Batuar y la Casa del Cotó (¿o Casa Miquel Boada?)

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En la entrada de hoy, como en alguna ocasión ya hemos hecho, uniremos gastronomía y arquitectura; hablaremos de Batuar, un restaurante localizado en el hotel Cotton House de Barcelona pero, precisamente por su localización, la antigua Casa del Cotó, sede social del Gremio de Algodoneros, también trataremos un poco su historia y arte. Es por ello, por esta antigua ubicación, que no es de extrañar que todos y cada uno de los elementos decorativos de este hotel de la cadena Marriott, dentro de su Autograph Collection, hagan referencia, incluido el nombre del restaurante, como veremos más adelante, a la industria textil del algodón.

Este edificio, pues, esconde muchas más informaciones interesantes que van más allá de ser un simple hotel de lujo… Y es que, la que fue la antigua Casa del Cotó, además de ser una reforma de Nicolau M. Rubió i Tudurí, considerada la mejor remonta de Barcelona por muchos teóricos, no sólo por el respeto a su edificación original, sino también por la incorporación de elementos innovadores perfectamente en sintonía con los originales, se trata también de la Casa Miquel Boada, obra de uno de los arquitectos más destacados del desarrollo y evolución de L’Eixample, Elies Rogent i Amat.

Es por todo ello que, en el Catàleg del Patrimoni Arquitectònic de l’Ajuntament de Barcelona, se la considera uno de los ejemplos de construcción en L’Eixample que mejor regidos se hallan al edificio original, a pesar de ser ampliado posteriormente. De hecho, textualmente, se dirá en él que es tracta d’un dels millors exemples d’ampliació i reforma d’un edifici de l’Eixample. Precisamente por este respeto a la construcción original, añadiendo nuevos elementos que no sólo no desentonan, sino que también son identificables y distinguidos de los originales, se elogia la Casa del Cotó como un ejemplo claro de estilo continuista.

Años más tarde, ya en el siglo XXI, una nueva restauración se llevaría a cabo en la misma línea continuista que destacábamos ya que, en todo momento, se conservaron los elementos protegidos e, incluso, resaltaron aquellos que no lo estaban, a pesar de que también quepa tener en cuenta que algún elemento fue reconstruido y otros rehechos (como podrían ser los pisos superiores) con el fin de adaptar el inmueble a su nueva funcionalidad. En este caso, los encargados del proyecto fueron el arquitecto Óscar Huertas de Moot Arquitectura y el interiorista Luis Erazo del estudio Lázaro Rosa Violán.

El actual Cotton House, además de una destacada importancia arquitectónica dentro de la Dreta de l’Eixample, como indicábamos, incluye un restaurante, Batuar, en el que degustar una comida sencilla pero con toques sofisticados. Se trata del restaurante de la chef Eva de Gil, un restaurante repleto de luz natural, gracias a su terraza de interior de isla, en el cual uno puede degustar distintas propuestas de una manera acogedora y agradable. Dado que tuvimos oportunidad de visitarlo y degustar algunos de sus platos, no podemos obviarlo antes de finalizar esta entrada, aunando, así, todo este pasado y complejidad arquitectónica y de diseño con la gastronomía.

Dicho esto… ¡pasemos a ello y empecemos a desgranar cada uno de estos elementos!  😉

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La Casa Miquel Boada… ¡los inicios!

La Casa Miquel Boada es el primer nombre con el que conocemos la casa que acoge el actual hotel Cotton House y su correspondiente restaurante Batuar.

Se trata de una construcción racional y clasicista, con características propias de ese primer Eixample, más clásico y conservador y con residencias unifamiliares y pequeños palacios (uno de ellos es el Palauet Casades, del cual hablamos en La Bcn Que Me Gusta ya hace un tiempo). Fue promovida por Miquel Boada i Vilumara, miembro de la burguesía barcelonesa, el año 1879 en la acabada de abrir Gran Via de les Corts Catalanes, en su momento Calle de las Cortes, en uno de los primeros terrenos obtenidos a partir de la parcelación de L’Eixample.

El arquitecto encargado de diseñar dicha residencia, dado el estatus social de la familia, fue uno de los mejor considerados del momento, Elies Rogent i Amat, el mismo que, entre otras construcciones, se encargó del diseño de la Universitat de Barcelona. Fue él quien incluyó todos los lujos y comodidades que la nueva ciudad en Barcelona requería en una pequeña edificación de dos niveles (más un entablamento con pequeñas columnas), sobria y clásica (con sus almohadillados en la parte inferior del edificio, frontones y columnas en las ventanas), pero en cuyo interior contaba con elementos propios de la posición social de Miquel Boada.

De este modo, el interior del edificio destacaba por su lujoso vestíbulo octogonal (hexágono + dos lados de acceso), la escalera de mármol (decorada con esculturas de bronce) que da acceso a la planta noble, las majestuosas chimeneas y los grandes salones. Además, todos los techos se encontraban adecuadamente decorados con frescos y estucos de estilo también bastante ecléctico.

 

La casa, además, incluía un amplio jardín en la parte posterior del edificio. Actualmente, se trata de la terraza del restaurante Batuar.

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La revista núm. 151 (1982) de Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme dedicó unas páginas a la Casa Boada / Casa del Cotó. Os añado algunos de los planos de Elies Rogent extraídos de dicho artículo.

Planos de Elies Rogent para la Casa Miquel Boada (COAC)

 

Fachada original. Fuente: Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, núm. 151

 

 

Interior. Fuente: Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, núm. 151

 

La Casa del Cotó… ¡restauraciones y remontas!

En 1958, como consecuencia de la venta del inmueble al Gremio de Fabricantes de Algodón de Barcelona, actual Associació Tèxtil del Procés Cotoner (AITPA), hubo un cambio de uso que, además de una reconversión a la conocida Casa del Cotó, supuso su primera restauración, aquella que aporta la significación arquitectónica de la cual disfruta actualmente la casa.

De este modo, las necesidades respecto a la antigua Casa Boada cambiaron ya que el nuevo propietario requería como sede social una construcción que albergase en su interior el máximo número posible de organismos y servicios algodoneros. Ello conllevó que el edificio tuviese que ser ampliado, pasando de dos a cinco pisos; pero no sólo eso, y es que la entidad también pedía una construcción que uniese el pasado y el presente, la tradición que suponía el negocio del algodón con la modernidad de la nueva entidad que lo gestionaba, completamente adaptada a los tiempos contemporáneos. El Gremio de Algodoneros quería proyectarse hacia el mundo moderno y, por tanto, en esta ampliación hacían falta soluciones no tradicionales, a la vez que se mostraba que la industria textil, de la misma manera que también lo era la construcción de Elies Rogent, se caracterizaba por ser una creación del siglo XIX.

En esta ocasión, el encargado de llevar a cabo el proyecto fue, nuevamente, un arquitecto y pensador reconocido del momento, formado a partir de los conocimientos de Le Corbusier, a quien admiraba enormemente, y de Jean Claude Nicolas Forestier, quien le aportaría ese bagaje más vinculado a los jardines palatinos y urbanos por los cuales también se conocía al arquitecto. Se trata de Nicolau M. Rubió i Tudurí, miembro de la importante saga de los Rubió, dentro de la cual hallamos Joan Rubió i Bellver (era su tío) e ingenieros, pensadores y políticos, entre otros.

Rubió, pues, tuvo la habilidad de proyectar toda esta tradición hacia el mañana que conformaban las nuevas oficinas y laboratorios y, a su vez, respetar la edificación de Elies Rogent, reconociendo su papel como base de la construcción en la cual trabajaría. Para ello, siguió también la estructura de modelos anteriores, entre los cuales cabe destacar la fachada renacentista del Palau de la Generalitat de Catalunya, tal y como se destacó en la mencionada revista Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, núm. 151 (1982), en el artículo d’Eduard Bru Els jardins de l’arquitecte Rubió.

Según esto, sin olvidar en ningún momento la antigua fachada de Elies Rogent, la nueva creación, con los tres pisos que se añadirían en esta primera restauración, también sería de piedra picada y se caracterizaría por su orden gigante de pilastras corintias, no estriadas, realizadas con piedra gris de Girona y con capiteles y bases de mármol blanco, que proseguirían con este clasicismo y rigor que caracterizó la obra original y que supuso que la ampliación no fuese casi percibida visualmente.

Las ventanas del bloque añadido por Nicolau M. Rubió i Tudurí, todas ellas sin balcón, también seguirían la líneas de las aperturas del segundo piso de Elies Rogent.

El pequeño entablamento del primer arquitecto, sin embargo, por tal de crear esta continuidad, sí que tuvo que ser eliminado.

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Fachada exterior. Fuente: Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, núm. 151

 

Contrariamente, los salones de la planta noble, así como también las pinturas y techos que componían el resto de estancias, sí fueron conservados como club social de la entidad. Actualmente, corresponden a la sala de estar del Cotton House Hotel.

 

No obstante, cabe tener en cuenta también que todo este proceso de restauración fue únicamente propuesta del arquitecto ya que la idea inicial de la Inmobiliaria Textil Algodonera SA era demoler la totalidad de la Casa Boada con el fin de crear una construcción nueva, completamente adaptada a las nuevas necesidades de los tiempos modernos. Rubió se negó rotundamente a realizar lo que le pedían. Es en este momento donde podemos encontrar, pues, la magistral técnica del arquitecto, capaz de incorporar elementos completamente contemporáneos en una edificación clasicista del siglo anterior sin que visualmente destaquen y, lo que es más importante, sin quitar el valor del cual es también merecida la obra de Elies Rogent, contentando al cliente y consiguiendo cambiar su objetivo inicial.

Rubió, con un bagaje adquirido, no sólo por su pasado familiar, sino también en sus constantes viajes, fue un arquitecto ecléctico capaz de representar el clasicismo, el mediterranismo, el mecanicismo y la arquitectura moderna en todos sus proyectos. Pero todo ello siempre desde una visión de modernidad moderada, reformista y no traumática, propia de cierto pensamiento del momento en la sociedad catalana, tal y como podemos observar, no sólo en su obra, sino también en sus escritos y en colaboraciones que realizaba en la revista Mirador, en Arquitectura y Urbanismo o en libros como Diàlegs d’arquitectura (1927) o Actar (1931).

En todos ellos, observamos la definición de sus pensamientos en relación con la cuestión de las ideas contemporáneas, algo en ocasiones criticado por la rama más vanguardista del momento, pero que supuso la aplicación de la modernidad, sin perder la tradición, de una manera magistral.

Planos de Nicolau M. Rubió i Tudurí para la Casa del Cotó (COAC)

 

Dicho esto… ¿Cuáles fueron esos nuevos elementos que aplicó Rubió en la Casa del Cotó?

Si bien es cierto que en el exterior el arquitecto creó una ampliación completamente respetuosa con la Casa Miquel Boada, siguiendo la línea clasicista de Elies Rogent y usando el mismo recurso que el Palau de la Generalitat de Catalunya para ello, del mismo modo que en el interior también conservó los pisos del anterior proyectista como club social y de ocio de la entidad, fue en la ampliación donde incorporaría todo un conjunto de nuevos elementos, realmente innovadores, que se adecuarían a las necesidades del Gremio de Algodoneros, carente de despachos y laboratorios.

Fachada posterior. Fuente: Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, núm. 151

 

El arquitecto, en primer lugar, creó una fachada posterior, construida a base de galerías de vidrio sobrepuestas con persianas grandes que la protegían de la acción directa de la radiación solar.

Paralelamente, creó también una cubierta dentada en su ático, ubicación de los laboratorios, a imitación de las fábricas textiles, haciendo referencia a aquella tradición con la cual se quería identificar la asociación. En la zona del interior de isla, accediendo a ella a partir de una imponente galería de vidrio, diseñaría también una terraza con pequeños templetes de piedra y fuentes.

Galería de vidrio de la fachada posterior. Fuente: Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, núm. 151

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No obstante, el elemento que más destacaría y donde recaería la atención de todos los arquitectos del momento sería la imponente escalera de caracol colgante; una escalera que en ningún momento se sostiene en el suelo inferior, sino que se encuentra completamente colgada del entramado metálico de piso superior, dándole un aspecto etéreo y ligero.

Escalera colgante. Fuente: Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, núm. 151

 

 

Este recurso se llevó a cabo, precisamente, con la finalidad de no cargar las fuerzas sobre conductos de aire acondicionado inmediatos. De esta manera, fue necesario construirla con elementos “secos”, como el mismo arquitecto denominaría, como el aluminio, el hierro, la goma, la madera o el vidrio.

Interiores. Fuente: Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, núm. 151

 

Finalmente, antes de proseguir con la última etapa de la casa y con el fin de conocer mejor su obra y manera de hacer, ¿qué mejor que remitirnos a las palabras del propio arquitecto con este fragmento extraído de un artículo suyo publicado en Mirador, el 19 de marzo de 1931 (núm. 111)? En él ya mencionaba, a pesar de que fuese 30 años antes de su aplicación, la solución que veía más apropiada adoptar en este tipo de inmuebles.

 

Cotton House Hotel… ¡el presente!

En el año 2015, en motivo de la reconversión de la antigua Casa del Cotó en hotel de lujo, el llamado Cotton House Hotel, dado que el Gremio de Algodoneros se trasladó a una nueva ubicación, se llevó a cabo una última restauración sobre el edificio, la tercera fase que le daría el carácter del cual podemos disfrutar actualmente durante nuestra visita y que proseguiría la tarea de Nicolau M. Rubió i Tudurí.

En esta ocasión, los encargados fueron el arquitecto Óscar Huertas de Moot Arquitectura, responsable de todo lo que a arquitectura se refiere (estructuras, instalaciones y demoliciones) y patrimonio; y el interiorista Luis Erazo, miembro del estudio Lázaro Rosa-Violán, que, conservando el máximo de elementos originales, a pesar de las dificultades que suponía conseguir 83 habitaciones en cuando a lo que respecta a la distribución del espacio, dio una nueva funcionalidad a la obra, retornando, en cierta manera, a la residencial de sus inicios y, a su vez, a la del club social del tiempo en el cual fue propiedad del Gremio de Algodoneros.

El estudio de Luis Erazo se encuentra muy relacionado con la restauración y decoración de edificios con historia, algo no buscado a expreso pero que, según palabras del propio diseñador, al cual tuve oportunidad de conocer en una ocasión, les motiva especialmente. Su despacho, localizado en un piso modernista precioso de L’Eixample, es un buen ejemplo de ello y de ese especial cuidado con la restauración y puesta en valor de los elementos originales en sus diseños completamente contemporáneos. De hecho, en su patio, el patio de interior de isla, tienen, incluso, un antiguo invernadero restaurado y reconvertido en despacho.

El estudio Lázaro Rosa Violán tiene proyectos por todo el mundo, como podéis ver aquí. Concretamente, en Barcelona, disponen de distintos hoteles y restaurantes, entre los cuales se hallan la cadena Praktik o Big Fish, así como también tiendas de renombre global como Oysho o Pull and Bear, entre otros.

 

En la nueva creación, si bien es cierto que en ningún momento percibimos la historia de la antigua Casa Boada en la concepción del hotel, sí se refleja la del Gremio de Algodoneros, empezando por el nombre del establecimiento o su logo corporativo, una flor de algodón que formaba ya parte de la imagen del Gremio de Algodoneros, y continuando por su decoración, repleta de catálogos y muestrarios de la emblemática casa Santa Eulàlia, así como también herramientas y utensilios propios de la producción algodonera (muchos de los objetos que observamos, sin embargo, no son originales puesto que los que en realidad se encontraban en la sede del Gremio fueron trasladados al Museu Sauleda de Berga).

 

En cuanto a decoración se refiere, especialmente la de las habitaciones, observamos también cómo en todo momento se juega con las tonalidades blancas, por tal de hacer un pequeño homenaje a su pasado algodonero. Todo ello con la dificultad que supone aplicar nuevas tecnologías y comodidades actuales y adecuadas a un hotel de su categoría en un edificio histórico.

 

Otros elementos han sido conservados y resaltados, como la escalera de mármol, los parquets y boiseries de los techos o las paredes de las estancias de Elies Rogent, así como también la escalera de caracol colgante o la galería de la terraza de Nicolau M. Rubió i Tudurí.

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De este modo, siguiendo las premisas marcadas por Patrimonio, quien estipuló qué estaba protegido y qué no, así como también qué podía añadirse y cómo, se consiguió que un proyecto muy complicado, puesto que el entorno estaba ahí y, según palabras del propio Erazo, era bello, por lo que no hacía falta destacarlo, resultase de manera positiva; lo complicado era agregar algo que quedara bien con todo ello. Por otro lado, como el mismo diseñador me indicó en un encuentro que tuve con él ya hace un tiempo, hubiese sido fácil poner muebles de época e, incluso, haber conservado algunos de los originales que encontraron cuando llegaron, pero no hubiese tenido ningún valor añadido en cuanto a diseño se refiere porque la Propiedad tampoco quería que fuese un museo, algo que, como historiadora del arte, obviamente, en cierta manera lamento.

Algunos de los elementos que no se pudieron cambiar fueron, por ejemplo, las persianas verdes, las dos fachadas (interior y exterior) o las marqueterías de las ventanas, así como también las escaleras o el hexágono. En este último espacio, se conservaron incluso las esculturas que había originalmente en él, agregando sólo algunos cuadros contemporáneos que estuviesen en sintonía con el entorno, alfombras, mobiliario y lamparitas. La puerta de madera de este espacio también era uno de los elementos a proteger. No obstante, hubo también elementos que no estaban protegidos y que se conservaron, como la fuente de la terraza de Rubió.

Otras piezas, como las de los pavimentos, por ejemplo, por su mal estado, tuvieron que ser reemplazadas, siempre buscando otras que fuesen lo más similares posibles.

El encargado de la restauración como tal fue Pintura i Estuc, siguiendo siempre el proyecto de Erazo. Ellos son también los que se encargaron de blanquear un poco las paredes para quitarles el tono amarillento que supone el paso del tiempo.

Excluyendo las plantas noble y baja, el resto de pisos, dado que se trataba de oficinas, no se conservó, al ser considerado de poco valor arquitectónico, del mismo modo que tampoco se hizo con el color original de sus paredes.

 

Cotton House Hotel, pues, se convierte en un interesante ejemplo de diseño contemporáneo entremezclado con la tradición y en plena sintonía con ella, no sólo conservando sino también continuando esa línea que ya Rubió inició y que permite aplicar algo muy propio de la arquitectura, una vez más, en este edificio: su característica intrínseca de acoger una funcionalidad y adaptarse a los nuevos usos.  Así, nos evidencia cómo un edificio, a pesar de ir modificando sus usos, algo propio de la arquitectura, pasando de residencia familiar a oficinas y, posteriormente, a alojamiento hotelero, puede conservar los elementos originales que lo crearon sin dejar de lado la modernidad y las últimas tendencias contemporáneas, algo que ya hizo Rubió en su momento transformando la Casa Boada en sede institucional de un gremio y que Erazo ha repetido al convertirlo en hotel.

Paralelamente a este fuerte interés y conciencia por conservar el pasado, sin embargo, observamos cómo, sobre todo, lo ha habido a la hora de respetar aquellos que han trabajado en la construcción anteriormente. Lo hizo Rubió con Rogent y, nuevamente, Erazo con Rubió; a pesar de que el Gremio pidiese la demolición, Rubió fue capaz de conseguir la modernidad sin perder el respeto a Rogent y lo mismo hizo Erazo, quien aplicó un diseño moderno conservando las acciones de los dos profesionales anteriores a su trabajo, aún y el riesgo de que no fuese así ante el hecho que supone su conversión en hotel.

En definitiva, ya para concluir con esta parte más histórica, podemos afirmar que la Casa del Cotó se convierte en un claro ejemplo de estilo continuista en nuestra ciudad, capaz de pervivir en el tiempo, a la vez que evoluciona y se adapta a nuestro presente.

 

Finalmente, conocido su contexto… ¡pasemos a la parte gastronómica!

Batuar… ¡el restaurante!

Como hemos indicado, uno de los motivos que nos llevó también al hotel Cotton House es su restaurante, un lugar realmente bonito, acogedor, repleto de luz natural, elegante pero informal, donde degustar una gastronomía tradicional y más o menos sencilla pero con toques que la hacen especial y diferente (tenéis la carta completa aquí).

 

¿Su nombre? Como todo lo que rodea la antigua Casa del Cotó, Batuar es también un elemento muy vinculado a la industria textil, pues batuar es el nombre que recibe una antigua máquina que, en la producción del algodón, lo prensaba para eliminar sus impurezas.

¿Su chef? Eva de Gil, una chica realmente joven pero que, a pesar de ello, está consiguiendo grandes logros, encontrándola, por ejemplo, en el restaurante de San Sebastián galardonado con tres estrellas Michelin, el restaurante Akelarre.

Podéis saber más de ella aquí. Además, también la pudimos conocer en acción en el programa de TV3 Joc de Cartes, concretamente en aquel en el cual se buscaba el mejor restaurante con terraza de Barcelona.

 

¿Nuestra elección? Dado que fuimos al mediodía y éramos 5 comensales, nos decantamos por distintos primeros para compartir (en la carta ya están concebidos para ello) y segundos individuales.

De este modo, para picar elegimos…

Hummus de aceitunas Kalamata (¡realmente exquisito!)

Patatas canarias y sobrasada de Mallorca con queso de cabra

Boniato asado con lardo di Colonnata, queso azul, higos y soja (¡es quizá la opción que más nos gustó con sus contrastes de sabores!)

Croquetas de espinacas, de Jamón Ibérico con membrillo y de Pato con dátil (se escogían por unidad)

Pan con tomate para acompañar

 

Como plato principal, todos nos decantamos por la misma opción, el Canelón de ceps con salsa de marisco, stracciatella de trufa y avellana… ¡Buenísimo!  😛

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¿Y de postre?

Tiramisú de fresa, amaretto y mascarpone (la opción que tuvo más éxito, de ahí que lo eligiésemos cuatro de los comensales)

Cremoso de mató con nueces y miel

 

La comida, además, estuvo llena de detalles del propio restaurante, como estos macarons y Petits Fours que acompañaban el café o el aperitivo.

 

¿El precio? Unos 60eurs por persona (incluye cafés y postres para todos y dos botellas de vino, de 30eurs cada una, de DO Rías Baixas Pazo de Señorans).

 

Al finalizar la comida… ¡subir a su terraza es también una perfecta opción para cerrar la experiencia!

 

Si os apetece, Batuar acoge también un bar donde degustar distintos cócteles de autor.

 

En definitiva, nuestra visita al hotel Cotton House se convirtió en una interesante experiencia, tanto a nivel gastronómico como histórico; en una manera de lo más sugerente de conocer cómo una arquitectura puede irse adaptando a los distintos cambios de función y, lo que es más curioso, puede regresar, en cierta manera, a aquella para la cual fue originalmente concebida, la residencial.

Gracias a esta última actuación, pues, la casa vuelve a tener vida, a estar abierta al público, dejando de ser ya un lugar cerrado y privado.

 

Para más información:

Av. de les Corts Catalanes, 670

www.hotelcottonhouse.com

 

Bibliografía:

Bosch, Josep, Nicolau Maria Rubió i Tudurí (1891 – 1981), Barcelona: Col·lecció Gent de la Casa Gran, Ajuntament de Barcelona, 2003

Bru, Eduard, Els Jardins de l’arquitecte Rubió a Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, núm. 151, Barcelona, 1982, pp.40-84

Cañellas, Cèlia; Toran, Rosa; Torrado, Llorenç, Nicolau M. Rubió i Tudurí, entre la razón y la sensibilidad a Cuadernos de Arquitectura, núm. 113, Barcelona, 1976, pp. 49-56

Rubió i Tudurí, Nicolau M., Edificios industriales y comerciales a Cuadernos de Arquitectura, núm. 55, Barcelona, 1965, pp.11-12

 

Archivo Histórico del Col·legi d’Arquitectes de Barcelona

Fondo de Elies Rogent i Amat

Fondo de Nicolau M. Rubió i Tudurí

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