Visita a La Balmesiana de Joan Rubió i Bellver

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Hay un sinfín de edificios en nuestra ciudad que, aún pasando a menudo por ellos, desconocemos lo que hay en su interior y, sobre todo, algunas de las peculiaridades que los hacen destacados e interesantes…

Éste es el caso del protagonista de la entrada de hoy, un edificio solemne y de aire neomedieval que, a pesar de ubicarse muy cerca del Portal de l’Àngel y la Catedral, gran parte de los barceloneses y barcelonesas, entre ellas una servidora, desconoce el pequeño tesoro que puede llegar a albergar en su interior con trabajos de reconocidos artistas y arquitectos como los hermanos Llimona, Enric Clarasó o Joan Rubió i Bellver. Afortunadamente, gracias a sus jornadas de puertas abiertas durante el 48h Open House Barcelona, poco a poco, va abriéndose a la ciudad y va dejando de pasar desapercibido para muchos y muchas.

El edificio del cual me gustaría hablaros en la entrada de hoy es La Balmesiana, una institución universitaria de raíz religiosa que, tras su aspecto de palacio neogótico, esconde una infinidad de libros (su biblioteca se compone de más de 50.000 volúmenes) y cultura pero, sobre todo, también obras maestras del arte catalán del siglo XIX completamente desconocidas.

Bien, en realidad, podríamos decir que se trata de dos edificios (el primero fue construido entre 1919 y 1923 y el segundo, ampliación de Joan Rubió i Bellver, en 1928, aunque finalizado tras la Guerra Civil), en cuyo interior se acogen dos grandes organismos, la Fundació Balmesiana (sucesora de la Biblioteca Balmes y sección de la obra pía Fomento de Piedad, fundada por Eudald Serra i Buixó en 1916) y el Instituto Santo Tomás (creado en 2002 con el fin de dar a conocer el pensamiento de Santo Tomás de Aquino).

Paralelamente, encontramos también la Editorial Balmes, dedicada a publicar y difundir libros de piedad, liturgia y espiritualidad.

 

Visitas guiadas

A partir de la realización de esta entrada, descubrí en Internet que, actualmente, se llevan a cabo visitas guiadas en La Balmesiana. Desconozco su calidad; sólo que se trata de la misma empresa, Sternalia, que gestiona también las visitas a la Reial Acadèmia de Medicina, la cual visitamos hace ya un tiempo en La Bcn Que me Gusta (podéis encontrar la entrada que le dedicamos aquí).

Para cualquier información que queráis indagar sobre éstas, podéis consultar aquí.

 

Desde el exterior podemos percibir a la perfección los dos edificios intercomunicados que componen La Balmesiana

 

Un poco de historia

La Balmesiana fue fundada en el año 1923 por Ignacio Casanovas, tal y como hemos indicado, como una sección del Fomento de Piedad, con el fin de mantener el prestigio de la Iglesia en el ámbito intelectual de Barcelona. Además, la institución disponía (y dispone) de una gran biblioteca que, gracias a la donación del fondo particular de Jaume Balmes por parte de Enrique Pla y Deniel, canónigo de Barcelona en ese momento, se amplió, pudiendo atender la formación de los sacerdotes. A este patrimonio se añadieron fondos de vertiente científica comprando ediciones Teubner, Migne, Corpus de Viena y Berlín, la Patrologia Orientalis, el Acta Sanctorum, la Gallia christiana, la Monumenta Germinae Historica o las obras de San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino o San Buenaventura, entre otros. En definitiva, en poco tiempo tras su apertura, se consiguió una primera biblioteca de más de 3000 volúmenes que, rápidamente, quedaría insuficiente.

Josep Torras i Bages, amigo de Eudald, sería el que propondría el nombre y aconsejaría llamar la institución que acogía la obra de Jaume Balmes, más que Casa Balmes, La Balmesiana.

Había que bautizarla y nos ha parecido que ningún nombre podría dársele más a propósito que el de Balmes

Prospecto en el que se anunciaba la apertura de la institución al público

Como curiosidad, mencionar que la entidad, tras su inauguración, recibió un Breve apostólico y unos autógrafos que permitían conceder 300 días de indulgencias por cada limosna hecha en favor de la obra. Los sacerdotes de la comunidad disponían cada uno, además, de un altar personal en la capilla del interior de la casa y los que trabajaban en la obra, la facultad de bendecir y aplicar indulgencias a cruces, medallas o rosarios.

 

Es por esta falta de espacio que mencionábamos, ante tan importante fondo bibliográfico, que en el año 1929 fue necesario crear un nuevo edificio. En el año 1935, el traslado de la Biblioteca estuvo finalizado y en 1936 ya abierta al público, convirtiéndose, con sus estanterías metálicas, en una de las mejores bibliotecas de la Ciudad Condal. La antigua biblioteca se convertiría en la actual sala de juntas.

En 1961, en el artículo “La Fundación Balmesiana de Barcelona” de José O’Callaghan, se especifica que la Biblioteca ya tiene 25.000 libros pero que, por sus dimensiones, ésta tiene una capacidad para 40.000 volúmenes. Así pues, según estos datos, podemos deducir que el cambio de edificio fue positivo.

 

Paralelamente a la Biblioteca, Casanovas pensó en crear también un centro de vida intelectual, de ahí que también se realizasen conferencias y actividades de distinta índole. De hecho, así se especifica en esa pequeña hoja que mencionábamos, repartida para dar a conocer los objetivos de la Fundación:

El ideal sería que la Biblioteca Balmes pudiese cada año organizar conferencias o cursillos dados por gente técnica e ir formando un núcleo de jóvenes selectos que se interesasen por los grandes problemas religiosos

Siguiendo esta línea, el 1 de mayo de 1923 tuvo lugar el primer ciclo de conferencias de La Balmesiana de la mano del Dr. Heinrich Finke, presidente de la Görresgesellschaft, quien leería una conferencia de apertura sobre las relaciones entre la Iglesia y la Corona de Aragón en la segunda mitad del Medievo.

Así se siguió anualmente. Sin embargo, una de las más interesantes, al menos a mi parecer, son aquellas que en 1928 trataron las relaciones entre el Arte y la Moral a raíz de los desacuerdos que se crearon a partir de la colocación de las estatuas de Plaça de Catalunya, en su momento consideradas indecorosas por su desnudez, lo que muestra también un interés por la actualidad del momento que va más allá de la de vertiente más nostálgica de las ediciones anteriores. En estas jornadas, participaron distintos artistas para tratar los aspectos más estéticos, como serían Dionís Baixeras, el músico Lluís Millet, el crítico Manuel de Montoliu i de Togores o el literato Joaquim Ruyra, entre otros.

Otras jornadas que me gustaría destacar en esta entrada son las que se llevaron a cabo en 1935 para conmemorar la demolición total o parcial de los monasterios de Ripoll, Poblet y Santa Caterina, en las cuales hablaron sobre los aspectos más de tipo técnico arquitectos como Josep Puig i Cadafalch, Alexandre Soler i March (lo mencionamos en la entrada que dedicamos a la Seu de Manresa) o Cèsar Martinell.

Fuente: Arxiu Fotogràfic de Barcelona

 

La Guerra Civil, como en todo, marcaría una ruptura, especialmente teniendo en cuenta de que Ignacio Casanovas, aquel gran dinamizador de La Balmesiana y continuador de la obra de Jaume Balmes, fue asesinado durante el conflicto bélico como jesuita que era.

Distinta suerte, afortunadamente, tuvo la institución pues, a pesar de los expolios que también sufrió, gracias a que fue confiscada por la Generalitat de Catalunya por mediación de Jordi Rubió i Balaguer, director de la Biblioteca de Catalunya, y que muchos de sus objetos preciosos fueron trasladados por benefactores y amigos al Palacio Nacional de Montjuïc (otros fueron empaquetados y enviados a Olot para pasar a Francia, aunque debido al rápido transcurso de la Guerra, finalmente no fue posible), se salvó.  Por su lado, los frescos del patio fueron recubiertos con una ligera capa de cal y la capilla, la biblioteca y parte del domicilio sacerdotal sellados por el propio Jordi Rubió. Las pérdidas, pues, fueron relativamente escasas: sólo algunos candeleros y otros objetos metálicos fueron fundidos y algunos ejemplares y libros trasladados a la Papelera el Prat con el fin de conseguir pasta de papel; ebido a las bombas que cayeron cerca, por suerte, sólo se rompieron algunos cristales del edificio.

Es a partir de este momento que también se da esa separación entre cultura y piedad, creándose, por un lado, la Fundación Balmesiana como tal, en la cual hallaríamos la Biblioteca, y por otro, en un edificio que llegaba hasta el local de Els Quatre Gats, una sección más enfocada a los estudios de tipo religioso, dándose en ella distintas lecciones:

* Materias principales: doctrina filosófica fundamental, doctrina dogmática y moral

*Materias auxiliares: liturgia, exégesis, comentarios canónicos y principios fundamentales de sociología cristiana.

*Materias especiales y cursos peculiares: arte sagrado, mariología, lectura comentada de la Biblia…

 

Tras la Guerra Civil, la actividad más de tipo intelectual se retomaría, encontrando, por ejemplo, en 1943-1944, en motivo de centenario de El Criterio de Jaume Balmes, un concurso para premiar aquel que realizase la mejor lección sobre el autor.

Todas las actividades culturales organizadas por La Balmesiana se encuentran recogidas de manera bastante detallada en el artículo antes mencionado de José O’Callaghan.

Actualmente, La Balmesiana recoge toda la herencia de esta actividad, publicándose todavía ahora muchas de las revistas que se iniciaron en su momento. En 1926 se inició la colección Biblioteca Histórica de Balmesiana, mientras que un año antes ya se inició la publicación de Analecta Sacra Tarraconensis, vigente hasta nuestros días y cuyos artículos, tanto de arte como historia dentro del patrimonio religioso, al tratarse de un anuario realizado a partir de la colaboración de los mejores especialistas nacionales y extranjeros sobre ciencias eclesiásticas, podéis encontrarlos online aquí.

Otras publicaciones periódicas de la institución son Oficina romántica y Bibliografía Hispánica de Ciencias Histórico-eclesiásticas.

Como podéis apreciar, la Editorial Balmes se encuentra todavía en funcionamiento y es bastante activa. Paralelamente, dentro de esta función formativa que también tiene la Fundació Balmesiana, se incluye la dotación de becas para la formación de jóvenes sacerdotes en lugares de renombre a nivel europeo y mundial, como los romanos Pontificio Instituto de Arqueología, la Escuela Superior de Música, el Archivo Vaticano Universidad Gregoriana o el Instituto Bíblico o, incluso, en la Universidad de Beirut para el estudio de la influencia árabe en la escolástica medieval. Algunas de ellas también van destinadas a la Universidad de Friburgo con el fin de estudiar Teología o en Leipzig y Berlín para estudiar Filología romántica.

 

Joan Rubió i Bellver, el arquitecto

Tal y como hemos indicado, el encargado de llevar a cabo la ampliación de ese primer edificio, obsoleto ante el crecimiento de la Biblioteca Balmes, fue Joan Rubió i Bellver, uno de los arquitectos más destacados del modernismo catalán que nos ha dejado obras en nuestra ciudad como la Casa Golferichs (1901), la Colònia Güell (1900-1914), la Casa Fornells de Av. Tibidabo (1903), la Casa Pomar (1904-1906) o el arco neogótico de la calle del Bisbe (1922), entre tantas otras. De hecho, en La Bcn Que Me Gusta ya lo citamos hace un tiempo en motivo de la entrada publicada sobre esos proyectos que no se llegaron a realizar en nuestra ciudad y entre los cuales se hallaba la por suerte no aplicada iniciativa de Joan Rubió i Bellver, el Taber Mons Barcinonensis (1927), el cual pretendía convertir el Barri Gòtic en una especie de parque temático artificial reordenando sus componentes.

 

Joan Rubió i Bellver forma parte de una larga saga de arquitectos, políticos y personajes del mundo intelectual catalán que vendrían tras él. Sin ir más lejos, podríamos mencionar el caso de Nicolau Marià Rubió i Tudurí, su sobrino, responsable de la ampliación de la Casa del Cotó o diseñador, junto a Forestier, de los jardines de Montjuïc, del Palau Reial de Pedralbes o del Parlament de Catalunya, entre otros. De hecho, un libro nos recoge a todos los componentes de esta saga, Els Rubió: una nissaga d’intel·lectuals de Francisco Fornals.

Por uno de los aspectos que más lo conocemos, sin embargo, es por sus vínculos con Antoni Gaudí, a pesar de que también se formaría con arquitectos de renombre como Joaquim Bassegoda, Francesc de Paula Villar, Antoni Rovira i Rabasa (hijo de Antoni Rovira i Trias), Josep Vilaseca, Joan Torras (maestro de la gran generación de arquitectos modernistas) o Lluís Domènech i Montaner en la Escola Superior d’Arquitectura de Barcelona.

¿Entre sus compañeros de promoción? Jeroni Granell i Manresa (hijo de Jeroni Granell i Mundet y reconocido, especialmente, por sus vidrieras, en un principio realizadas mediante la asociación con Antoni Rigalt; las vidrieras de la Casa Navàs o el Institut Pere Mata de Reus, como mencionamos en esta entrada de La Bcn Que Me Gusta, eran de él, por ejemplo), Joan Alsina i Arús (Casa Pince o Fàbrica Can Trinxet), Josep Majó i Ribas (sede de La Vanguardia de la calle Pelai), Pau Salvat i Espasa (Casa Oller, junto a Eduard Fontseré), Adolf Ruiz i Casamitjana (Torre Andreu “La Rotonda) o Josep Muncunill (Masia Freixa de Terrassa), entre otros.

 

Tanto él como su familia eran de Reus, así que no es de extrañar que su madre pidiese a Antoni Gaudí que formase a su hijo. Es por este motivo que, del mismo modo que haría con tantos otros arquitectos, a cambio de un horario y un sueldo fijo, Gaudí le ofreció trabajo en su taller de 1893 a 1900 (hasta 1906, momento en el cual pasó a trabajar por cuenta propia, Rubió seguiría participando, ya no como ayudante, sino colaborador de Gaudí en algunas de sus obras más destacadas). Pero no sólo eso, puesto que, dado que la mano derecha de Antoni Gaudí, Francesc Berenguer, no llegó a obtener el título de arquitecto, Joan Rubió se convirtió en el primer arquitecto titular que colaboró con Gaudí.

Algunos de los proyectos en los cuales aparece como agente destacado junto al maestro son la Catedral de Mallorca (Rubió supervisaría las obras y realizaría los cálculos del estudio mecánico de estabilidad), las construcciones de Astorga, el Convento de las Teresianas (donde aprendió la expresividad de los arcos parabólicos, así como también de las paredes de piedra con trabajos de ladrillos), la Casa Calvet (la mediación de Rubió fue clave para resolver algunos problemas burocráticos con el ayuntaminto en sobrepasarse de la altura máxima reguladora), la cripta de la Colònia Güell (Rubió interviene en ella a partir de su maqueta estereofunicular, donde colaboró junto a Francesc Berenguer, Josep Canaleta y el ingeniero Eudard Goetz Mauer), el viaducto de la Torre Bellesguard (ensayo de lo que haría Rubió, posteriormente, en el Park Güell), el Park Güell (cálculo gráfico de los muros de contención de tierras a la hora de diseñar todo el entramado de caminos, viaductos y pórticos del parque), el Santuario de la Misericordia de Reus o el Misterio de la Gloria de Montserrat (Rubió llegó a substituir a Gaudí en este proyecto).

El dibujo hecho en pluma de la futura obra acabada de la Sagrada Familia y que sirvió de portada para un número extraordinario de la Il·lustració Catalana (núm. 146, 1906) y que también apareció en La Veu de Catalunya (1906) también era de Rubió, señal del alto conocimiento que el arquitecto tenía de la obra de su maestro.

 

Así pues, podríamos afirmar que el Gaudí que Rubió asimila es aquel con vertientes del neomudejarismo, la construcción en ladrillo, la mampostería y la madera; aquel que desarrolla la forma de construcción considerada genuinamente nacional. De este modo, en la obra de Rubió observamos el uso del ladrillo utilizado como unidad modular básica que crea distintas combinaciones tanto en la ejecución de paramentos como en los elementos estructurales de remates, voladizos, aleros, ménsulas y cornisas, creando distintos trazados geométricos a partir del juego ingenioso de dicha unidad modular. El ladrillo es también un elemento alternativo que da color y textura, además de ser ligero, en su obra.

Otro elemento que Rubió tomaría de Gaudí es la bóveda catalana, así como también el uso del color mediante la cerámica o el esgrafiado, además de la piedra como elemento básico en la obra del arquitecto, una piedra sin desbastar y que utilizaría, especialmente, a partir de un estudio que realizará entre 1910 y 1914 y que culminaría con el artículo Les construccions de pedra en sec en el Anuario de la Asociación de Arquitectos en 1914.

Algunas de las páginas del artículo de Joan Rubió i Bellver en el Anuario de la Asociación de Arquitectos de 1914, Arxiu Històric de Barcelona

 

Por todo ello, Joan Rubió i Bellver se le considera uno de los arquitectos catalanes más vinculados al gaudinismo, pues sus colaboraciones fueron muy intensas, sobre todo, en la primera etapa del arquitecto, convirtiéndose, especialmente en los temas técnicos y constructivos (en los cálculos gráficos de las estructuras), en un fiable colaborador de Gaudí. No obstante, en su segunda etapa, debido a las discrepancias con Josep Maria Jujol, quien desviaba los esfuerzos hacia los cromatismos y la expresividad formal, y más concretamente en la construcción de La Pedrera, obra en la cual Jujol tuvo un papel destacado, Rubió se fue separando de Gaudí. No obstante, debido a que en su última etapa Rubió hubiese hecho un cierto acercamiento hacia el maestro nuevamente, dirigiendo su obra a la sociedad y remarcando los elementos más propios de la catalanidad identificando la Sagrada Familia con la identidad catalana, se le pedirá a Rubió que trabaje en la Sagrada Familia tras la Guerra Civil, cosa que no aceptará, mostrando su propio carácter a la hora de trabajar.

 

A nivel político, encontramos también un Joan Rubió i Bellver destacado, especialmente dentro de la Lliga Regionalista junto a Enric Prat de la Riba, lo que nos muestra su carácter polifacético. Una vez más, su entrada en la política fue gracias a Gaudí, aunque también a los contactos de su hermano Marià con la burguesía, puesto que fue recomendado por el maestro para ello cuando éste declinó la propuesta de Prat de la Riba de incorporarse en la recuperación política catalana, lo que indica la confianza que el mentor tenía sobre el alumno.

Rubió llegó también a ser presidente del Cercle Artístic de Sant Lluc. Fue ahí donde encontraría sus más fieles colaboradores, como serían Ricard Opisso, los hermanos Llimona, Feliu Elias, Joaquim Mir, Joan García Junceda o Darius Vilàs… algunos de los cuales encontramos en el interior de La Balmesiana, mismo lugar donde hallaremos también todos esos elementos del pasado, procedentes de la forma de construir tradicional, válidos para el presente y que aprendería tanto con Gaudí como a lo largo de esa trayectoria profesional que giraría siempre en torno a la piedra y esa búsqueda del lenguaje nacional.

Finalmente, destacar como curiosidad que fuera de Barcelona, más allá de Reus, en Gijón, hay también una obra suya, la Iglesia del Sagrado Corazón (1910-1921), precisamente realizada a raíz de estas colaboraciones con Antoni Gaudí ya que coincide con la misma época en la que éste trabajaba en Comillas para Eusebi Güell. El hecho de que el obispo Grau de Astorga fuese también de Reus es algo remarcable en la trayectoria en el norte de la Península de ambos arquitectos.

Para conocer más sobre su obra, os recomiendo el libro “Joan Rubió i Bellver: arquitecte modernista” de Manuel de Solà-Morales i Rubió (como indica su apellido, era nieto de Joan Rubió i Bellver), en el cual se nos habla de sus 11 torres, el Xalet Serra, el trabajo que llevó a cabo en la Catedral de Mallorca y su contexto.

 

La Balmesiana de Joan Rubió i Bellver

Tal y como hemos mencionado, La Balmesiana como edificio se compone de dos periodos distintos: la primera edificación de 1919-1923 y la segunda de 1929-1940, ambas perfectamente intercomunicadas, formando un solo edificio con dos pequeños patios interiores. Es en la segunda donde encontramos un estilo ecléctico con elementos arquitectónicos reaprovechados de la antigua construcción que se hallaba en el lugar (especialmente, románicos y góticos) y otros de nueva creación, neogóticos; todo ello en una construcción en piedra que en todo momento nos recuerda ese pasado medieval glorioso que tanto influenció a las generaciones del Modernismo.

 

En la planta baja observamos la Librería Balmes, así como también espaciosos locales que permitían la encuadernación de las obras que se editaban. En el piso principal se hallaba la primera Biblioteca, posterior Sala de Juntas, así como también la casa sacerdotal para los redactores de la cultura religiosa y balmesiana. En el segundo piso, se ubicaba la sala de los redactores.

 

No obstante, lo que más llama nuestra atención cuando accedemos a la planta noble es su Sala de Actos, monumentalizada con un pavimento de mármol traído desde Checoslovaquia.

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En el interior del edificio es donde encontramos esos elementos que componen este pequeño tesoro desconocido por gran parte de la población barcelonesa que destacábamos… ¡así que vayamos a ello!

El primer artista que debemos destacar es Enric Clarasó, un escultor modernista que compartió taller con Santiago Rusiñol, además de ser gran amigo de Ramon Casas, que nos ha dejado obras tan destacadas como Memento Homo (escultura funeraria que ganó el premio de la medalla de oro en la Exposición Universal de París de 1900) o Eva (figura femenina de gran expresionismo y delicadeza conservada actualmente en el MNAC). Éste tiene distintas esculturas en el interior de La Balmesiana, la primera de las cuales es el busto a Jaume Balmes vestido de clérigo, cuyo emplazamiento original era la Biblioteca, a pesar de que actualmente se encuentre en la nueva sala de lectura.

Otro escultor destacado es Josep Maria Camps i Arnau, especializado en imaginería religiosa y colaborador también de Antoni Gaudí, además de vincularse formativamente con Agapit Vallmitjana i Barbany. El balustre de la escalera de acceso al primer edificio, ubicado en el segundo patio de La Balmesiana, el más pequeño, es una atribución (no se encuentra firmado) a este segundo escultor de clara influencia historicista y modernista. En dicha escalera, observamos unos medallones con los bustos de los apóstoles, mientras que San Pedro y San Pablo los tenemos de cuerpo entero. En los extremos encontramos dos dragones y de la parte superior sobresalen dos pináculos.

 

En este mismo patio, hallamos unos frescos, aquellos que fueron recubiertos de cal durante la Guerra Civil, tal y como mencionábamos un poco más adelante. En ellos encontramos escenas de los Reyes Magos, el Buen Pastor, La Samaritana, Las vírgenes prudentes, La multiplicación de los panes, La Crucifixión y La Venida del Espíritu Santo… todas ellas pintadas por Darius Vilàs, uno de esos colaboradores habituales de Joan Rubió.

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Disculpad la mala calidad de la imagen… debido a la oscuridad, no me fue posible realizar una fotografía mejor

 

En la fachada posterior de la calle de Montsió encontramos una escultura atribuida también a Josep Maria Camps. Se trata de Santa Teresa del Niño Jesús, patrona de la entidad, al ser Eudald Serra un gran devoto de la santa francesa y uno de los propagadores más destacados de su culto en Barcelona. En este caso, observamos la Santa representada de pie con unas rosas que deja caer (alguna ya en el suelo); éstas son su atributo identificativo, puesto que hacen referencia a una frase que pronunció antes de morir…

Después de mi muerte haré caer una lluvia de rosas sobre el mundo. Estas simbolizarán los favores y beneficios por amar a Dios

 

La pieza más destacada del conjunto, sin embargo, la encontramos en el interior de la capilla de La Balmesiana, trasladada también del antiguo edificio al nuevo, lo que supuso que se pudiese monumentalizar y construir en mayores dimensiones a las anteriores. Una vez más, el encargado de ello fue Joan Rubió quien, siguiendo las indicaciones de Ignacio Casanovas, la localizó en el centro de la casa, como corazón que debía ser de todos sus órganos. Por su voluntad cristiana, el arquitecto lo hizo sin cobrar ningún honorario.

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Portal de la capilla en alabastro

Antigua capilla

 

La gran pieza de La Balmesiana, pues, se encuentra en el altar mayor, de ónix y con un frontal que incluye las representaciones de los cuatro evangelistas y Jesús, inspirados y calcados en pinturas originales de Joan Llimona. Se trata del baldaquino de madera policromada y sostenido por grandes columnas salomónicas, también de Josep Maria Camps, que incluye un Cristo crucificado de Josep Llimona, del cual, aunque no se encuentre firmado, conocemos su autoría gracias al libro Una institución sacerdotal, publicado por la propia Balmesiana:

Un fondo a modo de retablo ofrece la escena de la crucifixión con la valiosa escultura de Cristo, obra del insigne escultor José Llimona, su última obra de envergadura, y las figuras de la Virgen y San Juan, debidas al conocido artista Camps Arnau.

El interior del dosel va realzado con motivos bíblicos de la Pasión, mientras que los distintos mármoles, alternados con los bronces y la madera policromada, ayudan a dar dinamismo al conjunto.

 

El crucifijo, una escultura exenta, se halla en el centro, mientras que en el lado izquierdo encontramos la Virgen, con la mirada hacia su hijo, y en el derecho San Juan Evangelista, con la mirada hacia los fieles, la mano derecha alzada en actitud de bendición y la izquierda sosteniendo un libro abierto, donde en cada página se encuentran escritas el Alfa y el Omega. Delante del pecho o sobre la cruz de Cristo se encuentra el Espíritu Santo en su tradicional representación como paloma.

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A lado y lado del altar mayor, observamos también dos altares laterales con la Mare de Déu de Monserrat y, nuevamente, Santa Teresa del Niño Jesús. Ninguna de las dos figuras está firmada y ambas provienen de la antigua capilla del primer edificio. Al lado de cada una, encontramos unos ángeles de pie en actitud de ofrendar unas flores, que llevan con las dos manos, y que bien podrían tratarse también de obras de Camps.

Las lámparas monumentales (cuatro metros de diámetro por seis de altura) que cuelgan del cimborio, así como también las vidrieras policromadas que dan misticismo a la capilla, son elementos que llaman la atención durante nuestra visita.

 

Como conclusión, sólo mencionar cómo Barcelona, una vez más, nos muestra su vertiente más desconocida mediante un rincón tras el cual se halla un pequeño tesoro que, tímida y sigilosamente, respira nuestra misma atmósfera y vive nuestro mismo día a día sin apenas percatarnos de su presencia.

En definitiva, Barcelona aún es una ciudad que esconde, afortunadamente, muchos lugares a descubrir y que van mucho más allá de lo que nos imaginamos… ¡Sólo hay que indagar un poco y tener la vista bien abierta para conocerlos!  😉

 

Para más información:

c/ de Duran i Bas, 9

www.bibliotecabalmes.cat

 

Bibliografía:

Alsina, Claudi; Serrallonga, Jaume, Els arquitectes de Gaudí, Barcelona: Col·legi d’Arquitectura de Catalunya, 2002

Fornals, Francisco, Els Rubió: una nissaga d’intel·lectuals, Barcelona: Angle: Fundació Privada Nicolau Mª i Montserrat Rubió, Cop., 2003

O’Callaghan, José, La Fundación Balmesiana de Barcelona en Punta Europa, núm. 64, 1961

Riera Gassol, Ramon, Obra escultórica de Josep Maria Camps i Enric Clarasó a la Fundació Balmesiana en Analecta Sacra Tarraconensia, volumen 87, 2014

Solà-Morales, Ignasi, Joan Rubió i Bellver y la fortuna del gaudinismo, Barcelona: COAC, 1975

Solà-Morales, Ignasi, Joan Rubió i Bellver, arquitecte modernista, Barcelona: COAC, 2007

Solé i Gasull, Domènec, Les obres de l’arquitecte Joan Rubió i Bellver: Reus, 1871 – Barcelona, 1952, Reus: Quaderns biogràfics, 2002

 

Una institución sacerdotal, Barcelona: Biblioteca Balmesiana, 1948

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