Visita a la Basílica dels Sants Just i Pastor (II): sus espacios interiores, Josep Mirabent y la subida al campanario

labcnquemegusta-stjust37

 

Seguimos con este pequeño ciclo de dos entradas (podéis encontrar la primera aquí) sobre la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor, una de las iglesias cuya fundación se ubica en el tiempo entre las más antiguas de nuestra ciudad y que esconde un sinfín de sorpresas y descubrimientos continuos, sobre todo a nivel arqueológico, que se remontan, incluso, al siglo I. Una basílica, además, muy vinculada a la historia de Barcelona, pudiendo ver a través de ella, no sólo su papel en la ciudad, sino también la historia de la misma (recordemos que fue sede episcopal tres veces, precisamente, debido a los hechos históricos que iban aconteciendo en Barcelona).

De este modo, tras presentarla en la primera entrada, tratar su historia, peculiaridades que la hacen única y hablar de uno de sus secretos más mediáticos, la famosa Arca de la Alianza de Josep Vilaseca, continuamos, con esta segunda entrada, nuestro paseo por sus distintos espacios interiores.

Recordemos también que la Basílica de Sant Just dispone de distintos tipos de visita, entre los cuales os recomiendo la guiada (10eurs, información y reserva previa aquí), pues os permite acceder a todos los espacios que en la entrada de hoy iremos desgranando. 

 

La Capella del Santíssim

Uno de los grandes descubrimientos, en esta ocasión a nivel artístico, que en su momento se dio en el interior de la Basílica y que, incluso, como veremos dentro de unas líneas, aún sigue sorprendiéndonos a medida que se va indagando en ello, es la Capella del Santíssim, creada a partir de la donación de los marqueses de Rupit en el siglo XVIII que permitió construirla en el año 1705 y unirla a la edificación gótica. Su cúpula, además de ser de una gran calidad, esconde distintos elementos de lo más curiosos e interesantes.

Como hemos indicado, se trata de un lugar que escondió una nueva sorpresa en Sant Just, un nuevo descubrimiento que también ha traído especulaciones y que, incluso ahora, conlleva que la información sobre la cúpula no sea segura y confirmada por completo. De hecho, en las Jornadas que se llevaron a cabo en el Seminari de Barcelona hace unas semanas y de las cuales también hablamos en la entrada anterior, por toda la información que se trató en ellas de la mano de grandes profesionales del sector, pudimos disfrutar de las explicaciones de la doctora en Historia del Arte Isabel Coll, investigadora de la capilla que nos aportó nuevas perspectivas sobre la cúpula a raíz de los últimos estudios que ha realizado recientemente.

Y es que la Capella del Santíssim, tras permanecer cerrada por mal estado durante años, en 2011, a partir de unas obras de restauración, desveló unas pinturas que nadie se esperaba encontrar bajo unas tablas de madera. Se trata de las pinturas que, inicialmente, mediante inclusive documentación, Isabel Coll atribuyó a Josep Mirabent i Gatell y Bartomeu Ribó, dos compañeros y socios artistas (el padre de Ribó, Segimon Ribó, fue maestro de Mirabent). Sin embargo, el tiempo ha hecho que, progresivamente, la investigadora empiece a dudar al respecto, contradiciéndose, incluso, a ella misma, lo que demuestra que todavía queda mucho por saber y confirmar.

labcnquemegusta-stjustipastor07

 

¿Quién era Josep Mirabent i Gatell? Un pintor que, huérfano de padre (éste murió en Cuba), se negó a ir a América a obtener una mejor vida y decidió ser pintor, una decisión que tomó, ante la preocupación de su madre, gracias al apoyo de una gran personalidad del momento, Pau Piferrer. De este modo, recibió su primera educación artística en Barcelona, en la Llotja, de la mano del mencionado Pau Piferrer i Segimon Ribó. En la Llotja, además, recibiría clases de grandes artistas y pensadores del momento como Pau Milà i Fontanals o Claudio Lorenzale, los cuales también enseñarían a sus alumnos a querer el arte del Trecento italiano. Un ejemplo de ello son los ángeles de Mirabent, muy similares a los de Fra Angelico y que, de hecho, fueron copiados por parte del artista durante su viaje a Fiesole. La Sainte-Chapelle sería también el gran modelo a seguir en este periodo.

¿Sus compañeros de clase? Marià Fortuny, Llorenç de Cabanyes, Bartomeu Ribó o Agapit Vallmitjana, entre otros. Muchos de ellos fueron los artífices del reputado Àlbum Artístic, regalo de distintos estudiantes a su maestro Pau Milà i Fontanals, quien renunció a su cátedra en Llotja el año 1856. Gracia a todo ello, Mirabent crearía un estilo propio muy admirado y exitoso en su época, llegando él también a ser profesor y teniendo grandes artistas como discípulos, entre los cuales cabe mencionar Enric Serra.

Dibujos de Josep Mirabent

 

Como hemos indicado, Mirabent, según los primeros estudios realizados por la profesora Isabel Coll, fue el encargado de proyectar la decoración de la Capella del Santíssim. Antes, sin embargo, junto a Bartomeu Ribó y siguiendo esa Sainte-Chapelle que tanto admiraban e, incluso, queriendo rivalizar con ella, proyectaron las pinturas de la nave central, a pesar de ir contra los deseos de la Academia de San Fernando (el proyecto tiró adelante gracias al aval de sus profesores y el hecho de tener la crítica del momento a su favor), sólo conservadas de manera parcial (si bien es cierto que la Guerra Civil no ocasionó ningún daño en la Basílica, tal y como explicamos en la entrada anterior, pocos años más tarde, en 1944, sí se vio irreversiblemente afectada cuando se habilitó y acicaló el espacio con el objetivo de celebrar, dos años más tarde, la otorgación del título de Basílica Menor a Sant Just por parte del Vaticano; la paradoja, tal y como se nos comentó en la visita guiada, es que fueron los mismos vecinos, aquellos que salvaron durante la Guerra Civil el interior de la iglesia, los que, en esta ocasión, acabaron, aunque con buenos objetivos, con su interior). Estas pinturas de la nave consistían en una gran bóveda azul de ultramar con estrellas de oro, del mismo modo que las columnas y ménsulas, que también se encontraban por completo policromadas.

La investigación actual de la profesora Isabel Coll gira, precisamente, en conseguir fotografías (de bodas, celebraciones varias, etc.) anteriores al momento de la pérdida por tal de poder averiguar si se trata o no de Josep Mirabent el artista de las mismas e intentar reconstruir su interior. Así pues, seguro que cualquier ayuda será bienvenida.  😉

labcnquemegusta-stjust36

Fragmentos de la pintura mural de la nave conservados en algunas de sus capillas

 

No obstante, las pinturas de las cuales me gustaría hablar son aquellas que encontramos en la cúpula de la Capella del Santíssim. Con el fin de dar más luminosidad al conjunto, en 1865 se añadió una cúpula con linterna a esa antigua capilla del siglo XVIII, una solución propia de otros espacios dedicados al Sagrario que también se había aplicado en otras iglesias barcelonesas.

La decoración de la cúpula se compone de cuatro escenas:

Jesús en el Huerto de Getsemaní

El beso de Judas

El entierro del cuerpo de Cristo

Jesús resucitado se presenta a las mujeres

 

Las segunda y última escenas son obra, según el primer estudio de Isabel Coll, de Bartomeu Ribó, mientras que el resto de composiciones del conjunto serían de Josep Mirabent, quien, a su vez, estaría también trabajando para el Salón de los Espejos del Liceu.

 

En todas ellas, admiramos una clara influencia nazarena, esa estética que rememora el Trecento italiano, Giotto y el medievalismo desde una vertiente más espiritual y nostálgica, con, especialmente, la presencia de esas mujeres pelirrojas de cabellera larga. Además, observamos un claro uso de la geometría a la hora de componer las escenas, así como también un interés por el contorno sobre el color o la captación del espacio exterior tratado de forma muy esquemática. Todo ello ayudó a la profesora Isabel Coll a situar la decoración de la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor entre 1865 y 1870.

Desgraciadamente, no se conserva documentación de ningún tipo sobre dichas pinturas, lo que ha conllevado a distintos problemas interpretativos, sobre todo en cuanto a su autoría se refiere, tal y como hemos comentado. No obstante, lo que sí conocemos es que se trata de la primera decoración polícroma del estado, realizada a imitación de Francia y de autores como Viollet-le-Duc, Lassus o de Duban, y que ello conllevó interesantes opiniones y buenos comentarios por parte de la crítica del momento.

Sin embargo, a raíz de las últimas investigaciones de la profesora Isabel Coll, en parte centradas en la posición de Cristo en el Huerto de Getsemaní, más barroca que nazarena al no ser tan piadosa y muy vinculada a la misma que realizó Antonio Ciseri, miembro de la tercera generación de nazarenos, en el año 1864 pero cuyo grabado no se comercializó hasta 1870, tiempo después de la realización de la capilla, preocupa a Isabel Coll y la hace dudar sobre la autoría, especialmente teniendo en cuenta también la destreza de Mirabent, ya consolidada en ese momento.

005

Dibujos preparatorios de Josep Mirabent, en los cuales observamos una posición de Cristo muy distinta a la del resultado final

 

Por otro lado, una falsa cúpula, usada en Pascua para cubrir el altar mayor, encontrada recientemente y con una pincelada muy suelta pero también velazquiana, nos hace pensar en otro autor, Simó Gómez, que también trabajó en el Arca de la Alianza, como indicamos en la entrada anterior de este pequeño ciclo, y que bien podría ser, quizá, autor de la cúpula de la Capilla del Santíssim. Detrás de la misma, unos periódicos nos la datan en el año 1871.

altar

 

En definitiva, la situación actual es bastante confusa y aún queda mucho por saber para confirmar de manera rotunda la autoría de esta magnífica cúpula que podemos encontrar en el interior de la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor.

De este modo, según palabras de la profesora Isabel Coll en las II Jornadas Basíliques Històriques de Barcelona, parte de un libro magnífico sobre Josep Mirabent que ella misma publicó hace menos de un par de años y cuyos beneficios van destinados a la Fundació Ave Maria de Sitges, quedaría algo desfasada. Sin embargo, esto sólo se daría a lo que su actuación en Sant Just se refiere, puesto que en el resto de sus páginas observamos de una manera profesional y muy cuidadosa todas esas acciones que el artista llevó a cabo. Entre ellas, caben destacar las vidrieras de la Capella de Santa Àgueda, la iglesia de Betlem, la capilla de la Cofraría de la Virgen de los Dolores de la iglesia del Bonsuccés de Barcelona o los distintos establecimientos comerciales que decoró, como el lujoso y ya desaparecido Cafè Cuyàs de la Rambla de Barcelona o la tienda de chocolates de Oleguer Juncosa en la calle Ferran.

No obstante, los trabajos que, sin lugar a dudas, nos muestran más su éxito en el momento como decorador son los que realizó en el Ateneu Barcelonès (antigua Casa Serra, antes Palau Savassona), el Gran Teatre del Liceu o el Paranimf de la Universitat de Barcelona.

Algunos de los trabajos de Josep Mirabent en Barcelona

 

También sería un gran pintor de frutas y flores, retratos y obra religiosa. Por todo ello, sería también uno de los artistas invitados a participar en las exposiciones universales de París y Londres, entre otras, tal y como también podemos leer en el libro mencionado.

 

Finalmente, antes de proseguir con la Capilla, pues en ella encontramos otros elementos también destacados, mencionar que la que fue residencia habitual de Josep Mirabent se encuentra en Sitges, localidad en la cual también había vivido de niño. La construyó él mismo en un lugar conocido como las Tàpies, lugar donde, además de una frase de su gran maestro Pau Milà i Fontanals, La vida és treball i pena. L’art consola i serena, había también un gran jardín donde ver crecer y florecer sus queridas flores. No obstante, el pintor no pasó los últimos momentos de su vida en ella como siempre había anhelado, puesto que las vicisitudes económicas por las cuales pasó, debido a sus inversiones fallidas en una empresa de ferrocarriles en la cual había participado, le obligaron a venderse la casa, finalmente.

Mirabent murió el 1899 a los 68 años, tras una dolorosa enfermedad que duró cerca de 15 años, pero pintó hasta el último día de su vida, dejando incluso obras sin acabar. Una de sus últimas obras es la que regaló a su hija Rita en motivo de su boda, unas flores en el suelo de una oscura gruta que sirve de fondo para destacar otras que compiten en belleza y verdad, demostrando, así, hasta sus últimos momentos de vida, que era el gran artista de flores de su momento, aquel que supo sacar excelentemente, como indica la profesora Isabel Coll en su libro, sus matices cromáticos, los más caprichosos reflejos y el más fresco modelaje.

Mirabent no se fue a hacer las Américas ni se dedicó a aquello que su familia pedía que hiciese; fue artista y consiguió vivir exitosamente de ello dada su excelencia. Es por este motivo que muchos periódicos del momento lamentaron su muerte y elogiaron su obra. Un ejemplo es el que a continuación os añado, escrito por el crítico J. Roca i Roca en La Vanguardia, en el cual lo recuerda como seguidor de Pau Milà i Fontanals y como decorador de primera línea, participando en los principales trabajos decorativos que tenían lugar en la ciudad:

Mirabent, acicalado, cuidadoso, enemigo del desaliño y la rutina y hombre al fin de gusto depurado, fue un iniciador que se impuso. Las familias acomodadas que deseaban tener la casa comme il faut, se disputaban los servicios de Mirabent y se los agradecían. (…) Bien es cierto que sus flores opulentas, frescas, de entonaciones vivas, al par que las frutas, especialmente las uvas, excedían a la misma realidad. De las que se producen en Catalunya hizo una colección completa, con un acierto tal, que una vez hizo decir a un amigo mío: “En cuanto a las uvas, Mrabent las hace mejor que las mismas cepas”. Y era verdad

Roca i Roca, “La semana en Barcelona”, La Vanguardia, 5 de noviembre de 1899, p.2

labcnquemegusta-stjust40

 

Hecho este paréntesis (ya que había salido el tema, no me podía estar de hablar un poco de este gran artista, no obstante tan desconocido), mencionar que en los trabajos de reforma de la capilla, ya en el siglo XX, en ese contexto en el cual se descubrieron las pinturas de la cúpula, trabajó Perico Pastor, ilustrador que adecuaría el conjunto y añadiría una gran puerta, además de unas pintura murales, en la cual se encuentran presentes los tres grandes productos de la tierra vinculados a la Eucaristía:

el olivo (aceites)

las hojas de la vid (el vino)

las espigas de trigo (el pan)

 

En las pinturas murales de Perico Pastor, observamos escenas del Antiguo y Nuevo Testamento; escenas del Éxodo en las que Moisés es el protagonista en momentos como la huida hacia la Tierra Prometida o en la prefiguración del alimento divino, y del Evangelio según San Juan con escenas como la multiplicación de los panes y peces.

labcnquemegusta-stjustipastor26

 

La Sacristía

Otro de los secretos de la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor (¡ya veis que se trata de una caja de sorpresas!) se halla en el interior de la actual sacristía, construida en el siglo XVIII, a pesar de que en ella hayamos encontrado restos mucho anteriores. Es en la sacristía donde se hallaron los restos de ese baptisterio que destacábamos en la entrada anterior; un baptisterio del siglo VI que nos remite a esos primeros cristianos que aún recibían el bautismo por inmersión en una celebración que se realizaba anualmente el Día de Pascua por el Obispo y que nos muestra la importancia de Sant Just como sede episcopal.

La inmersión se realizaba siempre hacia Levante, es decir, que la persona que iba a recibir el sacramento del Bautismo entraba desde Poniente y salía por Levante como símbolo de camino hacia la luz, hacia la nueva vida.

¿Por qué encontramos esta piscina bautismal aquí y no en la Catedral de Barcelona? Pues porque nos encontramos en una época en la cual la Catedral, bajo dominio visigodo, mantenía un culto arriano. Es por este motivo que Sant Just adquiere las competencias de sede episcopal. Las fuentes escritas nos dicen que Ataülf, con su llegada a Barcelona, trajo un obispo de tradición arriana; no obstante, con el Concilio de Toledo (s.VI), los visigodos se convirtieron al Catolicismo y, junto a ello, la Catedral de Barcelona recuperó nuevamente su culto, quedando la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor sin esa función adquirida durante el periodo anterior.

Una segunda ocasión en la cual se vuelve a dar este intercambio de competencias con la Catedral es en el siglo VIII, momento en el cual Barcelona se encuentra bajo dominio musulmán, la Catedral se convierte en mezquita y centro político del nuevo poder y la Basílica acoge de nuevo la figura del obispo. Tenemos poca información de esta etapa, sólo algo que nos lleva a una contradicción que todavía cabe indagar: el hecho de que Sant Just se convirtiese en sede episcopal a pesar de su estado ruinoso en ese momento, pues, al parecer, esa tumba de privilegio, cuya analítica del carbono 14 nos la ubica entre los años 676-870, casi no se percibía y la basílica había sido expoliada, a pesar de continuar en pies su confessio. Esto nos lleva a hablar de esa basílica paralela a la construcción triconque, dedicada al culto regular, de la cual hablamos en la primera entrada de este ciclo y, por tanto, a pesar de no haberla encontrado a nivel arqueológico, la confirmación de que sí existía.

Finalmente, encontramos un tercer momento en el cual Sant Just es sede episcopal, cuando se está llevando a cabo la construcción de la nueva Catedral de Barcelona gótica y el obispo se traslada hasta su finalización a la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor.

En la sacristía también encontramos otro elemento que nos muestra la importancia de la Basílica en otro aspecto, en su culto mariano. ¿Os acordáis que en la primera entrada hablamos de la importancia de la Mare de Déu de Montserrat en Sant Just, recalcando que hablaríamos de nuevo más adelante por tal de matizar los orígenes de esa leyenda que nos dice que la “auténtica” Moreneta se halla en la Basílica? ¡Pues llegó el momento de hablar de ello!

En el interior de la sacristía encontramos una Mare de Déu de Montserrat en la pared que, en su momento, formaba parte del retablo mayor de la Basílica, del cual hablaremos un poco más adelante. Como curiosidad, destacar que, dado que se trata de una escultura del siglo XVI, en el siglo XIX fue necesario pintarle el rostro de negro, momento en el cual ya no se concebía la Moreneta con el rostro claro.

labcnquemegusta-stjustipastor14

 

El culto a la Mare de Déu de Montserrat es muy importante en Sant Just y prueba de ello, además de encontrar una infinidad de representaciones de la Moreneta en su interior (Basílica acoge un total de 5 Mare de Déus de Montserrat), es la gran celebración que se lleva a cabo cada 27 de abril, un día destacado que se celebra con el tradicional brioix y coca.

La Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor fue la primera iglesia de Barcelona en tener el privilegio de ser una iglesia montserratina, es decir, de poder dar el mismo tipo de absoluciones que la Abadía de Montserrat en caso de que no sea posible realizar un peregrinaje a la montaña mágica.

Otras representaciones de la Mare de Déu de Montserrat que podemos encontrar en la Basílica

 

Finalmente, destacar un último descubrimiento, de esos que hacen tan especial la Basílica, ubicado en la sacristía. Se trata de la placa que encontramos justo al lado de los restos del baptisterio. Como indica la inscripción grabada en ella, en su lugar se encontró una gran fosa común, con 120 cuerpos, dispuestos con el máximo respeto y sudarios de lino en 4 capas, procedente de la gran Peste del siglo XIV, posiblemente, según el Carbonio 14, cualquiera de las pestes de los años 1348, 1350, 1362, 1371 o 1375. Entre los difuntos, hubo tan sólo entre dos y cinco días de diferencia en cuanto a su defunción.

Tal y como pudimos conocer en la ponencia de Julia Beltran de Heredia, Antoni Trilla y Jordi Sacasas en las Jornadas que se llevaron a cabo en el Seminari de Barcelona, la Peste Negra arrasó también con la población barcelonesa, pues cabe tener en cuenta que murió un tercio de su población, así que no es de extrañar tan importante encuentro en Sant Just.

labcnquemegusta-stjustipastor16

 

¡Ah! Y antes de pasar al siguiente espacio de nuestra visita por los interiores de Sant Just, cabe destacar también un último elemento, el contrafuerte conservado en el interior de la sacristía que nos muestra esa gran cabecera de cinco ábsides que el proyecto inicial contemplaba y que, finalmente, se abortó por falta de financiación, creando un cierre más simple compuesto de un simple ábside.

labcnquemegusta-stjustipastor17

 

Pasemos al interior de la nave…

1) El entierro del siglo VI y la Confessio

Tal y como hemos indicado, otro de los elementos que se encontró a raíz de las excavaciones arqueológicas en Sant Just es ese entierro del siglo VI, posiblemente de alguien de alto rango por su proximidad a la cabecera de la iglesia, que se ubicaba en ese camino procesional del cual hablamos en la entrada anterior y cuyos restos, actualmente, los podemos observar en el interior de la Basílica. Pero, no solo eso, y es que justo al lado podemos encontrar los restos de la Confessio, esa especie de cripta que nos aporta un hecho destacadísimo en la historia de Sant Just, sus vínculos con los templos martiriales y, por tanto, la existencia de reliquias en su interior.

Justo al lado, podemos encontrar también esa gran columna del siglo I, reutilizada en la construcción de la Basílica original y símbolo de ese pequeño templo romano, localizado en el segunda colina de Barcelona y que complementaría el templo de Augusto, tal y como presentamos en la entrada anterior.

labcnquemegusta-stjustipastor13

 

2) La Capella de la Santa Creu y su retablo

En la que fue la capilla de una de las familias más pudientes de la Barcelona del siglo XVI, la familia Requesens, cuyo palacio lo encontramos en el barrio del Born, encontramos un retablo (1525-1530) fantástico de Pere Nunyes, encargo de Jaume Joan de requesens, dedicado a la Pasión y a Sant Feliu.

No obstante, la Capella de la Santa Creu es también importante por otro hecho; concretamente, por tres hechos, tres privilegios reales concedidos por Lluís el Pietós en el año 801, tal y como se nos explica en la Crònica de Sant Pere de les Puel.les

Por el sacramento testamental que, hasta hace relativamente poco, se continuaba llevando a cabo en su altar (el último que se realizó fue en 1989, cuando, por razones obvias, el Parlament de Catalunya derogó este tipo de testamentos al considerarlos obsoletos en una sociedad moderna). Este privilegio permitía que, si un ciudadano de Barcelona en peligro de muerte expresaba su última voluntad en tierra extranjera o en el mar, aunque no hubiese notario, este testamento tendría valor legal pues, al llegar a Barcelona, los testigos de dicho juramento, en un periodo que no sobrepasase los 6 meses, podían presentarse ante el retablo y jurar delante de Sant Feliu, en presencia en esta ocasión de un notario y del rector de Sant Just, la última voluntad del difunto para, así, tener validez. El primer testamento sacramental realizado fue en 1082 y fue el de Berenguer Sendret.

Por el Juicio de Dios que tenía lugar en ella, dado que las disputas entre los caballeros se resolvían mediante batalla jurada. Antes de librarse la batalla, los dos combatientes debían jurar delante del altar de Sant Feliu que no utilizarían ningún talismán o recurrirían a alguna bruja para resultar vencedores.

Por el Juramento de los Judíos que estos debían realizar en la capilla cuando se daba un pleito entre un cristiano y un judío y la causa se debía solucionar con la declaración de este último. El judío debía prometer ante el altar de Sant Feliu, con el decálogo y la rueda en las espaldas, que diría toda la verdad.

labcnquemegusta-stjustipastor27

 

3) La Capilla de Sant Pere i Sant Pau

La Capella de Sant Pere i Sant Pau es quizá una de las más desconocidas de la Basílica; más aún las dos esculturas que flanquean su entrada, dedicadas a San Pedro y San Pablo, una asociación muy habitual que podemos encontrar en otros lugares como, por ejemplo, Ripoll, la Catedral de Palma o Santa Maria del Mar.

Pere Beseran, profesor de la Universitat de Barcelona, es quizá uno de los primeros que se ha adentrado en ello y que, incluso, ha presentado posibles autorías, entre las cuales se encontrarían algunos de los nombres más destacados de la escultura catalana del siglo XIV, como serían Pere Moragues y Bernat Roca (maestro de obras de la Catedral de Barcelona que trabajó en el tabernáculo de la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor, aspecto que aún reforzaría más esta autoría), maestros de obras de alto nivel.

Dado que se trata de una capilla de promoción familiar (fue promovida por el abogado Berenguer Vives), lo primero que cabe tener en cuenta cuando entramos en ella son los escudos heráldicos ubicados tanto en el interior como en el exterior: en dos niveles, en las llaves de bóveda y ménsulas. Observamos que se trata, con sus líneas ondulantes, de la misma heráldica que la familia de los Gualbes (hablamos de ellos en la entrada de Santa Madrona), propietarios de una capilla en Santa Maria del Mar, algo también curioso y que quizá se merecería algún estudio.

Los motivos de investigación del profesor Pere Beseran, sin embargo, son las mencionadas esculturas de Sant Pere y Sant Pau. Por su actitud frontal, anatomía, ropas, peaña hexagonal, nariz respingona o boca estrecha, entre otros elementos, la escultura podría hacer pensar en el Sant Pere del retablo de madera de la Catedral de Tortosa de Pere Moragues (quizá acompañado de Bernat Roca), autoría del cual también fue propuesta por Pere Beseran.

Ambos escultores se especializaron en retablos con tracería, motivo por el cual no sería raro hallarlos, nuevamente, en Sant Just, más si tenemos en cuenta que Bernat Roca se encuentra documentado trabajando como maestro de obras tanto en la Catedral como en la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor (los libros de obras de esta última desaparecieron pero el historiador Pau Verrié, destacado investigador, también lo sugirió en su momento). Lo que se desconoce es si, además de maestro de obras, Bernat Roca también trabajó como escultor o si, por otro lado, le pasaba los encargos a Pere Moragues.

El hecho de que las llaves de bóveda (la del primer tramo es del siglo XV y está dedicada a la Virgen; las otras serían anteriores, del siglo XIV, y se encuentran dedicadas al Nacimiento de Jesús, la Presentación de Jesús en el Templo, la Adoración de los Reyes, la Resurrección de Cristo y la Coronación de la Virgen) tengan, por su lado, parecidos razonables también con las de la Catedral nos haría pensar también que algunos de los artesanos podrían haber trabajado en ambas construcciones durante el periodo que Bernat Roca fue maestro de obras tanto de la Catedral como de Sant Just i Pastor.

 

4) El altar neoclásico de la Basílica de Sant Just i Pastor (1816-1832)

En las jornadas sobre la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor, pudimos disfrutar también de la ponencia de Maria Garganté, profesora de la Universitat Autònoma de Barcelona y de la Facultat Antoni Gaudí, en referencia al altar mayor de la Basílica, ejemplo de ese cambio estético que se dio en Catalunya a principios del siglo XIX, promovido, especialmente, por las instituciones académicas del momento, a pesar de su convivencia todavía con el Barroco. Concretamente, lo ubicaríamos dentro de la llegada del neopalladianismo, la aplicación de la arquitectura de Andrea Palladio, en Catalunya (cabe destacar que su tratado no se tradujo al castellano hasta el año 1797).

Paralelamente, el altar mayor de Sant Just también nos acerca a otro aspecto, a la adopción del baldaquín como tipología constructiva (Santa Maria del Mar, el gran retablo baldaquín de Catalunya, perdido durante la Guerra Civil, o Sant Felip Neri también serían ejemplos de ello) que, progresivamente, se va alejando de la influencia de Bernini y acercando a la de Palladio; una tipología que en Catalunya ya la encontramos desde el Románico pero que, progresivamente, fue arrinconada por el retablo renacentista, encontrando, posteriormente, su gran momento durante el Barroco con personajes como Bernini. A la Península Ibérica, esta tipología nos llegaría a partir de grabados, tales como los de Joanne de Caramuel, que darían resultados como los baldaquines de la Seo de Zaragoza.

En Francia es donde más arraigaría el baldaquín como mueble litúrgico para manifestar el Sagrario o contener las cajas de reliquias, especialmente teniendo en cuenta que su visibilidad, al pasar los coros góticos a las partes posteriores de las iglesias, era mayor.

El actual baldaquín de Sant Just, además de substituir el anterior retablo mayor, una talla renacentista realizada en el año 1537 por Martí Díez de Liatzosolo y con la Mare de Déu de Montserrat, actualmente ubicada en la Sacristía como hemos podido ver, pues, representó un antes y un después tanto en el conjunto de la iglesia como en el arte español.

labcnquemegusta-stjust36

 

Se trata de una gran estructura, clasificada entre la escultura y la arquitectura, realizada con mármoles y jáspers, dos materiales que no sólo funcionaban como ennoblecedor, sino que también seguían esa Real Orden de Carlos III que prohibía el uso de la madera en los retablos con la intención de acabar con el barroquismo y la fácil combustibilidad que ello suponía.

¿Sus arquitectos? Joan Fàbregas y Tomàs Soler, trabajadores, por ejemplo, de la Llotja de Mar

El conjunto se caracteriza por conformarse de 12 grandes columnas de mármol, en representación de los 12 apóstoles, además de contener una alegoría, la Fe (mujer con los ojos vendados y con el cáliz y la cruz en la mano); una gran concha con los santos mártires Justo y Pastor en la parte superior, que substituiría la mencionada Mare de Déu de Montserrat de la Sacristía, a pesar de que el proyecto original la mantuviese (la escultura de Nicolau Saurí fue retirada en 1905); y los cuatro Evangelistas con sus correspondientes tetramorfos, obra de los hermanos Vallmitjana.

Tal fue su repercusión en la época que el Baró de Maldà hablará de este gran baldaquín en su famoso Calaix de Sastre explicándonos la colocación de la primera piedra y Josep Renart, biógrafo de obras de la Barcelona del momento, también lo citará en sus escritos.

labcnquemegusta-stjust37
 

5) El órgano

Ya para finalizar nuestro recorrido por los interiores de la Basílica, destacar un último elemento que podemos encontrar en Sant Just, a su vez vinculado con esa vida cultural que se da también en ella, así como también más social, derivada de la labor de la Comunitat de Sant’Egidio como eje principal.

En este caso, me estoy refiriendo a un concierto que se llevó a cabo recientemente en motivo de la restauración de su órgano, iniciada en el año 2016 y finalizada gracias al importante esfuerzo que tanto entidades como el ICUB, La Caixa, la Diputació de Barcelona o pequeñas empresas y particulares, entre los cuales se encuentran los vecinos del barrio o los Amics de l’Orgue y los Amics de Sant Just, han realizado. Una restauración que ha supuesto una reorientación del sonido, algo de lo que un profesor de l’ESMUC se ha encargado, y reemplazar los tubos que sufrían esa enfermedad de lepra propia de los órganos, reemplazándolos por unos nuevos procedentes de Alemania.

Su órgano es centenario y encontramos referencias de él ya en el siglo XV. Tras distintas remodelaciones a partir de piezas recuperadas, se estrena nuevamente en el año 1857 y en 1906, es reconstruido y trasladado, desde la Capella de Sant Frederic, a su localización actual aprovechando la finalización de la nueva fachada neogótica.

¿Una característica que sorprendió a todos los asistentes? ¡El órgano contiene un total de 1800 tubos! Todos ellos se encuentran escondidos tras la fachada.

Se trata, pues, de una obra de verdadero valor histórico pero también artístico, no sólo por la musicalidad que crea, sino también por el mueble policromado que lo acoge, con sus puertas decoradas con las cuatro barras reales, los santos mártires Just i Pastor y el anagrama de la Virgen. Un mueble que, además, del mismo modo que lo hace también el propio instrumento, nace de la síntesis entre Barroco y Romanticismo.

Tras su costosa y larga restauración, el 18 de marzo pudimos disfrutar de un concierto inaugural con Juan de la Rubia, organista titular de la Basílica de la Sagrada Família y profesor del ESMUC. Se trata de uno de los intérpretes más galardonados de su generación, entre cuyos premios encontramos el del Concurso Permanente de Juventudes Musicales de España o el premio El Primer Palau, concedido por el Palau de la Música Catalana.

En el concierto, pudimos disfrutar de un programa de lo más completo en el cual se incluían piezas de J. Cabanilles (1644-1712), J. S. Bach (1685-1750) o F. Mendelssohn (1809-1847), entre otros, sin olvidar la improvisación con la cual el intérprete también nos deleitó.

Actualmente, como ente artístico e histórico que es Sant Just, precisando de muchas acciones de mantenimiento para conservarlo, se está llevando a cabo la restauración de las vidrieras. ¡Así que cualquier ayuda será seguro bien recibida!  😉

bty

 

Subida al campanario

Y, finalmente… ¡la cerecita del pastel! ¿Qué tal si subimos a su campanario, también recién restaurado y habilitado para sus visitas?

Recordad que la visita al campanario se encuentra incluida en la visita guiada pero que, si vais por libre, por un precio simbólico también se puede acceder a él.

Subir al campanario (como es habitual en las construcciones catalanas, de planta octogonal) es algo realmente fascinante, no sólo por todo lo que supone hacerlo, pues siempre es una aventura subir a un campanario, sino también porque os permitirá conocer cómo se aprovechaban cada uno de los rincones comprendidos entre los contrafuertes.

 

Pero, sobre todo, lo que más me impresionaron fueron sus vistas, esa visión del Barri Gòtic desde cerca, pudiendo disfrutar de todos los terrados y terrazas que lo componen, de su vida, además de poder disfrutar desde las alturas de lugares tan icónicos como la Plaça de Sant Jaume o de la simetría de la Catedral de Barcelona.

 

Y, con estas últimas imágenes, finalizamos este pequeño ciclo sobre una de las iglesias más carismáticas y barcelonesas de nuestra ciudad; una iglesia llena de historia y anécdotas pero también de vida, de personas que se mueven a su alrededor y por las cuales también la Basílica se mueve.

No obstante, antes de concluir, me gustaría poneros un pequeño reto… Bien, ¡en realidad son dos!

Si visitáis Sant Just, a ver si encontráis estos dos objetos…

¡El pequeño y curioso Purgatorio! ¡Seguro que no os deja indiferentes!

La inscripción, la lápida Wititza (s.X), más antigua de la provincia Tarraconense en la cual aparecen dataciones de la era hispánica, de la encarnación i los primeros reyes francos.

 

¿Qué me decís? ¿Os animáis?  😉

 

Para más información:

basilicasantjust.cat

Escribe tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies