Historia y Arte en los hoteles de Barcelona (I): Templos del Arte

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Interior del Hotel Bagués

 

¿Por qué a los barceloneses y barcelonesas nos da apuro entrar a los hoteles de nuestra ciudad? ¿Quizá por la mirada que siempre se ha tenido de ellos, en el sentido de que se les ha considerado habitualmente espacios exclusivos para los que pagan por estar en ellos, es decir, para sus clientes? Quién sabe…

¡La cuestión es que los hoteles de Barcelona están llenos de historias y de elementos de lo más interesantes! Así que esta entrada pretende un poco acercaros a todo ello, a la par que quitar ese apuro que en algunas ocasiones podemos tener. Y es que, bien al contrario, los hoteles de Barcelona no sólo acogen aquellos que nos quieren conocer, sino que también están encantados de hacerlo con nosotros y nosotras como barceloneses y barcelonesas que somos, pues aparte de ser espacios abiertos a todo el mundo por igual, por otro lado, también acogen parte de nuestra historia.

Es en este segundo sentido que me gustaría enfocar la entrada de hoy (y las próximas que iré publicando): en los interiores de los hoteles de Barcelona, no sólo en muchas ocasiones hay colecciones de arte interesantísimas que, en cierta manera, también forman parte del patrimonio de la ciudad como espacios expositivos distintos a los oficiales, sino que en ellos también han tenido lugar hechos de nuestra historia de gran interés, aparte de formar parte de nuestro imaginario colectivo y paisaje urbano.

Son muchas las actividades que tanto los hoteles de manera individual como el Gremi d’Hotels de Barcelona como colectivo, a través de su programa MésQHotels, llevan a cabo expresamente para acercarse a los barceloneses y barcelonesas. Ejemplo de ello es el ya tradicional evento que tiene lugar cada primavera, La Setmana de les Terrasses d’Hotel, creado expresamente para los locales con este fin.

 

Es por todo ello que me gustaría enfocar la entrada de hoy como la primera de un ciclo que pretende presentaros estos hoteles como espacios a los cuales también estamos invitados a entrar y, a su vez, mostraros a través de ellos algunas de las anécdotas que han tenido lugar en sus interiores y que forman también parte de la historia de nuestra ciudad. De hecho, este ciclo de entradas está relacionado con una conferencia que impartí en el Centre Cívic L’Elèctric el pasado mes de diciembre y que volveré a repetir en el mes de marzo (¡ya os iré pasando detalles para que podáis asistir a ella! 😉 ). Si venís… ¡la información de estas entradas estará ampliamente ampliada y acompañada con un interesante material gráfico!

El ciclo de Historia y Arte en los hoteles de Barcelona se compondrá de 5 entradas. En cada una de ellas hablaremos de algunos de los hoteles que he considerado más interesantes por sus vínculos con la ciudad, es decir, que no hablaremos de todos los que se podrían englobar en cada uno de estos artículos, sino de aquellos seleccionados bajo un criterio personal.

Los temas que os iré presentando poco a poco son los siguientes:

  • Los hoteles de Barcelona como templos del arte
  • Los hoteles de Barcelona y Lluís Domènech i Montaner
  • Los hoteles de Barcelona como iconos arquitectónicos y artísticos
  • Los hoteles de Barcelona y la Guerra Civil
  • Algunos hoteles ya desaparecidos que marcaron un antes y un después en Barcelona

 

Ya hace un tiempo, hablamos del Cotton House Hotel como un establecimiento hotelero que ha puesto en valor sus interiores y la historia del edificio que lo acoge (la antigua Casa de Miquel Boada y, posteriormente, la Casa del Cotó, sede del gremio de algodoneros) y que a nivel arquitectónico está considerado la mejor remonta de Barcelona, obra de Nicolau M. Rubio i Tudurí, y uno de los primeros palacetes del Eixample (como también lo son el Palau Montaner o el Palauet Casades), construcción de Elies Rogent.

En otra ocasión, nos acercamos también al Almanac, antigua sede de Agrupació Mútua del Comerç i la Indústria y uno de los primeros edificios de oficinas de la Gran Via que, a su vez, se construyó sobre los terrenos de otro de estos primeros palacios del Eixample, del Palacio Vilardaga.

 

Iniciamos este ciclo con una entrada que aglutina algunos de los hoteles que más arte conservan en su interior, considerándose verdaderos templos del arte en nuestra ciudad y que nos acercan también a otra manera de entender las exposiciones, a otro modo de entender el mundo expositivo y que va más allá de los museos y galerías como tal.

Antes, sin embargo, cabe entender, especialmente teniendo en cuenta la importancia que el mundo hotelero tiene en nuestra ciudad, cómo hemos llegado hasta aquí, es decir, el nacimiento del sector y su evolución en Barcelona. Para ello he considerado oportuno añadir un primer punto, previo al recorrido de la entrada de hoy, dado que, al fin y al cabo, los hoteles actuales son descendencia de las antiguas fondas y hostales, los cuales también forman parte de nuestra historia como ciudad.

 

La tradición hotelera en Barcelona… de la fonda al hotel

Joan Amades, el gran Baró de Maldà, en el siglo XVIII o Sempronio, más recientemente, ya nos hablaban en sus escritos de la tradición de la fonda y el hostal, los padres de los actuales hoteles. Pero hay que ir un poco más atrás para entender la importancia del sector en Barcelona. De hecho, Don Quijote ya se alojó en un hostal cuando visitó la Ciudad Condal y nos dejó estas palabras que dicen mucho de nuestra ciudad…

Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y única en sitio y en belleza.

Para entender el pasado de los actuales hoteles, pues, debemos remontarnos a época medieval, momento en el cual Barcelona era un gran puerto del Mediterráneo y dichos establecimientos ya se encontraban organizados gremialmente por la Confraria de Santa Maria dels Hostalers i Taverners.

 

La tradición, sin embargo, se hará realmente importante en los siglos XVII y XVIII con la literatura de viajes y, sobre todo, con el viaje ilustrado, momento en el cual los hostales, progresivamente, se van convirtiendo en fondas. De este modo, no sólo vamos observando cómo este tipo de establecimientos van cambiando su localización, pasando de su originario Born a Pla de Palau (cabe tener en cuenta la revalorización de la zona con la creación del Passeig de l’Esplanada, tras la destrucción del barrio de la Ribera y la creación de la Ciutadella) y, posteriormente, a la Rambla (a raíz de las desamortizaciones de conventos), sino que también van diversificándose, conforme vamos también incorporando a nuestras vidas el concepto de ocio, encontrando distintos tipos de locales en lo que inicialmente sólo era uno.

Evolución en la localización de los hostales en Barcelona

 

Los distintos establecimientos que encontramos a partir del siglo XVIII son los siguientes:

Hostal: lugares funcionales, en los cuales se reposaba, se comía y dormía tras un largo viaje y, por tanto, también servía como almacén de animales y mercancías.

Fonda: establecimiento más lujoso, limpio y aseado, con restaurantes más delicados en su interior que, incluso, tenían mantelerías blancas y cubiertos metálicos. En el siglo XVIII se empieza a distinguir entre el hostal y la fonda y, es más, los hostales empiezan a considerarse poco adecuados, pasando poco a poco a alojar únicamente cocheros, arrieros y diligencias con personas de recursos económicos más escasos.

La raíz de la palabra fonda es desconocida, pero podría tener, según los expertos, tres orígenes:

  • Podría haber nacido en Barcelona, ya que el primer establecimiento que habría usado esta palabra podría haber sido la Fonda de Santa María, localizada en el actual Fossar de les Moreres y renovada en el siglo XVIII, aunque ya existiese anteriormente. Para entrar a ella, tenías que bajar unos escalones, de aquí que se le empezase a llamar casa fonda. La primera vez que se usó esta palabra fue en 1709.
  • Etimológicamente, podría venir del árabe. Si fuese así, sus orígenes se hallarían en la palabra fondac, equivalente al hostal o lugar destinado a la estancia de cristianos en tierras musulmanas. La presencia sarracena en Barcelona, dado que gran parte de este tipo de locales se encontraba en el Born, podría haber sido el origen de las posteriores fondas, como hemos indicado, principalmente localizadas en el barrio de la Ribera, en la zona de acceso a la ciudad.
  • La palabra también podría proceder del italiano. Concretamente, podría tener origen en la Venecia del siglo XV, momento en el cual había dos tipos de establecimientos: las osterie y los fondacco.

Beco: precedente de los restaurantes

Cafés y chocolaterías

 

Canción popular:

De la Seu fins al cantó,

anem a c’al Beco, anem a c’al Beco;

De la Seu fins al cantó,

anem a c’al Beco del Racó.

Si a c’al Beco n’és tancat,

anem a la fonda, anem a la fonda.

Si a c’al Beco n’és tancat,

anem a la fonda del costat

 

Y hablando de italianos… muchas de estas fondas (por no decir todas), de hecho, eran propiedad de italianos; ellos fueron los que protagonizaron la etapa más destacada en la evolución de este tipo de establecimientos en Barcelona, el siglo XVII. Se trata, pues, de una de las primeras migraciones italianas a Barcelona.

Muchos eran de la zona del Lago d’Orta y la Valseria (Piemonte). En la primera ola migratoria, los que llegaron eran de un perfil noble, es decir, que se trataba de inversores, comerciantes, banqueros… hombres de negocios que venían a invertir a nuestra ciudad. Posteriormente, serían personas que vendrían a trabajar para estos grandes hombres debido al efecto llamada creado por la primera ola.

Sabemos, así, que en 1791 había 1516 italianos en Catalunya. No se consideraban inmigrantes, puesto que estuvieron siempre muy integrados en la red empresarial de la ciudad y vivían, de hecho, alrededor de la Rambla, es decir, en pleno centro económico de la Barcelona del momento. Sabemos también que viajaban a menudo a Italia, al menos cada dos años.

Una de las dinastías más destacadas eran los Durio, pero también debemos nombrar los Maffioli, Vinzia, Zanotti, Prevoti, Gippini o Fara, entre otros. Todos ellos fueron los gestores de las grandes fondas de Barcelona, tales como el Orient, la mencionada Santa Maria o el Falcó.

 

Entre 1900 y 1930 volverán a Italia y venderán sus negocios, es decir, que este periodo de casi 350 años finalizará con la Guerra Civil, sobre todo. A pesar de ello, su descendencia aún se encuentra en nuestra ciudad y prueba de ello es la Casa degli Italiani de Barcelona, una de las más antiguas de Europa y consecuencia directa de este pasado que mencionábamos.

Para seguir conociendo un poco más sobre la historia de los establecimientos hoteleros en Barcelona, os recomiendo las siguientes lecturas:

Miguelsanz, Àngel, “Barcelona, parada i fonda. L’hostaleria de la ciutat. De l’origen als nostres dies”

Miguelsanz, Àngel, “Tota la història de l’hoteleria a Barcelona fins avui en dia”

Miguelsanz, Àngel, “Arrels piemonteses de l’hostaleria de Barcelona (1571-1939)”

Palou, Saida, “Història del Turisme a la ciutat de Barcelona. Destinació Bcn”

Sempronio dedica un capítulo entero en “Quan Barcelona portava barret” a las fondas de los siglos XVIII y XIX que aún existían en el momento que lo publicó

 

Finalmente, mencionar cómo, poco a poco, observamos también que se va imponiendo una nueva denominación para estos locales, la palabra hotel, la misma que utilizamos actualmente para referirnos a este tipo de establecimientos. Se trata de una palabra que nos llega a partir de la influencia francesa que la Barcelona de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX tenía; una influencia muy importante que hizo que, incluso, Hans Christian Andersen, desde el Hotel Orient, el tercer hotel en uso más antiguo de Barcelona, tras el Hotel Sant Agustí y la Fonda España, en sus memorias Viaje por España, donde incluyó anécdotas y costumbres de la época que fue conociendo durante los meses de septiembre y diciembre del año 1862, escribiese lo siguiente:

Me sentía en el París de España: aquí en todo hay un aire con Francia

En dichas memorias, explicó también una experiencia que vivió desde el Hotel Orient, una gran inundación que tuvo lugar en la Rambla (recordemos que se trataba de una antigua riera):

Las calzadas eran como un río que se llevaba todo lo que encontraba por delante (…). Nunca antes había comprobado la magnitud del poder del agua. ¡Era espantoso! (…) La gente huía, clamaba, gritaba.

Andersen, en aquel momento, ya había escrito sus famosos cuentos pero, dado que no habían sido traducidos aún al español, decepcionado, también diría:

Nadie me conoce ni desean hacerlo

 

El hotel Orient es uno de estos hoteles que mencionábamos que, poco a poco, se fueron instalando en la Rambla, especialmente tras las desamortizaciones de conventos que tuvieron lugar en 1835. Es por este motivo que, además de ser el primer hotel de una gran saga dedicada a la gestión hotelera, los Gaspart, incluye alguna que otra sorpresa de su pasado como convento. De este modo, el antiguo claustro, por ejemplo, lo percibimos en la estructura de su gran salón de fiestas… la sorpresa más impactante, sin embargo, la encontramos en su subterráneo… ¡y es que en él hallamos aún los antiguos nichos de la cripta del convento, así como esos túneles que lo convierten quizá en el único hotel con catacumbas del mundo!

 

El hotel Orient también empezaría como fonda (según la documentación, nunca se había visto en Barcelona un espacio tan refinado como éste, con zona destinada a café e, incluso, baños privados) y pasaría con el tiempo a la categoría de hotel.

 

Pero… ¿Cuál fue el primer establecimiento que usó la palabra hotel en Barcelona? El new look hotelero llegado desde París, a pesar de que anteriormente ya teníamos fondas con todo lujo de detalle y establecimientos como el Hotel Internacional, construido expresamente para albergar los visitantes de la Exposición Universal de 1888, lo encontramos en el Hotel Colón, del cual ya hablaremos, junto al mencionado Hotel Internacional, en la última entrada de este ciclo. Será el Hotel Colón, pues, el primero que implementará esta nueva manera de hacer en la gestión hotelera, esa influencia francesa capitaneada por César Ritz y que marcará un antes y un después en los hoteles europeos. Por su lado, el hotel Ritz de Barcelona será el continuador de todo este legado que ya iniciaría el mencionado hotel de la Plaza de Catalunya.

La primera vez que se utiliza la palabra hotel, sin embargo, será en el año 1864 con el Gran Hotel Peninsular, localizado aún actualmente en la calle de Sant Pau, en una especie de corrala que le aporta un aire especial. Todavía se encuentra en uso.

 

 

Los hoteles de Barcelona como templos del arte

Hecha esta previa, ya podemos pasar al motivo principal de la entrada de hoy. El primer hotel, seleccionado bajo esta perspectiva, del cual deberíamos hablar especialmente teniendo en cuenta de que se trataría del Hotel del Arte de Barcelona por excelencia, es el Hotel Majestic. ¡Y es que su interior alberga más de 1000 obras de arte de todas las épocas y estilos repartidas por sus distintos espacios (¡hasta en la piscina!)! De hecho, tales son los vínculos del hotel con el arte que, incluso, se han llevado a cabo eventos especiales para conseguir dinero para restaurar determinadas piezas artísticas. Un ejemplo es la cena que se organizó, dentro del contexto del centenario del Hotel, para recaudar dinero con el objetivo de restaurar un tapiz de Joan Miró.

Joan Miró es un artista muy vinculado al Hotel Majestic por dos motivos: su primera exposición en solitario fue en el año 1918, el mismo año en el cual el Hotel abrió sus puertas (el Majestic es el primer hotel de lujo más antiguo de Barcelona) y, en segundo lugar, porque el artista pasó largas tardes en el hotel. Al parecer, cuando Joan Miró vivía en Barcelona, tenía la costumbre de pasar las tardes en el hotel, momento en el cual realizaba su anhelada siesta, pero también se encontraba con sus amigos tras las tradicionales comidas en La Punyalada. Tras el almuerzo, siempre bajaban por Passeig de Gràcia hasta finalizar su paseo en el Hotel para, una vez ahí, realizar la tertulia.

En el hotel Majestic Joan Miró también rememoraba al que fue su maestro, Modest Urgell, a partir de una de las piezas de la colección, localizada actualmente en una de las salas de reuniones. Joan Miró aprendería de Modest Urgell el uso del horizonte y, de hecho, tal fue la importancia del artista romántico en su obra, que la Fundació Miró, ya hace un tiempo, usaría esta misma obra localizada en el Hotel Majestic para su exposición sobre Miró y el Horizonte como elemento explicativo.

Miró no ha sido el único artista que se ha alojado en el Hotel Majestic. Antonio Machado o Federico García Lorca también lo hicieron, como una placa en recepción recuerda. En el segundo caso, la visita tuvo lugar en 1938 en motivo de la estrena en el Teatre Principal de Doña Rosita la soltera.

 

Como mencionábamos, la colección incluye piezas de todas las épocas y tipologías (pintura, escultura y obra gráfica, desde el medievo a la contemporaneidad) y creció, especialmente, a partir de la compra que sus propietarios, la familia Soldevila Casals, llevaron a cabo en motivo de la exposición New Art, realizada en el hotel en los años 90. Se trataba de una muestra de arte contemporáneo en la cual participaron grandes galeristas, los cuales exponían sus obras en las distintas habitaciones del establecimiento.

¿Algunos de los artistas de su colección? Antoni Tàpies, Antonio Saura, Anish Kapoor, Jaume Plensa, Richard Long, Eduardo Chillida, Miquel Barceló, Gonçal Peris (siglo XV), el magnífico tapiz del siglo XVI flamenco de la entrada… mi favorita, sin embargo, es el Dionís Baixeras que encontramos en el rellano que da acceso al restaurante.

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El siguiente hotel que debemos mencionar, no sólo por proximidad con el primero, pues se encuentra a una manzana del Hotel Majestic, sino también por importancia en cuanto a la presencia de arte en su interior, es el Hotel Claris. Bien, en realidad deberíamos hablar de la cadena que lo gestiona, Derby Hotels Collection, puesto que todos sus hoteles acogen obras de arte en su interior. De hecho, todos los hoteles de los cuales hablaremos en este entrada a partir de ahora pertenecen al mismo grupo.

Actualmente, la cadena tiene 12 hoteles (Londres, Barcelona, Madrid y París) que incluyen en sus interiores distintas vertientes de su colección: arte oriental y egipcio (Claris y Urban), arte hinduista y budista (Suites Avenue y Granados 83), arte africano (Balmes), art déco (Bagués y Astoria), pintura moderna y contemporánea (Derby y Gran Derby), mosaicos romanos (The Caesar y Villa Real) y un paseo por la Historia del Arte (Banke).

Un pequeño librito, a modo de pasaporte, editado por la propia cadena, nos permite conocer todas las colecciones y sus correspondientes hoteles:

 

El hotel Claris sería el primer ejemplo de la cadena en  cuando a sus vínculos con el arte, pero también el segundo gran hotel de Barcelona en este aspecto, con unas 400 piezas en su interior.

Hablar del Hotel Claris, sin embargo, es hablar también de una persona, de Jordi Clos, el director de Derby Hotels Collection y propietario de la colección de arte que ésta incluye como valor añadido a sus hoteles. Se trata de una persona que aúna los dos perfiles que nos interesan para la entrada de hoy, el hotelero y el artístico, y es que ya desde pequeño ha sido una persona cultivada e interesada por el arte y, más concretamente, por el arte egipcio (de hecho, incluso ha creado la Fundació Arqueològica Clos y un campus arqueológico en Palau-Solità i Plegamans, dedicados a la investigación en esta disciplina) y así nos lo indica él mismo en el siguiente texto:

La fascinación por la civilización egipcia me persigue desde que era un escolar; atraído por sus misterios he pasado muchas horas leyendo libros y documentos, he viajado innumerables veces a aquel país, y gracias a su influencia he vivido alguno de los momentos más felices de mi vida. He tenido el privilegio de adquirir muchas piezas arqueológicas de gran belleza, que ahora figuran en el museo […]. Los sueños de mi niñez se han hecho realidad y el vigor y la juventud de la fundación y de los que la integramos me aseguran que tenemos una gran trayectoria por delante.

 

De este modo, sus hoteles, además de hoteles como tal, son también grandes contenedores de las obras de arte de su colección personal. Como mencionábamos, el primero en iniciar este camino que caracteriza todos los hoteles de la cadena fue el Hotel Claris. Fundado en 1992, inicialmente presentó en su interior su colección arqueológica egipcia, una selección de 70 piezas, iniciada por Jordi Clos en 1975 con la compra de unos primeros ejemplares en Luxor. La muestra en el interior del hotel tuvo tan buena aceptación e, incluso, colas que, finalmente, se creó con ella un espacio nuevo, el actual Museu Egipci de Barcelona, el primero en su tipología de todo el Estado.

La idea de incluir arte en el hotel fue una acción innovadora, algo aún no visto en nuestro país, de ahí su expectación. Es por ello también que, a pesar de trasladar esa colección inicial al museo resultante, se añadieron nuevas piezas en el interior del establecimiento hotelero y se continuó con la idea originaria de su fundación. Actualmente, pues, el Hotel Claris disfruta de una colección de arte precolombino, pero también mobiliario inglés del siglo XVIII y XIX, grabados originales de Egipto encargados por Napoleón, serigrafías de Andy Warhol o grabados de Guinovart, entre otros; todo ello repartido por sus habitaciones, pero también en una de sus salas expuesto de manera permanente.

La pequeña exposición la podemos encontrar en la primera planta del hotel y engloba piezas de la cultura maya procedentes de Costa Rica, Guatemala, México, Perú y Ecuador; piezas que nos hablan de la cultura precolombina de estos países y entre las cuales podemos encontrar recipientes para quemar incienso y flores (consideradas manjar de los dioses), cerámicas de ajuar funerario (los pequeños orificios que incluyen eran para liberar el espíritu del difunto) o de presentes diplomáticos, esculturas de tipo de funerario de jorobados o enanos (patologías de difuntos, seres considerados magos o chamanes, reconocidos por las setas alucinógenas de sus cabezas), hachas para marcar el marcador en el juego de la pelota o joyas de jade (el color de las plantas y el trigo, ofrendas votivas en muchas ocasiones, al tratarse de un material de gran valor).

 

Pero el Hotel Claris no sólo es de gran interés por su contenido, sino también por su contenedor. Se trata de uno de los primeros palacios del Eixample, el Palau Vedruna, como también lo eran el Almanac o el Cotton House, como hemos mencionado antes, recuperado y reconvertido en hotel; una construcción del conde de Vedruna y Bell-lloc, Joaquín Maria Vedruna, del año 1883 que incluía el palacio como tal y un jardín, autónomo del resto de construcciones colindantes (el modelo más similar que conservamos sería el cercano Palau Montaner).

 

En el momento de su recuperación como hotel, se decidió dejar sólo su fachada y crear una construcción alrededor suyo que, a modo de telón de teatro, de ahí que este recurso reciba el nombre de muro-cortina, enmarcase la construcción original y le diese valor. El resultado sería la suma de los dos lenguajes, el neoclásico del palacio y el moderno. Como punto de unión entre ambos, se decidió conservar una de las ventanas, localizada en uno de sus laterales, y repetir los sillares del antiguo edificio en el muro de cristal. Por su lado, la cornisa con el frontón triangular del encabezamiento se adaptó a la nueva construcción añadiendo el nombre del hotel.

Actualmente, quizá se pondría en entredicho este tipo de recuperación y acción, bastante agresiva con el edificio original, ya que cabe tener en cuenta que sus interiores se perdieron, pero en su momento fue considerada una obra de arquitectura digna de ser premiada, la mejor integración de una fachada antigua en una construcción moderna. Sus artífices fueron el estudio de Oriol Bohigas, Josep M. Martorell y David Mackay.

 

Otro hotel del cual deberíamos hablar y que, de hecho, pertenece también a Derby Hotels Collection, es el Hotel Bagués, de cinco estrellas y con una exposición en su interior que, en este caso, nos vincula al orientalismo y al Art Nouveau.

Así, en este caso, se trata de las piezas de los reconocidos joyeros Bagués-Masriera, unidos en una sola sociedad desde 1985 (en 1969 Bagués ya tenía un 50% de Masriera), aunque sus inicios fueron por separado, naciendo la primera en 1926 con los hermanos Narcís y Amadeu Bagués y la segunda en 1872 con los hermanos Josep y Francesc Masriera.

La unión de las dos sociedades dio como resultado la que actualmente es una de las únicas joyerías del mundo en funcionamiento con más de 250 años de antigüedad. Asimismo, Bagués también recuperó los moldes, los troqueles, dibujos y documentación de Masriera, parte de la cual se expone en el Hotel Bagués, antigua sede de la casa Bagués en las Ramblas, del mismo modo que aún lo es la de Passeig de Gràcia, localizada en la Casa Amatller.

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Hadas, flores, naturaleza… todo el mundo de los hermanos Masriera, todos esos motivos que también René Lalique trabajó en el París de la Belle Époque, los podemos ver convenientemente expuestos.

 

Incluso podemos encontrar una placa que hace referencia al que fue durante mucho tiempo el taller de los Masriera en la calle de Bailèn, ese gran templo diseñado por Josep Vilaseca, actualmente en peligro de pérdida.

Hace ya unos 4 años que la Asociación de Vecinos de la Dreta de l’Eixample, a partir de la Plataforma Masriera, batalla para que este edificio, cerrado desde hace más de 10 años y de propiedad privada, pueda pasar a ser un equipamiento público para el barrio. En concreto, se está apostando por algo similar a lo que fue en su momento, es decir, por un centro de las artes escénicas y ateneo. Se puede firmar para ello en su página web.

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Aparte de la colección, una vez más, el edificio en el cual se ubica el hotel tiene también una historia de lo más interesante detrás… le llamaban El Regulador. ¿El motivo? La gran báscula, fabricada por la empresa E. Arisó y Cía, la misma que también acogía la antigua casa Vinçon, y en la cual, de manera gratuita, uno se podía pesar.

 

Actualmente, dicha báscula se encuentra en el Mercat de la Boqueria, como una pequeña joya que rememora su pasado.

 

La decoración del Hotel Bagués gira en torno de esta colección con los motivos orientalistas de sus biombos o las lámparas de sus techos, relacionándose por completo también con el interior de ese templo de las artes que los hermanos Masriera tenían en la calle de Bailèn. Se trataba de un espacio en el que los hermanos Masriera diseñaban y fabricaban joyas, pero donde también se representaban obras de teatro, pintaban o hacían tertulias de todo tipo; un lugar que, además, incluía una decoración orientalista, con sus piezas traídas de Japón, biombos, armaduras de samurái o parasoles, de la cual nos han quedado fotografías antiguas como testimonio, pero también obras pictóricas, como las conservadas en el MNAC y en las cuales observamos que aparecen muchos de estos objetos coleccionados (el parasol sería un buen ejemplo de ello).

 

 

¡La vistas sobre la Rambla y la imagen privilegiada sobre la iglesia de Betlem, desde su terraza, son también magníficas!

 

Asimismo, esta decoración de raíz orientalista del hotel, es decir, más o menos tematizada, nos pone en relación con el siguiente establecimiento del cual me gustaría hablar en esta entrada, el Hotel Astoria. En este caso, nos encontramos ante un hotel de tres estrellas, cuyo interior parece haberse parado en el tiempo, no sólo por su decoración art déco, sino también por la colección, realmente sorprendente por su tamaño y calidad, que alberga. De este modo, se trata de un hotel que parece haber sido sacado de los Felices 20, pero también del París de Toulouse Lautrec a partir de las obras expuestas en él.

 

El Hotel Astoria expone la colección de Jordi Clos vinculada a la obra de Ricard Opisso, gran dibujante y caricaturista del círculo de Els Quatre Gats y del Montmartre parisino. Son precisamente estos escenarios los representados en los dibujos y óleos expuestos, obras que nos hablan del artista, pero también de toda una época, a partir de sus imágenes de la vida cotidiana de la Barcelona y el París del momento. Y es que Opisso se convierte en un verdadero cronista con personajes cuyos retratos psicológicos nos explican mucho más de lo que a simple vista podemos apreciar.

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En la exposición, incluso, podemos encontrar retratos de personajes del momento como un joven Pablo Ruiz Picasso, el propio Toulouse Lautrec o Isidre Nonell, entre otros.

 

Se exponen también ilustraciones vinculadas a TBO o al Patufet, así como a novelas y cuentos, en las cuales también trabajó.

 

¡Hasta algunas piezas de carácter más erótico, escondidas tras una puertecita, en las cuales el artista firmaba como Bigre!

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En definitiva, la colección dedicada a Ricard Opisso del Hotel Astoria, realmente completa y, como indicábamos, también sorprendente (¡yo, al menos, pensaba que era mucho más pequeña antes de entrar!), se convierte en una de las muestras dedicadas al artista más grandes que existen en Barcelona. De hecho, consta de 250 originales, reunidos por su coleccionista desde 1967, cuando adquirió el primer dibujo directamente al hijo del artista. Su exposición en el hotel, sin embargo, se inició en 2003, cuando se convirtió la planta baja en la actual sala-museo.

 

La colección, poco a poco, fue ampliándose con nuevas incorporaciones, convirtiéndose en una exposición viva y en cambio constante. Os añado un pequeño vídeo de Betevé en el cual el propio Jordi Clos nos explica dos obras incorporadas en el 2015. Por otro lado, una parte de la colección que nos ejemplifica también este constante cambio es la compra que Jordi Clos realizó a Joan Antoni Samaranch para incorporar en ella toda la obra de Ricard Opsisso referente al Barça y al Espanyol.

Si queréis completar vuestro recorrido por la obra de Ricard Opisso en Barcelona, os recomiendo una visita a la cercana Galería Sicoris, en la cual podréis disfrutar de muchas obras más del artista. Una de ellas, a modo de anécdota, nos aproxima a Ramon Casas a partir del guiño que Opisso realiza a su obra, haciéndonos imaginar la posible situación real que se dio en el momento de realización de su conocido Plein-Air, conservado en el MNAC.

Plein-Air (1890), Ramon Casas

 

Ramon Casas en el Moulin de la Galette, Ricard Opisso

 

Para seguir conociendo un poco más, os recomiendo también la entrada que publicó el blog Bcn Last Call ya hace un tiempo.

 

El Hotel Astoria también colecciona cristales de Lalique, personaje que hemos mencionado, precisamente, en motivo de las joyas Masriera, así como carteles de época modernista y art nouveau.

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Y con este último hotel finalizamos nuestra primera entrada de este ciclo por el Arte y la Historia de los hoteles de nuestra ciudad. En la entrada de hoy, hemos podido conocer otro tipo de exposición, un arte que nos pasa desapercibido por su carácter privado, pero que está ahí y, no sólo en los hoteles, sino también en tantos otros lugares. Sólo tenemos que movernos un poco, ser curiosos y entrar en esos lugares por los cuales habitualmente pasamos.

Otras muestras de arte escondido son la Casa Thomas, por ejemplo, de la cual hablamos hace apenas una semana; la antigua Casa Vinçon, actual Massimo Dutti en el Passeig de Gràcia, pero anteriormente residencia de Ramon Casas, de ahí que en su interior podamos aún disfrutar de esa fascinante chimenea de Josep Pascó de 1902; la joyería Rabat, en cuyo interior se halla el segundo de las dos únicas pinturas murales que conocemos de Ramon Casas, por el simple hecho de que, antiguamente, era la residencia de la hermana del artista; o, ya en el Barri Gòtic, el Palacio del Castell de Pons (también llamado Casa Cornet) en Portaferrissa, actualmente la tienda Terranova, en cuya planta noble podemos aún disfrutar de las pinturas murales de Pau Rigalt, ejemplo de esos palacios construidos por lo que se ha conocido como protoburguesía, es decir, por aquellos fabricantes de indianas que, además de ayudarnos a salir de la crisis posterior a la Guerra de Sucesión, pusieron su grano de arena en la creación de la burguesía que daría el gran cambio a la Barcelona del siglo XIX.

 

En definitiva, el arte se encuentra presente por todas partes… ¡así que a buscar e indagar! Y, sobre todo, a perder el miedo a entrar en esos lugares, en este caso los hoteles, que también tienen tanto que contarnos.

Próximamente, en la siguiente entrada de este ciclo… ¡Los hoteles de Barcelona y Lluís Domènech i Montaner!   😉

 

Para más información:

Miguelsanz, Àngel, “Barcelona, parada i fonda. L’hostaleria de la ciutat. De l’origen als nostres dies”

Miguelsanz, Àngel, “Tota la història de l’hoteleria a Barcelona fins avui en dia”

Miguelsanz, Àngel, “Arrels piemonteses de l’hostaleria de Barcelona (1571-1939)”

Palou, Saida, “Història del Turisme a la ciutat de Barcelona. Destinació Bcn”

Sempronio dedica un capítulo entero en “Quan Barcelona portava barret” a las fondas de los siglos XVIII y XIX que aún existían en el momento que lo publicó

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