Gabriel Cualladó en La Pedrera

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Hace unos días, en La Bcn Que Me Gusta, hablamos de todas esas mujeres que, a pesar de su papel destacado en nuestra Historia, han sido invisibilizadas o nos han pasado desapercibidas por el simple hecho de ser mujeres.

Hoy, salvando las distancias, claro está, me gustaría hablaros de otra figura que, si bien es cierto que dentro de su sector ha sido reconocida y premiada, siendo un verdadero referente y un nombre de gran importancia dentro de la renovación de la fotografía española en la segunda mitad del siglo XX, fuera de éste ha pasado desapercibido e, incluso, algo desconocido.

Se trata de Gabriel Cualladó, fotógrafo valenciano que desarrolló gran parte de su trayectoria profesional en Madrid y que, por primera vez en la historia cultural de nuestra ciudad, es protagonista de una exposición monográfica en Barcelona. La entrada de hoy, pues, gira en torno de este figura capaz de tocar nuestra sensibilidad; un fotógrafo de obra muy humanista (donde no hay figura humana, hay restos de ella, es decir, que en su obra el interés por el ser humano recae en el simple hecho de serlo), que de la rutina consigue hacer poesía y de lo pequeño algo realmente grande.

La Pedrera, siguiendo su tradicional política de combinar exposiciones más de tipo pictórico o escultórico con fotográfico (recordemos que su última exposición estuvo dedicada al arte cinético y que la antepenúltima giró alrededor de la figura de Xavier Miserachs, sin olvidar la dedicada a la pintura del catalán Joan Ponç, entre tantas otras), nos deleita en esta ocasión con una nueva exposición temporal dedicada a este fotógrafo que ha tenido un papel tan destacado en la Historia de la Fotografía española, innovando tanto en técnica como en composición.

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Cualladó Essencial

Así es cómo se titula esta primera exposición en Barcelona dedicada al fotógrafo de manera individual (antes habíamos podido conocer su obra en exposiciones colectivas, motivo por el cual esta exposición se convierte en algo muy significativo y nos muestra, una vez más, el constante compromiso que la Fundació Catalunya La Pedrera tiene desde siempre con la Fotografía) y que podremos visitar hasta el 30 de junio.

¿Su comisario? Antonio Tabernero, fotógrafo miembro de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid y amigo de Gabriel Cualladó, así como también de otros fotógrafos de la Escuela de Madrid, que realizó una exhaustiva revisión de su obra mirando, escogiendo y clasificándola durante dos años, para ponerla en valor y destacar la importancia que tuvo en la historia de la fotografía española, en el arte fotográfico y el desarrollo de los fotógrafos contemporáneos y posteriores.

Lo que vemos en la fotografía de Cualladó es la substancia de nuestro propio olvido. Ninguna imagen está perdida pero todas están olvidadas, esperando que nos vuelvan, por medio de la manipulación de la fotografía, como porciones impersonales de eso que sabemos sin saberlo.

Antonio Tabernero, catálogo de la exposición

La muestra se compone de unas 170 fotos; algunas son copias de época y otras son posteriores, aunque realizadas también por el propio Cualladó, quien recuperó y revisó muchos negativos en los años 80, algunos de los cuales no habían estado antes positivados. Sea como sea, todas estas copias son únicas puesto que proceden de reencuadramientos que el propio fotógrafo realizaba a partir de los negativos.

La obra expuesta procede del Archivo de la Familia Cualladó (compuesto de más de 20.000 negativos), del IVAM (dado que ya dedicó una retrospectiva a Cualladó en 2003, la institución compró parte de su fondo), el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, la Fundació Foto Coletania, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y la Colección Mur.

La exposición, además, es fruto de una colaboración con la Comunidad de Madrid, motivo que explica que ya haya tenido su momento en la Sala Canal de Isabel II, sala de exposiciones que desde hace un tiempo ha asumido la responsabilidad de recuperar nombres fundamentales de la fotografía española como Toni Catany, Leopoldo Pomés o Nicolás Müller, algunos de los cuales hemos podido conocer también en La Pedrera. La institución, de hecho, dedicó una exposición también a Paco Gómez, gran amigo de Cualladó y miembro también de la Escuela de Madrid.

 

Si queréis conocer mejor la figura del fotógrafo y su papel en la exposición, disponéis de visitas guiadas gratuitas, incluidas en el precio de la entrada, los sábados a las 18h y los domingos a las 12h.

Como es habitual en la institución, la exposición dispone también de distintos recursos de accesibilidad.

 

 

Gabriel Cualladó (Valencia, 1925 – Madrid, 2003)

Gabriel Cualladó es un fotógrafo valenciano que se adentró a la fotografía de manera autodidacta. De hecho, consiguió ser un personaje realmente destacado en ella, aunque nunca lo reconoció, de ahí que se presentase siempre, incluso en su tarjeta de visita, como un fotógrafo amateur.

Sus amigos lo recuerdan siempre con su Leica de 35mm en la mano, ya preparada para cazar el momento, para realizar la foto de lo que estaba viendo en ese preciso instante y, por tanto, sin hacer posar nunca a sus retratados. Fue así cómo aprendería el arte de la fotografía, retratando su entorno más inmediato y destacando notablemente con ello, a pesar de que nunca llegase a ganarse la vida con dicha actividad. Y es que Cualladó, profesionalmente hablando, gestionaría siempre la empresa familiar de su tío Alfonso, una empresa de transportes de Madrid a la cual llegaría desde Valencia con 16 años. Tras la muerte de su tío, Cualladó se haría cargo de ella.

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Hemos mencionado la Leica de 35mm… No obstante, su primera cámara, aquella con la cual realmente se formaría, sería una Capta, adquirida a partir del nacimiento de su primer hijo, Gabriel. Sería con ella que nacería su afición.

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Autorretrato, una de las cosas más complejas para un fotógrafo puesto que supone representarse tal y como uno es.

Mi padre, Massanassa (Valencia, 1962) y Mi madre, Massanassa (Valencia, 1974), fotografías de los padres, a quienes ayudaba en la huerta de día mientras estudiaba de noche. Fuente: Catálogo de la exposición

 

Su obra

La obra de Gabriel Cualladó supone algo realmente singular en su época y contexto, no sólo por su vertiente poética, sino también por la extraordinaria libertad de expresión que hay tras ella.

Cualladó fue capaz de plasmar lo que veía con una gran sencillez natural, sin ningún tipo de artificiosidad. Capturaba el momento, motivo por el cual nunca creaba escenarios en sus composiciones, sino que simplemente lo hacía retratando lo que veía, es decir, capturando las cosas tal y cómo eran, no cómo las quería ver.

Uno de los elementos más característicos de su obra es el hecho de que siempre trabajase en blanco y negro y sin flash. Además, precisamente debido a esa naturalidad buscada, nunca manipulaba los resultados, aunque sí cabe destacar la oscuridad como algo muy reconocible de su fotografía, como elemento distintivo que conseguía a partir de la realización de copias en laboratorio, en el propio proceso de revelado. Éste es el único tipo de manipulación que aplicaba, esta acentuación de luces y sombras que le permitía crear atmósferas muy especiales y situaciones en las cuales los personajes se fundían con el entorno.

Es por ello que en la fotografía de Cualladó la oscuridad tiene la misma relevancia que la imagen, es decir, que, contrariamente a otros fotógrafos, ésta no existe sólo para destacarla, no se trata de sólo un recurso formal necesario para ocultar unas áreas a favor de otras, sino que también supone que la reducción del contenido icónico implique el afloramiento de otra realidad, oscura, que va más allá de las apariencias.

Mujer de Atocha (Madrid, 1957). Fuente: Catálogo de la exposición

 

Un buen ejemplo para entender esta manera de trabajar es la obra Niña peinándose (Madrid, 1958), una de mis favoritas en esta exposición, precisamente por todo lo que implica técnicamente y por el sentimiento que hay tras ella a partir de esta oscuridad que mencionábamos. Al parecer, el fotógrafo hizo 10 copias de esta fotografía a partir de su negativo, cada una de ellas con un tratamiento distinto en laboratorio. De este modo, como resultado y debido a su oscuridad, en algunas, incluso, no se veía ni qué hacía la niña, sólo se le reconocía el rostro. Finalmente, se quedó con la décima copia, que no dejaba de ser similar a la primera; todo este proceso, sin embargo, demuestra el grado de experimentación que hay en el trabajo del fotógrafo.

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Otro aspecto que hemos citado de manera rápida y que se encuentra presente en gran parte de las fotografías del protagonista de la entrada de hoy es la fusión de los personajes con el fondo, el modo en el cual la persona pasa a ser una mancha que se amolda a su contexto, así como también el constante ruido/falta de nitidez de sus creaciones.

Ejemplos de esta pérdida del sujeto en la materia serían la mencionada Mujer de Atocha (1957), pero también la Cervecería Alemana (1960), entre tantas otras que podemos encontrar en la muestra.

Fuente: Catálogo de la exposición

 

Cualladó sublima lo que es documental, de ahí que se le haya vinculado con el Neorrealismo italiano, pero también con la Nouvelle Vague, cine que acostumbraba a visualizar en los cines de Arte y Ensayo y que se caracterizaba por su alta naturalidad, filmando fuera de estudios y con luz natural, su contemporaneidad y sus cantos a la libertad. No obstante, cabe tener en cuenta que Cualladó nunca denunciará la realidad, sino que simplemente mostrará honestamente lo que ven sus ojos; este aspecto lo diferenciará de estos dos movimientos cinematográficos.

Gitanita, Sama de Langreo (Asturias, 1978). Fuente: Catálogo de la exposición

 

M’interessa que en el moment del retrat el personatge estigui tranquil, reposat, en perfecta harmonia amb tot el que l’envolta, que no percebi en absolut que hi ha una mena d’invasió en l’acte fotogràfic.

No intervinc en l’actitud dels subjectes que fotografio. És més aviat al revés: és la seva actitud allò que em dóna la clau de si la imatge m’interessa o no

 

Toda esta manera de entender la fotografía dará lugar a obras muy poéticas pero, sobre todo, intrínsecas y melancólicas.

Inquietuds estètiques, preocupacions socials, afany d’extreure de la vida mateixa la seva essència… tot el que tingui de poética i sigui capaç de fer-nos vibrar espiritualment.

La poesía és trista generalment.

Les meves fotos, diuen que respiren una profunda tristesa.

Influencia del meu carácter? És la vida autènticament…, malauradament, així? No ho sé.

Aquí teniu les meves obres.

 

Por otro lado, cabe mencionar que su formación y obra se desarrollaron a partir de lo que tenía más cerca, su familia y amigos, consiguiendo una fotografía realmente humana, que no deja indiferente a nadie, a la par que innovaba con las composiciones y encuadramientos, cuya visión más tradicional deconstruía. Así pues, su obra, en el fondo, no deja de ser un gran álbum familiar; aprendió con ellos y ellos son los protagonistas, no encontrando un tema como tal en sus fotografías. El tema es la vida, su propia vida.

Su hija, la única niña de cuatro hijos, sería la gran retratada, pero encontramos otras fotografías de amigos e hijos de amigos en su obra.

Niña de la rosa (Madrid, 1959), cuya copia se ubica en la colección del gobierno francés; Fifí, Arriondas (Asturias, 1959), Niña con Angelita (Madrid, 1960) y Niña en el camino, Sobrepiedra (Asturias, 1957). Fuente: Catálogo de la exposición

 

Encuadramientos arriesgados, atrevidos estéticamente y muy innovadores es lo que observaremos en su obra, además de constantes recursos de contraluz, espacios libres por detrás de los personajes en vez de por delante, cortes acentuados o personajes cortados. En definitiva, formalmente, observamos obras abiertas que dejan volar la imaginación y que, si bien es cierto que actualmente estamos muy acostumbrados a ellas, en su momento representaron una gran innovación, ya aplicada en el extranjero, pero por primera vez en nuestro país.

Señora con niño (Castilla, 1958). Fuente: Catálogo de la exposición

 

Por otro lado, hallamos interesantes desequilibrios en sus fotografías que a veces son formales (líneas, cortes abruptos), pero en otras conceptuales (momentos vacíos, irrelevancia temática). A pesar de ello, Cualladó es capaz de encontrar un equilibrio desequilibrado en el cual otros elementos que componen la imagen acaban haciendo ese papel aparentemente perdido.

Esta manera de trabajar era muy propia de Robert Frank, a pesar de que él reivindicará siempre sus semejanzas con la obra de Eugene Smith. Por otro lado, cabe señalar también la importancia que tuvo en su formación la exposición Family of Man, realizada en el MOMA de los 50. Esta exposición llegaría a Madrid y abriría los ojos a los fotógrafos españoles del momento.

Gladiolo, boda de Ramon Masats (Barcelona, 1959). Fuente: Catálogo de la exposición

 

Fonamentalment (el que intento captar en una fotografia són) sentiments, expressions i actituds, i ambients. Aquestes són les tres coses que per a mi són més importants.

 

Su papel en la fotografía española

Aparte de en su manera de trabajar y en esas composiciones tan innovadoras que destacábamos, Gabriel Cualladó se convierte en un referente de la fotografía española mediante su implicación en distintos colectivos de fotógrafos.

En primer lugar, lo hizo como cofundador del grupo La Palangana y, posteriormente, en la llamada Escuela de Madrid. También fue miembro de AFAL, un año después de ingresar en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, en 1957. Ese mismo año organizará una exposición colectiva con Paco Gómez, Rafael Romero y José Aguilar.

Se inició con una fotografía muy académica en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid; con un estilo muy pictorialista que apostaba por los bodegones y la imagen única.

Bodegón con racimo (Madrid, 1956). Fuente: Catálogo de la exposición

 

Gerardo Vielba, el presidente de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, sería siempre su gran amigo.

Gerardo Vielba, Real Sociedad Fotográfica (Madrid, 1979). Fuente: Catálogo de la exposición

 

No obstante, progresivamente, fue aplicando nuevas maneras de entender la fotografía que son las que realmente calaron en sus contemporáneos y seguidores. Cualladó era un hombre bien informado, tanto en cantidad como en calidad. Recibía habitualmente revistas, libros y catálogos. En este sentido, pues, podríamos afirmar que es uno de los primeros fotógrafos españoles que asumió la importancia de la formación, entendida no sólo como un deseo de beber de los clásicos, sino, sobre todo, como una voluntad de conexión consciente con todo lo que se movía en el exterior y la modernidad, cosa de una importancia extrema en un país herméticamente cerrado como era España en ese momento.

A su vez, Cualladó nunca fue partidario de la idea freudiana de matar al padre artísticamente hablando ni de hacer tabula rasa. Prueba de ello es también la colección fotográfica que fue creando, convirtiéndose en uno de los primeros coleccionistas de fotografía del Estado. Inicialmente, compraba fotografías siguiendo sus impulsos, pero con el tiempo se fue dejando asesorar.

Els meus gustos, les meves obsessions, s’hi veuen (en la colección) perfectament refrectits (…), la meva emprenta és evident – Entrevista en Nueva Revista núm 54, noviembre 1997

A partir de ello, observamos en su trabajo una clara voluntad de abandonar una forma de entender la fotografía con el fin de tomar un camino distinto y en consonancia con lo que ya se estaba haciendo en otros lugares. Una vez tomado este camino, nunca lo cambiaría, siempre seguiría en la misma línea y, por tanto, sería fiel a su propia obra. Así es cómo acabaría con la rigidez de la fotografía española, dando un mayor protagonismo a la figura humana, dejando el academicismo y adentrándose en su propio estilo. Como hemos indicado, La Palangana, un espacio de conversación en el cual trabajaría de 1959 a 1961, sería el primer grupo en el cual empezaría a aplicar y difundir estos cambios.

Según palabras de Carlos Cánovas, dado que cada generación fotográfica necesita su espacio y éste se tiene que conquistar casi siempre a costa de la generación anterior, contra la cual se tiene que rebelar tarde o temprano, Cualladó capitaneó, de alguna manera, desde finales de los años cincuenta, la rebelión contra un estado de cosas caduco y obsoleto.

La fotografía española se había paralizado en no sé qué época y se había negado a acompañar la Humanidad en su camino a través de los años.

Septiembre de 1957 en la revista Arte Fotográfico

 

A Espanya no hi havia pràcticament res més que els concursos organitzats per les agrupacions fotogràfiques. Enmig d’aquell desert, el 1956 va sorgir la Nueva Agrupación Fotográfica Almeriense (AFAL), en la qual ens vam reunir els qui compartíem l’obstinació que la fotografia avancés una mica. Part d’aquells fotògrafs que apostàvem pels mateixos criteris vam formar el 1959 el grup La Palangana (…) integràvem el grup Massats, Ontañón, Gómez, Cantero, Rubio Camín i jo mateix.

 

Por todo ello, además de participar en distintas bienales internacionales, fue reconocido con el Premio Nacional de Fotografía del Ministerio de Cultura de 1994. De hecho, fue el primero en la historia de la fotografía española en recibir dicha condecoración.

A nivel internacional, Popular Photography hablaría de Cualladó y, en 1959, una de sus fotografías, Xavier Miserachs, boda de Ramon Masats (Barcelona, 1959), sería premiada por la revista. Es a partir de ese momento que se le llamaría a distintos lugares europeos, como a Venecia o Ámsterdam en 1962, entre otros. Antes, su Mujer en la estación de Atocha ya había sido premiada por la Real Sociedad Fotográfica.

Xavier Miserachs, boda de Ramon Masats (Barcelona, 1959). Fuente: Catálogo de la exposición

 

A pesar de todos estos logros, reconocimientos y papel tan destacado en la evolución de la fotografía española, sobre su fotografía, él siempre hablaría de algo directo e intimista, rechazando la definición neorrealista y aceptando, a pesar de que no será nunca él quien lo manifieste directamente, el calificativo de renovador de la fotografía española.

 

La exposición                

Cualladó Essencial nos permite realizar un recorrido por toda esta línea teórica que destacábamos en unas líneas anteriores, encontrando obras de cada una de sus etapas y maneras de trabajar. De este modo, en primer lugar, podemos hallar en ella esa clara diferencia entre el periodo clásico y el resto, entre esa primera etapa de formación más academicista y la perteneciente a su propio estilo más innovador.

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Por otro lado, encontramos también fotografías pertenecientes a trabajos más concretos, aquellos que eran llamados por el mismo fotógrafo como ensayos, no siendo éstos entendidos como secuencias ni como un modelo narrativo con inicio, desarrollo y fin, sino como conjuntos de fotografías con un hilo que las vincula a la manera de ver y sentir del fotógrafo. De este modo, en estos ensayos el retrato pierde presencia y gana un sentido dinámico de la escena, a pesar de que su forma de trabajar no se aleje de la del retrato que, al fin y al cabo, siempre ha caracterizado su obra.

Als meus treballs m’agrada anomenar-los “assajos”. Crec que aquesta expressió va una mica més enllà que la de simple reportatge; expressa una intenció d’aprofundir, de suggerir un nombre més gran de coses i de mostrar elements no perceptibles

En Cualladó Essencial encontramos tres ensayos ordenados en la muestra de delante hacia atrás, es decir, que el último que podemos visualizar es el que, en realidad, primero realizó:

– El Rastro 1980-1981: este ensayo lo realizó a partir de las constantes visitas que, a veces solo y otras con su esposa, quien compraba telas para vestir las muñecas por afición, realizaba a El Rastro.

En todas las fotografías de la serie observamos una gran honestidad y respeto hacia cada uno de los retratos cazados.

El Rastro (Madrid, 1980-1981). Fuente: Catálogo de la exposición

 

– Puntos de Vista 1993-1994: se trata del último de sus ensayos, realizado ya de jubilado, motivo por el cual observamos un cierto tono de diversión en cada una de sus fotografías.

Este trabajo deriva de un encargo realizado previamente, los Recorridos ARCO en 1993, a partir del cual fue el propio Cualladó quien propuso al director del Museo Thyssen-Bornemisza, Tomàs Llorens, un reportaje, un nuevo ensayo sobre los visitantes del museo, sus reacciones e impresiones, siguiendo ese anterior trabajo en ARCO. Durante dos años, pues, Cualladó se convirtió en un espía de pequeños momentos, trabajando con mucha discreción, camuflándose para tomar la mejor fotografía de las distintas reacciones de los visitantes, tomados de improviso. Sólo un niño, como podemos apreciar en la muestra, lo descubre en la sala de Renacimiento.

En algunas de las fotografías observamos cómo prefiere forzar el ángulo a perder la imagen.

Puntos de vista, Museo Thyssen-Bornemisza (1993-1994). Fuente: Catálogo de la exposición

 

– París 1962: Cualladó fue uno de los once fotógrafos españoles escogidos e invitados por el Comissariat du Tourisme francés para realizar un reportaje sobre París que diese a conocer la ciudad. No obstante, dado que la idea era dar una “buena imagen” de ésta, se les vetó fotografiar el París pobre de los sintecho (les clochards) y la Sorbonne, en pleno movimiento debido a las manifestaciones y quejas contra la Guerra del Argel.

En este ensayo, pues, la serie de fotografías nos muestra un París muy similar al de la Nouvelle Vague, un París con distintas vidas, desde la más aburguesada a la del mercado de Les Halles.

París (París, 1962) y Les Halles (París, 1962). Fuente: Catálogo de la exposición

 

El sentido dinámico que comentábamos revela la insuficiencia del encuadramiento y la necesidad de buscar soluciones para la composición que no pocas veces exigen la aceptación de algún tipo de fuerza centrífuga que sitúa los personajes en los márgenes, apartados del centro del encuadramiento, fragmentados, oblicuos e, incluso, hostiles a este hecho.

Rue de la Paix (París, 1962). Fuente: Catálogo de la exposición

 

Es en este ensayo donde, además, encontramos esa influencia americana de Robert Frank que destacábamos, ese posicionamiento que comporta que fuerce un encuadramiento para conseguir captar lo deseado.

Quina va ser la meva sorpresa, la meva agradable sorpresa, sis o set dels onze érem íntims amics. És a dir, que ens van pagar a París un viatge de vuit dies per fer el que ens entusiasmava. No vam para de veure la Nouvelle Vague, allà vaig veure “Viridiana” per primera vegada, a Truffaut (…). Volia fer la Sorbona perquè aleshores hi havia una revolta bastant forta pel tema d’Alger, però els del Comissariat em van aconsellar que no, que preferien que fes altres coses.

 

– Su único trabajo en color: aparte de estos tres ensayos, en la exposición encontramos una serie fotográfica, realizada entre 1991 y 1998, ejemplo de una manera distinta de trabajar a la habitual en Cualladó que, al fin y al cabo, se convierte en toda una experimentación. Ésta fue realizada mediante Polaroid, un tipo de cámara que, convirtiéndose en su único trabajo en color, le permitió, más que nunca, cazar ese instante que tanto le gustaba cazar.

Otros ensayos de los cuales en la exposición encontramos algún ejemplo son los dedicados a la Real Sociedad Fotográfica y a la Cervecería Alemana de la Plaza de Santa Ana de Madrid.

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Finalmente, antes de concluir esta entrada, sólo mencionar su catálogo, realmente interesante puesto que incluye distintos testimonios de personas que, no sólo conocieron al fotógrafo, sino que convivieron estrechamente con él y su obra.

Os recomiendo también la lectura de esta entrevista que Foto Colectania dedicó a Cualladó y a partir de la cual podemos conocer la obra del fotógrafo a partir de sus propias palabras.

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Para resumir, sólo enfatizar nuevamente en la importancia de una exposición de este tipo en nuestra ciudad, no sólo por el intimismo y poesía de su obra como retratista o por representar pequeños pedacitos de vida paralizados, sino también por el papel que Gabriel Cualladó tuvo en la fotografía de nuestro país,a pesar de no reparar el gran público en ello. Y es que, si bien es cierto que fue conocido ya desde los años 60 en el extranjero, no fue así dentro de casa, donde el público general no lo conocería hasta los años 80 gracias a distintas exposiciones realizadas en poco tiempo por todo el país.

Gracias por habernos devuelto las sombras originales, sin sonido, libres de alfabeto. En un sentimiento emocionado de extrañezas, hemos percibido una cosa nueva; atraídos por este bucle de olvido a olvido que haces circular suavemente de principio a principio, de inicio a inicio.

Antonio Tabernero

 

Para más información:

La Pedrera    www.lapedrera.com/ca/agenda-activitats-barcelona/exposicions-actuals/cuallado-essencial

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