Lluïsa Vidal, Dolors Monserdà y otras mujeres del primer feminismo catalán

 

Hoy hablaremos de arte y mujeres. Y es que, dado que una de las grandes pintoras del Modernismo murió, precisamente, durante la mal llamada (puesto que su epicentro no era España) Gripe Española (1918-1919), de la cual estos días estamos hablando bastante, no podíamos olvidarla.

La Gripe Española es esa gran pandemia que mató, sólo en España, a unas 300.000 personas e infectó a unos 8 millones. En Barcelona, una ciudad con 640.000 habitantes en ese momento, hubo 150.000 infectados y, sólo en el mes de octubre, murieron 6.400 personas. En todo un año, fallecieron 22.767 habitantes.

Todo ello conllevó una elogiada actuación por parte del Doctor Robert y la creación del Hospital de Sant Pau, así como interesantes chistes en revistas como L’Esquella de la Torratxa, sobre la gripe como tal pero también sobre los procesos de desinfección que se llevaban a cabo o el consecuente cierre de cines y teatros. Algo que no nos suena muy lejano, ¿no?  😉

 

La artista modernista que murió en esta gripe y de la cual me gustaría hablar en la entrada de hoy es Lluïsa Vidal, la primera artista catalana que consiguió vivir de su pintura, a partir de la fundación de una academia de pintura para señoritas, y que tal era su calidad que, incluso, muchas de sus obras fueron pasadas por obras de Ramon Casas en el mercado del arte simplemente cambiando su firma.

Autorretrato de Lluïsa Vidal (ca 1899)

 

Fue también reconocida por sus coetáneos, exponiendo en la Sala Parés en distintas ocasiones (tanto en solitario como de manera colectiva), pero también a través de las palabras del gran crítico de arte por excelencia del Modernismo, Raimon Casellas, que la elogió diciendo que pintaba como un hombre, palabras que, si bien ahora nos ofenderían, en su momento tenían mucho valor. De hecho, todas las críticas que recibía siempre tomaban esta vertiente, exaltando su pincelada, considerada dura y masculina, algo que, a pesar de que gustase a los críticos del momento, no agradaba a su padre y a los parisinos, que la consideraban demasiado dura.

Raimon Casellas también publicaría en La Veu de Catalunya, en referencia a Lluïsa Vidal, que era l’única pintora que ha produït l’actual moviment artístic a Catalunya, algo que, en cierta manera, podríamos discutir puesto que Lluïsa Vidal no estaba sola, formaba parte de un círculo de mujeres que participaban conjuntamente en Feminal, suplemento de La Il.lustració Catalana, entre las cuales también se encontraban Carme Karr, Francesca Bonnemaison o Dolors Monserdà, referentes dentro del primer feminismo en Catalunya y de las cuales hablaremos un poco más adelante, a pesar de no ser pintoras.

 

Tampoco eran artistas otras mujeres del mismo círculo, como Antonia Opisso (hermana de Ricard Opisso, de quien hablamos en la primera entrada sobre arte e historia en los hoteles de Barcelona), Josepa Massanés (escritora), Maria Rusiñol i Denis (única hija de Santiago Rusiñol, poetisa, novelista y, en este caso, también pintora), Víctor Català (la escritora Caterina Albert) o Lola Anglada (narradora infantil y dibujante, cuyo nombre en realidad era Dolors Anglada).

Pero, si nos ceñimos al arte modernista como tal, no debemos olvidar a Pepita Teixidor, hija de Josep Teixidor (pintor) y discípula de sus hermanos, también pintores, Josep y Modest Teixidor. Hizo distintas exposiciones internacionales y formaba parte de la Unión de Mujeres Pintoras y Escultoras de Francia, donde recibió, incluso, la Medalla de Oro por su participación en una exposición en 1914. En el Parc de la Ciutadella tenemos una escultura suya de Manuel Fuxà, escultor contemporáneo a ella, lo que nos muestra también el cierto reconocimiento que tenía en vida.

Inauguración de la escultura a Pepita Teixidor en el Parc de la Ciutadella

 

Retrato de Pepita Teixidor por Ramon Casas

 

Irene Narezo también se podría englobar dentro de estas primeras mujeres que empezaban a tener un nombre dentro del arte español. Perteneciente a una familia con muchos vínculos con la cultura, procedente del Valle del Liébana (Cantabria), aunque vivían Barcelona, su primera exposición en la Sala Parés fue en 1915.

Irene Narezo en su taller

 

Otras artistas, aunque de una generación posterior a la de Lluïsa Vidal, Pepita Teixidor y los primeros nombres de Feminal, son Laura Albéniz (ilustradora y pintora, ya del Noucentisme, e hija de Isaac Albéniz) y Maria Muntadas de Capará (una de las primeras artistas de la Asociación Española de Pintores y Escultores; era pintora, poetisa y concertista y su primera exposición individual tuvo lugar en el año 1924 en las Galerías Layetanas, donde destacó con Vanitas y Libélula). Otro nombre es el de Elena Sorolla (pintora y escultora, hija de Joaquín Sorolla).

 

A pesar de todos estos nombres de gran interés e importancia, como decíamos al iniciar esta entrada y afirmaba contundentemente también Raimon Casellas, Lluïsa Vidal será, con todas sus letras, la gran artista del Modernismo. No obstante, se le han dedicado pocas exposiciones, la más importante de las cuales es la que llevó a cabo hace unos años el MNAC, institución que conserva bastantes obras de ella, comisariada por Consol Oltra, una de las grandes estudiosas de Lluïsa Vidal. Fruto de esta exposición se publicó un interesante y completo catálogo.

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¿Quién era Lluïsa Vidal?

De madre alsaciana, melómana amante de Wagner e hija de un director de la escolanía de la iglesia de la Mercè de Vic, Mercedes Puig, y de padre cultivado y dedicado al arte, el mueblista Francesc Vidal, cuyo obrador, el gran templo de la artes aplicadas (obra de Josep Vilaseca localizada en la calle de Bailèn), Lluïsa Vidal nació en 1876 en Barcelona, en el sino de una familia burguesa amante de las artes. Así, siempre fue educada bajo una educación exquisita (Lluïsa Vidal era políglota de seis idiomas) pero, sobre todo, con la idea de que fuese autosuficiente (nunca se llegó a casar). No sólo ella, sino también el resto de sus hermanas, 9 mujeres de un total de 12 hijos, de los cuales sólo sobrevivieron 11. De este modo, esta sensibilidad especial por las artes en toda la familia la encontramos en el hecho de que varios de ellos se dedicasen a la pintura o la música, fuesen músicos o dibujantes.

Desde el obrador del padre, pues, se les enseñó el mundo del trabajo, además del de las artes, y a gestionar sus propias carreras. Nunca se las preparó, en especial a las mujeres, para el matrimonio, como hacía el resto de familias y, cuando llegaron los pretendientes, el padre era el que nunca estaba de acuerdo con sus correspondientes matrimonios. Algo que, si bien es cierto que dio libertad a algunas de ellas, con otras creó conflictos familiares serios, como sería el caso de la boda de Júlia con Manuel de Montoliu. De las 9 hermanas, cabe mencionar que sólo una tuvo un hijo (la descendencia de la familia sólo procede por parte de los hermanos), un niño que encontramos retratado en alguna ocasión.

Marcelet malalt (1905)

 

La primera formación artística de Lluïsa Vidal procede directamente de su padre, quien le hacía ir a su obrador, como hemos mencionado, pero existe una segunda figura que será también muy importante, puesto que se trata del mismo maestro que tuvieron también Ramon Casas y Santiago Rusiñol, Arcadi Mas i Fondevila, el considerado primer impresionista catalán y miembro de la Escola Luminista de Sitges.

En el obrador del padre recibiría también clases de Josep Pascó (creador de la magnífica chimenea de la casa de Ramon Casas, por ejemplo).

Son muchas, pues, las similitudes que encontramos entre Arcadi Mas i Fondevila, Ramon Casas (ya hemos mencionado que algunas de las obras de Lluïsa Vidal se hicieron pasar por Casas), Santiago Rusiñol y Lluïsa Vidal.

Carrer de Sant Gervasi por Lluïsa Vidal

 

Passeig de xiprers por Santiago Rusiñol

 

Passeig de xiprers de Generalife por Arcadi Mas i Fondevila 

 

Sus escenas de comuniones y salidas de misa, con pinceladas muy esbozadas, también nos recuerdan mucho a las de Arcadi Mas y Fondevila en Sitges.

Processó por Lluïsa Vidal

 

Processó de Corpus por Arcadi Mas i Fondevila

 

Arcadi Mas i Fondevila sería también quien les descubriría Sitges, donde la familia veranearía entre 1894 y 1899. Otro lugar donde la familia pasaba sus veranos era Blanes, tal y como nos muestra la La puntaire de Blanes (1902), un retrato de su hermana Rosina.

 

Otro momento crucial en su educación fue su visita al Museo del Prado, a partir de la cual observamos que empieza a dejar de lado sus compromisos sociales para dedicarse más profesionalmente a su vocación. La visita le permitiría observar en directo a los grandes maestros, a Velázquez y Goya, a los cuales sólo había podido conocer mediante estampas y grabados. De ese momento, se conserva una copia del Retrato del Príncipe Baltasar Carlos de Velázquez de Lluïsa Vidal, ahora en manos privadas.

La educación que recibió, pues, fue un elemento primordial para poder convertirse en una de las grandes figuras del Modernismo catalán. De hecho, tan fundamental fue este sustrato familiar que, incluso, pudo viajar sola a París en 1901-1902 a formarse en la Académie Julian y, poco después, en la Académie Humbert. Allí coincidiría con otra pintora catalana de su momento, Elvira Malagrida, también perteneciente a Feminal.

Classe a l’Académie Humbert (1901) por Lluïsa Vidal

 

En París conocería también mujeres de una generación anterior, las impresionistas, que le abrieron las puertas en la pintura, como Mary Cassatt, Berthe Morisot o Eva Gonzalès. Ellas son las que empezarían a hacer esas maternidades que también trabajaría Lluïsa Vidal. Hasta el momento, sólo se había representado un tipo de madre, la Virgen María, pero las impresionistas pintaron más escenas y otros tipos de mujeres: mujeres madres pero también mujeres solas, reflexivas o haciendo alguna actividad concreta. Estas pintoras abrían la pintura hacia una nueva mirada de la mujer, una mujer vista desde los ojos de otra mujer.

Academias de Lluïsa Vidal con modelos femeninas, como las que estamos acostumbrados a ver en versión masculina

 

Éste fue el momento de máxima libertad para Lluïsa Vidal, aparte de que podría también entrar en contacto con pintores como Isidre Nonell o Ricard Canals, tal y como nos evidencian los temas comunes en muchas obras de todos ellos.

También tuvo oportunidad de ir con su familia a la Exposición Universal de París de 1900 e impregnarse de las últimas novedades técnicas y artísticas del momento.

Su padre, optando siempre por su profesionalización, le montó también un estudio en el cual ya podría trabajar con modelos profesionales (hasta entonces siempre utilizaba modelos familiares). Tras la muerte de Isidre Nonell, Lluïsa Vidal dejaría su taller de la calle de Salmarón 62 y pasaría a ocupar el taller que el artista tenía muy cerca, en la calle de Salmerón 111, un espacio más amplio y luminoso y con varias estancias, ideales para ser ocupadas por una academia.

Gran parte de los momentos clave de su vida la conocemos gracias a la intensa relación epistolar que mantuvo con Mossèn Collell de Vic. Las cartas se conservan, por donación de la familia Vidal, en el Arxiu Episcopal de Vic.

Academia de Lluïsa Vidal

 

Isidre Nonell en su taller

 

Su arte

Observamos que, mayormente, trabajará temas muy íntimos y personales, de su día a día; lo que le dejaban pintar, puesto que hay que tener en cuenta de que, a pesar de que en estos momentos las cosas empiezan a cambiar, las mujeres no podían acceder a los temas más elevados dentro de la jerarquía del arte, es decir, ni a la pintura de historia ni a los desnudos.

Así, Lluïsa Vidal será, básicamente, retratista, género en el cual conseguirá una interesante individualización de las posturas y el gesto, así como de las emociones, consiguiendo verdaderos retratos psicológicos. Es por ello que gustará, especialmente, a las mujeres de la burguesía, las cuales le pedirán habitualmente retratos.

Por tanto, nos ha dejado retratos de burgueses, pero también de artistas, como el mencionado Manuel Fuxà, escultor amigo de Francesc Vidal (destacar el impecable trabajo de sus negros, algo no fácil), o de las ya citadas Dolors Monserdà (os la añado en esta entrada un poco más adelante) y Caterina Albert, entre otros.

Para Dolors Monserdà hará también las ilustraciones de su libro “Montserrat”.

Retrato de Maria dels Àngels Condeminas de Rossich

 

Pero, como mencionábamos, también nos ha dejado temas más íntimos, de entre los cuales mi favorita es esta doble maternidad que pintó en Sitges, actualmente en manos privadas, en la Col.lecció Mirabent.

Maternitat (1897)

 

Una vez más, observamos a través de esta obra similitudes con, por ejemplo, Santiago Rusiñol.

Interior de Sitges (1892) por Santiago Rusiñol

 

Dado que la mayor parte de sus temas son familiares, los niños serán muy recurrentes, aunque siempre observamos que se trata de niños en acción, llevando a cabo alguna actividad, como leyendo o aprendiendo.

Mestresses de la casa (1905), en el MNAC

 

La nena del gatet negre (1903), en colección particular

 

La combinación entre los dos temas mencionados serían los retratos que haría de sus hermanas. Os añado el de Marta Vidal (ca 1907), en el MNAC…

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… aunque mi favorito, por su postura y por su historia, es el que realiza a Francesca (Frasquita como le llamaban familiarmente), bajo el título de La violoncel.lista descansant (1909). Se trata de un regalo de bodas de la pintora a su hermana, un retrato en el cual se observa la profunda tristeza que siente ante la negación del padre a contraer matrimonio con Felip Capdevila, amigo íntimo de Pau Casals. La amistad con el violoncelista era tal que, incluso, él sería el tesorero de la Orquesta Pau Casals y ella la archivera (al morir el marido, lo gestionaría todo Francesca en solitario).

 

No obstante, el cuadro nos esconde otra historia… se encuentra en la colección privada de Pau Casals, actualmente en la Vil.la Pau Casals de El Vendrell. Y es que Pau Casals y Francesca Vidal, alumna del violoncelista, siempre fueron grandes amigos hasta el punto que, finalmente, Pau Casals se acabó casando in articulo mortis con ella (no pudieron nunca casarse como tal ya que él no había recibido aún el divorcio de un matrimonio anterior con la mezzosoprano Susan Metcalfe). De hecho, sabemos que Pau Casals sólo rompió su exilio en una ocasión, cuando ella falleció en 1955 en Prada de Conflent, localidad a la cual Francesca se trasladó tras el exilio de él. Así, Pau Casals pidió permiso a las autoridades franquistas para enterrarla en Catalunya, ese único momento que decíamos que rompió su exilio. Para ello, fue escoltado en todo momento por la Guardia Civil, tanto en su entrada como salida del país.

 

Francesca Vidal se encuentra actualmente enterrada en la tumba familiar de Pau Casals, la misma a la cual el violoncelista fue trasladado del exilio en 1979.

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Os añado una de las cartas conservadas de Francesca Vidal a Pau Casals:

Estimat Pablo,

Voldria ser a Sant Salvador per seguir-te, mar endins, en la teva travessia!

Cuida’t, si no pensant en tu, pensant en nosaltres, que no podem fer-ho mentre ets lluny. T’estima tant i t’enyora tant,

Francesca

 

Por otro lado, como os indicaba, esta obra tiene también un sentido especial a través de la postura de su protagonista, de perfil, vinculándose por completo con toda una línea de trabajo que se inicia con James Mc Neill Whistler y que pasa también por artistas como Santiago Rusiñol. Recordemos que, Lluïsa Vidal no sólo se había formado con los grandes pintores modernistas masculinos, sino que también había tenido la oportunidad de viajar a París con 25 años en 1901, un año después de la llegada de Pablo Picasso, un poco más joven que ella, motivo por el cual Lluïsa Vidal se encontraba inmersa en las últimas corrientes del momento.

Retrato de la madre del artista (1871) de James Mc Neill Whistler, en el Musée d’Orsay

 

Figura femenina (1894) de Santiago Rusiñol, en el MNAC

 

Esta obra ha estado siempre presente en las grandes exposiciones de Lluïsa Vidal, como podemos observar en esta fotografía de la exposición que aconteció en la Sala Parés en 1909.

 

Otra de sus hermanas se casó con un artista. Se trata de Teresa, casada con Oleguer Junyent. Un retrato de Oleguer Junyent, realizado por Lluïsa Vidal, se firmó como un Santiago Rusiñol precisamente para hacerla cotizar más en el arte.

Finalmente, resiguiendo los géneros que cultivó Lluïsa Vidal, cabe mencionar que nunca observamos en ella paisajes (sólo en contadas ocasiones), pues gran parte de sus trabajos en esta línea son siempre apuntes que usaba para otros cuadros, no para convertirlos en paisajes autónomos. Como mucho, sí tenemos algunas escenas urbanas y siempre en pequeños formatos.

Obra final y apuntes de paisajes de Lluïsa Vidal

 

Era también una gran dibujante, algo que podemos apreciar sobre todo en los dibujos que hacía para Feminal o La Ilustración Artística. Gracias al hecho de ser publicados, conservamos más dibujos suyos que pinturas. En ellos, se observa una base clásica, a pesar de ser modernista, debido a su formación a partir de figuras como Velázquez o Goya.

Muchos de sus dibujos eran usados también para acciones solidarias. Un ejemplo es la tómbola que se llevó a cabo en el Hotel Colón de Barcelona.

 

Dolors Monserdà i Vidal

Dado que una de estas mujeres de Feminal y del círculo de Lluïsa Vidal era Dolors Monserdà (eran familiares también, como nos lo muestra su segundo apellido), una de las figuras alrededor de las cuales giró todo este primer feminismo catalán, junto a Carme Karr y Francesca Bonnemaison, me gustaría añadir en esta entrada un punto dedicado a ella.

El año pasado celebramos también el Any Dolors Monserdà, en motivo del centenario de su muerte, una conmemoración que estuvo marcada por distintos ciclos de conferencias y exposiciones. Además, este año la Festa Modernista de la Dreta de l’Eixample (debido a la Covid-19, fue finalmente en versión virtual) también la ha escogido como personaje principal de sus actividades.

Para hablar de Dolors Monserdà, me centraré sobre todo en una conferencia que se llevó a cabo en motivo de estas fiestas virtuales de la Dreta de l’Eixample que os comentaba y que podéis encontrar aquí. Si queréis saber más, os recomiendo también el libro El llarg viatge de les dones. Feminisme a Catalunya, escrito por Maria Àngels Cabré, la conferenciante de la mencionada ponencia.

Otro libro de interés relacionado con el tema es Donasses: protagonistes de la Catalunya moderna de Marta Pessarrodona.

Retrato de Dolors Monserdà realizado por Lluïsa Vidal

 

Retrato de Francesca Bonnemaison realizado por Lluïsa Vidal

 

¿Quién era Dolors Monserdà? Una de las personas más destacadas dentro del feminismo en Catalunya. Y es que, si bien es cierto que podemos hablar de feminismo como tal a partir de los años 30, época en la cual se consiguieron los grandes logros en cuanto a derechos de las mujeres se refiere (el derecho a voto, por ejemplo), no sería sin las figuras anteriores que realmente se hubiese llegado a este punto, de ahí su importancia.

Hemos mencionado a Dolors Monserdà, pero hay otras dos grandes mujeres que trabajaron junto a ella en este primer feminismo: Francesca Bonnemaison, creadora del Institut de la Dona y de la Biblioteca Bonnemaison, y Carme Karr, fundadora de la revista Feminal, esa misma en la cual colaboraba Lluïsa Vidal, y donde también escribía con el pseudónimo de Joana Romeu. Las tres hicieron mucho por la emancipación de las mujeres, por la emancipación de las mujeres de toda condición social, a pesar de que ellas procediesen de clases burguesas.

Carme Karr

 

Dolors Monserdà era la mayor de esta generación de feministas. De hecho, del mismo modo que las feministas posteriores son deudoras del trabajo de estas mujeres, Dolors Monserdà es también resultado de las ideas de otra mujer anterior, en este caso poeta, la primera mujer que dijo que quería escribir y que tenía pleno derecho a hacerlo, la tarraconense Maria Josepa Massanés, antes mencionada. Su discípula más aventajada fue Dolors Monserdà, de ahí que sea necesario mencionarla cuando hablamos de Monserdà y trazamos esta genealogía del feminismo catalán. De hecho, la primera biografía de Maria Josepa Massanés, Jo vull escriure, fue escrita por Monserdà.

Retrato de Josepa Massanés realizado por Lluïsa Vidal para la Galeria dels Catalans Il.lustres de l’Ajuntament de Barcelona (ahora en la Acadèmia de les Bones Lletres)

 

Entre las clases más populares, dentro del feminismo catalán de finales de siglo XIX, encontramos también otros nombres destacados, las llamadas lliurepensadores, algunas de ellas anarquistas, otras espiritistas, pero todas grandes batalladoras ante las mejoras en los derechos de las mujeres. Entre ellas, tenemos nombres como Ángeles López de Ayala, una sevillana que vino a Barcelona, donde organizó la primera manifestación de mujeres del Estado; Teresa Mañé, referente dentro del anarquismo español y madre de Frederica Montseny, la primera mujer ministra de España; o la espiritista Amalia Domingo.

Es decir, que junto al trabajo de estas tres mujeres burguesas, realmente importante, encontramos paralelamente otros movimientos cuyo objetivo era también el mismo. Los progresos de unas y otras fueron esenciales para ese gran feminismo en tiempos de la República que mencionábamos.

 

El hecho de que Dolors Monserdà fuese la mayor dentro de su generación hace que también tenga unas ideas algo más conservadoras que Carme Karr y Francesca Bonnemaison. Así, mientas que las tres mujeres proclamaban un feminismo cristiano, Carme Karr se ubicaría en un feminismo liberal y Francesca Bonnemaison, incluso, durante la Guerra tendría que exiliarse puesto que ya estaba más comprometida políticamente. Por su parte, Monserdà, a pesar de que sería la primera en verbalizar la palabra Feminismo y se convertiría en la primera escritora profesionalizada de Catalunya, aún, por ejemplo, no creía en la mujer como portadora del voto a la hora de elegir un dirigente político. Carme Karr, en cambio, sí era sufragista y así lo podemos ver en sus artículos en Feminal.

Estamos en una época en la cual es más importante todavía conquistar el derecho a la subsistencia, que el derecho al sufragismo, algo que en Europa sí se empezaba ya a reivindicar. De hecho, cuando Dolors Monserdà se casa, lo hace con un joyero, un hombre que no acabará de entender su posición en la sociedad, que tenga tanta voz, y a quien ella parará defendiendo su independencia. Es por ello que podríamos decir que estas mujeres eran feministas y revolucionarias para su época (no estaban bien vistas por muchas mujeres coetáneas), aunque a nuestros ojos no dejen de hacerlo desde una visión burguesa.

Dolors Monserdà había crecido en un entorno intelectual. Era hija de un encuadernador de libros en cuya trastienda se organizaban tertulias entre los grandes intelectuales del momento, entre los cuales encontramos Narcís Monturiol (tío de Carme Monturiol, mujer también muy comprometida y amiga de Carme Karr) o Serafí Pitarra. Es decir, que ya desde bien jovencita estuvo en contacto con toda esta cultura, lo que hizo que fuese una mujer emancipada intelectualmente y que creyese oportuno que otras mujeres también lo fuesen.

Estudiará también francés con la primera profesora de francés en Catalunya y ganará los Jocs Florals en distintas ocasiones, convirtiéndose además en la primera mujer en presidirlos. Contemporáneamente, Víctor Català (Caterina Albert) entrará como primera mujer en la Acadèmia de les Bones Lletres.

 

Dolors Monserdà nació en 1845, es decir, que vivió esos años de transformación social tan importantes para Catalunya y en especial para Barcelona, la época de la Revolución Industrial, la Febre d’Or y el Eixample. En Catalunya estaban aconteciendo todo un conjunto de iniciativas entre las cuales aún faltan las mujeres. Es por ello que, poco a poco, ellas también empezarían a pedir su voz, una voz que pasaba, previamente, por tener una formación. Conscientes de ello, Monserdà, Bonnemaison y Karr apostarían por formar a las mujeres a partir de distintas actividades, de ahí que su feminismo fuese sobre todo desde una vertiente social.

Sus ideas serían publicadas en revistas como la Luz del Porvenir o El Gladiador, pero la más importante de ellas sería Feminal, una revista excepcional, puesto que nunca antes había habido una publicación dirigida a mujeres donde escribiesen tantas mujeres. Hasta Vindicación Feminista, fundada en 1976, no habría algo parecido.

Portada número 1 de Feminal con el retrato de Josepa Massanés, toda una declaración de intenciones

 

Como ocurre con el resto de mujeres, los pensamientos de Dolors Monserdà los podemos conocer, pues, a partir de sus escritos. Colaborará en La Gramalla, donde publicará sus primeros poemas en catalán (antes lo hacía siempre en castellano), y llevará a cabo distintas conferencias, entre las cuales destaca Feminisme a Catalunya, el punto a partir del cual podemos ya considerarla una feminista.

No obstante, su gran libro, aquel que, además de ser un best-seller en la época, más nos muestra sus ideales y, a su vez, más influente también será, es La Fabricanta (1904), una novela cuya protagonista es una mujer (algo que ya se daba) y que se convierte en pionera por el hecho de situarla en el proceso de cambio de la ciudad, en esa ciudad en la cual las mujeres también trabajaban y ya no eran meramente decorativas. Y es que la protagonista de la novela dirige una fábrica; es una mujer que consigue, cuando se casa con su marido, un fabricante de velas, convertirlo en todo un empresario, es decir, que es ella la que logra que la familia prospere, no su marido, algo que, de hecho, ya empezaba a darse en su época, aunque fuese en casos muy excepcionales. Un ejemplo es Eulàlia Escuder, fabricante de seda, casada con Ramon Vilumara, también velero, como el protagonista de La Fabricanta, y encargada de llevar adelante la fábrica. De hecho, podría ser que Monserdà se inspirase en Eulàlia Escuder para redactar su novela.

Tecla Sala sería también una de estas mujeres empresarias. En este caso, la fábrica que dirigiría sería textil.

Con este progreso económico que experimenta el matrimonio de La Fabricanta, su protagonista, incluso, conseguirá que la familia se pueda trasladar al Eixample, como todo burgués hacía. El escenario de la novela es siempre la calle Sant Pere Més Baix.

El Passatge de les Manufactures, en el barrio de Sant Pere, dedicado a la industria textil, es uno de los escenarios de “La Fabricanta”

 

Monserdà escribirá muchos otros libros e, incluso, obras de teatro que se estrenarán en el Romea, por ejemplo, puesto que será una autora realmente prolífica. No obstante, La Fabricanta será su gran obra, aquella en la cual nos muestra que cree firmemente en las capacidades de las mujeres. La novela de Monserdà sería tan rompedora que daría lugar a la mencionada conferencia Feminisme a Catalunya, viendo necesario dar a conocer el discurso feminista a una población más amplia a partir de ella. Y es que la labor de Dolors Monserdà, sobre todo, se articulará alrededor de la pedagogía y la obra social.

Feminisme a Catalunya habla de la felicidad de la mujer, pero en su hogar, es decir, que observamos nuevamente este conservadurismo que mencionábamos, mostrando su feminismo desde la prudencia. Pero, como también decíamos, fue muy revolucionaria dado que siempre apostará por esa independencia que toda mujer necesita a nivel intelectual y económico.

Conferencia de Dolors Monserdà

 

Además de la pedagogía, la otra labor de Dolors Monserdà es la social, algo que, si bien es cierto que recibió mucha crítica, también tuvo el soporte de muchas personas que creyeron en ella. Monserdà creía, como hemos mencionado, en la educación de las mujeres y en la dignificación de su trabajo, es por ello que creará el Patronat d’Obreres de l’Agulla en 1910, una entidad creada para proteger todas esas mujeres que desde sus hogares y sin ningún tipo de cobertura de seguridad, trabajaban como costureras, bordadoras, modistas… en distintos pequeños empleos vinculados a las grandes industrias textiles.

El año pasado tuvo lugar una exposición en el Museu d’Història de Catalunya, Moda i Modistes, que giraba en torno a este tema, a su trabajo y cómo de importante fue éste en la emancipación e independencia de la mujer.

Se trataba de un sector muy explotado, con jornadas laborales muy largas y mal pagadas, sin cobertura médica ni ningún tipo de ayuda. Es por ello que el Patronat d’Obreres de l’Agulla, el primer caso de organización obrera feminista en Barcelona, se convertía en una aplicación práctica de la teoría publicada por Dolors Monserdà, donde ya criticaba que las mujeres ricas no se hubiesen fijado en el trabajo de estas otras mujeres que, al fin y al cabo, eran las que creaban los vestidos que lucían.

Para ello, se inspiró en una entidad creada dos años antes, la Agulla Bordelesa y la Unión Central Mutual de París.

Muestra de los trabajos de las modistas pertenecientes al Patronat d’Obreres de l’Agulla

 

Paralelamente, pondrá en marcha algo parecido al Comercio Justo, la Lliga de Compradores. Elabora una lista de costureras que trabajan en buenas condiciones, es decir, que existe la seguridad de que sus condiciones laborales son las óptimas, y la recomienda a las compradoras con el fin de que éstas no compren en empresas con mujeres sometidas a la esclavitud. De este modo, dignifica el trabajo de las costureras y también su consumo.

En definitiva, observamos cómo Dolors Monserdà cree en el progreso, en la transformación social y, junto a ella, Bonnemaison y Karr consiguen también que, poco a poco, se cambie el panorama de la Barcelona del momento.

Carme Karr seguirá la línea más social del feminismo de Dolors Monserdà fundando la Llar, la primera residencia femenina dedicada a la ampliación de estudios; un proyecto muy pionero, creado en 1913 que, dos años más tarde, tendría su réplica en Madrid, con la Residencia de Señoritas de María de Maeztu (algo similar a la que ya existía para hombres y en la cual las aventuras de Lorca y Dalí fueron protagonistas). Una vez más, observamos esa necesidad de estudios para independizarse y remunerarse por la cual apostaban estas mujeres.

Por su parte, Francesca Bonnemaison crearía en 1909 el Institut de Cultura y la Biblioteca Popular de la Dona, abreviada en La Cultura, donde las mujeres recibirían lecciones para especializarse y ser menos dependientes de padres y maridos.

 

Dolors Monserdà morirà en 1919 con 73 años, el mismo año de la gran huelga de La Canadenca, una fecha importante en la clase obrera. Pero justo el año anterior es cuando tuvo lugar la manifestación de mujeres de Barcelona, la primera manifestación feminista, con 25.000 mujeres obreras en huelga; mujeres que ya estaban hartas de la situación de carestía que vivían en una época en la que, a pesar de ser España un país neutral en la Primera Guerra Mundial, las provisiones no eran las mismas. Estas mujeres lo paralizaron todo e, incluso, rompieron los candados de La Boqueria, puestos por prevención ante la protesta, con el simple fin de pedir que se pusiesen precios justos que les permitiesen alimentar a sus familias.

Sin Dolors Monserdà y todas estas mujeres que hemos ido citando en esta entrada (seguro que me dejos muchas más), no hubiese sido posible esta manifestación, de ahí su importancia dentro de la sociedad del momento. Aún así, ha sido una mujer bastante olvidada, de ahí que haya sido tan necesaria la celebración del Any Dolors Monserdà.

Os dejo un vídeo homenaje que el Institut Català de les Dones le dedicó en motivo del centenario de su muerte:

 

Dolors Monserdà y Josep Puig i Cadafalch

Ya para finalizar, sólo hacer una última anotación… Y es que Dolors Monserdà, además de familiar de Lluïsa Vidal, era la suegra de Josep Puig i Cadafalch. Es por ello que la presencia de Monserdà en la obra del arquitecto modernista es en ocasiones bastante habitual. Un ejemplo es la Casa Amatller, en cuya fachada, esa fachada hablante que nos explica cosas de la familia que la habita, observamos unos versos de Dolors Monserdà. Se trata de unas palabras en letra gótica que nos exaltan el almendro, ese árbol que da nombre al linaje que habita la casa, y que se ubican justo en la tribuna a la cual daba el dormitorio de la señora Amatller.

Años más tarde, Dolors Monserdà publicaría estos versos dentro de un poema titulado Primavera.

L’amatller és florit, l’bon temps s’acosta ab sos nius d’ausells i sos poms de roses

 

Sus vínculos con Josep Puig i Cadafalch también los encontramos en su tumba, en el Cementiri de Montjuïc, diseñada por su yerno, quien ya había trabajado en más de una ocasión en el cementerio. En este caso, sin embargo, se trataba de un encargo familiar para el cual diseñó una gran columna de granito. En la base observamos una corona de bronce, mismo material que la cruz que culmina el conjunto y que exalta la fe cristiana, a la par que nos recuerda las creus de terme medievales, algo con lo cual el arquitecto ya había trabajado también antes.

Dolors Monserdà estaba enterrada en el Cementiri del Poblenou junto a su esposo, el joyero Eusebi Macià. Enric Monserdà, hermano de Dolors y también artista, adquirió el derecho funerario en Montjuïc ese mismo año. Así, dado que Enric murió sin descendencia (con la muerte de su hermana, pasó a vivir a casa de su sobrina, Àngels Macià, y Josep Puig i Cadafalch), en su testamento dejó la voluntad de legar la tumba a sus sobrinas, motivo por el cual se acabó traspasando el cuerpo de Monserdà del panteón de Poblenou a Montjuïc en 1934.

 

Y con este último punto finalizamos esta entrada, una entrada que pretende reivindicar un poco todo un conjunto de mujeres importantísimas para el desarrollo del feminismo catalán posterior, pero de las cuales, en muchas ocasiones, no hablamos como deberíamos; un grupo de mujeres que irían en la línea de otras pintoras impresionistas parisinas, como serían Mary Cassatt o Berthe Morisot, entre tantas otras, y que poco a poco también vamos recuperando.

Mujeres con carácter, pero también dinero y familiares que les fueron óptimos para poder avanzar (tenemos que reconocer que, muchas veces, sin padres o hermanos adecuados, ellas no hubiesen nunca podido crecer); figuras que, gracias al hecho de tener recursos, fueron también de gran ayuda para aquellas otras tantas mujeres sin posibilidades de hacerlo.

Queda aún mucho por hacer pero parece que, progresivamente, ellas también van formando parte de nuestra historia. Así que… ¡sigamos!  😉

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