Las ciudades judía y cristiana durante la Edad Media… ¡una colaboración entre Sant Just y Mozaika!

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Hace apenas un par de semanas, tuvo lugar la segunda ruta fruto de una colaboración muy especial, de la unión entre dos buenos vecinos que, a su vez, son también dos entes muy destacados en la vida social y cultural del Barri Gòtic, mostrándonos cómo, por el simple hecho de formar las dos comunidades parte de nuestra historia, es posible implementar interesantes y buenas ideas conjuntamente.

Esta colaboración, pues, ha conllevado la creación de una ruta por el Barri Gòtic, titulada Història de dues ciutats. La ciutat jueva i cristiana en l’Edat Mitjana y guiada por un miembro de cada una de las dos instituciones organizadoras, la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor y Mozaika, siendo ambas representantes de los inicios de nuestra ciudad, de las dos principales comunidades (los primeros cristianos y los judíos) de la Barcelona medieval y, por tanto, aquellos que dieron origen, en cierta manera, a la Barcelona que somos actualmente.

¿Cómo formó sus correspondientes barrios cada una de las dos comunidades? ¿Cómo se vinculó cada una de ellas con nuestra ciudad? ¿Cómo se relacionaban entre ellas? Esto y mucho más es lo que pudimos conocer en este itinerario tan especial que, además de conocimientos, estaba repleto de otros aspectos y elementos tan necesarios para un correcto funcionamiento como son la colaboración o la buena convivencia.

De este modo, Història de dues ciutats. La ciutat jueva i cristiana en l’Edat Mitjana pretende ser un diálogo con nuestra ciudad a partir de sus dos religiones más representativas, aquellas que la compusieron durante la Edad Media; pero también un diálogo entre los distintos espacios que éstas habitaron, conociendo a partir de éste cómo era la vida en la Barcelona del momento para, al fin y al cabo, conocernos también a nosotros mismos, entendiendo que somos lo que somos gracias a todo este pasado.

Como hemos indicado, se trata de la segunda ruta que se ha llevado a cabo dentro de este ambicioso proyecto que, a pesar de su carácter aún provisional, pretende irse desarrollando más intensamente. Es por ello que ya tenemos fecha para la próxima ruta… ¡El sábado 11 de mayo a las 17h!  😉

 

Como curiosidad, añadir que la Catedral de Barcelona actualmente también está llevando a cabo distintas investigaciones vinculadas con este tema, es decir, con las relaciones que había entre las dos comunidades, especialmente a raíz de la documentación que se conserva en sus archivos. El proyecto recibe el nombre de Memòria Hebrea a la Catedral de Barcelona.

 

Pero, primero de todo… ¿quiénes son estas dos organizaciones?

Como hemos indicado, los dos entes impulsores de la ruta son la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor y Mozaika.

El primero de ellos representa la vertiente cristiana del proyecto y se encuentra cobijado bajo el gran envoltorio de una de las cuatro basílicas góticas de Barcelona, la Basílica de Sant Just i Sant Pastor. Se trata de una de las iglesias de nuestra ciudad con más historia, remontándose sus orígenes a los primeros cristianos, así como también una construcción con un patrimonio realmente amplio que no deja de sorprendernos día tras día a medida que lo vamos estudiando puesto que, precisamente debido a toda esta trayectoria histórica, también van apareciendo continuamente en ella elementos tanto arqueológicos como artísticos de gran interés. No obstante, además de un gran contenedor, es todavía también un lugar vivo que, de hecho, se convierte en la iglesia que conserva más su carácter de barrio y de parroquia en el centro de Barcelona.

Por su lado, Mozaika representa el lado judío de esta ruta, dado que se trata de la organización barcelonesa por excelencia encargada de dar a conocer su cultura y patrimonio en nuestra ciudad con la intención de acercarla al gran público, no siempre familiarizado con ella a pesar de que, como hemos indicado, tuviese un papel tan destacado en la creación de la Barcelona actual. Es por ello que, desde la Casa Adret, una de las casas más antiguas del Barri Gòtic, Mozaika gestiona y organiza todo tipo de actividades vinculadas al Judaísmo barcelonés, a la par que también publica distintos artículos a partir Mozaika Magazine y trabaja en otros proyectos de destacado interés como Sefer Barcelona (el festival del libro judío y lugar de encuentro de distintas formas de expresión artística relacionadas con la cultura judía), Salam Shalom Barcelona (un proyecto basado en un precedente berlinés en el cual trabajan tanto judíos como musulmanes de nuestra ciudad mostrando que el diálogo interconfesional e intercultural es posible), Toldot Barcelona (experiencias culinarias y rutas guiadas que permiten la divulgación de todo este patrimonio cultural) o Responsa del Siglo XXI (un ciclo de conferencias sobre distintas cuestiones del Judaísmo). Podéis encontrar su tríptico informativo aquí.

 

Dicho esto… ¡La ruta!

Este recorrido por estas dos ciudades que, a pesar de ubicarse en dos barrios distintos en época medieval, crecieron de manera paralela y más unida de lo que podríamos imaginar, formando una base primordial en el desarrollo de la ciudad condal, empieza en la que se podría considerar la iglesia más antigua de Barcelona, al menos en cuanto a comunidad se refiere, puesto que su culto se ha mantenido de manera ininterrumpida desde el siglo VI (que sepamos con seguridad, ya que muy probablemente también podría remontarse al siglo IV).

Se trata de la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor, cuyos orígenes se inician en época romana, con un primer templo ubicado en una pequeña colina que haría pareja con el Templo de Augusto, en el Mont Tàber. De hecho, podríamos afirmar que su evolución va tan ligada a nuestra ciudad que es a partir de ella que podemos conocer la propia evolución histórica de Barcelona, es decir, las distintas etapas históricas por las cuales hemos pasado, ya sea a partir de su destacado papel durante la implantación de los cultos arriano visigótico y musulmán, la construcción de la Catedral gótica, la Peste o, ya más recientemente, la Guerra Civil española. Y es que todos estos hechos obligaron a Sant Just a actuar de maneras muy concretas, como podría ser, por ejemplo, acogiendo el obispo cristiano en distintas ocasiones, es decir, pasando a ser la sede episcopal de Barcelona, permitiéndonos, de este modo, conocer nuestra ciudad a partir de las piedras mismas de la Basílica. Es por ello que una visita a Sant Just se convierte en algo primordial para conocernos a nosotros mismos, algo que ya hicimos el año pasado, motivo por el cual en esta entrada no me extenderé mucho hablando sobre la primera parte de la visita, dedicando quizá algunas líneas más a la segunda, puesto que podéis conocer más sobre la Basílica, su historia y las distintas visitas y actividades que se llevan a cabo en su interior a partir de las dos entradas que ya le dedicamos en su momento en La Bcn Que Me Gusta, a partir de la visita guiada de la cual disfrutamos y de nuestra asistencia a las conferencias que tuvieron lugar dentro del marco de las II Jornades Basíliques Històriques de Barcelona de la Facultat Antoni Gaudí. Podéis encontrarlas aquí y aquí.

La Barcelona romana, con las dos colinas y correspondientes templos, y la planta paleocristiana con su conjunto episcopal (podéis encontrar más información de ambos elementos en las entradas publicadas en La Bcn Que Me Gusta que os comentaba)

 

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Restos arqueológicos en la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor

 

Además de conocer la Basílica como un ente fundamental en el desarrollo de la Barcelona cristiana, Història de dues ciutats. La ciutat jueva i cristiana en l’Edat Mitjana nos permitió también conocer los puntos en común entre las dos comunidades vistos desde cada una de ellas, es decir, que en el caso de Sant Just, por ejemplo, se nos presentaron, principalmente, tres puntos de contacto con la comunidad judía, los cuales no sólo pudimos conocer en profundidad durante la visita, sino que algunos de ellos también nos permitieron abrir un poco esa visión que siempre se nos ha contado sobre el tema. Así, si bien es cierto que los cristianos no se portaron siempre bien con los judíos, en algunos casos observamos cómo la convivencia entre vecinos también podía ser buena y enriquecedora.

El ejemplo más destacado de esta unión son los distintos documentos, conservados en los archivos tanto de la Catedral como de Sant Just, en los cuales se nos muestra cómo, a pesar de la persecución, se daban también acuerdos comerciales entre los miembros de las dos comunidades e, incluso, unión entre linajes. Cabe tener en cuenta, además, que los judíos estaban también vinculados con el rey y algunas de las sagas más destacadas de comerciantes de la ciudad, especialmente en cuanto a transacciones económicas se refiere. Asimismo, los altos cargos de la corte, como podría ser la de Jaume I, eran judíos (hasta que la Iglesia presionó en 1228 para conseguir lo contrario, alegando que no podía haber ningún judío por encima de un cristiano; la llegada de los Trastámara supuso también la aplicación de leyes antijudías), del mismo modo que también lo eran los médicos, astrónomos y cartógrafos.

No obstante, también es cierto que en la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor se daba un hecho que, a pesar de que es de gran interés a nivel histórico, nos muestra de nuevo el trato negativo que en tantos momentos de la historia se daba desde el Cristianismo a los judíos. Se trata de la Capella de Sant Feliu, de la cual ya hablamos en las entradas que os he mencionado en unas líneas anteriores pero que, debido a sus vínculos con la comunidad judía y con este itinerario tan especial, me gustaría volver a presentar. La Capella de Sant Feliu era el altar del cual era beneficiaria la familia de los Requesens, vecinos del barrio, puesto que habitaban en el palacio que actualmente acoge la Reial Acadèmia de les Bones Lletres. En su interior, además de su sepultura, encontramos el Retablo de la Santa Creu (1525-1530), obra de Pere Nuñes, delante del cual se ejercían tres privilegios reales otorgados por Lluís el Pietós en el año 801.

El primero de ellos era el testamento sacramental, un privilegio que Pere el Gran abolió en toda la Corona a excepción de Sant Just, donde se realizó el último en 1989 (el Parlament de Catalunya derogó, finalmente, este tipo de testamentos al considerarse obsoletos en una sociedad moderna), y que permitía a todo aquel que moría en alta mar o en tierra extranjera sin testamento expresar sus últimas voluntades aunque no hubiese un notario presente. Este testamento, pues, tenía valor legar al llegar a Barcelona tan sólo presentándose los testigos de dicho juramento delante del retablo, donde se juraba ante Sant Feliu en presencia, esta vez sí, de un notario y del rector de Sant Just y se expresaban las últimas voluntades del difunto.

El segundo privilegio que se aplicaba en este espacio era el Juicio de Dios, es decir, el juramento ante el altar de Sant Feliu, previo a cualquier resolución de una disputa entre dos caballeros, para confirmar que no recurrirían a ningún talismán o bruja para resultar vencedores, lo que se conocería como batalla jurada.

Finalmente, y es aquí donde hallamos los vínculos con la comunidad judía, encontramos el llamado Juramento de los Judíos, aquel que éstos debían realizar en la capilla cuando se daba un pleito entre un cristiano y un judío y la causa se debía solucionar con la declaración de este último. El judío debía prometer ante el altar de Sant Feliu, con el decálogo y una rueda de molino en la espalda, que diría toda la verdad.

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La visita a Sant Just, además de permitirnos conocer la sacristía, donde se localizan los restos de ese antiguo baptisterio que nos une a los orígenes de la Barcelona cristiana y una fosa consecuencia de la gran peste que asoló Barcelona en el siglo XIV…

 

… también nos permitió subir a su magnífica torre, desde la cual no sólo tenemos unas vistas fantásticas de la Catedral de Barcelona y del Barri Gòtic en su conjunto, sino también de aquella zona en la cual vivían esos vecinos a los cuales la ruta también nos une, el Call de Barcelona.

 

La subida a las terrazas, siempre una aventura al tener que salvar su estrecha escalera de caracol, también nos permite conocer el tercer elemento que nos liga a la comunidad judía en Sant Just, una piedra con inscripciones hebreas reaprovechada del Cementerio de Montjuïc (recordemos que, del mismo modo que ocurre en Girona, la palabra Montjuïc hace referencia al monte de los judíos, es decir, al cementerio judío).

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Una vez conocido Sant Just y los inicios de la comunidad cristiana…

Volvemos a viajar en el tiempo para, en esta ocasión, acercarnos a los orígenes de Barcelona desde la historia que se estaba gestando en paralelo a la cristiana, desde una perspectiva distinta a la conocida en esta primera etapa del itinerario. Nos desplazamos, así, al Call o aljama de Barcelona, cuya primera mención documental es mucho posterior a la de Sant Just, puesto que se remonta al año 1106, pero que ya nos indica la existencia de una importante comunidad judía en la ciudad (restos arqueológicos hallados en Montjuïc anteriores a esta fecha, del siglo IX, también evidenciarían su presencia). No obstante, a pesar de que no tengamos documentación en el caso de Barcelona que lo demuestre, si extrapolamos los datos encontrados en otros lugares de Catalunya a la ciudad condal (en Tarragona, por ejemplo, se halló un epitafio en los que se mencionaba en griego y latín el nombre de la esposa de un rabino, mientras que un documento del siglo V nos explica la conversión de un grupo de judíos menorquines al Cristianismo), observamos que en ésta tendría que haber habido una comunidad judía ya en época romana, que podría haber llegado desde Italia, de donde eran enviados como esclavos, aunque hay quien se ha aventurado a afirmar que llegaron a la Península Ibérica a partir de los fenicios, comunidades que también venían de Oriente, y sus rutas comerciales. De hecho, la primera inscripción en la antigua Corona de Aragón la hallamos en las Baleares y fecha del siglo IdC.

Por otro lado, cabe destacar también cómo los judíos medievales insistían en situar su presencia en la Península Ibérica mucho antes de los romanos, es decir, como descendientes de antiguos contingentes de esclavos llegados a Hispania después de Nabucodonosor, como trofeo de guerra del rey de Sevilla Isban o Couban, que habría acompañado al rey babilónico en la batalla (586 aC); en cierta manera se trataba de una manera de desentenderse de las acusaciones como asesinos de Dios que siempre se les hacía.

Si queréis saber más detalles sobre la presencia judía en Catalunya, os recomiendo la lectura de “Els jueus catalans” de Manuel Forcano

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A pesar de su presencia anterior, es en el siglo XII, con las distintas transformaciones que se dieron urbanísticamente en la ciudad y la compartimentación de sus calles y barrios en función de los distintos oficios y comunidades, que el Call medieval de Barcelona se creó como tal. De este modo, lo que era una pequeña calle, la calle de los Judíos (de aquí nacería la palabra Call), poco a poco se fue convirtiendo en un barrio que, si bien es cierto que contrariamente a lo que siempre se nos ha contado no era exactamente un ghetto cerrado per sé, sí se encontraba altamente controlado. Es decir, que las famosas puertas que cerraban el barrio y que tanto se han divulgado a partir de publicaciones como la La Catedral del Mar de Ildefonso Falcones, no eran exclusivas del Call sino que se encontraban en muchas otras calles medievales; es más, la puerta tenía un portero que avisaba a los representantes del aljama en caso de entrada de alguien alieno a la comunidad. Prueba de todo ello es que ni la puerta ni la muralla sirviesen ante los distintos ataques que sufrieron.

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Así, si bien es cierto que no encontramos murallas, aunque sí que es verdad que una de las murallas romanas pasaba por aquí, por la actual calle dels Banys Nous, el crecimiento del Call se veía limitado y controlado de manera indirecta a partir de todas las edificaciones colindantes. De este modo, la Catedral, con todas sus respectivas dependencias (recordemos que la iglesia de Sant Jaume de la calle de Ferran se hallaba en su momento en la plaza de mismo nombre y que el Palacio Arzobispal también se ubicaba muy cerca), así como también el Consell de Cent, se encontraban alrededor del barrio, aportando la sensación de control sin necesidad de crear una muralla física. Es decir, que su ubicación no era fortuita, sino que, en realidad, existía un fuerte control eclesiástico a partir de ella. A pesar de todo ello, cabe tener en cuenta que también tenemos constancia de judíos fuera de los límites del Call.

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En el siglo XIII los reyes de la Corona de Aragón otorgaron a sus judíos un conjunto de derechos en materia religiosa por tal de que practicasen libremente la religión y su liturgia. Tenían, de este modo, derecho a disponer de sinagogas en las aljamas, así como también edificios y espacios necesarios para cumplir los mandamientos religiosos, como el matadero para sacrificar animales según los preceptos judíos, escuelas, academia rabínica, hornos particulares, hospital, fundación pía y un cementerio exclusivo, entre otros. Podían disfrutar de las fiestas de su calendario religioso, así como también de su día de descanso, del mismo modo que se les permitía editar y tener libros propios. Las aljamas se encontraban bajo protección real y funcionaban de manera autónoma a los municipios, es decir, que elegían sus propios magistrados y consejeros, un consejo de ancianos que suponía la máxima autoridad y hacía cumplir los estatutos. El consejo de ancianos de Barcelona llegó a tener 30 miembros, aunque lo normal es que se compusieran de unos 7.

La comunidad judía barcelonesa creció tanto (llegó a ser la aljama más grande de la Corona de Aragón) que a mediados del siglo XIII salió de los límites del actual Call Major creando, de manera espontánea por falta de espacio, un nuevo barrio en el que convivían con cristianos, lo que denominamos Call Menor.

No obstante, rápidamente los tiempos fueron cambiando… Así, en 1234 las Cortes, reunidas en Tarragona, prohibieron totalmente a los judíos convertirse al Islam y a los musulmanes al Judaísmo y Jaume I también estableció que cualquier cristiano que se convirtiese al Judaísmo fuese quemado vivo. Así es cómo, progresivamente, se llegó a los hechos del año 1391, unos atroces ataques (en realidad acontecieron en toda la Península, pero en Barcelona, Mallorca y Velencia tuvieron graves consecuencias) que supusieron la muerte de más de 300 judíos y la conversión forzada de aquellos que sobrevivieron.

Prueba de su efectividad es que los fogatges del siglo XIV no nos muestren que viviesen judíos en la zona. De hecho, parte de los terrenos fueron donados a la Diputació del General, que podría construir su palacio en ellos. Como consecuencia, se abrieron también nuevas calles, como la de Sant Sever, que supusieron la demolición de distintas casas judías; también se prohibió que los conversos siguiesen viviendo en el Call, se estipuló una nueva tasa para ellos y recibieron presión por parte del Consell de la Ciutat para vender sus casas. Es en este momento, pues, que se creará una especulación enorme en el barrio, puesto que interesará la compra de casas en él. Muchos de los que tuvieron que huir del Call Major tras la persecución de 1391 se trasladaron al Call Menor.

A pesar de que Joan I quisiese restaurar las aljamas de Valencia y Barcelona, eligiendo sesenta familias judías para instalarlas en las dos ciudades, pocos se atrevieron a regresar, motivo por el cual no fue posible solucionar tal pérdida.

Un hecho lamentablemente curioso que se llevó a cabo en Barcelona, pero también en Girona, es la creación de la calle de Sant Domènech del Call, actualmente, por sus connotaciones negativas, ya modificada a Salomó ben Adret, nombre de un importante rabino de la Sinagoga Major de Barcelona de finales del siglo XIII – inicios del siglo XIV (de hecho, se trata de algo más, puesto que con autoridad moral, religiosa y jurídica dentro del Judaísmo, se convirtió en toda una referencia dentro de la historia y cultura catalanas medievales, a la par que uno de los barceloneses más influyentes de todos los tiempos; es por ello que los reyes Pere II, Alfons II y Jaume II recurrieron a él en varias ocasiones como entendido en asuntos judíos que era), conocido también como Raixbà y discípulo del gran maestro Nahmánidas de Girona (tenéis más información de él en este dossier creado por el MUHBA en motivo de la exposición que se le realizó para celebrar el séptimo centenario de su muerte).  Y es que la creación de esta calle, a pesar de que nos pasase desapercibido a gran parte de nosotros, no deja de ser una de esas nuevas imposiciones posteriores a la persecución. La onomástica de Sant Domènech es el día 5 de agosto, fecha en la que se inició el ataque, que duró 3 días, al Call Major. Es por este motivo que, para que quedase tal hecho grabado en la posteridad y como símbolo de victoria, se impuso el cambio de nombre de esta calle de manera que estos hechos siempre fuesen recordados por aquellos que vivían en el barrio. En el caso de Girona, se hizo lo mismo con la calle de Sant Llorenç.

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Durante nuestro itinerario, pudimos también conocer elementos más físicos que aún son recuerdo de este pasado judío. Uno de ellos son sus casas, las cuales, a pesar de ser medievales de base, excluyendo las construidas con posterioridad a la demolición de residencias judías, quedan escondidas tras fachadas de los siglos XVIII y XIX e, incluso, del siglo XX. Muchas de las fachadas actuales, pues, son rebozados o añadidos, motivo por el cual las evidencias físicas que nos quedan del Call medieval son pocas, debido a esta voluntad de borrar el pasado que destacábamos y de los distintos cambios urbanísticos que fueron aconteciendo en él.

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En sus interiores, sin embargo, aún conservan algunos símbolos de esa época. Uno de ellos son las mezuzot (en singular mezuzah), pequeñas cavidades grabadas en el dintel de la puerta en las cuales se introducían unos rollos de pergamino que incluían dos versículos de la Torá y que marcaban las residencias judías. Dado que las residencias se vertebraban alrededor de un patio de vecinos, dejando en la calle lugar para los comercios y talleres, las mezuzot encontradas se hallan en el interior de las construcciones, es decir, no a pie de calle. Es por ello que la mezuzah que encontramos en la entrada de la casa de la calle de l’Arc de Sant Ramon del Call no se consideraría del momento, sino un añadido posterior. De hecho, se trata de una excavación poco profunda, pequeña y poco definida, contrariamente a las habituales, lo que hizo pensar con más seguridad que no era original de la época.

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Una de estas casas conservadas anteriores a la persecución que daría fin al aljama barcelonés es la Casa Adret, localizada en una de las calles principales del Call, lo que mostraría el poder adquisitivo de su propietario. Actualmente, como hemos indicado, acoge la sede de Mozaika y es también visitable durante el itinerario.

En su patio encontramos dos mezuzot (las cavidades), lo que nos mostraría que en su interior habitaban al menos dos familias.

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Como curiosidad, decir que, fechada del siglo XIV, se trata de la casa habitada más antigua de Barcelona. Su último propietario judío, Astruch Isaac Adret, de Cervera pero con residencia también en Barcelona, convertido al Cristianismo en 1391 con el nombre de Lluís Junyent de Comeria (se mudó tras este momento a Falset), es quien da nombre a la casa, adquirida, ya actualmente, por Andreu Mas-Colell, quien inició su rehabilitación de la mano de los arquitectos Elies Torrent y Juan Antonio Martínez. Es en esta fase de rehabilitación que, además de encontrar monumentalizadas desde el interior y de una manera realmente exquisita sus columnas medievales, se creó la escalera colgante que permite acceder a la planta principal sin necesidad de malmeter la pared medieval.

La casa incluía dos talleres en su planta baja. Tras la partida de su propietario, acogió distintas funciones como la de casa mortuoria, una escuela de música o un prostíbulo.

 

Actualmente, en su interior, además de Mozaika encontramos el Institut Privat d’Estudis Món Juïc y la European Association for the Preservation and Promotion of Jewish Culture and Heritage (AEPJ).

Este pequeño programa de Betevé nos habla más de la casa y sus peculiaridades.

 

El Call jueu acogía cinco sinagogas (cuatro en el Call Major y una en el Call Menor), una de las cuales era la llamada Sinagoga dels Francesos, puesto que se trataba del templo y punto de reunión de aquellos judíos huidos de Francia debido a las persecuciones consecuencia de la orden de expulsión de Felipe IV el Bello en 1306. Además, del mismo modo que ocurría con la comunidad cristiana, disponían de la Almoina judía, el lugar en el cual se ayudaba a los más desfavorecidos. Una placa en la calle de Marlet, cuya réplica podemos encontrar en el Call, nos especifica su localización en el siglo XIII, así como también que fue el rabino Samuel ha-Sardí su fundador.

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Por otro lado, destacar también que esta ruta nos ayudó a desmentir muchas informaciones que casi de manera perpetua se van repitiendo y pasando de boca a oreja sin ningún tipo de fundamento. Una de ellas es la ubicación de la Sinagoga Major, durante mucho tiempo localizada erróneamente y considerada la más antigua de Europa; la segunda es la localización de los baños judíos, los cuales se decía de manera sistemática que se hallaban en el interior de la tienda S’Oliver y de la cafetería Caelum.

La ubicación del mihvé de Barcelona, pues, a diferencia del de Besalú, no se ha podido conocer todavía, aunque sí se encontraron algunas columnas en la confluencia entre las calles de la Boqueria y dels Banys Nous, conservadas actualmente en el Museu d’Història de Barcelona. A pesar de ello, sí conservamos una documentación del siglo XII en la cual se especifica el nombre del judío encargado de financiarlo. Posteriormente, a través de unas cartas a Salomó ben Adret, en las cuales se exponen unas dudas sobre la ley medieval por parte de un ciudadano que busca consejo en el rabino (se trata de las famosas responsa, una interesante fuente de información histórica que nos habla de las distintas preocupaciones que tenían los judíos del momento y cuyas preguntas llegaban al rabino desde comunidades de todo el mundo), tenemos constancia de que el mihvé se hallaba en la calle dels Banys Nous, controlado bajo llave por tal de que los cristianos no entrasen, lo que conllevaría una desacralización de sus aguas.

En esta parte de la ruta, además, pudimos conocer dos puntos de contacto con la Basílica de Sant Just i Sant Pastor, vistos, en esta ocasión, desde la perspectiva judía. El primero de ellos gira en torno de otra piedra reaprovechada del cementerio de Montjuïc con inscripciones en hebreo. Y es que a partir de la persecución de 1391, como legítimo propietario que era el Rey del cementerio, éste permitió la reutilización de sus piedras para la construcción. De hecho, el monarca vendió el cementerio a una sociedad de creditores por 2450 florines, de ahí que no sea extraño encontrar, todavía ahora, algunas de ellas en construcciones cristianas.

En la calle de Sant Sever encontramos otra de estas piedras, así como también en el Palau Requesens o en el Palau del Lloctinent.

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Otro punto de contacto con la Basílica de Sant Just i Sant Pastor en esta ruta, además de la mencionada piedra, es la Volta del Remei, una calle con bóveda, algo muy propio de la Barcelona medieval como recurso de reaprovechamiento del espacio, localizada en el Call Menor y que, de hecho, se trataría de la única evidencia de este barrio conservada, puesto que la mayor parte del trazado de la zona se perdió a partir de la apertura de la calle de Ferran. Concretamente, este contacto procede de la actual Església de Sant Jaume, localizada en la antigua Sinagoga del Call Menor y, por tanto, un claro ejemplo de esta reconversión forzada que destacábamos. De hecho, antes de estar dedicada a Sant Jaume, la iglesia acogía la advocación de la Santa Trinidad, elemento básico que diferencia los cristianos de los judíos, y se encontraba regentada por una cofradía fundada a partir de conversos que repitieron en ella esas actividades asistenciales que llevaban a cabo en el Call. En el fondo, pues, se trata de una de esas tantas acciones que los conversos se veían obligados a realizar para demostrar que eran 100% cristianos.

Es en este momento que recuperamos, nuevamente, los vínculos con Sant Just puesto que el hijo de uno de los vecinos de la zona, Nicolau Sancho, acusado de circuncidar a su hijo, el cual acabó falleciendo a causa de una deformación, fue bautizado por el rector de Sant Just de ese momento. A raíz de ello, se abre una interesante historia que vincula Nicolau Sancho con Francesc de Pedralbes, médico converso, y la Inquisición pero, si queréis conocerla… ¡os animo a que os apuntéis a la siguiente visita que se lleve a cabo! Ya sabéis… ¡este próximo sábado 11 de mayo!  😉

 

Ya para finalizar, sólo destacar cómo esta ruta nos permitió conocer un sinfín de detalles sobre la Barcelona medieval, detalles muy vinculados a su manera de vivir, a su sociedad como tal, la misma que acabaría dando inicio a la Barcelona actual, siendo base de ella tanto urbanística como socialmente hablando. Más que centrarse en sus elementos más artísticos, lo primero en lo que normalmente nos fijamos cuando visitamos una ciudad, este itinerario, pues, se centra en todos aquellos aspectos que se encuentran más escondidos, más intrínsecos en su composición; se focaliza en las relaciones que se establecen entre las personas que habitan sus espacios y entre sus habitantes, relaciones que se encuentran todavía muy activas, motivo por el cual esta ruta aún adquiere más valor y significación.

En definitiva, por todo lo que esta colaboración conlleva, no puedo más que recomendárosla y animaros a recorrer vosotros y vosotras también cada una de las calles de esta Barcelona medieval llena de historias y momentos a recordar, hechos que forman parte de nuestra cultura e imaginario y que sólo así podemos recuperar.

 

Para más información:

Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor   https://basilicasantjust.cat

Mozaika  www.mozaika.es

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