Visita a la Casa Roura de Canet de Mar con el CEDIM

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¡Volvemos con nuevas entradas tras un largo parón navideño y lo hacemos con otra joya del Modernismo catalán!

En distintas ocasiones, hemos hablado en La Bcn Que Me Gusta de la obra de Lluís Domènech i Montaner, ya sea aquella localizada tanto en la Ciudad Condal (Hospital de Sant Pau i la Santa Creu o la Fonda Espanya) como fuera de ésta, en Reus (Institut Pere Mata y la Casa Navàs). No obstante, Lluís Domènech i Montaner nos dejó un legado realmente amplio, motivo por el cual, una vez más, volvemos a desplazarnos para, con tan sólo un pequeño trayecto de tren, continuar nuestro recorrido modernista y domenechiano en otra localidad muy vinculada al arquitecto, Canet de Mar, en el Maresme, esa comarca que tantos grandes arquitectos modernistas acogió (sin ir más lejos, Josep Puig i Cadafalch, como pudimos conocer en Argentona y Mataró).

Concretamente, hoy hablaremos de la Casa Roura, uno de los proyectos que componen la primera etapa constructiva del arquitecto y que, precisamente por ello, nos permite conocer esas prácticas y elementos más comunes que Lluís Domènech i Montaner aplicará, ya desde sus inicios profesionales hasta el final de su carrera arquitectónica, en cada uno de sus trabajos. Entre éstos, se halla el hecho de reaprovechar cada una de sus obras para ir más allá, como si de pequeños laboratorios se tratasen; algo que ya vimos en la Casa Navàs, considerada una pequeña Casa Lleó Morera, o en el Institut Pere Mata, un pequeño Hospital de Sant Pau, puesto que en las dos obras de Reus el arquitecto experimentaba con los mismos elementos, artesanos y materiales que en las grandes obras que llevaría a cabo en Barcelona. En este caso, siguiendo esta línea, podríamos afirmar que la Casa Roura es un pequeño Castell dels Tres Dragons, puesto que ambos se construyeron contemporáneamente y usando los mismos talleres, localizados en el que fue el caférestaurante de la Exposición Universal de 1888.

Otras construcciones que tuvieron lugar al mismo tiempo que la Casa Roura y que también conservan algunos elementos de la protagonista de la entrada de hoy serían el Palau Montaner y el Seminario de Comillas.

La Exposición Universal de 1888 marcaría un antes y un después en la carrera profesional de Lluís Domènech i Montaner dado que ésta se convertiría en el gran evento que provocaría un salto notable en su carrera, en ese empuje que lo haría pasar, como decía la prensa del momento, de joven a reputado arquitecto. La ciudad cambiaba y, para ello, se necesitaba la colaboración de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, institución en la cual trabajaba Lluís Domènech i Montaner. Es por ello que su fama incrementaría ya que no son pocas las grandes empresas constructivas en las cuales trabajaría. Concretamente, le encargarían la sección quinta del proyecto, la cual incluía obras como el interior del Saló de Cent y las estancias de la Reina Regente y Alfonso XIII, el Gran Hotel Internacional, el mencionado Café-Restaurant del Castell dels Tres Dragons (éste tendría que substituir el servicio de restauración ya proyectado por Josep Fontserè, considerado insuficiente) o el diseño del cartel de la Exposición (el arquitecto lo declinaría a favor de su amigo Josep Lluís Pellicer Feñé).

 

El CEDIM

La visita guiada que me permitió conocer de una manera más que detallada y completa la Casa Roura se encuentra gestionada por el CEDIM, es decir, por el Centre d’Estudis Lluís Domènech i Montaner, una institución especializada en el arquitecto modernista que lleva a cabo una interesante e importante labor en el estudio y difusión de su obra gracias al equipo pluridisciplinar, conformado tanto de historiadores e historiadores del arte como de escritores, arquitectos y restauradores, que trabaja en ello.

Se trata de una asociación fundada en Canet de Mar en 2013 que, además de actividades como la mencionada visita guiada, conferencias, exposiciones o rutas, también publica artículos de investigación tanto en la revista Domenechiana, fundada por el propio CEDIM y cuyos números podéis encontrar aquí y en papel en la Biblioteca de Catalunya, como en distintos libros publicados por la asociación.

Una parte importante de este material publicado por el CEDIM me ha sido de gran ayuda en la redacción de esta entrada, tal y como podréis apreciar en la bibliografía que os añado al final de la misma.

Paralelamente, dentro de la intensa labor del CEDIM, encontramos la organización de la Taula Lluís Domènech i Montaner, junto a los ayuntamientos de Barcelona, Reus y Canet de Mar, mediante la cual se coordinan y difunden las distintas actividades que incluyen las tres ciudades con obra del arquitecto.

Entre algunas de las visitas que el CEDIM lleva a cabo, todas ellas de la mano de expertos en Lluís Domènech i Montaner, encontramos las siguientes (algunas son de tan sólo unas horas, mientras que otras engloban todo el día):

El modernisme burgès de Domènech i Montaner a la Dreta de l’Eixample

La Barcelona somiada de Lluís Domènech i Montaner

Domènech, Patrimoni de la Humanitat. Hospital de Sant Pau i Palau de la Música

Ruta íntima Lluís Domènech i Montaner per Canet de Mar

Ruta Lluís Domènech i Montaner i Pere Domènech. Modernisme i modernitat a Canet de Mar

La ciutat de Reus de la mà de Lluís Domènech i Montaner

Els secrets de la Casa Roura de Lluís Domènech i Montaner

La Casa Thomas de Domènech i Montaner

 

Los más pequeños también pueden disfrutar de distintas actividades, como sería el taller de mosaico cerámico que el CEDIM también organiza. Podéis encontrar toda la información sobre las visitas aquí.

 

Por tal de conocer la Casa Roura, en La Bcn Que Me Gusta realizamos la visita de Els secrets de la Casa Roura, una visita de unas dos horas, con un nivel de explicación realmente excelente, que puede combinarse de manera opcional con una comida de inspiración domenechiana en el restaurante que la casa acoge actualmente, el 6Q Restaurant Modernista del chef Francesc Martínez.

 

La Casa y sus protagonistas

La Casa Roura se halla en la antigua Riera de Canet de Mar, localidad pesquera que, progresivamente y a raíz de una base tradicional importante dedicada a los bolillos, se fue vinculando a la industria textil, motivo por el cual también acogió un importante núcleo burgués que disfrutaba de sus vacaciones en la zona.

Es en esta comunidad donde debemos ubicar la propietaria de la Casa Roura, Paquita Roura Carnesoltes, hermana de la esposa de Lluís Domènech i Montaner, lo que nos define la casa como un encargo de tipo familiar y, por tanto, también de cierta libertad por parte del arquitecto. Ésta, del mismo modo que la esposa del arquitecto, estaba muy vinculada a Canet de Mar, pues su rama materna pertenecía a una de las familias más poderosas de la población, estando una parte importante de su territorio en manos de la familia Roura.

Paquita estaba casada con el barcelonés Joaquim Comas de Munt, con quien tuvo su primera hija, fallecida prematuramente, siendo este hecho motivo de la paralización durante dos años de la construcción de la casa, como veremos un poco más adelante. De segundas nupcias, se casó con el segundo protagonista de la Casa Roura, Jacint de Capmany i Bonfús, con quien tendría tres hijos (si os queréis adentrar en la vida de cada uno de los hijos, descubriréis que algunos de ellos han tenido su papel en nuestra historia también). Éste era un empresario procedente de una familia de Badalona dedicada a la manufactura del lino desde el siglo XV y propietaria de la Fábrica de Blondas y Encajes Cammany y Volart, localizada en la calle Escudellers de Barcelona y cuya tienda se ubicaba en la Rambla de la Ciudad Condal.

En el siglo XIX, el negocio fue tomando una mayor relevancia, recibiendo, incluso, una mención honorífica en 1862 por las muestras presentadas en la Exposición Internacional de Londres. De hecho, un año después, consiguió por ello ser proveedora de la reina Isabel II. Años más tarde, en la Exposición Universal de Barcelona de 1888, recibió una medalla de plata por el prestigio que adquirió su género en ella.

Fuente: Todo Colección

 

Del mismo modo que mencionábamos en el caso de Lluís Domènech i Montaner, la Exposición de 1888 fue también positiva para la familia Capmany, la cual obtendría grandes beneficios de todo ello y, por tanto, una gran fortuna y mucho patrimonio, al cual se le añaden los terrenos heredados, como pubilla que era, por parte del abuelo de Paquita. Éstos serían los utilizados para la construcción de la Casa Roura.

Esta época de prosperidad y bonanza permitió diversificar el negocio y adentrarse también en el de la cerveza. De hecho, como curiosidad, mencionar que uno de los hijos del Sr. Capmany y de la Sra. Roura se convertiría en uno de los fundadores de la Estrella Damm.

 

El Castell dels Tres Dragons

Para poder entender un poco la construcción motivo de interés de esta entrada, antes cabe mencionar cuatro datos básicos sobre el Castell dels Tres Dragons, el que fue el café-restaurante de la Exposición Universal del 1888, no sólo porque junto al Hotel Internacional sería una de las obras que darían renombre a Lluís Domènech i Montaner, sino porque, como hemos mencionado en unas líneas anteriores, sus paralelismos con la Casa Roura son constantes, encontrando la misma fábrica de materiales e ideas en los dos casos.

Del mismo modo que ocurre con la Casa Roura, se trata de una construcción de ladrillo visto con cuatro torres, un remate de almenas cerámicas y escudos de estilo germánico, es decir, de una edificación de claras influencias medievales y centroeuropeas. No obstante, cabe tener en cuenta que la aplicación del proyecto inicial, debido a las prisas ante la inminente inauguración de la Exposición, quedó incompleta, motivo por el cual el Ajuntament de Barcelona propuso al arquitecto, tres años después de cerrar las puertas de la Exposición, continuarlo con el fin de condicionar la construcción como Museo de Historia de la ciudad, a la par que se le aportaba mediante su decoración esa solemnidad que finalmente no llegó a tener (recordemos que el edificio tenía que haber sido efímero).

Así lo recordaba el arquitecto:

El alcalde Coll y Pujol se empeñaba en acabar el llamado Café-Restaurante o Castell dels Tres Dragons, quitándole el sello de dejadez y abandono que tienen por miseria todos los edificios municipales.

Arquitectura y Construcción, Lluís Domènech i Montaner, 1903

 

Es por ello que, en el año 1891, el arquitecto pide permiso para instalar unos talleres de cerrajería, metalistería, repujado y modelaje dentro del edificio por tal de agilizar las obras. Todo ello lo hizo con la ayuda de Antoni Maria Gallissà, quien se encargó de la supervisión del proyecto en aquellos momentos en los cuales Lluís Domènech i Montaner se ausentaba debido a la compaginación de los trabajos con los del Seminario de Comillas y la Casa Roura.

En él establecí yo mi taller. Tratábamos allí de restaurar artes y procedimientos: fundiciones de bronce y hierros forjados, tierras cocidas y doradas a la valenciana, repujados de metal, alicatados de mayólicas, talla de madera y escultura decorativa, que se hacían entonces rudimentaria o pésimamente.

Arquitectura y Construcción, Lluís Domènech i Montaner, 1903

 

Cuando, en el 1887, fracasó como empresa particular la Exposición Universal de Barcelona y se encargó de ella la ciudad, vino Rius y Taulet á la Escuela de Arquitectura para que el Director y los Profesores que quisiéramos nos pusiéramos al frente de las obras. Acordóse que entraran en ellas, en concepto de Arquitectos auxiliares, los que habían sido los mejores alumnos de la Escuela, y Gallissá fue el primer escogido.

Lo quería yo en mi sección, pero Rogent, como director general, lo colocó á su lado. Cuando alguno, entre otros yo mismo, reclamaba á Gallisá para ponerlo al frente de algún trabajo delicado, Rogent se negaba sistemáticamente. «Gallisá es mi brazo derecho, — decía.

Arquitectura y Construcción, Lluís Domènech i Montaner, 1903

 

Estos fragmentos corresponden al escrito que Lluís Domènech i Montaner dedicó a Antoni Gallissà en Arquitectura y Construcción en junio de 1903, tras su muerte. En él podemos disfrutar en primera persona, explicado por el propio arquitecto, su relación con el discípulo, cómo lo conoció en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, vio crecer profesionalmente y se sufrió con su enfermedad y muerte en 1903. En un momento del texto, se describe también cada uno de los profesionales que pasaron por el taller del Castell dels Tres Dragons. Por todo ello, os recomiendo su lectura completa, a pesar de que os añada sólo algunos fragmentos en esta entrada. Podéis encontrarlo entero aquí.

 

El taller del Castell dels Tres Dragons se convirtió en un mito fundacional del Modernismo como tal, especialmente a raíz del libro de Alexandre Cirici El Arte Modernista Catalán, publicado en 1951, quien aprovechó las palabras de Lluís Domènech i Montaner exaltando a su amigo y colaborador, tanto en la revista Arquitectura y Construcción como en la necrológica publicada en La Renaixensa, para idealizar el movimiento que revolucionó e innovó el arte catalán.

Dedicatoria de Lluís Domènech i Montaner a Antoni Gallissà en La Renaixensa, 18 de abril de 1903

 

Una tarde, al volver yo á casa, el portero de la Escuela andábame buscando. Gallisá había muerto. Corrí á la suya. Su frente tenía ya el frío helado y húmedo del mármol, su mano ya no respondía á las presiones de la amistad… Al salir yo de la casa subían á ella, serios y tristes, algunos discípulos que sabían su muerte y querían velar su último sueño… En la calle hacia ya un tiempo bonancible y dulce… el que esperaba el pobre Gallisá. ¡Era que llegó la primavera!

Arquitectura y Construcción, Lluís Domènech i Montaner, 1903

 

Noticia sobre el entierro de Antoni gallissà en La Renaixensa, 19 de abril de 1903

 

En realidad, sin embargo, si seguimos las palabras de otro autor, Rossend Casanova, en su libro dedicado al Castell dels Tres Dragons, no podemos considerar los obradores del Castell dels Tres Dragons como ese taller mítico e idealizado de Cirici, sino, simplemente, como un conjunto de obradores instalados en el Castell para fabricar todas las piezas decorativas que tenían que embellecer esa construcción que había quedado a medias, facilitando, así, la implicación del arquitecto en la decoración, al más puro estilo de arte total wagneriano, como si de un director de orquesta se tratase.

Josep Puig i Cadafalch describiría del modo siguiente el despacho de Lluís Domènech i Montaner en la Torre de l’Homenatge del Castell:

Las paredes se hallaban adornadas de hojas vaciadas en yeso, de muestras de cerámica entre las cuales dibujaba el arquitecto los ricos hierros forjados del capitel que corona el edificio y las cerámicas no concluidas todavía de aquella resurrección del palacio catalán antiguo encarnado en las nuevas formas que produce la industria moderna. (…) En aquel taller vi la realización de un sueño: el arte explicado por Viollet-le-Duc realizado en nuestra tierra con mayor riqueza, con mayor flexibilidad, de una manera más humana y más moderna”.

 

En la planta superior, el arquitecto instaló un espacio donde dibujar los distintos elementos de forja, cerámica y yeso a tamaño natural, mientras que en la planta baja ubicó un obrador para las obras de metalistería que dirigiría la empresa Batalla i Cia y otro para la cerrajería de Bartolomé Domènech. El arquitecto también consideró necesario montar un taller de modelaje para poder tratar los modelos cerámicos tridimensionales, cuyo barro se pastaba con los pies en la terraza del conjunto por la empresa Oliva i Martí.

Lluís Domènech i Montaner dirigiría todo ello acudiendo a menudo a los distintos obradores, dejando sólo en manos de los industriales la fabricación de las piezas que requerían un proceso complejo, confiado siempre a los mejores especialistas del momento. En definitiva, el Castell dels Tres Dragons se conformaba de los mejores especialistas, todos ellos dirigidos por una misma cabeza pensante que, aplicando en sus diseños el pasado y el presente, era capaz de integrar todas las artes en un mismo espacio.

Fuente: La Ilustració Catalana, 1888

 

¿Entre los escultores que trabajaron en los talleres del Castell dels Tres Dragons? E. H. Llàsser, Pere Quintana, Eusebi Arnau y Francesc Tiestos, entre otros.

Algunos de ellos los veremos poco en las obras posteriores del arquitecto, pero otros, en cambio, ya nos muestran cómo Lluís Domènech i Montaner fue muy fiel a sus artesanos y colaboradores, entre los cuales no podemos olvidar Eusebi Arnau o, en el caso del vidrio, Antoni Rigalt, quien pasaría esporádicamente por los talleres del Castell dels Tres Dragons pero que, sin embargo, encontraremos más tarde en muchas de sus obras, como vimos en las entradas antes mencionadas sobre la obra del arquitecto en Reus. De hecho, la relación entre Antoni Rigalt y Lluís Domènech i Montaner se iniciaría, precisamente, a raíz del Castell dels Tres Dragons.

En definitiva, es en este contexto que debemos entender la Casa Roura como un pequeño Castell dels Tres Dragons. Y es que de estos talleres saldrían muchas piezas que se aplicarían en la obra que nos interesa, pero también en otras que se realizaron contemporáneamente, como serían el Palau Montaner o el Seminario de Comillas; todo ello, pues, obras que se deben estudiar en paralelo por las altas semejanzas tanto en época constructiva del autor como en cuanto a sus artesanos implicados se refiere.

Este hecho, no obstante, fue criticado por algunos sectores municipales quienes el 31 de marzo de 1893 acusaron al arquitecto de haber realizado obras particulares que nada tenían que ver con el edificio. Debido a ello y a la falta de recursos por parte del consistorio, en diciembre de 1893, Lluís Domènech i Montaner renunció a las obras del Castell dels Tres Dragons.

El Museu de la Història se inauguró el 11 de octubre de 1892, a pesar de quedar algunas decoraciones aún por finalizar. No obstante, el edificio no resultó ser adecuado para dicha función, motivo por el cual se inició la creación de un Palau de Museus Municipals al cual trasladarlo, pasando el Castell dels Tres Dragons a acoger el Museu Arqueològic y, en su parte baja, la Escola Municipal de Música. Posteriormente, pasaría a albergar el Museu de Catalunya (1910) y el de Biologia (1920), un comedor de Auxilio Social durante la posguerra y el Museu de Zoologia (1940).

Algunos datos… Su primera fase constructiva tuvo un coste de 271.121,30 pesetas, se llevó a cabo en tan solo 8 meses (el primer restaurante de Fontserè se derribó en 1887) y su nombre procedió de la identificación del castillo con apariencia medieval con el del cartel de la comedia de Serafí Pitarra, estrenada en 1865, El Castell dels Tres Dragons.

 

El proyecto de la Casa Roura

La casa, precisamente debido a que se trataba de un proyecto familiar, se vio muy influenciado por circunstancias varias, motivo por el cual encontramos algunos paros en el tiempo. De este modo, si bien es cierto que los primeros esbozos se realizaron en 1889, debido a la muerte de la hija de Paquita, se decidió paralizar el proyecto de la que, al fin y al cabo, era una casa de ocio, la casa de veraneo de la familia, no reanudándose su construcción hasta 1891, mismo momento que el Ajuntament de Barcelona encargó al arquitecto la remodelación del Castell dels Tres Dragons.

Fuente: Arxiu Històric del COAC

 

Nos encontramos ante una casa abierta a los cuatro vientos y, por tanto, con cuatro fachadas y la ventilación y luz que ello supone, en una época, además, en la cual los alrededores no estaban construidos como actualmente.

Fuente: revista Domenechiana

 

Del mismo modo que ocurre en el café-restaurante de la Ciutadella, la Casa Roura también conserva un cierto aire medievalizante (la existencia de una torre del homenajeventanas ojivales y arcos apuntados, a pesar de tratarse de sintetizaciones de la típica forma gótica, son algunos ejemplos que podemos destacar de su fachada) pero, no sólo eso, sino que también observamos en ella todos esos elementos que el arquitecto aprendió en 1880, junto a Josep Vilaseca (hablamos de él en la entrada que dedicamos a la Basílica dels Sants Just i Pastor), en su viaje por Alemania, Suiza, Francia e Italia. Es decir, que en la Casa Roura podemos encontrar también elementos más de inspiración centroeuropea, como sería, por ejemplo, el piñón escalado que observamos en su fachada, algo que Josep Puig i Cadafalch también aplicaría en su obra.

En definitiva, la que se trataba de una casa de veraneo adquiría, gracias a estas influencias diversas, tan propias del primer Modernismo, más vinculado al pasado medieval de Catalunya, pasado por el filtro del Romanticismo y la Renaixença, el aspecto de fortaleza medieval, monumentalizada y solemnizada con esa elevación de más de un metro respecto al nivel de circulación de la calle, salvada mediante la escalera de acceso que, a partir de las remodelaciones de Pere Domènech i Roura, hijo de Lluís Domènech i Montaner, perdimos, como recuperaremos en esta misma entrada un poco más adelante.

Fuente: revista Domenechiana

 

De este modo, en la Casa Roura podemos observar todos esos elementos que sirven de base al arquitecto para encaminarse hacia ese nuevo estilo que tenía que llevar hacia la modernidad a partir de los elementos del pasado, de los elementos de esa Catalunya gloriosa de la época medieval, y de los distintos artes hispánicos. Es por ello que, en todo momento, observamos la alternancia de estos elementos con un constante juego de volúmenes y aperturas, de vacíos y llenos que, al fin y al cabo, no dejan de ser la aplicación de aquello que el arquitecto ya había postulado en su simbólico y emblemático artículo En busca de una arquitectura nacional, publicado en La Renaixensa en 1878, en el cual apostaba por una visión de futuro respetuosa en todo momento con el pasado que nos ha creado como comunidad.

Otro elemento destacado de su fachada es su sobriedad, contrastada con el lujo de su interior. De hecho, desde la Riera da la sensación de que la casa está inacabada. Y es que, dejando de lado la búsqueda de una cierta sencillez exterior (recordemos que la familia había perdido prematuramente uno de sus miembros), hay elementos que sí es verdad que no se llegaron a aplicar debido a la finalización del Castell dels Tres Dragons y, por tanto, al cierre de todos esos talleres que también proveían a la Casa Roura. Los obradores compartidos entre la obra del actual Parc de la Ciutadella y la Casa Roura se desmontaron en 1892, paralizando, de este modo, la casa de Canet de Mar.

 

Vinculado a este medievalismo, os recomiendo la lectura de este artículo del presidente del CEDIM, Carles Sàiz i Xiqués, sobre el amor por el medievalismo en la época y, más concretamente, en Canet de Mar, donde encontramos el caso también del Castell de Santa Florentina, reforma también de Lluís Domènech i Montaner.

 

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Fachada de la Casa Roura sin los plafones cerámicos aplicados

 

Las cerámicas

Uno de los elementos que más destacan a nivel decorativo en la fachada de ladrillo visto de la Casa Roura es su cerámica vidriada, una de esas artesanías que Lluís Domènech i Montaner recuperó del antiguo arte hispánico, concretamente del arte mudéjar, del que era muy amante y tuvo oportunidad de conocer en su estancia como estudiante de Arquitectura en Madrid, ciudad desde donde organizaba salidas a Andalucía.

Comparando el proyecto inicial con el resultado final, no obstante, observamos que es esa cerámica vidriada, concretamente, la que se vio implicada en el cierre de los talleres del Castell dels Tres Dragons, de ahí que las hornacinas se observen actualmente vacías, como percibimos en la imagen anterior. De este modo, mientras que los dibujos iniciales contemplan el uso de la cerámica en casi todo el exterior de la casa, finalmente observamos cómo ésta se limitó a las cúpulas del oratorio y de la torre y a las gárgolas, posiblemente obra del escultor E. H. Llàsser y realizadas por la Fàbrica Pujol i Bausis, de la cual también hemos hablado en alguna entrada de La Bcn Que Me Gusta a raíz de la visita que realizamos a ella.

 

Las piezas del tejado, esas escamas de pez que dan color al exterior de la Casa Roura, están también trabajadas con cerámica vidriada. Actualmente, se trata de una remodelación de la casa Oliva i Martí, pero también fueron fabricadas por Pujol i Bausis, imitando la Torre de l’Homenatge del Castell dels Tres Dragons. El acabado con reflejo de cobre es obra de la fábrica La Ceramo de Valencia, una de las primeras en especializarse en esta artesanía.

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El hierro 

Por lo que respecta a los motivos de hierro forjado de la Casa Roura, especialmente localizados en las barandillas del jardín, de entrada a la casa y del balcón del primer piso, tan características con esa forma de coup de fouet, fueron dirigidos por la empresa Bartolomé Domènech.

Nuevamente, si observamos fotografías antiguas, percibimos que la puerta de la cochera no se conserva en la actualidad del mismo modo que en los orígenes de la casa. Ésta incluía dos blasones de estilo germánico con las iniciales de Capmany y Roura y se trataba de un trabajo de Francesc Tiestos i Vidal muy similar al de las verjas del Palau Montaner, como hemos indicado, construido de manera casi coetánea a la Casa Roura.

Es en el trabajo del hierro donde podemos recuperar una idea antes lanzada, la barandilla de la escalera de entrada, actualmente desaparecida a causa de los trabajos que en 1958 Pere Domènech i Roura llevó a cabo dentro del contexto de urbanización de la Riera, la cual comportó que todas aquellas casas que sobresalían demasiado fuesen alineadas y unificadas. Esto implicó que, por tanto, la Casa Roura estuviese fuera de la “legalidad”, por así decirlo, y que la barandilla de hierro de la entrada, junto a su correspondiente escalera, se retirase. La barandilla estaba conformada por el mismo motivo ornamental que sí se conserva en el resto de plantas.

Podéis saber más sobre la labor como urbanista de Pere Domènech i Roura en la publicación de Carles Sàiz en El Sot de l’Aubó Pere Domènech i Roura, l’arquitecte del primer gran eixample urbà de Canet de Mar.

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La estrella de cinco puntas que también podemos observar en la fachada hace referencia a la esquematización del Ave Fénix, símbolo de la Renaixença catalana por excelencia, de ahí que no sólo fuese usado en la cabecera de la revista de mismo nombre, sino también por Antoni Gaudí en el Palau Güell, entre tantas obras modernistas.

Cabecera de La Renaixensa

 

Tenéis más información sobre la aplicación del Ave Fénix en la entrada que dedicamos a l’Institut Pere Mata, construcción en la cual se halla también este ser fantástico como símbolo de renacimiento, no sólo de la cultura catalana, sino también de los enfermos del centro psiquiátrico que diseñó Lluís Domènech i Montaner.

 

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¡Pasemos a su interior!

Lo primero que nos sorprende al pasar el umbral de la puerta de la Casa Roura es que las estancias públicas, aquellas que deberían estar más suntuosamente ornamentadas, no se hallen cerca de la puerta, como suele pasar en la mayor parte de las casas modernistas e incluso de épocas anteriores, sino al final del conjunto. Es decir, que justo al lado de ese gran distribuidor, encontramos el comedor familiar, un salón muy austero de simples usos funcionales, mientras que el gran salón se ubica más adelante. Esto se debe a la existencia en la Casa Roura de una cochera, lo que permitía a las visitas entrar directamente a ella a través del patio y, por tanto, adentrarse en coche a la zona pública, al gran salón, en el cual se celebraban importantes bailes y fiestas, sin necesidad de pasar previamente por el distribuidor de la entrada.

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El gran salón desde el recibidor

 

No obstante, a la derecha del acceso, aprovechando la torre circular, sí encontramos un lugar desde donde ver y ser visto, una pequeña sala de estar ricamente ornamentada con mosaicos de Mario Maragliano y decoración pictórica. Se trata de un pequeño salón planteado como un espacio de recibimiento, de ahí su ornamentación, realmente noble, aunque el espacio también se usase para acoger las costureras, quienes además de coser también vigilaban (y, por qué no, también cotilleaban) todo aquel que pasaba por la calle.

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Una vez más, en un espacio tan reducido como es este pequeño salón, comenzamos a encontrar esos artesanos y elementos de extrema delicadeza que acompañarán en todo momento la obra de Lluís Domènech i Montaner. De este modo, pasando en primer lugar por el mencionado mosaico veneciano, representación de la Rosa de los Vientos (destacar que el escudo que daba acceso a la salita se perdió), continuamos con la presencia de un grifo cerámico, un modelo extraído de ese repertorio ornamental tan utilizado por los artistas modernistas, la Grammar of ornament de Owen Jones, que decora todo el perímetro de la estancia y que, junto al águila, funcionaría como símbolo de protección. Se trata de una cerámica de reflejo metálico también presente en el Castell dels Tres Dragons y realizada por Josep Ros en esa fábrica que mencionábamos en unas líneas anteriores, La Ceramo de Valencia.

Una vez más, estos grifos se engloban dentro de esos elementos que podemos reencontrar en otras obras de Lluís Domènech i Montaner. Concretamente, en este caso, los hallamos nuevamente en los casetones del artesonado del Palau Montaner de Barcelona.

Comparación entre el grifo de la Casa Roura y el del repertorio iconográfico inglés. Fuente: CEDIM

 

Otro elemento de remarcable interés es el sofá adosado a la pared que encontramos en un lateral, pues se trata del único mueble conservado de la casa. Es un diseño del propio arquitecto realizado por los ebanistas y hermanos Viladevall de Barcelona, los mismos que decoraron la Farmàcia Duran i España (1896) de la Ciudad Condal (calle de València, 278), un aspecto destacado puesto que observamos con él que Lluís Domènech i Montaner aún no trabajaba en este momento con otro de sus grandes colaboradores, Gaspar Homar.

Se trata de un sofá organicista de gran belleza que nos evoca la presencia de un animal a partir de sus patas, alas y cuello largo como reposabrazos; se trata del cisne del dios Helios, encargado de tirar de su carro, algo remarcable teniendo en cuenta de que en la estancia siempre daba el sol.

 

Por otro lado, destacar también la presencia de las vidrieras de Antoni Rigalt con la flor del escarmot (disculpad, no he podido encontrar su traducción al castellano), símbolo de inexpugnabilidad ya desde la Edad Media, momento en el cual se colocaba en las grandes catedrales, de ahí que, nuevamente, el Castell dels Tres Dragons también la contenga. Nos encontramos en un refugio, en un lugar desde donde ver y ser visto, pero también desde donde uno puede vigilar sin que lo vean, según se desee, así como también lugar de mujeres, de ahí que no sea de extrañar que encontremos esta flor, precisamente, en este salón.

Finalmente, no podemos proseguir nuestro recorrido sin mencionar la cúpula, tan vinculada a ese arte mudéjar que el arquitecto conoció durante su estancia en Madrid. Lluís Domènech i Montaner conocía la Mezquita de Córdoba y el arte andalusí, así que sus vínculos con esta cúpula estucada, decorada también con elementos bizantinos y de la miniatura inglesa, es evidente.

La pintura mural de la estancia, así como también de otros rincones de la casa, es obra de Ricard de Capmany, hijo de los propietarios y, por tanto, también sobrino de Lluís Domènech i Montaner.

 

La suntuosidad más destacada, sin embargo, como hemos indicado, la encontramos en ese gran salón de recepciones, lugar en el cual se realizaban las grandes fiestas de verano que organizaba la familia.

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A parte de sus dimensiones, lo primero que nos llama la atención es su doble piso (¿no os recuerda al que ya encontramos en el Institut Pere Mata de Reus?), cubierto con una estructura de madera que bien podría recordarnos el interior de un barco de manera invertida, mientras que la balaustrada podría tratarse de un modelo utilizado también en el Palau Montaner.

La nobleza de los materiales es evidente, como espacio público que era, y prueba de ello, en primer lugar, es nuevamente su mosaico, en esta ocasión con motivos de caza y personajes vestidos con suntuosos ropajes, vinculados al Mito de Meleagro.

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Otro elemento que nos muestra esta nobleza, a pesar de ser de yeso y no de mármol (posiblemente, se trataría de una prueba previa para el definitivo del Palau Montaner), es la monumental chimenea que preside el salón y que ocupa toda la estancia en su altura, a pesar de tratarse de una casa de veraneo y, por tanto, no tenga nunca que hacerse funcionar.

El escudo de la familia es el elemento más destacado, pero también completan el conjunto múltiples figuras de Eusebi Arnau, entre las cuales encontramos ornamentación floral, pero también una especie de figura simiesca alada y, de nuevo, un grifo, símbolos del poder negativo y el poder divino, respectivamente.

Por su lado, una figura femenina sostiene un jarrón con agua, mientras que la masculina porta un tazón con sal, elementos durante el Medievo de hospitalidad. En la parte superior, ya en el segundo nivel de la estancia, encontramos tres bustos, completamente modernistas con la sinuosidad de sus formas, que también podemos hallar en el Palau Montaner.

 

Lo más curioso, sin embargo, es un hecho que se encuentra muy vinculado a la chimenea, puesto que es en ella donde encontramos un recuerdo gráfico del mismo. Se trata del Hércules separando las columnas del Estrecho de Gibraltar y el relieve, localizado en la parte frontal de la chimenea, en el cual observamos la Armada Española. Ambos corresponden a recuerdos del descubrimiento de América. Y es que la casa se finalizó en 1892, justo el año en el cual se conmemoraba el 400o aniversario del descubrimiento de América. La chimenea, pues, recuerda tal evento, pero también la imponente fiesta que se organizó en la casa en su honor, en la cual, incluso, los coches se decoraron con elementos propios del continente americano.

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Por su lado, las lámparas de forja fueron diseñadas por Lluís Domènech i Montaner y corresponden al mismo modelo de las que también podemos encontrar en la iglesia del pueblo minero de Bustiello (Asturias) y en el Castell de Santa Florentina de Canet de Mar, obras también del arquitecto.

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A un costado, con la posibilidad de esconderse o descubrirse, encontramos el oratorio familiar, perceptible desde el exterior. Éste se encontraba perfectamente iluminado gracias a su orientación, propia de las iglesias, pero al pasar a ser un hostal, las ventanas se tapiaron, a la par que se dividió el espacio en dos plantas. Éste permitía también la entrada de luz a la sala de baile.

El pavimento con el tetramorfo, una vez más, es obra de Mario Maragliano.

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En las ventanas de vidrio al ácido, encontramos las iniciales de Jacint Capmany, el nombre que en realidad recibía la casa, a pesar de que los vecinos de Canet de Mar, dado que a quien conocían era a Paquita, nombrasen a la finca popularmente Casa Roura.

Algunas vidrieras, con su Sant Jordi matando al dragón, nos recuerdan una de las funciones que la casa ha tenido a lo largo de la historia, la de fonda, haciendo referencia a uno de los restaurantes que se encontraron en su interior, el Restaurant Sant Jordi.

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La planta superior

Finalmente, la visita con el CEDIM nos permitió conocer la planta superior, repleta, actualmente, de las mesas del restaurante, aunque no por ello menos interesante, dado que la austeridad del espacio nos muestra que nos hallamos en la parte privada de la casa, aquella en la cual se hallaban los dormitorios del matrimonio y de sus tres hijos.

Sin embargo, los pavimentos, originales de la época, se conservan denotando esa alta calidad de las maderas usadas en todo el conjunto, así como también su escalera de mármol rojo de Alicante y barandilla trabajada con presencia de piñas, símbolo de abundancia (la piña, del mismo modo que también lo hace el granada, incluye muchos piñones en su interior). Se trata de una escalera muy similar a la del Castell dels Tres Dragons, en este caso de mármol rojo de Tarragona. El Hospital de Sant Pau tiene el mismo mármol debido a sus cualidades ya que se desgasta poco.

La escalera se encontraba iluminada a partir de un sistema que, mediante poleas, permitía subir la llama a la lámpara.

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Algunos de los pavimentos forman parte del repertorio de hidráulicos de la casa Escofet.

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No obstante, sin lugar a dudas, lo más impresionante son las vistas que obtenemos desde la primera planta del gran salón.

 

Biografía de la casa

Tal y como hemos indicado, fue en el año 1892 que se llevó a cabo la inauguración oficial de la casa. No obstante, fueron relativamente pocos los años que la familia la pudo disfrutar dado que, a partir de la separación del matrimonio, su hijo, Ricard Capmany, como decorador que era (decoró también el restaurante Grill Room de Barcelona), se encargó de habilitar el espacio a ese nuevo restaurante que se instalaría a partir de este momento.

Cabe tener en cuenta que Ricard Capmany contrajo matrimonio con la hija del editor Ramon Montaner, tío de Lluís Domènech i Montaner, motivo por el cual la Casa Roura ya no fue necesaria, al pasar la familia a vivir al Castell de Santa Florentina. A raíz de este matrimonio, la familia, desde siempre vinculada a la burguesía, adquiriría el título de conde de la Vall de Canet, otorgado por Alfonso XIII a Ramon Montaner, satisfaciendo, así, ese anhelo de la burguesía de ser aristócrata y, a su vez, apaciguando el sentimiento carlino que había entre muchos de ellos.

La familia, incluso hasta nuestros tiempos, siempre continuó siendo propietaria de la casa a pesar de pasar ésta a tener otros usos.

Algunas de las decoraciones realizadas por Ricard Capmany

 

Antes de pasar a ser un restaurante, sin embargo, la casa se mantuvo un tiempo cerrada, siendo sólo utilizada para fiestas y actos del pueblo y la colonia veraneante.

Comida de reapertura de la Escola de Teixits de Punt de Canet de Mar y Recaudación para la Festa de la Vellesa de Canet de Mar, años 20. Fuente: revista Domenechiana

 

Fue en los años 30 que se fundaría la fonda Hostal Canet, la misma que después pasaría a ser el mencionado restaurante Sant Jordi de Canet, a su vez, finalmente, Casa Roura. Actualmente, siguiendo esta línea sucesoria de fondas y restaurantes, encontramos el actual restaurante 6Q.

Antiguo Hostal Canet. Fuente: Ajuntament de Canet de Mar

Imágenes del actual restaurante 6Q

 

Y de postre… Pequeña ruta por Canet de Mar

Antes de volvernos hacia Barcelona, sin embargo, os recomiendo, además de pasear por su Riera o tomar un café en alguna de sus terrazas, dar un paseo por la localidad, este pequeño pueblo del Maresme que, además de mucho Modernismo, incluye otros elementos destacados que bien merecen también una visita.

En primer lugar, pues, os propongo conocer otras obras de Lluís Domènech i Montaner en Canet de Mar, de las cuales podéis encontrar la información más destacada en Lluís Domènech i Montaner (1849-1923). Obra arquitectónica raonada, esos dos volúmenes publicados por el CEDIM que podrían considerarse la Biblia sobre el arquitecto.

Éstas serían…

… la Casa Domènch y Masia Rocosa (1917): dos casas unidas, siendo una de ellas una antigua masia del siglo XVII, en un solo inmueble tras la reforma que Lluís Domènech i Montaner, junto a su hijo Pere Domènech y su yerno Francesc Guàrdia, llevó a cabo con el fin de satisfacer sus necesidades familiares, es decir, jubilarse en ella, adaptarla a su esposa, con problemas de movilidad graves, y adecuarla a los múltiples nietos que tenía y con los que disfrutaba teniéndolos en casa. Todo ello con un estilo muy íntimo y personal, un modernismo tardío, ya pasado de moda con la llegada del Noucentisme, pero que él continuó llevando a cabo hasta su muerte.

Actualmente, la casa acoge un museo sobre el arquitecto, en cuyo interior podemos apreciar los elementos que componían su vida más íntimataller, entre los cuales destacan los yesos de muchos de los proyectos escultóricos que contenían sus construcciones, mayormente realizados por Eusebi Arnau, y esa famosa mesa de trabajo que le permitía diseñar de pie.

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Ateneu Canetenc (1884-1885): se trata de la sede de una entidad cívica que aglutinaba distintos profesionales liberales, propietarios e industriales de Canet de Mar y que pretendía llevar a cabo en su interior las fiestas y encuentros más destacados. Esta construcción, junto a la Editorial Montaner i Simon y a pesar de su carácter medievalista y primerizo dentro de la obra del arquitecto, fue su carta de presentación de cara a la Exposición de 1888, especialmente teniendo en cuenta que fue publicada en la portada de La Ilustración Hispano-Americana el 22 mayo de 1887.

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Portada y escrito dedicado a l’Ateneu Canetenc en La Ilustración Hispano-Americana

 

Como curiosidad, mencionar que gran parte de los estucados de su fachada son un homenaje a L’Atlàntida de Jacint Verdaguer, para cuya primera edición, publicada en 1877, Lluís Domènech i Montaner diseñó la portada.

 

Cementerio de Canet de Mar: en él, encontramos distintos panteones de interés entre los cuales se hallan algunos también diseñados por el arquitecto modernista.

->  En primer lugar, debemos mencionar el Panteó Domènech Roura (1910), cuyas esculturas son obra de Josep Llimona, con quien el arquitecto ya había trabajado en el Ángel del Cementerio de Comillas. Se trata de un panteón para Ricard Capmany i Roura, hijo de Paquita Roura (sobrino, por tanto, de Lluís Domènech i Montaner) y yerno de Ramon Montaner, del cual ya hemos hablado a lo largo de esta entrada. No obstante, a pesar de que el panteón iba destinado a la familia Capmany, Ricard Domènech i Roura, hijo del arquitecto y ahijado del señor Capmany, también fue enterrado en él.

En 1923, fecha de la muerte de Lluís Domènech i Montaner, la voluntad de la familia fue enterrarlo también en este panteón junto a su hijo. No obstante, la situación política con Primo de Rivera en el gobierno no lo permitió, temerosos de que la comitiva fúnebre desde Barcelona se convirtiese en una manifestación catalanista. Es por ello que el arquitecto lo encontramos actualmente enterrado en Barcelona, en el cementerio de Sant Gervasi, a pesar de que sus hijos estén en Canet de Mar.

Actualmente, el panteón es propiedad del Ajuntament de Canet de Mar.

->  Seguidamente, debemos mencionar el Panteó Josep Montaner Vila (1910), hermano de Ramon Montaner y, por tanto, tío también del arquitecto. Corresponde también a un encargo de Ramon Montaner que, actualmente, encontramos inacabado.

->  El Panteó Font Montaner (1912), encargo también familiar, concretamente del naviliero de Canet de Mar Ramon Font Torres, casado con Isabel Montaner, tía del arquitecto, es también uno de los iconos que cabe mencionar del cementerio de Canet de Mar. En este caso, el arquitecto se aproxima a otro estilo medievalista, al Románico, con sus arcos de medio punto.

Los contrafuertes escultóricos son obra de un joven Pablo Gargallo y nos incluyen las figuras de los cuatro evangelistas.

Además de en el libro que os recomendaba, podéis encontrar más información sobre este panteón en un artículo del número 13 de la revista Domenechiana escrito por Francesc Rodríguez Santos bajo el título El Panteó de la família Font-Montaner. Una obra de Lluís Domènech i Montaner al cementiri de Canet de Mar.

->  Finalmente, no podíamos olvidar ese pequeño nicho que, además, tanto valor sentimental tenía para el arquitecto, la tumba de uno de los hijos de Lluís Domènech i Montaner, Lluís Domènech i Roura, realizada en 1887, fecha en la cual murió el pequeño con tan solo un año y medio de edad.

El padre, pues, fue el encargado de diseñar su lápida en mármol blanco y con una cruz potenzada, llena de simbolismo dados sus orígenes en las cruzadas, momento en el cual representaban los cuatro elementos del mundo (la tierra, el agua, el fuego y el aire) que, en clave funeraria, nos vincularían con el ciclo de la vida, siendo la tierra el nacimiento, el agua la fuente de la vida, el fuego la energía y el aire la espiritualidad, además de la unión entre el cielo y la tierra y, por tanto, el fin de la vida.

La tipografía de la lápida es gótica y también la podemos encontrar en otras obras del arquitecto como el Cementerio de Comillas o el pabellón de la Administración del Hospital de Sant Pau i la Santa Creu. No obstante, la obra quizá más remarcable, pues se trataría de un referente directo, es la que encontramos en el Cementiri del Poblenou y que correspondería a la lápida que el arquitecto habría diseñado para su padre, Pere Domènech i Saló, tal y como podéis conocer más en este blog.

 

Otros panteones del cementerio, como sería el Panteó Busquets, obra de Eduard Ferrés Puig (1906-1909), modernista pero con influencia de la Sezession vienesa y esculturas de Alfons Juyol, son también de destacado interés.

 

Además del Modernismo de Lluís Domènech i Montaner, en Canet de Mar encontramos la intervención de Josep Puig i Cadafalch, como hemos indicado, también muy presente en la comarca. Concretamente, su huella la hallamos en el restaurante del Santuari de la Misericòrdia, realizado por Francesc Daniel Molina (el mismo que se encargó de la Plaça Reial de Barcelona, entre otros tantos ejemplos, pues también fue uno de los que se presentaron al concurso del Plan de l’Eixample). Dado que se trata de un santuario muy querido y venerado en la zona, os recomiendo también su visita.

Por otro lado, además de en ese plan urbanístico que hemos mencionado, el hijo de Lluís Domènech i Montaner, Pere Domènech i Roura, también tiene presencia en la población en distintas construcciones, entre las cuales cabe destacar el Mercado Municipal y la fábrica Isidre Jover (iniciada por el padre, se trata de una fábrica de géneros de punto, con una ampliación posterior para almacenes y despachos, mejor conservada que la sede principal, de la cual podéis saber más, también, en Obra arquitectónica raonada. Volum II del CEDIM).

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Como curiosidad, mencionar que en el mercado de Canet de Mar fue donde, precisamente, se llevó a cabo el primer voto femenino del Estado.

 

Y, dejando de lado el Modernismo, no podíamos marchar de Canet de Mar sin dar un paseo por su barrio antiguo, lleno de encanto y sabor a otra época. Es por ello que, antes de finalizar nuestra entrada, cabe también citar su iglesia parroquial y las vecinas Escales del Sant Crist, así como el carrer Ample con su Ajuntament y la tienda La Moderna, sin olvidar algunas casas de indianos de destacado interés.

 

Finalmente, mencionar que Josep Maria López-Picó también tuvo vínculos con Canet de Mar, tal y como nos los recuerda esta placa delante de la iglesia.

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En definitiva, ya para finalizar, sólo mencionar cómo la Casa Roura, una vez más, se convierte en un ejemplo remarcable para conocer la obra y manera de trabajar de uno de los arquitectos modernistas que un mayor legado ha dejado en nuestro país, a la par de ser una nueva excusa para salir de Barcelona y conocer otros rincones repletos de encanto y patrimonio.

 

Para más información:

Riera de Sant Domènech, 1

www.cedim.cat

 

Bibliografía:

Alcalde, Sergi; Carbonell, Maite; Martí, Gemma; Mas, Xavier; Sàiz, Carles; Salmerón, Pilar; Terreu, Miquel,  Lluís Domènech i Montaner (1849-1923). Obra arquitectònica raonada. Volum I y Volum II, Canet de Mar: Centre d’Estudis Lluís Domènech i Montaner: Edicions Els 2 Pins, 2015-2016

Casanova, Rossend, El Castell dels Tres Dragons, Barcelona: Museu de Ciències Naturals: Institut del Paisatge Urbà i la Qualitat de Vida, 2009

Sàiz, Carles, La Casa Roura de Canet de Mar i els tallers de producció artesanal del Castell dels
Tres Dragons. El primer modernisme de Lluís Domènech i Montaner
a Domenechiana, revista del Centre d’Estudis Lluís Domènech i Montaner, núm. 6, septiembre 2015

2 comments

  • Amaia  

    Canet es muy bonito. Yo estuve en el anterior restaurante hace unos 17 años. El comedor con ventanas que es semicircular estaba dedicado a Montserrat Caballé era clienta con una vitrina exponiendo un vestido de ella de actuaciones.
    Habrá que volver ahora que se ha reabierto 😉

    • La Bcn Que Me Gusta  

      ¡Qué curioso lo que dices de Montserrat Caballé! ¡Pues si vas al 6Q ya dirás qué tal! No tuve oportunidad de quedarme a comer… ¡pero hacía muy buena pinta!

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