círculos humanistas, conformados de personajes cultos y modernos, entre los cuales también se hallaría Miquel Mai, se fijan tanto en Italia como en los Países Bajos para renovarla.

Éste sería el caso del comitente de la Pietat de Bermejo, Lluís Desplà (1444-1524), canónigo arcediano de la Catedral de Barcelona, procedente de una familia poderosa de Alella con influencias tanto en el ámbito religioso como en la política de su tiempo (Lluís Desplà llegó a ser el 44è presidente de la Generalitat de Catalunya). Fue también un gran humanista que, incluso, residió en Roma durante los primeros años del pontificado de Sixto VI, donde se impregnó de toda esa cultura que luego querría traer a su ciudad, en la cual se preocuparía también por la promoción del arte.

Dentro de este gusto humanista, junto a su hermano Guerau, cabe destacar su participación en la construcción de la hoy desaparecida Casa Gralla, decorada por Damià Forment, y la gestión de la obra del trascoro de la Catedral de Barcelona por parte de Bartolomé Ordóñez. También fue fiador de las obras de Juan de Borgoña.

La Pietat la encargaría, posiblemente, tras la remodelación de su residencia (1490-1514), la Casa de l’Ardiaca, para adaptarla al gusto de la época, all’antica (su pequeño palacio se convirtió en un gran continente de sarcófagos y piezas de origen clásico, así como también de las últimas novedades contemporáneas), con el objetivo, no de exhibirla, sino de instalarla sobre la mesa de altar de su capilla privada y, en consecuencia, para ser destinada a ocupar un lugar sagrado en un espacio secular, cerca de sus dependencias privadas en una de las torres romanas del Portal del Bisbe, adosada, aún ahora, a la Casa de l’Ardiaca.

Sarcófago de los leones (s.III), Museu d’Arqueologia de Catalunya

 

Si queréis saber más sobre Lluís Desplà, os recomiendo la lectura del libro de Joaquim Graupera Graupera, La família Desplà – Gralla com a promotors d’art. Treball premiat per la Beca de Recerca Local d’Alella 2012, así como también de su blog.

 

Escudo heráldico de los Desplà

Sepulcro de Ramon Berenguer IV, también procedente de la colección de Lluís Desplà, usado como bebedero en el patio de la Casa de l’Ardiaca

 

En este contexto, pues, Bartolomé Bermejo no fue sólo un artista que interesase a Lluís Desplà dentro de su objetivo de promoción del arte contemporáneo, sino también un personaje que se adaptó a su ideología humanista, a su manera de entender el arte, el mundo y la modernidad. Es por este motivo que, dado que la Pietat Desplà nacería, precisamente, de la fusión de las propias ideas del comitente con las del artista, como veremos más adelante, no podíamos obviar poner en relevancia su figura.

 

La Pietat Desplà

 

Si os animáis a visitar la exposición que se avecina en el MNAC, ya me diréis vuestra opinión. No obstante, al menos para mí (autores como Artur Ramon, en libros como el recién publicado Les obres mestres de l’Art Català, también opina lo mismo; de hecho, una de las conferencias llevadas a cabo en el marco de la exposición del Museo del Prado, aquella que nos habla de la Pietat de Bermejo, fue impartida por Artur Ramon), la Pietat Desplà es una obra fascinante, llena de magia, simbolismo y sentimiento. Una pieza que, además, está repleta de detalles y donde cada fragmento podría convertirse en una nueva obra de arte por sí mismo.

Su alto contenido realista constituye un añadido que la convierte en una pieza única en el mundo hispánico de su momento, a la vez que también va mucho más allá de ser una simple representación del tema de la Pietà, de la Mater Dolorosa, pues no sólo incluye dolor, sino también, ante todo, salvación, la de su comitente, incluido en la composición como un protagonista más de la escena religiosa, a la edad de 46 años y cerca, en relación de simetría, de San Jerónimo, su guía intelectual. Esta presencia del donante en la obra nos vincula por completo con los primitivos flamencos y artistas como Jan van Eyck o Rogier van der Weyden.

Pero vayamos a pasos… En primer lugar, lo primero que observamos en la Pietat Desplà es un grupo figurativo central conformado por la Virgen con su hijo, Jesús, en el regazo, cerrado por dos figuras laterales que se dirigen hacia el centro, San Jerónimo (vestido de cardenal y con una pequeñas gafas, como detalle carismático, que le permiten leer su obra más destacada, La Vulgata / Biblia en latín) y Lluís Desplà (en posición piadosa, retratado fielmente, vestido de canónigo y mal afeitado). De este modo, se crea un equilibrio perfecto, roto sólo por un posicionamiento algo más elevado de San Jerónimo, como evidencia de su importancia jerárquica respecto a Lluís Desplà.

Detalle del paisaje del fondo

 

Los personajes se hallan en un detallista entorno paisajístico, tratado con un alto realismo, encontrando desde tormentas a momentos de calma (la puesta de sol sobre Jerusalén sería un ejemplo de ello), desde espacios naturales a urbanos, entre otros. El realismo es tal que, incluso, apreciamos un sinfín de escenas anecdóticas. Ejemplos serían el soldado que duerme dentro de la cueva o la señora que hila a la puerta de su casa.

Detalles de la cueva con el soldado dormido y la mujer que hila

 

Tal es el detallismo y grado de minuciosidad de la obra que podemos registrar más de 43 plantas, 3 hongos (incluidos dos líquenes) y 22 animales distintos, algunos de la zona de Barcelona, pero otros contemplados, posiblemente, en libros científicos de la época.

 

Las cualidades y texturas son también elementos representados con una gran maestría. Las lágrimas de la Virgen, el terciopelo de su manto, la piel de conejo de los ropajes… ¡todo adquiere una dimensión increíble!

Detalle de algunos de los animales y reflejos que podemos encontrar en la Pietat Desplà

 

Un recurso que podemos hallar dentro de este realismo y que, a su vez, juega también con nuestras percepciones es el de la musca picta, esa mosca que juega con el espectador, que crea un efecto ilusionista haciéndole creer que es real, del mismo modo que Petrus Christus también hacía en algunas de sus creaciones.

Detalle del león de San Jerónimo con la mosca

 

Este realismo se consigue gracias al uso de la técnica del óleo, la cual también le permite crear las transparencias del velo de la Virgen, el minucioso trabajo de orfebrería o los reflejos sobre el agua del río Jordán.

Detalle de los reflejos del agua sobre la roca

 

El pathos propio del mundo hispánico, ese  sentimiento de lo trágico que decía Frederic-Pau Verrié, está también presente en la Pietat Desplà, no sólo en la representación de la Virgen y el dolor de Cristo, sino también en la inclusión de Lluís Desplà en una escena tan íntima como es este dolor de la madre ante la pérdida del hijo. Lluís Desplà es un espectador más, una figura no sagrada, a diferencia del resto de personajes, no perteneciente al tiempo de los hechos, del mismo modo que nosotros. Así, nosotros sufrimos del mismo modo que él sufre y somos perdonados de la misma manera que él se hace perdonar, no sólo sufriendo como la Virgen, sino también intentando seguir a su guía, a San Jerónimo. En definitiva, además de la maestría técnica, en la Pietat Desplà hallamos también esa devotio moderna flamenca, esa nueva manera de entender la religión, unida con la manera de hacer llegar el sentimiento hispánico.

 

Por otro lado, destacar que el tema de la Pietà, el de la Virgen María sujetando el cuerpo inerte de su hijo tras ser bajado de la cruz, es un tema de dolor solitario muy propio del mundo germánico y centro europeo, desde donde se expandió hacia los Países Bajos y el norte de Italia. En Catalunya, observamos una aproximación a este tema, tan alejado de la tradición catalana, en la Taula dels Freners (1462-1475) de Jaume Huguet y el tímpano (ca 1490) de Michael Luchner en la Porta de la Pietat de la Catedral de Barcelona.

Dado que representar el comitente en tamaño tan grande, como hace Lluís Desplà en la obra que nos concierne, era una osadía, en este segundo caso, observamos un donante, el canónigo Berenguer Vila, mucho más pequeño en comparación con la escena, hallándose casi fuera del marco de la composición y, por tanto, siguiendo aún los prototipos medievales.

Predela del retablo de Sant Bernardí i l’Àngel Custodi (1462-1475), Jaume Huguet, Barcelona

 

Tímpano de la Porta de la Pietat de la Catedral de Barcelona (1490), Michael Luchner, Barcelona

 

La representación de Bermejo, sin embargo, va mucho más allá de la mera representación de este tema y es que, además, tras él se esconde un alto grado de simbolismo.

En primer lugar, cabe tener en cuenta ese realismo simbólico tan propio del mundo flamenco que Bermejo reproduce en la Pietat Desplà. Tal es el nivel de realismo en cada uno de los objetos y el enigmático paisaje, que da la sensación de que no nos encontramos en un entorno verosímil, sino en un entorno sagrado. La desproporción de la cruz del Calvario sería un ejemplo de ello, aunque el aspecto que más lo evidenciaría sería el fuerte contraste entre el drama humano de la primera línea y el paisaje de detrás.

Otro ejemplo a destacar podrían ser las distintas arquitecturas que se divisan en la ciudad de Jerusalén; algunas de ellas, con sus acabados bulbosos propios de Oriente, y otras, en cambio, de arquitectura gótica contemporánea a la del autor. Con este recurso, una vez más, se sigue una tradición flamenca que podemos encontrar, por ejemplo, en obras de Robert Campin para mostrar ese paso que supone el Nuevo Testamento respecto al Antiguo Testamento. La muerte de Cristo supone un antes y un después, la salvación de la Humanidad, y todo ello se refleja en la Pietat Desplà mediante este recurso.

Detalle de la arquitectura de la ciudad de Jerusalén

 

Los desposorios de la Virgen (1420-1430), Robert Campin, Madrid

 

Seguidamente, dentro de este simbolismo que destacábamos, cabe también mencionar esa fusión que comentábamos entre las ideas de Bartolomé Bermejo y las de Lluís Desplà, puesto que fue el comitente el encargado de elegir el tema, así como también su representación, es decir, fue Lluís Desplà el verdadero ideólogo de la obra.

En este sentido, cabe tener en cuenta el artículo de la investigadora Rosa Alcoy en el cual se nos muestra cómo la Mater Dolorosa sólo es un pretexto para explicar el verdadero argumento de la Pietat Desplà. De este modo, si bien es cierto que en ella se representa todo el discurso de la Pasión de Cristo, con sus principales personajes y elementos, la obra intenta ir más allá, mostrándonos el verdadero significado de la muerte de Cristo, la Salvación. El comitente, pues, se halla representado en la escena como donante, pero, sobre todo, como personaje a partir del cual se canaliza el mensaje de la Pasión. Éste, sin embargo, tenía que representarse con cierta distancia para no parecer demasiado osado, motivo por el cual encontramos también la figura de San Jerónimo, el personaje que lo ayudaría a acercarse a la salvación deseada. San Jerónimo era uno de los santos predilectos de Lluís Desplà, aquel con el cual se identificaba y que admiraba como doctor, escritor y Padre de la Iglesia que era. Este acercamiento al santo, no obstante, tenía que ser humilde, lo que explicaría quizá su aparición con gafas y cabellos blancos, símbolo de erudición, y su posicionamiento ligeramente elevado respecto al canónigo, como señal de no querer caer por parte del donante en la osadía de pretender la santidad.

Para conocer más sobre esta interpretación, os recomiendo la lectura del artículo, el cual podéis encontrar aquí.

Finalmente, destacar los huesos y la calavera que encontramos al lado de la Virgen y que nos remiten a ese primer hombre, a Adán, recordando aquel Pecado Original del cual sólo Dios nos puede redimir. Por su parte, la cabeza de la serpiente, discreta, de la misma manera que también lo hace el sapo, huyendo entre las rocas, representaría el Pecado derrotado por la muerte de Cristo. Este recurso es muy propio también del arte flamenco.

Detalle de la calavera de Adán y la huida de las serpientes y sapos

 

En este sentido, pues, la Mater Dolorosa, además de ser una madre / viuda, representa también la Esperanza y, por tanto, también la Mater Ecclesia, la Iglesia como institución; su dolor surgiría del dolor de la raza humana, dentro de la cual se halla también el Arcediano. Bartolomé Bermejo, de este modo, posiciona Lluís Desplà con una clara intención marcada por el propio comitente, mostrando su actitud piadosa con el fin de conseguir su salvación mediante la intervención de su santo predilecto, entendido, no como un abogado, sino como un modelo a seguir para Lluís Desplà.

Todo ello diferencia a Bartolomé Bermejo, por ejemplo, de Lluís Dalmau, quien en su Verge dels Consellers (1445) crea una composición cerrada en la que la Virgen, los Consellers y los santos se encuentran en un mismo espacio ideal. Bartolomé Bermejo, contrariamente, decide evitar el cierre y crea un espacio abierto, mostrando una Virgen María anciana y fuerte que conoce el sufrimiento auténtico y una naturaleza real sin ángeles ni elementos sobrenaturales como los de Lluís Dalmau.

Mare de Déu dels Consellers (1445), Lluís Dalmau, Barcelona

 

Otras obras de Bartolomé Bermejo

Bartolomé Bermejo dispone de un repertorio enorme de obras de remarcable importancia técnica de las cuales (al menos de la mayor parte de ellas), de hecho, podremos disfrutar también en la exposición. Os detallo algunas de ellas, aquellas que he considerado más destacadas o que, al menos, a nivel personal, me parecen más importantes:

¿Su posible primera obra? Según el teórico Chandler Post, posiblemente, podría tratarse de La Dormición de la Virgen (ca 1468).

Muerte y Asunción de la Virgen (ca 1468-1472), Berlín

 

¿Su primera obra documentada? El Retablo de Sant Miquel de Tous (1468), conservado en la National Gallery de Londres

San Miguel triunfante sobre el demonio con Antoni Joan (1468), Londres

 

Por otro lado, no me podía estar de destacar tres de las obras de Bartolomé Bermejo que más me maravillan: el retablo de Santa Engracia de Zaragoza (ca 1474) del desaparecido convento de San Francisco de Daroca (lamentablemente, no ha sido posible traerla a la exposición…), aquel que dejó a medias, a pesar de que ello le supusiera la excomunión, como mencionábamos al inicio de esta entrada…

Retablo de Santa Engracia de Zaragoza del desaparecido convento de San Francisco de Daroca (ca 1474), Boston

 

… el Santo Domingo de Silos (1474-1477), antes mencionado (su fotografía la podéis encontrar un poco más atrás), que podemos encontrar de manera permanente en el Museo del Prado con un preciosismo realmente sorprendente, especialmente a lo que se refiere al manto…

… y la más italiana y bella, en mi humilde opinión, de todas ellas, el Tríptico de la Madonna de Montserrat (1485) en Acqui Terme (Italia).

Tríptico de la Virgen de Montserrat (1485), Acqui Terme

 

Podéis encontrar las obras más destacadas de la exposición, junto a su correspondiente explicación, en la web del Museo del Prado

 

Como podéis apreciar, la exposición que va a llegar en breve al MNAC no sólo supone ser una muestra increíble por la técnica y capacidad de innovación del artista, sino también por las piezas que se engloban en ella. Una exposición digna del Museo del Prado que podremos encontrar de manera inédita en Barcelona.

Así pues… ¡esperaremos con mucha emoción su llegada!  🙂

 

Para más información:

www.museunacional.cat/es/bartolome-bermejo-0

 

Bibliografía:

Alcoy, Rosa, “El crani i la serp (o Desplà i Bermejo)”, Matèria 3, Mirades, Miratges, 2003, p.64-74

Graupera, Joaquim, La família Desplà – Gralla com a promotors d’art. Treball premiat per la Beca de Recerca Local d’Alella 2012, Alella: Ajuntament d’Alella, 2012

Ordóñez, Ana (dir.), Pietat Desplà. El procés de restauració de l’obra mestra de Bartolomé Bermejo, Barcelonaː Fundació Banc Sabadell, 2017

Ruiz i Quesada, Francesc (dir.), La Pintura gótica hispano flamenca: Bartolomé Bermejo y su época, Barcelona: Museu Nacional d’Art de Catalunya y Museo de Bellas Artes de Bilbao, 2003

 

Documental sobre la restauración de la Pietat Desplà:

2016. DOCUMENTARY SHORTFILM (15′ minutes) by Carlota Coloma & Adrià Lahuerta para FUNDACIÓN BANC SABADELL

www.15-l.com/projects/la-pietat-de-despla-working-title

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