La Ruta del Tram… ¡Can Tinturé y La Rajoleta, Can Negre y la Torre de l’Hereu!

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A un salt de Barcelona, con este lema (una gran verdad, por otro lado) se promociona el Baix Llobregat, una comarca repleta de atractivos e iconos de interés histórico, cultural y gastronómico y a la que podemos llegar con tan solo un corto trayecto de Tram.

Es por este motivo que se ha creado una ruta, la Ruta del Tram, que nos permite acceder, de una manera fácil, cómoda y ecológica, mediante transporte público, a todo este conjunto de atractivos para, así, conocer todo aquello que hay más allá de Barcelona. Una ruta que, además, se convierte también en una interesante actividad familiar, además de englobar propuestas de restauración que maridan la mar de bien con esta propuesta cultural.

En su página web, encontraréis todas las actividades, divididas entre Actividades y visitas, Restaurantes y Parques y Mercados de Pagès, así como también distintos descuentos. Para activar la promoción sólo tenéis que implementar la información solicitada en cada uno de los puntos a visitar. Podéis encontrar el folleto promocional aquí.

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Turisme del Baix Llobregat organizó hace poco más de una semana un blogtrip con el fin de que pudiésemos conocer la ruta, esta iniciativa que se viene gestando desde el año 2014 y que pretende no sólo hacer descubrir una zona del Baix Llobregat que pueda suponernos desconocida, sino también redescubrirla desde una perspectiva distinta.

Para ello, nos congregamos en la Plaça de Francesc Macià, origen de nuestro recorrido, y nos dispusimos a ir hacia la primera parada de este paseo por la Ruta del Tram.

 

La ruta incluye un sinfín de lugares, todos ellos de verdadero interés, pero en esta entrada os añado sólo una pequeña pincelada que, además de presentaros la iniciativa, pretende invitaros a seguir descubriéndola por vuestra cuenta.  😉

 

Primera parada… Pont d’Esplugues

Recientemente, hablamos en La Bcn Que Me Gusta de todo ese Modernismo de Lluís Domènech i Montaner en Reus (Casa Navàs e Institut Pere Mata)… pues, con esta primera parada, podríamos decir que nos remitimos a los orígenes de todo aquello que vimos en esas entradas anteriores, es decir, a los orígenes de toda esa cerámica que el arquitecto utilizó en sus dos grandes proyectos en Reus. Y es que uno de los colaboradores más destacados de Lluís Domènech i Montaner, del mismo modo que también lo fue de Josep Puig i Cadafalch, Antoni Gaudí o Antoni Maria Gallissà, entre otros, tiene sus raíces en Esplugues de Llobregat, el primer punto de nuestro recorrido por la Ruta del Tram.

Se trata del Centre Pujol i Bausis, el museo que acoge la fábrica de cerámica por excelencia de la Catalunya modernista y punto destacado dentro de la Ruta del Tram.

 

Recibidos por la Regidora de Cultura de Esplugues de Llobregat, Maribel Aguilera, así como también por las técnicas de Museus d’Esplugues, visitamos Can Tinturé, un caserón dentro del cual se aloja la colección de baldosas de cerámica de Salvador Miquel, además de distintas exposiciones temporales vinculadas con el modernismo, y La Rajoleta, la fábrica que os presentaba en unas líneas anteriores.

La entrada que adquiráis os permite visitar los dos centros.

 

No obstante, si os animáis a visitar Esplugues de Llobregat, os propongo también a indagar mucho más en ella ya que, además de un interesante patrimonio modernista (destacar Can Casanovas, complejo que incluye el claustro medieval del monasterio de Montsió – sí, el mismo que se ubicaba hace tiempo cerca del actual Portal del Àngel -, restaurado por Antoni Maria Gallissà, o el Panteón de la familia Garí, de la cual hablamos en la entrada que dedicamos a Josep Puig i Cadafalch), la localidad tiene también rincones medievales realmente encantadores y parados por completo en el tiempo, como el carrer Montserrat o de la Rectoria (Woody Allen filmó en este espacio su famosa Vicky Cristina Barcelona). Podéis encontrar más información sobre todo lo que encontrar en Esplugues de Llobregat aquí.

 

Dicho esto…

1) Museu Can Tinturé

Se trata de una construcción de 1898 para Juan Tinturé i Capreciós, político y alcalde de Esplugues de Llobregat entre 1910 y 1915 que actualmente acoge el primer museo monográfico dedicado a la baldosa del estado, gracias, en gran parte, a la colección que acoge en su interior de Salvador Miquel, coleccionista hijo de un sastre de la Barceloneta que creció en un entorno cultural de gran efervescencia gracias a los encuentros que su padre organizaba en su taller. Al parecer, a raíz de distintas demoliciones que se llevaron a cabo en casas del siglo XVIII de la Barceloneta y especialmente a partir de la Guerra Civil, Salvador Miquel recogió hasta más de 3000 baldosas de cerámica, siendo la primera persona en valorar la calidad artística de las baldosas catalanas, convirtiéndolas de algo funcional y cotidiano a objeto artístico. Asimismo, se trata del autor del primer inventario de baldosas de muestra (baldosa que por ella misma, mediante un motivo decorativo cerrado o en grupos de cuatro, dieciséis o más unidades, forma un dibujo), así como también el fundador de la Associació Catalana de Ceràmica Decorada i Terrissa.

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En el interior de Can Tinturé, encontramos actualmente dos exposiciones temporales vinculadas al mundo de las artes aplicadas:

● El Modernisme i les flors. De la natura a l’arquitectura: una exposición itinerante (se ubica dentro de los programas de soporte de la Xarxa de Museus Locals) abierta al público hasta el 23 de septiembre, creada a partir de la colaboración entre el Museu d’Art de Cerdanyola, la Diputació de Barcelona y los Museus d’Esplugues.

En ella, pudimos disfrutar, de una manera muy sensorial, accesible y apta para todos los públicos, de ese diálogo entre la naturaleza y su aplicación en la arquitectura durante el Modernismo, de esa reinterpretación de los elementos naturales que los arquitectos del momento realizaban en cada uno de sus encargos y, especialmente, a partir del trabajo de los distintos artesanos que trabajaban en ellos.

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Entre las piezas expuestas, cabe destacar una de las rosas cerámicas que decoraban el Palau de la Música, un coronamiento de un edificio de la Fàbrica Pujol i Bausis o los esgrafiados de la cervecería La Tranquila de Badalona, entre otros.

 

Durante la visita, experimentamos, también una de las actividades sensoriales realizadas en el centro y que nos permitió conocer los distintos materiales utilizados durante el Modernismo a partir de una pequeña selección de las ocho artes aplicadas más destacadas del Modernismo catalán.

 

El 21 de julio tendrá lugar el último de los eventos que se han organizado en el marco de la exposición, una charla con Fàtima López, la comisaria de la exposición, amenizada con una cata de vinos.

 

● El Modernisme subtil: exposición organizada por la Associació Catalana de Ceràmica que incluye distintas piezas cerámicas del Modernismo, entre las cuales cabe destacar una jardinera, procedente de los Cines Las Ramblas y cuya autoría se desconoce, a pesar de que se han encontrado dos más y de iguales características en la Casa Batlló y la Casa Vicens.

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Es una exposición pequeñita pero incluye piezas de autores de renombre, algunas de ellas cedidas por el Museu del Disseny de Barcelona, como Antoni Serra Fiter, Xavier Nogués o Lambert Escaler i Olot.

 

2) La Rajoleta

Muy cerca de Can Tinturé, encontramos ese complejo fabril que destacábamos en unas líneas anteriores, el Centre Pujol i Bausis, también conocido como La Rajoleta. Se trata de un centro perteneciente al Sistema Territorial del MNACTEC y fue creado a raíz de las obras arqueológicas que se llevaron a cabo en el año 2000 y que permitieron descubrir tanto sus hornos como el almacén olvidado de piezas defectuosas, anteriores a la industrialización, que mostró la importancia de Esplugues desde tiempos remotos en la fabricación de cerámica, así como también la posibilidad de afinar en la procedencia de las piezas preindustriales de muchas construcciones barcelonesas.

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Se trata de la gran fábrica de cerámica por excelencia del Modernismo, con el mayor número de encargos de la época por arquitectos modernistas de renombre, a pesar de que se encontrase en funcionamiento hasta hace relativamente poco tiempo, pues su clausura se data en el año 1984, momento en el cual trabajaba bajo el nombre Industrial Cerámica Vallvé, S.A.  Esto la catalogaría como la única empresa de productos cerámicos que ha llegado hasta nuestros días y, por tanto, también un ejemplo único (la contemporánea fábrica francesa de Sarreguemines, de misma importancia en su zona, desapareció mucho antes), sin obviar el hecho de que casi toda su documentación sobre clientes, ventas, catálogos… también se conserva perfectamente. Precisamente gracias a todo este material, se ha podido crear la exposición que encontramos en el interior de la fábrica y que pudimos visitar durante nuestra Ruta del Tram; una exposición que, de hecho, ha recibido el Premio Bonaplata de Difusión 2003, concedido por la Asociación del Museu de la Ciència y de la Tècnica por el esfuerzo realizado que hace posible la difusión de un patrimonio industrial poco valorado.

 

Su fundación fue en el año 1875, momento en el cual Jaume Pujol i Baucis se hace cargo de la dirección de la antigua fábrica de ladrillos de su familia, adquirida en el año 1870, y abandona la fabricación de ladrillos para especializarse en la de cerámica. En ella se construían tanto rajoletes, piezas de 13x13cm, como taulells, piezas de 20x20cm; de aquí vendría el sobrenombre de la fábrica, aunque también podría proceder de las rajoletes de gres de 5x5cm, fabricadas también en ella.

¿Su localización? Se ubica en terrenos arcillosos y calcarios de Esplugues de Llobregat, así que toma aún más sentido su localización. El despacho y almacén, sin embargo, se ubicaban en la calle Tallers de Barcelona. Años más tarde, ya bien entrado el siglo XX, la fábrica abrió una nueva sede en Cornellà de Llobregat, donde sólo fabricaría mosaicos de gres hasta el año 1930, momento en el cual esta producción se trasladaría también a Esplugues.

Con la llegada del Modernismo, su fabricación se incrementó notablemente, de ahí que las dimensiones de la fábrica, incrementando su número de hornos, crecieran.

¿Entre sus clientes? Bonaventura Bassegoda, Lluís Domènech i Montaner, Josep Fot i Gumà, Antoni Maria Gallissà, Rafael Masó, Lluís Muncunill, Josep Puig i Cadafalch, Manel Joaquim Raspall y Enric Sagnier… Como podéis apreciar, ¡todos ellos de renombre!

¿Dónde podemos encontrar sus cerámicas? En edificios de lo más representativos del Modernismo como serían la Casa Amatller, la Casa Lleó Morera, la Casa Coll i Regàs de Mataró y la Casa Puig i Cadafalch de Argentona (hablamos de ellas en La Bcn Que Me Gusta), el Palau Macaya, la Casa Martí, els Quatre Gats, el mencionado Institut Pere Mata, entre muchos otros iconos del modernismo. En definitiva… ¡en verdaderas joyas del Modernismo!

¿Entre los diseñadores que trabajaron con estas cerámicas? Lluís Brú, Adrià Gual o Alexandre de Riquer, entre otros.

 

Además de los motivos cerámicos de las grandes casas señoriales de Catalunya, como anécdota, destacar también que de esta fábrica salieron las más de 12000 baldosas defectuosas que se implementaron en la construcción del famoso banco del Park Güell de Antoni Gaudí (cabe destacar que en la documentación de Pujol i Bausis no consta él como cliente, a diferencia de otros arquitectos que sí compraban directamente usando su nombre, el primero de ellos August Font, sino el señor Eusebi Güell), por otro lado, diseño del protagonista de la segunda parada de nuestro recorrido por la Ruta del Tram, Josep Maria Jujol. No obstante, sorprendentemente, puesto que toda su cerámica procede de Esplugues, en la iglesia de la Colònia Güell no consta que haya ninguna pieza de Pujol i Bausis.

Más recientemente, en el año 1933 y bajo el nombre de Gres Pujol, se encargarían también de la pavimentación en gres de los 2500m2 del Banco de Vizcaya de Madrid.

Por todo ello, recibiría tres diplomas y tres medallas de plata durante la Exposición Internacional de 1888, un Diploma de Honor en la de Sevilla de 1898 y otro en la Exposición de Minería de Barcelona de 1904.

 

Hecha esta contextualización… ¡Visitémosla!

En el complejo encontramos cuatro tipologías de hornos distintas:

horno descubierto

horno de reflejos metálicos: técnica incorporada en la fábrica por el hijo del fundador, Pau Pujol i Vilà

horno de tipo árabe

horno de botella o inglés: el más impresionante y reciente

 

Durante nuestra visita, pudimos entrar en algunos de ellos, así como también conocer el proceso de elaboración de estas cerámicas, especialmente el de las pequeñas baldosas, labor mayormente llevada a cabo por mujeres que trabajaban en cadena, realizando cada una de ellas una parte del proceso, a partir de uno de los talleres que se acostumbran a incluir en las visitas para familias.

En dicho taller, pudimos conocer el proceso de la técnica de la trepa, basado en la pintura manual de distintos motivos decorativos a partir de una plantilla de cera de abeja.

¿Nuestra creación? ¡La rosa del Hospital de Sant Pau i la Santa Creu!

 

En la fábrica, se creaban también baldosas con la técnica de estarcido, cuyo taller también se lleva a cabo en La Rajoleta. Podéis encontrar toda la información sobre sus talleres y visitas  aquí.

 

Segunda parada… La Fontsanta

Y de Esplugues de Llobregat, pasamos a la segunda localidad de nuestro recorrido por la Ruta del Tram, Sant Joan Despí, donde fuimos recibidos por el Teniente de Alcalde y Regidor de Cultura, Àlex Medrano.

En esta ocasión, la visita se centró en uno de los mayores atractivos de la localidad, cuyo arquitecto da la casualidad que este año conmemora el 140º aniversario de su nacimiento y 70º de su muerte. Y es que Sant Joan Despí, entre otras cosas, es equivalente a otro gran nombre del Modernismo catalán, Josep Maria Jujol, aquel fiel colaborador de Antoni Gaudí, que en cierta manera se vio eclipsado por éste, encontrando un sinfín de obras cuya autoría se adjudica al maestro, a pesar de ser obras de el colaborador. Algunos ejemplos de ello son los mencionados bancos, así como también los techos cerámicos, del Park Güell, las barandillas o techos de La Pedrera o los balcones en forma de máscaras de la Casa Batlló.

El que fue arquitecto municipal de Sant Joan Despí durante 20 años, ciudad a la que llegó a partir del encargo que le realizó su tía, Josefa Romeu, la Torre de la Creu (1913-1916), una torre de veraneo (en realidad engloba dos casas simétricas, para sus hijos Joan i Lluís, en su interior) conformada de cinco cilindros y para la cual no tuvo ningún tipo de condición, dejando volar, así, su imaginación, tiene hasta más de 40 intervenciones sólo en Sant Joan Despí, entre las cuales cabe destacar…

Torre Jujol (1932): casa particular de Josep Maria Jujol en Sant Joan Despí

Casa Serra-Xaus (1921): casa de líneas rectas, algo que ya denota modernidad en la obra del arquitecto

Casa Rovira (1926): obra de Josep Graner con esgrafiados de Josep Maria Jujol

Iglesia parroquial de Sant Joan Despí (1944): pequeñas intervenciones en el interior de la iglesia, como serían distintas inscripciones en los púlpitos, vidrieras o un sagrario

Puerta del taller del cerrajero Josep Oliver: colaboración con este artesano del pueblo

 

La casa que visitamos dentro de la Ruta del Tram, sin embargo, es una de las más emblemáticas de todas ellas, Can Negre (1912-1930).

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Todas ellas se englobarían en tres grandes grupos, según Montserrat Duran, Historiadora del Arte especialista en Josep Maria Jujol, en función de cómo el arquitecto realizaba su obra y se adaptaba a cada uno de los colectivos para los cuales trabajaba:

Obres manifest: casas en las cuales el arquitecto podía trabajar de manera cómoda, considerándose verdaderas casas de autor. Ejemplos serían la Torre de la Creu y Can Negre.

Casas que rompen con la estética burguesa por su exotismo o cosa extraña, creando una originalidad y singularidad pero trabajando el refinamiento esteticista y la recuperación de la tradición popular. Ejemplos serían la Torre Serra-Xaus o la Torre Jujol.

Casas modestas pero con una unidad formal que no renuncia al detalles sino que lo adapta sin estridencias.

 

En todas ellas, observamos detalles ubicados entre la fantasía y la realidad y, sobre todo, entre los dualismos cromáticos, entre los cuales siempre encontramos el blanco-azul y el ocre-tierra, así como también esa ruptura o superación del Modernismo que pasa por la recuperación de la tradición popular y la implantación de límites en la monumentalidad optando por estándares barrocos en la ornamentación. Como veremos en Can Negre, el esgrafiado será un elemento clave en este último aspecto.

La visita de la cual pudimos disfrutar durante nuestro paso por Can Negre era teatralizada, una opción que, si bien es cierto que no permite profundizar por completo en la historia y elementos artísticos de la casa, sí ayuda a obtener una primera imagen, siendo una alternativa ideal especialmente si vamos con niños. Podéis encontrar todos los horarios y precios aquí.

 

Las casas no están lejos entre ellas, así que os recomiendo realizar un pequeño paseo con el fin de conocerlas. Si lo preferís, el ayuntamiento ofrece también un itinerario guiado por todas ellas el último domingo de cada mes (es necesaria la reserva previa). Podéis encontrar más información aquí.

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Dado que en breve comenzará la celebración de Jujol 140/70, en motivo de los 140 años de su nacimiento y 70 años de su muerte, se ha publicado un intenso programa de actividades, entre ellas un congreso internacional, así como también otras de tipo más gastronómico, entre las cuales cabe mencionar los Postres Jujol. También se realizarán todo un conjunto de publicaciones.

La presentación se dio, precisamente, la semana pasada, tal y como podéis ver en este vídeo resumen que publicaron.

 

Para conocer un poco al arquitecto… ¿Quién era Josep Maria Jujol?

Josep Maria Jujol (hablamos de él en un ciclo de conferencias organizado por La Bcn Que Me Gusta), a pesar de quedar eclipsado por su maestro, Antoni Gaudí, es una de las figuras más destacadas de la última generación de modernistas de Catalunya. Se trata de un artista total, es decir, de un arquitecto que también fue diseñador y que, de hecho, citando a Carlos Flores, historiador del arte, la diseñarquitectura sería en realidad su disciplina.

De él conservamos grandes obras, no sólo en Sant Joan Despí, sino también, especialmente, en Tarragona, provincia de la que era hijo, aunque también podemos en visitar su obra en Barcelona (la Casa Planells o el monumento de la Plaça d’Espanya son quizá sus dos obras más reconocidas en nuestra ciudad) o Guimerà.

Fotografías que realicé durante mi visita a la obra de Jujol en Tarragona: Casa Bofarull, Vistabella y Santuari de Montferri

 

En toda su obra, observamos una aparente simplicidad, pues era capaz con poco presupuesto conseguir resultados de lo más ingeniosos, funcionales y bellos. A su vez, observamos también un cierto Modernismo fuera de época, estilo que continuó llevando a cabo como algo propio, como algo lleno de identidad, en una época en la que no se estilaba pero que, sin embargo, encajaba con un público muy concreto que siempre le fue fiel.

Para conocer más sobre el arquitecto y diseñador, os invito a echar un vistazo a la revista Cuadernos de Arquitectura, núm. 179-180 (1988), pues incluye todo un conjunto de artículos sobre su obra.

Os recomiendo también la visualización de este documental emitido recientemente en TV3.

 

La Torre de la Creu (1913-1916)

Antes de conocer Can Negre, sin embargo, cabe destacar cuatro aspectos de la Torre de la Creu, la obra que abrió las puertas a Josep Maria Jujol en Sant Joan Despí y le permitió acceder a tantos otros comitentes de la localidad.

La Torre de la Creu, originalmente llamada Torre Gibert (haciendo referencia a su difunto esposo, aunque también se la conoce como Torre dels Ous por su forma o Torre Parellada), se caracteriza por la libertad que la promotora dio al arquitecto. Es por ello que se la puede considerar una casa de referencia, una obra manifest, como indicábamos en unas líneas anteriores a partir de las palabras de Montserrat Duran, que permitió aplicar todo aquello con lo cual el arquitecto soñó hacer. De este modo, se trata de una obra que permitió lucirse tanto a la tía como a Josep Maria Jujol, tanto como arquitecto como diseñador, a la par que se convierte en una obra que marcó su trayectoria como arquitecto de casas.

La casa destaca por el constante juego de formas, las escaleras en espiral de su interior y los laberínticos terrados, todo ello símbolo claro de la esencia final del Modernismo. A partir de esta casa, podemos decir que Jujol crea un estilo propio, ese estilo que lo acompañaría hasta sus últimas etapas como arquitecto.

Proyecto de Can Negre (incorpora un torreón que, finalmente, no se realizó)

 

Can Negre (1912-1930)

Se trata de la reforma, no de una construcción de nueva planta, de una masía del año 1680; sin embargo, es una de las obras más destacables de Josep Maria Jujol en Sant Joan Despí. De hecho, es precisamente por la intervención que el arquitecto realizó en ella que toma tanto protagonismo, dado que con ella no sólo Jujol se vinculará con la arquitectura de reformas, en la cual no se acaba de conocer si simplemente respeta o aprovecha la arquitectura anterior, sino también con el magnífico virtuosismo de sus proyectos.

¿Sus orígenes? Se trata de la casa de veraneo de Pere Negre; un encargo que se acabó alargando bastante, hasta 15 años. Tal y como hemos indicado, a raíz de su intervención en la Torre de la Creu, Jujol empezó a tener éxito en la localidad. Los señores Negre-Balet, de hecho, fueron los primeros en interesarse en el arquitecto y prueba de ello es que la fecha de finalización de la Torre de la Creu sea el año 1915, la misma que da inicio a Can Negre.

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Josep Maria Jujol aplica en ella un sentido muy particular y personal de la reforma, con una decoración barroca y expresionista y un fuerte cromatismo. Sin embargo, el respeto siempre está presente en la obra de Jujol, motivo por el cual la única modificación que éste realiza es la creación de la buhardilla, conservando la estructura y planta de la antigua masía e, incluso, las reformas del arquitecto que trabajó con anterioridad en la construcción, Jaume Gustà i Bondia.

No se ha conservado documentación de la misma (de hecho, Jujol no tenía proyecto, sino que la fue desarrollando por fases), pero distintas inscripciones que encontramos por toda la casa, así como también la constante firma del arquitecto, nos ayudan a datar y conocer cada una de las renovaciones de su interior.

Algunos ejemplos los encontramos en la capilla, donde leemos que se realizó en el any jubilar josefí 1925.

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La fachada es lo primero que nos llama la atención por sus ondulaciones y asimetría, esas llamas tan características del arquitecto y colores (la casa se encuentra toda ella profusamente decorada, así como también con un fuerte cromatismo); una cualidad efectista que en todo momento aparece en la obra del autor. En ella observamos también un canto a la Virgen María (leemos Ave Maria, gratia plena. Dominus tecum, mientras que las ondulaciones de la casa serían una alegoría al manto de la Virgen), así como también una inmensa carroza, rehecha en más de una ocasión (cuatro, en realidad), que tiene la función de mirador o tribuna, aunque actualmente también corresponde a una de las paradas de Sus Majestades los Reyes Magos durante la cabalgata de Sant Joan Despí.

 

Los esgrafiados, esa técnica tradicional recuperada durante el Modernismo que tanto trabajará Jujol, también se encuentran presentes en la fachada. De hecho, se dice que en los jardines que la rodeaban había árboles cuya sombra se proyectaba en la casa y que, precisamente, los esgrafiados que encontramos en ella corresponderían a esas sombras, esa marca que faltaba cuando el sol dejaba de  irradiar en ellos.

La tradición, sin embargo, como hemos mencionado en unas líneas anteriores, no sólo se encuentra presente en la recuperación de técnicas antiguas, sino que también la percibimos en la constante conservación de esa identidad de casa rural que le dio origen. Es por ello que, a pesar de que se aristocratice, el aire de masía no se pierde en ningún momento (incluso ninguna de las oberturas originales fueron modificadas, manteniendo un fuerte respeto a esa antigua construcción), teniendo la sensación de que, otorgando un valor especial a la materia, no se ha querido convertir aquello viejo y arcaico en algo nuevo y moderno.

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Es para mantener esta tradición que el entorno también adquiere una especial relevancia, siendo el jardín un elemento primordial para leer el edificio, de aquí lo que destacábamos sobre las sombras de la casa en forma de esgrafiados.

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Los jardines se perdieron pero aún se conserva algún que otro elemento, entre los cuales cabe destacar la pérgola o esos bancos que tanto nos recuerdan a los mencionados del Park Güell. En ellos, observamos un pequeño detalle en trencadís, las siglas de la familia y del arquitecto.

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Una verja ondulante bordeaba el recinto, anticipándose a los hechos urbanísticos que tenían que acontecer, a pesar de, en ese momento, tratarse de una masía aislada. De este modo, mientras que una de las puertas, la de la calle del Cor de la Flora, se hallaba entre naturaleza, la de la calle del Torrent d’en Negre, lugar en el cual tenía que construirse una vía, se encontraba adecuada a la estética de la casa. Esta última puerta se conserva, así como también ese gran pajarraco u ocellot de hierro perteneciente a la puerta de la calle del Cor de la Flora. En él observamos una clara iconografía cristiana, vinculándonos con esa religiosidad siempre presente en Jujol, dentro de la cual cabe destacar el águila, la esfera, la cruz, la uva y el trigo como símbolo de la Eucaristía.

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Finalmente, mencionar el trabajo del hierro como un elemento primordial para recalcar el pasado rural de la casa. En este aspecto, cabe tener en mente no sólo las mencionadas rejas del jardín, sino también las ubicadas en las fachadas, lugar donde el arquitecto hace presente el origen del caserío incorporando objetos desplazados, como serían las herramientas viejas de su pasado rural como elementos estéticos.

 

Una casa personalizada

La casa se convierte en un espacio de intimidad y devoción privada (la religión observamos que se encuentra siempre muy presente, tanto en Can Negre como en la obra de Jujol en su conjunto) que pasa, encontrando en este caso una diferencia con la mencionada Torre de la Creu, del expresionismo al barroquismo, del abierto al cerrado, en su estilo.

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Es en el interior de la casa, sin embargo, donde observamos con mayor claridad el trabajo virtuoso del arquitecto. Se trata de una casa con todas las comodidades pensadas, pasando desde el mueble protector del retablo de 1500, dedicado a Santa Tecla (Jujol añadiría a la pieza unos dorados, además de renovar el marco de la tabla y añadir unos retoques en sus imágenes y leyendas con su mítica caligrafía)…

 

… a las cajoneras (se aprovecha el espacio de la escalera para construirla, el cajón se abre por un lateral para poder llegar al máximo a su interior y se hace un pequeño agujero en la pared para no dañarla con la llave de la puerta del armario) o el sistema de ventilación, con elementos que permiten abrir las ventanas incluso más elevadas. Otro ejemplo de esta ergonomía son los bancos, adaptados a la forma humana, o la manilla de la ventana, pintada en negro por tal de no mancharla a causa de los trabajos propios de una masía.

 

En toda la casa, además, encontramos referencias de sus propietarios, como serían las inscripciones con sus nombres o la presencia de sus hijos a partir de los santos protectores de la capilla, los santos Raymon y Francesc (mismos nombres que sus hijos). Como curiosidad, decir que sus imágenes ya no se encuentran en su lugar original pero observamos cómo, debajo de ellas, aún se encuentran presentes las marcas del arquitecto para determinar su ubicación durante la obra.

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El sello de la familia en la escalera con el birrete papal, las llaves de San Pedro y el clavo de Santa Engracia sería un nuevo elemento de personalización de la casa.

 

La escalera y la capilla

Los elementos más destacados de su interior, sin lugar a dudas, son la escalera y la capilla, puesto que es en ellas donde observamos la maestría del arquitecto. De este modo, observamos cómo en la escalera Jujol trata su agujero como si de una cúpula se tratase, una cúpula en la cual coloca un ángel y distintos agujeros para iluminarlo creando un efecto especial, al más puro estilo barroco de las cúpulas de Bernini.

Por su lado, en ella también se recupera la tradición de la pintura mural con la decoración en motivos amorfos, que bien nos podrían hacer pensar en nubes por su color blanco, sobre un fondo del mítico color azul de Jujol. Se trataría, pues, de la creación de un espacio irreal y lleno de simbolismo religioso; una composición escenográfica en la que todo es ficticio pero también legítimo.

 

Este efectismo lo volvemos a encontrar en el oratorio, al cual accedemos mediante una puerta de terciopelo. Más barroco y recargado no podría ser pero, aún así, en él encontramos esta voluntad religiosa y la idea de ascensión mediante sus elementos decorativos, entre los cuales cabe destacar los juegos en espiral.

 

Finalmente, antes de proseguir con nuestra tercera parada, destacar que Can Negre tiene  muchos vínculos con una casa de Jujol, en esta ocasión localizada en Tarragona, y que también tuvimos oportunidad de visitar en La Bcn Que Me Gusta. Se trata de la Casa Bofarull, una masía entre viñedos que manifestaría similitudes con Can Negre como serían su temporalidad, el hecho de que pertenezcan ambas al medio rural, la reutilización de los materiales, la creación de espacios únicos en su interior, como el agujero de sus escaleras, el simbolismo que hay en cada uno de sus rincones o el sentido ecológico de su entorno. No obstante, observamos también ciertas diferencias entre ambas, como podría ser el hecho de que Can Negre se resolucione creando un nuevo edificio aristocráticamente exquisito y con una fuerte carga religiosa, mientras que la Casa Bofarull significa una reafirmación rural en la cual la arquitectura tradicional deja paso a un nuevo lenguaje plástico, delicado y contundente a su vez, tal y como nos explica Montserrat Duran en Josep M. Jujol. L’arquitectura amagada.

Últimos detalles antes de pasar a la tercera parada de la Ruta del Tram

 

Tercera parada… Rambla Sant Just

Finalmente, como no podía ser de otro modo, realizamos una última parada pensada para reponer fuerzas. Y es que, tal y como hemos comentado al inicio de esta entrada, la Ruta del Tram también incluye una interesante oferta gastronómica que nos permite combinar la cultura y la naturaleza con la gastronomía (podéis encontrar descuentos para los distintos restaurantes en la página web de la ruta).

En esta ocasión, la parada fue en Sant Just Desvern en el Restaurant la Torre de l’Hereu, como indica su nombre la casa del heredero de la familia Modolell, cuya residencia principal la encontramos a tan sólo unos metros del restaurante.

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Actualmente, desde el año 1990, se encuentra gestionado por Micuit Grup y en ella podemos encontrar, sobre todo, cocina catalana en unos jardines que nos aíslan por completo del entorno urbano de los alrededores.

En definitiva… ¡tanto la casa como sus jardines son una maravilla!

 

¡Aquí os dejo algunas de las fotografías que nos pudimos hacer en su photocall y del tentempié que degustamos!

 

Y, ya para concluir, sólo mencionar que, gracias a la Ruta del Tram, pudimos descubrir un Baix Llobregat que desconocíamos por completo y que va mucho más allá de los iconos por excelencia visitables de la comarca.

Obviamente, me quedan muchas otras paradas por realizar (aunque algunas ya las hicimos hace tiempo en La Bcn Que Me Gusta, como sería el Parc de Torreblanca), pues esta entrada ha pretendido ser sólo una pincelada de todo lo que esconde la Ruta de Tram. Por este mismo motivo, os invito a seguir descubriéndolas, tanto la Ruta como la comarca, donde hay un sinfín de lugares a los que ir, tanto con amigos, en familia con los más pequeños (podéis encontrar descuentos para hacerlo en familia aquí) o individualmente .

¿Qué me decís? ¿Os animáis?  😉

 

Para más información:

Ruta del Tram    rutadeltram.cat

Turisme Baix Llobregat   turisme.elbaixllobregat.cat

Tram de Barcelona   www.tram.cat

 

Bibliografía:
Asociación de Ceramología, Tradición y modernidad: la cerámica en el Modernismo. Actas del Congreso celebrado en Esplugues de Llobregat, 29-31 octubre 2004, Esplugues de Llobregat: Ajuntament d’Esplugues de Llobregat, 2006

Duran, Montserrat, Josep M. Jujol: l’arquitectura amagada, Barcelona: Meteora, 2003

Duran, Montserrat, Josep Ma. Jujol a Sant Joan Despí. Projectes i obra 1913-1949, Barcelona: Corporació Metropolitana de Barcelona, 1987

Giralt-Miracle, Daniel, Jujol dissenyador, Barcelona: Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2002

Griset, Jordi, L’art del mosaic hidràulic a Catalunya, Barcelona: Viena: Ajuntament de Barcelona, 2015

 

Revista Cuadernos de Arquitectura, núm. 179-180 (1988)

2 comments

  • remorada  

    cómo mola! qué completo! esa zona la conozco poquísimo y ahora me has dado motivos para darme un salto por allí… qué pasada, sobre todo lo de las cerámicas!

    • La Bcn Que Me Gusta  

      ¡Me alegro de que te sea útil! ¡A disfrutar del paseo pues! 🙂

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