Visita a la casa de Joan Maragall

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Hay figuras que se hallan en nuestro ideario colectivo y que aparecen y desaparecen en todo momento, ya sea tanto de niños como de adultos… Éste es el caso de Joan Maragall, autor de muchos de los poemas que recitábamos en el colegio, pero también de todas esas palabras que a nivel histórico y político se repiten y siempre se encuentran presentes.

Joan Maragall, sin lugar a dudas, es una de las figuras más destacadas de nuestra historia más reciente y es por ello que en La Bcn Que Me Gusta no nos podíamos estar de visitar la que fue su casa (de hecho, el edificio aún acoge la residencia de la familia Maragall), situada cerca de la Plaça de Molina, en ese pequeño reducto de calma de un barrio que en determinadas zonas aún conserva su esencia de antiguo pueblo, la esencia de Sant Gervasi de Cassoles.

 

La fuente del centro de la plaza, posiblemente anterior al año 1874 (la fecha se encuentra grabada en una placa, así que tenemos que fiarnos de ella, puesto que se perdieron las actas del Ajuntament de Sant Gervasi), sería una de las pocas reminiscencias que se conservan del antiguo Sant Gervasi de Cassoles. En ella, observamos cuatro escudos (Sant Gervasi, Barcelona, Catalunya y España) y, dado que el primero de ellos corresponde a un diseño que se había dejado de utilizar en el año 1854, según palabras de Carreras Candi, nos muestra también su antigüedad.

Una placa, ahora desaparecida, nos aporta un nuevo enigma si leemos su inscripción: Homenaje al pueblo. Varios vecinos, 1874

 

Las visitas a la Casa-Museu Joan Maragall las gestiona la Biblioteca de Catalunya, dado que la residencia acoge actualmente el Arxiu Joan Maragall, centro de documentación abierto a investigadores e investigadoras (mucha de la documentación se encuentra también digitalizada y se puede consultar online aquí), adscrito a la misma Biblioteca desde 1993, aunque abierto al público poco después de la muerte del poeta en 1911 por iniciativa de su viuda.

Éstas se realizan cada miércoles de manera gratuita con reserva previa. Podéis encontrar más información aquí.

 

Dicho esto… ¡pasemos a la Casa-Museu de Joan Maragall como tal!

La casa de la calle de Alfonso XII de Joan Maragall, en realidad, sólo fue habitada por el poeta durante 12 años, pero quizá éstos fueron algunos de los más representativos de su vida pues se trata, precisamente, de los últimos de su trayectoria vital. Anteriormente, Joan Maragall vivió en el Eixample y, aún con mayor anterioridad, en el barrio de Sant Pere, lugar donde se ubicaba su casa natal y el negocio de su padre.

Tras su matrimonio con la que sería su compañera de vida y madre de todos sus hijos, Clara Noble, según palabras de Josep Pijoan, gran amigo y seguidor de Joan Maragall que nos ha dejado un interesante bagaje escrito sobre el autor, la pareja se instaló en un piso de la calle de Valldonzella, a medio camino de la calle de Trafalgar y la Rambla de Catalunya, donde vivían los suegros. No obstante, según Maurici Serrahima, político y escritor, al regresar del viaje de novios, los recién casados se instalaron en la calle de Roger de Llúria esquina calle de Ausiàs Marc y, pasados los tres años, en un piso del número 64 (actualmente número 20) del Passeig de Gràcia. En el año 1897, cambiaron de nuevo a la calle de Consell de Cent número 344 (actualmente número 314).

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Joan y Clara

 

Después de todos estos cambios de residencia, finalmente, se instalarían con sus cinco primeras hijas en la casa que nos interesa de Sant Gervasi; lo harían a raíz de sus suegros, los cuales vivían en la calle de Madrazo. De este modo, el poeta adquirió en 1899, por 50.000 de las antiguas pesetas, Villa María, una casa de tres plantas que, tras las reformas realizadas por sus descendientes en el año 1957, ampliándola y reduciendo su jardín a un pequeño patio, se convertiría en la residencia de la amplia saga de los Maragall, en un lugar primordial para comprender la manera de ver la vida del poeta, siempre entendida como una especie de equilibrio entre el mundo de fuera de la casa y el de dentro, aquel donde realmente tenían lugar, como él decía, los “eventos reales”.

De este modo, podríamos afirmar que en cada uno de los rincones de la casa observamos la vida de Joan Maragall, sus recuerdos, su esposa… pero también la historia de Catalunya e, incluso, los movimientos artísticos y literarios más representativos del momento. Es por este motivo que, personalmente, considero tan y tan interesante su visita.

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Joan Maragall con algunos de sus hijos y Clara Noble

 

La infancia y juventud de Joan Maragall

Como hemos indicado, sin embargo, Joan Maragall no se trasladó a esta casa hasta bien entrada la madurez. Antes, se crió en el barrio de Sant Pere, en la calle de Jaume Giralt (lamentablemente, ninguna placa nos indica el lugar exacto de su nacimiento), en el sino de una familia de industriales textiles.

Tal y como nos cuenta Víctor Batallé en La saga dels Maragall, libro que he utilizado en parte para redactar esta entrada (además de este libro, os recomiendo que visitéis la revista, totalmente digitalizada, Haidé, especializada en estudios sobre el autor, así como también el blog de la Biblioteca de Catalunya), Joan Maragall fue un niño muy querido, el único varón de la familia tras tres hijas mayores.

Como curiosidad, mencionar unas palabras que, aún de mayores, su primera hermana siempre mencionaba y que nos muestran esta situación de hermano menor de Joan Maragall… Joanet, Joanet de la Pedreta. Joanet, Joanet que vol ser poeta

Josep Maragall, industrial textil, era el padre y Rosa Gorina, procedente de Sabadell, su madre. La familia era feliz en el barrio de Sant Pere, no obstante, siempre tuvieron en mente prosperar, pasar a una vida más aburguesada en el Eixample.

El poema Sol solet de Joan Maragall nos describe esta primera etapa en el barrio de Sant Pere:

 

Sol solet

Quan jo era petit
vivia arraulit
en un carrer negre.
El mar hi era humit,
pro el sol hi era alegre.

Per lla a Sant Josep
el bon sol, solet,
lliscava i lluïa
pel carreró estret.

I en mon cos neulit
llavors jo sentia
una esgarrifança
de goig i alegria.

 

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Calle de Jaume Giralt

 

Con el tiempo, consiguieron pasar a la calle de Trafalgar número 16, lugar en el cual Joan Maragall conocería al pintor Fortuny, así como también a todos aquellos personajes que lo encaminarían hacia la poesía, dejando de lado, muy a pesar de su padre, el negocio familiar. Es también en la calle de Trafalgar que conocería su primer amor, Maria Agnès, mayor que él, una mujer independiente que, finalmente, no tendría los mismos objetivos que Maragall.

La que sí fue su mujer querida hasta su muerte fue Clara Noble, procedente de familia inglesa e hija de un comerciante de whisky escocés que también se adentró en el mundo del jerez. Se conocieron en Puigcerdà, mientras ambos veraneaban. Tal era el amor en la pareja que, a pesar de que él tuviese 26 años y ella casi fuese una niña, Joan Maragall esperó a que ésta fuese mayor de edad para contraer matrimonio con ella.

Un tiempo antes de casarse e iniciar el periodo vital que nos interesa en esta entrada, sin embargo, ocurrió un hecho que también marcaría al poeta: Josep Maragall murió y lo hizo rodeado de los suyos, incluso de esa primera hija que tanto tiempo hacía que no veía a causa de la mala vida que le había estado dando su marido, bebedor y maltratador. Ets l’hereu, el millor hereu. Ets el meu estimat fill… , decía el padre a su hijo.

El libro de Víctor Batallé que os mencionaba en unas líneas anteriores dedica un capítulo entero a la muerte del padre de Joan Maragall, tanto por su importancia como fundador de esa saga que destacábamos que incluirá, incluso, políticos de renombre, como por la emotividad que hubo en ese momento tan importante de la vida del poeta.

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Josep y Joan Maragall

 

El interior de la casa

●  El recibidor

Como hemos indicado, la casa de la calle de Alfonso XII no fue la primera residencia de la pareja, pero sí la más destacada dentro de su vida y las generaciones futuras, de ahí que sea tan interesante su visita.

La casa en realidad tenía dos niveles (la tercera planta estaba destinada al servicio y buhardillas), pero la visita sólo permite conocer la planta baja, es decir, que todos los dormitorios que se pueden visitar, si bien es cierto que incluyen mobiliario original, se hallaban en la planta superior y fueron bajados a la planta principal cuando se museizó. De este modo, se mantiene tanto la esencia como la decoración de principios del siglo XX, mostrándonos perfectamente no sólo cómo vivía el poeta, sino también tantas otras familias de la burguesía barcelonesa.

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Planta visitable de la casa de Joan Maragall

 

Nada más entrar, lo primero que nos sorprende es esa vidriera que, casi descontextualizada, nos aporta la primera visión personal e íntima de Joan Maragall que podemos encontrar en el interior de la casa. Se trata de una vidriera realizada a partir de un dibujo de Josep Maragall, hijo de Joan Maragall y pintor, para mostrar esas vistas que el padre tenía desde su despacho, ese Sant Gervasi de Cassoles del cual apenas se conserva el paisaje de hace unas décadas.

Dos grandes cajoneras de estilo isabelino (éstas hacen juego con el mobiliario de uno de los dormitorios; el otro, en cambio, acoge mobiliario de época alfonsina) flanquean la vidriera. Se trata del mobiliario que Clara Noble traía dentro de su ajuar. Concretamente, en su interior guardaba la ropa blanca que le preparó su madre antes de la boda.

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Aguzamos un poco la vista… sí, sobre la cajonera encontramos un pequeño detalle que, rápidamente, nos despierta una sonrisa a todos y todas. Se trata de una reproducción del escrito original de La vaca cega (1892), esa poesía que tantos y tantas nos tuvimos que estudiar de niños en el colegio.

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Al parecer, la historia fue escrita en Sant Joan de les Abadesses, en el número 2 de la calle Major (si vais, observaréis que una placa nos los recuerda), un verano que Joan y Clara reposaron de la ciudad en dicha localidad. La vaca es real, se llamaba Bonica, del mismo modo que también lo era la fuente escenario de la historia, localizada en el camino dirección Camprodon desde Sant Joan de les Abadesses. El vailet que va buidar-li un ull se llamaría Janot de Can Pau Llebre y, según parece, tiró una piedra hacia la vaca con intención de que saliese de un sembrado en el cual se había metido con tan mala fortuna que le dio en el ojo.

En el blog de la Biblioteca de Catalunya encontraréis una entrada que habla de ello.

 

La vaca cega (1892)

Topant de cap en una i altra soca,
avançant d’esma pel camí de l’aigua,
se’n ve la vaca tota sola. És cega.

D’un cop de roc llançat amb massa traça,
el vailet va buidar-li un ull, i en l’altre
se li ha posat un tel. La vaca és cega.

Ve a abeurar-se a la font com ans solia;
mes no amb el ferm posat d’altres vegades
ni amb ses companyes, no: ve tota sola.

Ses companyes, pels cingles, per les comes,
pel silenci dels prats i en la ribera,
fan dringar l’esquellot mentres pasturen
l’herba fresca a l’atzar… Ella cauria.

Topa de morro en l’esmolada pica
i recula afrontada… Però torna
i abaixa el cap a l’aigua i beu calmosa.

Beu poc, sens gaire set… Després aixeca
al cel, enorme, l’embanyada testa
amb un gran gesto tràgic; parpelleja
damunt les mortes nines, i se’n torna
orfe de llum, sota del sol que crema,
vacil·lant pels camins inoblidables,
brandant llànguidament la llarga cua.

 

●  Los dormitorios

Pasemos a los dormitorios… en uno de ellos, como no podía ser de otro modo, especialmente teniendo en cuenta de que Joan Maragall y Clara tuvieron 13 hijos, encontramos una de las piezas más bonitas de la casa, la cunita Thonet, la misma que arrulló a su primera hija, Helena, de la cual hablaremos un poco más adelante por la importancia que tendrá en la obra del poeta, y que podemos encontrar citada en la poesía Paternal (1893), escrita tras el atentado del Liceu del 7 de noviembre de 1893, en el cual Joan Maragall estuvo presente.

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Joan Maragall i la seva primera filla Helena

 

Paternal (1893)

Tornant del Liceu enla nit del
7 de novembre de 1893.
Furient va esclatant l’odi per la terra
regalen sang les colltorçades testes,
i cal anâ a les festes
amb pit ben esforçat, com a la guerra.

A cada esclat mortal – la gent trèmula es gira:
la crudeltat que avança, –la por que s’enretira,
se van partint el món…
Mirant el fill que mama, –la mare que sospira,
el pare arruga el front.

Pro l’infant innocent,
que deixa, satisfet, la buidada mamella,
se mira en ell, –se mira en ella,
i riu bàrbarament.

 

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Justo al lado, observamos el primer libro de Joan Maragall, publicado por sus amigos como sorpresa. Joan Maragall ya había publicado en distintas revistas, especialmente en La Ilustració Catalana, pero aún no había conseguido publicar ningún libro.

Los amigos de Joan Maragall (Enric Buxaderas, Jeroni Buxareu, Emili Clausolles, Joan Gubern, Francesc Matheu, Narcís Oller, Josep Ribas, Anton Romaní, Víctor Sanpere, Joan Sardà, Josep Soler, Josep Ventayol y Josep Yxart), pues, aprovecharon una fecha tan remarcada para Joan Maragall como el 27 de diciembre de 1891, momento en el cual contraía matrimonio con Clara Noble en la iglesia de Santa Anna de Barcelona, para hacer el mejor regalo que podría haber recibido el poeta ese día: una caja con 100 ejemplares (se trataba de una edición limitada) de Poesías, editado en Barcelona por La IIustració Catalana e impreso por Fidel Giró.

El libro recogía catorce poesías de Joan Maragall, así como también cinco traducciones de Goethe, prácticamente toda la obra escrita del poeta en ese momento. Tal fue la sorpresa del autor que éste decidió nombrar del mismo modo su primer volumen de poesías editado por L’Avenç en el año 1895.

Así nos los explica el propio Joan Maragall pocos meses después de la sorpresa en una carta a su amigo Anton Roura:

…també t’envio un llibret que et sorprendrà com me va sorprendre a mi. En Pep Soler ja de temps m’anava sostraient composicions publicades i no publicades a pretext d’ensenyar-les an en Sardà, a l’Yxart, a l’Oller, dient-me que els agradaven molt. Lo cas fou que el dematí del dia que m’havia de casar rebo a casa una caixa amb cent exemplars impresos, numerats, de poesies meves i traduccions de Goethe (…) No et puc explicar lo molt que això em va commoure…

Tenéis más información de todo ello en la entrada publicada en el blog de la Biblioteca de Catalunya.

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●  El salón y el despacho

Otro elemento que podemos encontrar en la casa y que nos aproxima a esa vida íntima del poeta son los retratos de la familia, todos ellos realizados por el estudio de Pau Audouard (los Maragall siempre se inclinaron más por este estudio ,localizado en los bajos de la Casa Lleó Morera, que por los Napoléon), que encontramos en sus paredes y muebles.

Como curiosidad, decir que fue precisamente uno de estos retratos el que salvó la casa de ser saqueada por los anarquistas durante la Guerra Civil, al reconocer éstos que se trataba de una de esas tantas personas que ellos tenían también retratados en el Ateneu Obrer (en unas líneas más adelante ya mencionaremos el porqué 😉 ).

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Otro de los retratos que la casa acoge nos permite hablar de otra curiosidad… Y es que Joan Maragall, tal y como podemos observar en la decoración, no era muy amante del Modernismo. De hecho, en toda la casa sólo se lucen dos objetos modernistas. Uno de ellos es, precisamente, el marco de este retrato que comentábamos, aquel que podemos encontrar en el salón, lugar de recibimiento de las visitas (cabe tener en cuenta que se encuentra conectado con el despacho de Joan Maragall) decorado ostentosamente con mueble isabelino de Josep Tayà, mismo decorador de otras estancias de la casa, y a partir de un combinado de muebles de la casa paterna con los propios.

 

Se trata de un retrato de Clara Noble del año 1904 en motivo de su investidura como Reina de los Jocs Florals, certamen en el cual su marido ganó la Flor Natural y fue nombrado Mestre en Gai Saber. El marco se encargó al año siguiente al ebanista Joan Busquets y se realizó con madera de caoba tallada con rosas en la parte superior, donde aparece grabado el lema de los Jocs Florals, Patria, Fides, Amor.

El segundo objeto modernista de la casa es un reloj, conservado en el comedor de la casa. Fue un regalo de Fin de Año, en honor al cambio de año pero también de siglo, de Clara Noble a su esposo, quien cada día, siguiendo un ritual casi mágico, le daba cuerda.

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La casa, si bien es cierto que no acoge apenas objetos modernistas, sí luce obras pictóricas y escultóricas de época modernista. La cerecita del conjunto, también localizada en el despacho de Joan Maragall, es el retrato de Erik Satie, un regalo de Santiago Rusiñol que retrata la figura del verdadero bohemio parisino, Erik Satie, autor de las famosas Gymnopédies. El lienzo (más grande de lo que me imaginaba) fue pintado en el año 1891 a partir de su buena amistad con Casas y Rusiñol, quien le dedicaría otras obras como, por ejemplo, Una romanza (1894), en la cual también aparece Suzanne Valadon. ¡Poder ver algo tan delicado y fantástico en directo es una verdadera delicia!

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Pero ésta no es la única pieza pictórica de la casa, pues una de sus características es, precisamente, que en su interior podemos disfrutar también de una interesante colección de arte, conformada a partir de piezas escogidas por él (y que, por tanto, nos hablan también de él), pero también de otras procedentes de un entorno familiar, lo que nos ayudan también a entender el perfil personal del poeta.

Ramon Martí i Alsina, Baldomer Galofre (seguidor de Fortuny), Dionís Baixeras, Enric Galwey, Joan Llimona, Miquel Utrillo, Josep Maria Sert, Josep Clarà, Manoló Hugué, Pere Torné i Esquius, Joaquim Mir… todos ellos encuentran su rincón en alguna de las paredes de la casa. Además, encontramos un sinfín de piezas de los mencionados Ramon Casas y Santiago Rusiñol. Algunas de ellas son muy preciadas e, incluso, en más de una ocasión, se han pedido en préstamo para exposiciones, como sería el caso de Pastoral (1911) de Joaquim Sunyer (de ahí que, dependiendo de la época, haya una reproducción en su lugar), una compra del hijo de Joan Maragall, Joan Antoni Maragall, para incorporarla a la colección del Arxiu, dado que el poeta había realizado un artículo elogiando la exposición que el pintor realizó en el año 1911 y, muy especialmente, a esta obra concreta. La pieza fue adquirida años antes por Francesc Cambó.

Toda la obra xilográfica de Helena, la hija mayor de Joan Maragall y una de los primeros exponentes que hicieron renacer el arte del grabado en Catalunya, también se conserva en el Arxiu. El libreto de Joan Maragall El comte Arnau lo ilustró por completo ella.

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Busto de Helena, realizado por Josep Clarà

 

Pero volvamos al despacho… A ese confesionario, como lo denominaban los más pequeños de la casa, al tratarse del lugar donde más horas pasaba el pater familias, pues es en él donde más nos recreamos, donde mejor pudimos respirar la esencia de la vida privada de Joan Maragall.

En él, además del mencionado retrato que salvó de un saqueo seguro por parte de los anarquistas la casa y el retrato de Erik Satie, encontramos también un mueble que bien podría tratarse de un pequeño homenaje, un pequeño sancta sanctorum o templo dedicado a Joan Maragall. Éste fue realizado a expreso para poder ordenar y organizar toda la obra, información y recopilaciones de escritos en diarios del poeta cuando murió y los hijos se encargaron de darlo a conocer. Gracias a la ardua y minuciosa labora realizada y, en cierta manera, a este mueble, tanto su esposa como su hija mayor fueron las grandes impulsoras de la primera publicación de su obra completa, así como también de la recopilación documental que permitiría crear el Arxiu Joan Maragall.

En el interior del mueble, una especie de sécréteur lleno de cajones y cajoncitos, incluso, encontramos un retrato de él ya difunto que aún le aporta un mayor aspecto sacro tanto a la figura como al mueble.

 

El despacho también nos permite hablar de otro aspecto, del día a día de Joan Maragall, un mundo distribuido entre su casa, el matrimonio, el nacimiento de sus hijos, los amigos, el Ateneu, el Liceu, el Brusi i el ejercicio de su influencia en el entorno literario en catalán. Estar en su despacho, pues, nos lleva a hablar de uno de estos aspectos de su vida, de su trabajo en El Brusi, el Diario de Barcelona, dirigido por Joan Mañé i Flaquer.

La relación con éste fue perfecta y profesional, pero este aspecto no era tan sencillo que surgiese puesto que, mientras el director era un gran admirador de la generación que los precedía, aquella de 1840, la primera generación catalanista pero de formación castellana, entre los cuales encontramos a Pau Piferrer, los Milà i Fontanals o Víctor Balaguer, Joan Maragall siempre se movió dentro de la segunda generación catalanista, capitaneada por personajes como Narcís Oller, Sardà e Yxart, de misma manera de trabajar que la primera generación pero de formación ya no castellana.

Por tanto, podríamos decir que, a pesar de que director y redactor formasen parte de generaciones distintas y que, en especial por el tema idiomático, tuviesen desavenencias, acabaron congeniando excelentemente a la hora de trabajar por unos mismos valores.

 

Josep Pla diría:

Si Maragall no fou un separatista, culturalment fou un separat. En l’obra de Maragall la formació castellana és nul·la. En ell es produí la conjunció entre una dialèctica i una personalitat pròpia, autèntica i real.

Aún así, añadiría:

Va saber fer tres coses molt bé. Primer, cartes. El català potser no sap escriure cartes – fora potser de les comercials, cartes de manual-. Davant les de Joan Maragall, el senyor Mañé (…) quedà impressionat. Després, sabé tocar el piano. El piano fou per ell un munt de delícies. Tocava la música més difícil – vull dir més difícilment espiritual – de primer raig. Fou un esperit musical, però no d’oïda, sinó coneixent l’entrellat real d’aquest esperit. Després saber l’alemany – admirablement-. La música i l’alemany foren en la vida interior de Joan Maragall dues coses molt lligades.

redacció del brusi

En la redacción de El Brusi

 

●  El salón-comedor

El lugar familiar por excelencia, aquel en el que la familia se reunía y llevaba a cabo sus actividades habituales, es, no obstante, el salón-comedor. Es en él donde Clara Noble cada día, como buena inglesa, celebraba el ritual del té, así como también donde Joan Maragall tocaba, tras componerla, una pieza musical en honor a cada uno de los nuevos nacimientos de la casa. Al parecer, cada vez que nacía un bebé en la familia, Clara bajaba las escaleras con él en brazos a la vez que Joan y el resto de la familia lo recibían al compás de la melodía que el poeta había compuesto para ser tocada en piano.

En el comedor también se celebraban los días más esperados por los pequeños de la familia, como el Día de Reyes, las comuniones o San Juan.

 

Decorativamente, una vez más, a excepción de ese famoso reloj que antes hemos mencionado como uno de los dos únicos elementos modernistas de la casa, encontramos un mueble de época, tradicional, muy del gusto de La Renaixença, que incorpora un fuego a tierra, una librería y un espejo. Se desconoce su autor, pero se podría atribuir a un taller de ebanistería barcelonés, especialmente si tenemos en cuenta las palabras de Sempronio, gran figura de referencia dentro de la historia de nuestra ciudad, quien, en un artículo publicado en el Diario de Barcelona, nos describe el comedor de la casa de los Maragall diciendo… Un aparador de la época, bella obra del mueblista Vidal, cubre todo un paño de pared.

Por su lado, la profesora Teresa M. Sala, doctora en Historia del Arte especializada en Modernismo, afirma que no sería descabellado atribuir dicho mueble a Francesc Vidal, uno de los grande ebanistas del momento y del cual también hablamos en las entradas dedicadas al Modernismo de Reus (las podéis encontrar aquí y aquí). Aún así, también nos recalca que el hecho de que otros, como serían Joan Busquets, los Ribas o el mencionado Tayà (la mesa, el buffet, las sillas y el trinchante sí que son de él), también dominasen el oficio nos puede fácilmente hacer dudar.

 

Por otro lado, cabe tomar atención también a sus mosaicos, procedentes de la fábrica valenciana Nolla, y a los artesonados, realmente exquisitos y de gran calidad.

 

El piano, elemento indispensable en las casas de las buenas familias, del mismo modo que también lo era el billar, es también uno de los elementos más destacados de la estancia, no sólo porque es con él que se llevaba ese ritual ya mencionado cada vez que llegaba una personita nueva a la familia, sino también porque se trata de un Chassaigne Frères que Clara Noble regaló a su marido la Nochebuena de 1908.

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Podéis conocer más sobre los interiores de la casa en este artículo de Teresa M. Sala de la revista Haidé.

Del mismo modo, podéis encontrar un sinfín de detalles en esta publicación de la Casa Museu Joan Maragall de la Biblioteca de Catalunya, en parte digitalizada y que podéis encontrar aquí. En ella, se identifican cada uno de los objetos que se hallan en el interior de la casa, así como también la autoría de todos los cuadros que cuelgan en sus paredes.

 

Muerte de Joan Maragall

El poeta, quien se encontraba veraneando durante la Setmana Tràgica en Caldetes (en esta entrada del blog de la Biblioteca de Catalunya se nos habla de un pino que Joan Maragall inmortalizó en esta pequeña localidad del Maresme), fue siempre muy crítico ante los juicios y fusilamientos realizados como represión a personajes como Ferrer i Guàrdia, entre otros, tratados como fin de un círculo que se “resolucionaría” tras la muerte.

Prueba de ello es el poema que escribiría para La Veu de Catalunya, La ciutat del perdó (1909), finalmente no publicado, a pesar de que se llegasen a enviar pruebas de su composición a Joan Maragall y a Prat de la Riba. Hubo, pues, una clara censura por parte del gobierno, tanto central como catalán, que se confirma en una carta de Joan Maragall a Carles Rahola donde así se explica, del mismo modo que también sucede en la correspondencia de Enric Prat de la Riba al poeta, donde el primero cuenta que no puede dejar solo al gobierno central y que se posicionará en contra del artículo.

Con esta acción, la Lliga Regionalista se ubicaba en el lado de los represores; sin embargo, cabe también tener en cuenta que, finalmente, el gobernador civil Ossorio y Gallardo, así como también el propio Maura, acabaron dimitiendo a causa de todo lo ocurrido.

El silencio obligado de Joan Maragall lo rompieron Ferran Soldevila y Carles Rahola, historiadores, en el año 1932, cuando se publicaron sus Obres completes. Teniendo en cuenta la fecha de publicación, no es de extrañar que aquellos anarquistas que hemos mencionado en unas líneas anteriores evitasen el saqueo de la casa, pues fue precisamente casi contemporáneamente que la actuación de Joan Maragall salió a la luz y que, a pesar de su situación burguesa, fuese siempre muy admirado entre la población obrera.

 

La ciutat del perdó (1909)

Com vos podeu estar així tranquils a casa vostra i en els vostres quefers sabent que un dia, al bon solet del dematí, allà dalt de Montjuïc trauran del castell un home lligat, i el passaran per davant del cel i del món i del mar (…) s’agenollarà de cara al mur i li ficaran quatre bales al cal i ell farà un salt i caurà mort com un conill (…) ell que era un home, tan home com vosaltres (…) potser més que vosaltres?

(podéis encontrarla entera aquí)

 

La represión que hubo durante la Setmana Tràgica, como es bien sabido, acabó dando también la victoria a Lerroux en las elecciones municipales de 1909; Solidaritat Catalana había muerto y a Joan Maragall le caía encima todo aquello en lo que siempre había creído. Bajo estas circunstancias, el escritor iniciará una nueva corriente de pensamiento que lo llevará a escribir Oda nova a Barcelona y La Iglésia cremada (1909). El primer caso, publicado unos meses antes de los hechos de la Setmana Tràgica, se podría tratar de una especie de premonición de lo que iba a suceder inminentemente, pues al fin y al cabo la Guerra de Marruecos sólo fue el detonante de ello.

Por su lado, el segundo artículo, ya publicado después, recibió la censura de una manera distinta a la mencionada en el caso de La ciutat del perdó, es decir, que fue publicado pero tras una amplia deformación.

Es por todo ello que Joan Maragall empezaría a decaer, no sólo porque Enric Prat de la Riba lo censurase y fallase como amigo, sino también debido a su fuerte desilusión en esa Catalunya que no iba hacia la dirección que él deseaba. Aún así, cabe tener en cuenta que siempre condenó el exilio de aquellos que huían, pues consideraba que la solución no estaba en ello, sino en intentar mejorar el país.

Un año más tarde, en 1910, su amigo Antoni Roura moría, algo que si bien es cierto que fue un añadido a ese estado de desesperación de su última etapa vital, le daría también fuerzas para escribir un artículo en El Progreso, el periódico de las clases populares trabajadoras, con la justificación perquè em sembla que en el baix poble hi ha més vivor que en altres esferes. Joan Maragall, una vez más, creía en la fuerza del pueblo, depositaba su fe en él y denunciaba la hipocresía de la burguesía, de esa clase de la cual procedía y que tanto lo había defraudado, al considerar que ésta era la que tenía que haber luchado por tal de que aquellas clases con menos poder pudiesen prosperar.

Unas palabras de la última etapa del poeta nos muestran claramente esta decepción por la vida:

Sols desitjo per ma glòria

Que, si algú aquesta oda sap,

Al moment en què jo moria,

Me la digui de memòria

Mot per mot, de cap a cap

 

A toda esta situación, cabe añadirle el hecho de que contrajese, posiblemente, Fiebres de Malta, algo que actualmente se está analizando a partir de sus escritos y del doctor que lo atendió, por tal de conocer realmente el motivo de su muerte (Joan Maragall era un hombre tan minucioso que, además de tener registrados cada uno de los movimientos de la casa, como serían las facturas, compras o enfermedades de los hijos, entre otros, también documentó las visitas que le realizaba el doctor).

En el año 1911, el 30 de noviembre, un día en el cual llevó a cabo su ritual de tocar el piano (concretamente, una obra de Beethoven) y dar cuerda al reloj, se inició su decaída física hasta que, un mes después, el 20 de diciembre, a la edad de 51 años, murió. En el libro que os comentaba en el inicio de esta entrada, muy emotivamente, se redacta todo el proceso de sus últimas horas, siguiendo las palabras de ese diario que Clara Noble, y posteriormente su hija Helena, continuaron redactando muy detalladamente.

Toda Catalunya echaría en falta a Joan Maragall y serían muchos los artículos de reconocidos escritores y pensadores que honorarían su figura. Es en este momento que su hija Helena y su esposa, las dos grandes mujeres que harían crecer la saga Maragall, iniciarían también esa ardua labor de recopilación de su obra que destacábamos, hasta conseguir, finalmente, no sólo su publicación, sino también la creación del Arxiu Joan Maragall.

 

Dir que Joan Maragall fou purament un poeta és limitar massa la qüestió. Jo crec que tot era un pensador. Sospito que ell també s’ho creia. Era un pensador que per raons que serien molt difícils d’acalarir, no arriba a representar el seu pensament d’una manera suficient.

Eugeni d’Ors

 

Con estas palabras, finalizamos esta entrada, nuestra visita a una casa que recoge a la perfección la esencia y pensamiento de su propietario, donde en cada uno de sus rincones respiramos su labor y anhelo por conseguir una Catalunya distinta, fuerte y justa.

En definitiva, con esta última cita de Eugeni d’Ors, concluimos nuestro recorrido por el personaje de Joan Maragall y la casa que acogió una parte de la historia de Catalunya y que nos permite realizar este viaje al pasado, a la par que nos acercamos también a la vida más íntima del autor, a las anécdotas familiares y a su día a día.

 

Para más información:

c/ Alfons XII, 79

www.joanmaragall.cat

www.bnc.cat/Fons-i-col-leccions/Arxiu-Joan-Maragall

 

Bibliografía:

Batallé, V., La saga dels Maragall, Barcelona: L’Esfera dels Llibres, 2005

Blog de la Biblioteca de Catalunya

www.bnc.cat/El-Blog-de-la-BC/(tag)/Joan+Maragall

Fondo digitalizado:

www.bnc.cat/digital/jmaragall

Haidé, Estudis Maragallians

www.joanmaragall.cat/ca/haide-estudis-maragallians

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