El sepulcro de Joan d’Aragó y la Catedral de Tarragona

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Hoy… ¡nos desplazamos a Tarragona! Pero no para conocer su pasado clásico, por el cual habitualmente la conocemos, además de por los Castellers (podéis consultar la entrada que ya dedicamos en su momento al gran evento, el Concurs de Castells, que cada dos años tiene lugar, aquí), sino para acercarnos a una pieza muy destacada que encontramos en el interior de su Catedral.

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Se trata del sepulcro de Joan d’Aragó, ubicado en una posición de prestigio, bajo el brazo de Santa Tecla y en el altar mayor, invadiendo el espacio presbiterial y litúrgico, algo que no se permitía hacer a cualquiera. Esto nos muestra que se trata de un sepulcro de destacada relevancia, así como también una pieza realmente delicada y exquisita, cosa que pudimos conocer de primera mano a partir de la ponencia de la Doctora Francesca Español, organizada, dentro de sus “Conferències davant l’obra”, por Catalonia Sacra, este proyecto conformado por los 10 obispados catalanes que nos permite acercarnos a ese patrimonio de raíz religiosa a partir de las actividades, conferencias y visitas que organiza.

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¿Quién era Joan d’Aragó?

Una inscripción bajo el sepulcro nos indica que Joan d’Aragó hizo milagros… Es decir, que con este delicado sepulcro que podemos encontrar en la Catedral de Tarragona, se le quería consolidar como personaje merecedor de la santidad, algo que se intentó pero que, finalmente, no fue posible, y objetivo que explicaría su ubicación en el altar mayor. Y es que Joan d’Aragó fue un gran beato, acogiendo con agrado los designios de su padre y realizando grandes esfuerzos para conseguir aquello que habían pensado para él.

Joan d’Aragó era un infante real, hijo de Jaume II y Blanca d’Anjou, quienes eligieron los mejores preceptores para la educación de sus hijos, así como también un futuro para ellos que fortaleciese la monarquía y sus relaciones. Es por ello que, además de las mejores alianzas matrimoniales, también destinaron dos de ellos, Blanca y Joan, a la vida religiosa, con el fin de obtener cierto control sobre el poder eclesiástico. Así, mientras que Blanca ingresaría en Sijena y llegaría a ser priora del monasterio, el cual convertiría en una segunda corte, a pesar de que ello acabó suponiendo también importantes gastos (es la época que se construye el palacio prioral, por ejemplo), Joan, dentro de la vida religiosa secular, acabaría obteniendo el cargo de arzobispo. De este modo, Joan fue trasladado ya de pequeño a Valencia, al sofisticado antiguo palacio musulmán, donde se le proveyó de los mejores libros eclesiásticos y una educación teologal exquisita.

No obstante, Joan no sólo se avino a los designios de su padre, sino que también se los tomó muy seriamente, de ahí que se intentase canonizar el infante tras su muerte. Y es que, a pesar de tener un estado de salud bastante débil, se sometía, por ejemplo, a penitencias corporales bastante duras, usando incluso el silicio, motivo por el cual tenemos documentada una carta del Rey pidiendo a su hijo que lo deje, puesto que no era necesario que se expusiese tanto con tan poco saludables prácticas.

Murió joven, a los 34 años, pero antes consiguió convertirse en ese recurso de dominio de su padre. De este modo, con tan sólo 10 años, ya era un integrante del estado eclesiástico y, a los 16, se intentó que fuese arzobispo de Toledo, algo que el Papa no concedió, dada la importancia del puesto y la juventud de Joan. Sin embargo, con el tiempo, no sólo acabaría alcanzando el deseado cargo, sino que también sería canciller de Castilla, prior de Montserrat, patriarca de Alejandría y arzobispo de Tarragona.

Según documentación de la época, Joan era reconocido como un hombre bien preparado y con buena oratoria. Un ejemplo de ello lo encontramos en Avignon, capital papal en ese momento. Es ahí donde adquirió la fama de buen predicador, la cual fue recordada, de hecho, en sus necrológicas. Sus sermones se conservan en Valencia y en ellos también podemos percibir esa buena preparación que destacábamos, ese conocimiento teológico que va más allá de ser simplemente el hijo del rey.

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Jaume II, cultivado en Sicilia, reino sofisticado y lleno de obras de gran riqueza, como sería la Capilla Palatina, entre tantas otras arquitecturas, tenía muy presente el valor del arte y su comitencia para la realeza, así como también en la construcción de la imagen de la monarquía a partir de éste, algo que los anteriores monarcas aragoneses, a pesar de que en otros reinos sí se practicaba (ejemplos pueden ser Alfonso X el Sabio en Castilla o Luís IX en Francia), no llevaban a la práctica. Jaume II, pues, enseñó a sus hijos esta importancia, motivo por el cual, aún y no conservarse un inventario de los bienes de Joan, sí sabemos que se vinculó con el arte mediante distintos objetos que fueron de su posesión, como serían distintos iconos de Bizancio, piezas de Limoges o un un San Agustín, su cómplice intelectual, de plata, o comisionando obras como el receptáculo para un fragmento de la Vera Cruz de Toledo, un Saltirio que actualmente se conserva en la Biblioteca de Catalunya, una Roca de Plata para Santa Tecla en Tarragona o una Biblia de 11 volúmenes, actualmente en París, para Scala Dei, donde financió también una cela en el claustro.

Su hermano, primogénito de la corona, Alfons el Benigne, sería quien, siguiendo esta concepción familiar del arte, procuraría un sepulcro a Joan tras su muerte. De este modo, conservamos una carta fechada el día siguiente de su muerte en la cual pide a los canónigos de la Catedral de Tarragona, de donde era arzobispo Joan en ese momento, comenzar el sepulcro.

Mientras no estuvo finalizado, sabemos que el cuerpo de Joan se hallaba en un enterramiento provisional, el mismo que su hermana Blanca, con la excusa de rezarle, robó clandestinamente con el fin de llevárselo a Sijena y enterrarse a su lado en un futuro. Así pues, con este hecho, ya divisamos esta voluntad de canonizarlo o al menos la visión de que Joan era algo más que su hermano. Se conserva una carta en la cual Alfons el Benigne se muestra escandalizado ante este hecho.

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El sepulcro

El sepulcro definitivo incluye todo un conjunto de elementos que sólo pueden ser ideados por un ideólogo, por un creador intelectual, además del escultor como tal. Éste podría ser, por un lado, el arzobispo Arnau Sescomtes, sucesor de Joan, y, por el otro, el Conde de Prades, Pere, hermano de Joan y Blanca y franciscano al quedarse viudo.

De este modo, se concibió intelectualmente una escenografía que acogiese el sepulcro, la cual pasaría por la voluntad de fusionar el cuerpo de Joan con el brazo de Santa Tecla, localizado en un receptáculo sobre el sepulcro, no sólo para beneficiarse de éste, con el fin de que la ascensión al cielo del alma fuese más rápida, sino también para poder también beatificarla. Es decir, que el sepulcro se preparó ideológicamente hablando para este proceso de futura beatificación.

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Es por ello que observamos que el arzobispo e infante se rodea de todo un conjunto de esculturas que le sirven de predecesores en este proceso de beatificación, es decir, de figuras de su familia que también fueron santas. El primero de ellos es Lluís de Tolosa o San Luís de Anjou, hermano de su madre y rey que renunció a su poder, el reinado de Nápoles, como heredero que era, para dedicarse a la vida religiosa. Por otro lado, encontramos Luís IX de Francia o San Luís de Francia y Santa Isabel de Hungría, cuyos parentescos procedían a partir de la esposa de Jaume II, Blanca de Anjou. Además, los santos patrones de Tarragona, Sant Fructuós y Santa Tecla, también los acompañan.

Esta reivindicación de los santos de la familia es lo que se conoce como Beata Stirps, a la cual, con este sepulcro, se pretendía que Joan d’Aragó también perteneciese.

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¿Su material? El mármol, en su momento conocido como piedra elegante. Concretamente, se trata de un mármol reaprovechado de todos aquellos objetos y construcciones de la antigua Tarraco romana, del mismo modo que también se hizo con el claustro de la Catedral de Tarragona, completamente construido con dicho material.

¿Su escultor? Pues por ahora desconocido pero, según la Doctora Francesca Español, tras su estudio de cada uno de los elementos del sepulcro y maneras de trabajarlos, podría tratarse de Pere de Guines. Es sólo una propuesta, una hipótesis, pero que durante la ponencia fue defendida ampliamente a partir del planteamiento de distintos argumentos a su favor.

Hay que tener en cuenta que el mármol requiere una técnica de trabajo específica que no siempre era conocida por cualquier escultor, menos en nuestro territorio, donde el mármol no abundaba de la misma manera que sí lo hace, por ejemplo, en Italia. Esto, pues, conlleva que se puedan reducir los márgenes que delimitan la selección, siendo Pere de Guines, conocedor de la técnica del mármol, una de las opciones que más números tiene de ser autora del sepulcro, aunque hay quien se ha decantado por atribuirlo a un seguidor de Tino de Camaíno.

Pere de Guines es un escultor procedente de la costa atlántica de Francia que podría haber llegado al Reino de Aragón dentro de un grupo de franceses que fue entrando progresivamente a la Europa meridional durante el siglo XIV. La mano de obra local no era de gran calidad, no disponíamos de gran talento, motivo por el cual, si no hubiese sido por este grupo de franceses, Catalunya aún estaría construyendo y esculpiendo bajo los parámetros del Románico; fueron ellos, pues, los que aportaron aires frescos y nuevos y es gracias a este grupo de escultores también que la generación posterior fue realmente brillante.

Pere de Guines lo tenemos documentado en Mallorca y Tarragona, en ocasiones en colaboración con Jaume Cascalls y, en otras, contratado, incluso, por Pere el Cerimoniós, quien le encargaría también, por ejemplo, el sepulcro del padre, Alfons el Benigne, enterrado en el convento de los franciscanos de Lleida. De hecho, esta última obra nos permite conocer que era un escultor capaz de trabajar tanto con mármol como con piedra ya que, tras hacer llegar los materiales desde la Pedrera del Lorito en Tarragona, por mar y los ríos Ebro y Segre hasta Lleida, algo de gran complejidad, el Rey le pidió un cambio a mármol, teniendo que adaptar el proyecto al nuevo material, algo que supo hacer a la perfección.

¿En cuanto a sus rasgos italianizantes? La Doctora Francesca Español defiende que, a pesar de ser francés, el sur de Francia era un escenario también idóneo para adquirir influencias italianizantes, lo que supone que su apellido francés no tenga que ser un problema a la hora de atribuir el sepulcro de Tarragona, repleto de elementos que también podemos hallar en Nápoles, junto a los propios de la tradición francesa que también se perciben, a Pere de Guines.

¿Algunos de estos elementos que nos vinculan con Pere de Guines según la Doctora Francesca Española? La barba incipiente del rostro de Joan, las cejas con todas sus correspondientes vellosidades, la voluntad de detalles que heredará Pere Saguer (uno de sus seguidores), la presencia de elementos muy minuciosos y sofisticados, como los camafeos romanos, muy valorados en época medieval, y las piedras preciosas en la mitra y el anillo episcopal…

 

Imagen de la elevación del alma o elevatio animae del difunto a los Cielos:

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En definitiva, todo ello conlleva una excelente ejecución tanto material como técnica que, acompañada de esta concepción intelectual que mencionábamos, supone que el sepulcro de Joan d’Aragó en Tarragona sea una pieza escultórica realmente magnífica, una de las más destacadas del gótico catalán y digna de ser analizada con atención durante nuestra visita a la Catedral de Tarragona.

 

Y tras la visita al sepulcro de Joan d’Aragó…

1) Frontal de Santa Tecla (siglo XII)

También en el altar mayor, justo al lado del sepulcro que nos ocupa, encontramos el único frontal de piedra de Catalunya. Concretamente, está realizado en mármol de Carrara, procedente también de la expolia de los monumentos romanos tarraconenses que comentábamos en el caso del sepulcro y el claustro de la Catedral.

Se trata de un frontal de altar de maestro desconocido, del llamado Mestre del Frontal de Santa Tecla, configurado a partir de una mandorla central y escenas a lado y lado de la vida de Santa Tecla. A pesar de hallarse en la Catalunya Nova, observamos en él importantes influencias de escultores contemporáneos cuyo ámbito de trabajo se encuentra en el Norte, como sería Ramon de Bianya, reconocido por  sus nimbos crucíferos, radiales, que también podemos observamos en este frontal, tanto en el personaje central como en la Dextera Domini.

El personaje central, dada su calvicie, podría tratarse de San Pablo, maestro de Santa Tecla, una santa oriental y joven virgen que, tras escuchar el discurso sobre la virginidad de San Pablo, decidió hacerse seguidora suya, aún y teniendo en cuenta que ello supondría la negación de sus padres y prometido, quienes querrían castigarla. Milagrosamente, una tormenta la salvó de morir en la hoguera, permitiéndola huir con Pablo a Pisidia, donde un noble querría nuevamente poseerla. Al negarse, fue duramente castigada a ser devorada por las bestias, las cuales no la quisieron herir, protegiéndola incluso de sus verdugos.

A los pies de San Pablo, arrodillada, observamos a Santa Tecla, recibiendo la dotación del evangelista, del mismo modo que éste la recibe de la Dextera Domini.

En las pequeñas escenas que rodean la imagen principal, podemos ver momentos de la vida de la mártir, como podrían ser San Pablo predicando y ella escuchando sus palabras desde casa, Santa Tecla conducida al verdugo y su correspondiente proceso de tortura y la elevatio animae, es decir, la subida a los Cielos de Santa Tecla. En todas ellas, observamos una gran sofisticación y tensión narrativa.

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Justo detrás, el retablo mayor (1426-1434) nos muestra más escenas de Santa Tecla. Se trata de una magnífica obra de Pere Joan en alabastro, aunque su estructura es de madera. Tenéis más información del retablo aquí.

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2) El claustro

El claustro de la Catedral de Tarragona, de finales del siglo XII – inicios del siglo XIII, es de los últimos claustros esculpidos catalanes y, a diferencia del de la Seu de Lleida (podéis encontrar aquí la entrada que le dedicamos), su estilo ya nos lleva al Gótico, es decir, que ya divisamos en él aspectos que nos desvinculan del Románico.

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¿Su peculiaridad? Su ritmo se vertebra a partir de tres arcadas dentro de un arco superior, a la par que sus decoraciones incluyen arcos lobulados y tracerías caladas en los pequeños rosetones que nos recuerdan al mundo musulmán y esa tradición islámica que se conservaba en el trabajo de la madera. Parte de las decoraciones de los capiteles también nos remite a los claustros cercanos de Santes Creus y Poblet, a los claustros del Císter, con su decoración abstracta con entrelazos y motivos vegetales.

 

Los capiteles narrativos son minoritarios, encontrando sólo algunos con narración dedicados, por ejemplo, al Banquete de Abraham, las Bodas de Canaán, la Vida Pública de Cristo (la prédica en el Templo o el Bautismo) o, más anecdóticamente, a mesarios o a la fábula del entierro del gato por las ratas, un tema muy usado en la marginalia de los manuscritos góticos. Al parecer, se trata de la historia de un gato, para el cual era imposible acabar con las ratas, que un día decidió hacerse el muerto con la finalidad de cogerlas desprevenidas. Las ratas, al ver que estaba muerto, decidieron llevarlo en procesión para enterrarlo, momento que el gato aprovechó para comérselas. Dice la leyenda que su propietario, un noble, decidió esculpir la historia en este capitel del claustro de Tarragona para que todo el mundo la conociese.

En todos ellos, encontramos el mismo trabajo minucioso que en el Frontal de Santa Tecla, lo que quizá los vincularía con el mismo taller.

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3) La Catedral

Y, una vez tratados algunos de sus elementos más destacados, ya podemos pasar a su contenedor, a la Catedral en sí misma. Como hemos indicado, se trata de una de las catedrales más destacadas de Catalunya, puesto que nos remite a esa antigua capitalidad, heredada de la antigua Tarraco y perdida con la invasión musulmana. De hecho, su ubicación se halla en el mismo lugar que el antiguo templo romano (el resto de uno de sus muros se puede visitar) y, a su vez, que la antigua mezquita.

Se trata, pues, de una de esas catedrales recuperadas por Ramon Berenguer IV, quien restauraría la sede episcopal (recordemos que existir ya existía pero en la distancia, en palabras actuales, en el exilio) y, más concretamente, su condición de catedral metropolitana que, por su antigua tradición, como la de Toledo, comporta que reciba actualmente la distinción de Catedral Metropolitana y Primada.

Se reinstauró bajo el patronazgo de Santa Tecla, de la cual aún no se tenía reliquia (llegó en 1321, gracias a la mediación de Jaume II, cuando se iniciaron las negociaciones diplomáticas necesarias para traer su brazo desde Armenia) y sus obras se iniciaron en 1160 aproximadamente. A pesar de que su cabecera ya estaba levantada en 1220 aprox., debido a un cambio de proyecto (lo percibimos en su altura, más elevada en la nave central que en su ábside, así como también en la falta de homogeneidad), que conllevó un paro en las obras, la Basílica no se finalizó hasta principios del siglo XIV.

 

La existencia de preconstrucciones romanas supuso que su claustro tuviese una ubicación especial, a la izquierda del conjunto, rompiendo con la tradición. Del mismo modo, observamos en su planta que su estructura no es simétrica, encontrando en falta una de las absidiolas, debido a su proximidad del claustro. Es decir, que debido a esas preexistencias, tanto las procedentes de la época antigua como el refectorio de los canónigos, observamos distintos problemas de encaje que dificultan la claridad de sus formas.

 

En cuanto a su nave, observamos ciertas similitudes con la de Lleida, especialmente en sus pilares, en la suma de cuatro caras iguales de dobles columnas que encontramos en ellos, a pesar de que escultóricamente sean más pobres que los de la capital ilerdense.

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Su órgano del siglo XVI, con puertas policromadas, es también una maravilla.

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4) La fachada

Finalmente, dado que es uno de los últimos elementos que se finalizó, a pesar de que sea lo primero que podemos observar durante nuestra visita a la Catedral, cabe mencionar su fachada, inacabada debido al inicio de la Peste de 1348, pero con un conjunto escultórico realmente fascinante, obra de Jaume Cascalls y Jordi de Déu. Se trata de una fachada en la cual, además, encontraríamos la presencia, especialmente en los arcos ciegos integrados en la parte escultórica, del Mestre Bartomeu, ese maestro documentado en Girona, ideador del sepulcro de Pere el Gran de Santes Creus y con quien entraría el gótico francés, de manera oficial, a Catalunya. Es decir, que la fachada de la Catedral de Tarragona incluiría un diseño por completo moderno, acorde con las nuevas tendencias que llegaban de Francia.

Sobre el portal lateral derecho, encontramos un sarcófago paleocristiano del siglo IV con escenas de las vida de Cristo, como serían la curación del ciego, la súplica de la mujer cananea, la curación del paralítico, la conversión de Zaqueo y la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.

 

La zona del tímpano, ciego y donde posteriormente se instalaría una claraboya, sería de Pere Moragues.

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Y así es como finalizamos esta visita a uno de los ejemplos más destacados de la Tarragona gótica, su Catedral, símbolo por excelencia de esa recuperación de la Catalunya Nova, por todo lo que conllevó históricamente su construcción y por el despliegue de esa imagen de poder, llegada con Jaume II desde Sicilia, que se consiguió aplicar en ella a partir del nuevo arte que entraría con fuerza a Catalunya de la mano de todos esos maestros procedentes de Francia, el Gótico.

Si queréis conocer más sobre la Catedral y sus distintos espacios, en la página web oficial de la Catedral de Tarragona tenéis más información.

 

Para más información:

Catedral de Tarragona   cdatarragona.net

Catalonia Sacra   www.cataloniasacra.cat

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