Cata de aceites con Mas Montseny y Orolíquido

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Raíces y modernidad cogidas de la mano… ¡por suerte aún existen personajes de nuestra realidad que se dedican a ello y agentes que apuestan por ellos!

Éste es el caso, precisamente, de los dos protagonistas que conocimos la semana pasada en una cata de aceite muy especial: Mas Montseny, productores de aceite desde hace siete generaciones pero adaptándose también, gracias a los esfuerzos de la última generación, capitaneada por Roger Catà, a las nuevas tendencias necesarias también en el sector, y Orolíquido, una pequeña tienda del Barri Gòtic que se dedica a encontrar estos productores, a apostar por ellos y promocionarlos en su espacio de la calle de la Palla.

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Como algunos ya sabéis, no es la primera vez que nos acercamos al mundo de la producción de aceite en La Bcn Que Me Gusta, pues hace ya bastante tiempo pudimos disfrutar de una cata de aceite en Margalef, zona de aceites también por excelencia, en la masía de Priordei. Podéis encontrar la entrada que publicamos en su momento aquí. No obstante, a pesar de que se trate de un sector que cada vez toma más relevancia, equiparándose al del vino o las cervezas, es algo que, al menos a mí, me es por completo desconocido, motivo por el cual cualquier evento de esta tipología me es de lo más enriquecedora. Por suerte, poco a poco, vamos también adentrándonos a él.  🙂

La cata de aceites, como hemos indicado, se llevó a cabo en la misma tienda de Orolíquido y tuvo la peculiaridad de que en ella, además de degustar dos de las creaciones de Mas Montseny, el Padrí y Oli Mare, así como también un chocolate muy especial que incluye aceite en su composición, se presentó en primicia un nuevo aceite muy especial para Mas Montseny, pues ha recibido en la Fira de l’Oli de les Borges Blanques el Premio a Mejor Frutado Verde Fira de l’Oli de Catalunya 2018, el aceite Premium.

En el encuentro, además, disfrutamos de la explicaciones y compañía de Roger Catà, última generación de Mas Montseny y creador de Premium; Xavier Ruzafa, uno de los propietarios de Orolíquido, oleocultor y productor también de aceites en una pequeña masía de Navàs (Bages); Ana Segovia, segunda propietaria de Orolíquido y, en realidad, la primera en llevar a cabo el proyecto; y Nil Bartolozzi, diseñador y artista de las etiquetas de los aceites que catamos, uno de los cuales, Oli Mare, ha recibido, incluso, el Premio Liderpack como Mejor Packaging en la categoría de alimentos dentro de feria Graphispag, la cual se lleva a cabo a nivel estatal y en la que participan grandes empresas como Danone, Vichy o Cacaolat, entre otras, algo que, como es de esperar, les llena todavía de más satisfacción.

 

Orolíquido

Antes de proseguir con la cata, sin embargo, me gustaría hablaros un poco sobre todo esos agentes que fueron protagonistas de la misma. El primero de ellos no podía ser otro que el contenedor, Orolíquido, esa pequeña tienda que ha apostado por todos estos pequeños productores excelentes de Aceite de Oliva Virgen Extra, entre los cuales se encuentra el mencionado Mas Montseny.

 

Ubicada en el Barri Gòtic, si bien es cierto que a primera vista nos podría parecer una tienda pensada para un público turista que busca productos de calidad para aproximarse a la cultura catalana, si entramos en ella y hablamos con Xavier y Ana, nos damos cuenta de que sus objetivos van mucho más allá y que, en realidad, apuestan por calidad, sí, pero por esa calidad excelente creada en lugares excelentes, es decir, en la tierra (encontramos tanto aceites catalanes como del resto del estado) y con una ardua labor tras ellos basada en el esfuerzo y los valores tradicionales. Además, también apuestan siempre por jóvenes productores, con iniciativa e ideas frescas.

Fundada en 2005, se puede considerar con todas sus letras la primera oleoteca de Barcelona y en ella podemos encontrar todas las denominaciones de origen de España (podéis encontrarlas aquí), así como también algunas marcas de aceites nacionales y de la cuenca del Mediterráneo que, como ellos mismos nos explicaron, representan las variedades más especiales y los mejores productos del conjunto.

En Orolíquido, por otro lado, podemos encontrar también derivados del aceite, tales como productos de cosmética natural patés. También podemos hallar entre sus estantes otros productos naturales, relacionados con el aceite aunque no sean propiamente derivados de él, como sería la sal de Ibiza.

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¿Sus protagonistas? Xavier Ruzafa y Ana Segovia, quienes, con mucho trabajo y dedicación, recorren las mejores ferias y eventos para seleccionar sólo aquellos aceites de oliva virgen extra de gran calidad. Tales son sus conocimientos en la materia que, incluso, en el caso de Xavier Ruzafa, encontramos una producción propia de aceite de oliva, Oliveres del Cardener The Booc (The Barcelona Olive Oil Company).

Finalmente, destacar que, a petición, también realizan catas de aceites, siempre guiadas por su oleocultor, Xavier Ruzafa. Éstas se llevan a cabo en la planta inferior, en la Zona de Catas, un área donde también se organizan presentaciones de nuevos productos y conferencias ligadas a la cultura del aceite y nuestros vínculos, mediante nuestra cultura mediterránea, con ella.

 

Mas Montseny

Roger Catà, ingeniero agrónomo, es la última generación de una larga tradición de productores de aceite de oliva de la provincia de Tarragona, de El Morell (cerca de Reus). Como hemos indicado, es también uno de los responsables que, con sus nuevas ideas, frescas y jóvenes, así como también la profesionalización de esta larga tradición, ha conseguido mejorar aspectos que han llevado a la excelencia a la casa.

No obstante, obviamente, la tradición corre en sus venas y prueba de ello es la larga historia que hay detrás de él, algo que tienen siempre muy presente tanto él como sus creaciones (prueba de ello es el etiquetaje de algunas de las botellas que catamos, pues todas ellas hacen referencia a esta pasado, tal y como explicaremos un poco más adelante en esta misma entrada).

Según nos cuentan (podéis encontrar la historia al completo aquí), Mas Montseny se inicia en el siglo XIX cuando la primera saga de los Catà llega a la masía de El Morell como masovers. No será hasta la tercera generación que podrán comprar la masía, en la cual viven y trabajan actualmente, pero lo harán con ilusión y trabajo hasta nuestros días.

En cuanto a molineros, en Mas Montseny encontramos ya la cuarta generación con su molino ecológico de más de 77 años aunque, obviamente, con maquinaria moderna y actualizada. Fue el bisabuelo, Josep Catà Sendrós, quien inició esta rama del negocio junto a 6 masías más (Mas de Sant Ramon, Mas de la Cansalada, Mas de la Pegalós, Mas de Cavaller, Mas de Santamaria, La Torre de Fàbregas y Mas Montseny) con las que se llevará a cabo un trabajo conjunto en forma de agrupación.

Como dato orientador, destacar que, actualmente, la producción es de un millón aproximadamente de kilos de oliva. Si queréis conocer su producción e, in situ, el lugar donde se lleva a cabo toda esta actividad, Mas Montseny dispone también de visitas guiadas a sus instalaciones. Tenéis más información aquí.

Finalmente, destacar que disponen también de una tienda online donde comprar sus productos, si bien es cierto que en la tienda Orolíquido también los encontraréis.

 

La cata

Una vez hechas estas dos pequeñas matizaciones y conocidos los dos protagonistas de la entrada, ya podemos proseguir con la cata como tal, guiada, como hemos indicado al inicio de la entrada, por Xavier Ruzafa y Roger Catà. Se trató de una cata muy especial, pues incluía los tres aceites más destacados de Mas Montseny, aquellos que por cuya singularidad Orolíquido también apostó.

 

¿El primero de ellos? El premiado y protagonista del encuentro, Premium.

Para ello, antes de todo, cabía dar un poco de calor al contenido mediante las manos para, así, potenciar sus cualidades. Una vez hecho, tras el paso de oler su contenido, ya pasamos a la cata como tal, con ese peculiar sonido al sorberlo que ya destacamos en nuestra primera cata en Margalef y que nos permite percibir mejor el aceite.

Un aceite fresco y equilibrado es lo que pudimos encontrar en nuestra primera cata; con un picor justo, producido por la altas cualidades de la arbequina aún verde (cabe tener en cuenta que el aceite es un ente vivo y, como tal, conforme madura, conforme envejece, pierde también sus cualidades, de ahí también que la entrada al molino sea tan rápida para evitar su oxidación), que nos traslada al prototipo de este tipo de oliva por excelencia. Los amargos y dulces también estaban por completo equilibrados, encontrando un gran sabor pero para nada desagradable.

¿La manzana? Primordial para limpiarnos la boca entre cata y cata.

 

El segundo aceite fue el Padrí, como indica su nombre, un pequeño homenaje a los sabios y mayores de la casa, pues, de hecho, se trata de un aceite elaborado a partir de olivos centenarios que, como nuestros padrinos, han visto pasar de todo a su alrededor. La selección para su producción se ha realizado a partir de las cosechas de distintos payeses de Tarragona, Reus y Valls, todas ellas llevadas a cabo el mismo día por tal de no perder ningún tipo de propiedad y tener unos frutos más o menos igualados.

En este caso, se trata de un aceite, también de oliva arbequina, más mantequilloso y con menos picor respecto al anterior (los antioxidantes son, precisamente, los que provocan el picor en nuestra garganta, es decir, que la falta por completo de picor supone también una falta de grasa vegetal y, por tanto, que nos encontremos ante un mal aceite o, incluso, por completo refinado).

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Finalmente, probamos el Oli Mare, la carta de presentación de Mas Montseny a Orolíquido y aceite que provocó que tanto Xavier como Ana apostasen por ellos, especialmente a partir de ese toque especial que contenía. Esta característica distinta, el sabor final que nos queda tras su cata, se debe al tipo de filtraje del aceite, no realizado mediante placas de papel como habitualmente se hace.

La proporción de oliva arbosana (variedad catalana de L’Arboç que actualmente se está recuperando) que contiene también colabora en este cambio en su percepción. Dicha oliva se recoge un par de meses antes que en situación habitual, en el mes de octubre, lo que hace que esté verde y, por tanto, que no se pierdan sus propiedades. Si bien es cierto que recoger la oliva muy verde supone una pérdida en rentabilidad, Mas Montseny asume dicho coste para conseguir, así, un aceite muy singular. El hecho de que sea tan verde también supone una gran potenciación de los beneficios del aceite. Por otro lado, destacar que su batido es más alto que en los casos habituales, así como también su temperatura, más baja.

Su sabor es como almendrado y, dado que se trata de una plantación joven, también menos intenso que en los casos anteriores, siendo más fino en boca y, por tanto, también ideal para aquellos y aquellas que no estamos muy acostumbrados a aceites de sabores muy intensos, aquellos que acostumbran a concursar en los grandes eventos pero que no son, sin embargo, los que agradan habitualmente al público general.

Es también muy clorofílica, de ahí que visualmente también la percibamos más verde que en el caso de los dos aceites anteriores.

En la cata, además de aprender todos aquellos elementos propios del mundo del aceite, pudimos conocer también un último elemento que ya se daba en el caso de los vinos pero que, poco a poco, se va implantando también en el de los aceites, el diseño de su etiquetaje. En este caso, conocimos a Nil Bartolozzi, diseñador y artista, además de un gran amigo de Roger Catà, que ha acompañado a Mas Montseny en esta aventura.

 

Una de las innovaciones que llevaron a cabo, especialmente en el caso de Oli Mare y el Padrí, es el diseño de una botella opaca, algo que no se acostumbra a realizar en este mundo pero que es primordial para evitar el envejecimiento del aceite y, así, también conseguir un mejor mantenimiento y conservación.

Sus etiquetas narran esa historia de Mas Montseny que destacábamos en unas líneas anteriores; la historia del aceite pero también de la masía y de sus tres generaciones como molineros. Además, encontramos en ella también esos agentes tan necesarios en la gestación del aceite, los coleópteros, los pequeños insectos, entre ellos las abejas, que hacen posible el aceite. Todo ello, además, especialmente en el caso de Oli Mare, con una imagen bucólica del Camp de Tarragona, el entorno que ha visto crecer el aceite y la familia de Mas Montseny.

Un etiquetaje, pues, que hace referencia al pasado, de donde viene Mas Montseny, pero también a todos esos elementos que lo hacen posible. Por todo ello, como hemos dicho antes, consiguieron ser premiados con el Premio Liderpack en la categoría de Mejor Packaging.

Por lo que respecta a Premium, se priorizó la pureza y la mínima expresión, vinculándose con el aceite que contiene, así como también la trayectoria romana que el propio aceite lleva en su producción tradicional.

En definitiva, en los tres casos se jugó con la idea de arte y el arte que supone también la propia elaboración del aceite, en cómo lo dos artes se encuentran estrechamente ligados y conviven conjuntamente.

Finalmente, pudimos disfrutar de un último producto que, nuevamente, nos remitió a esos postres tradicionales, al chocolate, aceite y sal de toda la vida. Se trata del nuevo chocolate que Mas Montseny ha elaborado y que contiene, de una manera muy bien equilibrada y maridada, un 55% de cacao puro ecológico de República Dominicana y un 5% de aceite de Oli Mare.

Realmente, su sabor y textura crujiente nos sorprendieron a todos los asistentes pues, con este porcentaje, parecía que el cacao casi no se tuviese que percibir. Así pues, el aceite (tanto el propio del chocolate como el que se le roció con un poco de sal de Ibiza) realmente hizo su trabajo e incrementó su sabor.

 

La última sorpresa de la tarde fue el agua de Vichy que acompañó la parte final de la cata; tres distintas variedades de agua que también nos fascinaron a todos por sus toques frescos. La primera de ellas se trata de una edición limitada con un etiquetaje también muy especial; la segunda, una gama de vinos espumosos suaves ideales para los encuentros de verano; y, finalmente, las aguas aromatizadas, las que más me gustaron, con sabores de naranja, menta y limón.

 

Como conclusión, sólo destacar cómo esta cata supuso un aprendizaje para todos y todas de lo más interesante, no sólo porque nos adentró en un tema bastante desconocido para muchos y muchas, sino también porque nos abrió todo un mundo de lo más interesante, un mundo vinculado con nuestra cultura y tradiciones pero también con la nueva manera de entender la gastronomía de nuestros tiempos. En definitiva… ¡se trató de un evento de lo más enriquecer!

 

Para más información:

Orolíquido c/Palla, 8   oroliquido.es

Mas Montseny   www.masmontseny.com

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