Bill Viola en La Pedrera

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¡Ya tenemos nueva exposición en La Pedrera! Y, como es habitual, ésta vuelve a ser de gran calidad e interés, no sólo por su temática, sino también por esos aspectos que la hacen única en nuestra ciudad y que, poco a poco, iremos desgranando en la entrada de hoy.

Tras pasar por la fotografía de Gabriel Cualladó (le dedicamos en su momento una entrada), La Pedrera nos acerca en esta ocasión a uno de los padres del videoart, una técnica tecnológicamente hablando nueva, pero en ningún momento reñida con la tradición artística. De hecho, en la exposición podemos percibir, con obras muy estéticas y llenas de referentes artísticos, cómo es posible dar una nueva visión a la Historia del Arte clásica y trabajar en clave actual con su pasado.

La aproximación a la Historia del Arte que hace el artista que conoceremos hoy, sin embargo, no es mimética, es decir, que éste no hace una apropiación mecánica de ella, sino que utiliza sus recursos y los medios de su tiempo para ofrecernos una visión propia. Para ello, por ejemplo, como veremos un poco más adelante en esta misma entrada, el artista se impregna de los grandes maestros del Quattrocento, referentes donde encuentra la narración en la cual espacio y tiempo confluyen: The Greeting (1995), obra no expuesta en la muestra de La Pedrera, nos transporta a la Visitación (1528-1529) de Pontormo, mientras que en The Voyage (2002) aparece la misma casita que en la Anunciación a Santa Ana (ca 1305) de Giotto en la Capella Scrovegni.

 

Pero vayamos a pasos…

El personaje del cual me gustaría hablar en la entrada de hoy, protagonista de la nueva exposición temporal de La Pedrera, es Bill Viola, un artista estadounidense que, a través del videoart, nos trae al museo conceptos tan propios de la condición humana como el nacimiento o la muerte, el paso del tiempo, la redención, la fragilidad o el dolor, entre otros; conceptos que, a pesar de que inicialmente nos puedan parecer religiosos, especialmente teniendo en cuenta de que en muchas ocasiones el artista se basa en piezas religiosas previas de la Historia del Arte, en realidad no dejan de ser elementos propios de la existencia humana. Por otro lado, en la obra de Bill Viola observamos también un proceso de búsqueda permanente a la hora de representar de distintas maneras todos estos conceptos, así como también en las técnicas y tecnologías usadas (distintas pantallas, cámaras o tipos de cintas).

Bill Viola es capaz con todo este proceso, realmente complejo, de vehicular sentimientos y conceptos y crear, así, otros nuevos para, en el fondo, usar el arte como una herramienta más de conocimiento, un método más de investigación del ser humano y, en definitiva, de nosotros mismos. De este modo, gracias a la imagen, una imagen que no tiene palabras, Bill Viola nos permite crear estados de ánimo y emociones simplemente escuchando, sintiendo, removiendo y desvelando a través de sus imágenes, ralentizadas y en proyección continuada.

¿Cómo nació el videoart? En el año 1965, en un café del Greenwich Village de Nueva York, después de filmar con su cámara Sony Portapak la procesión del papa Pablo VI por la ciudad, el coreano Nam June Paik escribió en su cuaderno Ha nacido el videoart. Desde ese momento, el videoart ha superado su objetivo inicial de ofrecer una visión alternativa, artística, a la televisión, sirviendo a los movimientos conceptuales del arte contemporáneo como una herramienta eficaz, siendo capaz de competir con el vídeo doméstico y encontrando sinergias con la fotografía, la música y el teatro.

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Catherine’s Room (2001)

 

He acabado dándome cuenta de que el lugar más importante en el que cobra vida mi obra no es en una galería de museo, ni en una sala de proyección, ni en un televisor, ni tan siquiera en la pantalla de vídeo, sino en la mente del espectador que la ha visto. De hecho, sólo es aquí donde puede existir.

Bill Viola, 1989

 

Bill Viola. Miralls de l’invisible, una muestra comisariada por Kira Perov (ejecutiva del Bill Viola Studio, esposa del artista y compañera de trabajo y, por tanto, la persona que mejor conoce actualmente la obra de Bill Viola) y Llucià Homs (curador especializado en videoart), con el asesoramiento de Víctor García de Gomar (director artístico, escenógrafo y actual director artístico del Gran Teatre del Liceu), muy delicada y llena de belleza y que encontraremos en La Pedrera hasta el 5 de enero de 2020, representa la primera monografía dedicada al artista en Barcelona (a nivel estatal, Bill Viola ya se había expuesto en el Museo Reina Sofía en 1993, el Guggenheim de Bilbao en 2017 y en Cuenca el año pasado), de ahí su importancia.

Bill Viola y Kira Perov

 

La exposición nos permite conocer la trayectoria del artista de una manera amplia, a la par que adentrarnos en esos elementos que la definen, así como su desarrollo en paralelo a la propia evolución de la tecnología del vídeo. De este modo, en Bill Viola. Miralls de l’invisible podemos encontrar desde obras de sus inicios, como sería The Reflecting Pool (1977-1979), a otras más recientes, como el encargo de la Catedral de Saint Paul de Londres Martyrs (Earth, Air, Fire, Water) (2014), expuesto de manera permanente en el interior del templo junto a otras piezas del artista. Así, se exponen piezas de su primera etapa, en la cual se filmaba a sí mismo y utilizaba su propio cuerpo para estudiar la naturaleza de su propia existencia física, pero también de la época de las grandes instalaciones de 1992, las cuales profundizaban en el uso de los objetos que definían la naturaleza del espacio en sus instalaciones de vídeo (dos de estas 9 instalaciones, The Sleepers y Heaven and Earth, están en la exposición); asimismo, también podemos encontrar piezas de la etapa de 1999, ese momento en el cual se inicia con las pantallas planas, recién salidas al mercado, esas mismas que él girará para convertirlas en retratos y usará como medio de creación de obras realmente íntimas, de estudios de las emociones a partir de la influencia de las pinturas renacentistas, algo que con los monitores no podía hacer del mismo modo. Con todo ello, se crea una especie de itinerario por los 40 años de su obra.

Precisamente hace 10 años, en 2009, Bill Viola recibió el Premi Nacional Catalunya, el germen de la exposición que actualmente tiene lugar en La Pedrera. Antes, sin embargo, Bill Viola expuso en Catalunya piezas en centros como La Virreina, el Caixa Fòrum, el Palau de la Música, el Bòlit de Girona y la Seu Vella de Lleida. Por sus vínculos con Catalunya y la influencia que tuvo en el desarrollo del videoart catalán, según los propios comisarios, esta primera retrospectiva en Barcelona “ya estaba tardando en organizarse”.

Bill Viola recibiendo el Premi Internacional de Catalunya en 2009

 

No estoy interesado en la imagen basada en el mundo real, sino más bien en la imagen como artefacto, como resultado, como huella, o incluso en la imagen determinada por alguna experimentación interna.

Bill Viola, 1981

 

Visitas guiadas y actividades paralelas

En primer lugar, cabe tener en cuenta que, si bien es cierto que el número de obras expuestas alcanza la cuarentena, sólo unas 20 se encuentran en La Pedrera. ¿Qué significa esto? Pues que se ha creado toda una red entre instituciones que nos permite conocer la obra de Bill Viola de una manera más dinámica y, sobre todo, vinculándola de manera directa con esa Catalunya que le dio el mayor galardón posible que puede otorgar.

De este modo, el Palau de la Música y el Gran Teatre del Liceu, a partir de la Nit Bill Viola (4 de diciembre), nos mostrarán sus obras de grandes dimensiones, mientras que el Museu de Montserrat, el Museu Episcopal de Vic y el Bòlit de Girona expondrán una obra cada uno en sus respectivos espacios: Observance (2002), Visitation (2008) y Ascension (2000), respectivamente. También se le une la Planta de la Fundació Sorigué, lugar en el cual se expone de manera permanente desde el mes de junio la pieza Ocean without a shore (2007). Todo ello configura lo que se ha llamado la Ruta Bill Viola.

Por otro lado, como mencionábamos, se ha creado también la Nit Bill Viola (4 de diciembre), un evento gratuito que se inicia a las 18h y finaliza a la 1h y que nos permite conocer de manera ininterrumpida distintas piezas de grandes dimensiones que, de otra manera, hubiesen sido imposibles de añadir a la exposición de La Pedrera. Estas piezas se proyectarán en espacios como el Gran Teatre del Liceu y el Palau de la Música Catalana, instituciones que permitirán el acceso libre, lo que da un valor añadido a la jornada. El evento, pues, nos permitirá conocer al completo una de las piezas de las cuales os hablo más adelante en esta misma entrada, la misma que se veía, por falta de espacio, de manera fragmentada en La Pedrera. En definitiva… ¡seguro que la Nit Bill Viola será toda una experiencia!

Las piezas que se proyectarán durante la Nit Bill Viola son:

Palau de la Música, sala de concerts:

The Messenger, 1996
The Crossing, 1996
Inverted Birth, 2014

Gran Teatre del Liceu:

Fire Woman, 2005
Tristan’s Ascension, 2005
Isolde’s Ascension, 2005
Passage into Night, 2005
Becoming Light, 2005

 

Tanto el Palau de la Música Catalana como el Museu Episcopal de Vic realizarán actividades distintas y proyecciones puntuales, algunas de ellas, incluso, con música en directo, durante todo el mes de noviembre. Por otro lado, también se llevarán a cabo conferencias, mesas redondas y recitales en La Pedrera, cuya información de manera completa podéis encontrar aquí.

Cada uno de los ponentes abordará la obra de Bill Viola de una manera diferente, del mismo modo que también lo hacen los artículos del catálogo de la exposición: Albert Serra lo hace desde la perspectiva fílmica; Víctor García de Gomar desde la fenomenología de los sonidos en la producción de Bill Viola; Armand Puig, como teólogo, desde su vertiente más religiosa y espiritual; Artur Ramon, como historiador del arte que considera Bill Viola el último clásico, desde el diálogo que establece con algunos de los grandes maestros del arte; Victoria Cirlot desde la simbología que esconde su invisibilidad; y, finalmente, Antoni Mercader desde los vínculos artísticos y personales de Viola con Barcelona, cuya producción artística se vería muy influenciada por su videoart en artistas como Antoni Muntadas o Francesc Torres, entre otros.

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Como podéis apreciar, pues, la nueva exposición de La Pedrera se trata de una apuesta valiente y ambiciosa que abarca un sinfín de disciplinas y espacios a partir de todas las actividades que giran en torno a ella.

Como es habitual, la entrada a la exposición también incluye la visita comentada cada sábado a las 18h y domingo a las 12h.

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Ablutions (2005)

 

Las imágenes en movimiento que he creado viven en algún lugar entre la fluidez temporal de la música y la certeza material de la pintura.

Bill Viola

 

¡Pasemos a entender un poco mejor la obra de Bill Viola!

Elementos visibles en la obra de Bill Viola

Hay una serie de elementos que, a modo de leit motiv, encontramos siempre presentes en la obra de Bill Viola. El primero de ellos es el agua como elemento regenerador, pero también de reencuentro con uno mismo y la paz interior. Éste procede de un hecho vital que le marcaría toda la vida, su caída en una alberca cuando tenía 6 años. Agua y luz son los dos elementos fundamentales que recuerda de ese momento, así como también una gran paz a partir de cierto momento que se vería truncada de manera repentina cuando su tío lo sacó del agua. El shock al salir fue enorme, como si hubiese renacido, como si hubiese salido por segunda vez de ese vientre materno lleno de líquido amniótico. Este renacer, así como también el agua y la luz, estará muy presente en su obra.

Un segundo hecho vital que también se halla en sus trabajos de manera repetida es la coincidencia, con tan sólo 10 meses de diferencia, de la muerte de la madre con el nacimiento de su hijo; cómo la vida se encuentra presente en la muerte y cómo la muerte ya tiene su lugar en el nacimiento de un nuevo ser.

Estos dos hechos se vehiculan de distintas maneras en la obra de Bill Viola en función del momento vital en el cual se encuentre y a partir, sobre todo, de las teorías del pensamiento sufista islámico, el budista zen y el misticista cristiano. Habrá distintos teóricos de dichos pensamientos que influenciarán el trabajo de Bill Viola conceptualmente hablando, quien conseguirá unir de manera magistral el pensamiento oriental con el occidental. Bill Viola hará visible lo invisible en todas sus obras a partir de estos pensamientos y estos dos hechos vitales siempre presentes.

Por otro lado, el azul, un azul muy especial, procedente de los monitores en stand by, estará también muy presente en sus trabajos. La luz, así, se convertirá en un medio de expresión más.

Con todo ello, como mencionábamos, Bill Viola apostará por el vídeo como una evolución natural de la pintura, de ahí sus constantes vínculos con la tradición pictórica, especialmente teniendo en cuenta que su aparición puede considerarse un segundo Renacimiento, siendo el vídeo un elemento equiparable a la imprenta y la pintura al óleo completamente asimilable a la aparición del mundo digital.

En muchos de estos vídeos, para dar aún más sensación de obra pictórica en movimiento, Bill Viola añade marcos a las distintas pantallas.

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Study for Emergence (2002)

 

El trabajo de Bill Viola cada vez fue profesionalizándose más y, por tanto, también haciéndose más técnico. Una conferencia de Kira Perov, englobada en las actividades vinculadas a la exposición antes mencionadas, nos permitió conocer la compleja técnica que hay detrás del artista pero, también, cómo ésta fue cambiando gracias a las innovaciones tecnológicas y al poder adquisitivo que también fue adquiriendo poco a poco el artista. Sus personajes, por ejemplo, son ya actores y ya dispone también de un gran equipo personal, con un alto número de asistentes, y técnico, muy distinto al de sus trabajos en Túnez (años 70), donde sólo disponía de su cámara, un gran teleobjetivo, un paraguas para proteger la cámara del sol y poca cosa más, además de un carro tirado por caballos para trasladar de un lugar a otro lo mencionado. En definitiva, ese primer equipo era muy distinto al de sus obras posteriores, como las filmadas en el aeropuerto de Doha o en Los Angeles, por ejemplo. Y es que el time-lapse en los años 70 no era fácil, lo que aún le da más mérito a su trabajo.

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Kira Perov en la conferencia que tuvo lugar el pasado viernes 4 de octubre

 

Como muchas otras personas, a lo largo de los años he tenido una relación ambivalente con la tecnología, pero últimamente he acabado viéndola como una fuerza esencialmente positiva, e incluso necesaria, que da forma a nuestros deseos, ideales sueños íntimos y que satisface la necesidad que todos tenemos de relacionarnos los unos con los otros estemos donde estemos.

Bill Viola, 2009

 

El desierto

El desierto es un elemento tan importante en la obra de Bill Viola que he considerado oportuno dedicarle un punto aparte. Éste representa el paisaje eterno, es árido como la muerte, un lugar de revelación para muchas comunidades y un espacio en el que el paso del tiempo es invisible a los ojos del espectador. Bill Viola coge toda esta simbología y la aplica en sus obras de manera recurrente, de ahí que sea uno de sus temas más tratados junto al del agua antes mencionado.

Distintas obras presentes en la exposición nos vinculan con este tema, pero de todas ellas me gustaría mencionar la serie Mirage, creada después de casi 30 años de su primer viaje al desierto de Xott al-Jarid (Túnez):

  • Walking on the Edge (2012): pieza realizada en su regreso a Túnez. Padre e hijo andan de manera paralela y, en cierto momento, se unen, andan uno al lado del otro, y se vuelven a separar, como en la vida misma.
  • The Encounter (2002): Lo mismo ocurre con la obra colindante, en la que dos mujeres hacen lo mismo que ese padre y ese hijo de la obra anterior. Ellas, sin embargo, sí que llegan a tocarse cuando se unen, como símbolo de esa transmisión de sabiduría que la madre hace en la hija.
  • Inner Passage (2013): En este caso, el protagonista es Blake, el hijo del artista, quien anda por el desierto en dirección hacia la cámara, la cual se acaba metiendo en su interior para mostrarnos todos sus recuerdos.

 

En las tres piezas, el viaje se hace eterno, los personajes parecen nunca llegar a la cámara (Blake, por ejemplo, tarda más de 15min en hacerlo, a pesar de que visualmente la distancia sea más corta). Esto se debe, especialmente, al uso de una lente especial de larga distancia en todas estas filmaciones.

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La exposición

La muestra, dado que, como indicábamos, no deja de ser una herramienta de autoconocimiento, tanto del ser humano como del propio individuo, se inicia del mismo modo que finaliza, con un autorretrato del autor.

Así, la primera obra que encontramos en nuestro recorrido es Incrementation (1996), una pieza en la que un contador nos muestra el número de respiraciones del personaje del monitor. Éstas son contabilizadas hasta llegar a las 9 cifras, lo que equivaldría a 900 millones de respiraciones o, lo que es lo mismo, a unos 85 años de vida humana. La obra, como ocurre en muchas otras, se encuentra muy vinculada al pensamiento sufí y, concretamente, al del pensador sufí Jalal ad-Din Rumi (1207-1274), quien escribió Mientras respiramos, el alma se nos escapa poco a poco de la prisión de este mundo. En definitiva, la pieza no deja de ser una manera de asumir la propia mortalidad del ser humano.

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El segundo autorretrato es Self Portrait. Submerged (2013), un vídeo que, una vez más, pasaría por una fotografía, por una imagen estática, a no ser de esa burbujita que en ciertos momentos se escapa de la nariz del artista; una burbujita que nos muestra que la vida está ahí y que se nos pierde poco a poco.

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En todo momento, con una luz ambiental adaptada para ello, los distintos vídeos, concretamente 21, sobre diferentes soportes y tamaños, bien podrían pasar por cuadros pictóricos, por su estética y sensaciones. Y es que todos ellos se encuentran bastante ralentizados, algunos de tal modo que su movimiento es casi imperceptible, dando la sensación de que son más imágenes estáticas que vídeos.

 

Otras piezas que podemos encontrar en la muestra, y que añado en esta entrada con el fin de facilitaros un poco su comprensión en el caso de que os decidáis a visitarla, son las siguientes:

● The Reflecting Pool (1977-1979): de su primera etapa, se trata de una obra que forma parte de un total de cinco, independientes entre ellas pero pensadas como un conjunto.

Cada una utiliza técnicas y estilos distintos para desarrollar el tema común de la colección: los estadios progresivos de la trayectoria de una persona desde el momento de nacer hasta la muerte, descritos a partir de escenas en transición (el paso del día a la noche, del objeto al reflejo, del movimiento a la quietud, de la temporalidad a la intemporalidad).

Normalmente, Bill Viola trabajaba con monitores o proyectores. Esta obra representa la primera vez que usa la pantalla exenta como soporte, una innovación técnica no aplicada con anterioridad por el artista y que nos muestra este afán de experimentación que comentábamos.

En la obra, aparece la alberca de su infancia como herramienta para trabajar el silencio y el tiempo, así como ese renacer que el personaje de la obra, él mismo, experimenta al salir desnudo tras largo rato paralizado en el tiempo en posición fetal y en el agua.

Apuntes de Bill Viola

 

● Anima (2000): pantallas de plasma como soporte en esta ocasión, lo que nos aporta una mejor calidad de sus negros, nos vinculan con la muerte del padre y las consecuentes emociones que el artista experimentó en ese momento. En este caso, el estudio de las expresiones (concretamente, de cuatro emociones primarias: alegría, pena, rabia y miedo), que se manifiestan de manera muy lenta (las tomas las alarga hasta los 82min, de manera que un vídeo corto se convierte en una larga composición equiparable a una obra pictórica o una fotografía) en la cara de los tres personajes, se basa en los mismos métodos que en época medieval.

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● The Quinteto f the Astonished (2000): Del mismo modo que en el ejemplo anterior, el artista se basa en la Historia del Arte, en el Cristo coronado de espinas (ca. 1510) del Bosco, para realizar su composición. En este caso, observamos distintas expresiones, una en cada personaje, creando un amplio repertorio de emociones contrapuestas que van apareciendo de manera tan gradual en cada uno de los personajes que el cambio no se percibe apenas por parte del espectador.

 

● Study for Emergence (2002): Como indica su nombre, se trata de un estudio para una pieza más grande (la fotografía que realicé a la pieza expuesta la tenéis un poco más arriba en esta misma entrada). En este caso, el artista del Quattrocento del cual se deja influenciar Bill Viola es Masolino da Panicale, Cristo in pietà (1424), una pintura mural localizada en la Collegiata di Sant’Andrea de Empoli.

El sepulcro, una vez más, nos vincula con esa alberca tan presente en su vida y obra. De su interior, como si de un nuevo nacimiento se tratase, sale el hijo que las dos mujeres esperaban emerger como si de una premonición se tratase.

 

● Catherine’s Room (2001): en este caso, Bill Viola realiza una mirada íntima a la habitación de una mujer que lleva a cabo una sucesión de actividades cotidianas, desde la mañana hasta la noche, a partir de otro referente artístico, la predela del retablo de Santa Caterina de Andrea di Bartolo (s.XIV), actualmente conservada en la Gallerie dell’Accademia de Venecia, aunque concebida para una iglesia de Venecia ahora destruida (la imagen de la obra la tenéis en esta misma entrada un poco más arriba).

 

En ella, una vez más, aparte de trabajar la tradición, nos habla del tiempo en sus distintas vertientes. Y es que a través de las escenas de la obra, podemos observar el tiempo diario (actividades de todo un día), estacional (en la ventana una rama, similar a la de Van Gogh, va cambiando sus hojas) y vital (nacimiento, crecimiento y muerte).

Apuntes de Bill Viola

 

● Four Hands (2001): Una vez más, el videoartista trata la importancia de la gesticulación y su simbología. En esta ocasión, sin embargo, lo hace de un modo distinto, a partir de la expresión de distintas manos y de un alfabeto dactilológico inglés del siglo XVII.

Cuatro pantallas pequeñas muestran imágenes en movimiento de cuatro pares de manos (de un niño, una mujer y un hombre de mediana edad y de una mujer mayor), filmadas en blanco y negro con una cámara nocturna. Los patrones simbólicos de los movimientos de tres generaciones de manos (el niño, los padres y la abuela) representan una cronología que abraza tanto las acciones paralelas de la personas en el momento presente como los movimientos más amplios de los diferentes estadios de la vida humana (la fotografía que realicé a la pieza la tenéis un poco más arriba en esta misma entrada).

 

● Surrender (2001): El reflejo es algo muy importante en la obra de Bill Viola, así como el estudio de esas percepciones contrapuestas a lo que en realidad vemos. En esta pieza, pues, observamos cómo, tras la destrucción absoluta de la individualidad, puede llegar el equilibrio, la paz y, por tanto, una imagen fija que antes no teníamos. Antes sólo podíamos observar una imagen temblorosa, poco nítida, el reflejo de la realidad en un agua que no paraba de moverse y que no nos permitía ver la realidad.

Se trata de un díptico, formado por dos pantallas planas de plasma fijadas verticalmente en la pared, una encima de la otra, en el cual tanto el hombre como la mujer realizan tres prosternaciones sincronizadas de manera que parece que uno se funde en el otro.

 

● Three Women (2008), de la serie Transfigurations: La muerte y el agua, esos dos elementos tan presentes en la obra de Bill Viola, en este caso, configuran una cortina de agua y luz que funciona de metáfora para mostrar ese tránsito de las almas de un mundo a otro.

Observamos una madre y sus dos hijas y cómo, poco a poco, éstas van muriendo y pasando al otro lado de la cortina hasta que, finalmente, vuelven a reencontrarse las tres en el Más Allá. Es decir, que Bill Viola nos muestra la vida y la muerte como una continuidad una de la otra, algo que se vuelve a repetir en la siguiente obra que os presento. De este modo, hace una reflexión sobre la idea de la naturaleza cíclica de nuestra existencia, sobre el hecho de acceder a la luz desde la oscuridad y viceversa, a través de la cortina de agua, de la misteriosa y mágica agua que es siempre causa de cambio y renovación en la obra de Bill Viola.

 

● Heaven and Earth (1992): la obra se compone de dos monitores sin carcasa fijados en dos medias columnas de madera para dar visibilidad a ese hecho vital que tanto le afectó también, la muerte de su madre 10 meses antes del nacimiento de su hijo.

Dos cámaras contrapuestas, una encima de la otra, nos muestran imágenes de su hijo recién nacido y de su madre antes de morir. La primera, la de la madre, se sujeta al techo, al cielo, mientras que la segunda, la del hijo, lo hace a la tierra, a la vida. Uno, sin embargo, se refleja en el otro, mostrando que la mortalidad ya está presente en el momento que nacemos y viceversa. El nacimiento no es un inicio, la muerte no es un final, según Zhuangzi, uno esos pensadores que tanto influenció al artista.

Los 10 cm de diferencia entre las dos cámaras son los 10 meses acaecidos entre un hecho  y el otro.

Se trata de una de las pocas instalaciones que Bill Viola ha realizado en su trayectoria artística.

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● Ablutions (2005): fragmento de una producción para la obra wagneriana de Tristan und Isolde, cuya versión completa, como indicábamos, se verá el día 4 de diciembre en la Nit Bill Viola.

Esta pieza representa la culminación de la trayectoria de Bill Viola, su obra magna. En ella podemos apreciar ese paso previo al sacrificio, la purificación como ritual, el agua (una vez más) como elemento purificador. En la escena, el personaje se lava las manos antes de la ceremonia que acontecerá.

Las cuatro horas de vídeo se proyectaron en directo en la representación de Tristan und Isolde en la ópera de París el 12 de abril de 2005 y, como mencionábamos, se repetirá una vez más de manera completa en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona.

 

● The Sleepers (1992): Tanques de acero inoxidable con capacidad para 200 litros de agua (ese agua, símbolo de reencarnación, tan importante en Bill Viola) y la luz azulada que mencionábamos al inicio de la entrada es lo que podemos ver en esta instalación.

Cada tanque tiene un monitor sumergido en su interior con la imagen de alguien de su familia durmiendo. Se trata de imágenes reales proyectadas ininterrumpidamente. De tanto en tanto, los durmientes se mueven o cambian de postura, pero no se despiertan, aislados los unos de los otros.

 

Técnicamente, se trata de un proceso complejo puesto que, no sólo hay que proteger cables y monitores del agua, sino que los cables, dado que salen del suelo y entran en el bidón, se esconden todos bajo una gran plataforma.

Apuntes de Bill Viola

 

● Martyrs (2014): Se trata de una de las piezas que podemos encontrar en el interior de Saint Paul’s Cathedral, lo que nos muestra que su mensaje, a pesar de no ser religioso, puede también usarse en un entorno eclesiástico por el simple hecho de que habla de temas básicos de la existencia humana.

En esta pieza, observamos los cuatro mártires de los cuatro elementos, en tanto que fuerzas incontrolables de la naturaleza y de nuestra impotencia ante ellos. Así, una vez más, Bill Viola se conecta con la Historia del Arte en clave actual.

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Ya para finalizar, a modo de conclusión, sólo mencionar que estar en Bill Viola. Miralls de l’invisible es como hallarse en nuestro propio espacio íntimo, en un lugar que es público pero privado a la vez, tal y como explica Kira Perov en un artículo del catálogo antes mencionado. Además, si nos fijamos en las reacciones de nuestros compañeros de visita, percibimos que las obras no dialogan en todo el mundo de la misma manera. El lenguaje es universal, nos habla de temas presentes en todos nosotros, pero cada uno lo percibimos de un modo distinto. De hecho, el comisario Llucià Homs nos indica que éste es, precisamente, el objetivo de la exposición: crear, a partir de la luz que nos ilumina dentro de la oscuridad, un espacio de contemplación y sublimación de aquello sensible, haciendo visible lo invisible, subliminando, en definitiva, la experiencia humana. En esta misma línea, el mismo Llucià dirá también que Bill Viola consigue hacer danzar el arte y la tecnología alrededor de la espiritualidad, creando, a su vez, una nueva iconografía religiosa contemporánea.

Esta muestra que nos ofrece La Pedrera se convierte, pues, en una manera muy especial de concebir el arte, el vídeo y nuestra propia existencia, de ahí que también se haga primordial disponer de algo de tiempo para visitarla y, así, contemplar de manera relajada cada una de las piezas, no sólo para entenderlas y disfrutarlas, sino también porque el propio cuerpo lo pide. ¡Te pasarías minutos y minutos delante de cada pieza por el magnetismo que Bill Viola consigue crear en ellas!

En definitiva, esta exposición supone un viaje estético y diferente a la Historia del Arte, lo que ha supuesto que historiadores del arte como Artur Ramon definan Bill Viola, especialmente ante muchas críticas contemporáneas que han tratado el artista de poco innovador, como el último clásico, como un artista profundo en un mundo banal.

 

Para más información:

La Pedrera   www.lapedrera.com/ca/agenda-activitats-barcelona/exposicions-actuals/bill-viola-miralls-de-linvisible

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