Tortosa, la sede episcopal más grande de la Corona de Aragón

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Empieza a llegar el buen tiempo y las ganas también de empezar a salir de casa… así que la entrada de hoy es una Salida desde Barcelona, una salida de fin de semana o de unos cuantos días, perfecta como idea tras el confinamiento, aprovechando que también tendremos que hacer un poco de economía de país mediante el turismo de interior (¡de mientras, siempre nos puede servir para hacer volar un poco la imaginación!  😉 ).

Así que hoy os propongo ir hasta las Terres de l’Ebre. Concretamente, hasta el Baix Ebre, donde haremos noche, Ribera d’Ebre y la Terra Alta, con alguna salida incluso a la zona de la Franja, a las comarcas del Matarraña y el Maestrazgo.

El punto principal de nuestra entrada será la Catedral de Tortosa, sede episcopal que se une a las que ya hemos ido conociendo en La Bcn Que Me Gusta (Catedral de Barcelona, Catedral de Tarragona, la Seu de Lleida y la casi Seu de Manresa) y que, del mismo modo que la Seu de Lleida, nos vincula también a la Catalunya Nova, a esa Catalunya ganada a los musulmanes donde la Catedral se convertía casi en un trofeo de la victoria. Recordemos que Tortosa (Turtuixa para los musulmanes), la ciudad que unió en sus calles judíos, cristianos y musulmanes, fue conquistada por Ramon Berenguer IV en 1148, justo un año antes que Lleida (Larida), a al-Muzaffar.

La multiculturalidad de Tortosa, aquella que la convierte en la ciudad de las tres culturas de Catalunya, también se puede apreciar en su gastronomía y en la presencia, a diferencia de la Catalunya Vella, de muchos dulces, como los típicos pastissets, el menjar blanc o los cocs. Actualmente, la ciudad disfruta también de tres restaurantes con Estrella Michelin, ejemplo nuevamente de la riqueza de su gastronomía.

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El Castillo de la Suda, actual Parador de Tortosa, es uno de los símbolos de este pasado musulmán. Fueron los árabes de la época de Abd-al-Rahman III los que convirtieron en alcazaba este espacio que, ya en época cristiana, se convirtió en residencia real. Incluye el único cementerio musulmán descubierto en Catalunya, además de restos íberos y romanos (quienes llamaban Dertosa a Tortosa), lo que demuestra su uso ya desde tiempos remotos.

Es precisamente en el Parador de Tortosa donde hicimos noche, convirtiéndose en la central de operaciones de nuestros movimientos por la zona.

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Las vistas desde el Castell de la Suda son una maravilla, no sólo sobre la ciudad…

 

… sino también hacia Los Ports y la Serra del Cardó, montañas que en todo momento nos harán de telón de fondo durante nuestra salida.

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La subida al Castell es también un paseo de lo más agradable.

 

Desde el Castell de la Suda se puede acceder también a la muralla, a parte de la fortificación conocida como las Avançades de Sant Joan. En este caso, estamos hablando de una fortificación de la segunda mitad del siglo XVII, de una ampliación de la fortificación anterior.

 

Tortosa es una de las ciudades de Catalunya que conserva quizá mejor sus fortificaciones, presentes ya desde época andalusí. Es por ello que Turisme de Tortosa nos ofrece incluso una ruta por todas ellas. Tortosa gozaba de una ubicación muy estratégica, tanto por el río, Lo Riu, completamente navegable, como por su situación entre Los Ports y el Delta. Era en Tortosa donde se encontraba el único paso estable de cruce del río desde Zaragoza, el llamado Pont de Barques. Además, constituía la puerta sur del Principado y se localizaba justo en el centro de todos los territorios de la Corona de Aragón.

Esta ubicación ya le venía, de hecho, de lejos, puesto que ya en tiempos romanos en ella se encontraba la intersección entre el río y la Vía Augusta.

Tortosa es la capital del Ebro, de ese río que es vida y que vertebra tanto el crecimiento de la ciudad como su desarrollo económico y social. De hecho, del mismo modo que los mencionados Ports, nos servirá también a nosotros como guía durante la entrada de hoy y nuestro recorrido.

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Tan importante es el río para Tortosa que, incluso, su leyenda fundacional gira en torno a él. Ésta nos dice que Tortosa fue fundada por Túbal, nieto de Noè y primer marinero que desde el extremo oriental del Mediterráneo llegó a la boca del Ebro para subir río arriba. En uno de los extremos del Castillo de la Suda sobresale la torre medieval de Túbal, recordándonos su papel en la fundación de la ciudad.

Recordemos que ya hace mucho tiempo hicimos una ruta por el Delta del Ebro desde Amposta. En esta ocasión, en cambio, nos moveremos por la parte superior del río.

Otros elementos vinculados al río que no podemos olvidar son los llaguts, los Camins de Sirga y los Passos de Barca. Los llaguts son un tipo de embarcación muy propia del Ebro que, incluso, dado que el río era navegable, servían para transportar mercancías y personas. Por su parte, los Camins de Sirga son aquellos caminos que, cuando la corriente del río no era favorable para su navegación, se usaban con animales de carga para hacer mover las embarcaciones desde tierra. Los sirgadors eran los hombres que se encargaban de hacer mover dichos barcos. Muchos de estos caminos se han habilitado para el excursionismo. Finalmente, los Passos de Barca son los sistemas habilitados para cruzar el río de una orilla a la otra. Los recuperaremos cuando lleguemos a Miravet, una de las localidades que visitaremos en nuestra entrada.

 

La Catedral de Tortosa

Dado que la Catedral de Tortosa es el punto más fuerte de esta entrada y, por tanto, el vertebrador de los distintos lugares que visitaremos… ¡no nos demoremos más y vayamos a ello!  😉

Durante la Edad Media Tortosa tuvo un papel muy relevante, no sólo por los motivos ya mencionados que la convertían en una ciudad estratégica, sino también porque funcionaría como centro neurálgico, igual que lo haría Lleida, de la Catalunya conquistada a los musulmanes. Así, para hacernos una idea de su importancia, si Barcelona tenía unos 40.000 habitantes y Perpignan 15.000, Lleida y Tortosa tenían unos 5.000. Girona, en cambio, 1200 habitantes. Tortosa también disfrutaba de la sede episcopal más grande de la Corona, incluyendo incluso parroquias de Valencia y Zaragoza. De hecho, Calaceite, por ejemplo, localidad que también visitaremos en esta entrada, pertenecía a la diócesis de Tortosa hasta 1957, que pasó a la de Zaragoza.

Es por todos estos motivos que Tortosa necesitaba una gran catedral. La primera sería construida en época románica. Se consagró pero no fue hasta 1158, 10 años después de la conquista de la ciudad por parte de Ramon Berenguer IV, que se empezaría a construir el templo, el cual, como no podía ser de otro modo, se ubicó sobre la antigua gran mezquita. Es decir, que durante 10 años era la propia mezquita la que pasaría a tener un uso cristiano, pues la catedral románica tardaría un tiempo en construirse, algo habitual en la época ya que son muchas las catedrales que, incluso, estuvieron durante un par de siglos funcionando dentro de antiguas mezquitas.

De esta catedral románica, construida bajo la advocación de Santa María, no se ha conservado nada, sólo algunos restos de muros y alguna ventana. Su consagración definitiva sería en 1178 y asistirían el arzobispo de Tarragona y Alfonso II de Aragón y su esposa Sança de Castilla, algo que sabemos gracias a una placa conmemorativa actualmente conservada en el Museo de la Catedral.

La canónica de Tortosa se encontraba gestionada por la Orden de San Agustín y bajo el mandato de Ponç de Monells, procedente de Sant Joan de les Abadesses.

En 1347 ya vendría la catedral gótica, aunque su finalización no la encontramos hasta el siglo XVIII.  No fue una construcción fácil, puesto que debido a las constantes interrupciones, ésta fue larga y pasó por distintas fases y maestros de obras, entre los cuales destacan Andreu Julià (autor del Micalet de Valencia), Pere Moragues y Joan de Frenoy. Pere Comte, arquitecto de la Llotja de Valencia, también trabajaría en su interior, aplicando una arquitectura más dinámica y variada a partir de la complicación del diseño de las bóvedas de crucería y de los pilares.

Se compone de tres naves con capillas laterales entre sus contrafuertes. Lo que más destaca es su cabecera, pues presenta una doble girola, única de este tipo en Catalunya, donde acostumbramos a encontrar sólo una con capillas radiales. De este modo, observamos una prolongación de la propia planta mientras que, en donde tradicionalmente se encuentran las capillas radiales, las capillas se autosustentan sin necesidad de contrafuertes.

Esta zona también nos sirve como testimonio de este constante cambio de proyecto. Así, por ejemplo, incluso sus tracerías cambian constantemente de motivo decorativo.

 

 

Desde su exterior observamos cómo sus contrafuertes y arbotantes se convierten en algunos de los pocos tan trabajados de Catalunya.

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Asimismo, en todo el templo se da también una disminución progresiva de la altura de los cuerpos de los ábsides, del deambulatorio y de las capillas radiales, obteniendo tres niveles de vidrieras que inundan de luz el interior. Las vidrieras actuales, sin embargo, son del siglo XIX, obras del taller historicista de Eudald Ramon Amigó (participó, por ejemplo, en las vidrieras del ábside de Santa Maria del Pi), y otras son posteriores a la Guerra Civil.

En el altar mayor encontramos otra unicidad de la Catedral de Tortosa, el retablo gótico del, posiblemente, ya mencionado Pere Moragues (tradicionalmente, antes de las últimas restauraciones, se había vinculado a autores italianos), quien recordemos que también fue maestro mayor de la Catedral. Se trata de un retablo de madera, algo distinto a la tradición, en la cual éstos acostumbraban a ser de piedra (Lleida) o pictóricos (Barcelona y Girona). Dado que es demasiado pequeño para una catedral gótica, aunque ideal para la románica, con el fin de monumentalizarlo, se le añadirían con posterioridad unos pináculos algo desmesurados con el cuerpo del retablo.

Está dedicado a la Mare de Déu de l’Estrella, la antigua titular de la Catedral, y sus 24 escenas narran la historia de Jesús y la Virgen María. Habitualmente se mostraba siempre cerrado y sólo se abría y mostraba su esplendor en las grandes celebraciones litúrgicas.

En La Bcn Que Me Gusta ya hemos hablado de Pere Moragues, en motivo de las esculturas de la Capella de Sant Pere i Sant Pau de la Basílica de Sant Just i Sant Pastor. Además de escultor (la talla gótica de la Mare de Déu de la Mercè es de él también), era también platero.

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Y, hablando de retablos, no podemos olvidar el que se encontraba en una de las capillas privativas del deambulatorio, propiedad de un fiel de la Catedral, el Retaule de la Transfiguració, una obra atribuida al taller de Jaume Huguet, aunque recientemente la documentación encontrada nos habla de los pintores Rafael Vergós (miembro de la familia Vergós, la cual en distintas ocasiones trabajó para Jaume Huguet) y Pere Alemany, actualmente conservada también en el Museo de la Catedral. Dado que los dos artistas se asociaron, los encontramos en otras obras trabajando conjuntamente. Un ejemplo serían las puertas del desaparecido órgano de Santa Maria del Mar.

 

En el Museo de la Catedral encontramos, entre otros tantos objetos también de interés, dos elementos más que debemos mencionar. El primero de ellos se ubica en el antiguo dormitorio canonical y es el Coro, junto al de Barcelona (conservado in situ), el único coro gótico de Catalunya que consiguió salvarse de la nueva distribución barroca de las iglesias, fruto de la Contrarreforma, con el fin de que nada interceptase la visión del altar. Se trata de una obra de Cristóbal de Salamanca (aunque nacido en Ávila), también autor del Coro de Montserrat, destruido durante el gran incendio de 1811.

 

El segundo objeto del Museo a destacar es una placa del siglo VI, cuya importancia recae en el hecho de que se encuentre escrita en tres idiomas. Se trata de una inscripción funeraria que, a pesar de que quizá en época romana ya hubiese judíos en Tortosa, se convertiría en el primer testimonio de su presencia como tal en la ciudad.

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De una segunda placa en hebreo, también conservada en el Museo, tenemos una réplica en la calle, justo detrás de la Catedral.

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La placa en el Museu de la Catedral de Tortosa

 

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Su réplica detrás de la Catedral

 

Si accedemos al Museo, también podremos conocer su claustro, completamente restaurado en 1999 (bien, más que restaurado, rehecho, ya que quitando algún capitel, el resto casi todo es nuevo), pero también de interés.

 

Regresemos al interior de la Catedral, pues aún nos falta hablar sobre un último elemento… la Capella de la Mare de Déu de la Cinta, esa capilla dedicada a la patrona de Tortosa, la cual presenta una de esas distintas advocaciones que puede adquirir la Virgen María.

La leyenda tradicional procede de los textos apócrifos y nos habla de la cinta que la Virgen María lanzó a Santo Tomás, el gran incrédulo de la Biblia, como prueba de su asunción al Cielo, puesto que el discípulo, como es habitual en él, no había podido asistir a la muerte, sepultura y asunción de María y no se lo acababa de creer. La cinta originaria de esta leyenda, esa cinta de color verde que llevaría la Virgen María en su cintura en el momento de la Asunción (el Sacro Cingolo), se conservaría en la Duomo de Prato (Italia).

En el caso de Tortosa, la leyenda tradicional, aquella que se usó hasta el siglo XVII, se vincula con la reliquia que se conserva en la Catedral, esas fibras de amor de María que ella misma tejería con sus manos. A partir del siglo XVII, sin embargo, se relacionó directamente dicha cinta con un monje de Tortosa, que sería el que la recibiría de las propias manos de María y no Santo Tomás, como se había dicho hasta entonces. Cabe tener en cuenta que a partir de la Contrarreforma los santos locales adquirirían mayor importancia como una herramienta política más de la Iglesia, del mismo modo que también lo haría el culto mariano, uno de esos elementos diferenciadores respecto al Protestantismo.  Sea como sea, es por ello que la Mare de Déu de la Cinta sujeta entre sus manos una cinta y que en el interior del reliquiario se conserva parte de ella.

En el siglo XIX se dio una confusión en el significado entre el descenso y la función de la reliquia, es decir, que a partir de una mala interpretación de su función (la cinta servía como protección a las parteras), en muchos lugares iconográficamente se mostraba la Virgen María embarazada, como si se tratase de la Virgen de la Buena Esperanza.

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Precisamente por estos vínculos del culto a la Mare de Déu de la Cinta con la Contrarreforma (en época medieval la leyenda no tendría tanta relevancia en Tortosa, recordemos que la Mare de Déu de l’Estrella era la primera advocación de la Catedral), no será hasta el siglo XVII que la cinta de la Virgen tendría su propio reliquiario y capilla. Se trata de una capilla barroca, como no podía ser de otro modo, construida en 1672 según el proyecto de Diego Martínez Ponce de Urrana, mismo maestro de obras de la Capella dels Desemparats de Valencia, y decorada con Jaspi de Tortosa y distintos tipos de mármol.

La iniciativa de construir la capilla, sin embargo, es algo anterior, de 1642, momento en el cual la ciudad fue liberada del sitio de las tropas francesas y se quiso agradecer la salvación a la Virgen, considerada intercesora de la ciudad en ese momento. Dado que la construcción fue bajo protección real, también recibe el nombre de Capella Reial.

El Jaspi de Tortosa es otro de los elementos que nos hacen pensar en Tortosa. Llamado Broccatello di Spagna por los italianos, se trata de un tipo de mármol lujoso, aunque local, usado incluso en lugares como El Escorial.

 

El elemento más destacado de la capilla son sus pinturas, obra de Dionís Vidal, ya de principios del siglo XVIII, aunque completamente de estética barroca. La capilla está decorada al fresco adquiriendo grandes similitudes con la Iglesia de Sant Nicolau i Sant Pere Màrtir de Valencia, a su vez influenciada por la bóveda de la gran escalera de El Escorial. Y es que cabe tener en cuenta que Dionís Vidal era discípulo de Antonio Palomino (Vidal es valenciano pero se traslada a Madrid), de ahí que a pesar de que el pintor de la iglesia valenciana fuese Vidal, quien la diseñaría sería el maestro, a su vez discípulo de Lucas Jordán (Luca Giordano), artista de El Escorial. Así, no sólo las semejanzas son evidentes entre las tres obras, repletas las tres de complejas alegorías (igual que Palomino con la Iglesia de Sant Nicolau, Vidal redactará con anterioridad todo el programa iconográfico de la Capella de la Cinta, evidenciando su papel de pintor intelectual), sino que también observamos claras citas a esta correspondencia de influencias. Ejemplo sería el doble retrato de maestro y discípulo que encontramos tanto en El Escorial como en Sant Nicolau de València: en el segundo caso observamos, en una de las lunetas de la contrafachada, un Dionís Vidal acompañado de su maestro, Antonio Palomino, quien le está explicando todos sus conocimientos, lo mismo que Lucas Jordán hace con su discípulo, Palomino, en la gran escalera de El Escorial.

Para saber más sobre la Capella de la Mare de Déu de la Cinta y el programa iconográfico de sus frescos, realmente complejo, os recomiendo la lectura “MARIA, TEMPLE I CIUTAT. Els frescos de la Santa Cinta en el context del barroc” de la Doctora en Historia del Arte Sílvia Canalda.

Luca Giordano y Antonio Palomino

 

Antonio Palomino y Dionís Vidal

 

Además de las pinturas, cabe mencionar también la urna de plata en cuyo interior se conserva la cinta, obra de Francesc y Josep Tramulles, discípulos de Antoni Viladomat y dos de los artistas más representativos del barroco catalán, de 1727. En el interior de la Catedral de Barcelona, por ejemplo, los encontramos en numerosas ocasiones.

 

Ya en el exterior, sólo nos queda mencionar su fachada. A pesar de que el interior sea gótico, dado que, como tantas otras iglesias y catedrales de Catalunya, su fachada quedó inacabada, el proyecto es ya de época barroca, de 1625, inspirado en los ejemplos romanos. Su maestro de obras sería Martín de Abaria, perteneciente a una familia de canteros y maestros de obras de Guipúzcoa, que quizá nos habría dejado otras obras en Aragón como los baldaquines de Santa María de Daroca o San Miguel de los Navarros de Zaragoza. Sin embargo, dicho proyecto volvería a quedar incompleto por falta de financiación y problemas en los fundamentos, además de la negación del ejército ya que su altura se interponía en la línea de fuego de los cañones del Castillo. Es por ello que actualmente nos presenta un aspecto inacabado.

Recientemente, en 2015, las construcciones de delante de la fachada de la Catedral, aquellas que daban al Ebro, fueron destruidas, a pesar de las múltiples opiniones en contra, pues dicha demolición desvirtuaba la visión barroca de la Catedral, es decir, el efecto sorpresa que en un tramado de callejuelas estrechas provocaba a la hora de descubrir la Catedral. Además, a causa de la modificación de todo su entorno, actualmente la fachada ha perdido su perspectiva primigenia, quedando completamente achatada en su visualización.

Finalmente, ganaron las ganas de tener una catedral completamente fotografiable desde el Ebro, lo que se acabó llamando la Catedral del Ebro, en vez de las opiniones de los expertos, de historiadores e historiadores del arte. Tenéis más información sobre ello en este artículo de El País.

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Ciudad del Renacimiento

Tortosa, además de su Catedral, la excusa principal de la redacción de esta entrada, tiene muchas otras cosas interesantes a visitar y una de ellas se remonta al Renacimiento, momento en el cual Tortosa vivió también un momento de gloria. En más de una ocasión hemos mencionado que el Renacimiento como estilo no caló en una Catalunya que seguía mirando al Gótico como estilo identitario, motivo por el cual no tenemos muchas obras de este periodo en este estilo, excluyendo algunos sepulcros, como los de Montserrat o el de Bellpuig d’Urgell (hablamos de él en La Bcn Que Me Gusta), elaborados en Italia por maestros italianos, la fachada de la Generalitat de Catalunya, completamente inspirada en un palacio renacentista romano (Palazzo Farnese), o el trascoro de la Catedral de Barcelona, realizado por Bartolomé Ordóñez (artista tampoco catalán) en motivo del Capítulo del Toison de Oro en Barcelona.

Algunas casas señoriales de Barcelona, como podrían ser aquellas pertenecientes a Lluís Desplà (Casa de l’Ardiaca) o Miquel Mai (Casa Gralla), personajes familiarizados con las ideas italianas, incluían elementos del repertorio decorativo renacentista (pilastras, groteschi o medallones), pero siempre entremezclados con una estética gótica.

Excluyendo estos ejemplos tan contados, todos ellos realizados por maestros no catalanes, Catalunya tiene un renacimiento con muy poco peso (es más adecuado llamar las obras de esta época arte catalán en periodo del renacimiento que obras renacentistas), de ahí que los vínculos de Tortosa con el Renacimiento se consideren algo casi único en el panorama catalán.

En dicha relación debemos mencionar Cristòfor Despuig y sus escritos Los Col.loquis de la insigne ciutat de Tortosa, donde ya se habla de Tortosa como centro más relevante a nivel cultural y artístico de la Catalunya del siglo XVI (algunos de los presidentes de la Diputació del General de este momento estuvieron ligados a Tortosa), y los Reials Col.legis de Tortosa, precisamente el conjunto del cual me gustaría hablar en esta entrada.

Cristòfor Despuig, emparentado con la familia Montcada (de hecho, sus coloquios van dedicados a Francesc de Montcada, comte d’Aitona. De los Montacada, precisamente, hablamos en la entrada anterior de La Bcn Que Me Gusta, dedicada al Monestir de Pedralbes, y durante nuestra visita a Aitona), con cuyos preceptores fue educado en la más exquisita educación cortesana, se puede considerar lo más similar a un hombre renacentista que podemos tener en Catalunya, junto a los mencionados Lluís Desplà y Miquel Mai o a la familia Cardona-Requesens, comitentes del también citado sepulcro de Bellpuig d’Urgell. De hecho, todos ellos pertenecen a un mismo círculo, es decir, que Francesc de Montcada es primo de los Cardona y, a su vez, está casado con una Gralla, cuya familia había viajado a Roma. Es decir, que las pocas ideas renacentistas que tenemos en Catalunya proceden todas de un mismo círculo familiar, en el cual había ciertas personas que tuvieron oportunidad, por los cargos que ostentaban, de viajar a Roma o a Nápoles.

El Palau Despuig de Tortosa, perteneciente actualmente a Diputació de Tarragona, sería su residencia.

Turisme de Tortosa nos ofrece una ruta por esta Tortosa renacentista. Asimismo, cada año, durante la segunda quincena de julio, tiene lugar la Festa del Renaixement, una fiesta que, precisamente, nos recuerda todo este pasado.

 

El gran símbolo de esta Tortosa renacentista a nivel arquitectónico, como mencionábamos, son los Reials Col.legis de Tortosa; como indica su nombre, reales al ser una fundación de Felipe II y en plural porque en realidad se trata de dos colegios, Sant Jaume i Sant Maties y Sant Domènec i Sant Jordi, creados en 1564 para educar a musulmanes conversos. A partir de su expulsión en 1610, también educarían a jóvenes moriscos, aunque el segundo colegio de los mencionados funcionó sobre todo como espacio para la formación de teólogos dominicos.

El conjunto se completa con un tercer edificio, la iglesia de Sant Domènec.

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El elemento más destacado del conjunto, sin embargo, es su patio, el elemento renacentista como tal. Con sus arcos de medio punto y medallones, presenta un repertorio decorativo completamente italiano, donde destaca su galería de retratos, que incluye personajes desde Ramon Berenguer IV (recordemos que fue él quien conquistó Tortosa a los musulmanes, lo que llena de simbolismo tenerlo en esta galería) y Peronella a Felipe II.

 

Es curioso observar medallón por medallón ya que en algunos de ellos vemos que no se sigue siempre la iconografía propia de la época. Un ejemplo es Jaume I, representado con barba, cuando en esta época en muchas ocasiones aún se hacía imberbe. Esta concepción sin barba del Conquistador se vincula a un texto de Bernat Desclot, donde se da a conocer la altura del rey y su constitución física aventajada, de tipología nórdica (rubio con ojos claros), aunque también podría tratarse de una descripción simbólica, elevando el personaje a una posición casi divina. Su carácter imberbe, algo que poco a poco evolucionará a representaciones de Jaume I con abundante barba (símbolo de conocimiento), seguiría este simbolismo, el cual se continuaría aplicando incluso en sus descendientes. Prueba de ello son las monedas acuñadas durante el siglo XIII.

Representación de Jaume I en el Musée Languedocien de Montpellier

Medallón con Jaume I de los Archives Nationales de France

 

Por otro lado, cabe también mencionar cómo todos los personajes sostienen cetros y espadas como símbolo de poder y luchadores contra los moriscos que eran.

Es una incógnita todavía quiénes son las dos últimas parejas representadas, pues por sus facciones y época no se trataría de Felipe III, monarca posterior a Felipe II.

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Finalmente, hay otro elemento de remarcado valor en el interior del conjunto de los Reials Col.legis, concretamente en el interior de la iglesia de Sant Domènec. Se trata del armario archivo de 1574 que se conserva en el conjunto desde 1911 (antes se ubicaba en la Casa de la Ciutat), el llamado Armari de les Tres Claus. Es uno de los pocos armarios archivadores ubicados temporalmente entre los siglos XV y XVIII que se conservan en Catalunya, época en la cual se construyeron distintos ejemplares, todos ellos para conservar documentos tanto de carácter civil como eclesiástico.

En sus puertas observamos el escudo de la ciudad, así como el Ángel Custodio, patrón de Tortosa. En una leyenda se explica su inauguración.

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Más Tortosa

Para acabar de conocer mejor Tortosa, os recomiendo una visita a Turisme de Tortosa, donde encontraréis todo tipo de información, rutas y explicaciones. De todos modos, os hago un personal Top 5 de lo que considero que es importante conocer (o al menos lo que más me gustó durante mi visita) para acabar de saborear la importancia y cultura de esta interesante ciudad:

1.La Font de l’Àngel: se trata de una fuente gótica, la primera construcción de utilidad pública y para decorar e ennoblir la ciutat de Tortosa. Su nombre se lo aporta el ángel, ya desaparecido, que coronaba el conjunto, una fuente monumental muy parecida a la que se encontraba también en Blanes y la desaparecida Font de l’Àngel de Barcelona, obra de Pere Sanglada, autor del coro de la Catedral de Barcelona.

Actualmente, la fuente se ubica en el Palau Oliver de Boteller, antes localizado al lado del río y palacio de una de las familias más poderosas de la ciudad.

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Muy cerca se encuentra el Passatge Franquet, uno de los edificios más innovadores de la ciudad del siglo XIX, incorporando elementos completamente afrancesados como sería la estructura del pasaje.

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2. La Tortosa judía: Como hemos dicho, Tortosa era punto de intersección de las tres grandes culturas de la Península. El Call de Tortosa se encontraba en el actual barrio de Remolins, un barrio de callejuelas estrechas y lleno de encanto cedido por Ramon Berenguer IV a los judíos. Antiguamente, habían sido las atarazanas musulmanas, aunque cabe tener en cuenta que la aljama o Barri Sarraí se mantuvo también durante largo tiempo en la ciudad.

 

La Torre del Célio y una parte de la muralla con el llamado Portal dels Jueus se encuentran en él.

Turisme de Tortosa nos propone la siguiente ruta por el barrio de Remolins.

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3. Modernismo: durante finales del siglo XIX – inicios del siglo XX, momento en el cual se destruyó parte de las murallas y se creó el Eixample, Tortosa fue también la capital del Modernismo del sur de Catalunya, un modernismo en el que destacan arquitectos como Pau Monguió y Joan Abril, los cuales han llenado de construcciones de lo más interesantes la ciudad. Entre estas construcciones, cabe mencionar la Casa Grego o Casa Fontanet, la Casa Brunet, la Casa Matheu o el Palau Montagut.

Turisme de Tortosa nos propone la siguiente ruta por las construcciones modernistas de la ciudad.

 

El Parc Municipal, con sus escalinatas y modelo de jardín romántico, es también un espacio interesante de esta época artística. En su interior se ubica también una lonja medieval del siglo XIV, trasladada piedra a piedra desde una ubicación distinta y en cuyo interior se llevaban a cabo actividades de tipo contractual, siendo también depósito de mercancías. Actualmente, conserva los gigantes y animales de la ciudad.

 

En el siguiente vídeo se muestra el Modernismo de Tortosa:

 

4. Mi mirador favorito, el Convento de Santa Clara: el barrio de Santa Clara se encuentra justo en el montículo opuesto al del Castillo de la Suda, en el Turó del Sitjar, es decir, que desde él podemos disfrutar de unas vistas magníficas del Castillo con la ciudad a sus pies.

El convento de clarisas tiene sus orígenes en la Orden del Temple, del cual se conserva sólo algún elemento. Las monjas clarisas recibieron el monasterio en el siglo XIII y aún viven en él.

Justo al lado se encuentra también el Hospital Verge de la Cinta.

 

5. Tortosa y la Guerra Civil: finalmente, no podemos marchar de Tortosa sin recordar la Guerra Civil, no sólo por la proximidad de la Batalla del Ebro, sino porque en el río mismo aún hay muestras de este pasado.

Una vez más, Turisme de Tortosa nos propone una ruta vinculada a ello y, en especial, a la figura de Ernest Hemingway, uno de los últimos periodistas en abandonar la Batalla del Ebro.

“A las dos de esta tarde, Tortosa era una ciudad casi demolida, evacuada por la población civil y sin ningún soldado. Veinticuatro kilómetros más arriba se luchaba encarnizadamente por proteger Tortosa, el objetivo fascista en su avance hacia el mar”.

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Salidas desde Tortosa

Como hemos mencionado, Tortosa puede ser un buen centro de operaciones a la hora de moverse por el Baix Ebre, la Ribera d’Ebre y las comarcas aragonesas del Matarraña y el Maestrazgo, a las cuales llegamos para seguir la Ruta Cátara del sur. Es decir, que una vez visitada Tortosa, se puede aprovechar y conocer un poco el entorno.

Esta es la ruta que realicé pero, obviamente, hay muchas más posibilidades, motivo por el cual os invito a visitar las distintas páginas web oficiales de Turisme de la Terra Alta, Turisme de Ribera d’Ebre y Turisme de Terres de l’Ebre.

En primer lugar, dado que se encuentra bien cerquita de Tortosa, os invito a conocer Xerta, conocida por sus naranjas, pero también por algo creado en época medieval y que aún sigue en funcionamiento, su assut o azud, es decir, esa presa de casi 400m de largo, construida en diagonal de lado a lado del Ebro con el fin de desviar el agua hacia los canales de derecha e izquierda del río que nacen en este punto.

Hay quien se ha aventurado a decir que ya en época de dominación musulmana se había creado el predecesor del actual azud… sea como sea, el actual es de época medieval, una creación de los maestros tortosines Domingo Xies, Antoni Alcanyic y Bernat Gual que se convierte en un verdadero espectáculo a ver.

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Muy cerca, en Benifallet, tenemos las llamadas Coves Meravelles, las cuevas de mayores dimensiones que componen el conjunto de Les Aumidielles. Además de su valor espeleológico, con estalagmitas y estalactitas bastante sorprendentes, tiene también un valor histórico, puesto que en su interior se refugiaron distintas familias durante la Batalla del Ebro.

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Siguiendo el Ebro, llegamos a uno de sus enclaves más destacados, Miravet. Un pueblo de postal, pero una vez más con un valor histórico destacable a partir de su emblemático castillo, de base andalusí (aunque se dice que los íberos quizá ya se hubiesen instalado en él) y uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar catalana de los siglos XII-XIII, relacionado con los Templarios, a quienes Ramon Berenguer IV donó las tierras a raíz de su conquista a los musulmanes en 1153 con el fin de que las repoblasen (recordemos que la Orden del Temple acabó siendo acusada de hereje y, finalmente, expulsada por el Papa Clemente V y el rey Jaume II; en Miravet el sitio duró 12 meses y, una vez extinguida la Orden, sus posesiones pasaron a la Orden del Hospital). No podemos olvidar otros hechos históricos en la zona como la Batalla del Ebro o el Estatut de Catalunya del 2006, forjado en Miravet.

La Ruta del Domus Templi une Miravet con otros enclaves templarios, como el Castillo de Monzón, el de Gardeny o el de Tortosa.

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Miravet, además, se relaciona también con el Modernismo a partir de la figura del pintor Joaquim Mir, quien pasó por la localidad una temporada, en 1929 y 1930, en la cual nos ha dejado un legado de unas 38 pinturas, entre las cuales hubo de premiadas, como la que le mereció la otorgación de la Medalla de Honor de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1930. La Sala Parés llevó a cabo una exposición sobre las Terres de l’Ebre con todas ellas.

 

Igual que ocurría con Tortosa, no podemos entender Miravet sin la presencia del Ebro, de ahí que también sea importante por las distintas actividades acuáticas deportivas que se llevan a cabo en él, así como por su tradicional Pas de Barca, el último transbordador fluvial que permite cruzar el Ebro entre Miravet y la C12 con sus dos llaguts, que trasladan incluso hasta coches. Tal y como se hacía tradicionalmente (el actual es de 1946, construido tras los daños sufridos por la Batalla del Ebro, pero sus orígenes son mucho anteriores), funciona sin motor aprovechando la fuerza del agua.

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Por otro lado, Miravet es también tierra de cerámica (tiene hasta siete talleres activos de cerámica), así como de leyendas, sobre todo alrededor de su castillo, donde se dice que habita una cabra de tres patas, que siempre está hambrienta y se come a los niños y niñas malos, o donde cada 28 de diciembre, el último comendador, cuya sangre tiñó la plaza donde fue ajusticiado, se despierta de su tumba y se pasea por el pueblo llamando a sus caballeros.

Podéis encontrar todo lo que podéis hacer en Miravet en su página web.

 

Ya en la Terra Alta, encontramos otro pueblo imprescindible, Pinell de Brai, el cual, del mismo modo que Gandesa y otros pueblos de la zona, incluye una de esas grandes Catedrales del Vino que pudimos conocer también recientemente en Sant Cugat.

Las Catedrales del Vino, como mencionamos, se engloban dentro de un proyecto de cooperativismo de la Mancomunitat de Catalunya consistente en reactivar el cultivo de la vid y la producción de vino. La mayoría de estos cellers cooperatius se encuentran en la provincia de Tarragona (también los mencionamos en nuestro recorrido por Conca de Barberà) y su arquitecto acostumbra a ser siempre la misma persona, Cèsar Martinell, discípulo de Antoni Gaudí que, a partir de sus arcos parabólicos, consiguió convertir un espacio de trabajo en una gran catedral, completamente monumentalizada y digna del trabajo que se realiza en su interior, de ahí su nombre.

 

En el caso de Pinell de Brai, encontramos un segundo artista relevante, en este caso en su friso de cerámica vidriada, instalado con posterioridad, en 1949. Se trata de Xavier Nogués, figura destacada del Noucentisme que decoró, por ejemplo, las Galeries Laietanes, cuya decoración se conserva actualmente en el MNAC. En el friso observamos distintas escenas, algunas representadas con humor, vinculadas al mundo del vino.

 

La bodega se encuentra gestionada actualmente por Pagos de Híbera, la misma que organiza en su interior visitas guiadas y catas, así como actividades para todo tipo de colectivos.

 

Tras Pinell de Brai, podéis aprovechar e ir a Horta de Sant Joan, ya casi en la frontera con Aragón. De acceso dificultoso, por su orografía caprichosa (Santa Bàrbara es quizá una de sus montañas más carismáticas), se trata de un pueblo lleno de carácter, lo que lo hace aún más encantador, motivo por el cual Pablo Ruiz Picasso se enamoraría y refugiaría en él.

 

Picasso pasó dos temporadas en Horta de Sant Joan. La primera de ellas fue durante el verano de 1898 hasta febrero de 1899, invitado por Manuel Pallarès, amigo y compañero de la Escola de Belles Arts (La Llotja) y en motivo de una escarlatina que sufría. Tenía sólo 15 años, así que el estilo de la obra de este momento es todavía muy tradicional.

Mas Tafetans, Museu Picasso

 

La segunda fue del mes de mayo de 1909 a agosto del mismo año, en compañía de su pareja Fernande Olivier. En ésta observamos ya su desarrollo hacia el cubismo.

La Bassa d’Horta, colección particular de Nueva York

 

Muntanya de Santa Bàrbara

 

Podéis conocer, una vez más, todo lo que hay que ver en Horta de Sant Joan en su página web oficial. De todos modos, os recomiendo no volver a Tortosa sin pasar antes por el Convent de Sant Salvador, otro de los lugares que fascinó a Picasso. Este convento de origen templario, a las afueras de Horta de Sant Joan, además de ser un espacio muy especial, nos permite también disfrutar de unas vistas fascinantes sobre la localidad.

 

 

Finalmente, me gustaría recomendaros una ruta que, si bien es verdad que no pertenece a Catalunya, se puede acceder muy fácilmente a ella desde Tortosa. Se trata la Ruta de los Cátaros por tierras aragonesas. Bien, concretamente, el tramo pertenece a la ruta de los cátaros por su fase final, es decir, por sus últimos pasos antes de disolverse definitivamente. Y es que recordemos que la Ruta de los Cátaros en realidad se inicia en Occitania, territorio en el cual nació esta comunidad que fue bajando por el territorio conforme huía de la única cruzada realizada dentro de la Iglesia contra una facción de su interior, es decir, contra un sistema de creencias de base cristiana. Dicha cruzada implicó muertes atroces, como la que se dio en Béziers, donde el propio Papa ordenó que se matase a todo el mundo, fuese cátaro o no, pues Dios arriba ya reconocerá a los suyos, como decía.

De este modo, desde el sur de Francia, los cátaros fueron bajando, pasando por los Pirineos, la Seu d’Urgell (gran núcleo cátaro) y la Cerdaña, donde a pesar de ser perseguidos, también fueron defendidos por algunos nobles como Arnau de Castellbò y su hija Ermessenda, ambos descuartizados por la Inquisición después de años muertos. Y así hasta llegar a Morella, que sería su último gran enclave.

Os recomiendo visitar las páginas oficiales de Turismo del Maestrazgo, Turismo del Matarraña y Turismo de la Provincia de Teruel para conocer mejor la zona y recorrer pueblos distintos a los que os propongo, perfectamente complementarios a mi ruta.

 

La ruta de los cátaros se puede mezclar también con la Ruta del Renacimiento a la sombra de los Ports. Y es que toda esta zona se caracteriza también por sus pequeños pueblos de tradición renacentista, dado que tuvieron entre los siglos XVI y XVII un momento económicamente bueno (el negocio de la lana, exportado desde el puerto de Peñíscola, podría ser explicación de ello) que propició que este tipo de arquitectura proliferase. Todos estos pequeños pueblos, pues, se caracterizan por sus interesantes plazas mayores y calles porticadas, columnas renacentistas, fachadas de iglesias y casas consistoriales, vertebradoras principales de la nueva vida moderna.

Entre otros, en la ruta cabe mencionar pueblos como el ya citado Horta de Sant Joan (Terra Alta), Cretes o Queretes (Matarraña), Forcall (Ports, Comunidad Valenciana), Arnes (Terra Alta) o Calaceite, Valderrobres, Torre del Compte y La Fresneda, éstos últimos en la comarca del Matarraña. El modelo arquitectónico de todos ellos fue la casa consistorial de la localidad de Alcañiz y sus maestros de obras eran todos de la zona y tenían un estilo muy particular, es decir, que no los podemos vincular al Renacimiento de la Escola del Camp de Tarragona, por ejemplo, mucho más cultivado y que nos ha dejado obras completamente renacentistas, tanto en forma como ideología, como la fachada del Palau de la Generalitat, ni con el que hemos visto en los Reials Col.legis de Tortosa.

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La primera localidad cátara que me gustaría mencionar es Valderrobres, la capital del Matarraña. Dividida entre la nueva y la vieja Valderrobres por el río Matarraña, el cual cabe cruzar para atravesar la muralla y entrar en el casco viejo, destaca por su Plaza Mayor y, sobre todo, por Santa María la Mayor, la iglesia gótica del castillo-palacio que corona la localidad.

Para más información sobre Valderrobres, aquí os dejo su página web.

 

En algunos rincones encontramos estelas discoidales grabadas con la estrella de doce puntas de Occitania.

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Aunque no esté dentro de la ruta cátara, antes de llegar a Valderrobres, podéis aprovechar y hacer parada en Calaceite, uno de esos pueblos renacentistas que mencionábamos, de gran encanto que, del mismo modo que Valderrobres, incluye algún que otro edificio reproducido en el Poble Espanyol de Barcelona. En el caso de Valderrobres, era su Casa Consistorial, renacentista, y en el de Calaceite, la Casa Moix y la Casa Jassà.

 

Con sus callejuelas de piedra y calles porticadas, ha sido también una localidad encantadora para escritores latinoamericanos como José Donoso (escritor chileno), Gabriel García Márquez o Vargas Llosa. Donoso diría que Calaceite es uno de los pueblos más bellos y menos prostituidos de España. Y realmente aún es así, pues a pesar de que es cierto que, como en todas partes, las cosas han cambiado, aún continúa manteniendo su encanto y sabor originarios.

De visita vinieron Jaime Gil de Biedma o José Agustín Goytisolo y Albert Ràfols-Casamada tenía incluso casa. Por este motivo, hay quien habla de Calaceite como el Cadaqués de Aragón. De hecho, hasta las dos casas representadas en el Poble Espanyol antes mencionadas tienen vínculos con la literatura y el arte: la Casa Moix es donde tiene origen de la saga de Terenci Moix y la Casa Jassà fue de Teresa Jassà, ceramista, activista y dinamizadora de Calaceite.

Esta ola de artistas se homenajea actualmente en la Plaza de los Artistas, dedicada al importante número de artistas que han recalado en esta localidad y que han convertido Calaceite en la capital cultural del Matarraña.

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Donoso también nos habla de la estancia de Picasso en Horta de Sant Joan:

Poseo una casa en el pueblo de Calaceite, situado a media Hora de Horta de San Juan, y, en la noche, desde los balcones de mi casa en una colina, veo un puño de luces brillando en el horizonte montañoso: Horta de San Juan, donde viven amigos y conocidos, donde Picasso pasó dos épocas de su vida (1979)

A pesar de ello, no todo fueron momentos de felicidad para Donoso en Calaceite:

Debo decir, con cierta amargura, que fueron años muy solitarios y muy duros, ya que mi núcleo familiar era demasiado distinto a los del pueblo y era inútil ensayar posturas de campesinos.

Y es que, al parecer, todos estos artistas no se implicaron mucho en el pueblo, a excepción de Ràfols-Casamada que sí colaboró en la zona, participando, por ejemplo, en los talleres de pintura dirigidos a jóvenes que se realizaban en el Matarraña o exponiendo en Valderrobres. Es por ello que, tras su muerte en 2009, varias instituciones de la comarca le dedicaron distintos homenajes.

A pesar de ello, la hija de Donoso, Pilar, recuerda con mucho cariño sus años en Calaceite:

Es el único lugar que reconozco como propio desde una vida de trashumancia, siguiendo el peregrinaje de mi padre en busca de la tierra prometida

 

Además de un paseo sin rumbo por Calaceite, os recomiendo visitar la capilla portal de Sant Antonio, que daba acceso a la villa amurallada…

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… y la ermita de San Cristóbal, ya en las afueras de Calaceite, desde la cual podéis disfrutar de muy buenas vistas sobre la comarca.

 

Podéis aprovechar la zona para hacer también interesantes salidas por los Ports, con saltos de agua incluidos, como los de Beceite (el Parrissal, por ejemplo).

 

Regresando a los cátaros… Fuentespalda es el siguiente punto que cabe visitar si seguimos con nuestra ruta cátara. En este caso, encontramos un pequeño cementerio, una recreación, realizada a partir de estelas discoidales encontradas, de lo que fue un cementerio cátaro. Y es que la pequeña localidad se repobló, precisamente, con personas llegadas desde el Pirineo de Lleida, es decir, que entre aquellas familias lo más probable es que hubiese también occitanos y creyentes cátaros.

 

Un horno antiguo medieval se encuentra también perfectamente conservado.

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Finalmente, encontramos Morella, ya en la comarca de los Ports de la Comunitat Valenciana. Una ciudad parada en el tiempo, amurallada y realmente impresionante, al encontrarse colgada de la montaña y asegurada por 16 torres.

La muralla tiene una longitud de unos 2300m y seis puertas.

 

Guilhem Bélibaste, el último prefecto cátaro, se ganó la vida como cestero en Morella antes de ir a Sant Mateu, donde afincó su vida y fue finalmente arrestado y deportado a Occitania para ser quemado en la hoguera. La comunidad cátara se encontraría cerca de la judería de Morella, un entramado de estrechas callejuelas por el cual es también una delicia pasear, y no llevaría una vida fácil, dada la gran cantidad de comunidades monásticas que había.

 

Durante nuestra visita no podemos olvidar la Basílica de Santa María la Mayor, de dimensiones catedralicias. Su coro y monumental escalinata son dos de sus elementos más destacados.

 

Subiendo al Castillo (una verdadera experiencia), encontramos también el Convento de San Francisco, en cuyo interior se conserva una interesante Danza de la Muerte que nos recuerda cómo todos somos iguales ante la muerte.

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Morella también se vincula con las Guerras Carlinas y el general Ramón Cabrera, el llamado Tigre del Maestrazgo.

Podéis encontrar toda la información cultural y turística de Morella en Morella Turística.

 

Y así finalizamos esta ruta realizada desde Tortosa, un conjunto de salidas que espero que os hayan permitido conocer una zona distinta de la antigua Corona de Aragón y, en especial, de la Catalunya Nova.

Quedan aún muchos lugares por conocer en las Terres de l’Ebre… ¡así que tendremos que volver!  😉

 

Para más información:

Turisme de Tortosa  www.tortosaturisme.cat

Turisme de la Terra Alta  terra-alta.org

Turisme de Ribera d’Ebre  www.turismeriberaebre.org

Turisme de les Terres de l’Ebre  terresdelebre.travel

Turismo del Maestrazgo  www.turismomaestrazgo.com

Turismo del Matarraña   xn--turismomatarraa-crb.es

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