La Donzella de la Costa… ¡historia y verano sin apenas salir de Barcelona!

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Hoy… ¡un plan veraniego y lleno de buenas vibraciones! Porque… ¿Qué tal si cogemos nuestras bicis, gafas de sol, bikini y crema solar y nos desplazamos hasta Badalona;)

Como en gran parte de las propuestas de La Bcn Que Me Gusta, en esta ocasión también viajaremos al pasado y por los placeres gastronómicos creando una especie de combinado que nos permita hacer un poco de todo. Así que en esta entrada os propongo llegar a nuestro destino tranquilamente, haciendo un agradable paseo en bicicleta (el recorrido es corto, de apenas poco más de 10kms desde Barcelona, y muy llano), para conocer el pasado de una localidad que en otro tiempo fue conocida por sus baños de mar (ya unos siglos antes, como nos muestran los restos arqueológicos hallados, los romanos ya practicaban el ritual de los baños, en este caso mediante termas), del mismo modo que lo fueron también otras poblaciones del Maresme, como Montgat o Caldes d’Estrac (Caldetes).

Así pues, en cierta manera, hablaremos de un lugar donde continuar esta antigua tradición, no sólo porque éste os permite daros un baño en sus playas, sino también porque visitaremos un local muy vinculado a este pasado, a la par que degustamos una deliciosa paella junto al mar.

 

Es por ello que en la entrada de hoy me gustaría presentaros La Donzella de la Costa, actualmente un restaurante pero en otros tiempos uno de esos tantos espacios, como también serían El Tiburón o Banys Titus (1880), La Sirena (1881), Can Belluguets o los Banys Maricel (actual Club Nàutic Bétulo), entre otros, donde los barceloneses y barcelonesas, gracias a la llegada del ferrocarril Bcn – Mataró en 1848 (aunque el autobús que salía de la calle de Trafalgar, con parada en Badalona, también es remarcable de mencionar), podían tomar sus populares baños de mar con toda comodidad.

Badalona fue uno de esos primeros municipios que urbanizaron su costa gracias a la llegada del ferrocarril. Concretamente, en el caso de la antigua Baetulo, el espacio que se destinó a ello fue el Passeig de la Rambla, una playa propiedad del Marqués de Barberà, donde los pescadores tejían las redes y resguardaban sus barcas, cedida al ayuntamiento a cambio de urbanizar la zona. En el año 1868, de este modo, ya se había anivelado el terreno, así como también plantado palmeras e instalado bancos de madera, y ya en 1890 tenemos constancia de que se trataba de un área de ocio consolidada, llena de quioscos de bebidas o cines, entre otros establecimientos.

Es en este contexto que toman relevancia los mencionados locales destinados a los baños de mar gracias a todas las comodidades que acogían para dicho fin, entre ellas sus casetas, las cuales permitían a los bañistas cambiarse con tranquilidad y dejar su ropa en su interior. Alrededor de estos establecimientos, también se crearía un sinfín de restaurantes especializados en pescado e, incluso, apartamentos y casas para alquilar por temporadas.

La Donzella de la Costa, protagonista de esta entrada, fundada en 1929 como anexo a El Tiburón, representaría un reducto de esa época. De hecho, se trata de una de las tres únicas edificaciones que se conservan en la costa de Badalona de ese tiempo, junto al Club Natació Badalona y el Club Nàutic Bétulo.

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¿Su nombre?

Al parecer, cada sábado por la tarde, un grupo de amigos, entre los cuales se encontraban el maestro de la escuela pública y muchos pescadores, se reunía justo donde se localiza actualmente La Donzella de la Costa. Allí cenaban y, cuando acababan, sacaban sus guitarras y cantaban habaneras y canciones populares, entre ellas esa famosa canción que dice así…

“A la voreta del mar hi ha una donzella…”

Y así es cómo se acostumbraron a quedar “a la doncella”. Es por este motivo que el que sería su propietario, en Quimarru (Joaquim Blanch), cuando decidió abrir unos baños, vio oportuno nombrarlos siguiendo esta tradición, naciendo, así, La Donzella de la Costa.

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En un principio, los baños sólo incluían las famosas casetas con las cuales actualmente conocemos el negocio, pues no fue hasta el año 1962 que el propietario, junto a su sobrino Quimet Fonollà, decidió construir el edificio que actualmente aún acoge todo el conjunto de servicios. El actual restaurante, pues, se halla en su interior, del mismo modo que, ya en los años 60 y 70, también lo hizo su pista de baile.

Actualmente, La Donzella de la Costa se encuentra gestionada por los descendientes de esa primera familia que la fundó. Sin embargo, dado que el conjunto se encuentra alquilado por partes, el restaurante lo gestiona Ramon Durich, hijo de Badalona y tercera generación de pescadores de la zona, con paradas incluso en el Mercat de Santa Caterina de Barcelona. Al parecer, era cliente habitual de La Donzella de la Costa y, al ver que el local corría peligro, decidió encargarse de su restaurante.

 

Las casetas, originales de su fundación y que nos dan la bienvenida a su interior, rápidamente nos vinculan con ese pasado, a la par que aportan ese toque fresco y tan de mar a nuestra experiencia gastronómica.

Como curiosidad, ya que hablamos de casetas… ¡Las casetas que los baños de Montgat aún conservan se construyeron con las cajas de embalaje que trajeron los primeros coches Ford a Catalunya!

 

Pero las casetas no son lo único que conservamos de esa época… ¿Sabíais que el Ta-ka-tá es un deporte de playa que se practica únicamente en Badalona y la Barceloneta? Pues La Donzella de la Costa es uno de los lugares donde, no sólo se practica este deporte, sino que, junto al Titus, también se fomentó e impulsó la promoción de equipos propios.

 

El restaurante de La Donzella de la Costa

Como podéis apreciar, nuestra visita a La Donzella de la Costa representa en todo momento un viaje en la historia, a ese pasado de principios del siglo XX. No obstante, también significa hacerlo a un lugar donde completar nuestra salida veraniega con una buena paella o fideuà.

El restaurante, localizado dentro de ese complejo de baños que aún se encuentra en funcionamiento (las casetas se pueden alquilar por horas o temporadas), dispone de dos espacios, cada uno de ellos con dos conceptos de gastronomía también distintos:

● el restaurante propiamente dicho, con una carta más elaborada. Podéis encontrar su carta y más información aquí.

● el chiringuito o La Donzella Club de Platja, más informal aunque con comida también de calidad. Éste, a su vez, se encuentra dividido entre interior y exterior. En La Bcn Que Me Gusta, dado que buscábamos tras nuestra salida en bicicleta un ambiente más relajado e informal, nos decantamos por el exterior del chiringuito. Podéis encontrar la carta y toda la información aquí.

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Vayáis donde vayáis, es preferible hacer reserva previa si no queréis esperar demasiado o, incluso, no tener mesa.

 

El espacio

Como hemos indicado, el exterior del chiringuito se caracteriza por su ambiente informal pero, sobre todo, por las buenas vibraciones que se respiran en él. Música en directo, una decoración muy bien conseguida, un ambiente fresco… e, incluso, un contacto directo con la arena de la playa que nos permite descalzarnos y comer cómodamente. En definitiva… ¡no da la sensación de que nos encontramos en una ciudad y, aún menos, tan cerca de Barcelona!

Aunque estemos al aire libre, el calor tampoco se hace insoportable, dado que el espacio tiene sombra en todo momento. Es más, personalmente, en el exterior creo que estuvimos más tranquilos que si hubiésemos escogido mesa en el interior, algo más ruidoso.

 

¿Nuestra elección?

Dado que nos encontrábamos en la playa, teníamos claro que queríamos escoger paella o fideuà como plato principal. De este modo, ya que éramos cuatro comensales y ambos platos se elaboraban para un mínimo de dos personas, nos decantamos por una paella para dos y una fideuà para dos.

 

Y, para hacer un poco de hambre, mientras no llegaban nuestros platos principales, decidimos pedir algo para picar… ¡pata de pulpo con hummus y un poco de pan con tomate!

 

¿Y de postre? En la carta veréis que hay otros postres diversos, pero nosotros preferimos degustar los helados artesanos procedentes de Can Solé, una mítica heladería de Badalona. ¡El de horchata estaba riquísimo y con verdadero sabor a horchata!  :P

 

¿Precio? Unos 36eurs por persona, teniendo en cuenta de que éramos cuatro comensales, que tomamos una botella de vino y varias botellas de agua, además de cafés y postres para todos.

 

Datos prácticos

Como os he comentado, nosotros nos acercamos a La Donzella de la Costa en bicicleta desde Barcelona con la idea de hacer algo distinto, pues tan sólo se trata de unos 10kms de ida y unos 10kms de vuelta. Además, si estáis animados, el recorrido, siempre por carril bici siguiendo la Ronda Verda del Litoral, os permite llegar hasta Premià de Mar, aunque también es importante tener en cuenta de que, más allá de Badalona, especialmente en horas puntas del verano y en fin de semana, la zona está muy concurrida, especialmente en Montgat. Así pues, os recomiendo hacerlo fuera de temporada o prontito de buena mañana.

Por otro lado, podéis llegar a la propuesta de esta entrada también en tren o metro, pues las estaciones se encuentran a dos pasos del restaurante.

Finalmente, si vais en coche, La Donzella de la Costa dispone de descuentos de una hora en los aparcamientos de El Viver, Manuel Valls y Pompeu Fabra.

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Ya para concluir, sólo mencionar que La Donzella de la Costa se convierte en un lugar ideal para vivir el verano sin apenas desplazarnos de Barcelona; algo interesante, especialmente, para esos días en los cuales aún trabajamos (también disponen de carta de cócteles por la tarde y noche). Se trata, en definitiva, de un lugar familiar, donde sentirse como en casa a la vez que respiramos en ella tanto la historia del pasado como ese ambiente fresco del verano.

 

Para más información:

Passeig Marítim s/n, Badalona

www.donzella.cat

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