¿Conocemos la Catedral de Barcelona?

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Hace apenas un par de meses, se publicó en distintos periódicos (aquí os dejo el artículo de El Periódico) sobre algunas novedades que habían surgido de las últimas investigaciones llevadas a cabo en la Catedral de Barcelona, una construcción que tan conocida la tenemos que la desconocemos por completo.

Porque… ¿Os habíais parado a pensar alguna vez en cómo era la antigua catedral gótica sin su actual fachada neogótica? ¿Y en la catedral románica? ¿Y la peleocristiana? Dejando de lado muchos de los elementos actuales que, a pesar de verlos en cada una de nuestras visitas, nos pasan por completo desapercibidos. Y es que la Catedral de Barcelona es quizá una de las construcciones más desconocidas para los barceloneses y barcelonesas. Es por ello que me gustaría hablaros un poco de ella en esta entrada, a pesar de que se trate de un edificio tan presente en nuestro día a día.

Para ello, me gustaría apoyarme en algunas de las ideas que se expusieron en el IV Congreso de Basíliques Històriques de Barcelona, organizadas por la Facultat Antoni Gaudí y dedicadas a la Catedral antes de la Catedral, es decir, a todo lo que, poco a poco, vamos descubriendo a partir de las evidencias arqueológicas y documentales del pasado del actual edificio (recordemos que el año pasado asistimos al congreso dedicado a la Basílica de Sant Just i Sant Pastor, una basílica muy vinculada a la Catedral por las funciones episcopales que en determinados momentos de la historia acogió y cuyas entradas podéis encontrar aquí y aquí).

Da la casualidad de que estas jornadas tuvieron lugar el día de la Santa Cruz, una de las advocaciones de nuestra Catedral, y coincidiendo con los 50 años de la inauguración de su archivo.

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Además de la historia de la Catedral, en estas jornadas pudimos conocer también todos aquellos objetos de procedencia romana que se hallan, armónicamente y en perfecta sintonía con los elementos góticos y barrocos, en el interior de la Catedral y en los cuales muchas veces no reparamos, como serían el caso de su cátedra (junto a la de Girona, del siglo XI, la de Aquilea, Santa María de Granada y San Giorgio Maggiore de Nápoles, podría ser una de las más antiguas conservadas con sus 6 placas de mármol romanas reutilizadas) o de los capiteles que sostienen la mesa de altar (incluyen una cavidad para las reliquias, un reconditorio, con una lipsanoteca o pequeño contenedor en su interior con un pergamino que nos explica de quién son las reliquias, en este caso de la Beata Santa Eulàlia).

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Pero recapitulemos un poco…

Si nos dejamos llevar por los datos documentales conservados, encontramos unas primeras referencias a la Catedral en el siglo IV, en un libro semejante al Liber Pontificalis, ese gran libro que nos detalla cada uno de los Papas que han pasado por el cargo a lo largo de la historia, pero mencionando la sucesión de obispos que pasaron por la cátedra de Barcelona, entre los cuales encontramos Sant Pacià (s.IV) y, más concretamente, sus esfuerzos por erradicar la Fiesta del Ciervo, de raíz pagana.

Tiempo más tarde, ya en el siglo IX, volvemos a tener datos destacados, el descubrimiento de los restos de Santa Eulàlia fuera murallas, en la zona de la antigua Santa María de las Arenas, actual Santa María del Mar. Es a partir de este hecho que en el siglo X la Catedral adquirirá doble titularidad, es decir, que estará dedicada tanto a la Santa Cruz como a Santa Eulàlia, trasladada a la confessio de la Catedral, una especie de cripta ya existente en época románica que se recuperaría en la Catedral gótica elevando un poco el presbiterio. En su interior, también se venerarían los restos de los santos Pacià y Oleguer.

Otros documentos conservados hacen referencia a la donación recibida para la restauración de las destrozas por Almansur, a la consagración de la Catedral románica en 1058 o a la construcción de la catedral gótica, cuyos libros de obra se conservan casi en su totalidad, entre tantos otros documentos de épocas posteriores. En definitiva, en los archivos de la Catedral encontramos todo de información que ha podido ser contrastada mediante la arqueología para comprobar su veracidad. Las primeras excavaciones tuvieron lugar en 1879 con August Font, en motivo de la construcción del nuevo cimborrio. De este modo, además de conocer la resistencia de sus cimientos, éstas nos permitieron descubrir restos de la basílica románica mediante una puerta abocinada que apareció en el proceso de excavación.

Posteriormente, ya en 1945, se llevó a cabo unas excavaciones desde la calle dels Comtes que permitieron conocer las columnas paleocristianas. En los años 60 se continuó con unos trabajos bastante complejos, puesto que supusieron excavar en mina, es decir, desde las propias entrañas, conociendo como resultado parte de sus muros de cierre y el baptisterio del siglo IV, mientras que, en los años 70 y 90, se retomó los estudios, siendo a partir de estos últimos que se reescribiría la historia de la construcción, permitiéndonos conocer, incluso, que anteriormente a la basílica paloeocristiana existía una domus romana en el lugar que acabaría desapareciendo en el siglo V.

Es decir, que la Catedral de Barcelona tiene una historia que, ya sea mediante la documentación conservada o las excavaciones arqueológicas realizadas, se remonta mucho más allá de la actual catedral gótica; una historia que llega a la Barcelona románica, pero también paleocristiana; que conserva muchas incógnitas, pero que, poco a poco, éstas también van siendo descifradas.

Actualmente, Julia Beltrán de Heredia es quien está al cargo de los estudios arqueológicos que se están llevando a cabo en la Catedral de Barcelona, entre ellos algunos realmente punteros que incluyen técnicas de última generación, como sería el georradar que permitió conocer el perímetro de la antigua basílica románica, de la mano de Gerardo Boto y Màrius Vendrell, tal y como se mencionaba en el artículo que os he citado al inicio de esta entrada y conocimos también en el IV Congreso de Basíliques Històriques de Barcelona.

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La Catedral románica

La Catedral paleocristiana, dada su antigüedad, es quizá la etapa más desconocida de la actual catedral, si bien es cierto que el baptisterio paleocristiano ha llegado a nuestros días (del mismo modo que el de la Basílica de Sant Just), así como también algún que otro elemento.

De la catedral románica quizá sabemos algo más, motivo por el cual me gustaría mencionárosla en esta entrada, con el fin de que os permita también conocer un poco mejor el actual templo. Y es que, según los estudios arqueológicos realizados, la Catedral gótica seguiría la orientación de la antigua catedral románica, consagrada en 1058. Como vemos en la planta que os añado, sin embargo, ésta sería de dimensiones más pequeñas a la actual y, además de la mencionada confessio, incluiría una galilea o westwerk, un cuerpo en la zona occidental procedente de la tradición carolingia y compuesto de dos niveles: un atrio y un piso superior habilitado para acoger reliquias de tipo cristológico, es decir, aquellas que conmemoran la muerte y resurrección de Cristo.

En cuanto a planta, ésta se asemejaría bastante al paradigma de la arquitectura románica catalana por excelencia, a Sant Vicenç de Cardona. Su altar se encontraba dedicado a la Santa Creu, mientras que las capillas laterales lo estarían a Santa María y Santa Coloma.

La catedral románica se puede actualmente visitar, al menos parcialmente, desde el recorrido del MUHBA.

Posible planta románica en el interior de la actual gótica

 

El actual cimborrio, localizado fuera de lugar, es decir, no en el crucero, sería un recuerdo de esa antigua galilea, una monumentalización de un elemento que dejaba de existir a partir de la construcción gótica.

El cimborrio de Barcelona fue un modelo a seguir; prueba de ello es que el maestro de obras de la Catedral de Valencia viniese a Barcelona a tomar notas de la construcción.

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La aguja de dicho cimborrio es del siglo XIX, a pesar de que su base sea de época gótica. En el momento de levantarla, se llevaron a cabo unas excavaciones para verificar si los fundamentos eran suficientemente estables para sujetarla. Es en este momento que apareció una puerta abocinada de mármol reaprovechado y que haría pensar en una especie de atrio similar al que aún se conserva en Sant Vicenç de Cardona y que en este segundo ejemplo tendría una función funeraria.

La función del atrio de la Catedral no dispararía, pues, a la de ese paradigma de la arquitectura románica, único edificio del momento que ha mantenido esta galilea (en este caso, incluía los sepulcros de los vizcondes y unos altares que no se llegaron nunca a instalar y que la documentación nos explica que se usaban para lanzar barquillos o neules a los más pequeños para Corpus). Prueba de ello es que, además de las reliquias cristológicas (la Vera Cruz y la Santa Espina), se conservasen en el interior de la Catedral de Barcelona dos sarcófagos de dos condes catalanes, reaprovechados de época antigua. Uno de ellos, el romano, se conserva actualmente en el Museu Arqueològic de Catalunya y se caracteriza por sus motivos de caza (ha sido descrito por un sinfín de viajeros, como Alexandre de Laborde o Isidoro Bosarte), mientras que el segundo sería paleocristiano y actualmente se hallaría en Alella, en la residencia de uno de sus propietarios posteriores, Lluís Desplà, quien lo adquiriría para decorar el patio de la Casa de l’Ardiaca (hablamos de ello en la entrada que dedicamos a la Pietat Desplà), satisfaciendo, así, sus intereses humanistas y coleccionistas.

Sepulcros en el patio de la Casa de l’Ardiaca según las acuarelas de Adolphe Hedwige Alphonse Delamare (1827)

 

Se ha barajado la posibilidad de que estos condes fuesen Ramon Berenguer I y Almodis, promotores de la catedral románica, aunque también se ha hablado, por las inscripciones epigráficas que se conservan en los sepulcros, que podrían ser Ramon Borrell (1017) y la condesa Sanxa (1026). Actualmente, no obstante, dadas las nuevas ubicaciones de los sepulcros antiguos, los cuerpos de los condes se encuentran en un costado del altar en sepulcros de madera.

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La devoción al Santo Sepulcro era bastante usual en Catalunya. De hecho, era casi obligada la peregrinación a Tierra Santa para visitar este lugar tan destacado de la Cristiandad. Es por este motivo que conservamos nombres de personajes importantes de la época como peregrinos al Santo Sepulcro, como serían Arnau Mir de Tost (1072), el mencionado Sant Oleguer (1125) o Arnau Ermegol (1143). Todos ellos traerían reliquias.

Algunos de estos personajes crearían templos destinados a la adoración del Santo Sepulcro, como serían los de la Seu d’Urgell (1045), Olèrdola (1061), la Catedral (1067), Palera (1086), Vic (1104) o Girona (1106). En todos los casos, las reliquias se hallaban en la parte de occidente del templo y sobre un atrio, que en cierta manera reproducía esos westwerk del mundo carolingio que comentábamos y en cuya parte inferior habría un lugar de entierro privilegiado y en la superior distintos altares asociados a estas prestigiosas reliquias.

 

La Catedral gótica

Ya en el siglo XIV, y en cierta medida como efecto imitador de lo que sucedía en Girona, a su vez influenciada por Narbona, Barcelona decidió substituir su antigua catedral románica por una más adaptada a los nuevos preceptos góticos. De este modo, se pasó de la románica a la gótica de manera paulatina y, conforme se iba construyendo la nueva nave, se iba destruyendo la vieja, observando un desnivel entre los dos tipos de construcción que sería cubierto con una gran tela de vela para evitar dejarla al descubierto y, así, no interrumpir el culto de su interior. Los muros de la románica, de hecho, se usaban como andamio en muchas ocasiones.

Prueba de este complejo proceso constructivo es que el coro de Pere Sanglada, en el centro de la nave gótica, sufriese desperfectos en el momento de la demolición de la antigua nave románica, del mismo modo que también ocurrió con los conductos que llevaban el agua al vecino palacio real, en ese momento bajo gobierno de Pere III.

 

Las actuales capillas góticas corresponden a las mismas advocaciones que las capillas románicas. Un ejemplo es la mencionada capilla del Santo Sepulcro, creada a partir de las reliquias traídas desde Tierra Santa por Sant Oleguer, aquellas que se usaron ya en la consagración del altar de la catedral románica. Cada una de estas capillas es una promoción de un obispo, gremio o noble distinto. Los Cabrera, por ejemplo, conservan el escudo en su correspondiente capilla, mientras que otros nos han dejado, incluso, su sepulcro.

Un ejemplo magnífico de estos sepulcros es el de Ramon d’Escales, obispo de Barcelona, en la Capilla de los Santos Inocentes. Su escultor fue Antoni Canet quien, con alabastro de Beuda, realizó estos llorantes del seguicio funerario completamente individualizados, siguiendo las influencias de los sepulcros de los Duques de Borgoña (el sepulcro de los reyes de Navarra en la Catedral de Pamplona también iría por esta línea). Observamos también en él la voluntad de crear un rostro convincente en el retrato del difunto.

 

Otra capilla es la de Santa Clara y Santa Caterina (actual capilla de Sant Cosme i Sant Damià), las santas predilectas, junto a Santa Eulàlia (el culto cívico por excelencia), Santa Ágata y Santa Llúcia, entre otras, de Sança Ximenis de Cabrera, procedente de la reconocida y poderosa (cercana al poder real) familia Ximenis de Cabrera. Esta dama siempre estuvo muy vinculada a la promoción del arte, especialmente a raíz de sus contactos con la corte de Borgoña, con Juan sin Miedo. Su sepulcro es obra de Pere Oller y en él observamos la presencia también de llorantes, aunque en este caso bajo una dimensión femenina, puesto que van acompañados de mujeres que leen para encomendar su alma a Dios.

Las cartas escritas por Sança Ximenis de Cabrera se conservan. En ellas, como señora feudal que era, se muestra parte de la política del momento a partir de un punto de vista femenino.

 

¡Pasemos a la planta! La Catedral de Barcelona es una construcción de planta plenamente gótica con sus 3 naves, cabecera poligonal, deambulatorio de bóvedas de crucería y capillas radiales y capillas integradas en los contrafuertes. Es decir, que no tiene transepto como tal, a pesar de la colocación de puertas en sus laterales y de la existencia de dos campanarios, no presentes en la planta que os añado un poco más abajo. Un modelo, pues, genuinamente meridional, que podemos encontrar en otras iglesias como la de Santa María del Pi o Santa María del Mar. La Catedral de Narbona, aquella que desencadenó la construcción de la de Girona y la de Barcelona, tendría el mismo tipo de planta.

Su ritmo interno se vertebra a partir de dos capillas por tramo, a diferencia del deambulatorio, donde cada tramo incluye sólo una capilla.

 

No obstante, hubo un corte de obra que, a pesar de conservar la planta original, supuso un cierto cambio estilístico, algo que podemos ver desde su exterior claramente. Es decir, que si nos fijamos, especialmente desde la calle dels Comtes, observaremos, que el diseño de las claraboyas de sus ventanas es distinto a partir de cierto punto, a la par que se deja en un momento dado de realizar la cornisa. Este hecho sería indicativo de este corte de obra.

Es por este corte de obra que la catedral se alargó en el tiempo. Otro problema con el cual se encontró la construcción de la nueva catedral es con la proximidad de las murallas y los terrenos del Rey, con el cual tenemos documentado un conflicto derivado de la necesidad de solares.

La existencia del cimborrio a los pies de la nave, algo que sólo encontramos en Vallbona de les Monges, también supuso un cierto replanteamiento en la parte final de la planta, pues supuso que los tramos se tuviesen que ir haciendo más amplios con el fin de acabar construyendo unos arcos también más grandes y sólidos para sostenerlo, aparte de que el cimborrio necesitaba una planta cuadrada para poder crecer.

 

¿Y sus maestros de obras? ¡Los tenemos todos documentados! En la puerta del transepto de la misma calle dels Comtes, una lauda nos muestra el inicio de las obras, el 1298. Asimismo, tenemos documentado un contrato con Jaume Fabre de 1317, maestro de obras que accedería a trabajar en la Catedral a cambio de que le dejasen compaginar las tareas con las de la Catedral de Mallorca, obra que también dirigía. Esto nos muestra que el equipo era más complejo de lo que podríamos imaginar, es decir, que además de un maestro de obras, también debería de haber una especie de aparejador actual que se encargase de la construcción de Barcelona mientras Jaume Fabre estaba en Mallorca y viceversa.

Su sucesor sería Bernat Roca, ingeniero hidráulico que perlongaría la nave más allá del transepto, replanteando el alzado, y también se encargaría del claustro (1358-1388). Posteriormente, vendría Arnau Bargués, maestro de obras más destacado de su momento, al mando, por ejemplo, de la fachada de la Casa de la Ciutat y del palacio del Rei Martí en Poblet. Sería él el que se encargaría del cimborrio (inacabado), de la fachada a partir de las instrucciones del Mestre Carlí (inacabada) y de la Sala Capitular, una construcción de planta centralizada con una magnífica bóveda estrellada. Ya en el Barroco, esta capilla incluiría el sepulcro de Sant Oleguer y se convertiría en la actual Capilla de Sant Oleguer o del Santíssim Sacrament, caracterizada también por su Cristo de Lepanto y cuya entrada principal pasaría de ubicarse en el claustro a la propia nave, a partir de las obras de Fra Josep de la Concepció.

Es decir, que gracias a los distintos contratos y libros de obra, conservamos toda esta información primordial para conocer el pasado de nuestra catedral.

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Algunos problemas… Nuestra catedral, a pesar de incorporar maestros de obras de gran calidad, tiene defectos, problemas constructivos que no fueron corregidos por nadie y que se alejan de los preceptos del Gótico como tal. Le falta iluminación y esto se debe a la galería de capillas que comporta que la entrada de luz esté demasiado alejada de la nave central.

La multiplicación de capillas fue necesaria para poder tener una sostenibilidad económica y proseguir con la construcción. De este modo, a partir de los espacios habilitados al culto particular de aristócratas, gremios, cofradías, etc. se ingresaba una cantidad económica fija cada cierto tiempo (cada una tiene su santo particular y sacerdote beneficiado). No obstante, esto comportó también problemas y es que, debido a esta creación de espacios privativos, que invadieron incluso el segundo piso del templo, se dificultó el paso de la luz a la nave central. Por su lado, las tribunas y los triforios también colaborarían en este alejamiento de la luz.

La Catedral de Barcelona, pues, sería un edificio ambicioso y complejo, pero relativamente fallido ante esta falta de luz que destacábamos. Contrariamente, Santa María del Mar supondría la mejora de todo lo no logrado en la Catedral de Barcelona.

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El coro

El coro es uno de los elementos que más nos sorprenden cuando entramos en la Catedral, pues no sólo nos rompe esa visión del altar que sí tenemos en otras iglesias, sino que en realidad lo que hace es trasladarnos a la catedral gótica como tal, puesto que recordemos que ésta es, realmente, la visión que tendría la sociedad del momento; es actualmente, debido a los cambios que supuso el Barroco y las pérdidas durante la Guerra Civil, que observamos los altares desde la entrada.

 

Como hemos indicado, el coro es una obra de Pere Sanglada que se vio afectada por la demolición de parte de la nave románica durante el proceso de construcción de la nave gótica. Es por ello que encontramos en él un segundo nombre, el de Macià Bonafè, autor también de los coros de Santa María del Mar y Santa María del Pi, entre otros. La documentación, una vez más, nos ha conservado datos realmente interesantes, como los equipos que trabajaron en éste o los gastos de Sanglada, como su viaje a Flandes para ver ejemplos y comprar madera de roble de Flandes (en realidad procedía de los países bálticos, pero la hemos acabado conociendo por el nombre desde donde se embarcaba hacia el Mediterráneo, como también ocurre con otros productos como, por ejemplo, el vino de Oporto).

Que la madera sea de Flandes nos muestra el prestigio de la obra en su momento, puesto que se trata de una madera muy cotizada, a diferencia de la de pino, más propia de nuestra zona.

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Los doseles y pináculos son de Miquel Lluc o Lochner, el mismo que se encargó de la Piedad de la puerta de mismo nombre que encontramos en la parte trasera de la catedral (el original se encuentra en el Museo).

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Por su lado, el trascoro, con todo el conjunto escultórico que nos explica el martirio de Santa Eulàlia, es obra de Bartolomé Ordóñez, comisionada por Lluís Desplà.

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Joan de Burgunya se encargaría de la decoración pictórica de las sillerías del coro. Junto a Bartolomé Ordóñez, éste es ya un artista del siglo XVI, momento en el cual la Catedral y su correspondiente coro fueron protagonistas de un gran evento, el capítulo de la orden del Toisson d’Or, cuyo 500º aniversario, precisamente, celebramos este año.

En cada uno de los puestos de la sillería, cuyas misericordias (lugar en el cual se podía reposar mientras las sillas estaban cerradas y los asistentes de pie) son realmente divertidas y entrañables, Joan de Burgunya pintó el escudo de cada uno de los asistentes.

Entre los más distinguidos caballeros de la Orden, tenía que haberse encontrado Maximiliano I de Austria, fallecido recientemente, de ahí que, finalmente, asistiese su nieto, un joven Carlos V, futuro rey de la Corona Hispánica.

 

La cripta

El sepulcro de Santa Eulàlia es uno de los elementos más sofisticados que tenemos en la Catedral de Barcelona. Localizado en la cripta, se trata de una pieza realizada por un italiano, Lupo di Francesco (habría hecho también los laterales de esa cátedra que destacábamos en el inicio de la entrada), documentado en el taller de los Pisano (de hecho, el sepulcro de Santa Eulàlia tiene ciertas similitudes con el sepulcro de Santo Domingo de Guzmán de Nicola Pisano en Bologna), de ahí que, además de su estética italiana, incorpore elementos como serían el personaje de su base, perfectamente comparable con un Hércules por su piel de león.

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Levantado por pilares, el sepulcro permitía llevar a cabo una práctica pagana absorbida por la Iglesia, la práctica “dels Tombs” e, incluso, de la Incuvatio, que facilitaba a los fieles la posibilidad de pasar por debajo del sepulcro o dormir junto a él, respectivamente, para beneficiarse de los poderes curativos de la Santa. Actualmente, observamos que los pilares de más imposibilitan esta práctica. Esto se debe a una modificación que se llevó a cabo tras un deterioro que tuvo lugar durante el traslado de la pieza.

El sepulcro de Santa Eulàlia se realizó entre 1327 y 1329 y conocemos, a través de la crónica de Pere el Cerimoniós, que se llevó a cabo una solemne procesión para restablecer los restos de la Santa en la cripta, lugar del cual habían salido momentáneamente mientras se habilitaba el espacio para acogerlos definitivamente (recordemos que éstos habían llegado desde Santa María de las Arenas, actual Santa María del Mar, y que ya se conservaban en la confessio de la catedral románica anteriormente a todo este proceso).

Entre los más ilustres invitados a la procesión, se encontraba Elisenda de Montcada, la reina viuda, última esposa de Jaume II, que bajó desde el Monestir de Pedralbes para tal evento.

 

En los laterales, se nos narra la historia de Santa Eulàlia, sus martirios y crucifixión en el culi (cruz en forma de aspa), en la cual nevó de manera milagrosa con el fin de cubrir su cuerpo desnudo. El efecto de la nieve también lo podemos percibir en su correspondiente grabado. En la parte de atrás del sepulcro, se nos explica la invención de la reliquia, es decir, su encuentro, en Santa María de las Arenas.

Finalmente, observamos que la tapa del sepulcro es de un estilo distinto al del resto del conjunto. Esto se debe a que fue un añadido posterior, seguramente por problemas que hubo en el traslado. En él, a partir de imágenes, leemos toda la historia del traslado de los restos de la patrona desde Santa María del Mar. Y es que los escultores italianos, a diferencia de los que nos llegaron desde Francia, actuaban y marchaban, no se quedaban en Catalunya, de ahí que esta tapa sea distinta al resto de piezas del sepulcro. Aún así, el lenguaje de Lupo di Francesco caló y a partir de este momento observamos una escultura en Catalunya más expresionista y con elementos más personales.

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El sepulcro anterior es de origen romano, de mármol de Carrara, es decir, que se engloba en este conjunto de piezas reutilizadas que destacábamos. Se trata de una urna con capiteles de tipo bizantino (una imitación local quizá) que se usó en la translatio de Santa Eulàlia desde Santa María del Mar. Se compone de tres piezas, la más interesante de las cuales, puesto que nos muestra otra manera de acercarse a la reliquia, es una placa de mármol con agujero que permitía acceder a la reliquia mediante el contacto. De este modo, los fieles introducían en el agujero una pieza de ropa, el brandeum, y aceite para obtener los poderes de la reliquia. Se trata de un ritual muy usual que se usaba en distintos lugares, como serían San Félix de Nola en Cimitile, en San Vittorino en l’Aquila o en Marsella, donde se ha encontrado, incluso, un complejo dispositivo de tumba doble con un conducto de plomo con entrada y salida de dicho aceite.

Una segunda placa nos explica mediante su inscripción el encuentro de la Santa.

Los restos de Santa Eulàlia se encontraron, casualmente, con posterioridad al Concilio del año 867, en el cual se recomendaba la necesidad de encontrar reliquias de un santo local.

 

La construcción que alberga todo este conjunto se caracteriza por su bóveda casi plana, una solución audaz, no fácil de realizar, y que incluye una llave de bóveda con la Virgen María y el Niño Jesús, quien ofrece la corona a Santa Eulàlia.

Como muchos sabéis, una vez al año, en motivo del Día de Santa Eulàlia (12 de febrero), se abre la cripta y se puede acceder a ella. Podéis encontrar más información en la entrada que realizamos en La Bcn Que Me Gusta.

 

El claustro

Actualmente, encontramos un claustro gótico, una reminiscencia de lo que fue antaño, puesto que en el siglo XIV éste ya no tenía razón de ser, debido a la no existencia ya de canónica, es decir, de vida comuna (la secularizacón de su comunidad suponía que los canónigos viviesen en el Barri dels Canonges y viniesen sólo a la Catedral para los correspondientes oficios; la Catedral de Pamplona fue la última en hacer este paso). De hecho, si nos fijamos, observamos que la fuente no se encuentra al lado de ningún refectorio, del mismo modo que el claustro no vertebra ninguna dependencia, simplemente es un corredor con capillas a su alrededor. La sala capitular no tiene tampoco ningún sentido en la construcción.

Es decir, que el claustro gótico, el que podemos encontrar actualmente en nuestra visita, en realidad es un recuerdo del románico; se ha construido por inercia, del mismo modo que ocurre con el cimborrio, no ubicado en la intersección entre la nave principal y el transepto, sino como recuerdo de esa antigua galilea de la construcción románica, tal y como hemos observado antes.

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La capilla de Santa Llúcia tiene entrada desde el claustro, a pesar de que se trataba de una capilla perteneciente al conjunto episcopal, no a la Catedral (el claustro era más pequeño antiguamente, de ahí que no se encontrase inicialmente integrada en éste). En realidad, estaba dedicada a las 11.000 vírgenes (hablamos de ellas en la entrada que dedicamos al Castell de Santa Florentina, puesto que Santa Florentina era también una de estas 11.000 vírgenes capitaneadas por Santa Úrsula de Colonia).

A pesar de su aspecto románico (presenta una bóveda de cañón apuntada), se trata de una iglesia que se construyó en paralelo a la Catedral de Burgos, de ahí que no se desmontase con la construcción del nuevo claustro, puesto que en realidad estaba casi recién construida. Es decir, que se trata de una capilla fuera de moda, anacrónica por así decirlo. De hecho, su puerta exterior nos muestra esta transición del románico al gótico (aunque también se puede entender como las antiguas fórmulas repetidas y repetidas por falta de conocimiento de la nueva técnica procedente de Francia), aunque la actual es una reconstrucción tras los desperfectos causados por el bombardeo de 1842.

Se trata de una promoción de Arnau de Gurb, obispo de la Catedral, cuyo sepulcro se conserva en el interior de la capilla. En el año 1257 compró los terrenos y en 1258 ya se lleva a cabo una primera misa.

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El osario de la familia de Santa Coloma, dentro de un sepulcro de alabastro con costra de vidrio opaco con aplique, un elemento de clara influencia francesa (la Sainte-Chapelle de París también está trabajada con esta técnica que nos ha dejado otras aplicaciones en Catalunya como el sepulcro de Sant Narcís en Girona), también se encuentra en el interior de la capilla.

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La fachada neogótica

En el siglo XV se abre la plaza de delante de la Catedral. Sin embargo, la catedral gótica, del mismo modo que ocurrió con otras catedrales góticas catalanas (podéis recordar la de Manresa aquí) y a pesar de que su proyecto fuese en paralelo al de la apertura de la plaza, no vio nunca su fachada acabada. La fachada actual, pues, es neogótica, un añadido del siglo XIX realizado a partir de concurso y del modelo de 1408 del Mestre Carlí (Carles Galtés de Rouen) como pauta a seguir, cuyo dibujo se conservaba en el Arxiu de la Catedral.

Una litografía de Francisco Javier Parcerisa en “Recuerdos y bellezas de España”, así nos lo muestra, del mismo modo que esta fotografía conservada en el Arxiu Fotogràfic de Barcelona.

Fachada antigua de la Catedral de Barcelona

 

De la fachada de la Catedral de Barcelona ya hablamos en la entrada que dedicamos a esa Barcelona desestimada, realizada a partir de la publicación de Carme Grandas, así que mucho no me extenderé. Sólo mencionar que la fachada neogótica fue un proyecto promocionado por Manuel Girona, banquero y empresario que sufragaría sus costes, dada la falta de financiación por parte del Estado y el propio capítulo de la Catedral.

El proyecto, finalmente, se llevaría a cabo por un grupo de arquitectos: August Font y Josep Oriol Mestres, ayudados por Elies Rogent, Joan Torras y Josep Artigas.

 

Otros elementos a visitar:

1)La pila bautismal, ubicada en la primera capilla a la izquierda conforme entramos a la Catedral, responde a un gusto de forma, es decir, al interés del comitente. Se trata de una pila hecha de mármol de Carrara, traído expresamente desde Italia; una maravilla cuyo diseño es realmente novedoso para el momento. Julià Nofre, escultor florentino discípulo de Ghiberti, sería su artífice.

Podéis encontrar más sobre su trabajo en la Catedral de Barcelona y la renovación plástica que realizó en ella en este artículo de Joan Valero Molina.

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La antigua pila bautismal, la de la catedral románica, se encuentra expuesta en el Museo. Ésta tiene claras reminiscencias romanas, es decir, que se trata de una pila conformada por una pieza cuadrilobulada tallada en una cornisa romana de mármol del Proconneso (Grecia) procedente, seguramente, de algún friso de la Antigüedad (conserva aún algunos fragmentos decorados). Su pedestal sería de piedra de Montjuïc.

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En la misma capilla bautismal, encontramos una vidriera de Gil de Fontanet con diseño de Bartolomé Bermejo. Su tema es el Noli me tangere (no me toques o déjame ir), el momento en el cual Cristo dirige estas palabras a María Magdalena tras su resurrección, cuando ésta lo reconoce vestido de hortelano, según nos explica el Evangelio según San Juan.

 

2) La Tribuna de Martí l’Humà en la parte superior del altar es también un elemento sobre el cual prestar atención. Martí l’Humà era rey muy devoto (quería, incluso, convertir la corte en una gran canónica), del cual conocemos todos sus asesores espirituales, quienes le recomendaban en más de una ocasión que no era necesario que lo fuese tanto para ser buen rey. De hecho, conocemos una anécdota alrededor de este aspecto que nos indica su fuerte sentimiento cristiano, la petición de su hermano, Joan el Caçador, de no explicar a Martí la llegada de unas reliquias de los Santos Inocentes desde Venecia.

Es por ello que, además de un palacio en Poblet para poder participar como oyente a los oficios que se realizaban en el monasterio en Cuaresma, se hizo construir una pasarela que unía el palacio con la Catedral (desde fuera, observamos la puerta) y una tribuna para poder tener contacto ocular con el altar mayor.

Puerta que unía el Palau Reial Major con la Catedral

 

Actualmente, sólo han quedado señales de su existencia, pero conocemos cómo era su interior, decorado con arrimaderos de cerámica mudéjar de Valencia.

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Espacio que acogía la tribuna en el altar

 

3) Retablo de la Transfiguración de Bernat Martorell (1445-1452), un retablo magnífico, compartimentado, que nos explica distintas escenas de la vida pública de Cristo, a la par que sus escenarios nos remontan a esa Barcelona del siglo XV.

 

4) Puerta románica en el claustro que podría tratarse de la antigua portalada románica. Otros elementos románicos que se conservan en el interior de la nave, como sus ventanas de medio punto, serían elementos reaprovechados de la construcción del Bisbe Gurb, quien también actuaría en el interior de la catedral, además de en la capilla de Santa Llúcia, como hemos visto.

 

5) Sepulcro de Sant Ramon de Penyafort, un sepulcro traído desde el Convento de Santa Caterina, cuya peculiaridad recaía en el hecho de que incluyese una fenestella para poner la cabeza en su interior, puesto que se le adjudicaba el poder de curación del daño de cabeza.

Observamos que está realizado con alabastro y piedra negra, una combinación muy propia de Francia y Castilla. No obstante, hay que centrarse también en otro elemento, en su cabeza de mármol de Carrara, estudiada por aquellos que se dedican a la Antigüedad. Y es que, dado que la cabeza original se perdió en algún momento del traslado, la gótica fue substituida por otra de procedencia romana. La cabeza actual, pues, es de época romana, mientras que el sepulcro es del siglo XIII.

Por su aspecto y el detalle en las arrugas de la frente, por ejemplo, podría tratarse de una cabeza llegada de fuera, puesto que aquí no teníamos esta tendencia en el retrato.

Artículo “Un romano en la catedral” de Joan Bassegoda en La Vanguardia, 2 de marzo 1973, p.50

 

En definitiva, nuestra Catedral esconde un sinfín de historias y elementos destacados e interesantes de conocer y visitar; elementos góticos, los propios que vinculamos con ella, pero también romanos y románicos, algo que aún sorprende más. En esta entrada he obviado los más recientes, como serían las pinturas de la Nueva Sala Capitular, barrocas y de Pau Prim, en cuyo interior se conserva el Missal de Santa Eulàlia y la fantástica Pietat Desplà de Bartolomé Bermejo, o las esculturas de Llimona en el claustro.

Esto quizá ya queda para otra entrada… ¡o, si os animáis, para que los descubráis vosotros y vosotras mismos!  😉

 

Para más información:

Catedral de Barcelona     catedralbcn.org

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