Lluís Domènech i Montaner en Reus (I)… ¡Visita a la Casa Navàs!

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Reus, la capital del Baix Camp, pero también la ciudad natal de personajes de renombre en nuestro país como Marià Fortuny, el General Prim o Eduard Toda (sobre si Antoni Gaudí es o no hijo de Reus aún hay muchas discusiones, pues podría haber nacido también en Riudoms); una ciudad con solera, llena de vida, que aún conserva ese saber estar de antaño cuando era la segunda ciudad más importante de Catalunya. Y es que durante mucho tiempo, con ese famoso lema Reus-París-Londres, la ciudad ostentaba de una posición privilegiada tanto en el mercado agrario, poniéndose en su lonja los precios de los distintos productos, destacando la D.O.P Avellana de Reus, como en el del aguardiente, una industria que tuvo una remarcable importancia ya desde el siglo XVIII.

Pero Reus también es Modernismo, un estilo artístico y manera de entender la modernidad y el cosmopolitismo que, en realidad, derivaría de esa importancia económica que señalábamos pues, al fin y al cabo, éste se encuentra íntimamente ligado a la burguesía y a los contactos continuos con Europa. En Reus, aún ahora, se respira en cada rincón su pasado burgués y, sobre todo, lo observamos en esa primavera que explota en cada una de sus piedras gracias a la actuación de uno de los arquitectos modernistas de más renombre del momento, Lluís Domènech i Montaner.

La entrada de hoy, pues, pretende ser un paseo por esta Reus modernista, por esta Reus tan fascinante, moderna y cosmopolita que no sólo se respira en cada una de sus piedras, encontrando destacados edificios modernistas en sus vías principales, sino también en su ambiente, en la vida de sus gentes y en ese impulso emprendedor que aún conservan. Para ello, en La Bcn Que Me Gusta realizaremos un pequeño ciclo de dos entradas, en la primera de la cual me gustaría hablaros de la Casa Navàs, mientras que en la segunda trataremos el Institut Pere Mata, ambos dos iconos remarcables de este pasado y de la labor de Lluís Domènech i Montaner en la ciudad.

 

¿Por qué Lluís Domènech i Montaner en Reus?

Como hemos indicado en unas líneas anteriores, Antoni Gaudí nació en Reus (¿o quizá en Riudoms?), sin embargo, no tuvo la oportunidad de diseñar ninguna obra destacada para su ciudad natal, a excepción de la fachada que proyectó para el Santuario de la Misericordia y un pendón, perdido durante la Guerra Civil, de los habitantes de Reus en Barcelona, diseñado por Aleix Clapés.

Otros arquitectos, entre los cuales encontramos Francesc Berenguer, también hijo de Reus, tuvieron la misma suerte, encontrando sólo el caso de Joan Rubió i Bellver con obras en su ciudad natal.

¿Por qué los arquitectos de Reus no triunfaban en su ciudad y, en cambio, Lluís Domènech i Montaner, rápidamente, sí consiguió tantos encargos? Por un lado, quizá esta pregunta la podríamos responder si tenemos en cuenta la importancia económica del Reus del momento (observamos que gran parte de los artesanos que trabajan en sus construcciones tienen reputados talleres en Barcelona, lo que indica el poder adquisitivo de su burguesía), pero quizá también nos hace pensar en la necesidad de todos estos arquitectos de estudiar en la capital, lugar en el cual, finalmente, ya instalaban sus talleres y se quedaban.

Sea como sea, Reus, del mismo modo que también lo es Canet de Mar, se trata de un lugar primordial para entender la obra de Lluís Domènech i Montaner, no sólo por la gran cantidad de encargos llevados a cabo en la ciudad, sino también porque en todos ellos el arquitecto trabajaría aspectos que, posteriormente, se verían en las grandes obras de Barcelona, entre las cuales cabe destacar el Palau de la Música, la Casa Lleó Morera y el Hospital de la Sant Pau i la Santa Creu.

El primer contacto del arquitecto con Reus lo encontramos a raíz de su amistad con Pau Font de Rubinat (ambos militaban la Unió Catalanista), alcalde de Reus y personaje destacado de la burguesía reusenca. Es a partir de esta relación que Lluís Domènech i Montaner iniciará el Institut Pere Mata en 1897, predecesor del Hospital de Sant Pau i la Santa Creu y obra que le abriría las puertas rápidamente a toda esa burguesía de Reus que le confiaría sus proyectos. De hecho, en Reus podemos encontrar un listado bastante largo de proyectos del arquitecto, entre los cuales cabe destacar la Casa Navàs y el mencionado Institut Pere Mata, de los cuales hablaremos en La Bcn Que Me Gusta, pero también el proyecto del vestíbulo del Círcol de Reus o del Teatre Circ, la Capella Margenat, la Casa Rull, la Casa Gasull, el Magatzem Llopis y la Casa Llopis Borràs.

En todos ellos, observamos su peculiar estilo, influencia del Art Nouveau francés, pero también de esa arquitectura catalana que tanto buscaba y que reivindicó ya en su momento con su famoso texto En busca de la arquitectura nacional, publicado el 28 de febrero de 1878 en La Renaixença.

Si queréis conocer un poco más la obra del arquitecto, os recomiendo esta web recién salida del horno, creada a partir de los últimos estudios realizados por la Fundació Lluís Domènech i Montaner. En ella encontraréis todo tipo de informaciones, así como también material gráfico sobre la obra de Lluís Domènech i Montaner.

Por otro lado, podéis también consultar Lluís Domènech i Montaner (1849-1923). Obra arquitectónica raonada, pues se trata de una recopilación o catálogo de todas sus obras, editado en 2015 por el Centre d’Estudis Lluís Domènech i Montaner. Esta misma institución publica también una revista, la Domenechiana, en la cual encontrar una infinidad de artículos bastante especializados sobre el arquitecto y su obra.

 

Hecha esta pequeña introducción… ¡Pasemos a una de las grandes obras de Lluís Domènech i Montaner en Reus!

Visita a la Casa Navàs (1901-1907)

 

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Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

La Casa Navàs es una de las grandes joyas que podemos encontrar en Reus, un pequeño reliquiario o santuario de piedra por fuera que acoge una exuberante explosión de colores, una verdadera primavera, en su interior. De hecho, podríamos decir que la casa en realidad mira hacia dentro, tratándose, así, de la casa privada con mayor cantidad de vidrieras de Europa (el taller que se encargó de ello fue el de Lluís Rigalt – hablamos de él en La Bcn Que Me Gust en la entrada sobre la Casa Felip –  cuya factura ascendió a las 9728,50 ptas, una fortuna en la época).

En esta explosión primaveral, además, cabe destacar un elemento primordial, la flor, un motivo decorativo muy propio del arquitecto que podemos encontrar en gran parte de sus obras, todas ellas convertidas en magníficos jardines artificiales. Sin embargo, en su amplio repertorio, cabe determinar el uso prioritario de una flor concreta, la misma que también observaremos en el Institut Pere Mata, la rosa, el emblema de la ciudad (Reus fue una de las primeras ciudades catalanas en tener escudo de armas propio al usar el del Comú o la Universitat de la Vila, mientras que el resto de pueblos acostumbraba a irlo cambiando en función del señor feudal al cual pertenecía; el cardenal Pere Roger de Belfort, Camarlengo de la Santa Iglesia en Tarragona, cedió en el año 1349 una de las seis rosas de su escudo a la ciudad de Reus, de ahí que actualmente la ciudad aún lo luzca orgullosamente).

El girasol, una flor también muy vinculada a la fe cristiana, también se encuentra presente en todos los rincones de la casa.

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Por otro lado, antes de proseguir con su visita, cabe tener en cuenta, además, que no podemos entender la Casa Navàs de manera aislada, sino como un ente que crea sinergias con el resto de obras del arquitecto, pues en ella, especialmente gracias a la gran inversión que realizaron sus propietarios, se hallan todos esos elementos de Lluís Domènech i Montaner que encontraremos en tantas obras barcelonesas de renombre. Así pues, podríamos considerar la Casa Navàs un verdadero laboratorio de pruebas de todos aquellos recursos que, paralelamente, se aplicarían en la Casa Lleó Morera de Barcelona (la construcción de la Casa Navàs tiene lugar entre los años 1901 y 1908, mientras que la Lleó Morera fue finalizada en 1906), así como también un lugar de encuentro de los mejores artesanos de la época, todos ellos grandes colaboradores de Lluís Domènech i Montaner y entre los cuales encontramos nombres como Lluís Rigalt, Eusebi Arnau, Alfons Juyol, Lluís Bru, Pujol i Bausis o Gaspar Homar, entre tantos otros. No obstante, la Casa Navàs conserva más elementos, así como también documentación (facturas, sobre todo), que la Casa Lleó Morera, lo que le aporta todavía más importancia a nuestra visita. ¡Se han conservado incluso las dietas de las estancias de Gaspar Homar en la ya desaparecida Fonda Cataluña!

La casa se encuentra todavía en manos privadas pero, mediante reserva previa y un precio de 10eurs, podéis visitarla contactando con la Oficina de Turisme de Reus (tenéis toda la información aquí)

Durante la visita, las fotografías no estaban permitidas, motivo por el cual os he añadido en esta entrada aquellas que he extraído del libro La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner (Reus: Pragma, 2006), cuya lectura os recomiendo gratamente, dada la completa información que incluye sobre la casa y sus interiores, documentada a partir de artículos de historiadores e historiadores del arte de renombre especializados en Modernismo.

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Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

Cuatro datos…

1) La Casa Navàs es una de las pocas casas modernistas que han llegado a nosotros tal cual se estrenaron, apenas sin remodelación alguna y con los objetos decorativos originales in situ, tal cual los concibió Lluís Domènech i Montaner (la familia estuvo viviendo en la casa hasta 1999). Éste sería quizá el motivo más destacado de nuestra visita, puesto que además de mostrarnos la manera de trabajar de una manera bastante virgen del arquitecto, se trata también de un continente magnífico que, por otro lado, se encuentra amueblado y decorado como en sus inicios, es decir, que todavía representa un ente vivo, una casa donde se respira todavía la vida de la familia que lo habitó.

No obstante, cabe tener en cuenta que algo sí se ha modificado… Me refiero a los desperfectos causados por la aviación italiana el 4 de marzo de 1938 a raíz de un importante bombardeo en la zona del Mercadal de Reus que supuso la pérdida de la torre, tan importante en ese eje de la esquina que tanto trabaja Lluís Domènech i Montaner (el mismo recurso lo encontramos en la Casa Lleó Morera y en el Palau de la Música), de las cubiertas y techos de la segunda planta, la galería de ventanas, el cierre de la fachada y las vidrieras de la claraboya del recibidor.

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Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

La veleta de la torre, también perdida, era una magnífica obra de hierro forjado de Manuel Ballarín.

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Fuente: Domenechiana

 

2) La Casa Navàs, por otro lado, la debemos entender, más que como una residencia privada, como una casa-taller dado que, además del hogar de la familia, ésta incluía en sus bajos (hasta hace apenas unos meses) el negocio familiar. Joaquim Navàs, promotor de este proyecto particular, era un importante comerciante de tejidos de Reus casado con Josepa Blasco, la “pubilla” de su competencia directa, de una familia también de comerciantes de tejidos con tienda propia en la Plaça del Mercadal. Josepa, o “la Pepa”, como la llamaban familiarmente, era pariente del mencionado Pau Font de Rubinat, una de las familias más poderosas de Reus.

Por tanto, estamos hablando de unos propietarios adinerados, uno de esos tantos que componían la sociedad de Reus, como hemos indicado, la segunda ciudad de Catalunya, y que podían costearse una obra de Lluís Domènech i Montaner con todas las comodidades y lujos de la época.

Retratos realizados en los estudios Napoleón de Barcelona. Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

3) Josepa Blasco era una gran conocedora de las corrientes higienistas de la época y, consecuentemente, una obsesionada de la limpieza en una Reus que, como tantas otras ciudades de la época, no seguía los estándares de higiene actuales. Es por este motivo que Lluís Domènech i Montaner también diseñó una vivienda con una serie de comodidades únicas e innovadoras en el momento, como veremos un poco más a delante, entre las cuales se incluían los baños privados y las cocinas de última tecnología.

Y hablamos de la señora Josepa como alma mater de la casa porque, de hecho, el señor Navàs la habitó poco ya que, a raíz de un atentado que sufrió por motivos políticos (Joaquim Navàs era muy activo en la política de Reus) en el año 1907 en su chalet del Passeig de la Boca de la Mina de Reus, cogió tanto miedo a vivir en la ciudad que decidió trasladarse a Barcelona, donde finalmente falleció. De este modo, fue la señora de la casa, una mujer culta, risueña y de armas tomar, quien se quedó en Reus, vivió en su nueva residencia y llevó adelante el negocio.

El jueves por la noche hizo explosión un petardo de dinamita que una mano criminal había colocado en una ventana del precioso chalet que, a extramuros de esta ciudad, en el paseo de la Mina, posee el acaudalado comerciante y propietario don Joaquín Navás y Padró, quien se salvó milagrosamente de la explosión pues la misma tuvo lugar junto á la habitación del comedor, donde se hallaba el señor Navás leyendo tranquilamente un periódico, de espaldas a dicha ventana.

La Vanguardia, 17 de septiembre de 1907

 

4) La tienda de la familia Navàs, heredada por parte de padre de Joaquim Navàs y localizada en los bajos de la casa, se encontraba especializada en tejidos, materiales para la fabricación de ajuares, sastrería y modistería, proveyendo a grandes cantidades a toda España. Sin embargo, el matrimonio no tuvo descendencia, así que fueron los sobrinos de la señora Blasco los que continuaron con el negocio. De hecho, se dice que en cierto momento los dependientes de la tienda quisieron estafarla y fue ella misma la que acabó traspasando el negocio antes de pasar a males mayores.

La tienda cerró este mes de enero, en una ciudad que, lamentablemente, poco a poco también va sufriendo los efectos de la globalización, así que no pudimos ver su interior, según los datos bastante sobrio y funcional, pero también una perfecta respuesta a las necesidades de la familia y, sobre todo, una muestra de cómo Lluís Domènech i Montaner, en todo momento, fue capaz de combinar las dos funciones de la casa, la comercial y la residencial.

Os añado las siguientes fotografías por tal de que podáis apreciar su interior:

Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

¡Entremos en su interior!

Tal y como hemos mencionado en unas líneas anteriores, lo primero que nos sorprende nada más entrar a la Casa Navàs es la considerable diferencia entre su exterior e interior; la parte visible se caracterizaba por su piedra, sin embargo, el interior es otro mundo, un mundo mágico, un jardín o Arcadia repleto de luz natural gracias a las claraboyas de vidrieras de colores, algunas de ellas con iluminación cenital que, rápidamente, también nos recuerdan al Palau de la Música.

Entramos a un mundo privado, a un lugar donde la familia Navàs encontraba su tranquilidad y reclusión, especialmente gracias a todos esos detalles pensados por el arquitecto que así lo favorecían pero, sobre todo, a la aplicación de ese concepto de arte total wagneriano que aúna un programa decorativo completo donde mobiliario y ornamentación se integran de una manera magistral en el conjunto arquitectónico.

¡Tanto la escalera de acceso como su recibidor nos dejaron gratamente sorprendidos!

Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

Por su parte, el comedor es también un interesante ejemplo de esta búsqueda de lujo y confort en un mismo espacio. De este modo, observamos claramente dos espacios diferenciados, el de la imponente chimenea, obra posiblemente de Joan Carreras (la de la Casa Lleó Morera también lo es), y la gran mesa.

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Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

Los materiales, a su vez, son de máxima calidad. Marqueterías y roble, cerámicas que crean efectos ópticos y nos hacen sentir en una nube, tapicerías florales

Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

Lo que nos curioseó más, sin embargo, son sus capiteles… A pesar de que no tengamos constancia documental, los capiteles del comedor y de la sala de estar podrían ser de Eusebi Arnau. De este modo, mientras que los del salón nos muestran dos damas que participan de la vida de la casa como si en el Liceu se encontrasen, como si el salón fuese un escenario teatral (ambas llevan unos anteojos y unos prismáticos), en el comedor observamos una decoración muy acorde con el espacio en el cual se encuentran con animales de caza y pesca.

Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

Por su lado, a pesar de que también se conserva un presupuesto de Pau Bartolí de Reus, encontramos también la mano de Alfons Juyol i Bach, maestro especializado en escultura aplicada a la arquitectura. Su trabajo con el de Eusebi Arnau era por completo complementario pues, mientras que Juyol se encontraba especializado en decoración de elementos arquitectónicos, Eusebi Arnau lo estaba en escultura exenta.

Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

En cuanto a los mosaicos, todos ellos también destacados, son obra en mayor parte de Pujol i Bausis e Hipòlit Montseny, taller de Reus. Encontramos tanto de tipo veneciano como romano y cerámico.

Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

La cocina es una de las partes más destacadas de la casa, no sólo por sus dimensiones, realmente grandes puesto que en ella se cocinaba también para todos los trabajadores de la tienda (ayudándose de un montacargas, los platos subían y bajaban de la tienda a la casa y viceversa), sino también porque incluye un doble sistema de cocción, de gas y carbón.

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Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

Por su lado, la terraza es otro de los elementos significativos de la Casa Navàs, especialmente por su mensaje. Desde el recibidor percibimos el movimiento de un oleaje… se trata del plafón cerámico que aporta los aires del Mediterráneo a la casa sin salir apenas de su interior. Y es que, por tal de esconder las medianeras de las construcciones colindantes, Lluís Domènech i Montaner decidió colocar dos plafones cerámicos de la fábrica Pujol i Bausis de Esplugues de Llobregat.

Estas composiciones, no obstante, como no podía ser de otro modo en pleno Modernismo, tienen un segundo significado muy ligado al contexto de la época, pues hay que tener en cuenta que nos situamos en el año 1908, momento en el cual se celebró el 700º aniversario del nacimiento de Jaume I, una gran festividad que involucró todo el país. Obviamente, la familia Navàs – Blasco no podía ser menos, aún más si pensamos que Lluís Domènech i Montaner fue el encargado de diseñar la tumba de Jaume I para la Catedral de Tarragona, aquella en la cual reposarían los restos del Conquistador, trasladados desde Poblet.

Los plafones de la Casa Navàs, pues, se convertirían en un pequeño homenaje particular de la familia a Jaume I, en una representación de ese dominio catalán en el Mediterráneo, motivo por el cual en uno de ellos encontramos esa partida que el Conquistador realizó desde Salou dirección Mallorca para arrebatársela a los “sarracenos”, mientras que en el segundo observamos una imagen ideal de Tesalónica, lugar en el cual los almogávares tuvieron una destacada importancia.

Ese oleaje del mar, además, supone un ensanchamiento visual del espacio, creando una profundidad ficticia en el conjunto.

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Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

¡Pasemos al segundo piso!

Una de las cosas que nos sorprendió también durante la visita es el hecho de que los aposentos del matrimonio se encontrasen en la planta noble y no en el segundo piso al cual, a su vez, se accedía mediante la escalera de servicio.

Esto se debe, principalmente, al proyecto inicial que concebía ese segundo piso como residencia de los dependientes de la tienda. No obstante, finalmente, hubo una serie de cambios que supusieron que el segundo piso se convirtiese en una zona reservada al ocio, a los invitados y el servicio, de aquí que encontremos en él una decoración sorprendente, dentro de la cual cabe destacar la magnífica chimenea de Lluís Bru (en tonos pastel y con silueta de mujer, dado que se encontraba en la zona de recreo de la señora), a pesar de su acceso por la escalera del servicio.

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Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

En esta sala, además, encontramos un tocadiscos diseñado a expreso para la casa, así como también una pianola y un armario que permite conservar los rollos que la hacían tocar.

La familia no tuvo hijos, así que no es de extrañar que la distribución no fuese según el concepto habitual de residencia de la época. Es por este motivo que las zonas de representación son realmente amplias y sólo encontramos dos dormitorios. Lluís Domènech i Montaner se supo adaptar a las necesidades del cliente, motivo por el cual tampoco encontramos en la casa unas cocheras, dado que el matrimonio acostumbraba a viajar siempre en ferrocarril o en coches de alquiler.

Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

La Casa Navàs era una de las más modernas de la ciudad y de Catalunya y prueba de ello es que acogiese mobiliario y objetos de las empresas más destacadas en cocina y baños. Siemens-Shouckert, de este modo, fue la encargada de todos los elementos de electrificación de la casa, entre los cuales cabe destacar los elegantes interruptores. La casa, por ejemplo, tenía también un complejo sistema de timbres eléctricos que permitían, mediante 11 timbres distintos, entre los cuales se hallan el cascabel  o el cencerro, la comunicación interna entre las diferentes sus estancias. No obstante, dado que la electricidad aún no estaba muy desarrollada, la residencia funcionaba con un sistema mixto de gas y electricidad.

Finalmente, puesto que la señora Blasco tenía también un concepto bastante avanzado de higiene privada, la casa, del mismo modo que también lo estuvo el Institut Pere Mata o el Mas Vilella de Jordi March, estaba provista de lavamanos, wáter closet, bañera, bidet y lavapiés. Todo ello siempre sin perder el tacto por la belleza y las cosas bien hechas, de ahí que los elementos decorativos y detalles se encuentren también en lugares como los toalleros, los estantes de cristal con espacio especial para el vaso, la jabonera o los taburetes. El proveedor de todo ello fue la Casa Verdaguer i Cia de Barcelona.

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Fuente: La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner

 

Hecha la visita a la Casa Navàs, sólo recomendaros que, dado que Reus es una ciudad que esconde un sinfín de lugares a los que ir (¡aprovechad también para visitar la iglesia de  Sant Pere o la Plaça de les Peixeteries!), así como también una vida cultural y social muy ajetreadas, sigáis vuestro recorrido por sus plazas y calles más destacadas. Podéis encontrar más información en su página oficial de Turismo.

Este pequeño ciclo se centra en su Modernismo y, concretamente, el que Lluís Domènech i Montaner dejó en ella; a pesar de ello, alguna que otra cosa sí me gustaría destacar antes de finalizar esta primera entrada… Así pues, fuera del Modernismo, en este ciclo me gustaría presentaros dos aspectos vinculados con Reus, el primero de los cuales aparece en esta primera entrada y es más de tipo gastronómico, mientras que el segundo, vinculado a este impulso emprendedor de la ciudad que destacábamos, lo trataremos en la segunda.  😉

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El Vermut de Reus

Ir a Reus, entre otras muchas cosas, supone también no marchar sin haber antes probado el artesano y famoso Vermut de Reus. Se trata de una bebida con marca propia, elaborada a base de vino y plantas aromáticas, comercializada desde el año 1892 (cabe tener en cuenta que Martini se registró unos años más tarde, en el año 1897), momento en el cual Joan Gili registró la primera marca de vermut de Reus. No obstante, a pesar de la larga historia del Vermut de Reus, cabe también no dejar de lado que se trata, en realidad, de un invento importado desde el Piemonte italiano, pues es ahí donde nació el primer vermut, el vermut de Antonio Benedetto Carpano, creado en 1786.

Hay muchos lugares en Reus donde degustar esta bebida que se extendió desde la capital del Baix Camp por toda Catalunya, popularizándose y llegando hasta nuestros días como un hábito más de los catalanes y catalanas, especialmente los fines de semana. De hecho, Reus Turisme ha creado, incluso, una ruta que, además de recorrer los distintos lugares donde degustar su Vermut, hace parada también en un museo dedicado a ello.

No obstante, dado que ya era hora de comer, en La Bcn Que Me Gusta nos decantamos más por ir a una de las vermuterías más antiguas de Reus, ya que en ella también podíamos comer y degustar algunos platos y tapas. Se trata del restaurante de la Vermutería Rofes (1890). Podéis encontrar su carta completa aquí.

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¿Nuestra elección?

Croquetas caseras XXL

Canelón de bacalao y sanfaina

Tartar de salmón

Pulpo “pata negra” a la brasa con chimichurri de mostaza

Todo acompañado de un poco de pan con tomate.

 

¿Y de postre? Menjablanc, un dulce típico de la zona elaborado de una manera muy especial…  😛

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¿El precio? Teniendo en cuenta que éramos dos personas, que ambas pedimos postres y cafés y repetimos en una ocasión los vermuts, unos 30eurs por persona.

 

Y, con este buen sabor de boca, finalizamos nuestra mañana en Reus… ¡Pero aún queda mucho por ver y toda una tarde de recorrido por la ciudad! Así que en la segunda y última entrada de este pequeño ciclo, además de visitar el Institut Pere Mata, seguiremos conociendo algún que otro rincón de la capital del Baix Camp. En breve… ¡más!  😉

 

Para más información:

Centre d’Estudis Lluís Domènech i Montaner   www.cedim.cat

Fundació Lluís Domènech i Montaner  www.fldm.cat

Institut Pere Mata  www.peremata.cat

Turisme de Reus  www.reusturisme.cat

 

Bibliografía:

Alcalde, Sergi; Carbonell, Maite; Martí, Gemma; Mas, Xavier; Sàiz, Carles; Salmerón, Pilar; Terreu, Miquel, Lluís Domènech i Montaner (1849-1923). Obra arquitectónica raonada, Canet de Mar: Centre d’Estudis Lluís Domènech i Montaner: Edicions Els 2 Pins, 2015-2016

Arnavat, Albert … [et al.], La Casa Navàs de Lluís Domènech i Montaner, Reus: Pragma, 2006

Domenechiana, revista del Centre d’Estudis Lluís Domènech i Montaner

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