Can Manyer – el Hidráulico – Casa Escofet

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Tras la entrada que dedicamos a la Casa Roura… ¡hoy nos volvemos a desplazar a la comarca del Maresme para seguir conociendo algunos de sus rincones!

En esta ocasión, lo hacemos a Vilassar de Dalt, accesible en transporte público mediante un trayecto de tan sólo media hora en autobús desde Ronda Universitat o Plaça de Tetuan, con el fin de conocer una antigua fábrica que nos servirá de semilla para explicar algo muy propio de nuestra ciudad que, sin embargo, no siempre damos importancia por su función utilitaria, a pesar de que haya causado ya tendencia y tenido reconocimiento, incluso, a nivel internacional.

En la entrada de hoy me gustaría hablaros del mosaico hidráulico, ese pavimento que llenó las casas modernistas de L’Eixample y de otras construcciones coetáneas de Catalunya (Pujol i Bausis, como vimos en una entrada de La Bcn Que Me Gusta, fue una de las fábricas más destacadas dedicadas a ello), en cuyos diseños participaron los mejores artistas del momento, pasando su uso práctico a tener una función también estética, y que nos ha dejado ya una imagen que, incluso, ha traspasado fronteras y usos, como podemos percibir en este papel de regalo fabricado en Amsterdam por The Pepin Press o el diseño del papel de pared de este restaurante, Pairings Cuadrado, ubicado en los Estados Unidos y trabajo del arquitecto Joaquín Fernández.

 

Otro ejemplo más cercano que nos muestra este traspaso de algo práctico a algo estético en el mosaico hidráulico es este plafón del hotel Icon Bcn by Petit Palace, un pavimento original del edificio en el cual se ubica el hotel actualmente transformado en un elemento decorativo más de su interior.

 

Otros artistas lo han aplicado nuevamente en pavimentos pero desde una concepción distinta, más igualitaria y abierta, como sería el caso de Javier de Riba, quien a pesar de no crear hidráulicos como tal, puesto que la técnica que utiliza nada tiene que ver con ello, ha tomado sus diseños para crear ejemplos de arte urbano de lo más atractivos.

 

En cuanto a técnica se refiere, de la cual hablaremos un poco más adelante, encontramos fabricantes que han seguido con esta tradición. Algunos de ellos son de reciente creación, como sería el caso de Pinar Miró, fabricante de baldosas hidráulicas localizado en el Born, cuya línea Barcelona Tiles se vincularía a esta vertiente que destacábamos, mientras que otros han mantenido el negocio familiar hasta nuestros días, siendo los últimos artesanos del mosaico hidráulico en Catalunya. Este segundo ejemplo es donde ubicaríamos Mosaics Martí, localizados en Manresa desde su fundación por Bernat Martí en 1913. Actualmente, es la tercera generación la que continúa con la fabricación artesanal de este tipo de baldosas, algo que recuperaron los nietos del fundador, Pere y Albert, en 1980.

No obstante, como en todo, algunas técnicas y maquinarias han cambiado, aunque su esencia siga siendo la misma, como sería su prensa, la cual actualmente no funciona con agua a pesar de que siga siendo la misma que ya el abuelo usaba. Los materiales y el proceso de producción sí que corresponden a los tradicionales, así como también el de personalización de las baldosas a partir de 150 trepas, 20 colores básicos que se pueden matizar y combinar en infinitas maneras y medidas.

A pesar de que hayan recuperado los diseños del Modernismo y el Art Déco, también crean baldosas de diseños contemporáneos, es decir, baldosas con estética del siglo XXI pero con técnicas del siglo XIX.

Os añado la siguiente entrevista que se dedicó a Mosaics Martí en el Punt Avui ya hace un tiempo.

 

Por otro lado, antes de proseguir con esta técnica como tal y conocer más sobre ella, sin embargo, me gustaría mencionaros un descubrimiento que se llevó a cabo recientemente y que, de hecho, fue también el pistoletazo de salida de la publicación de un libro, L’Art del mosaic hidràulic a Catalunya, resultado de un estudio de cinco años, publicado por parte de Jordi Griset. Su lectura os la recomiendo gratamente y, de hecho, por este mismo motivo lo he utilizado como principal fuente para redactar la presente entrada.

Podéis seguir los trabajos de Jordi Griset sobre el mosaico hidráulico en su página de Facebook.

Aquí os dejo también una entrevista que se realizó en La Vanguardia.

 

Como hemos indicado, este libro se basa en un encuentro casual surgido durante la construcción de la actual biblioteca pública de Vilassar de Dalt por parte de los arquitectos Lluís Dilmé y Xavier Fabré, los mismos que se encargaron de la restauración del Gran Teatre del Liceu o del Teatre La Massa de Rafael Guastavino, ubicado en la misma población.

Fotografía extraída del libro de Jordi Griset

 

Con todo ello, con todas estas premisas y elementos, he querido redactar esta entrada que nos va a permitir relacionar pasado y presente, tradición y modernidad, siempre desde su vertiente más vinculada al diseño y a la arquitectura.

La entrada de hoy, pues, pretende abordar la artesanía del mosaico hidráulico a partir de este ejemplo arquitectónico de Vilassar de Dalt; una construcción que permite conocer el pasado pero también cómo éste puede ser todavía muy vigente en nuestro presente.

Dicho esto… ¡pasemos a ello!  😉

Fotografía extraída del libro de Jordi Griset

 

Can Manyer / Can Mañé

En la actual Biblioteca Can Manyer de Vilassar de Dalt es donde se dio este descubrimiento que os comentaba. Concretamente, éste se dio en una de las dos naves, construida en 1905 bajo la dirección de Bonaventura Bassegoda, que conforman una antigua fábrica textil creada en 1879. En su interior, en motivo de las obras de rehabilitación para transformarla en biblioteca pública, se encontró un gran pavimento hidráulico muy especial, al estar éste conformado, no por un pavimento unitario, creado mediante un único diseño, sino por un conjunto de baldosas distintas. Este hecho se debe a que se reutilizaron en su configuración piezas defectuosas, baldosas procedentes de los deshechos de aquellos originales diseñados para las casas de L’Eixample o, incluso, para algunas residencias señoriales de la comarca, como veremos un poco más adelante.

Can Manyer, pues, era una antigua telería con baldosas de segunda, semidefectuosas, procedentes de los deshechos de otras fábricas, ya que su fin era crear algo práctico y utilitario, un pavimento en un segundo piso, posterior a la construcción del edificio, capaz de sostener los telares y soportar el paso de los carros con ruedas de llantas metálicas, dada su gran resistencia al desgaste.

Se desconoce si este pavimento tenía o no que ser cubierto por cemento u otro material y, por tanto, unificado, pero fue una suerte que finalmente no fuese así, puesto que este hecho nos ha permitido disfrutar actualmente de unos 700m2 de un extenso muestrario de baldosas distintas.

 

Como si de un juego se tratase, observamos que algunas de ellas son perfectamente identificables, de ahí que me dedicase un ratito a buscar algunos paralelos… Uno de los modelos que más se repite en la fábrica, el de la hoja, por ejemplo, corresponde a uno de los diseños más reproducidos y vendidos de la Casa Escofet, una de las fábricas de hidráulicos más importantes de la Catalunya del momento. Concretamente, corresponde al pavimento núm. 391, un diseño de Josep Pascó que también podemos encontrar, entre otras tantas residencias y locales comerciales, en la Casa Juli Font, construida en 1909 por Pere Domènech i Roura (y el maestro de obras Salvador Torrus) para su primo Juli Font Montaner y localizada también en el Maresme. Actualmente, acoge el hotel El Petit Palauet.

Si os fijáis un poco en las fotografías añadidas en el perfil de Booking de este pequeño hotel, veréis que uno de los hidráulicos, el de las estrellas, corresponde al mismo modelo que el del hotel Icon by Petit Palace, mencionado en unas líneas más arriba.

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Otra de las baldosas que pude identificar en Can Manyer es el pavimento núm. 350, también de la Casa Escofet y proyecto, en este caso, de J. Fabré i Oliver.

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¡Seguro que hay muchas más identificables! Así que… ¿Os animáis a buscar más?  😉

 

Las obras en Can Manyer, además, descubrieron una segunda sorpresa. Entre las baldosas, se escondía un pequeño reducto que incluía una cara femenina, algo extraño dentro del mosaico hidráulico, con figuración normalmente vegetal o geométrica.

Fotografía extraída del libro de Jordi Griset

 

Martina Fabré fue la encargada de unir dichas baldosas como si de un puzzle se tratase y obtuvo una mujer con la corona condal y el murciélago, túnica amarilla y capa azul. Ésta sujetaba un escudo de Barcelona y se encontraba rodeada de elementos alegóricos del Comercio, la Industria, las Artes y las Ciencias.

Se desconoce de quién es el diseño de esta gran matrona, del mismo modo que tampoco tenemos constancia de si se trata de un modelo defectuoso o de un original que, finalmente, no se aplicó en el lugar para el cual se proyectó, posiblemente una feria de muestras, ya que tampoco tenemos referencia alguna de que se instalase en alguna institución pública oficial. Se ha barajado la posibilidad de que se tratase de un mosaico destinado a la Exposición Universal de 1888 o las de París de 1889 o 1900.

Por todo ello, la llamaron la Barcelona de Vilassar de Dalt. La podemos encontrar en uno de los laterales de la Biblioteca.

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El mosaico hidráulico

Presentado este descubrimiento… ¡hagamos un zoom y empecemos a focalizarnos en algunos detalles!

¿Por qué denominamos hidráulicos a estos pavimentos?

A pesar de que se trate de un tipo de baldosa muy vinculado a Barcelona, cabe tener en cuenta que en Francia y los países anglosajones también se utilizaba, siendo conocida como baldosa de cemento. No obstante, en Catalunya la denominamos baldosa hidráulica, precisamente debido al procedimiento de endurecimiento del cemento usado en su fabricación, es decir, no al uso de prensas hidráulicas para ello como podríamos imaginar.

 

¿Es el único tipo de pavimento que se usaba en la época?

Obviamente no y es que, además de pavimentos creados a partir de opus sectile u opus tessellatum (los mosaicos de Marignano, del cual hemos hablado en más de una ocasión en La Bcn Que Me Gusta, serían ejemplos de ello),  encontramos un segundo tipo de mosaico que en ocasiones se confunde con el hidráulico por su modernidad, pero que, a pesar de ser coetáneo, técnicamente no acaba de ser lo mismo. Se trata del mosaico Nolla, un tipo de baldosa artesanal fabricada en Valencia a partir de un mortero de cemento portland, dentro de molde y prensado, nacido para imitar otros tipos de materiales, como el mármol, el gres, los pavimentos romanos, la madera o las alfombras, entre otros.

Constaba de pequeñas piezas monocromas, no más grandes de 10cm, de forma cuadrada, romboidal, triangular, trapezoidal, hexagonal u octogonal, que formaban dibujos geométricos al combinarse entre ellas, creando, así, pavimentos continuos. Del mismo modo que el pavimento hidráulico, se caracterizaban por su dureza y su poco desgaste; no obstante, sí suponía una cierta dificultad de colocación (se tenían que seguir los mismos procesos sistemáticamente, aparte de que se trataba de piezas muy pequeñas dispuestas en una composición concreta) y una falta de adherencia, dada la naturaleza del gres, que las hacía extremadamente lisas.

 

El nombre proviene de la casa que se encargaba de su fabricación, la Casa Nolla, aún en funcionamiento, fundada por Miquel Nolla i Bruixet, nacido en 1815 en Reus, a pesar de que se instalase profesionalmente en Valencia, ciudad donde empezó trabajando en un almacén de ropas y, posteriormente, en la sociedad de la familia de su esposa, la sociedad de Viuda de Sagrera y Nolla. En 1852, crearía la Sociedad Nolla y Sagrera, con presencia en la Exposición Universal de París de 1867, y en 1859 la Industrial Valenciana, especializada en cerámica y mosaicos.

Miquel Nolla moriría pero la fábrica pasaría a sus hijos, sobrino y yerno, quienes continuarían el negocio bajo el nombre de Hijos de Miguel Nolla. La empresa crecería tanto que, además de tener representantes en Madrid, conseguiría encargos más allá de las fronteras españolas e, incluso, del Atlántico. Un ejemplo de ello es el pavimento de la Catedral de Montevideo, construido por la Casa Nolla en 1904, o los palacios de San Petersburgo, Moscú u Odessa.

 

Su importancia también recae en el hecho de crear un precedente, en conseguir designar un producto con el nombre de la marca comercial, es decir, que se hablaba del mosaico Nolla para referirse a este tipo de mosaico de baldosas de gres cerámico en general, independientemente de quién fuese su fabricante.

Con la aparición del mosaico hidráulico, sin embargo, comenzó la decadencia de ese producto y, si bien es cierto que en los años 90 del siglo XIX coexistieron los dos sistemas, poco a poco, el mosaico Nolla quedó arrinconado.

 

Si queréis saber más, os recomiendo la lectura del mencionado libro de L’Art del mosaic hidràulic a Catalunya, puesto que en éste se habla más exhaustivamente de la Casa Nolla.

 

Los mosaicos Nolla o el hidráulico no fueron el único tipo de pavimentos que encontramos en Europa. De este modo, mientras que en 1830 en Inglaterra Herbert Minton, junto a otras empresas británicas, revive la técnica de la baldosa incrustada, abarcando los pavimentos de lugares tan destacados como la Abadía de Westminster, el Capitolio de Washington o el Albert and Victoria Museum, en Francia es donde realmente se realizaron los mayores progresos en este aspecto, como veremos un poco más adelante.

 

Por otro lado, en Catalunya, en La Bisbal de l’Empordà, se revivieron los pavimentos de Maón en la fábrica de Pere Pascual i Serena en 1839, mientras que Salvador Marjanedas, en 1863, se especializó en baldosa blanca. Paralelamente, el baldosín catalán o caironet se continuaba también fabricando.

No obstante, a pesar de que, en cierta manera, se pueda considerar un claro antecedente del Mosaico Nolla y del hidráulico, todo ello no llegó a tener ni las mismas utilidades ni el mismo público que los mencionados en primer lugar.

 

¿Pero cómo se creó el mosaico hidráulico?

Pues podríamos decir que sus orígenes los hallamos en la Italia del siglo XVIII con una primitiva pieza que pretendía imitar el mármol de una manera económica. Su procedimiento recibía el nombre de Banchetto y consistía en rellenar un molde de madera con cemento húmedo y golpearlo posteriormente con una maza hasta compactarlo. Después se le añadía una masa coloreada de polvo de granito y mármol, se igualaba la superficie y, finalmente, se pulía con un bruñidor. La calidad no era muy elevada y se destinaba a obras menores y de bajo coste, generalmente.

En Francia, como hemos indicado, es donde se llevaron a cabo los progresos más notables en este ámbito. De este modo, en el valle del Roine, zona de fábricas de cemento, entre las cuales encontramos, por ejemplo, Lafarge, es donde el mosaico hidráulico tomó más relevancia. La ciudad por excelencia dedicada a ello sería Viviers.

Al parecer, en este caso, fue Étienne Larmande quien realizó un descubrimiento similar a Joseph Aspdin en Inglaterra sobre el cemento portland: la cal hidráulica, sola o mezclada en ciertas proporciones con argila calcinada, arena y agua, la cual produce un material duro como la piedra, sin necesidad de cocción, permitiendo conseguir una producción de baldosas más vistosas y a precios moderados. A partir de aquí es cuando aparecerá la trepa, un separador para repartir los colores, a partir de los trabajos de Auguste Lachave, cerrajero de Viviers.

La producción de mosaicos hidráulicos, pues, no es un invento catalán, a pesar de su posterior éxito, sino que nos llegaría desde Viviers, del mismo modo que también eran importados los materiales y maquinaria desde Francia. En su momento recibían el nombre de baldosas privilegiadas o mármoles comprimidos artificiales y las encontramos por primera vez en la Península en la casa La Progresiva (Bilbao) y la Casa Apolytomena (Madrid), ambas importantes fábricas del momento. Otras factorías españolas dedicadas a ello serían La Industrial de Venancio Valderrama (Santander) y La Esperanza de Antonio Oliver y Cía (Madrid).

 

En Barcelona, los principales productores serían las casas Garreta Rivett i Cia, Butsems i Cia, Orsola Solà i Cia, Escofet, Teòtim Fortuny, Falcó i Vilella o los ya mencionados Mosaics Martí.

Fotografía extraída del libro de Jordi Griset

 

Todo ello empezaría sobre los años 70, no siendo hasta los 90 que realmente tomase relevancia con la generalización de la producción de cemento artificial.

Como curiosidad, decir que en 1958 aún encontrábamos 1021 fábricas de baldosas en España, de las cuales 109 estaban ubicaban en Barcelona, 151 en Madrid, 42 en Bilbao y 36 en Alicante.

Dado que todas ellas no pueden ser tratadas en esta entrada, os animo a consultar el libro que os mencionaba para saber más.

Finalmente, sólo mencionar que, tal sería su éxito, que tanto los pavimentos de las aceras de Puerta del Sol como los de Passeig de Gràcia, diseño de Antoni Gaudí para la Casa Escofet, serían hidráulicos.

Fotografía extraída del libro de Jordi Griset

 

¿De qué constaba el proceso de fabricación de los hidráulicos? 

Se trataba de un proceso con elementos propios de la fabricación artesanal pero también la mecanizada. De este modo, las baldosas se producían una a una pero con moldes, en cuyo interior se colocaba la trepa para limitar los colores (pigmentos + arena, polvo de mármol, cemento artificial) y la prensa.

Como en casos anteriores, en el libro que os recomendaba, se explica ampliamente cada uno de los pasos de este proceso.

Fotografía extraída del libro de Maribel Rosselló

 

En definitiva, para resumir un poco, el mosaico hidráulico se conformaba de baldosas, de 20 centímetros por lado y mortero de cemento hidráulico, dentro de molde y prensadas y más fáciles de colocar que en el caso de otros pavimentos del momento, como sería el mencionado mosaico Nolla. No requería de tantos procesos y, dado que las piezas eran más grandes, rendía más.

Es por ello que, a pesar de que la calidad inicialmente fuese menor (la serialización comportaba una disminución de la calidad), visualmente se fueron haciendo grandes progresos, motivo por el cual se llevó a cabo una enseñanza artística notable alrededor de ellos para mejorar esta falta de calidad. Es así cómo, alrededor del arte del hidráulico se irán incorporando grandes artistas y arquitectos (Lluís Domènech i Montaner, Rafael Masó, Alexandre de Riquer, Josep Puig i Cadafalch…), superando el diseño anónimo que suponía la fabricación industrial.

El desarrollo de L’Eixample, obviamente, será un factor destacado en el incremento del uso del hidráulico.

En el libro que en todo momento estamos resaltando en esta entrada, podréis encontrar una relación de locales públicos, tanto de Barcelona como del resto de Catalunya, donde hallar pavimento hidráulico. El autor se dedicó a inventariarlos y los añadió también en esta publicación.

 

La Casa Escofet

La Casa Escofet, aún también en funcionamiento (en motivo de la exposición que se realizó por parte del Col·legi d’Aparelladors i Arquitectes Tècnics de Barcelona en 2009, se publicó un libro con su historia, cuya versión online podéis consultar aquí), es quizá la más conocida de todas las fábricas modernistas que hemos mencionado en unas líneas anteriores; aquella que, por su lado, también trabajó con los artistas del momento más destacados (podéis encontrar todos los artistas que pasaron por ella aquí).

Se encontraba ubicada en L’Hospitalet de Llobregat, pero disponía de un despacho en la Ronda d’Universitat con fachada modernista muy trabajada en hierro forjado, actualmente conservada, aunque apenas perceptible a causa de las múltiples sombrillas que tiene delante de ella.

 

Al menos inicialmente, Casa Escofet nació sin pretender compararse con el mosaico Nolla, si bien es cierto que, con  el tiempo, acabaría tomando terreno. No obstante, también es verdad que en todo momento quiso dar un valor añadido a sus trabajos que el Nolla por aquel momento no tenía: el hecho de que los dibujos estuviesen imprimidos sobre la misma baldosa y tener un director artístico tras todo el proceso de fabricación, Joan Castañé, que se adaptase a los nuevos gustos y refinamientos de la época creando innovadores interiores pensados para el enriquecimiento de esa burguesía que se estaba instalando en el nuevo Eixample.

Hasta los años 70 del siglo XIX, el pavimento era meramente funcional y la calidez procedía de las alfombras de invierno y verano, así que la Casa Escofet, del mismo modo que otras casas de baldosas, supo colaborar en este proceso que se fue dando en la sociedad del momento con el cual los pavimentos empezaban a adquirir los valores que antes aportaban los recubrimientos textiles y a ser valorados por sus aspectos formales y cualitativos.

 

Sus fundadores fueron Jaume Escofet y Teòtim Fortuny y lo hicieron en 1886 con un bagaje profesional adquirido previamente en sus trabajos en la casa Orsolà i Solà, donde conocieron la industria del mosaico hidráulico. No obstante, también viajaron a Francia, de donde recibirían todos los materiales y el cemento necesarios para desarrollar su actividad.

El crecimiento de la empresa fue rápido. De este modo, su primer catálogo de diseños para baldosas se creó al año siguiente, en 1887, gracias al trabajo de Alexandre de Riquer y Josep Pascó y en 1888 participaron en la Exposición Universal, momento en el cual se añadió un tercer socio que permitiría que en 1891 abriesen fábrica en Madrid y en 1895 en Sevilla y se adentrasen a otros mercados, tanto nacionales como internacionales, entre los cuales se hallaba América Latina.

Además de su rápido crecimiento, sin embargo, lo que caracterizó a la Casa Escofet, como hemos indicado, fueron los múltiples artistas de renombre que trabajaron en ella. Es por ello que sus catálogos adquieren un valor especial y se convierten en verdaderas obras de arte. El más destacado de ellos es quizá el de 1900, el Àlbum Catalech nº6, muy rico artísticamente hablando y una excepción en todos los aspectos, tanto desde el punto de vista del formato como en el de los modelos que se presentan en él, pues se trata de un catálogo elaborado para un fin muy especial, su presentación en la Exposición Universal de París de 1900.

De este modo, se caracteriza por ser un catálogo muy delicado, con una encuadernación de piel, obra de Josep Pascó e ilustración interior de J. Fabré i Oliver. Se publicó en tres idiomas (castellano, catalán y francés) e incluía 32 mosaicos diferentes, desde renovadores a más clásicos o inspirados en los del pasado, con el fin de llegar a todos los gustos. Los mosaicos, de hecho, están organizados por épocas, aquellas épocas que mediante el mosaico se quieren sugerir, es por ello que algunos hacen referencia a estilos concretos (neo-medieval, Renacimiento, modernista, pompeyano, estilo Luis XV…). Otros no remiten a ningún estilo concreto pero nos muestran un regusto japonizante o más de tipo esteticista.

Fotografías extraídas del libro de Jordi Griset

 

¿Entre los artistas diseñadores de estos mosaicos? Josep Pascó, J. Mario López, Enric Moyà (exlibrista discípulo de Alexandre de Riquer), Martín Almiñana y Josep Vilaseca, Carles Pellicer, Jeroni F. Granell, Alexandre de Riquer, Lluís Domènech i Montaner, Antoni Gallissà (hablamos de él en la Casa Roura), Tomàs Moragas i Torras, Josep Puig i Cadafalch y Josep Font i Gumà o Antoni Rigalt, entre otros.

Como podéis apreciar, no se escatimó en recursos y no sólo se escogieron los mejores artistas del momento, sino que también se fabricaron mosaicos con un grado de complejidad más elevado al del resto de catálogos.

Todos ellos nos muestran la implantación del nuevo estilo modernista como algo propio y reconocido, como algo moderno e innovador, y lo hacen a distintos precios (desde 7 pesetas a 25 pesetas el metro cuadrado) con el objetivo de poder llegar también a todos los presupuestos.

Podéis consultar dicho catálogo en la Biblioteca del MNAC. De todos modos, todos los catálogos se engloban también en el libro que os comentaba al inicio de este apartado, La Casa Escofet. Mosaics per als interiors. 1886, 1900, 1916, escrito por Maribel Rosselló.

Otra lectura que os recomiendo sobre el tema es la separata de un capítulo de la tesis de licenciatura presentada por Teresa Navas i Ferrer, dirigida per la Dra. Mireia Freixa, La Casa Escofet de mosaic hidràulic (1886-1936), que podéis consultar en la Biblioteca de Catalunya y en la cual la autora realiza una exhaustiva descripción de cada uno de los catálogos de la empresa.

 

Finalmente, destacar que tal fue su labor que incluso personajes del momento la elogiaron. Éste es el caso de Alexandre de Riquer, quien le dedicó las siguientes palabras en el número 13 (10 de mayo de 1900, p.205) de la revista Joventut: periòdich catalanista, art, ciència, literatura, del cual era director artístico:

 

El Panot

Antes de finalizar esta entrada, no podemos obviar otro tipo de baldosa que podemos hallar en muchos lugares de nuestra ciudad y que, de hecho, observamos cada día en nuestras distintas rutinas, puesto que cubren gran parte de las aceras de Barcelona (tenemos 4,2 millones de metros cuadrados de aceras pavimentadas con este material).

Se trata de los panots, esas baldosas ranuradas con relieve ideales para exteriores, especialmente teniendo en cuenta su económica fabricación y mantenimiento y su calidad antideslizante y evacuadora del agua de la lluvia.

Una vez más, el crecimiento de L’Eixample coincidió con el desarrollo de este tipo de pavimento, así que no es de extrañar que se utilizase tan ampliamente. Su primera aplicación, no obstante, la encontramos en un interior, en la Casa Amatller de Josep Puig i Cadafalch.

 

Otro modelo muy destacado es el que hemos mencionado ya en esta entrada, diseño de Antoni Gaudí para la Casa Batlló, a pesar de que, por problemas con los plazos de la fabricación, se acabase implementando en la Casa Milà. En 1990, estos panots se instalaron en el Passeig de Gràcia.

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No se les considera un mosaico hidráulico como tal, pero sí utilizan los mismos materiales y procesos de fabricación que los hidráulicos. La gran diferencia, no obstante, recae en el hecho de que en los panots sólo existe una sola capa, el gros, compuesta de cemento portland y arena y con un grosor de entre 2 y 4 cms una vez prensada. Al no incluir la capa fina superior de los hidráulicos, presentan un acabado más rugoso y son de color gris, debido al color del propio cemento.

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Marca de fábrica de la Casa Escofet que podemos encontrar todavía en algunas aceras de nuestra ciudad

 

Y, dicho esto… ¡os propongo un nuevo juego antes de finalizar la entrada! ¿Os habéis fijado alguna vez en cuántos diseños de panot nos encontramos cada día cuando transitamos por L’Eixample? ¡Algunos de ellos, incluso, se encuentran colocados en una misma acera sin ningún tipo de orden ni concierto!  😉

 

Y, con ello, finalizamos esta entrada, una publicación que nos ha llevado de lo macro a lo micro, del pavimento de la fábrica Can Manyer de Vilassar de Dalt a Barcelona, del conjunto al diseño más particular de este tipo de baldosas que, si bien es cierto que las tenemos por doquier, nos acostumbran a pasar muy desapercibidas.

Así que… ¡a agudizar la vista!  😉

 

Para más información:

Vilassar Turisme   vilassarturisme.cat

 

Bibliografía:

Griset, Jordi, L’Art del mosaic hidràulic a Catalunya, Barcelona: Editorial Viena y Ajuntament de Barcelona, 2015

Rosselló, Maribel, La Casa Escofet. Mosaics per als interiors. 1886, 1900, 1916, Barcelona: Escofet, 2009

Separata de un capítulo de la tesis de licenciatura presentada por Teresa Navas i Ferrer y dirigida por la Dra. Mireia Freixa, sobre el tema “La Casa Escofet de mosaic hidràulic (1886-1936)” (1986)

2 comments

  • Lundy Wilder  

    I have enjoyed your article. I have had a passion for cement tile (mosaicos hydraulicos) for a long time. I started Villa Lagoon Tile here in the USA because I wanted this type of tile for a house I was building for myself. I think it is wonderful that the City of Barcelona is letting people document the tiles that they find in old places all over the city. And I love the fact that when an old home is split up into apartments in Barcelona they often leave all the old floors as they are even if they do not line up with the new walls. I have traveled many places to see their cement tiles, …Mexico, Dominican Republic, Morocco, Cambodia, Vietnam, Costa Rica, Spain, Cuba and headed to Europe again this May. So keep up the good work and thanks for showing the photos of the library and the seated woman. I have never seen a portrait style cement tile installation before ! Lundy

    • La Bcn Que Me Gusta  

      Thank you very much for your words and comment! 🙂
      The world of cement tiles is amazing! We really are very proud of it in Barcelona, it is one of our elements of identity!
      I wish you all the best in your way inside this wonderful world and in your different trips in order to know more about it!
      Best regards, Alba.

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