Las librepensadoras del primer feminismo catalán

 

Hace un tiempo, hablamos de Lluïsa Vidal, Dolors Monserdà, Carme Karr y Francesca Bonnemaison, mujeres de Feminal, ese suplemento de La Il.lustració Catalana dedicado a la mujer y escrito por mujeres cuyo poder en su clase social, burguesa, fue imprescindible para que empezasen a haber cambios hacia el Feminismo. De hecho, ellas se pueden considerar las primeras feministas de Catalunya. Podéis encontrar la entrada que les dedicamos aquí.

Pero no están solas… y es que en el lado opuesto de la moneda, desde el Obrerismo y el Librepensamiento, encontramos otras tres mujeres a las cuales les debemos también mucho. Se trata de Teresa Claramunt, Ángeles López de Ayala y Amalia Domingo Soler, las creadoras de la considerada primera asociación feminista del Estado, la Sociedad Progresiva Femenina (1898-1926), sucesora de la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona (1891).

Tres mujeres con un mismo objetivo, la liberación de la mujer del patriarcado, pero también del poder de la Iglesia, aunque actuase cada una de ellas desde distintas ideologías, como serían el anarquismo, el republicanismo y masonería o el espiritismo, respectivamente.

 

Pero, vayamos a pasos… ¿Qué era el Librepensamiento?

Conocemos como Librepensamiento esa facción de izquierdas que promulgaba un cambio en la sociedad del siglo XIX incluyendo en su interior anarquistas, ateos, masones y deístas progresistas. Tendrán mucha fuerza y, de hecho, también grandes personajes que implicarán cambios culturales, como Rossend Arús (periodista y dramaturgo, republicano federal catalanista y masón, creador de la Biblioteca Arús, biblioteca pública creada gracias a la donación de 25.000 libros al Ajutnament de Barcelona, o de la primera escuela pública de L’Hospitalet de Llobregat), Narcís Monturiol (una de las grandes figuras de, por ejemplo, el icarismo del Poblenou, además de ser el inventor del submarino) o Valentí Almirall (uno de los impulsores del catalanismo de izquierdas y federalista, cuya biblioteca se conserva en el Tibidabo).

La Biblioteca Arús, en el Passeig de Sant Joan, conserva un interesante fondo anarquista y masón

 

La Plaça de Prim en el Poblenou se considera el seno de la sociedad utópica, basada en los principios de igualdad de Étienne Cabet, de la Nova Icària

 

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La Biblioteca Almirall, con su Atenea en el frontón de su puerta principal, se puede considerar un gran templo dedicado al Conocimiento

 

En este contexto de cambio, podríamos englobar el Feminismo y, por tanto, las tres mujeres protagonistas de la entrada de hoy, así como un segundo movimiento, el Espiritismo, que tomó tanta relevancia en la sociedad barcelonesa del siglo XIX e inicios del siglo XX que se convirtió en un grave problema para la Iglesia y el Ayuntamiento del momento. Y es que, si bien es cierto que los inicios de estas ideologías los encontramos en un contexto culto de izquierdas, con el tiempo, parte del movimiento y, en especial el Espiritismo, irá tomando un cariz popular y masivo, con personas muchas veces analfabetas y fácilmente manipulables, motivo por el cual personajes como Alejandro Lerroux se aprovecharán de ello. Lerroux, de hecho, será el gran interesado en integrar las distintas facciones del Librepensamiento en un solo movimiento con el fin de conseguir una mayor fuerza. Así, en una sociedad donde cada vez eran más evidentes las diferencias entre los capataces de las fábricas y los trabajadores, entre los que mandaban y el pueblo llano, entre los lujos de los primeros y el hambre de los segundos, era realmente fácil que un movimiento que promovía un universo de consolación y participación activa tanto de hombres como de mujeres, tanto de ricos como de pobres, en definitiva una vía de escape en una sociedad que no gustaba, acabase atrayendo a mucha gente.

Es decir, simplificando un poco, podríamos afirmar que dentro del Librepensamiento encontramos dos grandes ramas: aquella que incluye personas populares, pero también burguesas, analfabetas o con pocos estudios, que se dejan llevar por el movimiento como tal y aquella más culta que promulga un mundo nuevo, así como una nueva espiritualidad (el naturalismo o el vegetarianismo también se encontrarían en él) basada en la laicidad y en una religión sin jerarquías impuestas por la Iglesia.

 

El Espiritismo en la Barcelona del siglo XIX

El Espiritismo, como mencionábamos, se ubicaría dentro de este Librepensamiento, del mismo modo que también lo hacían el Anarquismo o la Masonería. Así pues, a través de él podemos empezar a hablar de una de nuestras tres mujeres, de Amalia Domingo Soler.

Para entender el Espiritismo y el papel de esta mujer dentro de él, cabe antes, sin embargo, entender sus orígenes. El Espiritismo se inicia en Francia con Allan Kardec, el gran pensador del movimiento y el primero que puso y redactó sus bases a partir de Le Livre des Esprits (1857), una publicación que se convertiría en la Biblia del movimiento. En él, Kardec codificaba una ideología a partir de la experiencia paranormal en los Estados Unidos de las hermanas Fox. Es esta vertiente más paranormal, precisamente, la que convierte el Espiritismo en una ideología tan atrayente para tanta gente, pues estos hechos no dejaban de ser una nueva manera de creer en algo parecido a Dios, ajena a los preceptos de la Iglesia. El Espiritismo, sin embargo, es mucho más, es un movimiento de lucha, a pesar de que lo que más haya destacado de él haya sido esta segunda derivación.

Publicación de Allan Kardec

 

Este libro de Allan Kardec llegó a Barcelona en 1860, tres años después de su publicación, mediante el mercader Ramon Lagier, que regalaría un ejemplar a José María Fernández de Colavida, un filántropo que se dedicaría a traducirlo y, a raíz de ello, también fundaría una revista espiritista. Tanto revuelo levantó que ese mismo año observamos la creación de un centro espiritista en el barrio de la Clota, Ca l’Espiritista, y una joyería en la Plaça Reial, propiedad de Maurice Lachâtre, que no dejaría de ser una tapadera de una librería clandestina que daba a conocer todo este movimiento y sus correspondientes publicaciones.

Paralelamente, para una población más aburguesada, el Espiritismo se convertirá en una práctica más de ocio, llevando a cabo actividades como la ouija, por ejemplo.

Burgueses practicando la ouija

 

Tal fue su crecida en poco tiempo y relevancia, que en 1861 tiene lugar un auto de fe en la Ciutadella, el último auto de fe de una Inquisición ya desaparecida oficialmente en 1808. Dicho acto constó en una gran hoguera en la cual se quemaron más de 300 libros procedentes de esta joyería de la Plaça Reial y entre cuyos ejemplares, además del libro de Kardec, encontramos rarezas como la partitura de Mozart redactada por su propio espíritu o las memorias posmortem de Juana de Arco. Las cenizas fueron recogidas y llevadas a Kardec, quien las incorporaría a su Museo del Espiritismo, donde se mantuvieron hasta la llegada del Nazismo a París.

Grabado de época de ese auto de fe en Barcelona

 

No obstante, aquel auto de fe, en vez de finalizar con el movimiento, le aportó todavía más fuerza. Así, en 1888 tuvo lugar un Primer Congreso Internacional Espiritista, de dimensión europea pero con sede, ni más ni menos, en Barcelona, lo que indica su papel relevante dentro del Espiritismo, aunque también imagino que se aprovechó la gran afluencia de personas de toda Europa que la Exposición Universal suponía para celebrarlo.

Fotografía de grupo en el Primer Congreso Internacional Espiritista

 

Para que veáis un poco cómo de izquierdas eran todos estos movimientos de los cuales estamos hablando en la entrada de hoy y cómo el Espiritismo no se puede desvincular tampoco de todos ellos, os añado las reivindicaciones principales que se realizaron en ese Primer Congreso Espiritista:

Enseñanza laica

Reforma penitenciaria para la integración social de los presos

Abolición completa de la esclavitud

Supresión gradual de las fronteras políticas

Desarmamiento gradual de los ejércitos

Secularización de los cementerios

Registro civil de nacimientos único y obligatorio

Matrimonio civil

Prohibición de la pena de muerte y cadenas perpetuas

Interpretación del espiritismo en calidad de religión laica, antiautoritaria, igualitaria y socializadora

 

Es en este contexto que tenemos que ubicar a la primera de nuestras tres mujeres, a Amalia Domingo Soler, una sevillana que, tras pasar por Madrid, se trasladará a Barcelona, ciudad desde la cual se la llamará y hará venir gracias a sus escritos, altamente admirados en la capital catalana.

Amalia Domingo Soler y una de sus publicaciones más populares

 

Es aquí donde se unirá a las otras dos mujeres de nuestra entrada y donde llevará a cabo interesantes campañas feministas, además de fundar La luz del porvenir en el barrio de Gràcia, revista altavoz de todas sus ideas, siempre vinculadas al pueblo obrero y a la idea de liberarse de la Iglesia, algo que pasaba primero por dar una autonomía a los momentos rituales de la vida de una persona, tales como el bautizo, el matrimonio o la defunción, tradicionalmente siempre gestionados por la Iglesia. Esta laicidad, pues, se convertía en algo realmente revolucionario que daba un poder al pueblo hasta entonces nunca visto, de ahí la oposición de la propia Iglesia y otros sectores de la sociedad del momento.

Cabecera de “La luz del porvenir”

 

Fue un personaje tan popular en la Barcelona de 1900 que su tumba, un sencillo nicho del Cementiri de Montjuïc, localizada precisamente en la sección dedicada a los librepensadores del proyecto de Leandre Albareda, todavía ahora recibe muestras de cariño, siendo una de las sepulturas más visitadas. De hecho, en su entierro del año 1906 acudieron más de 5000 barceloneses y barcelonesas.

Entierro de Amalia Domingo Soler en Barcelona

 

Si cuando muere un poderoso en la tierra, en lugar de levantar un soberbio mausoleo […] la empleara la familia del difunto en hacer una casa para obreros, grande, ancha ventilada…

Amalia Domingo Soler

Un sencillo nicho en el Cementiri de Montjuïc que nada tiene que ver con los grandes panteones que lo rodean

 

Amalia Domingo Soler, no obstante, no se entiende sin la figura de Miguel Vives, un republicano espiritista que se hacía llamar el Apóstol del Bien, creador de la filosofía de la Fraternitat Universal en Terrassa, su localidad natal y alrededor de la cual giraría también su asociación, la misma a la que asistiría Amalia Soler. Publicaría también la Guía práctica del espiritista, una publicación básica para seguir todo este movimiento, cada vez más masivo y popular, y formaría parte de la comisión organizadora de ese Primer Congreso Espiritista que mencionábamos.

 

Su muerte también fue muy sonada, como nos lo muestran las imágenes tomadas de su entierro en la calle de Aragó.

Entierro de Miguel Vives en la Parròquia de la Concepció de Barcelona

 

La Sociedad Progresiva Femenina

Amalia Domingo Soler, Teresa Claramunt y Ángeles López de Ayala fueron las piezas fundamentales en la creación de la primera asociación feminista del Estado, la Sociedad Progresiva Femenina (1898). Su sede se localizaba en la calle de Sèneca, en Gràcia, a pesar de que su antecesora, la Sociedad Autónoma de Mujeres (1891), estuviese en el Raval, barrio en el cual durante largo tiempo vivió Teresa Claramunt y donde también se llevaban a cabo clases de alfabetización para mujeres y debates políticos.

Esta entidad lucharía por los valores feministas, pero también por el laicismo, el republicanismo, el librepensamiento y los derechos laborales del movimiento obrero. En su etapa final, además, también lo haría por el sufragio universal, algo que inicialmente se descartó dada la alta influencia que la Iglesia tenía todavía en la decisión política de las mujeres. Recordemos que, de hecho, el voto femenino no llegaría hasta los tiempos de la República y, aún así, aún estuvo muy puesto en duda por algunas mujeres de izquierdas, temerosas de que el clero llevase el voto femenino a su interés.

En primer lugar, pues, se hacía de vital importancia apartar las mujeres de la influencia clerical y fomentar los valores republicanos y federales entre ellas. Hacía falta, pues, una previa emancipación moral e intelectual de la mujer para pasar después a temas de tipo político.

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Estas tres mujeres siempre se movieron por Gràcia, un barrio con un alto porcentaje de población obrera. No es de extrañar, pues, que el primer conservatorio femenino de Catalunya, una fundación de la pianista madrileña Isabel de la Calle, se ubicase también en él. La aún existencia de un cartel en la esquina de Gran de Gràcia con la calle de Montseny aún nos lo recuerda.

 

Para llevar a cabo todos estos propósitos, como en el caso de las mujeres de las cuales hablamos en la entrada anterior, se crearon escuelas libres del poder de la Iglesia a las cuales acudían por la mañana los niños y niñas y por las noches un público adulto. Además, se fundaron distintas compañías de teatro destinadas a un público obrero, así como la publicación de revistas como El Gladiador.

 

Hemos hablado de Amalia Domingo Soler… ¿pero quiénes eran Teresa Claramunt y Ángeles López de Ayala?

Teresa Claramunt era una trabajadora textil vinculada al movimiento obrero anarquista, en el cual siempre se moverá, a pesar de que se vincule plenamente también con el Feminismo. Así, ella será también, por ejemplo, una de las fundadoras de uno de los principales grupos anarquistas de Sabadell, localidad en la cual trabajará y vivirá hasta su paso a Barcelona, de ahí que en esta localidad del Vallès existan actualmente una calle y una escuela en su honor. También participará en la huelga de 1882 por la reivindicación de las 10h laborales y en distintas ocasiones, como el atentado de la Procesión de Corpus de la calle de Canvis Nous con el posterior Procés de Montjuïc (1896) o el atentado al Cardenal Soldevila (1923), será detenida y brutalmente golpeada, dejándole graves secuelas de por vida.

 

Por su parte, Ángeles López de Ayala, también sevillana, masona y republicana, tuvo un destacado papel a nivel literario, escribiendo en revistas y publicando distintos libros que, de hecho, fueron censurados, suponiéndole también, en al menos tres ocasiones, el presidio.

Entre las ideas que afirmaba en ellos encontramos la ya mencionada necesidad de que las mujeres se emancipasen de la Iglesia, con el fin de liberar su consciencia, pero también de la supremacía masculina.

 

Las acciones de esta asociación, entre ellas la manifestación de 1910, la considerada primera manifestación feminista del Estado en la cual se pedían derechos políticos para las mujeres y la más importante de su momento (se creó un manifiesto con 22.000 firmas que declaraba que las mujeres eran católicas pero no clericales), se limitaron a Catalunya, pero rápidamente crearon vínculos con otras feministas españolas, entre ellas Concepción Arenal, la gran precursora del Feminismo a nivel estatal.

La asociación estuvo en funcionamiento hasta 1926, pero ya antes empezó a decaer, especialmente cuando el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux se entrometió en sus propósitos y se los hizo suyos.

 

La huelga de mujeres de 1918

Todo este movimiento no sólo desembocó a la mencionada manifestación feminista de 1910, sino también a una importante huelga que, si bien tuvo una relevancia estatal, ha pasado muy desapercibida y completamente escondida tras la Huelga de la Canadenca, un año después y mayormente masculina.

Se trata de la huelga de mujeres de 1918, consecuencia de un alto incremento en el precio del carbón que supuso que los alimentos de primera necesidad, además de escasear, también incrementasen sus precios. Es por ello que las mujeres barcelonesas, ante la imposibilidad de alimentar a sus hijos, decidieron iniciar una gran revuelta que finalizaría en una importante huelga de 15 días.

Hablamos de una huelga de mujeres… Y es que ellas fueron las que consideraron que esta tarea les pertenecía y que ellos, si bien podían ayudar, no debían ser los activistas principales. Así nos lo evidencian, por ejemplo, las publicaciones en La Esquella de la Torratxa:

“Vosaltres a casa!… A rentar els plats i a cuidar la mainada!”

 

Os añado también una coplilla que iban cantando durante sus reivindicaciones:

Volem menjar barato
I si això no logrem,
Algú pagarà el pato!
Ai, ai, ai…
Per les dones va ésser
Una mala setmana,
Quan anaven pel carrer,
Cridant, ai, ai ai…
Que tenim gana.

Mujeres y niños haciendo cola en los comercios para hacer presión ante el incremento de precios de los alimentos. En algunos casos, se llegó a vaciar dichos negocios y repartir sus productos, ante la negación de existencias y cierre por parte de los tenderos.

 

No obstante, también cabe tener en cuenta que, a pesar de que sean ellas las que se movilicen, a diferencia de la manifestación de 1910, no podemos considerar esta huelga como feminista, puesto que si son las mujeres las activas es precisamente porque tienen muy interiorizado su rol como madres de familia: eran ellas las encargadas de traer la comida a casa, así que eran ellas también las que tenían que luchar por la rebaja de los precios.

Conforme avanzaban los días, además, fueron también ellas las que, finalmente, considerándose débiles, pidieron ayuda a los hombres, quienes cerraron las fábricas y pasaron a otro nivel esa primera movilización vista, incluso, como anecdótica e infantil, entre muchos personajes del momento.

Sea como sea, la cuestión es que se trata de una movilización que finalmente adquirió una dimensión importantísima en la Barcelona del momento (hasta el Obispo de Barcelona, en una pastoral, se puso a favor de estas mujeres) y, no sólo eso, sino que, incluso, pasó a nivel estatal, incorporándose ciudades como San Sebastián, Salamanca, Valencia, Bilbao o Málaga. Es en esta última localidad donde hubo las primeras muertes, cuando las fuerzas de represión mataron a dos de sus mujeres, y se inició una segunda etapa más violenta y radicalizada.

No obstante, el hecho que marcaría un antes y un después en la huelga sería el desahucio de una mujer en Barcelona a la cual le aumentaban su alquiler de 3 a 13 pesetas. Inmediatamente, las mujeres barcelonesas se acumularon en la puerta de su casa, algo que ya fue considerado demasiado para los altos cargos del momento, pues una cosa es que pidiesen comer y otra, muy distinta, que se metiesen en otros menesteres… así que se declaró el Estado de Guerra y, al cabo de dos días, Barcelona volvió a la normalidad, las fábricas se reabrieron y todo siguió como antes de la huelga. Es decir, que todo quedó como si nada hubiese pasado… No obstante, esa huelga de mujeres de 1918 consiguió zarandear el país y, sólo por eso, ya merece ser considerada como uno de los hechos más destacados de nuestro Feminismo.

Mujeres (y también algún hombre) manifestándose de manera pacífica con sus hijos de la mano

 

Y, con este interesantísimo hecho, finalizamos esta entrada, una publicación que complementa la anterior mencionada, a esas otras mujeres, Dolors Monserdà, Carme Karr y Francesca Bonnemaison, que, desde una perspectiva distinta a la que hemos visto hoy con Teresa Claramunt, Ángeles López de Ayala y Amalia Domingo Soler, fueron también tan necesarias en este proceso de emancipación de la mujer que culminaría con la República, una República que no sólo nos permitiría votar, sino, incluso, decidir sobre nuestros propios cuerpos y vidas con el derecho al divorcio o al aborto, por ejemplo.

Todas ellas, así como tantos otros nombres en los cuales también podríamos entrar con otras tantas entradas, a pesar de sus diferencias económicas y políticas y desde sus distintas visiones, han sido fundamentales en este proceso de Feminismo en el cual, lamentablemente, aún ahora estamos inmersas. Es por ello que con estas dos entradas me gustaría, en cierta manera, homenajearlas pues, al fin y al cabo, estamos donde estamos y somos lo que somos gracias a estas primeras mujeres que dijeron “basta” en su momento.

Así que… ¡Por todas ellas!

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